Juan Carlos Tafur Portada

Una jornada que fortalece a Dina Boluarte

“La agenda de la jornada de protesta de ayer consistía básicamente en dos puntos: paro nacional general y movilización multitudinaria de las regiones hacia Lima. En ninguno de los dos aspectos logró su cometido: el 70% de la población laboral acudió a trabajar, y las marchas limeñas no convocaron ni a diez mil personas”

La agenda de la jornada de protesta de ayer consistía básicamente en dos puntos: paro nacional general y movilización multitudinaria de las regiones hacia Lima. En ninguno de los dos aspectos logró su cometido: el 70% de la población laboral acudió a trabajar, y las marchas limeñas no convocaron ni a diez mil personas.

Y en regiones, si no fuera por los actos violentos (toma de aeropuertos, impedimento de los locales comerciales a funcionar, bloqueo de carreteras e incendio de locales públicos y privados), no se habría hecho notar la acción de protesta.

No estamos pues, ante la masiva activación de los pueblos altoandinos, en una movilización democrática sin precedentes en la historia republicana, ante el síntoma del colapso de la República criolla, y tantos disparates sociológicos que la izquierda, huérfana de apoyo popular y de respaldo intelectual, pretende imponer como narrativa.

Estamos siendo testigos de una protesta abonada por el castillismo dolido por la expectoración de su líder de Palacio, el aprovechamiento de la misma por parte de azuzadores vinculados al Movadef, la minería ilegal y el narcotráfico, algo –en mucho menor medida- de agitación evista y, sin duda, irritación, sobre todo en las zonas altoandinas del sur, por el abandono secular del Estado.

Ese cocktail, sin embargo, ha ido perdiendo fuerza, por culpa de sus propios gestores, quienes dejaron de lado justas reclamaciones sociales por un pliego politizado, que en su tramo inicial incluía el despropósito inconducente de la liberación de Pedro Castillo y aún mantiene la solicitud de la renuncia de Dina Boluarte (hasta el propio Antauro Humala ha llamado a la reflexión al pueblo sobre si conviene semejante escenario), el cierre del Congreso (imposible de llevar a cabo) y la convocatoria a una Asamblea Constituyente (una muletilla de la izquierda fuera de contexto: no vivimos en un momento constituyente, y no es viable legalmente proceder a ella).

El gobierno sale fortalecido de la asonada, no hecho flecos, como pretendía la izquierda. Se va viendo cada vez más claro que lo más probable es que Dina Boluarte dure hasta julio del 2024, quizás con focos de resistencia en Puno y algunas regiones aledañas, pero con el resto del país funcionando, y, sobre todo, con la transición democrático constitucional incólume.

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