I’m tired of this campaign, darling. Really tired. Me pasé el 25 de diciembre en mi cama haciendo Cisco Webex con mi equipo de campaña (Zoom es para cholos, ugh). “Let me sleep”, les decía, pero ellos me gritaban “quítate la bata, Hernando, que así no podemos capturar pantalla”.

Obviously, no me la quité. Y con la misma bata me reuní el 31 de diciembre con un par de niños albinos. Cuando los vi sentaditos en la sala me enternecí.

—Welcome to Perú, dear kids. Where are you from? Switzerland? I studied in Genève, did you know?

—Somos sus candidatos al Congreso, señor De Soto.

Cómo sospecharlo, darling. Uno parecía Stuart Little y tenía un escudo del Perú tatuado en el cachete. “Es por campaña”, me dijo. La otra parecía Ivanka Trump con insolación.

—¿Qué desean, muchachos? —les pregunté acomodándome la bata.

—Solo queremos mirarlo y adorarlo, señor De Soto. Usted es nuestra Margaret Thatcher.

Enrojecí.

El Perú no era tan ingrato, after all.

Valió la pena el maltrato, los rechazos de Alfredo Barnechea, dormir en el sillón de Roque Benavides: por fin me daban el trato que merezco. De la emoción les regalé unos adornos huaqueados que tengo detrás del sillón.

Then came January 1st. I was alone y en bata, of course, eating my pavo relleno con mi panetón D’Onofrio a escondidas, detrás de una palmera. ¿Te imaginas que la prensa me viera comiendo panetón con mantequilla? Pensarían que soy peruano.

Anyway, estaba quitando las frutas confitadas −that horror− cuando recibí la llamada mágica, la única llamada que me levanta el ánimo. La única llamada que espero.

Aparte de la de Keiko, claro.

—Alfred Barnechea, my darling! Happy new year! Dime que vendrás a casa para echarte cotillón.

—Gordo de mierda, ya me contaron.

—What?

—Que vas a salir mañana con una mujer en Somos.

—Ugh, darling, ¿Somos? ¿Yo, en una revista frívola para señoras pitucas que no tienen nada mejor que hacer los sábados por la mañana?

—¡Por supuesto!

—Sí, es cierto, darling. Allí estaré.

—Gordo, no puede ser.

—What, Alfred, what? Nosotros no tenemos nada de qué hablar. Yo te canté Hawái de vacaciones y me colgaste, mis felicitaciones.

—Lo tuyo es traición, Hernando. ¿No éramos Batman y Robin? ¿Jesse y James? ¿Chuiman y Machucao?

—We were, Alfred, we were, pero cada que te busqué me tiraste arroz. Me has tratado como una mierda, Alfred. I’m sorry but I had to move on.

—¿Quién te va a creer, gordo? No jodas. Además, ¿quién es esa chica, ah?

—She’s my girlfriend, Alfredo, y tenemos nueve años de relación.

—No seas pendejo, gordo. Cómo estáras de solo que vives en bata comiendo panetón todo el día.

—¡Alfredo, no te lo permito! —guardé mi Donofrio.

—Nadie te va a creer, gordo, nadie. Y no, no quiero que me eches cotillón. Hasta nunca.

***

But they believed me. El sábado me llegó una lluvia de mensajes: qué guardadito te lo tenías, Hernando; me encanta que sea una pituca homofóbica, Hernando; me alegro que hayas superado la muerte de tu gato, Hernando. Yo los leía echado feliz en mi jardín, con la bata abierta y con mi Marito al lado, my beautiful chihuahua.

Así estuve hasta las cinco de la tarde, darling: echado calato en mi jardín como un teletubbie leyendo Somos una y otra vez. Then I stood up, caminé 4 kilómetros hasta mi sala y allí estaban de nuevo los niños albinos.

—Dear kids, what are you doing here?

—Estamos aquí desde las nueve de la mañana, señor De Soto —dijo Stuart Little, que estaba vestido como danzante de tijeras para parecer peruano—. Solo quería decirle que leí Somos hoy y lo admiro y quiero ser como usted.

—Thank you, Stuart. What about you, girl?

—Me encantó. Yo soy liberal en lo económico pero odio a los maricones —me dijo Ivanka insolada—. O sea, sí, “El Otro Sendero” me pareció inédito, pero ahora que sé que le gustan las mujeres estoy más aliviada.

—That’s nice, you little nazi. By the way, ¿tú eres hija de…?

—Sí, él es mi papa.

—And what about him? ¿Sigue con la cadera dislocada por…?

—…por bailar technocumbia el 2000, sí. Cada que pisa un escalón suena “crack”.

—What a shame, darling, what a shame. Send him my regards. Tu papá tiene el apellido materno más regio de todo el Perú. Hold on, hold on: Stuart Little, ¿estás llorando? ¿Qué por qué no digo nada de tus apellidos? No, Stuart, no llores: you look fine, pero tienes apellido de cantante criollo. I don’t know why. Ven, toma, recoge tu tijera.

***

The Albino Kids made the campaign a little bit funnier on Sunday morning. Yo les mandé a hacer encuestas falsas en Excel y las armaron encantados: aquí está su encuesta, señor De Soto; le puse 86% de intención de voto en Puno, señor De Soto; perdón por dejarlo en ridículo, no me dí cuenta que todo sumaba 102%, señor De Soto. También pasearon a Marito y hasta me llevaron mi último panetón a escondidas (“¿Está seguro que quiere un D’Onofrio, señor De Soto? ¿No querrá un Antica o un Bonifanti, algo mejorcito?”. Hijos de puta. “No, no, déjenlo, es para mi jardinero, of course. Pero no le digan a nadie, chicos: es una sorpresa”).

But, as I told you, I’m tired of this campaign, darling. Quisiera seguir en bata, pero mi equipo no me deja: tiene que vestirse, señor De Soto, no puede salir así en la tele. Empiezo a entender el sufrimiento de my Alfred cuando me llamaba llorando a decirme que ya no quería volver a Sicuani, que estaba harto de comer choclo, que quería que sea 11 de abril para volver a su cama.

On Monday I was in my garden alimentando a mi puma cuando uno de mis subordinados me llamó: señor De Soto, no se olvide que hoy tiene un debate sobre ciencia con otros candidatos.

—¿Quién lo organiza, darling? ¿Science magazine, The Lancet, National Geographic?

—El señor Modesto Montoya.

—Ugh, I’m tired of this campaign.

—Es a las 6 de la tarde, señor De Soto. Por favor, no llegue tarde. Es solo conectarse por Zoom.

—Please, subordinate, leave me alone que estoy jugando con mi puma.

—En su biblioteca le dejamos tres fólderes con apuntes para el debate, señor De Soto. ¡Y no salga en bata, señor De Soto! Le dejamos un terno con corbata para…

—Ugh, shut up!

Colgué. Me despedí de mi puma y caminé 3.8 kilómetros hasta mi sala. Qué paz. It was empty. I was alone again. The Albino Kids habían dejado el panetón D’Onofrío con un post it fucsia: para su jardinero. No había moros en la costa: abrí la bolsa y empecé a comérmerlo with my own hands y a echarle mantequilla con los dedos. I looked at my watch: 11 am. Still early. I turned on the TV y puse something nice para pasar el rato, the best movie para la primera semana de enero: Bridget Jones’s Diary.

Después de 79 años de frustraciones I was happy at last, darling. Maybe this was life: me, a solas, echado en bata en mi alfombra mirando el diario de Bridget Jones mientras le unto mantequilla a mi panetón D’Onofrio. No worries. No pretentions. Qué importa que nunca sea Nobel. Qué importa que no me llame David Remnick. Qué importa que solo me busque Beto Ortiz. Who cares. Maybe I’m peruvian after all. Maybe si le quito las frutas confitadas… maybe si Hugh Grant no… maybe si…

I woke up at night.

El panetón al lado.

La bata mal puesta.

Arriba mío, The Albino Kids.

—¡Señor De Soto, el debate! —gritaba Ivanka insolada, llorando— ¡Despierte, por favor!

—What time is it, darling?

—¡Las 7:10, señor De Soto! ¡Hasta Antauro ha hablado y usted no!

—Ugh.

I stood up. Me cerré la bata –“sorry, kids”– y fui a encender my Macbook.

—¡Señor De Soto, no puede salir así!

—¿Cómo así, Stuart Little?

—En bata.

He was right. Se quitó su polo y me lo dio.

—Why is it yellow, darling? It looks old and rusty.

—Era negro, señor Hernando, pero su puma nos persiguió por el jardín y en el ajetro me cayó lejía.

—¿Ya leyó sus apuntes señor De Soto? -nuevamente Ivanka.

—¿Qué apuntes, darling?

—Los que dejaron en su biblioteca.

—Yo no necesito apuntes, honey.

En mi pantalla aparecieron 15 personas, the horror, pero allí estaban my Cillóniz −dumb but cute− and my old friend Roque. So I just said they were right and Verónika was wrong and Peru is a failed state and I’m a scientist, too, because I invested in blockchains and I hate Johnny Lescano (or it was Yohny? Anyway, tiene nombre de mozo y Alfred lo odia también) and that property rights and investment and Elon Musk and la minería and then Stuart Little me pasó una lámina plastificada donde dibujé el proceso de producción del panetón D’Onofrio y se lo mostré a todos diciendo que eran 21 maneras distintas de invertir. Muchas gracias, buenas noches.

Miré al lado y allí estaban The Albino Kids, con lágrimas en los ojos: qué maravilla, señor De Soto; valió la pena que nos persiga su puma, señor De Soto; deberían llamarlo a The Crown para hacer de Margaret Thatcher, señor De Soto. Me paré y los abracé, thank you kids, I know I’m great.

Miré mi jardín a través de la ventana.

Quizá la campaña no estaba tan mal, después de todo.

Quizá sí puedo ser presidente.

Suddendly, un Whatsapp.

“hasta las huevas lo que dijiste, gordo dormilón”.

It was Alfred.

“What’s the matter with you, Alfred?”.

“llegas una hora tarde y te pones a florear a la gente, gordo mentiroso. seguro te quedaste dormido en tu alfombra tragando panetón”.

“Te voy a bloquear, Barnechea”.

“bloquéame pe gordo pero yo no soy Somos: yo sé todas tus mentiras, jajajaj jjajajja JAJAJAJAJA”

Y un emoji de payaso.

I was shocked. Había logrado algo insospechado: que Alfred tenga deseos de venganza. Y apenas es 4 de enero. ¿Cómo afrontaré lo que sigue? ¿Dejaré de usar mi bata? ¿Qué será de mí?

I’m tired of this campaign, darling. I can’t take this anymore.

But then, one of the Albino Kids touched my shoulder.

—Señor De Soto, ¿quiere que le traigamos otro panetón?

—Mi jardinero no…

—Sabemos que es para usted, señor De Soto, pero podemos guardar el secreto…

I looked at them: young, nice, warm. My own Hitler Youth.

—…ese secreto y otros más.

“Do what you want, Alfredo Barnechea” le respondí esa noche. “Maybe ya tengo tu reemplazo. Maybe I don’t need you anymore”.

Tags:

Carlos León Moya

I

Verónika Mendoza volteó la cabeza y vio por última vez el Perú: ladrillos sin pulir, triciclos, cambistas. Miró nuevamente al frente: el puesto fronterizo de Desaguadero, Migraciones, Bolivia ¿Cuándo podría volver? Yo solo quería refundar la patria.

Cruzó finalmente el puente. En su mano, el pasaporte falso. En la espalda, una mochila. Llegó sola para no levantar sospechas. La única persona que la acompañó, de lejitos, fue Álvaro Campana: no solo por ser el secretario general, sino porque nadie lo conoce. Álvaro es casi un cuadro clandestino. Por eso nunca sonríe.

Verónika debía pasar los controles: se acercaba la hora del adiós. Álvaro le entregó una bolsa con nabo jaucha.

—Para el camino —le dijo.

Verónika la agarró con pena. El nabo jaucha no resistiría hasta La Paz. Mejor se lo iría comiendo ahora.

Álvaro sacó otra bolsita. Se le quebró la voz:

—También te traje tocto.

Ambos se abrazaron. Una lágrima cayó sobre el pasaporte.

Ya en el lado boliviano, Verónika hizo su cola como cualquier mortal y abrió con expectativa su pasaporte falso: ahora viviría con un alias. ¿Qué nombre le habría puesto el Departamento de Operaciones Clandestinas del partido? ¿Cuál sería su nueva identidad?

Miró la segunda hoja y encontró una foto conocida. Leyó en voz alta: Marisa Glave Remy, 16 del 5 del 81.

—Carajo, Álvaro. ¿Por qué le robaron el pasaporte a Marisa?

—Fue lo único que encontramos, Vero, perdona.

—¿No iban a hacerme un pasaporte falso?

—También íbamos a conseguir firmas para la inscripción…

—Siguiente —dijo el oficial de migraciones.

Verónika Mendoza –convertida ahora en Marisa Glave– pasó los controles de rutina. Le tomaron una foto, le sellaron el pasaporte: bienvenida a Bolivia, señorita Glave.

—Ya está todo, Alvarito —le dijo al salir.

Caminaron en búsqueda de un colectivo que la lleve a La Paz. Escogieron una combi con el asiento delantero vacío. Verónika se quitó la mochila y abrió la puerta, pero Álvaro la detuvo con el brazo.

—Vero…

—Dime, Alvarito.

—¿Dónde está nuestro error sin solución? —le preguntó.

Verónika cerró la puerta. Lo miró a los ojos. Estaban vidriosos.

—¿Fuiste tú el culpable o lo fui yo? —le contestó.

Se dieron el abrazo final.

La combi inició su marcha, ah-ah, ah-ah. Sin darse cuenta, Verónika había empezado a tararear la canción, movía la cabeza de un lado a otro como un perrito de taxi, qué fácil es atormentarse después.

Con el auto en movimiento, sacó la cabeza por la ventana y volteó a mirar a Álvaro, que estaba cada vez más chiquito, más lejos, más triste.

—Sé que podré. ¡Sobreviviré! —le gritó, sonriente.

II

Cuando el flamante presidente Julio Guzmán convocó a una Asamblea Constituyente nadie entendió nada. ¿Por qué lo hacía, si dijo que no lo haría? Luego recordaron que se trataba del Partido Morado y que cambiaban de posición lanzando una moneda al aire.

Cada flanco político lo interpretó a su modo. Para la derecha y su miopía intelectual, era la comprobación de la alianza entre el Partido Morado y los comunistas, como si Marx hubiese escrito el Manifiesto Constituyente en 1848. Para la izquierda, en cambio, era un triunfo: ellos venían pregonando como loros la necesidad de una nueva Constitución. ¿Mejorar servicios públicos? Nueva Constitución. ¿Aumentar la recaudación tributaria? Nueva Constitución. ¿Lograr que Lima no sea tan gris, que el panetón no tenga pasas, que el pan con pollo sea sin apio? Nueva Constitución. ¿De entrada sopa o wantán? Nueva Constitución. ¿Pecho o pierna? Nueva Constitución.

Y así empezó la campaña. Guzmán prometió los primeros artículos: que los partidos tengan 80% de invitados, convertir en delito el racismo inverso, volver a Barranco provincia constitucional. Y la izquierda, dividida en diez pero con un único liderazgo, hablaba del futuro con su optimismo cautivante de siempre:

—Vamos a derrotar a las mafias corruptas que nos han robado la patria y la esperanza y también a los morados neoliberales y corruptos porque en esta Constitución todo es corrupción y uy qué pasó se nos perdió el Perú vamos a recuperar el Perú porque tenemos el sueño zzzz de una patria con igualdad y justicia y mafias mafias corrupción corrupción ¿ya te devolvimos la esperanza? alegría

Mientras tanto, en el lado oscuro de la fuerza, los derrotados de siempre seguían vivos y mantenían una esperanza aritmética: sí, era cierto que habían perdido las últimas cinco segundas vueltas como unas ratas, pero la única elección al Congreso donde no hubo candidato presidencial fue muy fragmentada. Puro pedacito. Nadie pasó del 20%. Y si se mantenía esa tendencia, quién sabe, podían sumar pedacitos de bancadas y conseguir lo mismo que en el 2020: agrupar el estiércol y controlar el país. Quién sabe.

III

Verónika empezó su exilio en un alojamiento amable, al menos: un edificio en Sopocachi desde donde veía día y noche la Plaza Avaroa. Los compañeros le habían dicho que no salga porque la podían apresar y deportarla, pero ella no lo hacía para evitar que el portero le diga “buenos días, señorita Glave”.

Exiliada, sola, triste, Verónika no quería hacer nada: no prendía la computadora, no leía, no veía Netflix. Solo se dejaba ganar por la nostalgia y veía día y noche la Plaza Avaroa como una paloma, mientras comía Chocosodas compradas en Fidalga y tarareaba la misma canción de mierda que se le pegó en Desaguadero.

—¿Dónde está nuestro error sin solución? —cantaba.

—¿Fuiste tú el culpable o lo fui yo? —preguntaba por teléfono.

—Fue el modelo económico —respondía Campana.

“Nadie tiene la culpa, compañeros” fue la posición oficial del partido cuando decidieron mandarla al exilio, luego de que la policía entrara a su casa. La televisión mostró en vivo lo que ocurría. El cintillo: Se aprueba nueva Constitución que ilegaliza a la izquierda. Las imágenes: veinte ternas revolviendo sus cosas, buscándola debajo de su colchón Paraíso, abriendo su refrigeradora y botando los sobrecitos de mayonesa Alacena que guardaba con amor. Al rato apareció Daniel Urresti, ex presidente de la Asamblea Constituyente, a anunciar el resultado de la redada: no encontramos a la delincuente Mendoza, sí, delincuente, porque lo que ella hace es ahora un delito; los servicios de inteligencia tienen información fidedigna de que ella está ahora mismo en un vuelo rumbo a Suecia pagado por los senderistas nórdicos.

Los resultados electorales no habían sido tan malos, en verdad. La izquierda había conseguido un respetable 18%, al igual que el Partido Morado. Pero el 64% restante de votos se repartió entre el lado oscuro de la fuerza.

Un 64% suficiente para que hicieran con la Constitución del 2022 lo que les diese la gana.

Y así, luego de declarar como feriado el Día del Pollo a la Brasa y convertir al lavado de activos en deporte nacional, la Asamblea Constituyente –poder del pueblo emanado del pueblo– aprobó el artículo 91, que declaraba ilegal a la izquierda en el Perú.

—Ni tú ni nadie, nadie, puede cambiarme —seguía cantando Verónika.

La supervivencia del Partido Morado también entró en cuestión: el artículo 114 ilegalizaba a los partidos que tuviesen nombres de color, por ser considerados cojudos. Y aunque eso es totalmente cierto, el móvil no era la cojudez cromática sino la fascinación del lado oscuro por ilegalizar a sus rivales.

Luego de redactada la Constitución, había un último paso para salvar la sensatez: esta debía ser aprobada vía referéndum. Parecía imposible que la mitad del Perú optase por una Carta antidemocrática, esperpéntica, llena de vacíos.

Pero sucedió lo previsible: la izquierda y los Morados se pelearon toda la campaña, se lanzaron avioncitos de papel, huevitos de codorniz, pollazos con flema en espalda. El presidente Julio Guzmán no podía creer lo que veía: él mismo estaba a punto de ser ilegalizado. ¿Qué debía hacer? ¿Cancelar el referéndum y salvar la democracia? ¿Salir corriendo por toda Alcanfores? Decidió hacer lo más sensato: limar asperezas con Verónika Mendoza y encontrar una salida conjunta.

La llamó: su línea estaba suspendida. El Nuevo Perú no había pagado su recibo.

Le escribió al Whatsapp: solo salió una rayita. El Nuevo Perú no tenía Wi-Fi.

Desconcertado, Julio Guzmán llamó a Marco Arana, ya qué chucha, pero este le dijo que no importaba que lo ilegalicen porque el pueblo se levantaría masivamente para salvarlo y al tercer día lo liberarían porque él es el Mesías hosanna en el cielo.

Julio Guzmán se resignó. Su ilegalización era inminente. Se puso sus zapatillas, pero hasta se le fueron las ganas de correr.

IV

Recostada en su ventana, Verónika Mendoza sacó el último toctito que quedaba en su bolsita. Movía la cabeza cada vez más lento, miro el reloj, es mucho más tarde que ayer, te esperaría otra vez y no lo haré. Se lo llevó a la boca: ya ni siquiera crujía.

Sonó su celular.

—¿Álvaro?

—¡Se acabó! ¡Los sacaron!

Al fin, tras varios días de protestas, las Fuerzas Armadas salieron al frente y depusieron a Daniel Urresti, que había asumido la presidencia luego de la ilegalización de Julio Guzmán. El jubilo fue tal que la gente decidió hacer justicia con sus propias manos y colgaron calato a Manuel Merino de la torre de la Catedral con dos años de retraso.

—Entonces, ¿ya puedo volver? —preguntó Verónika, sonriente de vuelta.

—Hay un problema —contestó Campana.

Las Fuerzas Armadas convocaron a nuevas elecciones, sí, pero mantuvieron la Constitución del 2022. A fin de cuentas, nadie quería a la de 1993. Pero cuando la prensa les preguntó si quitarían los artículos 91 y 114, la respuesta fue simple: se mantiene toda la Constitución, ¿qué seremos nosotros para escoger qué cambiar? El Jefe del Comando Conjunto fue un paso más allá:

—Sí, sí, ¿sabe qué, señorita? Van a seguir ilegalizados, pero por cojudos. ¿Quién pide una elección que no puede ganar?

Verónika colgó. ¿Cuántos meses más de exilio le quedaban?

Volvió a mirar por la ventana. ¿Cómo se llamaba ese nevado de mierda? ¿Quilapayún?

Ofuscada, lanzó la bolsa vacía sin tocto a la Plaza. Llena de culpa, corrió a recogerla porque está mal ensuciar el ornato. Enrojecida, tuvo que responderle “buenas tardes” al portero cuando este le dijo “buenas tardes, señorita Glave”. ¿Se quedaría entonces para siempre en Bolivia, exiliada? ¿Esa sería su vida, esa su última bolsa de tocto? ¿Siempre le dirían señorita Glave? Qué difícil es pedir perdón.

Las siguientes semanas pasaron muy lentas, las encuestas lucían cada vez más trágicas. Sin ella como candidata, la izquierda no tenía ninguna posibilidad. Todo estaba tan mal que hasta Marco Arana parecía interesante. ¿Cómo así pasaron de soñar con una nueva Constitución a luchar de nuevo por pasar la valla? Qué fácil es atormentarse después.

El viernes anterior a las elecciones, mientras comía entristecida un trancapecho sentada en una banca, vio a una figura familiar: zapatillas, buzo azul, cara con calambre. Lo vio dar vueltas a la Plaza Avaroa una y otra vez: cuarentón, atlético, asaltable.

Sí, sí, era él: el ex presidente Julio Guzmán.

—¡Julito! —le gritó, alegre: hacía tiempo que no hablaba con nadie en persona.

Guzmán se le acercó con su típica sonrisa de Chucky. ¡Verito!, le dijo. Casi la abraza. Yo también estoy exiliado, le contó, pero vivo más abajo, en Calacoto. También vino Úrsula Moscoso, pero como es insoportable la mandamos a pescar al Lago Poopó. ¿Me invitas tu trancapecho?

Sentados juntos en una banca, Guzmán y Mendoza empezaron a contarse las cosas y a confesar sus errores mientras se pasaban el trancapecho. ¿Debimos colaborar entonces? ¿No era mejor competir, tal como hicimos? Competir, colaborar, ¿no nos iban a almorzar igual? Además, ¿qué clase de baboso colabora en el Perú? ¿No te parece desabrido el trancapecho? Ya que estaremos aquí un tiempo más, ¿no se te antoja hacer algo? Podemos pasear en el teleférico, ¿no crees? ¿Sabías que acá también hay pollo broaster? Tienen hasta salchipapa. ¿Y si vamos un día a correr juntos?

Tags:

Carlos León Moya

estoy palteao por las siguientes encuestas jaja ya el profe me dijo que el objetivo no es liderar la tabla sino llegar al playoff pero ayer soñé que acababa quinto y solo llegaba a la sudamericana jaja el jueves le dije a mi apá “oe ya fue mejor juego por alianza en segunda” y me mandó a la mierda “no, George, tú tienes que ser Presidente para hacerme canciller” encima tengo que leer mi libro me va a doler la cabeza jaja mi doble Joaquín que es bien tarao me lo resumió y me entregó un vinifile lleno de banderitas “hola George aquí está tu brief con bullets” y yo “háblame en español oe huevón te voy a parar de cabeza” de verdad lo odio encima se pinta la barba con plumón pero mi papá me volvió a gritar “aguántalo, George, toda su familia es socia del Golf y de ahí van a salir tus volantes” jaja mi viejo es bien mosca bzzz bzzz

I’m tired of pretending to be peruvian, darling, y eso es que recién estamos diciembre. Last week estaba con mi chief of staff y le dije que necesitaba una entrevista as soon as possible para subir en las encuestas, “consígueme a Anand Giridharadas que está bien radical, darling, o a Anderson Cooper, que ha envejecido muy bien”, pero él me dijo “señor de Soto yo estoy detrás de Óscar Torres del Trome para que le den la página trasera, donde estaban Las Malcriadas”. Goddammit. Lo peor es que ni siquiera me salió esa entrevista: “dice el señor Torres que primero va a entrevistar a Juan Sheput, y René Gastelumendi está haciendo la quinta biografía de la gallina Esperanza. Pero La República TV va a mandar a un chico a preguntarle sobre”. The horror, darling, the horror! No quise escuchar más. Ahora entiendo a my rural prince, Alfredo Barnechea, que se retiró de todo porque no le dejaron hacer su campaña por Zoom.

esta mañana ha estao tensa jorge nieto se molestó conmigo porque estoy despejando mal los córners y me pidió esconderme hasta navidad jaja ni que fuese pavo pero mi viejo le dio la razón: “por mí escóndete hasta el 11 de abril”. mi equipo cree que mi caída se debe a que siempre aparezco solo y así me veo muy baboso jaja y que necesito una pareja para mejorar mi imagen. el profe dice que hasta hernando de soto se inventó una novia y le respondí la verdad “profe yo le dije que me gustaba toni alva y usted se cagó de risa” y se volvió a reír el conchasumare: “piensa en algo más realizable”. mi papá lo interrumpió “puede ser también una pareja política, como Susel en La Victoria” y me dio nostalgia jaja cuando estaba con ella todo salía bien hacíamos harto operativo armado la prensa nos sacaba todo pero un día me dijo “lo siento George me han ofrecido el papel de Baby Yoda y tengo que dejarte” y desde entonces he estao solito último hombre así que mi equipo acordó encontrarme una pareja para fin de año y cuando nos estábamos yendo apareció Joaquín vestido de torero a decir “yo puedo ser tu partner además yo soy liberal” y ahí ya le metí su patada a lo chiquito flores “cállate oe huevón a la otra te pego con los zapatos de tu abuelo” de verdad lo odio un día lo voy a llevar a san jacinto para que lo asalten no me importa quedarme sin volantes igual no voy a ganar jaja

I don’t know what was the deal with that interview, really. Yo respondí lo que me preguntaron, something about the elections, pero mi chief of staff estaba al borde de las lágrimas, “señor Hernando”, me decía, “ese chico le preguntaba por las pensiones, por el Congreso, por los viejitos”.

—Darling —le dije—, ¿conseguiste la entrevista con Anderson Cooper?

—No. Pero hemos retado a debatir a Popy Olivera.

—Get out of my sight.

Me di media vuelta y regresé a casa. Es el lugar ideal cuando estoy tired of peruvian politics. Allí no tengo televisión ni internet: solo un tocadiscos, mi gato disecado y un teléfono fijo que le robé a Ghibellini en 1986. Puse Nancy Sinatra y me eché en la alfombra a esperar a que pasen las horas, los días, los meses, a esperar que llegue el 11 de abril para irme de aquí de una vez porque I can’t stand this anymore, I practice everyday to find some clever lines to say to make the meaning come true, y así estaba cantando en el piso cuando en eso ring, ring, my phone.

—Hello, this is the De Soto’s campaign headquarters.

—¿Gordo?
—Mr. Cooper?

—No, gordo, soy yo. Alfredo Barnechea.

—Alfred, darling! What a surprise.

—Gordo, ¿qué tal? ¿Cómo has estado?

—Bien, Alfred querido, todo muy bien. La campaña va viento en popa, you know. No me doy abasto con los reportajes y las entrevistas y con Anderson Cooper que me persigue como un raquetero.

—Me alegro, gordo, me alegro.

—¿Y tú, Alfred? ¿Cómo has estado en todo este tiempo?

—…

—Alfred?

—Gordo… estoy cansado de todo, gordo.

—Oh…

—Con la pandemia he descubierto que realmente odio a la gente. No sabes lo bien que la he pasado sin salir de casa: he dormido siete meses seguidos, gordo, siete meses. Pero cuando le dije a Raúl Diez Canseco que quería hacer mi campaña por Zoom me mandó a la mierda. ¿Te imaginas salir a la calle de vuelta, gordo? ¿Dejar mi sala para viajar a Puno a comer cancacho?

¿Ir a los terminales a comer pescado con espina?

—I feel you, darling.

—¿Sabes que el otro día me hicieron comer chicharrón? Me dio tifoidea, gordo. Esa misma tarde me sacaron el apéndice por si acaso.

—Este país no es para nosotros, Alfred. El Perú nos hace daño.

—Tú siempre me decías eso, gordo. Tenías razón.

—¿Y qué vas a hacer ahora, darling?

—No lo sé, gordo, la verdad que no sé.

—¿Recuerdas nuestros sueños, Alfred? ¿Tú y yo conquistando el Perú como Jesse y James y con Kenji Fujimori vestido de Meowth?

—Pero yo no estoy solo, gordo. Yo soy miembro de partido.

—Alfred, deja de mentirte.

—De verdad.

—¿La foto que subiste con Raúl Diez Canseco, diciendo que era tu cielo?

—Sí…

—Alfred, yo te conozco tan bien, sé que fue pa darme celos.

—No, gordo, somos aliados.

—No te diré quién pero llorando por mi te vieron.

—Lo nuestro no tiene futuro, gordo, acéptalo. Raúl tiene inscripción y encima tiene plata. Yo no trabajo desde 1983.

—Sé ve que él te financia bien, que es todo un caballero. Pero eso no cambiará que yo llegué primero.

—Gordo, no seas pendejo, tú ni siquiera sabes el nombre de tu partido. Yo quiero descansar 5 años y hacer tele-campaña el 2026.

—Sé que te va a ir mal pero él no te quiere como yo te quiero.

—¿Vas a dejar de cantarme, gordo? Ya basta. Para ser presidente se necesitan cosas que ni tú ni yo tenemos. Y cuando nos aliamos en el 2016 me hiciste bajar 5%, gordo perdedor.

—Y ahora en esta guerra no gana ninguno.

—Te odié, gordo, ¿sabes? Hasta ahora creo que es tu culpa.

—Déjame hablar, Alfred, porfa no te interrumpas. Si te hice algo malo entonces discúlpame.

—No sé para qué te llamé, Hernando. Tú siempre quieres que seamos algo más que amigos, y eso no va a ser posible. Yo ya tengo un partido, y no es el tuyo.

—La gente te lo va a creer, actúas bien ese papel.

—Yo ya tengo un aliado, y no eres tú.

—Pero no eres feliz con él.

—Gordo de mierda.

Me colgó.

Silencio.

A los 10 minutos recibí otra llamada. Pensé que era Alfredo, pero no, era mi chief of staff: no conseguí a Anderson Cooper, señor Hernando, pero Milagros Leiva lo quiere en su programa de vuelta y dice que…

Le colgué.

Me eché de vuelta en la alfombra. Volví a mirar el techo. Me llevé las manos a la cara: estaba húmeda. El tocadiscos seguía sonando. Alfredo seguía odiándome. Tomé un poco de aire. Me puse a cantar: and then I go and spoil it all by saying something stupid like I love you.

I love you.

I love you.

Tags:

Carlos León Moya, Hernando De Soto

Yo soy joven y quiero cambiar el país por eso lo estoy recorriendo de arco a arco jaja el profe me ha dado la confianza y estoy con mucha ilusión para afrontar el partido. yo no soy como los políticos antiguos eso me han dicho que repita a cada rato: políticos antiguos políticos antiguos jaja ya me lo aprendí pero igual estoy asustao porque mi papá me dijo “si no ganas la presidencia te regresas a vender tus perfumes” jaja pobre mi papá él quería ser canciller pero al final siomi lerner escogió al señor roncayulo y lo cagó como cagó a alianza jaja

y aunque tú me ves así bien sonriente la verdad es que estoy aburrio ya todo el día dando vueltas por el país como un pollo ya quiero irme a mi jato a jugar play 5 pero no me dejan. “Ven George” me dicen “tienes que practicar tu discurso y repetir: soy joven, las mafias, yo vengo a escuchar” pero yo nunca quise ser presidente mi papá es el que jode hasta me obliga a vestirme como maniquí de walon. me levanto tempranito y me dan mi ropa: mi gorrito con el escudo mi polo con el escudo y mi chompa con el logo de la cerveza candelaria porque es peruano y yo represento al perú

de ahí voy a dónde me llevan y me pongo a hablar no más algo así:

—los políticos antiguos no quieren que los jóvenes lleguemos al poder miren justo está aquí jorge nieto que es un deportista joven jaja yo no he venido a hablarles porque eso es para los políticos antiguos y además yo no soy el típico florero ni que fuese planta jaja yo no soy de palabras yo soy una persona más de acción así como alberto beingolea jaja se acuerdan? goles en acción! –taca taca tan – tacata – taca taca– goles en acción! y luego salía bruno cavassa y le decía paga pues a waldir y el cojudo nunca pagaba jaja más duro ese conche ya me perdí tamare ah sí yo vengo a escuchar el perú puede cambiar por eso tengo este polo porque yo no soy de ningún partido yo soy del perú arriba el perú viva la llama

como ven yo no soy mucho de hablar aunque tampoco soy mucho de pensar jaja por eso le dije a mi equipo “oe no me hagan hablar pe que me cuesta como mierda” y me dijeron “no, George, tienes que dar la cara y hablarle al país” pero yo insistí “no pe si en mis monólogos ni siquiera uso signos de puntuación jaja” y alguito conseguí “ya, está bien, te vamos a tomar fotos no más, la próxima semana vamos a que le agarres la ubre a una vaca”

y fuimos donde la vaca en el camino estaba escuchando mi musiquita bien concentrado como si fuese un partido justo puse don omar y me acordé que en alianza me decían el señor de la noche porque soy mitad hombre mitad animal jaja ese día me acompañó mi doble se llama Joaquín y es un poco baboso jaja todo el día está hablando de los zapatos de su abuelo la verdad que ese dientón ya me tiene cojudo un día estaba echado en una hamaca besando sus tabas y le dije “oe huevón deja de besar esos chimpunes hongueados ni que fuesen los del zorrito aguirre contra estudiantes qué chucha te pasa” y le metí su lapo pero mi papá me dijo después que no le diga nada porque primero tenía que sacarle plata a su familia para la campaña jaja pendejo mi viejo

en qué estaba? ah sí, la vaca! fuimos pe donde la vaca pero justo había empezado el paro agropecuario y como yo siempre voy a escuchar me dijeron “anda escucha las demandas de la vaca”

—señora vaca buenas tardes soy george forzay y no soy un político antiguo

—…

-yo soy joven y vengo a escuchar por eso quisiera saber su opinión sobre el paro agropecuario

—…

—ah eso es muy importante muy importante

—Mu.

—sí doña vaca hay que reestructurar el estado que está capturao por políticos antiguos

—¿Mu?

—bueno sí el paro agropecuario está difícil

—Mu, mu. Mumumu. Mu.

—por eso he convocao a una mesa de diálogo

—Mumu. Mumumu mu mumu; mumu mumu 6.6% mu 2019.

—ah eso está yuca señora yo soy joven yo he venido a escuchar

—Mumumumumu mumu 30%, mumumu 15%, ¿mu?

—sí las políticas públicas son importantes señora los informales gamarra arriba alianza

—¡Mumumu! Mumu 791.78 mumuuu. ¿Mumumu 1286.20 mu mu? Mu.

—mire señora yo no entiendo nada de esto mejor le saco su leche y me la tomo del balde

como jodía la vaca. le saqué con rabia la leche y me la tomé de golpe de puro asado. “vaca de mierda” le dije “mira cómo me tomo tu leche” mientras sonreía a la cámara y ahí todo mi equipo me gritó “no, George, qué estás haciendo” y se fueron corriendo hacía mi. joaquín metió su dedo en mi garganta para hacerme vomitar “tenías que pasteurizarla antes” me dijo llorando “tienes que vomitar por favor te puedes morir” y metió su dedo hasta mi pulmón

vomité encima de él. todos seguían asustados mirándome en silencio.

—te has podido morir George —dijo mi doble

—sí perdón a todos fue un momento de desconcentración en el área —dije yo.

la vaca seguía preguntando cosas

—Mumu Ipsos 16% mumumu 8.1% CPI. ¿Mumu mu 2020? Muuuuuuu. Muuuuuuu.

vaca de mierda.

Tags:

Carlos León Moya
Página 2 de 2 1 2