Arsenal

Con veintidós años en el Arsenal, la trayectoria de Arsène Wenger está fuertemente asociada a los Gunners. Tan intensa identificación con el cuadro londinense, al parecer, impone la idea según la cual la vida futbolística del Profesorse agota en tan largo periplo. Sin embargo, con la reciente publicación de su  autobiografía, traducida al español comoArsène Wenger. La filosofía de un líder(Córner), queda claro que su amplia carrera se conforma de variadas y sustanciosas experienciascomo futbolista y entrenadorque, además, se inscriben de manera protagónica en el marco de las grandes transformaciones del fútbol contemporáneo.

Aunque pueda parecer poco común, en estas memorias, Wenger no tiene la intención de abundar en los detalles, en las descripciones detenidas de los sucesos que configuraron su carrera futbolística y, menos aún, en las «polémicas». Quizá se pueda argüir que la mayor evidencia de ello es que le dedica sólo un capítulo a sus veintidós años en la dirección técnica del Arsenal. Pero, lo cierto es que, a partir de un relato de carácter sintético, el técnico francés incluye no solo reflexiones interesantes surgidas desde la comprensión de su trabajo futbolístico, sino también aporta consejos sobre la gestión en los grupos humanos que pueden ser de utilidad para otros campos profesionales.

Desde su infancia en Duttlenheim, una pequeña comuna de agricultores ubicada en Alsacia, donde predominaban los valores religiosos y el respeto por el «esfuerzo físico», el fútbol se convirtió en la actividad que le daría sentido a su vida. En el bar de sus padres, por las noches, el humilde equipo de comunidad se solía reunía para organizarse; de ese modo, Arsène fue adquiriendo interés en el juego. Así, ante el limitado horizonte de expectativas que otorgaba la cotidianidad del pueblo, el fútbol se constituyó como un espacio de libertad y de imaginación. Este es el recuerdo de aquellos días:

Jugábamos en la calle. Jugábamos sin camiseta, sin entrenador y sin árbitro. Jugar sin camiseta era estupendo porque nos obligaba a levantar la cabeza, a desarrollar visión periférica y a adquirir una visión profunda. No tener entrenador cuando éramos jóvenes también era muy bueno, porque nos hacía tomar la iniciativa ¿No habremos caído en todo lo contrario hoy día?

A lo largo del texto, aparecen una serie de cuestionamientos similares. No es una visión idealizada del pasado ni mucho menos pesimista, pero sí una que intenta reconocer y recuperar la tradición para, desde ahí, ejercer una crítica sobre cuestiones problemáticas que han surgido en la actualidad. Por ejemplo, la del uso predominante de los datos en los equipos. Las estadísticas y la tecnología deben formar parte del análisis futbolístico de cada jugador, pero hay que usarlas a partir de un conocimiento profundo del juego. Los últimos estudios muestran que demasiados datos pueden desmoralizar al futbolista, al que parece que se despersonaliza, señala.

Wenger fue introductor, en todos los equipos que dirigió, de innovaciones en los entrenamientos, un creyente de la importancia de cuestiones tildadas en su momento de secundarias como la alimentación saludable para sacar el mejor rendimiento de sus jugadores. De hecho, en su etapa en el Mónaco entre 1987 y 1994, cuenta qué tan útil, para su trabajo, fue la introducción de la tecnología Top Score, pero siempre de forma suplementaria, entendida como un apoyo que permite tanto seguir el progreso de los futbolistas como impedir que las emociones –por lo general negativas- dominen sus valoraciones como entrenador. El fragmento, que no de casualidad menciona la «despersonalización», se puede entender en el marco de la crítica al «dataísmo» de Byung Chul Han, pues ese conocimiento profundo del juego que señala Wenger no es sino capacidad de interpretación, de otorgar sentido en el  análisis del juego: El dataísmo es nihilismo. Renuncia total al sentido. Los datos y los números no son narrativos, sino aditivos. El sentido, por el contrario, radica en su narración. Los datos colman el vacío de sentido.

Así, en el capítulo sobre sus años por el Mónaco, años de de su madurez en banquillos, con títulos, grandes fichajes de jóvenes promesas como George Weah, Liliam Thuram y ascenso al primer equipo de jugadores de la talla de Thierry Henry, se encuentra una definición de la acción del pase que capta la sensibilidad de la visión futbolística de Wenger: Hacer un pase es comunicarse con el otro, estar al servicio del compañero. Resulta esencial. Para que el pase sea bueno, el jugador tiene que ponerse en el lugar de quien va a recibirlo. Es un acto de inteligencia y generosidad. Yo lo llamo «empatía técnica». De esta forma, la empatía en el plano colectivo, el de la interacción entre los futbolistas, se genera con mayor naturalidad.

Tras su exitosa campaña en la institución monegasca, el técnico francés aceptó una propuesta proveniente Japón y se convirtió en entrenador del Nagoya Grampus. Luego de un inicio complicado con ocho semanas sin victorias, donde incluso se intentó sacar a su intérprete, el Profesorrealizó no solo determinadas modificaciones tácticas, sino también en su propia disposición hacia los jugadores. La diferencia cultural requería una postura abierta a la comprensión, a la adaptación y, en ciertos casos, a otorgar concesiones. Esto no implicó una pérdida de autoridad, pero sí una conducción distinta que trajo buenos resultados, pues el equipo mejoró de manera notable, consiguiendo  títulos como  la Copa del Emperador en 1995 y la Supercopa de Japón en 1996. Para Wenger este periodo fue el de un reencuentro con los orígenes viví por el juego y para el juego [] volví a la esencia de nuestro trabajo-, una desintoxicación de todo lo que rodeaba al balompié europeo y, en especial, la adquisición de una serie de aprendizajes culturales que enriquecieron su aproximación hacia el fútbol.

Cada lector sacará sus propias conclusiones del capítulo más cuestionado del libro, a saber, el que aborda los años en el Arsenal. Esperaba algo más de los pasajes en los que se relata la conformación y las vivencias de esos equipos campeones en los años dorados previo a la final perdida de la Champions League del 2006 frente al Barcelona, el gran momento de quiebre. Aun así, los comentarios sobre la llegada al club londinense de jugadores como Patrick Vieira, Nicolas Anelka, o Kolo Touré, el traslado al Estadio Emirates y su impacto en las medidas austeras de gasto que supo equilibrar Wenger con su liderazgo futbolístico, ganan su interés. Además, vemos algunos apuntes que son centrales para comprender la conflictiva actual coyuntura:

Progresivamente, hemos pasado de que los propietarios fueran los propios aficionados a que lo fueran los inversores. Con todo lo que ello implica, los clubes -y el Arsenal no es una excepción- se han convertido en empresas. La dimensión humana se ha perdido, o al menos se ha reducido. La organización se ha vuelto más pesada, y la parte técnica -el equipo, los jugadores, la cantera- se han empequeñecido en el seno de una empresa cuyos departamentos comerciales, de marketing y de prensa ocupan cada vez más espacio.

A medida que va llegando el cierre de su etapa en el Arsenal, ya mostrando desgaste fuerte, la partida cada vez más rápida de futbolistas, la intromisión de falsos especialistas con opiniones sesgadasy la burocratización del club, se evidencia que la tensión por preservar la «identidad», el «espíritu deportivo» de la institución era mayor. A pesar de todos los logros y el legado construido, la desazón con respecto al último trato de tanto de ciertos grupos de hinchas como de los directivos no deja de remarcarse. Se entiende, además, por la dedicación absoluta, monacal, con el club en cada temporada, que no siempre fue reconocida, incluso con episodios de marcada hostilidad de la prensa. Por ello, la figura de Arsène Wenger tiene algo de nostalgia. Pero, no es una nostalgia que detiene ni anhela un pasado que nunca existió, sino que apunta a seguir contribuyendo al progreso del fútbol desde el compromiso y la pasión por el juego. Así, qué mejor lugar para cumplir con ello que como director de Desarrollo Mundial de Fútbol de la FIFA, su nuevo espacio en el mundo del fútbol.

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