[EL DEDO EN LA LLAGA] En 1995, Umberto Eco publicó su ensayo “Eternal Fascism” (“El fascismo eterno”), identificando 14 características típicas de esta ideología, la cual él también denomina ur-fascismo, es decir, el fascismo primordial, arquetípico o eterno, es decir, una forma esencial y subyacente del fascismo que trasciende las manifestaciones históricas concretas (como el fascismo italiano de Mussolini o el nazismo alemán). Según Eco, el ur-fascismo no es un sistema ideológico rígido y coherente, sino una nebulosa de actitudes, impulsos y características que pueden aparecer en combinaciones variables y que sobreviven al fascismo histórico del siglo XX. Estas características pueden manifestarse en movimientos políticos modernos, incluso bajo apariencias inocentes o democráticas, sin que necesariamente se declare abiertamente fascista.

Las reflexiones del filósofo italiano revisten suma actualidad, y nos sirven para identificar los diferentes fascismos que han tomado carta de ciudadanía no sólo en la política actual a nivel mundial, sino también en el ámbito religioso.

Ya hace 30 años, Eco alertaba sobre el peligro de estas corrientes de pensamiento:

«El ur-fascismo sigue entre nosotros, a veces en ropa de civil. Sería mucho más fácil para nosotros si apareciera en la escena mundial alguien que dijera: “Quiero reabrir Auschwitz, quiero que las Camisas Negras vuelvan a desfilar por las plazas italianas”. La vida no es tan sencilla. El ur-fascismo puede regresar bajo los disfraces más inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y señalar con el dedo cada una de sus nuevas manifestaciones —todos los días, en todas las partes del mundo—. Merece la pena recordar las palabras de Franklin Roosevelt del 4 de noviembre de 1938: “Me atrevo a afirmar, desafiando a quien corresponda, que si la democracia estadounidense deja de avanzar como una fuerza viva, buscando día y noche por medios pacíficos mejorar la suerte de nuestros ciudadanos, el fascismo crecerá en fuerza en nuestra tierra”. La libertad y la liberación son una tarea interminable».

Las palabras del presidente Roosevelt son proféticas y parecen haberse cumplido en el presente bajo la administración del presidente Donald Trump. Pero quizás lo que más nos puede interesar es cómo se plasman esas características del “fascismo eterno” en asociaciones religiosas, sobre todo las que forman parte de la Iglesia católica. Para ello voy a ir enumerando esas características, comentando cómo se plasmaban en el Sodalicio de Vida Cristiana, una sociedad de vida apostólica que fue suprimida el 14 de abril de 2025 por el Papa Francisco y a la cual yo estuve vinculado durante treinta años.

  1. El culto a la tradición. El fascismo eterno se basa en un sincretismo cultural que rechaza la innovación y ve la verdad como ya revelada en un pasado mítico.

En el Sodalicio se veneraba la Antigüedad Cristiana y la Edad Media como épocas de plasmación perfecta de los valores cristianos en la sociedad —lo que conocemos como la cristiandad occidental— y se veía el desarrollo de las ideas a partir del Renacimiento como un declive en decadencia continua que conducía a la configuración de la sociedad moderna

  1. El rechazo de la modernidad. Ve la Ilustración y la razón moderna como el origen de la decadencia, aunque pueda aceptar avances tecnológicos superficiales.

El mundo actual era visto como un ente en absoluta decadencia, producto de la Reforma protestante, la Ilustración y la Revolución Francesa, todos ellos sucesos que desembocaron en la sociedad moderna, donde no existiría ningún pensamiento ni sistema ideológico rescatable.

  1. El culto a la acción por la acción. La acción se valora por sí misma, sin reflexión; pensar es una forma de debilidad. Se asocia al irracionalismo y al antiintelectualismo.

Si bien en el Sodalicio se insistía en que uno debía tener un pensamiento racional y desconfiar de los sentimientos, no se permitía ser crítico con los postulados ideológicos de la institución. Más bien, se debía actuar sin pensar cuando un superior daba una orden.

  1. El desacuerdo es traición. La crítica o el desacuerdo se consideran traición; no se tolera el debate racional.

En el Sodalicio quien criticaba el pensamiento único imperante o manifestaba discrepancias era considerado un traidor, al cual se le tenía que disciplinar y castigar.

  1. El miedo a la diferencia. Explotación del temor a lo diferente; el primer enemigo son los “intrusos”. Por definición, es racista.

La frase “un sodálite sólo puede ser amigo de otro sodálite” que repetía Luis Fernando Figari, el fundador del Sodalicio, expresaba la desconfianza que se debía tener hacia todo el que fuera ajeno a la institución. “Un cholo nunca podrá ser un buen sodálite”, otra frase suya, expresaba el desprecio que tenía hacia todo aquel que tuviera ancestros indígenas.

  1. Apelación a la frustración social. Surge de la frustración individual o colectiva, especialmente de clases medias amenazadas por crisis económicas o presión de grupos inferiores.

El Sodalicio buscó al principio a sus adeptos entre jóvenes de clases medias y altas, frustrados por la falta de perspectivas en el Perú, que pasó por una dictadura militar en los setenta, y por graves crisis económicas y sociales en los ochenta, a las cuales se sumó la amenaza terrorista en los ochenta y noventa.

  1. Obsesión por el complot. Los seguidores se sienten asediados por enemigos internos y externos; la vida nacional se ve como una conspiración permanente.

En los años setenta y ochenta se nos hablaba en el Sodalicio de la conspiración judeo-masónica para dominar el mundo. A eso se sumó la amenaza que constituía el comunismo y su supuesto socio, la teología de la liberación, que presuntamente no era otra cosa que la infiltración del marxismo dentro de la Iglesia. Y al Plan de Dios se contraponía el plan del demonio para descristianizar a la sociedad.

  1. El enemigo es a la vez demasiado fuerte y demasiado débil. Los enemigos son humillados, pero al mismo tiempo se les presenta como invencibles para justificar la lucha eterna.

Se nos inculcaba a los sodálites que teníamos la fuerza para vencer al mal en el mundo, pero a la vez este mal era sumamente poderoso y omnipresente, de modo que necesitábamos de la ayuda constante de Dios.

  1. La vida es lucha permanente. La paz es vista como una conspiración; se prepara para una batalla final apocalíptica (como el Armagedón o la guerra racial).

“La vida es milicia”, frase atribuida a José Antonio Primo de Rivera, era uno de los lemas que se nos repetía, refrendado por una cita del libro de Job en la versión de la Biblia de Jerusalén: “¿No es una milicia lo que hace el hombre en la tierra?” (Job 7, 1). Las lecturas obligadas de libros de ciencia ficción distópica —como “1984” de George Orwell y “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury, entre otros— alimentaban en nosotros la conciencia de que los tiempos apocalípticos estaban cerca.

  1. El desprecio por los débiles (elitismo popular). Se fomenta un elitismo de masas: cada ciudadano desprecia a los inferiores, pero admira a un líder superior.

Los sodálites se concebían como una élite que iba a reformar y salvar a la Iglesia, bajo la guía de su líder Figari, mientras que se tenía en menos a las demás asociaciones y órdenes religiosas —se decía que eran relajadas y poco exigentes— y también a los católicos de a pie, a los cuales se denostaba con el término despectivo de “parroquieros”.

  1. El culto al heroísmo y a la muerte. Se educa en el heroísmo; el héroe aspira al martirio, y la muerte es glorificada.

Aquí es pertinente citar dos estrofas del “Himno sodálite a Cristo Rey”, cantado solamente en ocasiones solemnes a puerta cerrada:

Soy de Cristo soldado escogido,

su bandera he jurado seguir,

lucharé por la fe decidido

aunque sea preciso morir,

aunque sea preciso morir.

 

Es María y Cristo que llaman,

nos convocan a una lucha sin par.

Cristo Rey, tus sodálites te aman

y desean morir por tu ley,

y desean morir por tu ley.

  1. El machismo y el culto al arma. Transferencia de la voluntad de poder a la esfera sexual (machismo, condena de costumbres no convencionales) y al manejo de armas.

Figari solía hablar del “estilo viril que nos caracteriza” y también nos inculcaba una misoginia profunda: “A la mujer, ¡con la punta del zapato!” Más aún, cuando alguien mostraba desaliento o tenía un momento de debilidad, se le comparaba con las mujeres: “Pareces una hembrita con tetas y todo”.

  1. Populismo cualitativo. El líder interpreta la “voluntad del pueblo” de forma selectiva; el parlamento o las instituciones democráticas se rechazan por no representar la verdadera voz popular.

NI que decir, los mecanismos democráticos eran totalmente ajenos al Sodalicio. Se consideraba la democracia en cuanto sistema político como una muestra de la decadencia de Occidente. Y al interior del Sodalicio, el único que representaba la voluntad de los sodálites era Figari, a quien todos debían obediencia incondicional.

  1. Uso de la neolengua. Empleo de un vocabulario pobre y sintaxis simplificada para limitar el pensamiento crítico y complejo.

Como ya lo he señalado en mi libro Las Líneas Torcidas (Lima 2025), “en el Sodalicio se fue creando un léxico propio, que debía ser vehículo de expresión de la espiritualidad sodálite y al cuál debían ceñirse todos los sodálites”. El control del lenguaje era una herramienta para controlar los pensamientos.

Lamentablemente, estas características del “fascismo eterno” también serían identificables en otras asociaciones católicas. No debemos parar en denunciar y señalar este mal, que constituye un peligro no sólo para las personas vinculadas a ellas, sino para la sociedad en general.

[Música Maestro] Pocos saben que Brigitte Bardot, admirada figura del cine francés y la liberación femenina fallecida el 28 de diciembre a los 91 años, tuvo una breve carrera musical. Lanzó cinco álbumes entre 1963 y 1968 en clave de pop psicodélico y nuevaolero, además de otros singles hasta 1973. En 1968, ella interpretó la versión original de un tema llamado Je t’aime… moi non plus. Serge Gainsbourg, su compositor, había escrito la sensual melodía pensando en ella.

Sin embargo, nunca fue lanzada al mercado para evitar que la prensa descubriera el romance secreto que mantenían, reemplazándola un año después con la versión que todos conocemos, cantada por la joven modelo inglesa Jane Birkin. La grabación de la recordada activista de los derechos animales y controvertida defensora de la ultraderecha parisina vio la luz recién en 1986, como parte de un disco recopilatorio editado por Polydor Records.

El hard-rock se va quedando sin héroes

El 22 de julio, el vocalista inglés Ozzy Osbourne falleció a los 76 años. Dos semanas antes, el cantante original de Black Sabbath, una de las figuras fundacionales del heavy metal, se había despedido de su público en un multitudinario concierto ante más de 45 mil personas, en Birmingham, su ciudad natal, con una actuación que, sin ser perfecta, fue clara muestra de su fuerza de espíritu tras varios años de padecimientos físicos de todo tipo.

Ace Frehley (74), guitarrista original de Kiss, sufrió una caída grave en su casa en New Jersey, el pasado 2 de octubre. A consecuencia de ello, fue internado con serias heridas en la cabeza. Catorce días después, el 16 de octubre, se anunció su muerte, ocasionando una ola de expresiones de pesar en la fiel comunidad de seguidores de “la banda más caliente del mundo”. Dos meses después, el resto de la banda recibió el premio Kennedy Center Honors, manchando su impecable trayectoria musical por su desembozado e incomprensible apoyo a Donald Trump.

Los fans de la era clásica del hard-rock lloraron la partida del guitarrista británico John Sykes, anunciada el 20 de enero, aunque posteriormente se supo que había fallecido un mes antes, en diciembre del 2024, víctima del cáncer a los 65 años. Sykes fue integrante de famosas bandas como Thin Lizzy (1982-1983), Whitesnake (1984-1988) y Blue Murder, power trío cuyo epónimo álbum debut de 1989 es una de las mejores producciones del género en esa década. Su estilo bluesero lo convirtió en un genuino héroe de la guitarra, aunque no haya recibido el reconocimiento masivo que merecía en vida.

Por su parte, los amantes del nu metal y otras vertientes contemporáneas del rock duro lamentaron las muertes de Sam Rivers (18 de octubre, 48), bajista de Limp Bizkit; y Tomas Lindberg (16 de septiembre, 52), de la banda sueca de death metal melódico At The Gates, ambos aquejados también por el cáncer; mientras que Brent Hinds (20 de agosto), voz y guitarra líder de Mastodon, sufrió un mortal accidente mientras conducía su motocicleta, cuatro meses después de separarse del poderoso cuarteto que había fundado en el 2000. Tenía solo 51 años.

Leyendas del pop-rock que nos dejaron

El año comenzó, literalmente, con el primer fallecimiento dentro del grupo vocal de country-pop norteamericano The Osmonds. El 1 de enero, el segundo de los nueve hijos de esta familia musical mormona, Wayne, falleció a los 73 años de un paro cardíaco. Muy famosos durante los sesenta y setenta por sus especiales navideños y canciones inocentes, los Osmond desaparecieron del radar de las nuevas generaciones casi de manera absoluta. Además de cantar, Wayne se encargó de las guitarras en todas las producciones del grupo desde 1971.

Las sucesivas muertes de Sylvester Stewart y Brian Wilson -9 y 11 de junio, respectivamente- fueron fuente de diversos homenajes y publicaciones en la prensa cultural especializada mundial. Los legados de Sly & The Family Stone y The Beach Boys son verdaderos tesoros para la cultura pop de un país como Estados Unidos, sumergido hoy en la inmundicia de tener un presidente involucrado en sonados casos de pederastia y promotor de colonialismos homicidas. Ambos artistas dejaron este mundo a los 82 años.

Garth Hudson (21 de enero) era el último miembro de The Band que quedaba hasta su fallecimiento a los 87 años. Versátil y brillante, dominaba teclados, vientos y acordeones, además de encargarse de los aspectos técnicos de todas las grabaciones del quinteto canadiense, incluido el extraordinario LP The basement tapes (1968-1975), con Bob Dylan. Fue el mismo caso de Joey Molland (1 de marzo, 77), guitarrista de Badfinger, con cuya muerte se sella la desaparición del cuarteto que compuso y grabó las versiones originales de Without you y Carry on ‘til tomorrow.

El 2 de noviembre falleció Donna Jean Godchaux (78), vocalista de los Grateful Dead entre 1972 y 1979. Y más recientemente, el 3 de diciembre, el guitarrista Steve Cropper, histórico integrante de Booker T. & the M.G.’s y The Blues Brothers, a los 84 años. También dejó de existir el vocalista y bajista de The Youngbloods, Jesse Colin Young, cuya voz oímos en el tema Get together, de su primer LP de 1967. El 23 de junio, Mick Ralphs, guitarrista de Mott The Hoople y Bad Company, falleció a los 81 años. Con esas bandas grabó himnos definitivos del rock setentero como All the young dudes o Feel like makin’ love. Otro guitarrista de esa época, el holandés George Kooymans (22 de julio, 77), pasó a la historia con Golden Earring y su éxito Radar love (1973).

Marianne Faithfull, cantante y actriz británica, falleció a los 78 años (30 de enero). Desde su sonado romance de casi un lustro con Mick Jagger en los sesenta, su participación en el concierto The wall que hiciera Roger Waters en 1990 o su colaboración con Metallica en el tema The memory remains (Reload, 1997), Faithfull fue un genuino icono artístico y contracultural. Aquí podemos verla interpretando, a dúo con David Bowie, el clásico I got you babe en el recordado programa Midnight Special, en 1973. Roberta Flack (24 de febrero, 88), intérprete de la balada Killing me softly with his song, exitazo de su quinto LP de 1973, murió en un hospital de Manhattan. Tenía problemas cardíacos.

El 26 de mayo, falleció otro histórico guitarrista norteamericano, Rick Derringer (77), cercano colaborador de los hermanos Edgar y Johnny Winter, quien metió sus afilados solos y riffs en los clásicos Frankenstein y Free ride, así como en su propio single Rock and roll hoochie koo, todas de 1973. Casi una década antes, Derringer ya había conocido la fama como integrante de The McCoys, con quienes grabó el single de R&B/pop Hang on sloopy (1965).

El británico Roy Thomas Baker (12 de abril, 78), recordado por su trabajo como productor en los cuatro primeros álbumes de Queen -él estuvo detrás de las consolas durante la creación de Killer queen, You’re my best friend o Bohemian rhapsody- así como en los álbumes más famosos de bandas como The Cars, Journey, Foreigner, entre otros.

Estrellas caídas del jazz y el rock progresivo

En el mundo del jazz, las muertes más sentidas han sido las del baterista Jack DeJohnette (26 de octubre, 83), legendario integrante de los conjuntos de jazz-rock de Miles Davis en los setenta; el trompetista Chuck Mangione (22 de julio, 84), figura destacada del smooth-jazz; el bajista Anthony Jackson (19 de octubre, 73), inventor del bajo de seis cuerdas; Roy Ayers (4 de marzo, 84), vibrafonista de soul, jazz y funk.

También se separó de este mundo el brasileño Hermeto Pascoal (13 de septiembre, 89), una de las mentalidades más innovadoras del siglo XX. Y el 26 de diciembre murió Daniel Piazzolla (70), hijo del compositor argentino Astor Piazzolla, quien trabajó junto a su padre a finales de los setenta como parte del Octeto Electrónico, uno de los periodos más innovadores y desafiantes del tango.

Mientras tanto, los conocedores del rock progresivo también recibieron muy malas noticias durante estos doce meses. Quizás la más reconocible sea la del fallecimiento del fundador, tecladista y cantante de Supertramp, Rick Davies (6 de septiembre, 81), pues tendió puentes entre la complejidad del prog-rock y el pop sofisticado accesible a las radios.

En el otro extremo, personalidades destacadas que fallecieron el 2025 fueron Jamie Muir (17 de febrero, 79), percusionista de King Crimson a inicios de los setenta; Mike Ratledge (5 de febrero, 81), tecladista fundador de Soft Machine; John Lodge (10 de octubre, 82), bajista original de The Moody Blues; y Mick Abrahams (19 de diciembre, 82), primer guitarrista de la formación original de Jethro Tull, que fue reemplazado en 1968 por Martin “Lancelot” Barre.

La comunidad de seguidores del universo Frank Zappa recibieron tres serios golpes este año que se acaba. El 5 de septiembre, el vocalista Mark Volman falleció a los 78 años. Junto a Howard Kaylan fueron las voces de The Turtles, famosos por su éxito de 1965 Happy together. A inicios de los setenta, se unieron a Frank como el dúo humorístico vocal Flo & Eddie. Por otro lado, fallecieron los dos últimos miembros originales de The Mothers Of Invention, el guitarrista Elliot Ingber y el bajista Roy Estrada.

Ingber (21 de febrero, 82), se separó de Zappa apenas lanzado el primer LP, Freak out! (1966) para integrarse a The Magic Band de Captain Beefheart con el pseudónimo de Winged Eel Fingerling. Por su parte, Estrada fue parte fundamental del sonido de The Mothers hasta su disolución en 1969, tras lo cual tocó con Captain Beefheart y la banda de blues-rock Little Feat. El bajista fue condenado en el 2012 por diversos casos comprobados de violación sexual a menores de edad y falleció en una cárcel de Texas, el 14 de agosto, también a los 82, uniéndose a una infame lista de músicos criminales que incluye a Chuck Berry, Gary Glitter, Ian Watkins y Michael Jackson.

Luto en la música en español

Cantantes nuevaoleros como los argentinos Leo Dan (1 de enero, 82), Yaco Monti (18 de septiembre, 80) o los españoles Manolo de la Calva (26 de agosto, 88) -del Dúo Dinámico- y Juan Ramón (30 de abril, 64), dejan recuerdos inolvidables en el rubro baladas en castellano, especialmente el primero, cuyas composiciones grabadas entre 1963 y 1980 continúan sonando en las radios y son reconocidas por distintas generaciones.

La intérprete de una de las canciones más conocidas del folklore mexicano contemporáneo, Rata de dos patas, la veracruzana Francisca Viveros Barradas, más conocida por su alias artístico, Paquita la del Barrio, falleció a los 77 años, el 17 de febrero. La canción, un himno contra la cultura machista infaltable en cualquier karaoke que se respete, fue escrita por Manuel Eduardo Toscano y grabada para el álbum Taco placero (2001).

La salsa tuvo tristes despedidas este año, con los fallecimientos seguidos de Rafael Ithier (6 de diciembre, 99) y Luis “Papo” Rosario (12 de diciembre, 78), integrantes fundamentales de El Gran Combo en su etapa más exitosa. El 20 de febrero, a los 73, falleció el cantante colombiano Wilson “Saoko” Manyoma, de Fruko y sus Tesos, orquesta con la que registró El preso (LP El grande, 1975). Asimismo, recordamos a Rubby Pérez (8 de abril, 69), fallecido en el terrible desplome del techo de un conocido local merenguero en Santo Domingo; y al extraordinario pianista Eddie Palmieri (6 de agosto, 88), columna vertebral de la salsa y el latin jazz.

El rock español perdió a dos de sus nombres más destacados, el vocalista de Ilegales, Jorge Martínez (9 de diciembre, 70), cuyo tema Soy un macarra (LP Agotados de esperar el fin, 1984) es uno de los más representativos de su tiempo y, por otro lado, el guitarrista y líder de Extremoduro, Roberto Iniesta (10 de diciembre, 63) que, en una docena de álbumes lanzados entre 1990 y 2013, hizo de la transgresión y la libertad sus banderas, con letras directas sobre la crisis política de su país y del mundo.

El folklore argentino perdió a dos de sus baluartes, el bandoneonista Osvaldo Piro (7 de agosto, 88), quien fuera esposo de la cantante Susana Rinaldi durante los años setenta; y el legendario acordeonista Raúl Barboza, colaborador cercano de Astor Piazzolla y de Mercedes Sosa, como parte de su conjunto en los años en que “La Negra” regresó del exilio. Ernesto Acher (12 de diciembre, 86), multi-instrumentista, compositor, cantante y actor, se convirtió en el cuarto integrante histórico de Les Luthiers en fallecer, después de sus compañeros Daniel Rabinovich (2015), Marcos Mundstock (2020) y el fundador, Gerardo “Flaco” Masana (1973).

Nuestro país quedó conmocionado tras el asesinato del vocalista de la popular orquesta de cumbia norteña Armonía 10, Paul “El Ruso” Flores (15 de marzo, 38), a causa de la extorsión, una situación que estuvo a punto de repetirse meses después, el 8 de octubre, cuando otra orquesta del mismo subgénero de música popular, Agua Marina, fue atacada a balazos en pleno concierto en Chorrillos. Otra figura de la cumbia peruana, Víctor Yaipén, fundador de El Grupo 5 y la Orquesta Candela, murió el 19 de enero, a los 69 años, por complicaciones asociadas a la diabetes.

Por su parte, el periodista y cantante de pop-rock Álamo Pérez Luna, vocalista de Feiser, de moderado éxito en los años ochenta, murió a los 61 años (17 de abril). Asimismo, dos peruanos ampliamente desconocidos aquí, pero de mucho prestigio en la escena internacional de la ópera y la música orquestal del siglo XX, fallecieron este año: el tenor Luigi Alva (15 de mayo, 98) y el compositor Celso Garrido Lecca (11 de agosto, 99).

Otros nombres destacados

Bandas icónicas de punk y post-punk sufrieron bajas considerables entre enero y diciembre. La más importante ocurrió apenas hace unos días, el 24 de diciembre, en que los medios informaron el fallecimiento, a los 65, del guitarrista y tecladista Perry Bamonte, integrante de The Cure desde aproximadamente 1995, aunque trabajó para la banda como técnico desde 1984. Dave Allen, bajista y fundador de Gang Of Four (5 de abril, 69); Brian James (6 de marzo, 70), guitarrista de la formación original de The Damned; y el baterista de The Jam, Rick Buckler (17 de febrero, 69).

Asimismo, dos históricas bandas de la movida gringa del punk cuya influencia se extendió, por un lado, al heavy metal y, por el otro, al disco y la new wave, perdieron a miembros fundacionales. David Johansen (28 de febrero, 1975), vocalista de The New York Dolls; y Clem Burke (6 de abril, 70), baterista de Blondie, la banda liderada por Debbie Harry. Por su parte, Gary “Mani” Mounfield (20 de noviembre, 63), bajista de los británicos The Stone Roses, uno de los líderes de la escena Madchester, sucumbió a diversos males cardíacos. Y hace dos semanas, el 22 de diciembre, el cantautor norteamericano Chris Rea pasó “al otro barrio”, a los 74 años.

La música electrónica perdió este 2025 a la alemana Christine Hahn (28 de mayo, 1974), del colectivo Malaria!; el inglés Douglas McCarthy, vocalista de los tecnoindustriales Nitzer Ebb (11 de junio, 58); y el escocés David Ball (22 de octubre, 66), productor y multi-instrumentalista de Soft Cell, dúo electropop famoso por su éxito Tainted love (LP Non-stop erotic cabaret, 1981). El vocalista y líder de los influyentes Pere Ubu, David Thomas (23 de abril, 71) de infecciones hepáticas en un hospital de Brighton, Inglaterra, donde vivía desde hacía algunos años.

Un caso especial es el de las gemelas alemanas Alice y Ellen Kessler, cantantes y bailarinas del vaudeville de los años sesenta, que murieron voluntariamente a los 89 años tras solicitar un suicidio asistido. El procedimiento se llevó a cabo en un hospital de Grünwald (Munich), en presencia de un equipo de doctores y abogados, el 17 de noviembre. Las hermanas dejaron su herencia a diversas organizaciones civiles dedicadas al cuidado de personas enfermas y solas.

Como vemos, la lista parece nunca acabar. Lalo Schifrin (26 de junio, 93) compositor argentino de famosas bandas sonoras como Dirty Harry (1971, una de las películas que inmortalizó a Clint Eastwood) o Enter the dragon (1973, tema emblemático del astro de las artes marciales Bruce Lee); Gary Graffman (27 de diciembre, 97), pianista neoyorquino que grabó la banda sonora de Manhattan, película de Woody Allen de 1979; Chris Dreja (25 de septiembre, 78), bajista de The Yardbirds; Connie Francis (16 de julio, 87), una de las primeras cantantes norteamericanas que se atrevió a cantar boleros en español; Jimmy Cliff (24 de noviembre, 81), uno de los más famosos exponentes del reggae jamaiquino; el músico brasileño Salomão “Lô” Borges, que lanzó en 1972 el influyente LP Clube da Esquina con Milton Nascimento; son solo algunas de las grandes estrellas de la música que se apagaron este año.

[OPINIÓN] En el incierto panorama electoral rumbo a abril de 2026, hay una figura que se despega del resto. No por romanticismo ni por construcción mediática, sino por acumulación de hechos. Se llama Keiko Fujimori.

Tres elecciones perdidas. Cárcel. Persecución sistemática. Linchamiento mediático permanente. Un matrimonio donde ella fue víctima estóica  de un evidente y despreciable personaje que terminó mal. Sufrió del rechazo en automático de una  generación formada más por consignas que por análisis. Si después de todo eso alguien sigue viva y compitiendo, hay que preguntarse: ¿qué la sostiene? No es terquedad. Es estructura.

Con la muerte de Alberto Fujimori se cerró un ciclo. El anti fujimorismo profesional perdió a su tótem y hoy se queda sin libreto. Keiko, en cambio, aparece distinta: más serena, más centrada, más cuidada. Alguien la debe estar queriendo bien. Y cuando una persona es querida de verdad, se nota. Así funciona la química humana.

Miremos alrededor. El centro y la derecha ofrecen un catálogo preocupante: improvisados, ególatras, psicópatas funcionales, corruptos reincidentes y confundidos entre el mesianismo y un pseudo liderazgo con graciosas ofertas que van desde “no cobraré un sueldo”  hasta “refundaré el Perú desde el Titicaca.”

La izquierda llega peligrosa pero arrastra el desprestigio de los últimos cinco años, producto del desastre que ellos mismos incubaron en 2021. El país ya pagó esa factura y creo no tiene ganas de repetirla.

A esto se suma el cansancio general desde el 2011, frente a la manipulación política del sistema fiscal, judicial y policial. El hartazgo es transversal. Y en ese contexto, la “China” se coloca al centro del tablero.

Y hay un dato adicional que muchos prefieren ignorar: organización. Keiko tiene partido, cuadros, presencia nacional y disciplina electoral. Algo que no tiene nadie más. Ni siquiera el histórico APRA, hoy atrapado en disputas internas tan previsibles como estériles.

El escenario es claro. El Perú no elegirá en 2026 desde el miedo ni desde la rabia. Elegirá con la esperanza de cerrar una etapa de caos, improvisación y desgaste permanente. Y la opción más estructurada está ahí, visible y probada en la adversidad.

Si eso ocurre como cre, el país tendrá la oportunidad de encaminarse con inteligencia y sentido práctico hacia el 2030. Todo lo demás son inventos.

Parafraseando al buen Fernando Armas: “Ojo de loca, no se equivoca.”  Y esta vez, la intuición apunta a que el Perú puede —por fin—  empezar a caminar en serio. Ojalá.

[MIGRANTE AL PASO]  Hace unos meses, cruzando la pista, pasó un carro muy cerca a mí. Era una vía poco transitada y no se supone que debían pasar autos. Le dije: ¿qué te pasa?, levantando un poco la voz. Pero como dice mi madre: yo no hablas, ladras. Me pasa muy seguido que la gente cree que estoy molesto o gritando, pero en verdad no, es solo mi voz que lamentablemente no es muy amigable. Yo seguí avanzando, pensando que no pasaría nada, pero la persona se bajó del carro, me comenzó a gritar para pelearse y hasta me tiró una piedra pequeña. Hace algunos años probablemente hubiera respondido, esta vez me sorprendió más el nivel de furia de este señor. Era venezolano. Ahora soy un poco más meditativo, así que preferí entenderlo. Imagínense estar en un país ajeno, no porque quieres, sino que has escapado de una dictadura. Probablemente, tu familia tuvo que quedarse y no los ves hace varios años. De lo poco que ganas, tienes que mandarles la mitad o más. Encima de eso, te culpan de la inseguridad y la gente te trata mal porque no hay nada más fácil que culpar a un migrante hasta de problemas ajenos. Lo vemos en todo el mundo. Ellos han pasado por esto por más de 15 años y no solo en Perú. En todos los países de Latinoamérica, en Estados Unidos y más. Me imagino a mí en una situación similar y estoy casi seguro de que ser violento, iracundo y deprimido sería poco. Las cosas nunca son tan simples. De hecho, me parece peor reflejar tus propios problemas en gente que no tiene nada que ver. Sin embargo, lo que no entiendo es cómo pueden simpatizar con políticos de ideas radicales asquerosas y con gente común de a pie no muestran ni un poco de empatía solo por ser de otro país.

Este sábado en la madrugada las fuerzas armadas estadounidenses entraron a Venezuela en una operación impecable que demuestra su poderío militar y capturaron a Nicolás Maduro, el infame dictador. Lo celebro, obviamente. Es un ser despreciable y el mundo es mejor sin él. Si yo fuera venezolano también estaría bailando y festejando en las calles. Pero como externo hay muchas cosas que pensar. Por ahí vi en redes sociales a gente escribiendo que no hay que aprovechar tragedias ajenas para ir hablando de ideas antiimperialistas y más tonterías. Felizmente ya no uso redes. En ningún momento pensé en esto como derecha o izquierda, simplemente como un espectador que piensa sin influencias ridículas de nuestros llamados intelectuales. Felizmente, para mí no valen nada. Lo único que vi en ese día que regresé al remolino de idioteces llamado Instagram o TikTok fue a gente que no sé qué se cree para condenar opiniones solo por ser opuestas a lo que piensan. Pero bueno, la misma historia de siempre. Mi impresión fue un poco preocupante: la izquierda indignada llegando incluso a defender a Maduro, y la derecha alabando a Donald Trump, que a mi parecer no se aleja mucho de la maldad, o como quieran llamarlo, de Nicolás Maduro. Jamás verán en mis escritos algo como “viva Trump”. Igual tengo que dejar claro que estoy hablando de la peor calaña de ambas ideologías. Repasemos un poco de lo que dijo el presidente de Estados Unidos luego de la captura de Maduro.

  • “Vamos a gobernar Venezuela hasta poder lograr una transición segura y racional. No queremos que nadie se involucre”.
  • “Habrá presencia militar para asegurarnos de que la transición ocurra”.
  • “Si es necesario, estamos preparados para ir más lejos”.
  • “Vamos a reinvertir. Vendieron nuestro petróleo y tuvimos a un presidente que decidió no hacer nada. Nosotros decidimos hacer algo”.
  • “Necesitamos Groenlandia. Es muy importante estratégicamente”. “Esencialmente, es un gran negocio inmobiliario”.

En conclusión, Venezuela está bajo el poderío estadounidense hasta que termine la transición. Qué es para ellos que termine la transición, nadie sabe. Queda muy claro también que esta intervención no fue por su preocupación hacia el pueblo venezolano, más bien un interés desesperado por tener el control total del petróleo. La soberanía de un país no es algo con lo que se pueda jugar, seas quien seas. Esa intervención es escandalosa en ese sentido. Lo que diré a continuación es solo especulación y no una verdad, es simplemente una creencia. Yo creo que detrás de todo esto existe una coordinación con Rusia y, tal vez, otras potencias para hacer lo que les dé la gana con el mundo. Esta interferencia reduce a Estados Unidos casi al mismo nivel que Rusia en Ucrania. Hasta Marine Le Pen, una ultraderechista detestable, se opuso a lo sucedido. Ya para que Le Pen tenga más cordura es porque es preocupante. Ni siquiera hubo una aprobación del Congreso para este acontecimiento, por lo tanto es una acción totalmente autoritaria, para quienes hablan de democracia. Ahorita no es momento de celebrar, porque aún no se sabe qué va a pasar. Que Estados Unidos gobierne Venezuela me suena bastante a colonialismo, ¿no creen? En cuanto al petróleo y la mega inversión, dudo mucho que lo hagan gratis y eso se traduce en una deuda externa gigantesca que nadie sabe cómo va a ser pagada. Hay que aprender a observar más que mirar. Otra pregunta es qué pasará con los demás delincuentes que siguen incrustados en ese país. Vale la pena revisar la situación actual de los países en los que Estados Unidos intervino. La mayoría son un desastre, no creo que sea coincidencia.

En fin, estoy feliz por los venezolanos porque definitivamente van a tener un poco de libertad. Pero hay que mantenernos espectadores de lo que sucederá. Esto no es solo una pequeña intervención, sino una jugada geopolítica que afecta al mundo entero. Por más poder que tenga alguien, no tiene el derecho a hacer lo que quiera ni a soltar amenazas. Muy feliz por mis amigos venezolanos, pero preocupado por lo que pasará.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Su victoria, además, consolida las posiciones de la derecha global, muy especialmente de la latinoamericana y repercute en el Perú, ad portas de sus próximas elecciones generales de abril. Los variopintos candidatos libertarios de nuestro espectro político  estarán saltando en una pata.

De cara a la región, la presencia y el control norteamericanos sobre las reservas petroleras venezolanas- pues para Trump, esto nunca se trató de la democracia- generan un contrapeso a la aventura china iniciada en 2025 al inaugurar el puerto de Chancay. El error chino, más allá de las siempre amables palabras de XI JinPing, es no asociar su presencia en Sudamérica con ningún proyecto de desarrollo para la región, un puerto chino, solo un puerto chino, a fuer de sus pingües inversiones mineras. Entonces los herederos del Imperio del Dragón no tiene aliados en la región, solo observadores, solo expectativas, solo incertidumbres.

Europa es un eterno dilema. Humillada tanto o más que a finales de la Segunda Guerra Mundial, se muestra inerme. Depende tanto de los Estados Unidos que se ha convertido en un ente incapaz de cualquier iniciativa propia, al punto de que nadie se plantea firmemente una Europa sin americanos, una OTAN sin Estados Unidos, o la posibilidad de convertirse en una potencia cuatro o cinco veces menor en poder económico y militar pero con voz propia en el mundo. To be or not to be, sabias palabras de Shakespeare.

En España, siempre un tanto disparatada, se han escuchado las voces usualmente trasgresoras de Pablo Iglesias  e Irene Montero llamando a romper con Europa, con la OTAN, con el mundo. Es que en la península aún no se enteran de que su desarrollo económico, de los servicios y la infraestructura se los financiaron Alemania y Francia desde que se fundó la UE en 1993, ellos apuestan por la autárquica ínsula Barataria donde gobernaría, de seguro, una versión bastante alternativa y woke de Sancho Panza.

Vamos a las ideas, crecimos, crecí, en el antimperialismo yanqui, me revienta, lo rechazo, pero la idea del progreso estalló después de la Segunda Guerra Mundial. No existe eso de que cuanto más nos adentramos en el tiempo más superamos las taras del pasado, como los desembarcos de Marines yanquis y las obscenas dictaduras bananeras. Nada de eso, las armas serán más sofisticadas, pero el hegemón lo seguirá siendo, las oficinas públicas contarán con internet pero nuestras democracias son tan frágiles como en tiempos de la  fundación republicana.

Europa no puede, o no quiere, o se ha acomplejado tanto que ha perdido hasta el élan vital del que nos hablaba Henry Bergson hace un siglo. ¿Qué podrá América Latina? los pequeños pececillos siguen nadando despreocupados en el mar en el  que se alimenta el tiburón del imperialismo, las cálidas aguas del mar caribe, si hasta la analogía no nos lo parece ya tanto.

¿Es posible la Patria Grande? He seguido mucho a Haya de la Torre que dedicó su vida al proyecto de unir Indoamérica pensando que así podría equiparar fuerzas con el gigante del norte. En el concepto llevaba razón, pero no en la realidad: nunca nos pondremos de acuerdo. Más sensato es el camino solitario o las pequeñas o medianas alianzas sinérgicas, de interés. Más sensato es mirar a la minúscula Corea, examinar su milagro. No hablo de copiarla pero sí de inspirarnos en su ejemplo. Más sensato es ver a las naciones que cambiaron su destino porque un buen día tomaron la decisión de hacerlo pues en el mundo contemporáneo no existe otro camino para los peces chicos y nadie les prestará ayuda para convertirse en megalodones.

Breve actualización: Conforme a sus últimas declaraciones, a Donald Trump no le interesa la democracia en Venezuela. Ahora los venezolanos se quedan sin petróleo y probablemente con la misma dictadura pero sumisa a USA. El plan imperialista perfecto le ha funcionado a Trump y los defensores de una «invasión democrática» hacen el ridículo mundial. Lo que se viene es un protectorado norteamericano en el país llanero, ya sea directo con un gobernador gringo, o indirecto con un representante de la actual dictadura al frente. Edmundo González y María Corina Machado no son una opción. Diosdado Cabello podría convertirse en el próximo Anastasio Somoza regional. El asunto es que el petróleo le llegue rápido a USA y ya no más a los chinos. Si está es la lógica de Trump, solo queda esperar sus siguientes pasos en busca de recuperar la hegemonía perdida.

[Migrante al paso] Bourbon Street, New Orleans. El primero de enero del 2025 un terrorista en una camioneta atropelló a múltiples personas de la concurrida calle, mató a 14 personas y dejó decenas de heridos. Dentro del auto encontraron banderas de ISIS. Nos hospedamos en la misma calle. Es la más emblemática del barrio francés. Ahora todo el camino tiene banderas conmemorativas por eso. Celebraciones, música callejera, olor a marihuana, bares de jazz y blues, borrachos y locos caracterizan esta zona; a muchos les puede sonar como algo malo, pero es bastante atractivo y encantador. Si esta semana había una multitud de gente, imagínense en año nuevo.

Las casas y hoteles con arquitectura francesa y española del siglo XVIII crean un ambiente pintoresco, agradable para pasear. Ahí se fundó la ciudad por ser el lugar más alto. En el 2005 el huracán Katrina arrasó con todo, los diques se rompieron y se inundó la mayor parte de la ciudad, menos ese pequeño barrio antiguo. Hasta el momento es mi ciudad favorita de Estados Unidos, pero no conozco todas. Me parece la más rica en cultura e historia. A solo cuatro cuadras a la redonda encuentras la herrería y bar prohibido de Jean Lafitte, uno de los piratas más conocidos. También la casa de Marie Laveau, la reina del vudú; por lo que averiguamos en el viaje y lo que he investigado, debe ser uno de los primeros ejemplos de empoderamiento femenino en toda América, me refiero a la verdadera, no a Estados Unidos. Muy cerca, uno de los primeros bares gay donde comenzaron movimientos pioneros de resistencia por sus derechos. Hasta un club de vampiros en el segundo piso de un bar de jazz. Me dio risa cuando el guía nos contó que tenía cuatro amigos vampiros. Es gente que le paga a otros para tomar cada cierto tiempo su sangre; una locura, pero por lo menos no le hacen daño a nadie. Hay cosas normales que son más terribles.

Al igual que el vudú, que es una mezcla del cristianismo europeo con el animismo de las religiones indígenas y los ritos y herencias culturales africanas que llegaron junto con la esclavitud, New Orleans celebra esa mixtura. El gumbo, su plato típico, representa lo mismo: es una sopa que acepta el ingrediente que quieras. La historia de esta ciudad siempre ha sido una de resistencia y lucha por los derechos. Al norte del barrio francés está el parque Armstrong, antiguamente conocido como la Plaza Congo, donde se reunían los esclavos a comerciar y hacer sus ritos antiguos los domingos. Fue en esta ciudad donde comenzaron los derechos a los esclavos. Caminando por ahí pasas por el mismo árbol de roble sagrado al que le rezaban. Cuando pasamos, había cigarros, frutas, caramelos, chupetes; son ofrendas para los espíritus. Esa religión se mantiene hasta hoy. La tumba de Marie Laveau tiene flores y regalos todos los días del año. Ella rescataba niños huérfanos y los adoptaba, compraba la libertad de esclavos y curaba enfermedades de quienes lo necesitaban. Muy diferente a lo que te ponen en la cultura pop.

Estas historias te hacen cuestionar cuál es la verdadera naturaleza del humano. Lo único que sé es que definitivamente no somos buenos solo por ser humanos. Fuimos a una hacienda de cultivos a las afueras. Las casas de los esclavos, por llamarlas así, parecían celdas para animales. En un espacio de cuatro metros cuadrados vivían diez personas. Lo más lamentable es que actualmente mucha gente sigue viviendo en esas circunstancias. Por eso cuando me dicen “esto está bien porque es la ley” pienso o que nunca han leído un libro en su vida, o que les han lavado tanto el cerebro que simplemente ya no vale la pena hablar con ellos. Peor es cuando dicen “uno es pobre porque quiere”, ahí sí creo que se golpearon la cabeza de chiquitos.

Este problema se mantiene. El racismo y la discriminación no paran. Es más, parece que va en aumento. Todas las políticas inmigratorias que se están llevando a cabo en Estados Unidos con los agentes salvajes y embrutecidos del I.C.E. es un ejemplo perfecto. También está sucediendo en Europa. En Perú, un candidato regordete con más cachetes que cara se copia de las estrategias trumpistas para conseguir votos, una estrategia que consiste en hablar estupideces y mentiras para culpar a inmigrantes de lo que sucede; y no solo hay uno. Eso también es un ejemplo de racismo y discriminación. En fin, qué se puede esperar de alguien que admite autoflagelarse en nombre de Dios; lo que no entiendo es que haya gente que lo siga. Parece que las personas están involucionando.

Cruzando el parque Armstrong, nombrado en honor al famoso cantante y músico de jazz, está el barrio de Treme. Un ícono de la cultura afroamericana por ser uno de los primeros lugares donde permitían que los afroamericanos compren propiedades. Ahí nació el jazz e incluso era usado como documentación oral. Muchos historiadores han usado las letras de las canciones como documentos. En una esquina puedes ver a los líderes de cuatro clanes vudú. La religión no es muy distinta a lo que sucedió en Perú con la conquista española. Por último, también existe una palabra muy usada proveniente del quechua. A veces te dan una ostra extra o una pieza de pollo extra y te dicen Lagniappe, que deriva de la famosa yapa. Feliz año para casi todos; a Trump y a los agentes de I.C.E. que les vaya fatal en este 2026.

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