Crónica

[Migrante al paso] Niños saltando, riendo, todos maniacos alrededor de una cabeza de jabalí. Clavada en una estaca, ensangrentado, podrida, cada vez atrayendo más moscas. Ese libro fue el que me recibió al entrar al mundo de la lectura. Esos pequeños atrapados en una isla, sin rastro de autoridad, y su comportamiento, representaban a lo que sería un mundo sin estado o gobierno. A pesar de que se estableció uno con jerarquía de fuerza y locura.  Poniendo al pobre Piggy y Ralph como los outsiders y perseguidos en la etapa final, sin embargo, nunca enfocan la capacidad de rebeldía que se requiere para eso. Era parte del plan lector de primero de secundaria. Nunca me voy a olvidar, sin embargo, desde ese momento la interpretación del libro de William Golding ha ido mutando. Qué tan cercana es la organización de poder del libro al de la vida real, en teoría controlada y ordenada. Últimamente solo veo caos por todos lados. Tal vez más que de una lección se trataba de un reflejo. Entre el consenso en cuanto a la interpretación suele estar muy alejado de lo que la historia realmente significa. Es como una paradoja que pone al límite nuestro lenguaje y damos cuenta del límite de nuestro pensamiento actual. Algo así sucede con el mensaje de una ficción. En fin, en ese momento épico en que cerré el libro por última vez, hace muchos años, mi indagación por la rebeldía aumentó. 

El mito de Ícaro. Qué pasa si no te quieren decir que no vueles muy cerca al sol porque te vas a quemar, qué pasa si de verdad es vuela y anda cuesta arriba hasta que colapses. Hay muchos Ícaros en la historia y no todos son malos, diría que, al contrario. Sin embargo, el consenso es de fábula, te da la lección. No vueles alto. Me gusta más la otra. Vivir al límite hasta que tus alas se derritan. Un rebelde es el personaje mitológico, desafió el cielo hasta no poder más, sin seguir lo que decían las multitudes. Lo accidental, lo que se sale de la norma, lo que contrarresta a la hipótesis. Ahí se encuentra la verdadera disidencia, en no seguir a nadie. Desde ese punto de vista, una rebelión no está formada por rebeldes, son otros más del montón. Ahí nace mi creencia de que unos pocos pueden generar más cambio que masas de personas. Pero qué tanto se puede estirar este hilo antes de romperse. El extremo sería que el más rebelde es quien se retira de la sociedad y avanza por el exterior. De repente el rebelde pierde su esencia cuando tiene una causa. Si hay muchos en la misma corriente, tal vez algo estoy haciendo mal. Las tendencias te ciegan dando por seguro que te abren la mente. Son movimientos hipócritas. 

Jesús era un rebelde. Buda también. Sin embargo, probablemente sus seguidores no tanto. En Siddhartha de Hermann Hesse, quien luego llegaría a la iluminación, se negó a seguir los entrenamientos ascéticos, le dijo a Buda directamente que no lo iba a seguir, le costó separarse de su amigo, y se hundía en los lugares más oscuros de la humanidad. Qué sería de la literatura sin estos personajes contrariados. Qué aburrida la historia de alguien que sólo se deja llevar, como una piedra hundiéndose en el océano. Sin lucha ni conflicto; con un camino predeterminado, amargadamente aceptado. Prefiero tener una vida un poco más desadaptada, donde siempre está la duda sobre el límite moral. Este límite es tal vez el más grande que tiene la humanidad, si rompes una regla, sientes cómo la culpa te inunda y te trae abajo. Muchas veces innecesariamente. Porque no dar el 100 por ciento o más, quién dice que no se puede ir hasta el 120 o 150. Finalmente, quien puso las reglas acaso es un maestro divino que puede hechizar a todos dentro de un mismo flujo. Es imposible, pero la presión y el qué dirán pesan mucho en esta época. La gente tiene miedo de poner los pies sobre la mesa. Periodistas que le cedieron la tutela a su público, por todos lados. Abogados que defienden violadores porque es lo que dice la ley. El desfase está clarísimo.  La ley siempre avanza más lento. 

Todos tenemos una temporada nietzscheana, obsesionados con Así habló Zaratustra, por más de no entender casi nada. Me incluyo. Es prácticamente un manual para liberarte por completo de las ataduras mundanas basado en la no doctrina, sin embargo, si la sigues o siguen muchos, pierde su capacidad única y recae justamente en lo que niega en un inicio. Me pregunto si será posible vivir sin seguir nada, no lo creo, pero sí te puedes aproximar. No sé cómo, pero lo creo posible. Cuando estudié a los filósofos contractualistas, me preguntaba qué tan distanciado está el pacto social inicial al actual, y qué tanto se ha adaptado. En teoría, Hobbes, Rousseau, Locke y demás remontan el momento del contrato, bajo condiciones distintas, a las primeras interacciones humanas. Estado Natural le llaman, por supuesto son sacadas de la nada y muy generalizadas. Quién sabrá nuestro comportamiento natural antes de cederle parte nuestra a un estado, se lo inventaron por completo. Ya se notan las irregularidades entre la norma y lo que sucede en realidad. Toda la vida me he sentido rebelde, últimamente ya no lo sé. El concepto en sí en estos momentos me parece platónico. Inalcanzable. Pero nos encanta vivir así, por lo menos a algunos. Se vienen tiempos hostiles, pero retadores y posiblemente fructíferos. Cuándo se romperá el hilo que nosotros los supuestos rebeldes queremos romper.  

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[Migrante al paso] Casi tres años. Regresos esporádicos, navidad y esas cosas. Salvo uno que otro capricho necesario. Los aviones y trenes ya no me causan sorpresa. El goce sícontinúa. La belleza peculiar de las nubes probablemente jamás deje de encantarme, en el sentido literario. Al verlo sientes una quimera emocional entre lo diminuto del individuo y lo infinito de la humanidad. Eres un insecto en mitad del cielo, el progreso te permite volar. He sido mucho tiempo un extranjero, explorando tierras y lenguas desconocidas, planeo serlo con mayor frecuencia. Existe una connotación negativa de lo foráneo, tal vez es así en mi caso debido a ser de una nación producto de la colonización. Ahora mi asociación ha dado un vuelco. Hay algo placentero en implantarte en terreno desconocido. Como un espantapájaros en un campo de maíz. Cada cierto tiempo te encuentras a personas espantapájaros y no como algo malo. Nadie te conoce y no conoces a nadie. Tu propio ser es el único referente de identidad.

Es fácil sentirse ganador arrimándote al equipo campeón. Pero este mundo no está hecho de clubes de fútbol. En el primer recorrido de una calle sólo puedes arrimarte hacia adentro, es lógicamente imposible, pero me gusta. Después de todo, en ese momento, tus pensamientos son lo único que conoces. En tu mente tienes que sentir confianza maradoniana y la calma para sentirte natural del lugar, por más que no sepas ni que hay más allá de la esquina. Por ahí camina un espantapájaros que no quiere camuflarse, orgulloso de ser ciudadano de la nada. Todo te agarra por sorpresa; están todas las señales, solo tienes que saltar donde va a caer el rayo. Nosotros, hombres de paja, estamos hechos de material sensible. Sientes que te prendes en llamas. Todos los sentidos se encienden. Caminas con el ritmo del beat de cada estimulo. Electrizante. Todas las neuronas del sistema nervioso fluyendo a gran velocidad. Pura sinapsis.

Amsterdam. Sin año. Saliendo de un coffee shop, preparado para un paseo inmersivo entre canales y calles angostas. Cuidado con las bicicletas. Después que casi me atropellen, paré en una bodega, agitando mi casaca negra, eufórico y con audífonos. La chica tatuada me dijo: buen estilo, mientras me daba la bolsa. Ya tenía a mis acompañantes más leales, cigarros y coca cola. Un par de sonrisas y un rostro más que nunca más veré. Metro a metro la ciudad se apagó. Ya era de madrugada, pero estaba en una de mis noches de insomnio, una de las buenas. Los locales cerrados. Me senté al borde de un canal y uní la silueta del espantapájaros al reflejo de los pequeños edificios antiguos, esta vez con el pelo largo y alborotado. No tienes por qué voltear. Nadie te llama.

¡Ves esta rama rota!, me dice Jack emocionado, tratando de explicarme que por ahí había pasado un conejo. Un viejo que vive tranquilo, sólo le gusta el golf y caminar por el bosque. Tenía la paciencia en sus venas. Me quedaba en su casa, con su esposa y otro chico noruego. 2 meses en Kelowna. Un pueblo remoto en mitad de los bosques canadienses. ¿Qué hacía ahí a los 17?, pregúntenle a mi madre. Y no se preocupen, no tienen por qué saber que es Kelowna, no la conocen ni sus pobladores.

Esta vez ahí estaba el espantapájaros, supuestamente debería ser estático, pero andaba por ahí caminando entre robles, pinos y algo inesperado. Supuestamente debía ir a un instituto escolar. En una de las aburridas sesiones de golf, le propuse al viejo Jack limpiar el segundo piso de la casa a cambio de que me den la libertad de hacer lo que me la gana. Su bigote blanco parecía que se le iba a salir de la risa. Finalmente, aceptó. Es así como me vi envuelto en sus excursiones boscosas. Esas sí eran divertidas. Era un gran maestro, con una familia excelente, sabio, progresista para su edad, pero había un problema. En cuestión a excursiones era el peor. Yo le ponía toda mi confianza, pero a 30 metros, un oso marrón caminaba campante. Congelado es poco comparado a como estaba. Soy un chico Discovery Chanel, sabía que si estábamos en su territorio era mejor rendirse ante la muerte. Estaba entre escaparme o ahorcar al anciano. Fue aterrador y majestuoso, estábamos en manos de la naturaleza al cien por ciento. Conejo, me dijo, casi hace que nos mate un oso. Pobre espantapájaros.

Ya en mi ciudad, yendo a visitar mis amigos, no recuerdo el camino. Solo llegué a sus casas por instinto. Como si hubiera perdido la capacidad de pertenecer. Así estuve las primeras semanas. Ya no recordaba las calles ni las personas de siempre. Un extranjero en su propia ciudad. Poco a poco las estacas de madera se transformaban en una estructura ósea y mi interior hecho de paja se convertía en carne y órganos. El espantapájaros se transformó en humano nuevamente. Otra vez uno más del montón, no sabía cómo comportarme. Desconocía en qué trinchera acurrucarme. Sin poder distinguir si era la soledad de siempre o mi propia transformación me obligaba a estar solo. Tal vez todos los viajeros somos huérfanos de nación y territorio. Pero no es así, quiero demasiado a mi país cayéndose a pedazos. Cuando pasas mucho tiempo apreciando el exterior te olvidas de que en algún momento tienes que quererte nuevamente. Al final todos mueren solos, pero prefiero enfocarme en la vida. Recién hace unos días, mientras escribía lo recordé. Quiero vivir acompañado, rodeado de gente que quiero y admiro, no abandonado por mi propio idealismo. Quiero vivir libre como un espantapájaros ambulante, pero la libertad es poderosa y solo quiero encontrar la manera de que ésta no excluya el vivir rodeado de otras personas. A pesar de todo, vuelvo a partir en un mes y esta vez quiero que mi regreso sea acogedor sin sentirme rechazado.

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[Migrante al paso] A tres cuadras de mi casa de siempre, entre cuatro paredes aún desconocidas. Me acechan fantasmas, problemas muertos que pensé que ya había dejado atrás. La última vez que me mudé fue a otro país, donde no tenía amigos y los desconocidos no me daban refugio. Quería escapar, volar de mi ciudad y analizarme desde mi propia soledad. Me di cuenta tarde que eso no es posible, por lo menos para mí. Todavía soy un niño, que en este cuerpo de adulto no se puede cuidar ni a sí mismo. Ese lugar que ni después de años pude llamar hogar, viene por mí. Me quiere cazar como a un conejo indefenso. Es verdad que ni en todos los libros y carreras truncadas aprendí tanto como en esa aventura. Gané herramientas, pero ahora dudo que sean las suficientes. Quiero conquistar el mundo, pero no puedo poner mi bandera ni en un pequeño departamento.   Las lágrimas que dejé estampadas en aquel país me acompañan, aunque no las desee. Aun no comprendo como convertirlas en aliadas. Felizmente, el niño encarcelado en este hombre alto y grande sigue siendo engreído. Lo quiere todo y no está acostumbrado a perder. Cuando mi mente se desbalancea, eventualmente saca las garras y colmillos para defender a este gigante descuidado. 

Ahora desde mi ventana veo los árboles viejos que resguardan Pedro de Osma, los mismos que me recibían al regresar del colegio para almorzar junto a mis perros. Estos guardianes de madera viva son sólo espectadores de un molde que no aguanta mis emociones desbordadas. En esta carrera interna siempre quiero que le gane el niño valiente al adulto melancólico. Me acostumbré a superar así mis problemas con el efecto secundario de no conocer el espacio entre los dos, finalmente somos el mismo. Diez años que parecen meses. Siempre con música en los oídos, siempre con libros como barrera, siempre poniendo a los demás sobre mí mismo, ya estoy cansado. Solo es un pequeño paso que tengo que dar, uno que llevo mi vida entera sin dar. Tal vez no quiero aceptar que mis caprichos eran incorrectos. En lo más profundo no sé aceptar una derrota, pero es necesario poder hacerlo, de lo contrario el peso va a ser demasiado. Esta vez quiero que mis paredes sean amigables y pueda protegerme en ellas. 

Francisco Tafur

Fui a comer en la semana con mi tío. Entre carnes que ambos disfrutamos, le decía que sentía que no podía levantarme de mi cama. Que todo el día parecía de noche. Me engañaba a mí mismo haciéndome el fuerte, tontamente, porque la sabiduría con la que estaba conversando me comía de pies a cabeza. Me dijo que fui bendecido con una inteligencia que no escogí y que no tenía por qué deprimirme, después de todo, la vida es mucho más simple de lo que parece y somos nosotros los que la volvemos complicada. No sé si percibieron mi debilidad, pero sin querer, él y su pareja, a quien considero un amigo, me dieron las palabras que necesitaba en ese momento. Pude reírme a carcajadas, unas que llevaba días sin escuchar. No lo veía hace mucho, pero es de esas personas que pueden pasar años y cuando nos veamos la relación se va a mantener igual. Había envejecido ligeramente, siempre fiel a su buen estilo y con la cabeza en alto. Sus ojos mantienen el fuego para quemar el mundo, esa llama que admiraba de niño y lo sigo haciendo.  Me dieron a entender que yo también la poseo, pero no existe fuego sin oxígeno. Si no me permito estos espacios y analizar mis sentimientos eventualmente me voy a apagar. No tiene nada de malo sentirse mal y no hay nada bueno en aparentar estar bien siempre.  Después de tres horas y abrazos de despedida, me subí a mi carro y manejé rockeando por el camino. Resulta que mi estilo descuidado también es único y alto. Después de mucho tiempo el pequeño y el grande se dieron la mano y conversaron: juntos vamos a salir de ésta nos dijimos. 

Las paredes que se estaban llenando de espinas nuevamente se alisaron. Recuperé el pulso y el hambre de más. Quiero viajar de nuevo y comerme el planeta entero. Morder del cuello a todo lo que me acecha para hacerlo mío. Digerirlo. No es un impulso frenético como me ocurre normalmente, ahora tengo que mantener la calma cuesta arriba. Sin correr, la prisa es mi enemiga y el apuro me abruma. Llegó el momento de dar ese pequeño paso. Solo tengo que poner algunos asuntos en orden antes de lanzarme al océano de oportunidades. Calmado para no ahogarme. Es hora de motivar la furia que requiero para vivir sin temblar. En estos momentos que la realidad en el mundo parece distorsionada tengo que poder sonreír mientras camino por sus callejones. Mi deseo egoísta por un mundo donde todos puedan comer hasta llenarse, solo es posible si yo también estoy dentro. Después de todo, eso soy: un soñador. Puedo vivir debajo de un puente y alimentarme de alimañas, pero no puedo vivir sin sueños. Tal vez por eso me encanta dormir, quién sabe. 

No pretendo secar mis lágrimas, no soy un muerto viviente. No planeo borrar mis errores, después de todo son parte de mí. He sido herido y también he hecho daño. Sería un cobarde si no lo acepto. Le pido perdón a quienes lastimé, pero no crean ni por un momento que los perdones que no di me van a detener. Voy a avanzar, aunque eso implique arrastrarme. Tengo dos piernas fuertes para hacerlo. Caminaré, sin despedirme de nadie y sin parar. Ya logré que el pequeño y el gigante se den la mano una vez y planeo que lo vuelvan a hacer muchas veces más. Este es mi camino y no necesito el permiso de nadie para dar pasos por mi sendero. Es una nueva etapa. La única promesa que tengo es hacer de este nuevo hogar una cuna de nuevas ideas y no una cámara de torturas.  

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[Migrante al paso] No tenemos alas, es obvio, pero a veces me gustaría portarlas, sacudirlas y tomar vuelo. Arriba de todo, sin preocupaciones, con el potente viento alejando mis problemas. De niño, fantaseando con super héroes inventados siempre quise volar. Las aves me generaban admiración, salvo los gallinazos que me daban un poco de asco. Éramos niños, yo y mi hermano, nos habían regalado una honda para jugar tiro al blanco. El aburrimiento en un niño puede ser cruel. Estábamos disparándole a ramas, piedras, cualquier cosa era nuestro objetivo. Frente a nuestra ventana se posó una paloma, común y corriente. Nos miramos y la quisimos usar de blanco. En ese momento entró mi madre y nos dio unos alaridos que jamás olvidaré, y lo agradezco. Desde ese momento me di cuenta de que los animales son sagrados y se les debe proteger. Solo dejarlos ser. Ya se imaginarán cómo nos habrá gritado mi madre, daba miedo cuando se molestaba. Buena lección. 

Lamentablemente, en base a estudios, estos sueños infantiles, como volar, son truncados muy rápido y de manera abrupta. Te cortan las alas. El otro día almorzando con mi familia, conversando con mi mamá, que es una enciclopedia andante, me comentaba sobre un artículo en que las niñas pierden ese anhelo de querer ser rockstars, astronautas, cirujanas, formas de vida similares a los héroes, pierden el anhelo a muy temprana edad comparado con el género masculino. Sentí tristeza porque esto no es una decisión propia de las pequeñas, es el ambiente quien trunca sus aspiraciones. Cuántas mujeres en la historia han sido arrimadas a pesar de haber sido piezas fundamentales. 

Francisco Tafur

Una sociedad, una historia y una cultura que ha minimizado a la mujer por tanto tiempo tiene consecuencias trágicas. Lo peor es que no puedo entender estas problemáticas, van más allá de mí, no he sido mujer, no sé lo que es un parto, no sé lo que es que te acosen diariamente y no sé lo que es que te den menos oportunidades. Lo que más me molesta es que hay mucha gente que no tiene la empatía de dejarlas ser ellas mismas, hacer lo que quieran con sus cuerpos, son suyos y de nadie más, y que luchen por sus oportunidades; es un problema radical y merece medidas radicales. Todos deberíamos ponernos en su lugar y apoyar los movimientos de reivindicación de la mujer. Lamentablemente, la masculinidad frágil abunda y en nuestro país, en exceso. Un país de hombres miedosos, abusivos, insectos que se aprovechan de niñas, un país de violadores. Si fuera por mí, que los amarren a una piedra y los tiren al mar. 

Por este tipo de cosas siempre pienso en las heroínas y héroes. Pienso en la posibilidad de que exista una mujer capaz de volar o un hombre que pueda saltar muy alto. Sería todo mejor. Esta idea del vigilante que se sale de la norma y ley por el bien común es fascinante. Alguien que detenga todas estas salvajadas. De viejo, luego de terminar de conocerme, me gustaría formar un grupo que se encargue del cuidado infantil y con la fiereza que requiere. Donde no quede eslabón suelto. Ni sabandija violadora esté impune. Por ahora es sólo uno de mis sueños, tal vez lo logre. Me falta mucho tiempo de vida y tengo la suerte de que nunca me quitaron la capacidad de volar. Muchos lo ven como inmadurez, otros como libertad, yo sólo me divierto.  Una vez salía con una chica y le dejé de gustar porque le dije que mi sueño era cambiar el mundo, en ese momento lo decía en serio, pero lo tomo como si aun fuera un niño. Fue hace mucho así que efectivamente era más infantil. 

Francisco Tafur

No es por resaltar a las mujeres de mi familia, pero sí que son poderosas. Mi madre es campeona mundial de Karate, bailarina profesional de Flamenco, psicóloga, excelente cantante y no se achica por nada, es una defensora valiente y como madre, la mejor. Mi abuela, de un metro y medio, agarró a carterazos a un ladrón que le quería robar a otra chica, crió a sus hermanas, una enana querida por todos y de la vieja escuela barranquina. Se gana el amor de todos y posee una de las inteligencias más agudas que conozco. Entre ellas intercambian libros como si fueran caramelos. Ellas fueron las superheroínas con las que crecí. Las que mandan. De hecho, mis tías abuelas le dicen la comandante a mi madre. Quiero que todas las mujeres puedan tener ese potencial de vida, esa fiereza, ese frenesí vital, y como dice Mercedes Sosa, que posea la extraña manía de creer en la vida. 

En esa misma comida que comenté, estaba en la pantalla Simon Biles y su equipo antes de su presentación olímpica. Aparte de su estilo genial, y su habilidad pródiga, emana un aura de poder y superación que ya quisiera tener. Hasta me estaba enamorando de la gimnasta de 27 años. Ahora le demuestra al mundo, junto a Beacon, su perro terapeuta, que una mujer puede conquistar el mundo. Ella junto a otras atletas revelaron el abuso de parte de su centro deportivo donde a pesar de las denuncias, los aparatos policiales no hicieron nada. Durante las olimpiadas pasadas, debido a ataques de pánico, tomó la valiente decisión de poner su estado emocional por delante y se retiró. La fuerza que eso demuestra es inimaginable. Ahora volvió y con todo lo que tiene, grandeza. 

Demos nuestro apoyo por el anhelo de un mundo de superheroínas. Es necesario que esta situación ridícula cambie. Que en pleno siglo 21 siga rigiendo una aproximación machista es nefasto. Va en contra del progreso en todo sentido. Hago un pedido que no le cuesta a nadie: solo piensen un poco y se darán cuenta de qué es lo que se debe hacer. 

[Migrante al paso] A oscuras, solo me alumbra la luz de la pantalla y el PlayStation detrás. Audífonos a buen volumen. Queen, un poco de Fito Páez y siempre bastante hip hop, desde Tupac hasta Eminem. Como de costumbre, escribiendo de madrugada. Este momento ambiguo siempre enciende mi hambre por escribir. Lo peculiar, es que mañana me mudo del lugar donde siempre escribí. Ya he vivido en otro país, pero nunca he vivido solo en mi ciudad. Puede ser que ya me toca o sea una nueva aventura, pero aún no puedo escribir sobre qué es una mudanza. En mi cuarto, el mismo de siempre, ahora en la última noche, pienso en las incontables horas viendo una serie, cuya esencia era la voluntad de fuego. Creo que este concepto misterioso fue abrasado por este lugar que siempre será mi hogar.

Cuando le das comida a un hambriento, cuando ayudas a un niño, alegrándote de las mejoras ajenas, al no rendirte sin importar que digan lo contrario, cuando coqueteas con la muerte para superarte a ti mismo; ahí está la voluntad de fuego. Este elemento tan maleable y etéreo, es lo contrario a una voluntad rígida que actúa prácticamente siguiendo el imperativo categórico de Kant, que en mi opinión arruinó el sentido ético de la humanidad.  No existe una ley natural que nos indique cómo actuar bien o mal, en mi caso es el inventado concepto de la voluntad de fuego. Uno que cuando se está apagando lo puedes cubrir en la desnudez para que se mantenga encendido. 

Francisco Tafur

La mayoría de los veranos los pasaba en el balneario de Cerro Azul, en la casa de un amigo que siempre me comentaba que los Beach Boys mencionan la playa en una canción. Es cierto. Como siempre, bajo la sombrilla, porque me quemo rapidísimo, con el enorme muelle al costado, disfrutando de un campeonato de surfing juvenil. Éramos chicos, teníamos entre 14 y 15 años. Sin que me dé cuenta, mi amigo, el loco valiente, salió disparado con su melena amarillenta. Gritos desde la orilla, un bañista no cumplió la norma primordial del mar y se metió sin saber nadar. Nadie se había dado cuenta, pero él ya estaba cerca, lo calmó abruptamente para poder salvarlo. El pánico es el peor enemigo en esos momentos. Las olas estaban fuertes y los zamaqueaban. Pudo treparlo a su tabla y empujarlo a la orilla desde atrás. Yo no lo podía creer, mi amigo más cercano era un héroe y uno que no se daba cuenta de lo que era. 

Fue la primera vez que conscientemente vi a la vida arder en su máximo esplendor, en un amigo, con la muerte a su costado. Lo hermoso de esto es que es contagioso. Todos tenemos cosas malas, palabras que no pueden borrarse, miedos invencibles y un potencial dañino impresionante; pero hay algo en nuestro núcleo, inconsciente, subconsciente, alma, como quieras llamarlo; un disparador que sólo se prende en algunos. En aquellos que no se dejaron aplastar por el enorme pie de la sociedad cargada de expectativas y formalidades patéticas. Sólo si le dejas de tener miedo a no encajar lo puedes hacer. Un paso adelante de la normativa. En esta zona de distorsión se encuentran mejores respuestas. 

Francisco Tafur 

Francisloco me decía mi abuela, me salía un poco de la cordura, era tímido, pero con ímpetu de destrucción y creación. Me decían, bajo el cristianismo, que tenía ángeles guardianes, en mi caso eran crueles y enemigos de mi doctrina egoísta. Donde deseaba que todos sonrían, coman hasta llenarse y jueguen, suena altruista, pero en el fondo lo quería porque me hace sentir bien. 

Un futbolista extremadamente hábil, un pintor, un desadaptado travieso y un pleitista problemático me vieron y nunca me dieron la espalda. Aceptaron al pequeño perezoso e inteligente que se asustaba de sus propios pasos. No se fijaron en eso, solo querían pasarla bien conmigo y protegernos entre todos. Esa fue la cuna de mi voluntad. Aprendí a ser valiente, calmado, pero a sacar los puños si es necesario. Una voz me decía: levántate niño, juega y pelea hasta con el mundo entero si es necesario. 

Puse mi mano para recibir el impacto de un balín dirigido a un niño sin hogar, fui solo a un lugar donde esperaban pegarme, defendí amigos de profesores abusivos, viajé solo a lugares sublimes, tuve el coraje de mostrar mis lagrimas a mis padres, con mi malhumor jamás bajé la cabeza ante algo que consideraba injusto. Medallas de oro de karate desperdigadas. Dentro de mi cabeza rapada se escondía la mente de un guerrero, uno que defraudé en el futuro y estoy trabajando para compensarlo. El término de voluntad de fuego lo aprendí de Naruto, que fue la mitad de mi mundo durante toda mi adolescencia. Ahora ya soy adulto y puedo entender de manera distinta lo que significa. 

Francisco Tafur

Boté todo el odio y tristeza reprimida, acepté las cobardías que había cometido, grité desde mi ventana en Buenos Aires, que por favor alguien me ayude. Había olvidado que nadie puede solo. Un cazador de aventuras caminaba sin compañía por callejones vacíos, con el dolor y la ira no encontraba camino, sin darle espacio a las dudas. El joven luchador ya quería soltar los guantes. En esa ciudad furiosa y sin amigos cerca encontré de nuevo el detonante de la voluntad de fuego. Me di cuenta de que querer vivir es más fuerte que no tenerle miedo a morir. 

Abandoné este lugar que había transformado en un salón de torturas. Retomé la escritura y actué de la manera que me hace sentir bien. Abracé a un joven que se cortaba, regalé ropa a quienes buscaban abrigo dentro de basureros, reduje mis ideas políticas a lo que son, ilusiones. Fui, solo como de costumbre, a almorzar en algún restaurante de las coloridas calles porteñas, vi que estaban botando a unos niños del lugar. Eran 5, les separé a todos una mesa y les dije que pidan lo que quieran. Cuando los quisieron botar de nuevo dije que yo estoy pagando por ellos, con furia en la mirada. Mi madre me cuenta que cuando me molesto parece que voy a morder. Todos comimos y las risas de aquellos pequeñines me hicieron sentir algo raro. No la típica felicidad, algo había despertado. Recordé de qué estaba hecho. 

Quiero ser el tipo de adulto que admiraba cuando era niño. Alguien que enfrenta el temor y ningún nombre lo hace temblar. Un adulto que comprendió que nuestra única labor sagrada es para el futuro y las personas que vienen después. Me comprometí a explorar el mundo e intentar descifrar la mejor manera para que las generaciones menores estén mejor. Dentro de lo que está a mi alcance. Soy un tipo excéntrico, problemático, amable, confundido y fuerte. Lo único en lo que no se puede fallar es en proteger a los menores, de lo contrario, eres un fracasado y no importa lo que tengas. Solo te vendría bien una cachetada de realidad. 

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Se encuentra en lo gratificante de ganar dinero, en salir victorioso de un partidito de futbol, también cuando la razón está de aliada en una discusión; mientras sucede emanamos poder, lo despertamos de nuestra mente y actitud. Volteando la moneda, en ese incómodo instante en que le damos propina a una persona de las calles, se siente un perverso dominio, perverso, pero natural. Al decirle que no a un lavaparabrisas pareces volverte cruel. Ese frenesí maniaco es comparable con el efecto de la cocaína; lamentablemente puedo dar verdad en esa equiparación. Supremacía, altivez, temeridad, mirada soberbia y tono seguro. Eres capaz de todo. Una delirante autopercepción de conquistador bombea por nuestras venas, pero como nos ha puesto en evidencia la historia, esto posee una crueldad cegadora y letal. Una sanguijuela para el apetito de vida. Recordemos a Nerón, quemó Roma por caprichos. 

2019. Alan García se disparó en la cabeza evitando ser capturado. Era alguien megalomaníaco y para ese tipo de personas ser denigrado puede ser peor que la muerte. No había pasado mucho desde que salí del colegio cuando ocurrió, pero lo recuerdo; existían conflictos personales indirectamente y me parece unos de nuestros peores dirigentes. Hace mucho, en la inauguración del Gran Teatro Nacional, entre techos altísimos, joyas, personalidades reconocidas y lujo, lo vi. Era gordo, rojo, y bastante risueño en realidad, eso lo distinguía desde la lejanía. Yo era niño aún. Iba a empezar el musical y me crucé al costado de esta gigantesca sombra, un oso caminaba a menos de un metro. Era el expresidente aprista, su tamaño era imponente y debo aceptar que me sentí minimizado, tenía aura intimidante. Igual aparentaba desdén, de niño los juegos egocéntricos de poder me entretenían. En la aventura heroica en la que vivía como niño, este troll era un adversario que no quería enfrentar. Por primera vez respiré la obsesión del poder.

Francisco Tafur
Alan García mirando, sin mostrar alteración alguna, a decenas de presos. Esta foto es una de las que mejor lo retrata.

Primero o segundo de primaria, los recuerdos infantiles son casi atemporales, rodeado del colorido de un salón infantil, entre pequeñas y balanceables sillas de madera, todos saltábamos jugando. Un amigo, de esos que van quedando en el olvido, me golpeaba en la mandíbula disimuladamente, aguanté tres impactos hasta reaccionar. Flexioné las rodillas para incorporar la postura, espalda recta, puño en la cintura, ojos en el blanco, potencia, rotación perfecta y un medido pero fuerte puñete. La boca del estómago dañada doblega a cualquiera, sin importar la fuerza. La concentración karateka de mi mirada se diluía a cada gesto y lágrima de mi amigo, estaba asustado y entristecido de lo que había hecho, creo que fue la primera vez que usé el poder de manera infantil y violenta. Si aun lo recuerdo tiene que haber sido un hecho importante. Qué tan natural es a nosotros el demostrar poderío. Probablemente sea inherente. En mi inmadura cabeza me sentí grandioso, pero terrible a la vez, como le advierte Olivander a Harry Potter sobre Voldemort, la representación del deterioro por la ambición. 

Investigando uno se lleva sorpresas, el mitológico y temido rey vikingo, Ragnar Lothbrok, acechaba todo Europa ganándose la fama de un demonio para las civilizaciones occidentales. Dice: El poder atrae a los peores y corrompe a los mejores. Requiere sabiduría, vivencias, estudio y una contemplación férrea para poder controlar la ferocidad de ser dominante. Tenía 11 años, en el mall de Caminos del Inca, dentro de un local llamado Gamespot. Mi hermano y yo, junto con los Carrera, otros dos hermanos y amigos desde lo inmemorable, estábamos en este local de cartitas de juego. Nos habían dejado ahí unas horas antes de ser recogidos. Unos manganzones, como mi padre llamó a alguno después, hacían torneos, intercambiaban y tenían álbumes donde guardaban sus piezas más atesoradas. Gordos, pelados, lampiños, pero con la poca barba que tenían, lo dejaban crecer. Ahorita me parecerían insignificantes. En este lugar que olía a deterioro sucedió una de mis mayores lecciones de poder, tienen temple los pocos que flexibilizan el poder. Si es parte nuestro, también debe usarse. 

Francisco Tafur
La carta Magic de 20 dólares que me robé. La ira de Dios

Traviesos, por costumbre existían roles asignados en nuestra dinámica clásica, Nosotros dos, los menores, comenzamos a preguntarle por su álbum. Mientras lo distraían, por un lado, yo sacaba sutilmente La ira de Dios, fue tan traumático que hasta me acuerdo el nombre. Caminé y alejándome, antes de llegar a la puerta escucho un alarido grave dirigido hacia mí. Paralizado se aproximó una pared. 1.80 metros vs 1.20.

—! Oe! Chibolo. No te creas pendejo. Me has robado —solo contenía furia en esos gestos.

—Yo no he sido —levanté los brazos y se cayó la carta. Me puse pálido, mi pandilla me defendió. Éramos muy pequeños.

— ¡Huevón! —Me gritó por última vez, nunca me olvidaré de ese rostro deforme de frustración. Para colmo me banearon, un niño de 11 años prohibido de entrar en un lugar de juegos. Si ya sé que hice mal, pero solo era un pequeño. 

Ahí sentí el lado abusivo del poder, es aplastante, sofocante y ocurre a diario a nuestros alrededores. Claramente en situaciones abismalmente peores a lo que estoy contando. Nos recogieron. Perceptivo, mi padre se dio cuenta de que algo pasaba, llegamos al carro. Lágrimas. ¡¿Qué pasó?!, preguntó fuertemente, no era usual cuando éramos chicos. Cachorro, mi amigo, el astuto, contó lo sucedido. Rodrigo acompáñame, dijo la voz gruesa a mi hermano mayor. 

Francisco Tafur
Afiche soviético colgado en mi baño, la golpiza de los poderosos.

Como toda familia, la mía también tiene sucesos que quedan en el misterio. Yo no lo presencie, pero escuché lo que escuché, fue potente. Cuerpo fuerte, manos grandes, ceño fruncido y movimientos bruscos. Entre gritos atolondrados buscó al barbudo jugador de cartas, mayor de edad. Lo puso en su sitio a la vieja escuela. Enfrentamiento directo. Ahí quedó. Hice mal, pero fue una travesura. Yo hubiera hecho lo mismo, un abuso a alguien cercano rebasa mi límite de paciencia. Ese caso fue un buen manejo del uso de poder. Como comentaría Albert Einstein la combinación entre sabiduría y poder está casi extinta. Sería un reto nombrar a tres con esas características.

En el colegio me sentía invencible. Era bueno en fútbol, peleaba bien, amigo de todos y con un hermano mayor que me protegía junto con toda su banda. Era intocable. Enaltecido y, a veces pleitista, pero si buscaba rivales era en gente más fuerte. A la larga te das cuenta de que quienes buscan poder exterior solo son infantes con cuerpo de adulto. Una vez tenía que sacar un documento de migraciones en Argentina, no lo iba a poder lograr si no fuera por contactos familiares. En la larga fila, «que pase el invitado de»… prefiero no mencionar nombres. Las miradas me apuñalaban en la nuca mientras yo optaba por no ver a nadie. Repulsión y disgusto padecía en ese momento, como advertir el llanto de un perro.

Cuando pensamos en poder, se nos viene a la cabeza el estado o dirigentes, es normal, ellos son los poseedores y aplastadores. De adolescente soñaba con un ciclo de dominancia que no implique opresión, todo quedó en ideas, pero sería hermoso. Hace unos días veía un documental del ascenso de Hitler y todo el preámbulo a la guerra es bastante parecido al panorama actual. Trump y Le Pen aproximándose al poder. Orbán en Hungría. Netanyahu y Hamas. Putin, el nuevo Mefisto. Kenia al borde de la guerra civil. Odio a los inmigrantes y puras mentiras epidemiológicas. Esto es de temer. Cuando menos lo sepamos ya estaremos en un punto de no retorno. No más poder al poder, pero parece inevitable, como una epifanía de caos estruendoso.

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Poder

[Migrante al paso] La oscuridad. Donde no puedes ver y sólo absorbes sombras. Ahora que transcurro un periodo minado por momentos nostálgicos pienso en esta idea difícil de percibir y tan primitiva como el ser humano. Lo opuesto sería la luz. Son interdependientes. Comparten un vínculo de mayor antigüedad que el universo mismo y jamás se detendrá. La carga de maldad que le hemos dado al concepto es abrumadora. Rust Cole, Matthew McConaughey en la aclamada serie True Detectives, dedican la última estrofa a decir que la batalla siempre es una: la guerra entre la oscuridad y la luz. 

Recuerdo que, en noches oscuras, de pequeños, mi hermano era quien se pasaba a mi cama por miedo, él es mayor. Quien iba por agua en la madrugada, era yo. Me consideró bastante miedoso, pero no cobarde. Curiosamente, lo desconocido siempre me llamó. Recuerdo el cuarto oscuro por donde teníamos que pasar para ir al baño. Era un tramo de prueba y superación espiritual mediante las coqueteadas con lo tenebroso. Esa puerta en, el fondo del pasillo, de una renegrida inconmensurable representaba aprensiones profundas, infantiles y de las hendiduras de nuestra psique. Con la imaginación inocente se podían formar apariencias. Ese portal negruzco, reflejaba en su telón de penumbra lo que de niño es imposible comprender. 

La biblioteca de mi casa contenía magia, conocimiento y era una fuente de tremenda adoración tenebrosa, es particular que el núcleo hogareño de cognición tenga carácter lóbrego. Suelo pensar en eso inusualmente. Evocando a mi época nietzscheana; cuando veía esta oscuridad, máximo 1 metro de altura, pelo largo y ojos que no conocían la derrota; considero que a eso se refería el filósofo al decir que, si miras mucho tiempo dentro del abismo, el abismo también mira dentro de ti. Entre los 5 y 12 años solo pude pararme frente al hoyo negro unos veinte minutos, tal vez exagero.

Francisco Tafur
Marlon Brando como Kurts en Apocalipsis Now, película basada en El corazón de la Tinieblas.

 

Joseph Conrad, que indaga dentro de lo nebuloso en su obra maestra: El corazón de las Tinieblas. Mientras lo leía, lentamente página por página lejos de mi país me cautivó lo analítico y poético de sus temáticas. En ese momento incrementó mi interés:

«Nadie puede escapar de las tinieblas del corazón humano.»

«La guerra es tan oscura como el corazón que la engendra.»

Joseph Conrad. Citas que se dan durante el tenebroso viaje del joven Marlow en busca del perverso y loco Kurts.

Se entiende que la oscuridad es parte de nosotros y probablemente abarque la mayor parte. Como complemento necesario de la claridad, al ser imposible separarlas, si se conocen se entienden muchas cosas de uno mismo, se entiende lo que jamás creíste poder. Está en mi entreverada memoria lo que sentía cuando estaba frente al hueco caja de pandora. Me imaginaba un jabalí colosal que en cualquier momento iba a arremeter contra mí. A veces me alucinaba una figura femenina, alta y con la mirada posada sobre mí. Tal vez lo más potente fue cuando un niño de mí misma silueta y estatura parecía retarme desde su guarida invidente. Pasó de todo, pero nada comprobable. Pocas veces la puerta estaba cerrada y cuando me acercaba temblorosamente al abrirla superando el temor solo vi tinieblas. «Solo aquellos que se adentran en el corazón de las tinieblas comprenden la verdadera naturaleza del hombre», dice el autor mencionado. Y por más peligroso y temerario que sea, estoy de acuerdo. Por más que en el camino nos embosque severidad y probablemente una sin fin. 

Francisco Tafur
Representando al escondite secreto, el mundo detrás de la cortina verdosa.

 

Durante mi primera década de vida. Una calle barranquina llena de buganvillias y sin salida. Solía montar patines en las cercanías de mi casa, como tenía permitido Luego de avanzar media cuadra desde mi casa, hacia el mar te interrumpe una muralla de arbustos frondosos. Justo después de una pequeña pendiente por donde nos deslizábamos en skate. Mas de una vez nos empotramos con la pared verde, a veces tragabas hojas. La pared verde aparentaba ser impenetrable. Con la caña que se saca al vivir en un barrio, encontramos un camino para adentrarnos casi gateando entre espinas y gruesas ramas. Desembocabas en las ruinas de lo que alguna vez fue una casa. Restos de estructuras graffiteadas, un arco, una cama en un hueco al que nunca nos atrevimos a bajar. El paisaje con el mar al frente desde arriba del acantilado era de ensueño. Jugábamos horas ahí. 

Esta morada se volvió una localidad destacada para mi vida. Miles de leyendas e historias de terror sobre el deshabitado y desamparado rincón. Ahí incinerábamos nuestros cuadernos de fin de año. Nunca fuimos de noche, pero compartía el misterio de la penumbra. Se instaló como parte de mi cosmovisión por lo oscuro. Ese spot desapareció de nuestras vidas cuando construyeron un edificio espantoso ahí mismo. Igual como fue mi primer escondite al exterior de mi casa se mantiene reservado dentro mío como un hogar para espíritus interiores. 

Francisco Tafur
La oscuridad enseñándole a un infante

Los niños generan fobia a la oscuridad. Es muy común que un chico pida que apaguen las luces para dormir. Yo creo que en el desarrollo sigue despertando íntegra la oscuridad, tal vez ya deja de ser extraña en algún momento. De repente luego de apagar la luz todo es más deslumbrante. Todos henos sentido cuando vas a un lugar de la casa estando todo apagado y hemos corrido huyendo de fantasmas atolondrados que te persiguen. Es ahí donde viven los espectros. Y algunos focos te protegen Ya más grande al darte cuenta de que no se puede matar la sombra de lo profundo, tienes que vivir con ella.

Esto se transforma, y ahora tanto en pensamientos constantes como abruptos se encuentra lo más primordial de lo desconocido y oscuro. Antes de dormir cuando te posee la melancolía y sientes a la oscuridad entras en un remolino que te succiona lo que te alumbra, como se da en la frustración e irritabilidad. También con la ira y violencia que desencadena nuestra especie. Se siente en la cara cuando algún tipo de humor causado por razones cuestionables. Ahí se saborea y se hace propia la verdadera oscuridad pegajosa de nosotros mismos, nuestro yo. Ahora se puede usar tanto el silencio como lo oscuro para aprender de nuestras conductas. Por eso odiaba el slogan de la PUCP, Et Lux in Tenebris Lucet, la oscuridad debe atravesarse a ciegas. Escribiendo esto solo a luz de vela me doy cuenta de la productividad de lo sombrío 

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oscuridad

[Migrante al paso] Hogar. Un concepto peculiar, enternecedor y bastante abarcador, pero qué es en realidad, si es que se puede responder en palabras. No lo creo, es casi una emoción y estas suelen rebasar el límite de lo verbal. En este instante, mañana es sábado, puedo darme el lujo de desvelarme escribiendo. En la cama donde dormí siempre. Mi pitbull de 60 kilos al costado acompañándome. Unos cuantos cigarros. Comida casera después de meses de viaje. Los montículos de libros que fui recolectando tras varios años a la vista, aun no leo todos; ya saben cómo es. Después de jugar PlayStation, como solía hacer antes, se despertó el deseo de escribir. Cuando te gusta, la tentación se enciende en cualquier momento.

2 am; sintiendo libertad, un poco eufórica; en el lugar donde exploré por primera vez la literatura a una edad que no recuerdo. Desde que regresé hace unos días, después de un tiempo considerable, me di cuenta de que puedes mudarte de casa o de país; es imperante el vínculo con el lugar donde creciste y con las personas que creciste jamás deja de ser tu morada. Un lugar donde incondicionalmente puedes regresar. Hay mucho arraigado en todo lo que percibes, los recuerdos que evocas en todo estimulo, son algo singular. Obvio, se pueden crear nuevos hogares y naturalmente se forman otros a lo largo de tu vida. No dudo de la potencia de la idea.

Francisco Tafur
Maui de 60 kilos

La noción de refugio, tanto mental como físico, existe desde antes de ser homo sapiens; esto genera seguridad, comodidad, descanso y estabilidad en la persona. Al estar dentro nos sentimos protegidos; esto sería una aproximación psicológica. Estoy de acuerdo, pero me he basado en una línea de pensamiento lógico deductiva, no soy académico, ni psicólogo. Por lo tanto, jugar a ser Sherlock Holmes ameniza la inspección del caso.  

Es verdad que dormir resguardado por mi perro y poder conversar con mis padres sobre lo que escribo, incluso de fútbol, me hace sentir descanso físico y calma mental. Por supuesto también seguridad, ya sé que estoy grande, pero para ir al médico le sigo diciendo a mi madre que me acompañe, probablemente lo haga siempre. Almorzar la exquisita comida de mi gran amigo Luis, con quien he jugado videojuegos desde épocas colegialas; visitas de amigos de toda la vida; salir y entrar un rato a la casa de mi abuela que está a metros; las sonrisas de tu familia; todo esto me hace sentir comodidad y eleva mi estabilidad emocional. Sin embargo, creo que lo más próximo a una respuesta se cultiva de interpretaciones que le otorgamos, aprender de otras, se manifiesta una invención propia. Estas dos frases me fueron de utilidad para comprender un poco más:

«Como en casa no se está en ningún sitio.»

Goethe, escritor de Fausto

«El hombre feliz es aquel que siendo rey o campesino, encuentra paz en su hogar.»

Judy Garland, trágica actriz reconocida por El Mago de Oz

Alejándonos ligeramente de lo reconfortante, la cantidad personas que han crecido en casas adversas, para varios extremadamente violentas, es más alta de lo que pensamos. Esto deriva en traumas importantes y brutalmente severos y crueles. Por eso espero que esas personas hallen un espacio que genuinamente sea un hogar. El efecto es inconmensurable. Yo tengo la infinita gratitud de haber nacido donde lo hice y crecido en ella. Siempre aparece la nostalgia, pero, en mi caso, la mayoría está llena de algarabía y paz. Podría decir que lo que más conozco es esta casa. Después de la primera noche, vi el jardín y recordaba los primeros “mete gol tapa”. En la cocina pensaba en los manjares que comí ahí. Simplemente escuchar la bulla de estar acompañado es placentero. Desde la lejanía, esa añoranza melancólica y de consuelo te posee en momentos de vulnerabilidad que todos tenemos, curiosamente me despierta motivación. Es difícil de encontrar ese frenesí de optimismo.

Francisco Tafur
Costa Verde

Temprano en el día. Me visitaron amigos a pasar el rato, sin trago. Cigarros y charlas. Estoy convencido de que las risas son esenciales para vivir correctamente. Alguien que no ríe, probablemente algo los atormenta. Por eso, estén pendientes de sus cercanos. Me trasladé a mi infancia. Ir al malecón escondido en la esquina, con vistas a toda la bahía de la costa verde, estaba soleado, pero sin calor; un amigo dice: Ver un paisaje al día es necesario. Efectivamente, en esos cinco minutos, me entró la intriga sobre el hogar. Jugamos un poco de videojuegos como solíamos hacerlo. Comimos Bembos. Fue un gran día todo lo que hicimos. Me sentí revitalizado. Sobre todo, después de un retorno en una aventura emprendida y completada.

En el Hobbit, Gandalf conversa con Bilbo comentándole que, en la aventura, no se puede saber si sobrevivirá, pero si lo hace será una persona distinta. Lo he tenido en mente después de mis dos meses en Japón, mi aprendizaje y mi paciencia se ha enaltecido luego de meditar incontables veces en los lugares sagrados.

Después de 10 años de odisea homérica, Ulises logró llegar a su castillo donde se da un desenlace sangriento que por intervención de los dioses terminó en paz. En La Divina Comedia, Dante completa su travesía junto a su amada Beatrice. Desde el punto de vista un poco obsesivo del amor por parte del autor, tras finalizar el viaje te elevas en el amor. Y el romanticismo no va conmigo, admito que estoy de acuerdo. No es por comparar mis viajes con el nivel de esas épicas, pero te sientes identificado.

Francisco Tafur
En Kamakura, pueblo pequeño de Japón. Lugar de meditación

Viví dos años y medio en Argentina, lo recorrí casi todo. Regresé la navidad del año pasado a Lima, máximo dos meses, y emprendí un viaje a Japón por dos meses. Una semana en Londres y un buen rato en Miami. Hace 2 días volví y tengo que aprovechar este momento. En unos meses ya me mudo. No por las imposiciones absurdas de la edad, sino porque siento que me va a ayudar en mi progreso. Igual vendré bastante seguido para almorzar y ahorrar. Para el hogar es tu lugar de pertenencia primordial y esta casa lo va a representar siempre ya que es donde aprendí lo que significa. Un lugar donde puedo ser libre. Me gustaría que esta casa siga en pie y en uso el día que muera de viejo. Se siente como si los demonios que se escondían detrás los árboles, para luego mudarse a tu interior. Acá se puede jugar con los entes oscuros y volverse buenos amigos. Lo que hacen 2 días. 8 am…

 

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hogar

[MIGRANTE AL PASO] La ciudad del pecado, como dice mi abuela. La última vez que vine a Las Vegas tenía 12 años y los espectáculos fueron impresionantes. Ahora ya me dejan entrar a los casinos, no me encanta apostar, pero ir con mi abuela y mi tío es divertido. Ves de todo. La gente pierde el control. Por más que esta ciudad representa cosas que generalmente diría que no me gustan como la extravagancia, la fiesta y el despilfarro, mentiría si dijera que no la he pasado bien. Por no decir increíble. Todo está hecho para que te sientas bien. Vivir como santo termina aburriendo y no tiene nada de gratificante.

Después de instalarme en el hotel salí a caminar hacia un dispensario de marihuana. No fumaba hace tiempo y valía la pena conocer estos lugares legales acá. Parecía un mall solo para eso. Desde restaurantes y gaseosas a la planta en sí. Es el paraíso de los fumones. Yo creo que debería ser así en todo el mundo. Al volverlo legal combaten el narcotráfico, generan ingresos y está todo regulado. Es mejor que dejarlo descontrolado. Aparte, comparado con sustancias legales es menos dañino y adictivo, como el alcohol. Igual depende de la persona, a mí en lo personal no me hace bien, pero de vez en cuando no pasa nada. Regresando me acordé que de chico un señor se nos acercó para decirnos que los ojos se le saltaban por el calor y el clima seco. Es una ciudad en mitad del desierto. Ahora estábamos a 42 grados.

Les di el encuentro en el casino y después del calor intenso, lo que había fumado y el alboroto del casino sentía que estaba en otro planeta. Entre mi abuela que conversaba con la máquina, diciéndole «que sea considerada», y un chino desquiciado que golpeaba los botones compulsivamente me comencé a marear. Con las justas sabía mi nombre. La gente grita, hay demasiado movimiento y las personas hacen lo que les da la gana. Me tomé una coca cola y me fui a dormir. Los hoteles son de lujo. Ves tiendas Cartier, McLaren, Balenciaga y otras marcas carísimas adentro. Todos los grandes tienen casino menos la torre de Trump que es espantosa. El cuarto tenía vista a todo el desierto y la cama era espectacular. Parecía que estabas flotando mientras dormías. No me quería despertar en las mañanas de lo cómodo que estaba.

Los hoteles suelen estar ambientados con algún tema. Pueden ser ciudades conocidas del mundo, circos o teatros. En algunos simulan lluvia que cae del techo. Son inmensos, cada uno es como un pueblo pequeño. Los más grandes tienen hasta 4 mil habitaciones. Dicen que durante la pandemia parecía una ciudad fantasma, todo cerrado y si le quitas los turistas pierdes un gran porcentaje de la gente. La ciudad fue construida para turistas y todo gira alrededor de ellos.

Visitamos The Sphere, una esfera gigante con pantallas que proyectan lo que quieran. Yo vi la luna y un minion que hacía muecas. Es alucinante. De verdad parece real. Ver al pequeño villano amarillo burlándose de la ciudad fue genial. Cuando entras al auditorio ves la pantalla, la más grande del mundo, que parece que se te va a caer encima. Los asientos eran demasiado empinados para mi abuela así que lo vimos de arriba. Viajar con alguien mayor es lo mejor porque pasas rapidísimo a donde vayas y te atienden mejor. Acá nos llevaron por un lugar donde nadie tenía acceso.

Francisco Tafur 

El show es una película con una resolución en 18K, los mejores televisores llegan a 5 o 6. «A postcard from Earth» se llama el documental y te muestran lugares reales impresionantes. Todo filmado con cámaras especiales. Parece que estas metido en la pantalla o volando. Aparte, cuando muestran escenas de viento, no sé cómo hacen, pero lo crean, hasta sientes frio. Es impresionante y entiendes por qué costó 2.6 billones de dólares en construir. Probablemente en el futuro cada gran ciudad va a tener su propia esfera.

El ultimo día fuimos a un nuevo espectáculo, lo anunciaban por todos lados, hasta en el aeropuerto. Se llamaba Awakening. El teatro en si es de mayor nivel que cualquier otro que haya ido, incluyendo los de Broadway y Londres. Cada asiento tenía su propio sonido y el escenario era una locura. Se podía dividir, subir y bajar de cualquier forma posible. La escenografía, los trajes, las máscaras y los bailes te dejaban sin palabras. Estaba construido para una experiencia inmersiva al cien por ciento. La música electrónica a todo volumen y las luces te hacen olvidarte de todo a la fuerza. Lamentablemente tuvimos que salir a la mitad por una emergencia médica y conocí la otra cara de la ciudad.

Francisco Tafur 

Fuimos al hospital Sunrise y mientras esperábamos vimos de todo. Obligamos a mi abuela a que se ponga mascarilla porque nunca se sabe en estos lugares, pueden ser foco de cualquier cosa. Al final por lo que veía yo también me puse. Los homeless encuentran refugio del calor en estos lugares y me parece bien, a esas temperaturas pueden morirse si no están bien alimentados o hidratados. Pero ves personajes realmente locos. También pueden pedir que les den un poco de comida. Una señora llamando a su hijo porque no sabía dónde estaba ni cómo había llegado ahí; gente borracha y drogada; y, un loquito que se había escapado del cuarto donde lo atendieron que se paseaba entre las sillas solo con su traje de paciente.

Felizmente no pasó nada y solo fue un susto. Igual conocimos ese lado de la ciudad que los turistas no llegan a ver así nomas. Ayuda a tomar perspectiva de que todo lo que ves esconde un mundo oculto y drásticamente menos placentero que lo que se suele pensar de Las Vegas. Es una ciudad de locura desmedida y puede pasar de todo. Es literalmente como las películas. Vale la pena escaparse de la realidad unos días en este lugar. Pero esto puede significar la perdición para muchos que son consumidos por la ciudad misma.

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