Juan Carlos Tafur Portada

¡Acabar con los remanentes de Sendero!

“Al pueblo legítimamente indignado, contención insertada en el respeto a los derechos humanos; a los violentistas, detención y carcelería, a ver si de una vez por todas nos libramos de los remanentes senderistas que siguen creyendo que la violencia, así sea camufladamente, es la partera de la historia”

Esta algarada de protestas violentas que vemos en todo el país, destinadas básicamente a quemar comisarías, locales judiciales, saquear mercados, apedrear policías, tomar aeropuertos y bloquear carreteras, responde, como se ha constatado, a una acción coordinada (la misma hora, el mismo formato), que revela un liderazgo detrás, que ya hace tiempo debió merecer una investigación y captura de los instigadores.

Todo apunta a los remanentes de Sendero Luminoso, afincados en el Movadef, como los autores intelectuales de estas jornadas violentistas e inaceptables. Eventualmente, pueden ser partícipes de ello, algunos sectores castillistas radicales que aún ven con desconcierto la salida del poder de su líder y creen que es posible su retorno (lograron colar en la agenda inicial de los representantes de las macrorregiones la liberación de Castillo).

No es una hipótesis descabellada, dicho sea de paso, que Castillo preparaba con antelación grupos violentistas que lo secundaran en su propósito constituyente y precipitadamente golpista y que al fracasar en su intento, hoy hayan salido a la palestra.

Pero, evidentemente, es una quimera pensar que Sendero Luminoso ha hecho efectivo acto de contrición y ya no cree que la violencia es el mejor mecanismo de acceso al poder. La diferencia es que ya no usan las armas y conforman batallones de enfrentamiento directo con las fuerzas del orden, sino que se infiltran en las protestas y desde allí quieren imponer su lógica destructiva e ilegal.

Sería muy útil que las fuerzas del orden sepan distinguir entre los azuzadores intelectuales y perpetradores materiales de la protesta sangrienta, de aquellos que actúan sin violencia, y que son la mayoría, pero que son tratados bajo el mismo rasero (véase los resultados de la torpe intervención en San Marcos: todos liberados por la Fiscalía) y con una intensidad represiva propia de una guerra interna.

Al pueblo legítimamente indignado, contención insertada en el respeto a los derechos humanos; a los violentistas, detención y carcelería, a ver si de una vez por todas nos libramos de los remanentes senderistas que siguen creyendo que la violencia, así sea camufladamente, es la partera de la historia.

Tags:

política peruana, protestas, San Marcos

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