[OPINION] Murphy no pensó en el Perú, pero el Perú decidió rendirle homenaje permanente.

La política peruana se ha convertido en el laboratorio ideal para confirmar su teoría. La elección del nuevo presidente del Congreso —y por arrastre, presidente eventual del país— es la prueba más reciente. Cuando uno cree que ya se tocó fondo, aparece una pala institucional y alguien decide seguir cavando.

Un comunista cuestionado, sancionado y reciclado de un partido que nos metió de cabeza y patas en esta crisis —con un expresidente preso por intento de golpe— vuelve al escenario. Mediocridad y extremismo avanzando de la mano, sin pudor y sin memoria. Esta vez, además, impulsados —según señala la congresista Moyano, intuyo que con razón— por el cálculo frío del señor Porky. El empático. El visionario. El que sueña con convertir al Perú en potencia mundial mientras incendia el presente.

El cálculo es simple y profundamente irresponsable: provocar el caos para luego venderse como la alternativa “ordenada”. Gran error. Cada día que pasa, este personaje muestra más las garras, genera más rechazo y erosiona incluso a quienes, por moda o conveniencia, lo defendían. Llegará el día —no tan lejano— en que hasta mis tías de San Isidro despierten y retiren ese apoyo tan fervoroso como inexplicable.

Lo preocupante no es solo el personaje, sino el ecosistema que lo sostiene: la política convertida en circo, el oportunismo elevado a estrategia y la irresponsabilidad presentada como audacia. Todo bajo aplausos, likes y slogans vacíos.

Y entonces uno mira atrás, no con nostalgia ingenua sino con sana comparación. Belaunde, Víctor Raúl, Bedoya Reyes, Cornejo Chávez, Alan García y Alfonso Barrantes —con todas sus luces y sombras— son gigantes frente a esta procesión de enanos improvisados.

Murphy tenía razón.

Y nosotros, como siempre, pagamos la demostración.

Dios nos coja confesados.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Hace tres décadas y media, con bombos, platillos, y sobre las ruinas del socialismo real, se advinieron, tomados de la mano, la globalización y el neoliberalismo económico. Pero centrémonos en la primera de entre ellos: la globalización nos planteó a los seres humanos un mundo feliz sobre la base de la interconectividad virtual y financiera. De este modo, todos comercian con todos y todos resultan ganadores en la jugada.

El neoliberalismo ingresa en la ecuación a través del manejo de los mercados mundiales para que fluya la globalización: bajos aranceles o cero aranceles, cero trabas al comercio de mercaderías de un extremo al otro del planeta tierra y la OMC convertida en la gran gendarme global: si te sales de las reglas te ponen tarjeta amarilla, a la segunda se expulsan de sistema.

Tres o cuatro décadas después, el sistema no resultó ni tan perfecto, ni tan bienhechor: reducida al mínimo la participación y fiscalización estatal, las grandes multinacionales tomaron el control del comercio mundial y se convirtieron en las grandes triunfadoras de la globalización. La riqueza se multiplicó n veces pero su redistribución solo convirtió  a dichas empresas en mórbidos obesos de un sistema que solo favorece a unos pocos.

Luego, en medio de estos cambios, la geopolítica mundial tampoco logró asentar un Nuevo Orden Mundial como aquellos que nos otorgaron cierta estabilidad en tiempos de la Guerra Fría: nos amenazaban las bombas atómicas, pero sabíamos cómo se dividía el mundo, quién era quién en el concierto de las naciones.

Fue entonces que, al iniciar la década milenio (2000-2010) Estados Unidos vio súbitamente amenazada su supremacía económica mundial por la vertiginosa emergencia china, a un ritmo que no deja de acelerarse y que, sencillamente, los norteamericanos, ni tienen como detener, ni cuentan con el desarrollo suficiente como para competir.

La batalla por el dominio del mundo está perdida para USA, pero no para su presidente Donald Trump y la imponente US Army, desde lejos, la más poderosa del mundo. Y vinieron las subidas de los aranceles, algo así como tapar con un dedo al sol del ingente comercio asiático en pleno auge de su conquista planetaria. La invasión a Venezuela, básicamente para agenciarse todo el petróleo del país llanero, aumentarlo a su propio caudal, e intentar perjudicar a chinos y rusos, sus habituales compradores, es otro manotazo de ahogado.

Y ahora Chancay. La ola ya se venía venir, pues ninguno de nosotros se cree en verdad a un Trump tan zalamero con el Perú, país que tiene poco que ofrecerle y al que despreciará del mismo modo como desprecia prácticamente a todos los países en vías de desarrollo y, lo que es peor, a su gente. Pero el tema es que aquí está Chancay, el gran puerto chino en el Pacífico sudamericano, que conecta directamente con el inconmensurable puerto de Shanghái. La ecuación no acaba allí, los chinos terminarán construyendo un moderno ferrocarril desde Chancay a algún puerto en el Brasil y, de este modo, la vuelta al mundo del comercio del Imperio del Dragón se habrá completado y la guerra, que ya tiene un ganador, finalmente habrá concluido.

Pero, súbitamente, Estados Unidos, que acaba de invadir Venezuela y enarbolado la doctrina Donroe, se proclama defensor de los países débiles y fiel escudero de los atentados en contra de su soberanía. Este es el cao del puerto de Chancay, precisamente. Para nadie es un secreto, que, con o sin Ositran, este es un puerto chino, que responde a intereses chinos, y todavía no sabemos a ciencia cierta cómo se beneficia el Perú con el atemorizante monstruo de hierro y concreto que observa indiferente el lugar donde, algún remoto día se septiembre de 1880, hundimos a la Covadonga, no en combate, sino con un atentado.

En fin, la globalización consistía, en teoría, en que todos comerciaban con todos y vivían felices para siempre. Después se trató de que las multinacionales podían expandirse por donde quisieran, sin interferencia estatal, inclusive supervisada por la OMC. Estados Unidos promovió ese Nuevo Orden Mundial hasta que China lo aprovechó mejor y los superó ampliamente, entonces no les convino más y le plantean al mundo un esquema como el que llevó a la Primera Guerra Mundial: cada uno cuida y monopoliza sus materias primas, cada uno cuida y monopoliza sus mercados.

Chancay es el símbolo del fin de la Globalización. Los países ya no deben comerciar libremente, deben someterse a imperios económicos, como se sometieron desde el último tercio del siglo XIX. Para Trump el continente americano debe volver a ser el área de influencia natural de expansión del imperialismo yanqui. En ese esquema, el puerto chino, porque chino es, de Chancay, no tiene cabida. La globalización acaba de terminar.

[Música Maestro] ¿Por qué Bad Bunny no representa «lo latino»?

Porque «lo latino» es mucho más que eso. Y es mucho más de lo que las dos últimas generaciones de latinos piensan y sienten respecto de sí mismos. Más allá de discusiones sobre opiniones y/o gustos musicales, siempre infructuosas, es necesario entender que actualmente lo que el mundo globalizado e hiper conectado conceptualiza como «latino» es una combinación de un 20% de cuestiones auténticas -idiosincrasias, tradiciones familiares, símbolos artísticos/culturales- y un 80% (acaso más) de manipulación y alteración de esos componentes para facilitar el consumo masivo en latitudes ajenas a las nuestras a través de la masificación de estereotipos. Y eso aplica también, de manera más específica, a los portorriqueños.

Hace algunos años, en familia, participamos de un tour por Tierra Santa, con una de las primeras paradas en Egipto. El paquete incluía una cena informal tras la visita a las fantásticas pirámides de Giza. El grupo tenía alrededor de veinte personas y nosotros éramos los únicos latinoamericanos. Sabedor de ello y sin decírselo a nadie, el guía hizo arreglos con el restaurante para que nos recibieran con una melodía representativa de nuestro continente como detalle especial por haber llegado desde tan lejos. A más de doce mil kilómetros de Lima, al administrador del local no se le ocurrió otra cosa que poner, a todo volumen, el hit del momento: Despacito, del portorriqueño Luis Fonsi.

Todos los integrantes del grupo, en su mayoría angloparlantes de la tercera edad, se emocionaron al escuchar el golpeteo monótono de ese reggaetón de moda y nos miraban, haciéndonos gestos para que bailáramos -porque asumían, seguramente, que lo haríamos perfectamente bien-, mientras que nosotros, los supuestamente agasajados, comentábamos entre risas y en el castellano que nadie más podía entender: “¿hemos hecho este viaje tan largo y agotador para escuchar esta vaina que no soportamos ni en casa?” Por supuesto que el periplo valió la pena por las inolvidables maravillas que conocimos, pero hubiera sido mucho mejor ser recibidos con una salsa de El Gran Combo o una peruanísima marinera norteña. Era mucho pedir.

La percepción de lo latino y sus cambios

La pequeña anécdota familiar que acabo de contar -que aun nos hace reír al recordarla en sobremesas- puede ser leída de dos formas. Una ligera, superficial, que se apura en resaltar el impacto cultural, la fama y lo lejos que ha llegado el reggaetón, asumiéndolo como un valor en sí mismo –“¡manya… Despacito en El Cairo, Luis Fonsi es un crack!”, un signo de los tiempos.

La otra mirada va un poco más allá para comprender que el éxito innegable de esa canción y lo que representa es resultado del reduccionismo de lo latino -hablando solo de la industria cultural y de entretenimiento, sin fijarnos en la amplia problemática de lo que significa la migración latinoamericana en términos de fuerza laboral- digitado a través de los años desde la subcultura pop norteamericana (el cine, la farándula, las músicas de moda) y que, poco a poco, se ha ido degenerando hasta niveles inaceptables para las personas de bien.

De Carmen Miranda y Desi Arnaz, en los cincuenta y sesenta; a Santana y la Fania All-Stars en los setenta; las fiestas de la Calle 8, Miami Sound Machine en los ochenta y el posterior imperio Estefan en la década siguiente. El común denominador fue siempre el mismo, “lo latino” es música para bailar y enamorarse, sinónimo de un ritmo y una sensualidad irresistible e imposible de entender para los públicos norteamericanos y europeos, condenados a caer rendidos ante la seducción, el exotismo, la calentura.

Nada más gracioso, en ese sentido, que ver a un gringo tratando de bailar salsa, a una pareja norteamericana ensayando torpemente el tango para su matrimonio o a un discriminador europeo perdiendo la cabeza por una mujer latina.

La superficialidad sensorial como mercancía

En ese período de casi cinco décadas, la personalidad “hot” de lo latino en EE.UU. y Europa mantuvo siempre, hablando de música popular, unos niveles de calidad óptimos. En géneros como el bolero, la salsa o el latin-jazz, la excelencia iba por delante, sin disociar sensualidad de elegancia. Y en cuestiones más comerciales como los primeros exponentes de latin-pop, en la década de los noventa, si bien ya empezaban a aparecer propuestas musicales y artísticas menos pulidas, con un enfoque meramente exhibicionista, algunos artistas aun respetaban ciertos parámetros para no caer en el mal gusto.

El reggaetón y el trap, en el siglo XXI, quebraron absolutamente todo lo anterior para imponer lo grotesco y vulgar como nuevos sinónimos de la latinidad, hasta convertir las manifestaciones más animalescas de pulsiones superficiales en una mercancía poderosamente comercial, como demuestra plenamente la vigencia y fama global de personajes como Bad Bunny, Shakira, Daddy Yankee, Karol G y sus cientos de clones.

Pero, además de eso, todos estos exponentes de la vulgaridad asolapada en un género musical extremadamente popular y de discutibles valores artísticos, gozan de un inmerecido ascenso social, pues hoy son aceptados de manera transversal por toda clase de público y son considerados, tanto por las masas como por ciertos sectores de la crítica especializada y hasta académica, como líderes de opinión y embajadores de ese orgullo latino que pisotean y usufructúan desde hace veinticinco años.

Estos géneros, nacidos en Puerto Rico -aunque según el productor Rodney S. Clark, más conocido como “El Chombo”, fue en Panamá- poseen una impresionante capacidad para generar millones de dólares con cada insulto a la inteligencia auditiva, con cada video en el que se valida socialmente el soft-porn como elemento constitutivo de la nueva idiosincrasia latina, y su presencia es obligatoria incluso en el sonido de artistas latinos de otros géneros, nuevos o consolidados, que aspiren a algo de notoriedad.

Y ahora, con la presentación políticamente cargada y pertinente de Bad Bunny en el Super Bowl, ciertos sectores de las masas han asumido, sin separar la paja del trigo, que esa supuesta representatividad es contundente e incuestionable.

Puerto Rico, ala que cayó al mar…

El cantautor cubano Pablo Milanés (1943-2022) escribió en 1979 una canción llamada Son de Cuba a Puerto Rico, que sirvió además como título para su séptima producción discográfica oficial. En su letra, el célebre exponente de la nueva trova hace una arenga al pueblo portorriqueño a no retroceder en su búsqueda de independencia y usa una acertada metáfora en la que ambos países “son de un pájaro las dos alas”.

Durante años se creyó que “la voz amada” que dijo eso, mencionada por Milanés, era de José Martí (1853-1895), símbolo cubano de la educación y el patriotismo. Sin embargo, la frase pertenece a un poema titulado A Cuba, escrito por la periodista boricua Dolores “Lola” Rodríguez de Tió (1843-1924). En los años noventa, este profundo canto de hermandad entre dos países caribeños golpeados por los Estados Unidos fue convertido en una elegante salsa por el sonero cubano Isaac Delgado, para su disco Con ganas (1994). Nunca sonó en las radios.

Como sabemos, a finales del siglo XIX Puerto Rico pasó de ser una colonia del imperio español a ser posesión de los Estados Unidos, a través de una invasión y posterior reactivación de un decreto real de la época que le permitió anexar la isla del encanto a sus dominios. Sus habitantes tienen la nacionalidad norteamericana desde 1917. Aun cuando no tiene voto congresal y el poder local es ejercido por un gobernador -actualmente es una mujer, Jenniffer González-Colón- el presidente de Puerto Rico es, sobre el papel, Donald Trump. Los portorriqueños tienen absoluta libertad para entrar y salir del país del Tío Sam y ninguna ley contra migrantes debería afectarles.

El Super Bowl y su sobredimensionamiento

La comentada actuación del reggaetonero en el Super Bowl se hubiera enriquecido mucho si colocaba, en su segmento salsero, esa canción que plantea “volar con el machete en las alas”. Por cierto, esa sección que incluyó una versión alterada de Un verano en Nueva York, salsa clásica de El Gran Combo grabada en 1975 -más de cincuenta años atrás- fue, de lejos, lo mejor de esa tortura auditiva a la que nos sometió y que, a pesar de su cacofonía sonora y mensajes visuales entremezclados -tradiciones familiares con elencos de bailarinas retorciéndose como si estuvieran en un nightclub para camioneros trumpistas- todos nos vimos en la obligación de apoyar.

Pero lo suyo, además de ser una protesta 100% valiosa políticamente -solo pensar en la cara de Trump y sus amigotes al verlo en vivo y en directo, con el bosque de banderas de Centro y Sudamérica detrás suyo, la justifica de principio a fin-, también ha sido un nuevo golpe de efectos publicitarios inmensos para su carrera, para sus ventas y su (ya no tan) nuevo perfil como personaje influyente.

Después de todo, sus ininteligibles canciones fueron oídas y vistas por una gran masa de televidentes alrededor del mundo -más de 140 millones- además de los casi 80 mil espectadores que ese día abarrotaron el estadio Levi’s de California, sazonadas con un par de apariciones invitadas (Lady Gaga y Ricky Martin). Es cierto que alias “conejo malo” llena escenarios por sí solo desde hace ya varios años, pero nunca viene mal una campaña publicitaria gratuita para seguir ganando millones, reciclando simbologías y aprovechando una coyuntura difícil para las masas de migrantes amenazados por las medidas xenófobas y racistas que todos vemos con estupor, para consolidar su posicionamiento como líder de opinión y de la resistencia.

El eterno sabor de la música de Puerto Rico

Todo lo que conocemos como “salsa” proviene, esencialmente, de la lectura que migrantes caribeños asentados en barrios neoyorquinos hicieron de la gran familia de ritmos bailables que llegaron desde la Cuba precastrista. Aunque fue un locutor venezolano, Fidias Danilo Escalona, quien usó por primera vez el término, la virtuosa generación de músicos y cantantes “nuyoricanos” -portorriqueños nacidos en Estados Unidos- encabezada por Ray Barretto, Willie Colón, Richie Ray, Bobby Cruz, Ismael Miranda, entre otros y liderados por el flautista y compositor dominicano Johnny Pacheco, impuso el vocablo para identificar al nuevo género.

De allí para adelante, Puerto Rico es el país que más artistas ha contribuido al desarrollo de la salsa. Las vertientes cubanas, más orientadas al jazz latino, trataron en décadas posteriores de recuperar su espacio con una forma conocida como “timba”, reconocible por sus arreglos para metales, sus poderosas secciones de percusión y sus estentóreos y, muchas veces, desordenados, coros masculinos. Aunque son subgéneros hermanos, el oído entrenado reconoce a leguas la diferencia entre la salsa cubana y la portorriqueña. Y las preferencias del público son claras.

La salsa portorriqueña, representada por pesos pesados como Héctor Lavoe, Willie Colón, La Sonora Ponceña, Raphy Leavitt & La Selecta, Luis Ángel Canales, El Gran Combo, Carlos “Cano” Estremera, Ismael Rivera y un larguísimo etcétera pertenecientes a sus años formativos, es la favorita por su sentido barrial, sus mensajes alegres, positivos y románticos que combinan orgullo, identidad y buen ánimo de cara a la vida, sin importar las dificultades.

La generación de “salseros sensuales” -con Eddie Santiago, Willie González, Lalo Rodríguez, Frankie Ruiz, Gilberto Santa Rosa, como cabezas de serie- recogieron ese legado y lo actualizaron para el público juvenil de las décadas siguientes, conformando un cuerpo sonoro extenso y multiforme. Marc Anthony y Jerry Rivera son, a grandes rasgos, los dos últimos representantes del sonido boricua genuino, con fuertes anclas en los ritmos cubanos que le sirvieron de base, prolongación de lo que se conoció en el pasado como salsa dura.

También hay salseros de otros países, como por ejemplo Rubén Blades (Panamá), José Alberto “El Canario” (República Dominicana), Óscar de León (Venezuela), quienes también han sido fundamentales en el desarrollo del género y alcanzaron fama mundial. El caso de la salsa colombiana, con nombres como Fruko y sus Tesos, Grupo Niche, Joe Arroyo o Los Titanes, es especial pues introducen en el armazón básico de la salsa, elementos muy reconocibles de su propio país, configurando un crisol de influencias afrolatinas, caribeñas y americanas (como diría el recordado locutor y olvidable político Luis Delgado Aparicio Porta, “Saravá”), sin perder de vista la preponderancia del sentir portorriqueño en esta música.

Cuando Bad Bunny usa algunos de estos elementos en sus grabaciones y presentaciones públicas -pienso, por ejemplo, en su Tiny Desk para la NPR estadounidense- se siente el disfuerzo, el uso comercial, como si fuera una autoapropiación cultural, si tal cosa es posible.

Críticas facilistas en las redes

Como siempre ocurre en estas situaciones polarizadoras, las barras bravas defensoras de todo lo actual salieron con la pierna en alto para demoler a quienes no se plegaron al coro monocorde de halagos dirigidos al nuevo líder de la revolución latina. “No se conviertan en aquello que alguna vez criticaron” publicó una vieja gloria del punk peruano. “Bad Bunny no resuelve la controversia pero hace visible lo innegable, que los latinos son parte de la vida estadounidense”, publicó otro líder de opinión online. Por mucho que esta clase de comentarios tengan algo de sentido, no pasan de ser cuestiones menores, casi irrelevantes frente al asunto principal que se configura en esta problemática.

Esto no se trata de criticar “los gustos de los jóvenes”, una visión unidimensional y chata del problema. Se trata de comprender que, así como hoy tenemos 36 candidatos al sillón presidencial y así como una gavilla de pederastas controla las redes sociales del mundo, también los gustos populares están atravesados por esa pobreza apreciativa que le da preeminencia masiva y primeros lugares en los rankings de ventas a opciones que están claramente por debajo, en términos de interpretación musical, de todo lo que se ha hecho en Latinoamérica durante los pasados 80 años.

Estas opciones pueden llegar a ser, hasta cierto punto, divertidas en sí mismas -porque son pegajosas, porque son bailables, porque conectan con esa dimensión sensual que pertenecen al ámbito íntimo de las personas- pero su elevación a la categoría de posturas capaces de influir la forma de pensar, sentir y vivir de las poblaciones en los cinco continentes, es solo una muestra más de la degradación de las actividades humanas, comandadas por la excesiva aceptación del escapismo, el libertinaje y la juerga como símbolos de libertad individual, éxito social y pertenencia a lo moderno.

[OPINIÓN] Aunque jamás fue tan popular en las radios como otras canciones de ese mismo disco -La Universidad (Cosa de locos) o Televidente- Un viaje en un micro, tema compuesto por Pocho Prieto y Chachi Galarza, describía con precisión y sorna la realidad diaria de millones de personas en la capital. Por cierto, la canción de marras tampoco tuvo videoclip, soporte promocional muy de moda en ese entonces, a pesar del potencial que tenía por las frases entre sarcásticas y realistas que tenía, dentro de su simpleza.

Por eso, dos décadas después, cuando a través de unos amigos de mi esposa conocí a una institución vecinal que decidió quijotescamente enfrentarse a la maquinaria del fallecido ex alcalde de Lima Luis Castañeda Lossio (1945-2022) que iniciaba la construcción, durante su segundo periodo como burgomaestre, del corredor vial El Metropolitano, me uní a esa causa sin pensarlo dos veces.

Los principales integrantes de aquel colectivo eran, en su totalidad, hombres y mujeres bordeando los sesenta años, vecinos de Barranco, distrito que conocían de cabo a rabo pues allí habían transitado sus adolescencias en los maravillosos años sesenta. Algunos de ellos, incluso, tenían cierta experiencia en política, como regidores o candidatos a la alcaldía barranquina, o como jóvenes militantes de la fenecida Izquierda Unida durante sus años universitarios. Sin embargo, nada los preparó para el bulldozer que Castañeda Lossio y su banda abusiva les pasaría por encima a ellos, al distrito, a la ciudad.

Supuestamente, el “Corredor Segregado de Alta Capacidad-COSAC” -pomposo nombre completo de lo que todos hoy conocen y padecen como simplemente “El Metropolitano”- era una obra que solucionaría el caos vehicular, uniendo el cono norte -Carabayllo- con el inicio del cono sur -Chorrillos-, suprimiendo la vetusta Vía Expresa, por la cual circulaban todo tipo de transportes públicos y privados, para convertirla en el paso exclusivo de una masiva cantidad de buses espaciosos, modernos, seguros y con una frecuencia suficiente como para trasladar a las enormes masas de trabajadores que, de extremo a extremo, se movilizaban a diario sufriendo toda clase de vejámenes en el sistema anterior.

Actualmente, a pesar de que la población ya se acostumbró al Metropolitano y sus múltiples problemas -flota insuficiente, estaciones mal diseñadas, buses que chocan entre sí, mafias que trafican con el recargado de tarjetas y exponen a los usuarios a las repentinas balaceras y ajustes de cuentas que generan- hay un importante sector de ciudadanos para quienes está clarísimo que no representó ninguna mejora para el transporte público.

Los buses “segregados” se unieron al caos de siempre con unidades que, sin aire acondicionado, acaban repletas hasta el máximo de su capacidad pues no pasan muy seguido y, sobre todo, con tramos antitécnicos que le destruyeron la vida y el tránsito a los habitantes de Barranco y el Centro de Lima, dos zonas urbanas, históricas y minúsculas por las cuales nunca debió circular.

Hoy resulta fácil decirlo, si vemos el tránsito infernal que sufren todos los que ingresan y salen del conocido distrito al sur de Lima, admirado por su historia, su bohemia y sus lugares emblemáticos. En su momento, los vecinos organizados regalaron su experiencia y su trabajo, desgastaron sus gargantas en marchas y plantones frente a la municipalidad, perdieron su tiempo en “mesas de trabajo” con la GTU -hoy ATU– y los “expertos” de las empresas que apoyaban la construcción del Metropolitano los paseaban olímpicamente, escuchándolos para al final decirles, “sí, entendemos su preocupación. Pero El Metropolitano va como está”.

Los vecinos organizados explicaron las razones por las cuales cerrar la Av. Bolognesi era más un problema que una solución, por qué era más pertinente hacer que la vía exclusiva del Metropolitano acabara en inconcluso “patio” de República de Panamá -hoy más conocido como “el terral”- a la espera de la conexión con el tramo que va hacia el sur y que actualmente es el más novedoso problema del caos vehicular limeño, con fallecidos incluidos, por qué “los alimentadores” deberían ser los que reemplazaran a las 34 líneas de micros que se enredaban en las avenidas principales barranquinas para evitar el cierre de una de sus avenidas principales. Nadie escuchó.

Recuerdo que uno de los líderes de esta asociación vecinal, llamada convenientemente Salvemos Barranco -aun existe, a pesar de que tras los caballazos de las huestes de Castañeda y de quienes lo sucedieron ya prácticamente no haya nada que salvar- incluso logró, tras un serio y esforzado trabajo de quienes lo apoyábamos, reunirse con connotados personajes entonces ligados a la alcaldía de Susana Villarán, uno de ellos considerado el experto más experto en ordenamiento vehicular urbano y demás, en su casa/oficina.

Después de escuchar, con cara de aburrido como si estuviera pensando “a qué hora terminas, oe”, los argumentos sólidos sobre la inconveniencia del tramo barranquino del Metropolitano, respaldados por opiniones autorizadas de diversas instituciones y personalidades dedicadas a estudiar el tema, el funcionario lo miró con ínfulas de superioridad y le dijo: “Ya hermanito, pero realmente ¿ustedes qué quieren?”

Estamos en el 2026 y El Metropolitano ya está mayoritariamente internalizado en la mentalidad de los siempre maltratados usuarios del transporte público. En algunos casos, hay quienes aseguran que, con todos sus problemas, “antes estábamos peor” y eso ya deberíamos considerarlo una ganancia. Sin embargo, como usuario de transporte público libre de la cómoda ceguera que dan las lunas polarizadas, el taxi por aplicativo o el chofer privado, siento los olores, las apreturas, los empujones y la vida en riesgo todos los días. Y recuerdo esa canción de Río, que me suena tan vigente ahora como hace cuarenta años.

 

[MIGRANTE AL PASO] Una extraña sensación de querer volver a ser yo. Me rapé la cabeza. Ya no puedo dejarme el pelo largo. Me estoy quedando calvo y mis entradas se vuelven más prominentes dependiendo de qué tan largo está mi pelo. El espejo me decía que era el mismo. Mis rasgos y gestos se han mantenido; por lo menos eso creo. Me parece que son otras personas las que pueden notar cambios bruscos. Ese niño de pelo rapado, parecido a Gasparín, me miraba. Con medallas colgando del cuello, rodeado de amigos y astuto. Un campeón me mira de vuelta, del otro lado del reflejo. El niño que nunca fue. La promesa perdida. Quien desperdició su talento. Eso me dicen mis propios ojos al mirarme a través del espejo.

Mis propios ojos. Esa mirada la ha compartido el campeón de karate, el adolescente rebelde que no le hacía caso a los profesores, el que se dio un año sabático, el que migró a otro país, quien viajó por el mundo y aún le falta conocer la mayoría, el escritor, el drogadicto que no sabía qué hacer, el tipo deprimido, el que siempre sonríe, el que escribió un libro sin saber por qué y que tampoco sabe por qué escribe ahorita. Todo eso soy. En distintos momentos, pero siempre el mismo. Entonces, ¿por qué esa sensación particular de querer volver a ser yo? No llego a entenderlo. Es una melancolía constante. Estoy aburrido de ser adulto. Tal vez es una pataleta, pero no deja de ser cierta.

Los tiempos están cambiando y, con él, también yo. En diez años el mundo será otro, pero yo quiero dejar de cambiar. Se puede volver agotador. Estoy cómodo. No quiero ver a mis padres ancianos, no quiero vivir en un mundo sin mi abuela y tampoco quiero que esa mirada en el reflejo tenga la cabeza calva; lamentablemente, es un hecho. Ahora, después de una fiesta en la que diez horas pasaron en minutos, escribo estas palabras; de lo contrario, no me atrevería. El alcohol aún está afectándome ligeramente. Igual no veo mucha diferencia entre yo borracho y yo sobrio. Es un poco gracioso; muchos deben creer que estoy totalmente loco, probablemente gente muy normal. Ellos están totalmente locos para mí.

Tu caso es diferente, porque no sabes lo que quieres —me dijeron hace unos días terminando de almorzar—. Nunca había dicho en voz alta y sonriendo que, efectivamente, ni yo sé qué quiero. Ya lo había dicho como protesta, reclamo y excusa. Esta vez simplemente lo acepté. Ese es un cambio que sí me gusta. De hecho, me pregunto si realmente existe gente que sabe lo que quiere. Se me ocurren algunas cosas superficiales como ser millonario y tener una casa en Kyoto; para un “loco” como yo, todo eso solo podría ser una etapa. No concibo el hecho de asentarme y ser de una manera. Soy alguien que normalmente no termina las cosas y las cosas normalmente no terminan como quiero. Solo estoy seguro de un par de cosas, primero que quiero viajar y segundo, escribir. La razón, no la se. Lamentablemente, para eso necesito algo de plata, tampoco infinito. Por eso estoy poniendo un negocio. Si las cosas salen bien, en unos años podrè continuar con mi sueño egoísta. Si salen mal, que no creo, lo hare igual. Caminare un poco más si es necesario. Igual, como mencione antes, no suelo apegarme a un solo plan y quedarme ahí, así que mis sueños también pueden cambiar. Nunca se sabe.

Soy adulto, pero no tan viejo. Por más que sienta lo contrario. Treinta y dos años no está mal. ¿Ustedes saben qué quieren? ¿Qué hacer? ¿También sienten esa melancolía? Espero que alguien mayor me diga que no es una sensación eterna. Probablemente también la sienten, pero sería una melancolía de cuando tenían mi edad. Son pensamientos que aparecen de vez en cuando. Lo bueno es que la melancolía no nace de un sentimiento negativo. En todo caso, es extrañar alegrías pasadas y definitivamente vendrán nuevas; siempre es así. Y eso de extrañar ser yo solo es una ilusión, porque lo soy todos los días. De hecho, felizmente aun me reconozco en mi reflejo eso quiere decir que no me ha pasado nada grave, ni he engordado tanto como para no reconocerme.

[INFORME] Un asesor con un rol poco claro pero un contrato generoso y un exalcalde fiestero de Somos Perú convertido en ejecutivo adjunto del Ministerio de Salud aparecen como los nuevos personajes de la polémica lista de visitantes de José Jerí en el despacho presidencial.

Los rumores de vacancia, como tantas veces durante la última década, suenan cada vez más fuerte en los pasillos de Palacio de Gobierno y el Congreso. Las sospechosas reuniones con empresarios chinos, junto con las contradicciones en los intentos de justificarlas, y las reuniones nocturnas con mujeres que precedieron contratos con el Estado parecen haber logrado que se pierda la confianza en José Jerí como conductor del país hasta el mes de julio.

Aunque tanto José Jerí como Ernesto Álvarez, su primer ministro, intentaron explicar sus acciones amparándose en la inexperiencia del mandatario y un estilo de gobernar que no está tan comprometido con los protocolos tradicionales, detrás de Jerí han existido nombres que no son precisamente novatos en el terreno político.

Sudaca ha podido detectar  a uno de estos personajes que, como lo demuestran sus constantes visitas al despacho de Jerí, ha sido muy cercano al gobierno del congresista de Somos Perú y que, para sorpresa de muchos, incluso estuvo vinculado con las personas de confianza del expresidente Pedro Castillo.

PERSONA DE CONFIANZA

En julio del año pasado, José Jerí Oré, quien por entonces veía la presidencia de la Mesa Directiva del Congreso como el máximo logro de su carrera política, recibe la visita de Luis Alfonso Morey Estremadoyro, un abogado involucrado con diversos medios de comunicación creados en los últimos años.

Este nombre volvería a figurar en el mes de octubre, cuando Jerí asume llega a Palacio de Gobierno tras la vacancia de Dina Boluarte. Incluso, como lo señala el periodista Eduardo Quispe, para aquel entonces había logrado un rápido ascenso al cargo de asesor directo y hasta habría estado involucrado en el discurso que se emitió esa madrugada en la que José Jerí recibió la banda presidencial.


Con Jerí instalado en Palacio de Gobierno, el abogado siguió en contacto con quien ahora era la máxima autoridad del país. Según los registros de visitas, Morey Estremadoyro sostenía reuniones de trabajo en el despacho presidencial y la persona encargada de recibirlo era Royer Azañero Álvarez, quien se desempeña como jefe de gabinete de asesores.

Sin embargo, esta cercanía entre Morey y Jerí nunca terminó por verse reflejada oficialmente en una designación oficial en por parte de la Presidencia ni la Presidencia de Consejo de Ministros. Pero, poco menos de un mes después de la llegada de Jerí a la presidencia, Morey Estremadoyro sí logró una orden de servicio por más de veinticinco mil soles con la Cancillería por un “servicio especializado para la elaboración de una estrategia comunicacional en materia política”.

Lo que había empezado en el mes de julio con un acercamiento a Jerí ahora le había abierto las puertas de la Cancillería. Porque, además de la orden de servicio mencionada anteriormente, el asesor del presidente también realizaba visitas a las oficinas de la Cancillería en el mes de enero. No obstante, aquí se observa un dato curioso porque esta vez lo hacía como director general de la empresa Best Cable, una empresa que brinda el servicio de televisión por cable, telefonía e internet.

Es preciso señalar que el nombre de Luis Alfonso Morey Estremadoyro no es ajeno a las altas esferas de la política nacional. En el año 2021, cuando Pedro Castillo ganó las elecciones, Morey era muy cercano con Mauro Gonzales, un joven que combinaba sus funciones como directivo de un medio comunicación con las de asesor y jefe de prensa de Castillo Terrones.

Por aquella época, diversos informes periodísticos ponían el foco sobre la aparición de medios oficialistas y Morey Estremadoyro era mencionado entre sus promotores. El abogado le brindó una entrevista al autor de este informe en la que reconocía que se encontraba colaborando con Gonzales para la creación de un nuevo medio de comunicación que, según sus palabras, ayudaría a darle pluralidad a la prensa peruana.

Pero esto no es todo sobre el vínculo entre Morey y el presidente Jerí. La semana pasada, el programa  ‘Beto a Saber’ informó sobre una reunión entre Hernando de Soto y José Jerí que habría ocurrido el 27 de noviembre del año pasado en la vivienda del economista y excandidato presidencial. En la imagen que se difundió también se puede advertir la presencia del abogado Morey.

Un días, después, el 28 de noviembre del 2025, Jerí se volvería a reunir con el excandidato de Avanza País. Esta vez ocurriría en el despacho presidencial en lo que fue registrado como una reunión de trabajo. Pero, como se puede observar en los horarios de ingreso y salida, esta reunión habría sido de tres debido a que también estaba presente Morey Estremadoyro.

EL MODELO A SEGUIR

Los polémicos y sospechosos encuentros no han sido lo único que ensombreció la gestión de José Jerí como presidente. En las últimas semanas, diferentes informes periodísticos han expuesto los diversos encuentros del mandatario con mujeres que, casualmente, eran sus amigas en redes sociales e incluso Perú21 reveló que para su fiesta de cumpleaños habría estado presente una creadora de contenido de Onlyfans.

Pero este tipo de afición por estas rodeado de mujeres  podría haber sido copiada de otra figura de Somos Perú que, casualmente, también aparece en la lista de visitantes que merodean por el despacho de Jerí. Esta persona es Alan Fernando Carrasco Bobadilla, quien fue alcalde del distrito de Santa Rosa hasta el año 2022. No obstante, lo más resaltante de su gestión municipal no fue un obra sino un escandaloso ampay.

En abril del año 2021, cuando el país todavía permanecía en alerta por la pandemia del Coronavirus, el programa de espectáculos  ‘Magaly TV: La Firme’ emitió imágenes del entonces burgomaestre compartiendo en un yate con  las conocidas vedettes Deysi Araujo y Azuzena del Río.

Para las elecciones del 2022, Carrasco Bobadilla no buscó una alcaldía sino que bajó su perfil y se presentó de la mano de Somos Perú como candidato a regidor para Lima. Sin embargo, con la llegada de José Jerí a Palacio de Gobierno se abrirían nuevas oportunidades laborales para el exalcalde de Santa Rosa.

A los pocos días de la llegada de Jerí a la presidencia, más precisamente el 31 de octubre del año pasado, Alan Carrasco Bobadilla renunció al cargo de asesor administrativo que venía desempeñando en la Municipalidad de Ventanilla y, menos de una semana después, se oficializó su llegada al Ministerio de Salud donde se convirtió en ejecutivo adjunto.

Cuando se concretó la vacancia de Dina Boluarte parecía difícil, al menos en el corto plazo, que otro político pueda llevar a cabo una gestión igual de cuestionable. Sin embargo, José Jerí parece haberlo logrado y, sin lugar a dudas, la elección del círculo que lo ha rodeado tampoco ayudó a encaminar un gobierno que, tras la pérdida de respaldo en el Congreso, parece tener los días contados.

El abogado Luis Alfonso Morey se comunicó con Sudaca para realizar los siguientes comentarios sobre el informe publicado:

«Agradezco la oportunidad de precisar la información difundida. Las reuniones consignadas en los registros corresponden a actividades de carácter profesional, algunas de ellas sujetas a deberes de confidencialidad, por lo que no es posible detallar su contenido.

Me une con el presidente constitucional de la República, José Jerí, una relación de amistad. Fui su asesor principal durante su gestión como presidente del Congreso y posteriormente he colaborado profesionalmente con el gobierno que él lidera a través del Ministerio de Relaciones Exteriores. Todo de manera limpia y profesional.

Asimismo, mantengo una relación de amistad con el economista Hernando de Soto, con quien he sostenido distintos encuentros e intercambiado ideas tanto en el ámbito personal como profesional.

Cualquier registro que me atribuya representación de Best Cable no se ajusta a la realidad y debe corresponder a un error del sistema. En todas las ocasiones he participado a título profesional y personal»

 

[EL DEDO EN LA LLAGA]  La película “Grâce à Dieu” (“Gracias a Dios”, 2018) del cineasta francés François Ozon nos muestra las dificultades que tienen que afrontar las víctimas de abuso sexual en la Iglesia católica. Allí se nos cuenta un drama basado en hechos reales que denuncia el escándalo de abusos sexuales en perjuicio de menores cometido por el sacerdote Bernard Preynat en Lyon (Francia), entre los años setenta y noventa, principalmente en campamentos de scouts. Está confirmado que Preynat abusó de por lo menos 70 menores de edad, aunque se estima que el número de víctimas llegaría a las 400, y las autoridades de la Iglesia católica encubrieron los hechos durante décadas.

El film se centra en la historia de tres víctimas:

  • Alexandre Guérin, un banquero exitoso, católico practicante, casado y padre de cinco hijos.
  • François Debord, un ateo furioso y activista, que canaliza su rabia en acciones directas.
  • Emmanuel Thomassin, un hombre más atormentado y emocionalmente inestable, cuya vida ha sido profundamente marcada por el trauma.

Los tres, los cuales inicialmente no se conocen entre sí, terminan uniéndose a través de la asociación “La Parole Libérée” (“La Palabra Liberada”, fundada por sobrevivientes reales como François Devaux y Alexandre Hezez), que recopila testimonios, crea una red de apoyo y presiona judicial y mediáticamente para que se levante el secreto y se haga justicia. Se muestran sus luchas personales, el impacto del trauma en sus vidas (familia, fe, identidad), las respuestas evasivas o insuficientes de la Iglesia (incluyendo el famoso lapsus del cardenal Barbarin, arzobispo de Lyon: “La mayoría de los hechos, gracias a Dios, están prescritos”), y cómo forman una comunidad para romper el silencio y buscar reparación.

Pero también se muestran los conflictos internos que aquejan a una asociación de víctimas. Mientras unos quieren ir más allá de sus casos individuales y denunciar el sistema eclesiástico que permite que clérigos cometan abusos, sistema que luego los encubre y protege, otros se contentan con que los responsables paguen sus culpas, y también hay víctimas que se niegan a unirse a las denuncias porque están tan afectadas por el trauma, que se sienten incapaces de soportar la presión pública que significa exponer abiertamente sus casos, o simplemente no logran reunir el valor para unirse a esta lucha. Porque hay algo muy cierto: el activismo abierto contra la pederastia eclesial suele traer consigo un alto costo personal y no pocos problemas individuales y sociales.

Ciertamente, las asociaciones de víctimas de abuso sexual en la Iglesia católica han jugado un papel muy importante en la visibilización de los abusos y la ruptura del silencio. Han sido fundamentales para exponer encubrimientos sistémicos a nivel global, forzando la agenda pública y mediática. Ofrecen redes de apoyo mutuo, grupos de sanación, recursos psicológicos/emocionales y conexiones legales. Muchas son lideradas por sobrevivientes, lo que genera empatía y credibilidad entre víctimas que desconfían de instituciones eclesiales o estatales.

Han logrado avances concretos: listas públicas de clérigos acusados (en EE.UU. y otros países), políticas de “tolerancia cero” en algunas diócesis, presión al Vaticano y colaboración en comisiones de la verdad (Australia, Francia, Alemania). Han impulsado cambios legislativos (imprescriptibilidad en algunos países) y denuncias ante la ONU.

Sin embargo, algunos críticos, incluyendo algunos sobrevivientes y analistas, señalan que priorizan la Iglesia católica sobre otros contextos de abuso (escuelas, familias, otras religiones), lo que puede percibirse como sesgo anticatólico o agenda ideológica más que protección universal de menores.

No han faltado en esas asociaciones conflictos internos y crisis de liderazgo. Algunas voces, incluyendo sobrevivientes que encontraron sanación en la Iglesia, critican que ciertos grupos parecen más enfocados en atacar la institución eclesiástica que en sanar a víctimas o colaborar constructivamente. Muchas operan con donaciones y voluntarios, lo que restringe su alcance, especialmente en regiones pobres o con fuerte influencia eclesial.

Además, muchos de quienes hemos sido víctimas de abusos por parte de personal clerical o religioso de la Iglesia católica —en mi caso, en el Sodalicio de Vida Cristiana— creemos que los abusos sexuales son sólo el síntoma de un problema más profundo. Y que la lucha contra los abusos sexuales no podrá tener éxito si no se atacan las raíces mismas, que radican en el abuso de poder y abuso de conciencia que practican sistemas de rasgos autoritarios e instituciones de características sectarias.

SNAP (Survivors Network of those Abused by Priests), la más antigua asociación de víctimas de la Iglesia católica, fundada en 1988 por Barbara Blaine (1956-2017), una sobreviviente de abusos, sufrió entre 2016 y 2017 una crisis de liderazgo, la cual llevó a renuncias masivas. En diciembre de 2016, David Clohessy, director nacional durante décadas y figura pública clave, renunció abruptamente, citando conflictos internos y preocupaciones por su salud. Clohessy era una de las voces más visibles de SNAP en medios y audiencias. En febrero de 2017, Barbara Blaine, fundadora y presidenta, también renunció, dejando a la organización sin sus líderes históricos en un corto período. Estas salidas ocurrieron en medio de una convulsión institucional, con reportes de divisiones internas, pérdida de confianza y cambios en la dirección, pues Barbara Dorris asumió como nueva líder.

En enero de 2017, Gretchen Hammond, una exempleada administrativa había presentado una denuncia alegando que SNAP tenía un esquema de comisiones o pagos de retorno con abogados que representaban a sobrevivientes en demandas contra la Iglesia. Según la denuncia, SNAP aceptaba comisiones financieras —en forma de “donaciones”— de abogados que representaban a víctimas de abuso sexual. A cambio, SNAP refería o dirigía a sobrevivientes como clientes potenciales a esos abogados, quienes luego presentaban demandas contra la Iglesia Católica, a menudo con acuerdos millonarios. SNAP negó las acusaciones, afirmando que aceptaba donaciones de abogados pero no dirigía clientes. Más de la mitad de las donaciones anuales de SNAP provendrían en ese momento de abogados litigantes, e incluso se mencionaba un abogado de Minnesota que habría donado alrededor de un millón de dólares. Esto convertía a a SNAP en una “operación comercial” que “entregaba” víctimas a abogados para beneficio mutuo. La demanda generó escrutinio mediático y contribuyó directamente a las renuncias de Clohessy y Blaine. El caso se resolvió posteriormente en 2018 con un acuerdo extrajudicial, sin admisión de culpa por parte de SNAP, y Clohessy regresó regresó parcialmente a SNAP en 2018 como portavoz voluntario.

Problemas internos de otro tipo también han afectado a Ending Clergy Abuse (ECA).

Este proyecto había sido concebido en agosto de 2017 por Barbara Blaine, poco antes de su muerte inesperada en septiembre de 2017, junto a Timothy Law, abogado de Seattle, y otros activistas, con el nombre inicial de The Accountability Project (TAP). Esta iniciativa se convirtió rápidamente en Ending Clergy Abuse (ECA). Surgió como respuesta a la necesidad de una red internacional unificada de sobrevivientes y activistas contra el abuso sexual clerical en la Iglesia Católica, donde los casos de encubrimiento y falta de rendición de cuentas eran —y siguen siendo— un problema sistémico global. La organización se presentó públicamente en junio de 2018 en Ginebra (Suiza), con una conferencia de prensa el 7 de junio de 2018. En ese momento, ya contaba con más de 25 sobrevivientes y activistas de 15 países y 4 continentes. El anuncio coincidió estratégicamente con la visita del Papa Francisco a Ginebra (21 de junio de 2018), para presionar por mecanismos centrales de rendición de cuentas de obispos y una política global de tolerancia cero.

ECA ha organizado manifestaciones de resonancia mediática, a fin de visibilizar el problema de abusos en la Iglesia católica, entre los cuales se cuentan la “March to Zero Tolerance”, que tuvo su epicentro en Roma a fines de septiembre de 2023. También tuvieron resonancia la reunión de la junta directiva de ECA con el Papa León XIV el 20 de octubre de 2025, y la Cumbre Global ECA en Buenos Aires (16 de diciembre de 2025), que fue el primer evento internacional dedicado exclusivamente a alegaciones de abusos institucionales, coerción y explotación en el Opus Dei, centrado en testimonios de sobrevivientes y acceso a la justicia.

Pero más allá eventos mediáticos, ECA no puede ostentar ningún logro significativo en la lucha contra el abuso clerical. El éxito que han tenido algunos miembros de ECA en su lucha para que los responsables rindan cuentas se debe exclusivamente a iniciativas personales que no fueron apoyadas institucional ni financieramente por la asociación. Por ejemplo, fue la labor de Pedro Salinas, hasta hace poco miembro destacado de ECA, junto con la de otras víctimas y periodistas, la que contribuyó a la disolución definitiva del Sodalicio de Vida Cristiana.

También es conveniente mencionar que hubo otros integrantes de ECA a lo largo de su breve historia que renunciaron a la asociación, desilusionados ante la manera en que se manejaban los asuntos internos, en ocasiones muy similar a la manera autoritaria en que se manejan muchos asuntos dentro de la Iglesia católica.

En diciembre de 2025, ECA contaba oficialmente con 45 miembros. Ese mismo mes 8 de esos miembros —entre los cuales me cuento yo mismo desde la campaña en Roma en septiembre de 2023— decidimos renunciar a la asociación debido a una serie de circunstancias y acciones por parte de miembros de la junta directiva, que ponían en tela de juicio el talante democrático de la asociación. La junta directiva se negó a proporcionarnos información transparente sobre el proceso de expulsión de un miembro de ECA que había participado en las jornadas de septiembre de 2023 en Roma. Se nos quiso imponer un código de conducta más apropiado para instituciones donde los abusos sexuales eran probables y frecuentes. Se quiso implementar la obligatoriedad de entrenamientos (que debíamos pagar nosotros mismos) en el tema de abusos, además de cuotas en dinero para asociados.

He aquí lo que expresamos los renunciantes:

«Aun cuando ECA tenga fines justos y nobles por los cuales siempre lucharemos personalmente, consideramos sin embargo que a muchos no nos ha traído ningún beneficio verificable pertenecer a la organización, pero sí podríamos tener problemas en el futuro debido a una mala gobernanza que se ha inclinado hacia un autoritarismo inaceptable.

Durante los últimos años, muchos miembros de ECA han expresado su profundo descontento con la gestión de la organización por parte de la junta directiva, gestión marcada por el autoritarismo, la negativa a escuchar la opinión de las bases y la imposición de decisiones desde arriba. Hemos utilizado todos los mecanismos disponibles en una organización democrática para fomentar el debate sobre la buena gobernanza democrática. La junta directiva se ha negado repetidamente a permitir que este debate se lleve a cabo. ECA ha dejado de ser una organización democrática.

Las bases no tienen derechos, sólo obligaciones arbitrarias establecidas por la junta directiva. Se nos pide que contribuyamos con nuestro esfuerzo y trabajo a una organización donde no tenemos voz. El autoritarismo con el que opera ECA hoy en día se asemeja mas a la Iglesia católica que a una organización de derechos humanos. Se ha permitido que prospere un ambiente tóxico. Permanecer en dicha organización infligiría daño moral a cualquier activista de derechos humanos que se precie. Por todas estas razones, no queremos formar parte de ECA y hemos decidido renunciar a nuestra membresía».

En un solo mes ECA ha perdido el 18% de sus miembros. Los renunciantes son originarios de España, México, Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela y El Salvador. Por eso mismo, decíamos también en uno de nuestros escritos a la junta directiva:

«Agotamos todos los mecanismos a nuestro alcance para obtener respuestas y propiciar un cambio de actitud; sin embargo, una y otra vez nos encontramos con una negativa sistemática que impidió, cuando menos, recibir respuestas claras y serias a los planteamientos expresados.

Durante este proceso cuestionamos, nos quejamos y también propusimos alternativas que permitieran dar un giro a la verticalidad impuesta. No obstante, todos nuestros intentos fueron ignorados u opacados. Por el contrario, fuimos calificados como un “pequeño grupo”, “disidentes” o “latinoamericanos”».

La lucha contra los abusos sigue siendo una de nuestras banderas. Esperamos que las organizaciones que siguen abocadas a esta causa aprendan de sus errores y no socaven sus legítimas batallas con actitudes similares a las que están en la raíz de los abusos mismos.

[Música Maestro] Bruce Springsteen tiene actualmente 76 años. Como muchos otros rockeros de su generación, el cantante, compositor y guitarrista sigue activo, ofreciendo conciertos que, en los casos más conservadores, superan las dos horas de duración.

Y si bien es cierto existe un sector nada desdeñable del público y la crítica especializada que, muchas veces por puro esnobismo, pretenden decir que esta clase de músicos ya fueron, que por su edad deberían dedicarse a cuidar a sus nietos (si los tienen), a nadie, ni siquiera a los más detractores, se le ocurriría calificarlo de fiasco, destalentado, inconsecuente con sus ideas o fracasado, como si fuera alguien que “nunca hizo nada”.

A nadie menos a Donald Trump quien, públicamente, despotricó hace unos meses contra “El Jefe” -apelativo que identifica a Mr. Springsteen desde hace décadas- después de enterarse que, en sus recitales, el intérprete de clásicos del rock de carreteras estadounidenses como Born to run (ídem, 1975), Badlands (Darkness on the edge of town, 1978), Hungry heart (The river, 1980) o Glory days (Born in the U.S.A., 1984) no perdía ocasión para expresarse políticamente frente a las fieles multitudes que lo siguen.

A través de reels de Instagram lo hemos escuchado y visto, siempre con su Fender Telecaster a la espalda, alzando la voz frente a los ditirambos ejecutivos, las declaraciones mediáticas y las decisiones gubernamentales del segundo periodo trumpista, en pleno ejercicio de sus derechos como cualquier ciudadano, protegidos por la constitución de su país.

La reacción de Bruce Springsteen

Recuerdo que hace unos meses, esa veleta ideológica llamada Jaime Bayly, que suele llenar la Feria del Libro de Lima con sus libros repetitivos y aburridos, mencionó en su canal de YouTube la agresión verbal de Trump hacia Springsteen, criticándola aunque no con mucha firmeza, fiel a su estilo, para no chocar del todo con ese personaje poderoso a quien hoy bate palmas por la invasión a Venezuela, las amenazas a Groenlandia e Irán y el genocidio en Gaza.

Y también resaltó, si la memoria no me falla, que el rockero, demostrando altura, no contestó nunca de manera directa, persistiendo en sus manifestaciones públicas durante sus concurridos conciertos. Después de todo, su prestigio y su llegada a las masas no se empañarán nunca por los dichos en Fox News de un político poderoso, sea quien sea.

Pero lo ocurrido en el último mes con los injustos asesinatos abusivos de Renée Good y Alex Pratti, a balazos disparados por los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas Enforcement (o como todos conocemos, ICE, por sus siglas en inglés) sí hicieron reaccionar a Bruce Springsteen. Y esa reacción tuvo forma de canción, una potente canción de casi cinco minutos titulada Streets of Minneapolis, ciudad en la que ocurrieron estos crímenes que la oficialidad niega con descaro. “El Jefe” lidera la protesta, es hora de que más estrellas de la música popular norteamericana se unan a esta cruzada política desde el arte.

Si bien es cierto estas canciones -como las marchas, como las páginas de firmas online- no detendrán por sí solas, sin acciones políticas concretas, estos desmanes en Estados Unidos ni en ningún otro lado, en estos tiempos indiferentes tiene mucho valor que un consolidado artista que se acerca a los ochenta años demuestre valentía y se ponga en la línea de fuego, aunque sea simbólicamente, cuando podría estar muy tranquilo, como tantos otros, como si nada irregular estuviera pasando. O peor, apoyando el caos, la vulgaridad, la impunidad.

Un símbolo de la cultura pop norteamericana

En Perú, (casi) todos identifican a Bruce Springsteen como un artista representativo de los años ochenta. La primera canción que muchos peruanos escuchamos de este músico nacido en New Jersey en 1949 fue Dancing in the dark, acompañada de un icónico video de la era MTV en el que veíamos a un joven en jeans y camisa blanca remangada en concierto, en un estadio lleno, haciendo subir al escenario a una adolescente de pelo corto para bailar con ella, que resultó ser la actriz Courteney Cox, entonces de solo 20 años, mundialmente conocida décadas después por interpretar a la compulsiva Monica en la serie Friends.

La canción, hasta ahora vigente en las programaciones de radios locales dedicadas a la música del recuerdo, fue el single principal de su álbum Born in the U.S.A. (1984), con una carátula en que el cantante aparecía de espaldas, con el mismo atuendo del mencionado videoclip y de fondo los colores de la bandera norteamericana, toda una declaración de principios como entenderíamos más adelante. En ese entonces, para el público del Perú -estábamos sin saberlo por ingresar al oscuro periodo de crisis del primer alanato- solo era una manifestación más de la cultura pop gringa, con poca carga política y lejos de ser un fenómeno de masas, pasaba como cualquier otra canción de la radio.

Sin embargo, en los Estados Unidos, para cuando esta canción y LP salieron al mercado estadounidense, Bruce Springsteen era ya una leyenda viva del rock mundial. A sus 36 años, el cantante y guitarrista era todo un veterano de las giras y los discos con mensajes emocionales que transmitía no solo a través de sus letras sencillas y poéticas, dirigidas a las clases trabajadoras y al hombre común, sino por su sonido anclado en esa tradición que inició Bob Dylan con temas como Like a rolling stone (Highway 61 revisited, 1965) o Absolutely Sweet Marie (Blonde on blonde, 1966) -guitarras electroacústicas, órganos Hammond-B3, armónicas- y acrecentado por la potencia escénica e instrumental de The E Street Band, con la que venía lanzando álbumes desde 1972. El exitoso Born in the U.S.A. era el séptimo.

Cincuenta años en la ruta

Con álbumes como Greetings from Asbury Park, N.J. (1972), The wild, the innocent & The E Street shuffle (1973), Born to run (1975) y Darkness on the edge of town (1978), Bruce Springsteen se consolidó como fenómeno de masas, tras varios años de carrera musical subterránea en el circuito de clubes de New Jersey -la famosa escena del “sonido Jersey Shore”- y New York, liderando varias bandas de boogie-rock, soul guitarrero y rock and roll -la más notable fue Southside Johnny and the Asbury Jukes-, junto a su gran amigo y cómplice Steven Van Zandt -más adelante conocido en la escena del rock norteamericano como Little Steven-, guitarrista, productor y compositor que se convertiría en su brazo derecho.

Para ese entonces, ya lo llamaban “The Boss” (“El Jefe”, en castellano), porque al final de cada tocada él se encargaba de repartir lo recibido entre sus compañeros, un colectivo de amigos que en 1974 adoptó el nombre The E Street, la calle donde estaba la casa que les servía de sala de ensayos, propiedad de los padres de David Sancious, uno de los tecladistas originales del grupo.

Para fines de los años setenta, la formación más o menos estable de The E Street Band la integraban Bruce Springsteen (voz, guitarra), Steven Van Zandt (guitarras, coros), Garry Tallent (bajo), Clarence Clemons (saxo, percusiones, coros), David Sancious (teclados), Roy Bittan (piano), Danny Federici (teclados), y Max Weinberg (batería). En la década siguiente se incorporaron su esposa Patty Scialfa (guitarra, voz) y Nils Lofgren, virtuoso guitarrista que había formado parte de The Crazy Horse, la banda de Neil Young.

El megaéxito de algunas de sus producciones ochenteras, como el intimista Nebraska (1982), el mencionado Born in the U.S.A. (1984) o Tunnel of love (1987), convirtieron a Springsteen en una presencia incuestionable en el panorama del pop-rock norteamericano. Su participación en el single benéfico We are the world (1985) del colectivo USA for Africa fue una de las estelares, con un recordado segmento a dúo en la coda final, combinando su rugosa voz con la limpieza vocal de Stevie Wonder, otra de las legendarias figuras que grabaron ese histórico tema.

Las siguientes décadas, Bruce Springsteen fue “desapareciendo” de los rankings, a pesar de que su agenda de conciertos con y sin The E Street Band se mantuvo apretada y vigente, con multitudinarias giras por todo el mundo y ocasionales éxitos en las radios convencionales, como el tema Human touch (1992) o la canción central de la película Philadelphia (Johnatan Demme, 1993), protagonizada por Tom Hanks y Denzel Washington que causó más de una controversia pues fue una de las primeras en Hollywood en abordar la problemática del SIDA en contextos profesionales y desde la perspectiva de una enfermedad que aun era asociada únicamente a la homosexualidad.

Su composición, sensible y oscura -en la que se encarga de todos los instrumentos- le valió a Springsteen un Oscar en la categoría Mejor Canción Original y cuatro Premios Grammy. Durante el siglo XXI, siguieron los conciertos y los álbumes, así como su activismo político respaldando las campañas de Barack Obama, Hillary Clinton, Joe Biden y Kamal Harris. Los discos de Springsteen, aun cuando no fueran masivamente conocidos, tenían siempre algo qué decir sobre la situación sociopolítica de su país, convirtiéndose para su público en la voz de la conciencia y orgullo norteamericano, como lo son también Bob Dylan, Tom Petty o Neil Young.

Streets of Minneapolis

Como él mismo anunció, compuso la canción el mismo día que se produjo el asesinato de Alex Fratti (37), el 24 de enero, una reacción a esta noticia que estremeció no solo al estado de Minnesota sino a Estados Unidos y, pocas horas después, a todas las personas de bien del mundo. En la letra, que Springsteen entona con los dientes apretados, se enfrenta con nombre propio a Donald Trump, el ICE y dos de los principales funcionarios de la oficina federal de seguridad de Estados Unidos, Stephen Miller y Kristi Noem, calificándolos de “sucios mentirosos”.

El sonido de Streets of Minneapolis es contundente y emocional, con rotundas líneas de Hammond y voces femeninas en los coros, en clave gospel, a manera de uno de esos himnos libertarios del Springsteen más clásico. La grabó el 27 de enero y se lanzó al día siguiente, con un videoclip grabado íntegramente en blanco y negro, recopilando las principales imágenes en foto y video de la cobertura de ambos asesinatos -el de Renée Good, también de 37 años, se había producido tres semanas antes, el 7 de enero- e incluyendo la letra en subtítulos con tipografía grande, para facilitar la comprensión de sus indignados versos.

En su primera semana al aire, Streets of Minneapolis alcanzó más de seis millones de vistas en el canal de YouTube del artista y dos días después, el 30 de enero, la estrenó en vivo en el concierto Defend Minnesota, un recital benéfico organizado por Tom Morello, guitarrista de Rage Against The Machine y Audioslave. La taquilla del show fue íntegra a las familias de Fratti y Good. En el concierto, donde también tocaron la banda punk Rise Against y el legendario guitarrista de jazz-rock Al di Meola, “El Jefe” apareció como invitado sorpresa e interpretó, además de su nueva canción, el clásico Power to the people (1971) de John Lennon y uno de sus propios temas, The ghost of Tom Joad (1995) que Morello grabara con RATM en dos ocasiones, en 1997 como single y en el 2000 para su álbum de covers, Renegades.

Streets of Minneapolis -título que hace referencia a Streets of Philadelphia de 1994- no es la única canción motivada por los asesinatos de enero. El cantautor británico de folk Billy Bragg también reaccionó con una composición titulada City of heroes; mientras que la reconocida cantautora de country-rock Lucinda Williams hizo lo propio con World’s gone wrong, tema-título de su décimo séptima producción discográfica. Todas estas canciones traen a la memoria el activismo musical del canadiense Neil Young, quien apenas se enteró a través de las noticias de la represión a estudiantes en la universidad de Kent, compuso un tema que se convirtió en clásico de Crosby Stills Nash & Young, Ohio (LP So far, 1974).

¿Una canción puede cambiar al mundo?

La verdad duele, pero no ofende. Y la respuesta es no. Lamentablemente, el efecto de una canción con millones de vistas en el YouTube tiene, como el de las marchas pacíficas y los banderazos en plazas y avenidas, para hacer retroceder a los corruptos con poder, es nulo. Su valor reside en que son testimonio voluntario de personas cuya ética les impide quedarse callados ante lo que viene ocurriendo, más allá de que los reaccionarios de siempre traten de desmerecer ello con su indiferencia o con críticas vacías, carentes de fundamento.

Bruce Springsteen ha decidido tomar posición frente a una situación que afecta directamente a su país. No será un acto heroico, pero sí implica un riesgo directo para su figura pública e inclusive su integridad personal. Eso queda claro cuando vemos la reacción de Mr. Trump tras los valientes comentarios del comediante Trevor Noah, de origen sudafricano y poseedor de una historia personal muy triste e inspiradora, durante la última ceremonia de entrega de los Premios Grammy, marcada por esta clase de expresiones.

Hasta Bad Bunny, representante máximo de la degradación de la industria musical, se ha puesto del lado correcto de la historia. Lamentablemente, el discurso que dio el portorriqueño en esa misma ceremonia no tuvo ni el peso ni la convicción que sí tuvieron las palabras del presentador. Sin embargo, alias “Conejo Malo” siguió haciendo lo correcto el último domingo, en su participación en el tradicional concierto de medio tiempo del Super Bowl.

Aunque el ruido y la actitud de Benito Antonio Martínez Ocasio no representan la vasta riqueza musical que, desde Desi Arnaz hasta Gloria Estefan, desde Ernesto Lecuona hasta Rubén Blades, la cultura latina ha aportado no solo a los Estados Unidos sino al mundo entero, el despliegue simbólico realizado por el reggaetonero ante más de 70,000 espectadores en el Levi’s Stadium de California -tradiciones, salsa de El Gran Combo, el apoyo de otras figuras masivas como Ricky Maretin o Lady Gaga-, y visto por una audiencia global televisiva superior a los 140 millones de espectadores va a ser difícil de ser pasado por alto en los días que vienen.

Sería genial, como me comentó esta semana una persona de mi entorno más cercano, que a partir de estos pequeños atisbos de reacción desde ámbitos artísticos se generara una cruzada de la magnitud que tuvo We are the world en 1985 y seamos capaces de ver, dentro de poco, a medio centenar de los músicos más famosos, desde figuras legendarias como Bruce Springsteen hasta los nombres más mentados del pop-rock actual cantando a pulmón partido Streets of Minneapolis o cualquier otra canción que sea escrita especialmente para la ocasión.

Desafortunadamente, vivimos en un mundo mucho más degradado que el de hace cuarenta años y, como podemos comprobar diariamente, hay cada vez menos personajes públicos en quienes confiar. No sería extraño que, así como pasó con Mick Jagger o Aretha Franklin, entusiastas participantes de las fiestecitas viciosas de Jeffrey Epstein o Puff Daddy, nos enteremos de que respetados artistas frecuentaban también esos sórdidos círculos cuando nadie los veía.

Por otro lado, como también pasa en las discusiones menores que tenemos en sobremesas y grupos de WhatsApp, hay enormes masas de gente común y corriente dispuesta a defender a los criminales que hoy gobiernan nuestros países y es más difícil lograr consensos y causas comunes incluso sobre temas que, en una situación normal, solo podrían generar indignación como los tráficos de influencias, los negociados con dineros públicos, la explotación sexual, entre otros.

[INFORME] Nuevamente las reuniones del presidente José Jerí son noticia. Tras designar al nuevo comandante general del Ejército, Sudaca descubrió que el mandatario empezó a tener reuniones nocturnas con su hija y sus familiares.

Se terminaron los días tranquilos en la oficina del presidente José Jerí. Pero no precisamente porque los problemas y urgencias del país generen intranquilidad en la vida del mandatario, sino por la catarata de revelaciones que la ciudadanía pudo conocer en las últimas semanas sobre sus sospechosas y cuestionables actividades.

Durante la última semana, Sudaca dio a conocer que el despacho presidencial se ha convertido en un lugar de encuentro para varios integrantes de Somos Perú que incluso permanecen hasta la medianoche. A ello se le sumaron numerosos informes periodísticos que dieron cuenta de otras reuniones en estas oficinas, especialmente con mujeres, que eran seguidas de importantes contratos.

En esta oportunidad, Sudaca ha encontrado nueva información sobre las personas a las cuales la oficina de Jerí Oré recibía en numerosas oportunidades mientras la población esperaba soluciones. Una amiga de redes sociales vinculada con un alto mando del Ejército y su familia que permanecían hasta pasada la medianoche.

LAS VISITAS DE JERÍ

El 5 de enero, el primer lunes del año, un par de apellidos figuraron en la lista de visitantes del despacho presidencial. Los hermanos Alessandra Calle Chávez y Andrés Martín Calle Chávez ingresaron pocos minutos antes de las dos de la tarde a la secretaría de seguridad de la casa de gobierno donde fueron recibidos por Christian Gabriel Laynes Campoblanco para una reunión de trabajo.

Alessandra y Andrés permanecieron en las oficinas de presidencia hasta pasadas las quince horas de ese día. Al revisar los datos de estos visitantes que comparten apellidos, Sudaca pudo encontrar que Alessandra Calle es una joven cirujana dentista que recién pocos meses atrás recibió su título.

Su visita al despacho de José Jerí parecía inusual y más al notar que en la lista de participantes de esta reunión de trabajo también aparece su otro hermano llamado Javier Eduardo Calle Chávez. Sin embargo, en los registros de ese mismo día se puede encontrar la explicación de su presencia. A finales del 2025, su padre, Osvaldo Martín Calle Talledo, fue designado por el presidente Jerí como comandante general del Ejército.

Tan sólo dos días después, la familia Calle Chávez volvió a visitar Palacio de Gobierno. Mientras el general Calle junto con su esposa y sus hijos varones llegaron poco antes de las ocho de la noche para reunirse con José Jerí, Alessandra se sumó cerca de las diez de la noche a este encuentro en el que, tal como figura en los propios registros de Palacio, fueron recibidos por el mandatario con quien compartieron hasta pasada la medianoche.

Una reunión tan numerosa parecería ser lo suficientemente importante como para registrarla en la agenda oficial. No obstante, como se puede observar en la siguiente imagen, los eventos y reuniones programados para el presidente Jerí habían terminado a las tres de la tarde luego de su reunión con José Antonio Kast, el presidente electo de Chile.

REUNIONES NOCTURNAS

El 13 de enero, casi una semana después, la hija del comandante general del Ejército volvió a visitar el despacho presidencial. En esta oportunidad, Alessandra Calle Chávez no estuvo acompañada de su familia. Pero, al igual que en la oportunidad anterior, esta visita que duro hasta poco antes de la medianoche fue registrada como una reunión de trabajo.

Semanas después, Calle Chávez volvió a visitar las oficinas de Palacio de Gobierno. La hija de Osvaldo Martín Calle Talledo se aproximó al lugar de trabajo del presidente donde se quedó hasta altas horas de la noche y, como quedó registrado por la secretaría general del despacho presidencial, se trató de una nueva reunión de trabajo.

Acorde a la declaración jurada que el propio Osvaldo Martín Calle Talledo presentó este año tras asumir el cargo de comandante general del Ejército, su hija Alessandra es una estudiante que no trabaja. Sin embargo, como se ha expuesto en este informe, en lo que va del 2026 se ha encontrado en varias oportunidades con el presidente para sostener reuniones de trabajo.

Curiosamente, al revisar las redes sociales del presidente Jerí ,se puede encontrar que Alessandra Calle Chávez, la hija del comandante general del Ejército, figura como una de las personas que sigue en Instagram.

Los antecedentes no son favorables para José Jerí. En las últimas semanas se ha conocido que sus amistades de redes sociales y personas que lo visitan en horas de la noche luego son designadas para cargos importantes. Este historial lleva a que esta inesperada cercanía entre Jerí Oré y la hija de este alto mando del Ejército hoy esté bajo la lupa.

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