Víctor Raúl Haya de la Torre

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Este año, 2023, se conmemora el Centenario del retorno de José Carlos Mariátegui La Chira al Perú, luego de una estancia de tres años en Europa, a donde fue asignado, por el gobierno de Augusto B. Leguía como agente de propaganda de su régimen. Mi acercamiento académico al amauta se genera como parte de mis estudios sobre los orígenes y motivos de la polémica que sostuvo con Víctor Raúl Haya de la Torre (1928-1929). En tal sentido, mi primera sensación, tras revisar la literatura que se ha producido acerca del intelectual moqueguano es que si Haya representa un mundo, Mariátegui constituye un universo, y no porque el segundo resulte superior al primero.

Suceden dos cosas, la primera es que el marxismo de Mariátegui se yergue sobre tantas influencias (Sorel, Gramsci, Labriola, Croce, los propios Marx y Engels, entre otros) que definir su socialismo, o alcanzar algún tipo de consenso sobre él, nos coloca en la arena de debates prácticamente inacabables. En segundo lugar, y sobre lo mismo, debido a la especificidad de su marxismo, y las influencias que lo moldean, se han erigido decenas de interpretaciones distintas acerca de su pensamiento que generan la sensación de una telaraña epistemológica. Esta, sin duda, lo enriquece, pero al mismo tiempo lo complejiza al punto de que dificulta acercarse a su propósito sin mediaciones.

A este último aspecto se le suman los reiterados intentos por instrumentalizar a Mariátegui prácticamente desde su muerte -acaecida el 16 de abril de 1930- hasta nuestros días, lo que ha dado como resultado la «invención» de diversos «Mariátegui»: el aprista, presentado así por el líder de dicho movimiento Carlos Manuel Cox; el vilipendiado por el comunismo soviético, tendencia encarnada en el Perú por Eudocio Rabines y Jorge del Prado. Luego, tras la muerte de José Stalin, el sovietismo modifica su narrativa sobre José Carlos y lo sitúa como a un comunista ortodoxo, elevado, además, al pedestal de máximo representante del marxismo latinoamericano.

Asimismo, tras la irrupción de la Nueva Izquierda en la política peruana (década de 1970), se enfatizó en la «creación heroica» de Mariátegui; es decir, se rescata al José Carlos heterodoxo y original, como lo hizo Alberto Flores Galindo en La Agonía de Mariátegui.  Finalmente, hace pocos años, el académico argentino Martín Bergel (2021) se ha aventurado en el análisis de la construcción ideológica del amauta a quien presenta como a un socialista cosmopolita, cuya defensa de una vigencia vitalista del marxismo -nutrida por influencias como las de Bergson, Sorel y otros- es compatible con su estudio de la realidad peruana plasmada en sus célebres 7 Ensayos. Bergel se sitúa en la línea de quienes presentan a Mariátegui como a un socialista heterodoxo y centra sus esfuerzos en conciliar al “intelectual multitemático” con el “estudioso de la cuestión nacional”.

Queda en el tintero responder a la pregunta de si realmente existieron varios «Mariátegui». Tiendo a pensar que no, que lo que existe es un intelectual autodidacta e internacionalizado que aborda diversos temas, destacándose sus estudios sobre el marxismo, el socialismo y el indigenismo (los que en su obra se funden en un solo intento de síntesis, bastante acertado a nuestro entender). No hay tampoco dos «Mariátegui», porque la vida no le alcanzó para reposicionarse tras su aparatosa «expulsión» de la Comintern en 1929, cuando sus ideas, y su intento de crear en él Perú un Partido Socialista pero no Comunista, colisionaron con la misma férrea ortodoxia estalinista que Haya de la Torre tuvo que afrontar desde 1927 en adelante.

Mariátegui, murió en plena eclosión de su marxismo “heterodoxo”, que no podía sino serlo desde que, en tanto que modelo de análisis social, adapta a una realidad distinta a la europea. Desde esa mirada, inclusive Vladimir Lenin es un continuador de Marx y de Engels, el más importante de todos, en la medida que actualiza sus análisis y tácticas a la nueva configuración mundial que se abre paso con el advenimiento del siglo XX. Esta característica de Mariátegui es la que más lo acerca a la obra y pensamiento de Haya de la Torre, mientras ambos vivieron y fueron contemporáneos. De allí resultan los 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana y El Antimperialismo y el APRA, ambos escritos en 1928. El primero aplica al Perú las herramientas del marxismo y el segundo hace lo propio a un nivel macro: América Latina o Indoamérica.

El amauta nunca envejeció, ni tampoco tuvo la oportunidad de renovar su pensamiento con el pasar de las décadas. Por ello, cuando se habla de Haya, se habla de “diferentes Haya”, lo que representa las diversas etapas en las que puede dividirse su impronta ideológica, pues tratamos con más de 60 años de trayectoria. En cambio, el recorrido de Mariátegui, aunque también se divide (contemplemos, por ejemplo, su autodenominada “Edad de Piedra”), está signado, desde su retorno de Italia, por una fase de trabajo intelectual, de 1923 hasta 1928, y por otra en la que se precipita a la acción política -prácticamente hasta que la muerte lo encontró apenas dos años después- con dos objetivos muy precisos: cerrarle el paso al proyecto revolucionario de Haya de la Torre, expresado en el Plan de México(enero de 1928), lo que dio lugar a la célebre polémica1; y, paso seguido, lograr la incorporación de su recién fundado Partido Socialista del Perú a la Internacional Comunista.

En nuestra literatura histórica y política, José Carlos Mariátegui es el joven eterno e impetuoso, que enfrenta valiente los desafíos de la vida, de la enfermedad y del destino, el creyente fervoroso en el mito de la revolución, al que adhiere como a una consagración religiosa. Las percepciones y el imaginario, como suele suceder con mentes brillantes cuya luz se lleva tempranamente la muerte, solo podían proyectarlo hacia la posteridad de esa manera. Las obras que lo analizan, en cambio, tienden a desmenuzarlo, una y otra vez, hasta el infinito, porque no hubo, con el correr de los años, un Mariátegui, más allá de Mariátegui, para explicarse y reinventarse a sí mismo.

1.- Véase Parodi 2022.

Referencias bibliográficas:

Aricó, José (Ed.). Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano. México, Siglo XXI Editores, 1980 [1978]

Bergel, Martín. El socialismo cosmopolita de José Carlos Mariátegui. Revista Nueva Sociedad No 293, mayo-junio de 2021

https://static.nuso.org/media/articles/downloads/EN_Bergel_293.pdf

Chang-Rodríguez, Eugenio. Pensamiento y acción en Gonzáles Prada, Mariátegui y Haya de la torre. Lima, Fondo editorial PUCP, 2012

Flores Galindo, Alberto. La agonía de Mariátegui. Lima, PUCP, 2021 [1980]

Haya de la Torre, Víctor Raúl. El Antimperialismo y El APRA. Santiago, Editorial Ercilla, 1936 [1935]

Mariátegui, José Carlos. Ideología y Política. Lima, Biblioteca Editorial Amauta. 1975 [6ta ed.]

Mariátegui, José Carlos. 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Marxists Internet Archive, mayo de 2010 [1928]

Mariátegui, José Carlos. Defensa del Marxismo. Lima, Biblioteca Editorial Amauta. 1988 [13ava ed.]

Parodi Revoredo, Daniel. Lima no respondía. El fracaso del plan insurreccional planteado en México explicado en carta de Víctor Raúl Haya de la Torre a Wilfredo Rozas, fechada el 22 de septiembre de 1929. Revista Investigaciones Históricas. Época Moderna Y Contemporánea, (42), pp. 1019–1048, 2022.

https://revistas.uva.es/index.php/invehisto/article/view/6914

Sobrevilla, David. El marxismo de Mariátegui y su aplicación a los 7 ensayos. Lima, Universidad de Lima, 2012 [2005]

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[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS]

Haya de la Torre en Cusco, 1963, la multitudinaria militancia aprista siempre lo acompañó

El 20 de septiembre de 1930 se fundó, en Lima, la sección peruana del APRA internacional, o el Partido Aprista Peruano, que, desde entonces, bajo el liderazgo de Víctor Raúl Haya de la Torre, sería protagonista de la política peruana durante todo el siglo XX y parte del siglo XXI.

¿Qué decir que no se haya dicho para no caer en los lugares comunes de siempre? En esta reflexión planteamos que el APRA fue actor principal en la construcción de ciudadanía moderna y de la democracia peruanas durante el siglo XX. Imelda Vega Centeno (1985 y 1991) ha señalado que el APRA fue una religión popular y esta idea, paradójicamente, empata con el concepto de revolución de José Carlos Mariátegui, quien influenciado por el filósofo francés Georges Sorel, creía en el mito revolucionario. En tal sentido, la revolución debía tener una connotación mística, moral y religiosa al mismo tiempo, la que debía convertirse, a la hora de las grandes movilizaciones, en la inspiración que agitase a las masas hacia la conquista del poder. La antigua militancia aprista fue precisamente así.

En tal sentido, el APRA fue más allá de su ideología, la que hoy constituye un valioso aporte a la historia de las ideas políticas en América Latina, pues no existe otro corpus doctrinal tan completo y elaborado, que comenzó con la propuesta de un marxismo adaptado a la realidad latinoamericana (El Antimperialismo y el APRA (1928)). Luego, tras abjurar del marxismo en 1931, Haya adoptó posturas de democracia de izquierda, dentro del entorno socialdemócrata, adaptadas a las diferentes coyunturas mundiales, como la Segunda Guerra Mundial, cuando publica La Defensa Continental (1942) desde la clandestinidad, o durante su segundo exilio a Europa, en la década de los cincuenta, cuando publicó Mensaje de la Europa Nórdica, donde expresa su simpatía por el Estado de Bienestar (1956).

El Partido Aprista Peruano nació masivo. Las luchas políticas durante la década de 1920, en contra de la tiranía de Augusto B. Leguía, prepararon el terreno para la irrupción de las masas en la política y lo hicieron, mayoritariamente, a través del PAP. Aquí comienza a gestarse la modernidad política en el país, y los peruanos y peruanas de los estratos medios y bajos de la sociedad comienzan a hacer suyo el concepto de ciudadanía, de militancia política y a interiorizar los derechos fundamentales desde su lucha directa por alcanzar el poder, o en contra de él, cuando es cooptado por la dictadura, ya sea a través de la vía insurreccional, la huelga, el paro, la protesta, las grandes movilizaciones, etc.

Un tema descuidado dentro de la trayectoria del APRA es su vocación democrática y constitucionalista, nunca desmentida bajo el liderazgo de Víctor Raúl. El PAP fue objeto de 25 años de persecuciones políticas que, implicaron, al mismo tiempo, su lucha en contra del militarismo y su represiva alianza con la oligarquía cuya finalidad era convertirse en muro de contención contra la irrupción de las masas en la política. En este difícil escenario, el APRA busca la conquista de los derechos políticos, laborales, sociales y económicos.

Bandera indoamericana, emblema del APRA desde que Haya la presentó en México en 1924.

Esta lucha por los derechos ciudadanos y por la consolidación democrática en tiempos de dictaduras fue fundamental para mellar la cooptación institucional por parte de las instituciones castrenses y, en efecto, aunque con graves interrupciones, que se prolongaron hasta el periodo 1992 – 2000, permitió la paulatina apertura y consolidación de las formas democráticas en un país prácticamente secuestrado por el militarismo. En este proceso, se destacan dos momentos claves: el primero es el entendimiento con el oligarca Manuel Prado en 1956, entendimiento tan criticado por quienes, aún en esos tiempos, seguían esperando del PAP un partido marxista y revolucionario, y no un partido democrático y constitucionalista. El pacto con Prado, lejos de constituir ninguna traición, abrió las puestas a la democratización del Perú. No solo fue el PAP el que cedió, más cedió la oligarquía.

De este modo, desde el 28 de julio de 1956, tras las negociaciones de Ramiro Prialé y Rómulo Meneses (los únicos dirigentes apristas en libertad tras sufrir prisión durante el Ochenio de Manuel Odría) con Prado, este aprobó la amnistía política a cambió del voto aprista en los comicios de ese año. La amnistía política amplió notablemente la participación política e impulsó la eclosión de partidos políticos en el Perú, entre los que se cuentan Acción Popular, la Democracia Cristiana, El izquierdista Movimiento Social Progresista, el Partido Comunista del Perú, El Movimiento Democrático Pradista, el Partido Socialista del Perú y hasta la Unión Nacional Odriísta. No olvidemos que siete candidatos se presentaron a las elecciones de 1962, y a ninguno se le restringió su participación en dichas justas electorales, desgraciadamente amañadas, una vez más, por la intervención militar y su arraigada vocación por impedir el acceso del APRA al poder.

El otro proceso democratizador en el que se destaca la participación aprista se produjo durante la transición democrática 1978 y 1979 y que dio a luz a la Constitución política de 1979. Los altos jerarcas de la segunda fase del gobierno militar querían una transición que rescatase la esencia de las reformas sociales aplicadas por el régimen a través de un proceso constituyente pero Acción Popular, con Fernando Belaúnde en el exilio, se negó a participar. Por ello, la única posibilidad de legitimar la asamblea en ciernes era la participación del APRA y su ya veterano líder aceptó sin dilación. Las elecciones a la constituyente de 1978 marcaron el inicio de una nueva era en la política peruana caracterizada por la multiplicidad de partidos políticos (de derecha, centroizquierda e izquierda marxista). Nunca en el Perú se había conformado un espectro político tan partidarizado y que representase todas las tendencias existentes. Desde entonces, hasta el 5 de abril de 1992, la participación política de la ciudadanía se canalizó a través de tres instituciones fundamentales, el partido, la central sindical y el sindicato (estos últimos ya venían haciéndolo al punto que tuvieron sus jornadas de gloria con los paros nacionales de 1977 que llevaron a Francisco Morales Bermúdez a comprender que la hora final del GRFA había llegado). Respecto del condicionamiento militar al proceso constituyente, en el discurso de instalación de la asamblea, Haya de la Torre exclamó con firmeza:

Esta Asamblea encarna el Poder Constituyente y el Poder Constituyente es la expresión suprema del poder del pueblo. Como tal, no admite condicionamiento, limitaciones, ni parámetros. Ningún dictado extraño a su seno puede recortar sus potestades. Cuando el pueblo se reúne en Asamblea Constituyente, que es el primer Poder del Estado. Vuelve al origen de su ser político y es dueño de organizarse con la más irrestricta libertad, nadie puede fijarle temas, ni actitudes, como no sean sus propios integrantes por la expresión democrática del voto. No reconoce poderes por encima de ella misma, porque es fruto indiscutido y legítimo de la soberanía popular. (Haya de la Torre, 28 de julio de 1978)

Pero más allá de señalar aquellos momentos en los que el PAP obtuvo avances claros en la construcción de la democracia en el Perú, a través del trabajo y gestión de sus principales dirigentes, no podemos perder de vista el trabajo de las bases, de la militancia, de esos hombres y mujeres convertidos súbitamente en ciudadanos conscientes de sus derechos, tanto por la formación política doctrinal que recibían en el partido, tanto porque, dichos derechos, habían sido coaptados por el militarismo oligárquico, recibiendo a cambio de ello, la clandestinidad, el exilio, la persecución y la muerte.

En tal sentido, la actuación de la militancia aprista, absolutamente consciente del constitucionalismo, la democracia y justicia social que buscaba, en aquellos tiempos aciagos, a través de múltiples acciones, entre ellas el sabotaje al poder dictatorial, socavó el autoritarismo imperante, abrió el espacio, y generó las condiciones para la ampliación de la participación política, la consolidación del poder civil y la instauración de las libertades políticas y civiles, esto es la democracia.

Independientemente de los aspectos discutibles de su trayectoria, que de seguro son muchos considerando que la vigencia política de Haya de la Torre se prolongó por más de 60 años – y que incluye un innegable culto a la personalidad- en este aniversario del PAP queremos rescatar lo que, por mezquindad o negacionismo histórico, nadie rescata: La incontrastable lucha de una multitudinaria militancia consciente de sus derechos y dispuesta a sacrificarlo todo en busca de la libertad. Con la falta que hoy nos hacen auténticos partidos políticos conformados por militantes convencidos de que la lucha por la democracia es irrenunciable y que su consolidación institucional constituye la base para el desarrollo del país.

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[EN EL PUNTO DE MIRA] ¿En qué situación surge? Surge, por un lado, en una situación conservadora para la universidad pública. Por ese entonces, en una de las regiones más católicas de Argentina, en la Universidad de Córdova, no estaban actualizados con respecto a lo que se hacía en ciencia y sociedad. Por ese entonces, se encontraba entre las materias de estudio cursos eclesiásticos y de la relación entre el amo y el siervo. ¡Increíble! En materia de derecho y medicina, los estudios no estaban a la vanguardia. Por otro lado, el impulso universitario tiene como correlato el componerse de una nueva clase media, y de hijos de migrantes (con vinculación anarquista), que desean acceder a los beneficios que le otorga una educación universitaria.

¿Por qué escribir sobre dicho acontecimiento hoy? Porque este mes se cumplen 100 años. Muy simbólico para la actual generación de jóvenes universitarios porque fue al año siguiente que en el Perú un grupo importante de jóvenes de la Federación Universitaria de San Marcos -liderado por Victor Raúl Haya de la Torre- impulsaron el movimiento universitario argentino –liderado por Deodoro Roca y Gabriel Del Mazo- para llevar adelante los principios de la reforma universitaria, hasta que se consiguió.

Al año siguiente, en 1920, como producto de uno de los principios de la reforma (como es la extensión universitaria), se crearon las Universidades Populares Gonzales Prada, en la cual se llevó ciencia y conciencia a obreros, empleados, entre otros actores de la sociedad peruana. Fue un tiempo en el que –a pesar de las dictaduras- se formó en democracia y ciudadanía. Fueron los padres de la democracia peruana.

Por estos tiempos, los hijos de la democracia aún podemos apreciar que la gratuidad de la enseñanza aún existe, que el cogobierno de la universidad entre docentes y estudiantes también existe y que también la cátedra libre.

Puede que, hoy, la universidad pública esté en crisis, pero no olvidemos que fue un impulso histórico y necesario. Hagamos un balance de ello para una universidad de calidad y humanista.

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Es evidente que los temas personales juegan un rol también en la actuación política. Lo que plantea Parodi es que el celo de JCM frente al liderazgo de Haya de la Torre fue el origen de la polémica, y no discrepancias ideológicas. Y aquí es clave seguir en forma estricta el desarrollo de los hechos. Haya manda a JCM los documentos del Plan Insurreccional, documentos muy delicados teniendo en cuenta que el Perú estaba bajo la dictadura de Leguía. Con el envío a JCM, Haya le reconoce como el dirigente de la sección del APRA en Lima. Y la indicación de Haya fue que los documentos que enviaba debían ser puesto a conocimiento y discutidos con las otras células apristas. Sin embargo, JCM no difundió los documentos y atacó a Haya de la Torre, llevando el tema a un debate ideológico.[11] JCM al no  dar a conocer los documentos que Haya le había enviado a otras células apristas no solo no actuó con lealtad a Haya sino tampoco con el movimiento del cual el participaba. Los demás integrantes de las células apristas en Perú pudieron estar de acuerdo con el Plan de Haya de la Torre. ¿Por qué Mariátegui no difunde el Plan Insurreccional? Según Parodi porque veía amenazado su posición como líder de la célula aprista, es decir, por temor al liderazgo de Víctor Raúl Haya de la Torre. Sin embargo, había que sopesar bien la afirmación sobre el liderazgo de JCM de la izquierda peruana en esos momentos. Mariátegui tuvo una labor más intelectual que política. Era un hombre de gabinete. Son famosas sus tertulias de distintos temas desde la política al arte en su casa del jirón Washington. Haya, en cambio, había demostrado ser un organizador y líder de masas con excepcional oratoria y gran carisma y con una personalidad arrolladora. Incluso cuando fue deportado Haya fue invitado a distintas conferencias y destaco como un joven líder peruano. JCM destacaba más por su gran pluma la cual había desarrollado en tantos años ejerciendo el periodismo. Sin lugar a dudas, la revista Amauta le otorgó un gran prestigio a Mariátegui, pero desde nuestro punto de vista era un reconocimiento intelectual, no político. El propio Parodi reconoce que “el auroral movimiento aprista” Haya lo “había organizado desde su partida al exilio en octubre de 1923.”[12]

Por otro lado, Parodi es muy severo  con JCM lo señala como divisionista al aseverar que con su actitud “se partió un proyecto político continental y Mariátegui pudo triunfar en una lid bastante desigual promovida por él mismo”,[13] de esta forma responsabiliza al Amauta de la división y al decir un debate “desigual” hace notar que JCM no actúo limpiamente en la disputa. Asimismo, según el historiador Mariátegui le declaro la guerra “al movimiento aprista con el objetivo de destruirlo.”[14]

El mayor aporte de Parodi es ubicar con precisión el contexto en el cual se desarrolló la polémica Haya-Mariátegui, lo cual le lleva a afirmar que el origen de esta fue “la estrategia de uno de los contendientes para socavar el proyecto insurreccional del otro, por colegir que amenazaba sus propias aspiraciones políticas o por interpretar que se ubicaba fuera de los cauces del comunismo internacional, o por la suma de ambas premisas.”[15]

 

[1] Parodi Revoredo, Daniel (2022). Lima no respondía. El fracaso del plan insurreccional planteado en México explicado en carta de Víctor Raúl Haya de la Torre a Wilfredo Rozas, fechada el 22 de septiembre de 1929. Investigaciones Históricas, época moderna y contemporánea, (42), 1019-1048. https://doi.org/10.24197/ihemc.42.2022.1019-1048

[2] Parodi Revoredo, Daniel: Idem. p. 1028

[3] Parodi Revoredo, Daniel: Idem. p. 1033

[4] Parodi Revoredo, Daniel: Idem. p. 1029.

[5] Parodi Revoredo, Daniel: Idem. p. 1029.

[6] Vásquez Juárez, Nelson: “Las sombras de Mariátegui. El primer caviar de la historia”, Lima, Instituto Sudamérica, 2011. En este libro se detalla los pormenores del viaje y estadía de JCM a Italia. Hay que precisar que el cargo de agente de propaganda estaba relacionado con la difusión de la posición del Perú frente a la cuestión Tacna y Arica, la cual se resolvió en 1929.

[7] La famosa fotografía se puede apreciar en: RENGIFO BALAREZO, Antonio, (2018) “José Carlos Mariátegui: la amistad y la política”, Pacarina del Sur [En línea], año 9, núm. 35, abril-junio, 2018. ISSN: 2007-2309. Consultado el Lunes, 20 de Marzo de 2023.

Disponible en Internet: http://pacarinadelsur.com/home/huellas-y-voces/1611-jose-carlos-mariategui-la-amistad-y-la-politica

[8] Parodi Revoredo, Daniel: ídem. p. 1030.

[9] Parodi Revoredo, Daniel: Idem. p. 1039.

[10]  Parodi Revoredo, Daniel: Idem. p. 1041.

[11] Parodi Revoredo, Daniel: Idem.  pp. 1036-1037.

[12] Parodi Revoredo, Daniel: Idem. p. 1038.

[13] Parodi Revoredo, Daniel: Idem. p. 1037.

[14] Parodi Revoredo, Daniel: Idem. p. 1038.

[15] Parodi Revoredo, Daniel: Idem. 1043.

Link del artículo, Lima no respondía

“Lima no respondía. El fracaso del plan insurreccional planteado en México explicado en carta de Víctor Raúl Haya de la Torre a Wilfredo Rozas, fechada el 22 de septiembre de 1929”

https://revistas.uva.es/index.php/invehisto/article/view/6914

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Por eso es importante escribir sobre su legado, para que se sepa que no solo fueron 151 mil obras realizadas por todo el Perú lo que hizo el aprismo durante su segundo gobierno; fueron también aportes vinculados a las conquistas sociales y a comprender filosóficamente nuestro mundo, que es latinoamérica.

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