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[Agenda País] Los peruanos estamos acostumbrados a vivir con mentiras, aquellas que lindan con el cinismo, y otras pequeñitas, cotidianas, casi inocuas, pero mentiras al fin.

Es decir, los ciudadanos vivimos en un constante fraude social (https://sudaca.pe/noticia/opinion/aldo-parodi-el-fraude-social/), desde aquellas habituales costumbres como ser impuntuales sin tener consideración al prójimo, manejar por izquierda en carretera a 60 km/h y que se jodan los de atrás, hasta la gran corrupción y el cinismo de personajes nefastos de nuestra política nacional.

Esta manera de engaño constante que ahonda la sensación de vivir en una selva sin ley, ha llegado, lamentablemente, a las esferas de los medios de comunicación que, sin ningún pudor ni ánimo de autocensura, dejan que periodistas e invitados se explayen diciendo cualquier falsedad.

Ya estamos cansados de escuchar que a Alberto Fujimori se le condenó por delitos de lesa humanidad cuando hasta el propio juez César San Martín aclaró que la mención de lesa humanidad no era referida a algún delito sino una referencia retórica. Sin embargo, algunos periodistas, académicos y políticos ideologizados, siguen con ese mismo relato, quizá, bajo instrucciones superiores.

Es aún más grave cuando líderes comunicacionales sobreponen su interés político a la verdad, por ejemplo, cuando el Dr. Elmer Huerta azuzó la marcha por RPP contra el presidente Merino en plena pandemia diciendo que, en ese tipo de multitud, la posibilidad de contagio era casi inexistente. 

El pasado 7 de octubre, día en que se conmemoró la masacre de cientos de israelíes ultrajados, decapitados, quemados vivos y secuestrados por los terroristas de Hamas, el reemplazante de Fernando Carvallo, casualmente también en RPP, su tocayo Fernando Vivas, se refería a Hamas como “organización política no convencional”. ¡Suavecito! como diría el recordado Alex Valle.

Esta indignante aseveración de Vivas no fue corregida por su colega Mávila Huertas, ni por la entrevistada y pasó así, desapercibida, como si los miles de oyentes de RPP tuvieran pues, que aceptar el dicho de Vivas como la santa palabra.

La búsqueda de la verdad es fundamental para cerrar las heridas, cualesquiera que hayan sido. Desde una infidelidad matrimonial hasta una cruenta guerra.

Pero con comunicadores que sobreponen su ideología a la verdad, apañados y protegidos por una línea editorial cómplice dictada por los propietarios del medio, nunca podremos los peruanos, entrar en una fase de reconciliación y paz.

Estamos camino a la autodestrucción como sociedad, incluso peor que con el terrorismo de los ‘80s ya que, al azuzamiento del caos causado por las mentiras constantes de sectores ideologizados, se une el sicariato y la extorsión expandidos a todo nivel económico y social, teniendo como perla, unas próximas elecciones presidenciales con cerca de 40 candidatos que solo incrementarán la angustia de sentirnos en un fango sin salida.

Solo hablando con la verdad y anteponiendo los hechos a la ideología, podremos encontrar no solamente esa luz al final del túnel, sino también, esa mano amiga que nos ayude a salir del fango de la decadencia.  

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Tiene razón el expresidente Pedro Pablo Kuczynski cuando advierte que muchos candidatos no recorren el país como sí lo hace Antauro y otros candidatos radicales de izquierda.

Es irreemplazable la visita física a un lugar remoto. Genera un recuerdo cognitivo y afectivo inigualable en el ciudadano que la recibe. Sobre ese recuerdo luego será más fácil que se asiente el mensaje del candidato, porque, claro está, en los pocos meses que dura la campaña propiamente dicha es materialmente imposible recorrer todo el país, y se debe uno limitar a las grandes capitales regionales y un par más de cada lugar, con suerte y buena logística.

Pero con la suficiente antelación, como la que existe hoy, con casi dos años por delante, sí es perfectamente factible emprender esa ruta de visitas permanentes, sostenidas, indetenibles.

Eso lo viene haciendo Antauro y varios más del grupete de potenciales candidatos radicales disruptivos que asoman en el horizonte preelectoral. Ya cuentan con un piso electoral importante (alrededor del 20% del electorado) y si le suman la dispersión del centro y la derecha, hoy con casi treinta candidatos, aspirarán, con éxito a pasar a la segunda vuelta, ya no solo uno quizás dos de ellos.

Mientras ellos recorren el país, palmo a palmo, qué hace la centroderecha. Sale en canal N, RRP, Willax, algún noticiero de señal abierta, escribe en diarios que ya casi nadie lee y cree que así está sembrando semillas para el futuro. A lo sumo, de vez en cuando sus portavoces ofrecen entrevistas a radios regionales, creyendo que con ello suplen el valiosísimo contacto físico real.

La centroderecha está perdiendo las elecciones del 2026. Si algo ha cambiado el país del 2021 a la fecha ha sido para peor. Y ya el 2021 se inclinó por un candidato radical. Con mayor razón, si no hay respuesta potente de la centroderecha, lo volverá a hacer el 2026.

Y si eso ocurre, a llorar al río. Habremos perdido el país, porque la izquierda que vendrá no será democrática y al desastre económico que ocasionará, le sumará la destrucción de la ya exangüe institucionalidad democrática que mantenemos. La ruta de Venezuela y Nicaragua estará a la vuelta de la esquina.

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