aprobación

Luego de 100 días en el gobierno (aunque varios se pregunten si es así), la administración Castillo se muestra estable frente a la opinión pública. No hay elementos de juicio para pensar que frente a lo que opinaba la población peruana al inicio de su gobierno, se ha generado un cambio relevante en sus indicadores de aprobación / desaprobación.

De acuerdo con la última encuesta del IEP, la fluctuación del indicador de aprobación del presidente Castillo no ha sufrido una diferencia relevante con respecto a sus cifras de agosto. Apenas 3 puntos de diferencia, que en la prueba de intervalos de confianza no marca diferencias significativas.

¿Por qué esto es relevante? Porque nos habla de una lógica de estabilidad en un país que está bastante polarizado. Si bien la aprobación de Castillo es más baja a estas alturas que la de sus predecesores, éstos ya venían experimentando un declive muy significativo en sus cifras como veremos más adelante.

Donde parece haber movimiento es en los sectores que respaldan esa aprobación, aunque allí sí es pronto para poder determinar bastiones perdidos. Recordar que las bases por segmento en cada encuesta ya son pequeñas y por lo tanto los movimientos hay que tomarlos con pinzas. Aun así, lo que se ve es que donde más está perdiendo apoyo el presidente Castillo son el sur del país (-16%), en el centro (13%), lo rural (-14%), el NSE DE (-8%) y jóvenes (-10%)¹. Todas estos sectores que anteriormente significaban la base más sólida del apoyo gubernamental. 

¿Qué puede estar pasando allí? Hernán Chaparro hipotetiza el martes en su columna semanal que “los resultados de la encuesta del IEP indican que el capital político de la identificación ya dio todo lo que pudo y que ahora lo que está en la agenda ciudadana es la gestión.”² Es decir, que ya lo simbólico de la oferta castillista llegó a su techo y si no comienzan los resultados concretos el gobierno entrará en un agujero negro en el que la vacancia podría empezar a tener un significado relevante para la mayoría. En la misma línea opina Juan de la Puente en su balance de los 100 días, cuando señala que: “La más grande de las intuiciones que guían a Castillo es su simbolismo, una de las cinco representaciones en el modelo de Hanna Pitkin. No obstante, se acaba el tiempo de lo simbólico”³. Sin embargo, creo que hay un punto que los analistas no están tomando en cuenta para evaluar la caída en estos segmentos de la aprobación: El potencial sentimiento que puede generar el cambio de orientación del gobierno hacia una izquierda algo más moderada. 

El cambio de PCM, reemplazando a Bellido por Mirtha Vasquez, generó una reacción inmediata en los segmentos señalados. Especialmente en los geográficos (sur y centro), que son los centros relevantes de la votación y aprobación que ha tenido Castillo hasta el momento. 

La llegada de Vasquez a la PCM y sus implicancias en su alcance puede haber resentido la aprobación de estos sectores que podrían empezar a sentir algo a lo que el gobierno debería prestar especial atención: la percepción de ser más de lo mismo, de una esperanza frustrada. El siguiente cuadro muestra la diferencia entre lo que fue la aprobación a Bellido en sus primeros días de gestión con la aprobación a Vasquez en su nombramiento:

Aprobación PCM

Claramente, allí donde era fuerte Bellido cae Vásquez, especialmente en zonas geográficas. Va a depender de la Premier y del gobierno en general el poder hacer que la lógica que guio a esos segmentos a apoyar a Castillo y Bellido se mantenga ahora que la facción radical de Perú Libre parece que se fue a la oposición. Por ahora, parece un lío de percepción más ideológica que real. Pero eso no quita que se requiere de acción concreta y de comunicación de dicha acción. El éxito del gabinete Vásquez estará en la posibilidad de representar realmente ese cambio pedido y esa atención requerida por los olvidados de siempre. Mirtha Vásquez ha señalado que su gestión es y será de izquierda; desde el ala cerronista le responden que ellos son la verdadera izquierda. Momento de definición entonces. 

Paréntesis: lo que llama poderosamente la atención es que en general, las encuestas que aparecen -a excepción de la de IEP- no preguntan jamás por algo positivo relacionado con el gobierno. Sólo se hacen preguntas con mención a temas polémicos o en los que claramente la opinión pública va a estar en contra, con preguntas que realmente son para usar en una clase de “cómo no preguntar”. Abiertamente, cuestionamos: ¿cuál es la aprobación de la política de vacunación del gobierno, por ejemplo? Y la respuesta resuena en el vacío. Nunca se ha vivido de parte de la mayoría de las encuestadoras tanta falta de información. Algunos colegas señalan que es porque el cliente paga por lo que el quiere preguntar. Hay un sentido ético que tenemos que revisar entonces.

Volviendo a los indicadores, la aprobación del Congreso aparece como uno que refleja la polarización que tenemos hoy en el país, pues se hace en contraposición al gobierno y se compara para ver quién está mejor y quién peor. La verdad es que el parlamento nacional sale peor que el mismo gobierno. Sin embargo, esto puede ser engañoso si seguimos viéndolo como un todo.

Las zonas con mayor desaprobación del Congreso son Lima (78%) y el sur (80%). Los extremos al momento de evaluar al gobierno se juntan en su evaluación al Congreso. ¿A qué se debe? A expectativas diferentes. Mientras que unos esperan que el parlamento sea más ágil para promover la vacancia y taponee toda iniciativa que venga desde el Ejecutivo, los otros pueden estar esperando mayor promoción de leyes que beneficien las regiones o en general se alineen más con una perspectiva de izquierda. Por lo que es difícil poder evaluar la alta desaprobación parlamentaria de manera monolítica. E incluso en la votación de investidura se pudo notar un eje Lima – No Lima que posibilitó que algunos congresistas de Renovación Popular o Avanza País que vienen de provincias terminaran dándole su voto al gabinete.

Comparando momentos

¿Fueron tan diferentes los momentos de Castillo con los momentos del otro presidente que en la historia reciente fue considerado de izquierda, como lo fue el de Humala? Pues hay más coincidencias de las que se cree. No hay que dejar de notar que el gobierno de Castillo y el Parlamento hoy tienen las cifras más bajas de los últimos gobiernos. Pero en tendencias la cosa viene pareja.

100 días de Humala

Si bien la aprobación de Humala era superior (en noviembre alcanza 56% de respuestas positivas a su gestión), lo cierto es que estaba en declive. En septiembre el indicador de aprobación de Ipsos le daba 65% y en octubre 62%. 9 puntos menos en dos meses. Bastante importante.

Cuadro 1: Tendencias de la aprobación presidencial en los tres primeros meses de gestión 2011 / 2016 / 2021

aprobación-presidencial

Fuentes: Ipsos (2011, 2016), IEP (2021)

El Congreso, muy similar a lo que se tiene hoy. Solo el 24% lo aprueba en noviembre de 2011, perdiendo 16 puntos de aceptación desde septiembre. Su indicador de desaprobación era 66%. En declive también, igual que ahora.

Tampoco estuvo ajeno a los escándalos y símbolos de descomposición desde sus esferas más cercanas. Recordemos el affaire Chehade que hizo que antes de los 100 días el gobierno se quedara en la práctica sin su segundo vicepresidente y con el ala oficialista resquebrajada. El caso Chehade, acusado de interferir con la policía para que beneficie al grupo Wong desalojando una azucarera, fue interpretado como un cisma en el gobierno, generando una crisis política importante.

Pero además, si bien es cierto que Humala no tuvo una crisis de gabinete en los 100 primeros días, su primer presidente del Consejo de Ministros le duró solo 4 meses, tiempo en el que Lerner le cedió la posta al Valdés un militar en retiro que venía del ministerio del Interior. Tampoco fue un gobierno armonioso. El detalle es que su gobierno priorizó dar los sectores productivos a ministros más liberales (Castilla en Economía es un ejemplo de esto), mientras que los de desarrollo social a una corriente más de izquierda (García Naranjo en Mujer)

Cuadro 2: Tendencias de la aprobación congresal en los tres primeros meses de gestión 2011 / 2016 / 2021

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Fuentes: Ipsos (2011, 2016), IEP (2021)

100 días de PPK

En el caso de PPK la figura es similar. En noviembre de 2016 su aprobación aún estaba en positivo (51%), pero había perdido 12 puntos desde septiembre que alcanzó 63% de aceptación a su gestión. Asimismo, solo 37% aprobaba la gestión del Parlamento. En septiembre de dicho año alcanzaba el 46%, una caída de 9 puntos en su aprobación.

PPK tuvo un gabinete más estable y trató de seguir la lógica de Humala, con ministerios productivos más “de derecha” y ministerios sociales más de “izquierda”. Lo que no tuvo estable fue la relación con el Congreso de amplia mayoría fujimorista. Las constantes amenazas de censuras y los juegos políticos que se armaron terminaron pro hacer del suyo un gobierno muy inestable y fusible.

¿Qué viene ahora? Una calma muy corta, esperando lo que la Premier pueda ofrecer con un gabinete renovado y que requiere tal vez un par de ajustes más. Y estar a la expectativa de cómo la opinión pública va describiendo sus adherencias.

 


¹Diferencia tomada entre septiembre y octubre en la encuesta de opinión del IEP. En: https://iep.org.pe/wp-content/uploads/2021/10/Informe-OP-Octubre-2021-completo.pdf

²En: https://larepublica.pe/opinion/2021/11/02/que-tiempos-aquellos-por-hernan-chaparro/

³ https://www.patamarilla.com/2021/11/la-ultima-confianza-castillo-a-los-100-dias/

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Cae la aprobación de Castillo de 40 a 35% en un mes, y su desaprobación crece de 42 a 48%, según la última encuesta del IEP publicada hoy en La República. Un desastre político por donde se le mire. Es claro efecto de los dislates y contramarchas de un Primer Mandatario, a quien el cargo definitivamente le ha quedado grande.

El país se puede volver prontamente ingobernable si el Ejecutivo, de la mano de Mirtha Vásquez, cuyo gabinete tiene mayor respaldo que el Presidente (43%), no traza un plan de políticas públicas claras y rotundas que compensen el rumbo errático y contraproducente del Presidente.

Ya vemos cómo empiezan a estallar conflictos sociales en distintas zonas del país, por ahora enfocadas contra inversiones mineras, pero ya se anuncian protestas de diversa índole; la economía no tiene cómo crecer más del 2% anual, a partir del 2022 (tasa insuficiente siquiera para absorber la nueva mano de obra que entra al mercado), y se generará mayor desempleo, menor inversión y, por ende, mayor pobreza; la política se va a seguir enrareciendo: por pura sensatez de la oposición congresal lo más probable es que le otorguen la confianza al gabinete Vásquez, pero no hay puentes tendidos por parte del Ejecutivo y las relaciones entre ambos poderes probablemente se sigan deteriorando.

Si a ello le sumamos que pronto viene la tercera ola pandémica, y nos cogerá nuevamente sin la preparación debida, en camas UCI y oxígeno, otra vez se generará en el país la tormenta perfecta de crisis (sanitaria, económica, política y social), que ya hizo que el país patease el tablero electoral y eligiese a un candidato disruptivo antiestablishment y que, ahora, ya con el outsider en el poder, arremeterá con furia por la decepción de un gobierno mediocre a todas luces. Y ya no habrá elecciones para desfogar el malestar ciudadano.

El riesgo de un estallido social, a lo Chile o a lo Colombia, no lo corren solamente los gobiernos de derecha. También lo han sufrido gobiernos de izquierda (Venezuela, Bolivia, Ecuador de Correa en su momento, etc.), y como vamos, nos conducimos a pie firme hacia un escenario proclive a ese estado de cosas. Por pura incompetencia de un gobierno signado por la medianía y la improvisación.

La del estribo: recomendable Dos de Ribeyro (Confusión en la prefectura y El último cliente), dos obras teatrales de nuestro notable cuentista, bajo la dirección de Alberto Isola y las actuaciones de Javier Valdéz, Sandra Bernasconi y Roberto Ruiz. Va todo el mes, de viernes a domingo, en el entrañable Teatro de Lucía.

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