Crónica

[MIGRANTE AL PASO] Una extraña sensación de querer volver a ser yo. Me rapé la cabeza. Ya no puedo dejarme el pelo largo. Me estoy quedando calvo y mis entradas se vuelven más prominentes dependiendo de qué tan largo está mi pelo. El espejo me decía que era el mismo. Mis rasgos y gestos se han mantenido; por lo menos eso creo. Me parece que son otras personas las que pueden notar cambios bruscos. Ese niño de pelo rapado, parecido a Gasparín, me miraba. Con medallas colgando del cuello, rodeado de amigos y astuto. Un campeón me mira de vuelta, del otro lado del reflejo. El niño que nunca fue. La promesa perdida. Quien desperdició su talento. Eso me dicen mis propios ojos al mirarme a través del espejo.

Mis propios ojos. Esa mirada la ha compartido el campeón de karate, el adolescente rebelde que no le hacía caso a los profesores, el que se dio un año sabático, el que migró a otro país, quien viajó por el mundo y aún le falta conocer la mayoría, el escritor, el drogadicto que no sabía qué hacer, el tipo deprimido, el que siempre sonríe, el que escribió un libro sin saber por qué y que tampoco sabe por qué escribe ahorita. Todo eso soy. En distintos momentos, pero siempre el mismo. Entonces, ¿por qué esa sensación particular de querer volver a ser yo? No llego a entenderlo. Es una melancolía constante. Estoy aburrido de ser adulto. Tal vez es una pataleta, pero no deja de ser cierta.

Los tiempos están cambiando y, con él, también yo. En diez años el mundo será otro, pero yo quiero dejar de cambiar. Se puede volver agotador. Estoy cómodo. No quiero ver a mis padres ancianos, no quiero vivir en un mundo sin mi abuela y tampoco quiero que esa mirada en el reflejo tenga la cabeza calva; lamentablemente, es un hecho. Ahora, después de una fiesta en la que diez horas pasaron en minutos, escribo estas palabras; de lo contrario, no me atrevería. El alcohol aún está afectándome ligeramente. Igual no veo mucha diferencia entre yo borracho y yo sobrio. Es un poco gracioso; muchos deben creer que estoy totalmente loco, probablemente gente muy normal. Ellos están totalmente locos para mí.

Tu caso es diferente, porque no sabes lo que quieres —me dijeron hace unos días terminando de almorzar—. Nunca había dicho en voz alta y sonriendo que, efectivamente, ni yo sé qué quiero. Ya lo había dicho como protesta, reclamo y excusa. Esta vez simplemente lo acepté. Ese es un cambio que sí me gusta. De hecho, me pregunto si realmente existe gente que sabe lo que quiere. Se me ocurren algunas cosas superficiales como ser millonario y tener una casa en Kyoto; para un “loco” como yo, todo eso solo podría ser una etapa. No concibo el hecho de asentarme y ser de una manera. Soy alguien que normalmente no termina las cosas y las cosas normalmente no terminan como quiero. Solo estoy seguro de un par de cosas, primero que quiero viajar y segundo, escribir. La razón, no la se. Lamentablemente, para eso necesito algo de plata, tampoco infinito. Por eso estoy poniendo un negocio. Si las cosas salen bien, en unos años podrè continuar con mi sueño egoísta. Si salen mal, que no creo, lo hare igual. Caminare un poco más si es necesario. Igual, como mencione antes, no suelo apegarme a un solo plan y quedarme ahí, así que mis sueños también pueden cambiar. Nunca se sabe.

Soy adulto, pero no tan viejo. Por más que sienta lo contrario. Treinta y dos años no está mal. ¿Ustedes saben qué quieren? ¿Qué hacer? ¿También sienten esa melancolía? Espero que alguien mayor me diga que no es una sensación eterna. Probablemente también la sienten, pero sería una melancolía de cuando tenían mi edad. Son pensamientos que aparecen de vez en cuando. Lo bueno es que la melancolía no nace de un sentimiento negativo. En todo caso, es extrañar alegrías pasadas y definitivamente vendrán nuevas; siempre es así. Y eso de extrañar ser yo solo es una ilusión, porque lo soy todos los días. De hecho, felizmente aun me reconozco en mi reflejo eso quiere decir que no me ha pasado nada grave, ni he engordado tanto como para no reconocerme.

[Migrante al paso] ¿Dónde están nuestros héroes de niños? No sé si existan en la vida real, pero me refiero a los ficticios. No hablo de los sabios, sino de aquellos que, siendo jóvenes e inexpertos, se superaban a sí mismos. Lo más importante para ellos siempre es tener las ganas de vivir y tener las mismas ganas de que todos vivan con ese ímpetu. Hace unas semanas agregué un nuevo personaje ficticio a mi lista de ejemplos a seguir. ¿Queda algún caballero honorable? Le gritaba al público como reclamando. Rodeado de caballeros, que poseen un rango que tiene como juramento fundamental proteger al inocente sin importar las circunstancias. No se entiende mucho por falta de contexto, pero lo que importa es el cuestionamiento. La serie se llama El caballero de los siete reinos y su protagonista, el caballero errante Sir Duncan el Alto. Basado en la novela de George R. R. Martin, al comienzo del libro, que tengo pendiente de leer, él le dedica la obra al Duncan que todos llevamos dentro. Suena ridículo hablar de esto, pero me parece demasiado relevante para lo que está sucediendo en el mundo real. Alguien podría responder ese llamado desesperado que pedía a gritos el personaje; todo indica que nuestros héroes han sido abandonados o, peor aún, asesinados por sus seguidores.

Esa pregunta: ¿Queda algo de honor entre ustedes? Sentí que me la estaban haciendo a mí. Me gusta pensar que hubiera respondido sin titubear; nunca he estado en una situación así, por lo tanto, no tengo la certeza. Creo que estuve en lo correcto desde niño. Mejor seguir a estos héroes de cuentos. En la vida real nunca se sabe y decepcionarse es muy fácil. El ejemplo perfecto es el caso Epstein, donde con cada tanda de files liberados al público, una tanda de personajes pasa a ser casi unos monstruos. Bestias monstruosas que justamente suelen ser los enemigos en fantasías, relatos y hasta mitos. Por más revuelo que genere el caso, no llego a ver la indignación que merece el caso.

Aun hay algo de bien
Los líderes del mundo siendo acusados de pedófilos, traficantes sexuales y niveles de corrupción espeluznante, con evidencia contundente. Y hay cosas más raras, desde rituales con sacrificios hasta canibalismo. No puedo confirmar nada, lamentablemente, pero es muy fácil darse cuenta de lo que está pasando. El mundo y el futuro están en manos de estos tipos. No quiero pensar que la humanidad ha caído tan bajo como para seguir y dejar pasar esto desapercibido. Tampoco quiero pensar que estoy siendo demasiado inocente y que el mundo siempre fue ciego. De repente, me aislé demasiado tiempo y ya no sé cómo funciona el mundo. Lo que sí sé es que vivir bajo los niveles de discriminación y crueldad que se ven diariamente no es vivir. Para los que no se sienten atacados directamente, recuerden que, si se meten con ustedes en algún momento, también les gustaría tener a otros de su lado.

Es horrible toda situación, pero es importante saber que no todos son así. Me gusta pensar que solo es una minoría; la relación que tienen con el poder es algo para estudiar. No sé si sea cierto que el poder corrompe a los mejores y atrae a los peores, pero todo parece indicar que es cierto. De adolescente, en una etapa por la que pasamos todos, en la que pensamos que todo el mundo es una mierda, comencé a discutir eso en un almuerzo familiar. Mi tío me preguntó: ¿Tú eres una mierda? Le respondí que no. Entonces no todo es una mierda, me dijo. Solo con un poco de lógica me convenció de que yo estaba equivocado. Solo esa premisa es suficiente para hacer algo, lo que sea, para ayudar, por lo menos para intentar entender las diferencias en lugar de condenarlas.

La primera vez que vi El señor de los anillos, antes de leerlo, entendí de manera abstracta lo que es ser bueno. Claramente, todos tenemos un poco de ambas partes, pero son tus decisiones las que determinan por qué sendero caminas. Desde pequeños detalles. Nosotros, como personas de a pie, simplemente siendo amables ya generamos una diferencia. Como sociedad, se nos está enseñando, a través de redes sociales y noticias, que no tenemos la capacidad de generar un cambio. Eso es mentira y tiene un nombre: indefensión aprendida. La capacidad de agencia es uno de los pilares que nos hace humanos; convencerte de que no puedes hacer nada es justamente darle el gusto a estas personas que quieren mantenerse impunes. Miren lo que hizo Bad Bunny en el Super Bowl, eso es un ejemplo de resistencia y de persona. No me gusta su música, siendo honesto, pero de que es una persona ejemplar, lo es. Salió en nombre de todos los latinos para defendernos de injusticias y brutalidades, y lo hizo donde más les duele. Mejor aún, a través del arte. En la película, Sam, el compañero leal de Frodo, le recuerda: “Hay algo de bien en este mundo, Sr. Frodo, y vale la pena luchar por ello”.

[Migrante al paso] Cinco y media de la mañana. De nuevo, después de meses. El sonido de los dos ventiladores es arrullador, pero no lo suficiente como para ceder al sueño. Uno de ellos apunta directo a mí desde la mesa de noche; el otro, a mis pies, que se escapan de mi frazada. El calor es intenso; aun así, necesito de una sábana o manta. Supongo que el peso ligero del polar es reconfortante. Ayer, hace unas horas, tenía planeado levantarme a las 6 de la madrugada; mi mente no quiso, pues falta menos de media hora. Por épocas me ocurre seguido; en los últimos años, mis noches sin sueño están más dispersas. Mis ojos pesan y arden sin llegar a fastidiar. Tal vez sea la luz de la pantalla. Es raro estar cansado y no poder dormir; nunca lo entendí y aprendí que mejor es no hacerlo. Ahorita ya suenan algunos pájaros; sigue estando oscuro. Por más que el día será un poco pesado, ya disfruté de una noche en silencio. Entre vueltas, música y comidas ansiosas, la noche va avanzando. A uno de cada diez les pasa en el mundo, por lo menos eso dicen. Insomnio crónico.

Esta vez demoré en aceptarlo. Tenía un plan, uno que ya hace unas horas debí notar que iba a ser fallido. No voy a tener la energía para hacerlo perfecto; me refiero a mi día. Igual, lo necesario lo haré. Mi reunión de las 11, que me estaba torturando hace un rato; algo de trabajo ligero y, definitivamente, comprarme mi melatonina en gomitas. Hoy me di cuenta muy tarde de que se me habían acabado. Entonces, no es un plan fallido del todo. Lo que demoré en aceptar fue que mi noche iba a ser larga y que no pude disfrutar esos momentos esporádicos en los que se puede pasar un buen rato. Cuando te pasa seguido, lo que alguna vez odiabas se vuelve entretenido. El cielo ya se está aclarando. Un antojo de chicharrón dominguero ha entrado como un flechazo. , el chinito no abre los lunes; recién me entero. Desayunar desvelado es una sensación extraña. El día comienza a avanzar y tú te sientes desfasado. Es lunes; sin embargo, mi mente está en el domingo.

Estoy atrapado, pensaba, en estas horas de poca luz. Tengo miedo de a lo que me estoy metiendo. Tengo miedo de volverme aburrido por el trabajo. Suena tonto e inmaduro, pero qué puedo decir. Es disonante con la motivación que tengo en esta nueva etapa, por decirlo así. Solo tengo que encontrar la manera de que no sean excluyentes. Mis aventuras tienen que continuar: los viajes. Mis últimas crónicas han sido sobre Trump y ahora, por suerte, tuve insomnio. Se me acaban los temas. Un fin de semana a Cusco se me cruza por la cabeza. No tengo plata, me respondo. Igual, no es mala idea pensar en viajes cortos y cercanos.

Así es el insomnio. Es un espacio donde no se toman decisiones y los pensamientos importantes tienen la misma jerarquía que las trivialidades. En la madrugada todo es menos serio e importante. Así van girando mis ideas como las hélices de mis ventiladores. El calor sería insoportable sin ellos. Tal vez la única amenaza, en este momento de paz, es el día inminente. Se siente eterno. Las contradicciones afloran por todos lados. Mi cuerpo está cansado, pero mi mente quiere escribir. Quiero dormir, pero también quiero esperar a que abran algún lugar donde comprar desayuno. Lo mejor es pensar que, si aprovechaste la noche, el día puede ser menos atolondrado. Las enredaderas y flores que se ven desde mi ventana ya reflejan color. Las sombras van desapareciendo junto con mis ganas de mantenerme despierto.

En este espacio donde no duermes, en cierto sentido también hay descanso. Te liberas de expectativas; a estas horas tardías, a nadie le importas. No hay nada que resolver; intentar hacerlo solo empeora las cosas. Tu identidad diurna desaparece, es casi como dejar de ser alguien. Sin respuestas, sin mensajes y sin juicios. Es casi como tomarse un respiro de la lógica en sí. No es un descanso reparador, pero sí uno que interrumpe lo común. Un descanso donde algo se detiene y se siente bien. Como a estas horas ya no pienso muy bien, puede ser que haya confundido todo y que, en realidad, solo sea una pausa mal hecha.

Algunos perros ya están ladrando. Las combis de Pedro de Osma comienzan a escucharse. No estoy cerca, pero el sonido llega cada vez más claro. Es fácil olvidar que el sonido del día es un bullicio, sobre todo si nunca estás despierto tan tarde. Pasos de gatos hacen retumbar mi techo de madera. Los ventiladores ya no se escuchan tanto. Ya hay gente despertándose para trabajar; en este preciso instante, me gustaría ser uno de ellos. Por mucho que romantice la situación, estar cansado se cobra pequeñas cosas. Nunca te das cuenta cuáles.

[Migrante al paso] Mis veintes. Tiempos difíciles. Mucho caos, mucha confusión y también muchísima diversión. Al comienzo, luego de muchas irresponsabilidades que me hacían sentir invencible, fueron perdiendo su efecto empoderador y se transformaron en fuente de inseguridades y crisis de identidad. El grupo de amigos que tengo, que en ese momento era más extenso, funcionaba debido a mi funcionamiento como amigo pegamento. Yo me sentía responsable de los excesos de los que muchos fueron víctimas. Yo ya no quería esa vida y tenía que tomar una decisión. Mi mente estaba en disonancia; por un lado me quería y por otro no sabía qué repercusión iba a tener en este grupo de amigos. A mí las fiestas y el descontrol nocturno ya no me tentaban; todo lo contrario. Me alejé. Me juntaba con mis amigos de toda la vida solo en planes tranquilos. Estaba aburrido y ese estado me duró bastante. Ahora sé que era el camino correcto: ese sendero aburrido me llevó a conocer distintas culturas y maravillas por viajes; comencé a escribir; tuve ataques de pánico diarios cuando viví por dos años en Argentina; me desmayé; me peleé en la calle; fui bueno e intenté ser malo, pero no me funcionó. Toda esa temporada de mi vida me hizo darme cuenta de que había sido un huevón. Después de todo, quien no se da cuenta de eso eventualmente es porque sigue siendo un huevón.

Me retracté de la universidad. Mis padres y mi psicólogo me decían que sucedía lo mismo de siempre. Pensaban que cada vez que se me presentaba un obstáculo me echaba para atrás. Me hacían sentir un cobarde y tal vez lo estaba siendo. Pero no era un obstáculo normal; no se trataba de un obstáculo difícil, ni de que no pudiera entender materias. Iba más bien por el temor de cambiar mi vida y ceder la libertad a la que tanto me aferraba y a la que todavía me aferro. Los proyectos de vida, como el que estoy haciendo ahora de desarrollar un negocio, son procesos en los que mi realidad va a cambiar. Lo mismo me pasaba en relaciones con chicas; me decían que soñaba mucho, pero en ese caso sí tomé la decisión correcta. Pedirle a un soñador que se rinda a ellos es como pedirle que venda su alma. Una vida sin alma no es vida. Yo quería cambiar el mundo; a muchos no les gustaba eso. Sin embargo, yo me di cuenta de que si algo no me gusta de la realidad la tengo que cambiar cueste lo que cueste. En esa voluntad necia y valiente estaba arraigada mi identidad. Después de todo, soy libre de escoger y decir lo que quiera hacer y decir. Eso no me lo quita nadie y moriré así. Me gusta. Callarme es solo tarea mía. Mi única falta fue no darme cuenta de que me aterraba saber que era necesario cambiar mi estilo de vida radicalmente para conseguir lo que quería. En cierto modo estaba cómodo sintiéndome mal y, por rebeldía sin sustento, me costó darme cuenta de que ese cambio era necesario. A veces es fundamental permitirte cometer errores para darte cuenta tú mismo, y fue justamente lo que hice.

Cumplí 32 años y siento que por fin dejé la mayoría de mis inseguridades atrás; no todas, y tener una que otra también es saludable. No sé si tiene que ver la edad o si simplemente me di cuenta; no importa, hay infinitas cosas de las que aún no me doy cuenta. Sigo siendo susceptible a muchas cosas y a vivir alimentado constantemente de microconflictos que muchas veces determinan el estado de ánimo de mi día. Por eso, llegó el momento de no dejarme entrenar a vivir en este estado de loop constante de malestar; nadie tiene por qué avanzar día a día así. Vaivenes de rabia y scrolling donde se mezclan la dopamina con el cortisol o estrés. Lo peor es que darse cuenta de eso es difícil.

Regresé a Lima después de 20 días sin redes sociales; al llegar a mi ciudad descargué de nuevo las redes y me dio insomnio. Se vienen cosas nuevas en mi vida, de las que estoy acostumbrado a retractarme. Sin embargo, es distinto. Mi motivación es otra y no siento manía, como lo hacía antes. Hay miedo, pero no pánico. En pocos días acá, entre el calor y una pequeña lesión en la rodilla, se generó más flojera que preocupación para hacer ejercicio. Estuve mucho tiempo en el loop obsesivo y dañino de redes sociales, pero me duró días. Mis insomnios no venían con estrés ni tristeza. Los pensamientos derrotistas ya no aparecen al despertar. Ha ocurrido un cambio, después de meses de un poco de esfuerzo y orden; poco, pero esfuerzo y orden igual. Al igual que en mis veintes tomé esa decisión en cuanto al caos juvenil, ahora siento que he tomado otra; no sé exactamente cuál. Y no he tenido muchas decisiones sustanciales en mi corta vida. Por más aprendizajes, entonces.

[Migrante al paso] Estuve en Estados Unidos por Navidad y Año Nuevo. Todas las noticias giraban alrededor de Trump, desde sus polémicas declaraciones en Truth Social, la red social creada por él mismo; la invasión de Venezuela; y más atrocidades cometidas por ICE. Felizmente, se podía notar cómo la mayoría de estadounidenses ya no está de acuerdo con él, pero sigue teniendo demasiados seguidores. No sé si fue cosa mía, pero en las 3 semanas que estuve sentí una diferencia en cuanto a la tensión que se siente en los aeropuertos e, incluso, en la calle. He ido a varios lugares del mundo y en ninguno he sacado mi pasaporte a la calle por miedo a que me detengan. Es algo improbable, pero el hecho de que lo haya tenido en cuenta ya implica que efectivamente ha habido cambios. El año pasado, tomabas un taxi en Miami y los propios latinos idolatraban a Trump y trataban de convencerte de que votar por él era lo mejor. Ahora es todo lo contrario. Lamentablemente, se dieron cuenta muy tarde. Regresé a Lima esta vez y me llevé la sorpresa de que mucha gente ama a este señor naranja, bajo el ridículo argumento de que es el único que está haciendo algo en contra del comunismo. La gente está perdiendo la cabeza.

Yo pensaba que este año iba a tener menos discusiones e iba a estar tranquilo; me temo que estaba equivocado. Hay cosas que uno no puede dejar pasar por alto, así el ataque no sea directo. Si no se hace nada ante los discursos de odio, es muy posible que nos enfrentemos a un escenario similar al de Europa durante y antes de la Segunda Guerra Mundial. Es un hecho que la gente está molesta y desesperanzada; se entiende porque estamos en una época de crisis donde trabajar o estudiar parece que ya no son suficientes para poder vivir tranquilo, simplemente porque no te alcanza. Hasta ahí es normal y comprensible que se repita una sensación generalizada; lo que sí es un problema es que se repita una búsqueda de culpables en grupos minoritarios. Con eso viene una fila de líderes políticos autoritarios y con reformas odiosas; Trump, siendo el más preocupante. Si a eso le sumas la desinformación y propaganda masiva en redes sociales y tensiones geopolíticas, ya tenemos casi completo el panorama.

Hace 15 años aproximadamente, en un viaje familiar, saliendo de un museo de la memoria en la Ciudad de México, le pregunté a mis padres cómo alguien podía llegar a ese nivel de maldad. Se lo pregunté luego de leer algunos testimonios de los campos de concentración en la Segunda Guerra Mundial; testimonios sobre los campos de tortura y genocidios durante el gobierno de Pol Pot en Camboya; y otras atrocidades. Lo que tenían en común la mayoría era el odio a un grupo de personas y la manipulación de la gente a través del miedo. De más chico, en otro viaje familiar, estábamos en Ámsterdam y luego de visitar la casa de Ana Frank me compraron en la tienda que siempre está al salir de los museos el famoso diario. Lo comencé a leer durante el viaje. Tenía máximo 12 años, de repente menos. Ese tipo de recuerdos me hacía poner en duda que puedan repetirse estos sucesos. Los últimos 3 años me dediqué a viajar y a conocer distintos países, culturas e idiomas. La ignorancia es demasiado grande. La gente no sabe nada. Solo me sorprendí en Japón por el nivel de conocimiento de la gente de a pie. Yo pensé que viajando me iba a esperanzar un poco en cuanto al desarrollo de la sociedad, pero fue al revés. Me di cuenta de que lo que más existe en el mundo es miedo e ignorancia, y de esas dos cosas solo se puede esperar lo peor.

A veces me preguntan: ¿por qué te molesta tanto lo que pasa en otros países? O cosas por el estilo. Ahorita no se han cometido injusticias o ataques hacia mí o hacia gente que conozca, pero sí ya están atacando a gente por cualquier razón sin sentido, lo que te hace pensar que no comiencen a odiar o discriminar a los peruanos o sudamericanos. En realidad, ya lo hacen, pero la gente prefiere no ver. Idolatrar a Trump, siendo peruano y él abiertamente racista, sobre todo hacia los latinos, es descabellado y ridículo; la razón detrás de eso es que, al igual que odian sin leer antes al respecto, también lo hacen al momento de idolatrar. En fin, yo también lo llevo al otro extremo. Para mí tener a otra persona de ídolo ya me parece patético, así sea la persona más buena del mundo. Es por eso que cuando me salen noticias de presidentes y otras personalidades importantes chupándole las medias al líder estadounidense me da rabia y siento impotencia. Ver a Milei bailar como Trump casi me hace vomitar. Lo gracioso es que, en cuanto a ideologías, pensaría que me inclino más hacia la derecha, pero ya llegaron a un punto de ridiculez tan alto que estar de acuerdo con ellos sería insultarme a mí mismo.

[Migrante al paso] Ya estamos un poco tarde, pero me pasé la semana pensando en resoluciones de año nuevo. Nunca lo he hecho. No sé si sirva. La mayoría de gente lo hace y no los cumplen. Hace unos días me preguntaron mi edad. Me había olvidado. Casi digo 31, luego pensé que tal vez tengo 33. Si ya llegó el momento en que no me acuerdo mi edad es porque estoy viejo. No puede ser. Viejo y sin plata encima. Endeudado y con dolor de rodilla. “Este viejo de mierda” hubiera pensado de niño. Cuando pensaba que a esta edad sería millonario y con una mansión en Kioto. Estaba un poco loco también, mejor dicho; estoy. El año pasado a simple vista no fue uno bueno. Pero alguien que nació con privilegios como yo tiene derecho a quejarse. La verdad es que sí, todos lo tienen.

Fue mi primer año después de mucho sin un psicoanalista y psiquiatra. Una de las mejores personas que he conocido que lamentablemente murió. Si fuera una película de humor negro mis traumas o depresión serían el culpable. De hecho bromeamos con eso en nuestras últimas sesiones y se mataba de risa. También, fue un año sin pastillas, ya nada de antidepresivos ni estabilizadores anímicos. Ya no los necesitaba. Apenas los dejé comencé a tomar riendas en mi vida. Ejercicio, lectura y escritura. He bajado casi 20 kilos, me faltan 10 aproximadamente. Viéndolo así no está tan mal. Igual, vale la pena recalcar que no se habla del peso de nadie, ni de cuánto come. Se pueden generar cosas terribles solo con un pequeño comentario. Pero bueno, en este caso estoy hablando del mío. Me tomaba entre 4 a 6 Red Bull al día, sumado a Coca-Colas, clonazepam y ya no sé qué tantas cosas más. No me gustaba cómo me sentía, ni cómo me veía. Ahora es todo lo contrario. He recuperado mi mentalidad de campeón y héroe infantil. A ese paso no iba a vivir mucho y es justamente eso lo que más quiero.

Quise ahorrar para pagar mis deudas. Este año tengo más. Pero bueno, estoy empezando un negocio y me irá bien. Confío demasiado en mi inteligencia y mi intuición no suele fallar. Como verán mi ego no se ha visto dañado por mis errores. Se malogró el baño de un departamento que tengo y tuve que vender mi carro para pagarlo. Mi inquilino o, mejor dicho, un okupa no me paga hace meses y recién esta semana se va por fin. Eso demuestra que ahora soy más calmado, ganas de ir y pegarle no me faltaron. En mis años viviendo en Buenos Aires me daba pánico todo, era más joven, pero más débil. Ahora los problemas son más grandes, sin embargo ya no me lo tomo tan mal. Así es la vida supongo y la mía no está tan mal. El punto no es compararse, pero como siempre me han dicho podría ser peor y en mi caso muchísimo peor tomando en cuenta lo que se vive en mi país.

Igual no crean que me siento iluminado, ni que soy un buda. Tal vez soy parecido por la panza, o era. Sigo levantándome de mal humor, a veces tengo ganas de insultar a todos y hay cierta gente con las que no puedo ocultar mi repudio; los miro como seres infectos. A los homofóbicos, a los de izquierda o derecha radical, a los que creen saber qué está bien y qué está mal solo por haber leído unos cuantos libros, a los racistas y discriminadores, a los machistas. A esos sí los veo como moscas. Pero como dice Nietzsche en Así habló Zaratustra, no es mi deber ser matamoscas.

Así soy, tengo mi lado bueno y mi lado maldito. La mayoría de gente que conozco me tiene en buena estima, a uno que otro le debo caer mal. Después de todo a veces puedo ser un poco pedante y si algo no me cuadra, probablemente no lo voy a dejar pasar. Y estoy feliz con eso, después de todo no confío en la gente que le cae bien a todo el mundo.

Ahora que lo pongo en palabras, mi año fue bastante bueno. El dinero no lo es todo. No viajé mucho, pero pude ir a ver a Oasis en Manchester y vivir una de las mejores experiencias de mi vida. La mayoría no puede viajar nunca y mucho menos hablar de que se fue a un concierto en una ciudad pequeña de Inglaterra. Soy privilegiado y bastante, por lo tanto, estoy agradecido y planeo usar lo que tengo para ayudar en la medida posible. El pequeño Niño héroe sigue ahí bien alimentado. Mi familia está bien, mi abuela de 92 años es más viva que la mayoría de gente de mi edad que conozco. Así que en verdad no tengo nada de qué quejarme. Si fuera religioso diría que estoy bendecido. Así que este año lo llenaré de aventuras, buenos momentos, más calma y, como siempre, no me callaré la boca cuando tenga algo que decir.

[MIGRANTE AL PASO]  Hace unos meses, cruzando la pista, pasó un carro muy cerca a mí. Era una vía poco transitada y no se supone que debían pasar autos. Le dije: ¿qué te pasa?, levantando un poco la voz. Pero como dice mi madre: yo no hablas, ladras. Me pasa muy seguido que la gente cree que estoy molesto o gritando, pero en verdad no, es solo mi voz que lamentablemente no es muy amigable. Yo seguí avanzando, pensando que no pasaría nada, pero la persona se bajó del carro, me comenzó a gritar para pelearse y hasta me tiró una piedra pequeña. Hace algunos años probablemente hubiera respondido, esta vez me sorprendió más el nivel de furia de este señor. Era venezolano. Ahora soy un poco más meditativo, así que preferí entenderlo. Imagínense estar en un país ajeno, no porque quieres, sino que has escapado de una dictadura. Probablemente, tu familia tuvo que quedarse y no los ves hace varios años. De lo poco que ganas, tienes que mandarles la mitad o más. Encima de eso, te culpan de la inseguridad y la gente te trata mal porque no hay nada más fácil que culpar a un migrante hasta de problemas ajenos. Lo vemos en todo el mundo. Ellos han pasado por esto por más de 15 años y no solo en Perú. En todos los países de Latinoamérica, en Estados Unidos y más. Me imagino a mí en una situación similar y estoy casi seguro de que ser violento, iracundo y deprimido sería poco. Las cosas nunca son tan simples. De hecho, me parece peor reflejar tus propios problemas en gente que no tiene nada que ver. Sin embargo, lo que no entiendo es cómo pueden simpatizar con políticos de ideas radicales asquerosas y con gente común de a pie no muestran ni un poco de empatía solo por ser de otro país.

Este sábado en la madrugada las fuerzas armadas estadounidenses entraron a Venezuela en una operación impecable que demuestra su poderío militar y capturaron a Nicolás Maduro, el infame dictador. Lo celebro, obviamente. Es un ser despreciable y el mundo es mejor sin él. Si yo fuera venezolano también estaría bailando y festejando en las calles. Pero como externo hay muchas cosas que pensar. Por ahí vi en redes sociales a gente escribiendo que no hay que aprovechar tragedias ajenas para ir hablando de ideas antiimperialistas y más tonterías. Felizmente ya no uso redes. En ningún momento pensé en esto como derecha o izquierda, simplemente como un espectador que piensa sin influencias ridículas de nuestros llamados intelectuales. Felizmente, para mí no valen nada. Lo único que vi en ese día que regresé al remolino de idioteces llamado Instagram o TikTok fue a gente que no sé qué se cree para condenar opiniones solo por ser opuestas a lo que piensan. Pero bueno, la misma historia de siempre. Mi impresión fue un poco preocupante: la izquierda indignada llegando incluso a defender a Maduro, y la derecha alabando a Donald Trump, que a mi parecer no se aleja mucho de la maldad, o como quieran llamarlo, de Nicolás Maduro. Jamás verán en mis escritos algo como “viva Trump”. Igual tengo que dejar claro que estoy hablando de la peor calaña de ambas ideologías. Repasemos un poco de lo que dijo el presidente de Estados Unidos luego de la captura de Maduro.

  • “Vamos a gobernar Venezuela hasta poder lograr una transición segura y racional. No queremos que nadie se involucre”.
  • “Habrá presencia militar para asegurarnos de que la transición ocurra”.
  • “Si es necesario, estamos preparados para ir más lejos”.
  • “Vamos a reinvertir. Vendieron nuestro petróleo y tuvimos a un presidente que decidió no hacer nada. Nosotros decidimos hacer algo”.
  • “Necesitamos Groenlandia. Es muy importante estratégicamente”. “Esencialmente, es un gran negocio inmobiliario”.

En conclusión, Venezuela está bajo el poderío estadounidense hasta que termine la transición. Qué es para ellos que termine la transición, nadie sabe. Queda muy claro también que esta intervención no fue por su preocupación hacia el pueblo venezolano, más bien un interés desesperado por tener el control total del petróleo. La soberanía de un país no es algo con lo que se pueda jugar, seas quien seas. Esa intervención es escandalosa en ese sentido. Lo que diré a continuación es solo especulación y no una verdad, es simplemente una creencia. Yo creo que detrás de todo esto existe una coordinación con Rusia y, tal vez, otras potencias para hacer lo que les dé la gana con el mundo. Esta interferencia reduce a Estados Unidos casi al mismo nivel que Rusia en Ucrania. Hasta Marine Le Pen, una ultraderechista detestable, se opuso a lo sucedido. Ya para que Le Pen tenga más cordura es porque es preocupante. Ni siquiera hubo una aprobación del Congreso para este acontecimiento, por lo tanto es una acción totalmente autoritaria, para quienes hablan de democracia. Ahorita no es momento de celebrar, porque aún no se sabe qué va a pasar. Que Estados Unidos gobierne Venezuela me suena bastante a colonialismo, ¿no creen? En cuanto al petróleo y la mega inversión, dudo mucho que lo hagan gratis y eso se traduce en una deuda externa gigantesca que nadie sabe cómo va a ser pagada. Hay que aprender a observar más que mirar. Otra pregunta es qué pasará con los demás delincuentes que siguen incrustados en ese país. Vale la pena revisar la situación actual de los países en los que Estados Unidos intervino. La mayoría son un desastre, no creo que sea coincidencia.

En fin, estoy feliz por los venezolanos porque definitivamente van a tener un poco de libertad. Pero hay que mantenernos espectadores de lo que sucederá. Esto no es solo una pequeña intervención, sino una jugada geopolítica que afecta al mundo entero. Por más poder que tenga alguien, no tiene el derecho a hacer lo que quiera ni a soltar amenazas. Muy feliz por mis amigos venezolanos, pero preocupado por lo que pasará.

[Migrante al paso] Bourbon Street, New Orleans. El primero de enero del 2025 un terrorista en una camioneta atropelló a múltiples personas de la concurrida calle, mató a 14 personas y dejó decenas de heridos. Dentro del auto encontraron banderas de ISIS. Nos hospedamos en la misma calle. Es la más emblemática del barrio francés. Ahora todo el camino tiene banderas conmemorativas por eso. Celebraciones, música callejera, olor a marihuana, bares de jazz y blues, borrachos y locos caracterizan esta zona; a muchos les puede sonar como algo malo, pero es bastante atractivo y encantador. Si esta semana había una multitud de gente, imagínense en año nuevo.

Las casas y hoteles con arquitectura francesa y española del siglo XVIII crean un ambiente pintoresco, agradable para pasear. Ahí se fundó la ciudad por ser el lugar más alto. En el 2005 el huracán Katrina arrasó con todo, los diques se rompieron y se inundó la mayor parte de la ciudad, menos ese pequeño barrio antiguo. Hasta el momento es mi ciudad favorita de Estados Unidos, pero no conozco todas. Me parece la más rica en cultura e historia. A solo cuatro cuadras a la redonda encuentras la herrería y bar prohibido de Jean Lafitte, uno de los piratas más conocidos. También la casa de Marie Laveau, la reina del vudú; por lo que averiguamos en el viaje y lo que he investigado, debe ser uno de los primeros ejemplos de empoderamiento femenino en toda América, me refiero a la verdadera, no a Estados Unidos. Muy cerca, uno de los primeros bares gay donde comenzaron movimientos pioneros de resistencia por sus derechos. Hasta un club de vampiros en el segundo piso de un bar de jazz. Me dio risa cuando el guía nos contó que tenía cuatro amigos vampiros. Es gente que le paga a otros para tomar cada cierto tiempo su sangre; una locura, pero por lo menos no le hacen daño a nadie. Hay cosas normales que son más terribles.

Al igual que el vudú, que es una mezcla del cristianismo europeo con el animismo de las religiones indígenas y los ritos y herencias culturales africanas que llegaron junto con la esclavitud, New Orleans celebra esa mixtura. El gumbo, su plato típico, representa lo mismo: es una sopa que acepta el ingrediente que quieras. La historia de esta ciudad siempre ha sido una de resistencia y lucha por los derechos. Al norte del barrio francés está el parque Armstrong, antiguamente conocido como la Plaza Congo, donde se reunían los esclavos a comerciar y hacer sus ritos antiguos los domingos. Fue en esta ciudad donde comenzaron los derechos a los esclavos. Caminando por ahí pasas por el mismo árbol de roble sagrado al que le rezaban. Cuando pasamos, había cigarros, frutas, caramelos, chupetes; son ofrendas para los espíritus. Esa religión se mantiene hasta hoy. La tumba de Marie Laveau tiene flores y regalos todos los días del año. Ella rescataba niños huérfanos y los adoptaba, compraba la libertad de esclavos y curaba enfermedades de quienes lo necesitaban. Muy diferente a lo que te ponen en la cultura pop.

Estas historias te hacen cuestionar cuál es la verdadera naturaleza del humano. Lo único que sé es que definitivamente no somos buenos solo por ser humanos. Fuimos a una hacienda de cultivos a las afueras. Las casas de los esclavos, por llamarlas así, parecían celdas para animales. En un espacio de cuatro metros cuadrados vivían diez personas. Lo más lamentable es que actualmente mucha gente sigue viviendo en esas circunstancias. Por eso cuando me dicen “esto está bien porque es la ley” pienso o que nunca han leído un libro en su vida, o que les han lavado tanto el cerebro que simplemente ya no vale la pena hablar con ellos. Peor es cuando dicen “uno es pobre porque quiere”, ahí sí creo que se golpearon la cabeza de chiquitos.

Este problema se mantiene. El racismo y la discriminación no paran. Es más, parece que va en aumento. Todas las políticas inmigratorias que se están llevando a cabo en Estados Unidos con los agentes salvajes y embrutecidos del I.C.E. es un ejemplo perfecto. También está sucediendo en Europa. En Perú, un candidato regordete con más cachetes que cara se copia de las estrategias trumpistas para conseguir votos, una estrategia que consiste en hablar estupideces y mentiras para culpar a inmigrantes de lo que sucede; y no solo hay uno. Eso también es un ejemplo de racismo y discriminación. En fin, qué se puede esperar de alguien que admite autoflagelarse en nombre de Dios; lo que no entiendo es que haya gente que lo siga. Parece que las personas están involucionando.

Cruzando el parque Armstrong, nombrado en honor al famoso cantante y músico de jazz, está el barrio de Treme. Un ícono de la cultura afroamericana por ser uno de los primeros lugares donde permitían que los afroamericanos compren propiedades. Ahí nació el jazz e incluso era usado como documentación oral. Muchos historiadores han usado las letras de las canciones como documentos. En una esquina puedes ver a los líderes de cuatro clanes vudú. La religión no es muy distinta a lo que sucedió en Perú con la conquista española. Por último, también existe una palabra muy usada proveniente del quechua. A veces te dan una ostra extra o una pieza de pollo extra y te dicen Lagniappe, que deriva de la famosa yapa. Feliz año para casi todos; a Trump y a los agentes de I.C.E. que les vaya fatal en este 2026.

[MIGRANTE AL PASO] Llegó un amigo de Londres, solo de visita por Navidad y Año Nuevo. Hay algunas personas con las que puedes hablar de todo, una mezcla de nivel intelectual balanceado y confianza de amistad cercana. Nos fuimos a dar vueltas por la Costa Verde, en Audi yendo a toda velocidad. Suena pretensioso, mejor dicho, lo es; pero ¿acaso importa? Estos últimos años han puesto en duda muchos elementos que antes daban pie a prejuicios. Dos jóvenes en un carro de lujo: alguien externo podría pensar “mira a esos hijitos de papá, mira qué escandalosos” e, incluso, si alguien está amargado con la vida, puede llegar a prejuicios aún mayores. Claramente, en el fondo solo refleja lo que ellos piensan de sí mismos.

—¿Viste las nuevas fotos del file de Epstein? —me pregunta.

Yo estoy sin redes sociales, así que no tenía ni idea. Muchos personajes conocidos, ídolos de muchos, involucrados o, por lo menos, figuran en las fotos. Ya no se puede confiar en nadie y está claro que la gente más poderosa, de cualquier ideología política y profesión, quienes tienen las riendas del mundo, no son más que unos desadaptados perversos y, en demasiados casos, delincuentes.

Parámos en Punta Roquitas para meternos un chapuzón. El sol ya se está poniendo potente y calcinante. Rodeados de gente común: niños jugando, grupos de amigos tomando sol, echados en las clásicas rocas de canto rodado de estas playas. Mientras enterraba mis pies en las piedras hasta llegar a la parte mojada, con la espalda quemándose, pensaba: de todos los que están a mi alrededor, ¿se puede confiar en alguno? Si dentro del 1 % más poderoso creo que ninguno se salva de asquerosidades, ¿por qué quienes están a mi alrededor serían diferentes?

Un extranjero que quería entrar al mar se me acercó. Me pidió que le cuide sus zapatillas y su celular. Acepté y no pasó nada. Por otro lado, un serenazgo les hacía problemas a unos adolescentes que no hacían nada. Literalmente los estaban molestando solo por cómo estaban vestidos. ¿Qué comparte ese serenazgo con los que aparecen en el escándalo? Solo se me ocurre la ilusión de poder. Obviamente, en magnitudes incomparables. De nuevo me preguntaba si es verdad que el poder atrae a los peores y corrompe a los mejores. No lo sé. Solo tengo claro que jamás me involucraré en política. Estaré pendiente, pero no seré partícipe. Sería como entrar al infierno. Imagínense: creo que solo con pisar el Congreso ya pierdes un poco de humanidad.

La rebelión de Atlas. Un libro de una tonelada que me demoré un año en leer. Genial. Muy criticada la autora, Ayn Rand, por sus posturas liberales y capitalistas. No estoy muy al tanto, pero no sé cómo esperan que piense alguien que huyó de San Petersburgo en plena Revolución bolchevique, donde su familia perdió todo. Yo entiendo perfectamente que odie las ideologías colectivas y el totalitarismo. En esta novela en particular, los líderes políticos y gobiernos pierden el apoyo de los verdaderos líderes productivos: científicos, pensadores, artistas y más. La rebelión consiste en que estos se retiran y desaparecen voluntariamente. Sin los que sostienen al mundo, este colapsa. La diferencia actualmente es que estas “verdaderas mentes productoras” también están involucradas en el desmadre que se está armando en el mundo. La verdadera rebelión la están haciendo investigadores y servicios de inteligencia sin nombre, desenmascarando de a pocos quiénes son en verdad quienes nos lideran. Se está poniendo a prueba si la verdad realmente importa.

Con este amigo nos trasladamos al mismo tiempo de la Universidad de Lima a la Católica. Una de mis incontables incursiones académicas fallidas. De todas maneras, algo aprendí. En una de las tantas clases de Lengua que tuve, descubrí a este señor barbudo, viejo y con cara de buena gente. Parecía Papá Noel. Siempre se escuchaban rumores de que podías escribirle correos con dudas o ideas y él te las respondía. Probablemente, la máxima eminencia de la lingüística en el mundo. Para muchos, un genio; casi un mesías del socialismo por ser un referente moral. No lo he estudiado, solo superficialmente. Hace unos días salió una foto del anciano Noam Chomsky junto a Epstein en su avión privado. ¿Adónde iban? No se sabe. ¿Basta esa evidencia para incriminarlo? No. Sin embargo, dudo que se hayan encontrado para tener clases de lengua. Una imagen poco coherente para un feroz crítico de las grandes corporaciones, la concentración de poder y el capitalismo. Es por este tipo de cosas que la desconfianza prima en esta época. Efectivamente, Atlas se está sacudiendo y el mundo está temblando. Felizmente, en cuestión de ídolos, solo tengo a Ronaldo, el gordo. A este paso, vale más un genio del fútbol, fiestero, fumador y carismático que un presidente o un aclamado académico. Por no comentar también el caso de Stephen Hawking.

Aun así, doy vueltas por la Costa Verde, con el inmenso paisaje. Relajado, con ganas de viajar y explorar ruinas antiguas. Riéndome con mi amigo. Sin ídolos, estoy más tranquilo. Se va a dar a conocer pronto una gran cantidad de información y mucha gente estará decepcionada. Aun así, no vamos a conocer ni un poco de lo que en realidad sucede. No hay mayor tontería que escuchar a políticos o leer periódicos todos los días, pero más tonto es creerlo. Igual, me mantengo curioso por saber qué pasará luego de la caída de los ídolos.

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