[El dedo en la llaga] Alemania tiene leyes muy estrictas contra el extremismo de derecha, sobre todo el nacionalsocialismo o nazismo, debido a lo que ocurrió durante el régimen de Adolf Hitler entre 1933 y 1945. Durante ese periodo, Alemania se convirtió en una dictadura que provocó el asesinato sistemático de unos 6 millones de judíos en lo que se conoce como el Holocausto, así como la persecución de muchas otras personas (gitanos, discapacitados, homosexuales, opositores al régimen, comunistas, etc.). También ocasionó la Segunda Guerra Mundial, que causó la muerte de entre 70 y 85 millones de personas. Después de la derrota de la Alemania nazi en 1945, el país quedó devastado y hubo un consenso fuerte de que algo así no podía volver a ocurrir. Los alemanes también aprendieron que Adolf Hitler llegó al poder utilizando el sistema democrático de la República de Weimar y luego eliminó las libertades y derechos ciudadanos. Por eso se decidió crear una democracia que pudiera defenderse de movimientos antidemocráticos.

La constitución alemana actual, llamada oficialmente Ley Fundamental para la República Federal de Alemania (en alemán: Grundgesetz für die Bundesrepublik Deutschland), permite, por eso mismo, prohibir organizaciones que quieran destruir la democracia, castigar la propaganda nazi, vigilar a grupos extremistas. A esto se le llama “democracia militante” o “democracia defensiva”.

En ese sentido, el Código Penal alemán prohíbe, por ejemplo:

  • Usar símbolos nazis como la esvástica, el emblema de las SS (Schutzstaffel), el símbolo de la SA (Sturmabteilung) o banderas o insignias del partido nazi.
  • Hacer el saludo nazi o difundir propaganda del Tercer Reich.
  • Negar o justificar el Holocausto.

Todas estas acciones pueden constituir delito penal. Ciertamente, hay excepciones si el uso de símbolos se hace con fines educativos, artístico o históricos, siempre y cuando quede claro que no se está defendiendo la ideología que está detrás de esos símbolos.

Una reciente investigación del semanario WELT AM SONNTAG, publicada este domingo 8 de marzo, revela una realidad preocupante. El número de incidentes de extrema derecha en las escuelas ha aumentado fuertemente en los últimos años.

Hace tres años, en el estado federado de Postdam, se hizo pública la carta abierta de dos profesores sobre incidentes de extrema derecha en una escuela de Burg im Spreewald. Los dos profesores fueron amenazados tras su escrito y tildados de “traidores”. Ya entonces, WELT AM SONNTAG tuvo acceso a los documentos del Ministerio de Educación en Potsdam. Desde entonces, se han añadido cientos de notificaciones más. Los incidentes más recientes permiten, de forma selectiva, una visión de cuán profundo es el problema. Muestran que en muchos casos no se trata solo de provocaciones adolescentes, sino de propaganda nazi en toda regla, y en parte se trata de niños que ya en edad temprana entran en contacto con ideologías radicales.

El estado federado de Brandeburgo registra los incidentes de manera sistemática y detallada. A nivel federal, el estado ocupa una posición pionera al respecto. Cuando el reportero de WELT AM SONNTAG solicitó inspeccionar todos los expedientes en febrero, tuvieron que ser traídos con un trolley, debido a lo abundante del material. Las notificaciones provienen por igual de escuelas primarias, escuelas secundarias, institutos y escuelas profesionales. «El extremismo de derecha es un fenómeno que cubre todo el territorio», dice una fuente familiarizada con los procedimientos.

Un caso llama la atención. Alumnos de un instituto en Herzberg visitan el memorial del antiguo subcampo de concentración en Schlieben. Pocas horas después, dos de ellos están en el paradero del autobús y entonan la línea de una canción: «Turcos, árabes, griegos, ya no podemos oler esta escoria». El texto proviene de la canción «Kanake verrecke» de la banda neonazi de punk rock Landser, declarada “organización criminal” y prohibida por un tribunal alemán en el año 2003 y cuyos integrantes fueron sentenciados a diversas penas por Incitación al odio y difusión de propaganda nazi. Ante la pregunta del profesor, los jóvenes explican que el video con la canción se les apareció «simplemente así» en TikTok y que era «muy pegadiza».

No es un caso aislado. Hoja tras hoja, incidentes menores y mayores de los últimos tres años llenan los expedientes. Un alumno de la escuela secundaria en Bad Liebenwerda hace el saludo hitleriano en el pasillo de la escuela. En Schwedt, un alumno de octavo grado levanta repetidamente el brazo. Ante la clase dice: «Vamos a follarnos a los judíos y también a gasear a los negros». Más tarde, relativiza su declaración ante la dirección del centro educativo. Además, afirma no saber qué significa el saludo hitleriano. En la escuela secundaria de Rathenow, una alumna aparece en clase de biología con una camiseta que dice: «Estudio de bronceado 88 – Aun sin sol, marrón». El número 88 alude a las letras «HH» de «Heil Hitler», el marrón al color de los uniformes de las fuerzas paramilitares de choque conocidas como SA.

En otros casos, los profesores documentaron que en las escuelas se encontraron pegatinas de partidos neonazis como «Dritter Weg» («Tercera Vía»), su organización juvenil «Nationalrevolutionäre Jugend» («Juventud Nacionalrevolucionaria») o el grupo de extrema derecha «Deutsche Jugend Voran» (DJV, «Juventud Alemana Adelante»). El DJV es considerado en círculos de seguridad como un grupo de rápido crecimiento y orientado a la acción, dirigido a un público joven y afín a internet. A través de tales grupos, también se introduce en el ámbito neonazi a jóvenes que antes no tenían ningún contacto con temas políticos.

Llama la atención que también muchas escuelas primarias aparecen en los expedientes. En una escuela primaria en Potsdam, un alumno de segundo año corre por el patio con el brazo en alto. Cuando se le pregunta, dice que conoce el significado del gesto y lo hace «a propósito». En una escuela primaria en Dosse, un alumno de cuarto año pinta en un trabajo de clase sobre Alemania los contornos del país con los colores de la bandera del Tercer Reich. El padre del niño es un conocido integrante de los «Reichsbürger», un movimiento extremista cuyos miembros sostienen que el Estado alemán actual no es legítimo. En la nota del profesor se dice lacónicamente que contactar a los padres resulta en vano, ya que en el pasado hubo amenazas de parte de ellos.

En Brandeburgo se registra todo lo que notifican las escuelas, incluso lo que no llega al nivel de punible. En el año escolar 2022/2023 se registraron 117 casos. Un año después fueron 560, casi el quíntuple. En 2024/2025 la cifra fue de 386. Para el año escolar en curso 2025/2026, el ministerio registra hasta ahora 109 casos en el primer semestre.

En Renania del Norte-Westfalia, en cambio, se recogen datos policiales, es decir, delitos penales registrados, y se observa una dinámica similar. En 2023, la policía registró 277 delitos políticamente motivados ocurridos en «escuela/universidad», en 2024 ya fueron 452. Para 2025 hay 461 casos. El espectro va desde delitos de propaganda como mostrar el saludo hitleriano, hasta incitación al odio contra determinadas minorías de la población, insultos y hasta lesiones corporales. Los investigadores observan además que los contenidos de extrema derecha se difunden cada vez más en chats de clase y grupos.

Casos similares también aparecen en los expedientes de Brandeburgo. En capturas de pantalla de un chat de clase se encontró, por ejemplo, la foto de una nube de humo con la inscripción: «retrato de familia judío». En otra laptop escolar, un alumno había guardado una foto de Adolf Hitler y una imagen con el lema «Ausländer raus» («extranjeros fuera»).

También Sajonia informa de cifras en aumento. En 2023 se registraron 149 incidentes de extrema derecha, 155 en 2024, y en 2025 ya eran 245. La base son «incidentes especiales» que notifican las direcciones de los centros, como «influencias políticas o religiosas extremistas» o «incidentes racistas o antisemitas». Según el ministro de cultura de Sajonia, Conrad Clemens (CDU), «el extremismo de derecha es nuestro mayor problema social». Hay muchas iniciativas importantes de prevención, pero el terreno para el extremismo se prepara allí donde las afirmaciones misantrópicas y antidemocráticas no se cuestionan, «ya sea en el patio del recreo, en el club deportivo o en el entorno privado».

Otros estados federados también informan de aumentos significativos. En Turingia, el número de casos aumentó de 95 en el año 2023 a 174 en el año 2025. En Hesse, la cifra de incidentes extremistas de derecha denunciados creció de 39 en en el año 2023 a 159 en el año 2025, en Berlín de 74 en el año 2023 a 126 en el año 2025, en Renania-Palatinado de 25 en el año 2023 a 78 en el año 2025. Mecklemburgo-Pomerania Occidental registró en el año escolar 2024/2025 235 notificaciones relacionadas con antecedentes extremistas o símbolos anticonstitucionales, un claro aumento respecto al año anterior.

En Sajonia-Anhalt, los delitos de derecha registrados por la policía en escuelas aumentaron de 74 en el año 2023 a 192 en el año 2024, lo que supone un aumento de casi el triple. La ministra del interior de este estado federado, Tamara Zieschang (CDU), declaró a WELT AM SONNTAG: «Los incidentes extremistas de derecha en escuelas primarias son especialmente preocupantes. Muestran lo importante que es transmitir valores democráticos desde temprana edad, algo que debe comenzar no sólo en la escuela, sino también —y especialmente— en el hogar de la familia».

El experto en extremismo de derecha David Begrich, de la asociación «Miteinander» en Magdeburgo, identifica tres factores que contribuyen al aumento de incidentes en las escuelas. En primer lugar, la visibilidad general de contenidos de este tipo en los medios digitales ha aumentado considerablemente. En segundo lugar, existe un «regreso del placer de probar hasta dónde se puede llegar». En tercer lugar, especialmente en Alemania del Este, la Alternativa ara Alemania (AfD) ha contribuido a que las posiciones extremistas de derecha se normalicen aun más. «La diferencia con los años 90 es que ya no existe una cultura juvenil de derecha específica que se pueda delimitar claramente», afirma Begrich. Hoy en día, favorecido por internet, se trabaja mucho más con fragmentos de diferentes ámbitos.

Esto significa que quien, por ejemplo, escucha a la banda neonazi Landser porque se la recomienda el algoritmo de TikTok y le gusta, no necesariamente tiene que ser un extremista de derecha consolidado. En los años 90 era diferente. Quien entonces escuchaba a Landser era «con mayor probabilidad un neonazi consolidado», «porque era mucho más difícil acceder a ese material». En el trato con alumnos llamativos, Begrich aboga por un enfoque «situacional-comunicativo». «Antes de que la escuela llame a la policía, hay que hablar con los alumnos. En la gran mayoría de los casos, no se trata de visiones del mundo ideológicamente consolidadas».

Sea como sea, es un problema preocupante. Pues una sociedad dominada por ideologías extremistas termina siendo caldo de cultivo de los peores crímenes que la humanidad es capaz de cometer: crímenes de lesa humanidad.

[INFORME] Mientras la encuesta de Datum registra una reducción considerable en el porcentaje de votos para Rafael López Aliaga, el candidato de Renovación Popular pone en duda la credibilidad de las encuestadoras. Sin embargo, Sudaca pudo encontrar que, durante su gestión en la Municipalidad de Lima, se invertían más de cien mil soles en encuestas.

A casi un mes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, las encuestas empiezan a mostrar cambios importantes en lo que hasta ahora había sido una contienda política que no terminaba de convencer a un importante sector del electorado. Mientras algunas figuras empiezan a tomar mayor protagonismo, otras parecen haber perdido la simpatía que generaban en un sector de la población.

Entre estos candidatos que han visto que su porcentaje de intención de voto se reduce está el exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga. Según la encuesta realizada por Datum Internacional que se presentó la noche del domingo en el dominical “Cuarto Poder”, el candidato de Renovación Popular ha pasado en pocas semanas del 13,4% al 10% con lo cual ha perdido el primer lugar que ahora está en manos de Keiko Fujimori y Fuerza Popular.

 

López Aliaga no se ha mantenido al margen ante este tipo de resultados y en las últimas horas, durante un mitin en el Callao, le pidió a sus seguidores no confiar en estas encuestas a las cuales catalogó como “mentirosas”.  El candidato conservador continuó con su crítica a las encuestadoras señalando que “no pagamos nada a las encuestadoras. No les creo nada, ni lo que comen. Estamos primeros y lejos”.

Sin embargo, aunque ahora el líder de Renovación Popular pone en duda la credibilidad de los resultados que arrojan estas encuestas, Sudaca pudo encontrar información que dejó su paso por la Municipalidad de Lima que expone una postura radicalmente opuesta sobre el trabajo de las encuestadoras.

CUANDO SÍ LES CREÍA

Si bien hoy las palabras del exburgomaestre limeño denotan un innegable desprecio y desconfianza al trabajo que realizan las empresas que se dedican a estos estudios, durante su paso por la Municipalidad Metropolitana de Lima parecía que tanto él como quienes integraban su gestión tenían una postura muy distinta.

Sudaca pudo encontrar que, en mayo del 2025, la Municipalidad de Lima contrató a Datum Internacional, la misma encuestadora que lo ubica en ese segundo lugar que tanto lo molesta, para que les brinde un “servicio de recopilación, procesamiento y análisis de datos e información estadística” por el cual pagaron más de cuarenta mil soles.

El trabajo realizado por Datum Internacional parece haber sido confiable ante los ojos de López Aliaga y sus funcionarios. Tanto así que, apenas un mes después, la Municipalidad de Lima volvió a emitir una orden de servicio con esta empresa por un “servicio de análisis en generación de información estadística” por el cual pagaron más de veinte mil soles.

NO PAGAMOS NADA A LAS ENCUESTADORAS, PERO…

Durante su reciente mitin en el Callao, Rafael López Aliaga también se jactaba de no haber pagado a encuestadoras. Sin embargo, tal como se pudo ver en el caso de Datum Internacional, la realidad es muy distinta. Mientras fue alcalde de Lima, López Aliaga parecía tener un nivel de confianza en ellas muy diferente al que manifiesta hoy.

En septiembre del año 2023, cuando todavía no llevaba ni un año como alcalde, la gestión que encabezaba el hoy candidato presidencial optó utilizar los recursos de la ciudad para encargarle a CPI (Compañía Peruana de Estudios de Mercados y Opinión Pública S.A.C.) la realización de un “estudio de percepción sobre la gestión municipal”. Esta orden de servicio le costó a Lima treinta y nueve mil soles.

El mismo López Aliaga que hoy llama a desconfiar de las encuestadoras volvió a recurrir a CPI (Compañía Peruana de Estudios de Mercados y Opinión Pública S.A.C.) en mayo del año siguiente. Esta vez, aunque el resultado podría parecer predecible, la Municipalidad de Lima consideró oportuno invertir en un “estudio de percepción de la inseguridad ciudadana”.

Aunque en su faceta de candidato presidencial intenta fomentar la desconfianza hacia el trabajo realizado por diversas encuestadoras y no duda en llamarlas “mentirosas”, Rafael López Aliaga exhibe una innegable contradicción con respecto a la importancia que le daba al trabajo de estas mismas encuestadoras durante su paso por la Municipalidad de Lima y por el cual no tuvo problemas en invertir un cantidad importante que salió del bolsillo de los limeños.

[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS] La segunda vuelta en nuestras próximas elecciones parece de pronóstico reservado en virtud del excesivo número de candidatos a la presidencia de la República, 36 en total, y unas encuestas que nos dicen que a estos les resultará muy complicado pasar el 5% de las preferencias ciudadanas, es decir, la valla electoral.

En un mundo paralelo, o escenario distópico, podría inclusive suceder que ningún candidato pase la valla con lo cual ¿las justas tendrían que repetirse? o podría ser que solo uno lo haga, de suerte que este ganaría en primera vuelta, no por obtener la mitad + 1 de los votos, sino por falta de otro contrincante capaz de obtener más del 5%. Y en el Congreso, si solo dos o uno pasaran la valla electoral, ingresaríamos a un esquema bipartidista o, lo que es peor,  a una telúrica dictadura de partido único.

Pero imaginémonos que estos escenarios, que no son ni tan fantasiosos, ni tan inverosímiles, no se produzcan y que dos o más candidatos pasen la valla, con lo cual accederíamos a una segunda vuelta tradicional. Es decir, el primero vs el segundo bajo formas similares a las de los últimos procesos electorales. En este caso, se nos presentan solo 3 escenarios posibles:

  1. Una segunda vuelta entre dos candidatos de derecha, como podrían serlo Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori:

Esta situación dejaría en ascuas a la ¿mayoría? de peruanos alineados con el HT Por estos no, y que quisiera un cambio radical, léase de clase política, en el gobierno del Estado. La figura señalada, supondría la continuidad de la actual alianza gobernante que se gesta más desde el Congreso que desde el poder Ejecutivo.

  1. Una segunda vuelta entre candidatos que no son de derecha y que abarcan desde la extrema-izquierda hasta el centro:

Conforme a las encuestas,  esta posibilidad se nos muestra bastante más remota que la primera. En realidad, solo un candidato de este espectro del electorado ha asomado en los muestreos de opinión y es Alfonso López Chau, y su novedosa Ahora Nación. Su partido está realizando  mítines en diversas plazas del Perú, donde ha podido apreciarse un entusiasta apoyo ciudadano a su candidatura, aunque sin alcanzar las multitudes de las campañas electorales de antaño. Pero en el Perú nada está dicho, la meteórica aparición de un contrincante para López Chau, que yo vislumbraría más en la izquierda radical que en el centro, podría cambiar el panorama.

  1. Una segunda vuelta entre un candidato de derecha frente a otro de centro o centro-izquierda:

En este caso, la candidatura de derecha buscará llevar la discusión a la batalla cultural: contra el aborto, el matrimonio LGTBI+, reivindicar las consignas de “con mis hijos no te metas” y la libertad de los padres a escoger qué educación sexual elegir para sus vástagos. La apuesta derechista-conservadora por esta agenda se explica en la percepción de que la mayoría de peruanos, inclusive entre muchos de los que se auto perciben como izquierdistas, responde a un histórico pensamiento conservador y que, es probable, no apruebe ninguna de estas políticas progresistas, las que intentará achacarle al contrario.

Cuestiones como el aborto libre o el matrimonio LGTBI+ definirán el voto de millones de peruanos en la segunda vuelta. En 2021 pudimos apreciar claramente una corrida electoral desde Verónica Mendoza hacia Pedro Castillo debido a que la primera hizo suyas las agendas culturales del progresismo. Una opción de izquierda que pretenda seriamente llegar al poder debe tener en cuenta estas variables.

Por su parte, la candidatura de Centro Izquierda buscará llevar la discusión hacia la dicotomía honestidad vs corrupción, y acusará a su contrincante derechista de formar parte, en el actual Congreso, del denominado pacto mafioso que gran parte de los peruanos identifica como responsable de nuestras crisis política, económica, social y de seguridad. De hecho, los responsabilizará de las leyes cuyos detractores denominan procrimen por recortar facultades a la lucha contra la delincuencia y la corrupción. Este parecería ser el caso de la ley 32108 que excluye de las organizaciones criminales a la extorción, la corrupción y la trata de personas.

Además, los últimos años, varios líderes de izquierda como el actual alcalde de New York, Zohran Mamdani, han volteado de nuevo la mirada hacia la agenda social -el acceso a los servicios públicos del ciudadano de a pie- y han logrado éxitos notables, marcando así una línea que la izquierda puede  retomar si lo que busca es reposicionarse y plantarle cara a este mundo conservador en el que campea Donald Trump.

Palabras finales

Por supuesto que nada es tan simple, ni tan complejo tampoco. En todos los casos, la discusión de cómo los partidos y sus candidatos piensan solucionar los problemas más urgentes de la vida cotidiana, se suman a las agendas que hemos señalado. Conectar con la gente supone conectar y conocer primero cuáles son sus verdaderas y más básicas necesidades, más allá de lo que se discute en la superficie ideológica del debate electoral.

Veremos entonces que pasará, pero el panorama parece más claro de lo que se parecía a simple vista. Tenemos tres opciones para la segunda vuelta. La tercera parece ser la más probable. De ser el caso, cada uno de los dos candidatos contrincantes buscará llevar el debate hacia temáticas que favorezcan sus aspiraciones. Será una guerra de narrativas: el triunfo del Perú conservador frente a la agenda progresista o el triunfo de la agenda  anticorrupción que ofrece recuperar el Estado y ponerlo al servicio de las grandes mayorías ¿cuál será?

[MIGRANTE AL PASO] La vida de adulto no es como uno pensaba. No somos como nos percibíamos de niños. No todos somos buenos, responsables y, mucho menos, tenemos las cosas resueltas. Ni qué decir sobre si sabemos qué hacer con nuestras vidas, en mi caso; avanzo, pero por un sendero serpenteante. Dudo que alguna vez sepa qué es lo que quiero realmente. Con las últimas noticias que vienen rondando desde el año pasado, está claro que la adultez está sobrevalorada y ha iniciado una etapa de “matar a tus ídolos”. Nietzsche estará feliz en el más allá. Junto con toda esta nueva etapa, también inicia una para mí y estoy atreviéndome a nuevas cosas. Más allá de mi emprendimiento y escritura.

Un amigo se presentaba en un show de stand up comedy, fue genial, pero, por alguna razón, siempre me agarran de punto. Me sucede desde niño y me di cuenta de que el pánico escénico es algo que mantengo ya grande. Para alguien con esta fobia, tengo la mala suerte de no pasar desapercibido por mi anatomía: soy alto, grande y con voz gruesa. Intento seguir un consejo dado en una serie de fantasía medieval: Si vas a ser alto, actúa como alto. La pasé genial, creo que la risa es cura para todo y no existe un mal momento para ella. Cada vez que me señalaban o me hacían participar me ponía como un tomate, nunca me he visto, pero, siempre que sucede me lo resaltan entre risas. Me parece admirable pararse frente a un público desconocido, expuesto totalmente, y con la duda de si se reirán de tus chistes. Creo que a los pocos minutos me estaría desmayando de la ansiedad. Lo que siento es parecido a las veces que me han tenido que sacar sangre; cierra el puño me dice el enfermero, pero la fuerza de mi cuerpo se desvanece de golpe. También, le tengo miedo a las agujas, soy bastante miedoso al parecer. Por lo menos, eso me da más oportunidades de ser valiente.


Recordé momentos antiguos. Todos los domingos salíamos a comer en familia y al parecer yo tenía 500 cumpleaños. Mis tíos, al conocer mi naturaleza rochosa, avisaban a los restaurantes de que mi santo era ese día. Una mentira para bromear. Me devoraba la comida hasta atragantarme, no tenía control y parecía un troglodita, mi capacidad para comer era infinita. A veces no habían puesto el plato en la mesa y yo ya estaba intentando picar algo con mi tenedor. Luego de cumplir mi mayor placer: alimentarme (algo que tampoco ha cambiado), una pasarela de meseras y meseros se aproximaba a la mesa. Yo ya sabía y aun así me sorprendía. Mientras me cantaban Happy Birthday en coro y me colocaban algún dulce sobrante con una vela yo pensaba: “estos desgraciados”. Ahora ya me doy cuenta de que es mejor celebrar mil inventos que no recibir celebración alguna.

En el colegio, era un problema para evaluarme. En los shows y presentaciones me quedaba paralizado, tanto que siempre hacía de árbol, piedra y hasta de piso. Mi mayor logro fue ser el hombre de hojalata en quinto grado de primaria. Ahí terminó mi carrera actoral. Hay que agradecerles a los padres, soplarte 2 horas de un show infantil debe ser una tortura peor que una ópera de Wagner mal cantada. En ese momento pensaba que lo disfrutaban, encima les cobraban, deberían pagarles. Peor aún mis padres, que tenían que estar horas y su hijo parado, de tronco, sin decir ni una sola palabra. Odiaba esos momentos.

Practicaba piano, mi hermano era mejor que yo, pero debí seguir. Siempre nos presentábamos en el colegio Markham, no sé por qué y nunca lo pregunté. Lo que recuerdo, aparte de su piscina profunda con un trampolín alto, es que era raro. Para empezar que usaban uniforme, para alguien de mi colegio eso era demasiado formal y anticuado; aparte, todos se veían iguales. Su auditorio era chico, por lo menos el de piano, no recuerdo bien el momento en que tocaba, recuerdo la reverencia, sentarme erguido y luego un vacío. Antes de pararme, el sudor de mis manos había dejado empapadas las teclas. Una vez, le tocaba a una chica después que a mí e hizo que lo limpien. Sentía que mi vida iba a terminar. Tal vez, en lo único en que no me afectaba el público era en karate, pero eso es porque me gusta pelear.

Ahora ya no soy tímido, pero si tengo una presentación, todo el tiempo previo se vuelve nefasto. Como si esperara la sentencia de un juicio o algo similar. Así mi adultez no ha sido muy distinta, tengo los mismos miedos que en mi infancia. Pero ahora me toca explorar de nuevo. Comenzaré mis clases de chino en unas semanas para ampliar la mente y perspectiva del mundo. También, haré caída libre con paracaídas para vencer mi miedo supremo, las alturas, y porque a veces es necesario sentir un poco de cercanía a la muerte para seguir avanzando, seguro mi abuela cuando lea el texto me dirá que estoy loco. Mentira, es más fácil morir cayéndote en la ducha que saltando de un avión. En fin, a seguir explorando y hacer locuras evitando que la vergüenza sea impedimento. Igual, a nadie le importa lo que haces.

 

[INFORME] La iglesia evangélica entra por la puerta grande a Palacio de Gobierno. En medio de nueva crisis energética, el presidente José María Balcázar se encuentra con el asesor espiritual de Pedro Castillo y Dina Boluarte en una “reunión de trabajo”.

El paso de José María Balcázar Zelada por el Congreso parecía, hasta hace unas semanas, condenado a la intrascendencia. A excepción de la cuestionable votación en la que el parlamentario de Perú Libre se abstuvo de votar en contra del matrimonio infantil, Balcázar podía ser considerado como un miembro del hemiciclo poco memorable.

Pero, a poco de terminar su periodo como congresista, la caótica y siempre sorpresiva política peruana le allanó el camino a Palacio de Gobierno. Asumir la presidencia luego de los escándalos que ensombrecieron las gestiones de sus predecesores podría invitar a creer que el abogado de ochenta y tres años intentaría evitar las polémicas.

Sin embargo, este no ha sido el caso y el despacho presidencial ha continuado abriéndole sus puertas a todo tipo de personajes. Sudaca pudo conocer las historias detrás de uno de los visitantes atendido por el presidente interino que ponen en alerta sobre las prioridades que podría tener Balcázar durante su paso por Palacio.

PALABRA DIVINA EN PALACIO

Aunque sus gobiernos tuvieron más diferencias que similitudes, entre esos pocos puntos de coincidencia que se podían encontrar entre las gestiones de Dina Boluarte y Pedro Castillo existió un nombre que fue tomando fuerza en los pasillos de Palacio de Gobierno durante la presencia de estos personajes.

Sorprendentemente, no se trataba de un congresista, tampoco era el líder de un partido y mucho menos un operador político. La persona en cuestión es Anthony Jesús Lastra Velarde,  un joven pastor evangélico que apenas tenía veintitrés años  cuando se conoció sobre su cercanía a Pedro Castillo y su familia.

Lastra Velarde se refería al hoy encarcelado expresidente como un «elegido de Dios», pero su influencia parecía exceder lo relacionado a las creencias religiosas de Castillo Terrones y su familia. En declaraciones para el periodista Alessandro Azurín para Sudaca en diciembre del 2021, Lastra hablaba de su interés por conversar con el entonces mandatario para sobre la vacunación.

“Voy a conversar con él sobre la vacunación. Hay muchos hermanos que me lo han pedido. No soy antivacuna, pero no la promuevo. Yo dejo que la gente decida, que sea voluntario”, detallaba el joven pastor sobre su visita al despacho de Castillo. En simultáneo, Lastra también sostenía reuniones con diversos congresistas.

En diciembre del 2022, Pedro Castillo dejaría de ser presidente tras su fallido intento de golpe de Estado. Pero la presencia de Lastra no se vería perjudicada. Dina Boluarte no sólo sería una admiradora de sus prédicas, sino que también terminó por convertirse en una importante aliada y defensora de su movimiento religioso.

Si Lastra había encontrado en Castillo a un presidente que lo escuchaba, Boluarte habría estado dispuesta a darle una ayuda mayor. En junio del año pasado, el dominical Punto Final dio a conocer que la presidenta estaba dispuesta a respaldar la creación de una capellanía evangélica en Palacio y la Iglesia Evangélica Pentecostal del Perú, a la que pertenecía Lastra, incluso había iniciado los trámites para lograr este objetivo.

REGRESO A PALACIO

La relación entre el joven evangélico y Palacio de Gobierno se vería interrumpida durante el mandato de José Jerí. El aparente desinterés de Jerí Oré por vincularse con quien se había convertido en una especia de consejero espiritual. Probablemente por esta razón, mientras que Lastra se refería a Castillo como un «elegido de Dios», a José Jerí le auguraba la censura debido a que le “dio la espalda a Dios”.

Actualmente, el joven pastor Anthony Lastra sigue cercano a la política y está haciendo campaña para convertirse en diputado por Lima de la mano de Unidad Nacional, la alianza entre el PPC, Unidad y Paz y Peruanos Unidos que lleva como candidato presidencial al congresista Roberto Chiabra.

Con la llegada de José María Balcázar al sillón presidencial, las puertas de Palacio de Gobierno se abrieron otra vez para Lastra. En medio de las urgencias que debe atender el nuevo presidente y la extenuante agenda de un candidato, Balcázar y Lastra parecen buscar la oportunidad para encontrarse en lo que queda registrado como una reunión de trabajo en el despacho presidencial.

Otro dato que ha llamado la atención sobre el regreso de Lastra a las altas esferas del gobierno nacional es que habría ocurrido junto a una persona llamada Paul Jacob Isael Jiménez Aredo, quien acorde a sus registros parece ser cercano a tres parlamentarios de Renovación Popular, Milagros Jáuregui, Alejandro Muñante y Javier Padilla, que casualmente tienen una innegable cercanía con las iglesias evangélicas.

Mientras el país sigue sin encontrar una respuesta clara a la crisis de inseguridad y se asoma una crisis energética, resulta válido preguntarse si en Palacio son estas las prioridades o le están dando mayor atención a los intereses de quienes en el pasado ya demostraron que saben cómo convertirse en personajes muy influyentes en las altas esferas políticas.

[OPINIÓN] La candidatura de Rafael López Aliaga vive instalada desde hace meses en una cómoda meseta del 10 %. Ni sube ni baja. Un curioso fenómeno de la política peruana: motor encendido, bocina sonando… pero el vehículo no se mueve. Mientras tanto, su entorno insiste en anunciar épicas multitudinarias y una ruta directa hacia Palacio. El problema es que la realidad suele ser bastante menos entusiasta que los comunicados.

López Aliaga tiene, además, un obstáculo político evidente: su carácter. Agresivo, autosuficiente y poco dispuesto al diálogo. Una mezcla complicada en un país donde gobernar exige exactamente lo contrario. En el Perú —territorio fragmentado por naturaleza— el presidente necesita sumar, negociar y, sobre todo, no espantar a los aliados potenciales.

El personaje, por lo demás, cultiva algunas particularidades llamativas: el celibato como bandera moral, la proclamación pública de su propia riqueza —algo que los millonarios suelen manejar con mayor discreción—, una insistente narrativa de bondad personal que, curiosamente, necesita repetirse con bastante frecuencia para que alguien la recuerde, y una lista más bien escueta de logros concretos al servicio del Estado o de la sociedad.

A eso se suma su estrategia política favorita: atacar a cualquiera que aparezca en el camino. Keiko, Acuña, Luna Gálvez —entre otros— reciben su respectiva descarga. Todos tienen problemas, por supuesto. Pero también poseen algo que a la aventura de “Porky” no se le conoce: estructuras políticas reales, cuadros y organización. Algo más que entusiasmo en redes sociales.

Y es aquí donde aparece la famosa sopa de Herodes.

Si López Aliaga llegara a una segunda vuelta frente a alguien como López Chau, el cálculo es simple. Difícil imaginar a Keiko, Acuña, Luna o cualquier otro actor del mismo espacio movilizando su electorado para salvar a quien pasó meses atacándolos. La política tiene memoria corta, pero no tanto. El resultado sería previsible: una derrota.

La escena inversa es todavía más interesante. Si, por ejemplo, Keiko llega a segunda vuelta —algo que hoy las encuestas no descartan—, la gran mayoría de los fervorosos simpatizantes de “Porky” terminará votando por ella. No por entusiasmo, sino por una simple aritmética electoral cuyo motor es el miedo: que es, a fin de cuentas, la esencia de su incomprensible apoyo.

La sopa no es el plato favorito de los Porky lovers, pero en política a veces no se elige el menú.

En resumen: López Aliaga tiene seguidores ruidosos, apasionados y convencidos de su cruzada. El problema es que no son suficientes. En una elección presidencial no gana el que grita más fuerte, sino el que logra sumar más gente.

Y ahí, justamente ahí, está el problema. Porque más allá de su círculo, su candidatura no suma.

Resta.

[ENTRE BRUJAS] Estamos próximas al 8 de marzo, una fecha emblemática para las defensoras de derechos en todo el mundo. En el Perú existe un movimiento feminista y de mujeres diverso, plural y potente, que durante décadas ha logrado colocar en la agenda pública y política temas fundamentales para la democracia: la igualdad de género, el derecho a la no discriminación, la autonomía sobre nuestros cuerpos y la urgente erradicación de la violencia contra mujeres y niñas.

La relevancia alcanzada por estas luchas en el espacio ciudadano y político es tal que, en tiempos de auge de fundamentalismos y pulsiones autoritarias, son precisamente estas agendas y quienes las defienden las que se han convertido en blanco de ataques sistemáticos, hostigamiento y campañas de amedrentamiento. Dichos ataques se despliegan mediante múltiples mecanismos: desde el uso instrumental de recursos “legales” hasta la violencia simbólica, la estigmatización pública y la deslegitimación permanente de quienes defienden la igualdad.

Esta reacción, por más incómoda y desgastante que resulte, debería también permitirnos reconocer algo fundamental: los avances alcanzados han sido lo suficientemente significativos como para incomodar a quienes buscan restaurar un orden profundamente desigual. Por ello, aunque pesen los retrocesos, es necesario hacer una pausa y reconocer el camino recorrido antes que asumir una narrativa de derrota.

En un contexto donde discursos oscurantistas, acríticos y absolutistas buscan apropiarse del país – acompañados de prácticas corruptas y profundamente antidemocráticas— resulta imprescindible reafirmar que las conquistas alcanzadas por el movimiento feminista no son concesiones circunstanciales, sino logros históricos construidos con décadas de organización, pensamiento crítico y acción política.

No podemos ignorar que en los últimos años —y particularmente en los últimos tres— se ha producido una pérdida significativa de avances normativos en materia de igualdad; y quienes defendemos derechos hemos tenido que destinar gran parte de nuestras energías a proteger lo ya conquistado, antes que a impulsar nuevas reformas pendientes que durante años estuvieron en agenda. Este retroceso no se limita al ámbito normativo. También se expresa en el terreno cultural y simbólico. La violencia de género ha comenzado a relativizarse en ciertos discursos públicos, y aquellos “aliados/as” que en 2016 salían a las calles bajo la consigna “Ni una menos” hoy guardan silencio frente a los intentos de desmontar políticas y derechos fundamentales. Aunque existen, por supuesto, honrosas excepciones, el contraste resulta evidente.

A pesar de ello, quienes seguimos aquí —desde distintas tribunas, con nuestras diversidades, diferencias y trayectorias— continuamos defendiendo la posibilidad de un mundo más justo. Porque la igualdad de género siempre ha sido una apuesta por el bien común.

Cuando el machismo opera, no solo afecta a mujeres, niñas y adolescentes. Deteriora el tejido social en su conjunto, reproduce desigualdades estructurales y genera escenarios de violencia, dolor y muerte que impactan a toda la sociedad. En hombres, mujeres y diversidades.

Y cuando el machismo se entrecruza con el clasismo y el racismo —tan profundamente arraigados en un país que aún arrastra estructuras coloniales— el daño se vuelve exponencial. Basta escuchar las historias de nuestras hermanas indígenas amazónicas, de mujeres andinas rurales que viven en condiciones de pobreza, o de niñas y mujeres sobrevivientes de violencia, para comprender que, aunque el camino recorrido ha sido largo, los desafíos aún son enormes.

Hoy vemos cómo desde el poder se articulan discursos y acciones que buscan reinstalar un orden profundamente patriarcal. Existen figuras políticas que actúan como verdaderas guardianas de ese sistema, utilizando incluso el sufrimiento de niñas víctimas de violencia para sostener agendas ideológicas que niegan sus derechos. Congresistas que promueven cuestionados “albergues” destinados a forzar a niñas violadas a continuar embarazos que nunca debieron ocurrir, iniciativas que merecen ser investigadas con rigurosidad y transparencia.

Se suman candidatas que justifican la maternidad forzada en niñas, y actores políticos —tanto de derecha como de izquierda— que pactan para bloquear avances en materia de igualdad. El patriarcado, en toda su expresión, opera a través de múltiples rostros, guardianes y cómplices.

En este escenario profundamente hostil, las defensoras de derechos y feministas de distintas regiones del país seguimos presentes. Con identidades diversas, realidades distintas y estilos múltiples, persistimos en las calles, en las organizaciones , en los espacios políticos y en la academia colocando en la agenda pública aquellos temas que muchos preferirían mantener en silencio. Seguimos acompañando a las víctimas y a sus familias, sosteniendo espacios de denuncia, cuidado y organización.

Por eso, este 8 de marzo también debe ser un momento para celebrar nuestra persistencia. Si hay una característica que define a una feminista es su perseverancia incómoda y sostenida en el tiempo. Quienes abrazamos la igualdad como horizonte político no lo hicimos por moda, ni por una marcha, ni por coyuntura: lo hicimos por convicción, por principios y por una profunda ética de justicia.

Celebremos entonces las vidas que hemos logrado transformar, los espacios que hemos abierto y las estructuras del patriarcado que hemos comenzado a resquebrajar. Reconozcamos que no ha sido fácil para quienes caminaron antes por sendas aún más agrestes, y que tampoco lo será para quienes vendrán.

Pero cada vida protegida, cada conciencia que despierta, cada niña que logra acceder a una nueva oportunidad constituye, en sí misma, una victoria invaluable.

[ENTREVISTA] Fernando Tuesta conversó con Sudaca sobre las recientes encuestas. El politólogo de la PUCP se refirió al considerable rechazo hacia la candidatura de Keiko Fujimori, señaló que la denominada izquierda progresista terminó “sin crear una candidatura de lo que ellos pregonan” y  analizó la estrategia de César Acuña junto a creadores de contenido.

Una reciente encuesta de IEP arrojó que el 54% no votaría por Keiko Fujimori. ¿Por qué se ve esta diferencia tan grande entre la candidata de Fuerza Popular y otros contendientes a la presidencia?

Es porque personifica la mayor tradición de los partidos que la gente rechaza. Está en la política de manera importante hace dos décadas cuando salió congresista. Keiko representa al político tradicional que el padre apareció cuestionando. Ahora ella encarna a ese político tradicional. Ha sido su partido el que ha tenido más poder a lo largo de dos décadas y es el que ha decidido la política nacional. Además, como cuatro veces candidata, ya se le ha conocido sus diferentes facetas, más a la derecha, cerca al centro, peleándose con su hermano, intentando distanciarse del padre y luego acercándose a él.

¿Las posibilidades del fujimorismo para llegar a la presidencia podrían ser mejores con una nueva candidata?

Son partidos personalistas y esto se ve cuando, incluso en el mejor momento de Alberto, perdieron las elecciones para la alcaldía de Lima del 1995 y 1998. Cuando no postuló Fujimori a la presidencial, en 2001 y 2006, le fue mal. Cuando ha postulado solamente la lista fujimorista en 2020, no salieron primeros pese a que en 2016 sacó setenta y tres congresistas. No creo que un fujimorismo sin Fujimori gane. Mira los resultados de la elecciones regionales y municipales de 2022 no ganó ni un distrito y quedó muy por debajo en la alcaldía de lima. Creo que una parte de Keiko no quería postular, pero Fuerza Popular vive de Keiko Fujimori y la necesita para 2026.

En las últimas semanas se vio una disputa entre Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga que tuvo en el centro a la vacancia de José Jerí y la llegada al poder de José María Balcázar seguida, acorde a la encuesta de IPSOS, de un crecimiento de Fujimori y una leve caída de López Aliaga, ¿esto podría significar un punto de quiebre para las campañas de Fuerza Popular y Renovación Popular?

En campaña todos atacan al primero. En el caso de Keiko con mayor razón porque disputan ese mismo espacio de derecha y algunos votantes pueden ser intercambiables. Los votantes más claros de ellos votarán por Fujimori o López Aliaga si pasan a segunda vuelta. Pero no hay otra evidencia que diga que hay una causal derivada de la censura de Jerí y lo que vino después. Tendrían que haber hecho una pregunta a la gente por quién votaba hace un mes y por quién ahora, y a los que antes votaban por López Aliaga preguntarles cuáles son las razones. Hay un apresuramiento por hacer afirmaciones y las encuestas no te lo dicen porque no preguntan.

¿Se llegará a ver candidatos con un porcentaje mucho más alto en el corto plazo o la categoría indecisos seguirá siendo mayoría hasta los días previos a la primera vuelta?

El comportamiento de los peruanos está dentro de lo esperado, porque hay una desafección de la política. La gente cree que todos son iguales, han cambiado presidentes y todo resulta frustrante. No creo que el encendido de la campaña esté en razón a que hay una cantidad de gente que dice que no va a votar. López Aliaga y Keiko Fujimori hacen esfuerzos que los mantienen arriba, aunque tampoco es que sean grandes números. Hay otros candidatos que están como estancados, como el caso de Álvarez, que no crecen ni decrecen y hay algunos que han decrecido. Se hablaba mucho de Carlos Espá y Mario Vizcarra y han comenzado a descender. Cuando descienden en el último tramo no vuelven a recuperarse. También hay que tener en cuenta que hay candidatos que la gente no los conoce y esos tienen más techo para crecer.

¿Una candidatura como la de Carlos Álvarez, que tiene un discurso contra la política tradicional e incluso llegó a cuestionar a su propio partido tras el escándalo de la franja electoral, podría seguir creciendo en las encuestas?

A Carlos Álvarez la gente lo ha apreciado mucho como cómico. Pero ahora es un tipo serio, el contraste. Él es un invitado de su partido. En las entrevistas devela esa parte que parece no convencer de estar preparado. El tema es si confían en lo que dice que va a hacer o si tiene intenciones pero no lo va a hacer.

¿La izquierda progresista que en su momento intentó liderar Verónika Mendoza se ha quedado sin lugar en la política nacional?

Con Verónika Mendoza la izquierda recobra cierto peso electoral. Pero esa izquierda que llaman progresista dilapidó su capital político, porque hubo una suerte de necesidad imperiosa de articular a todo aquel que se llama de izquierda, desde los extremistas pasando por los conservadores, y fue perdiendo peso. Incluso Mendoza intentó hacer una alianza con Cerrón y Gregorio santos,  y los de su propio partido se retiraron y entró en una fase de pérdida de capital político. El 2021 los agarra desconectados, son encantados por Pedro Castillo y entonces creen que lo de Castillo es repetible. Vicente Alanoca era la idea de un Castillo mejor hablado, pero este intento de construir una izquierda fracasó de una manera increíble. Terminaron sin crear una candidatura de lo que ellos pregonan y ahora todos creen que pueden beber de las aguas del castillismo.

¿Dónde ubicaría ideológicamente a Alfonso López Chau?

Es una persona que ha sido de izquierda desde los años ochenta. Es moderado de izquierda.

López Chau ha mostrado un crecimiento en las encuestas más recientes, ¿tiene herramientas para seguir o su candidatura tocó su techo?

López Chau tiene mejores posibilidades. Tiene un techo alto porque la gente lo conoce muy poco y ha logrado crecer en casi todas las encuestas. Si sólo él, del centro para la izquierda, aparece con fuerza, va a atraer los votos de los otros candidatos (de izquierda).

Sin embargo, el candidato de Ahora Nación no tiene un gran respaldo en la capital, ¿será capaz de conquistar el voto limeño?

Siempre se puede. Él no tiene un rechazo tan grande. Lo que han hecho en algunas oportunidades es no estar en Lima hasta el final. Algo así como del campo a la ciudad. Entonces, estás más en provincia haciendo campaña, lo que hace ahí rebota en Lima y creas expectativa para que Lima te vea.

Se ha visto a candidatos como César Acuña que están apostando por acercarse a creadores de contenido con público adolescente y juvenil, ¿qué tanto van a impactar estas plataformas  en las elecciones?

Como suele suceder los medios y las tecnologías de la información son cada vez más importantes. Son un espacio donde todos quieren estar. Pero aparecer con ellos no quiere decir que vayan a votar por ellos. En el caso de Acuña lo que produce son memes. Pero él tiene una base articulada a través de su universidad con alcance nacional. Es una buena red y quienes están ahí son jóvenes.  Obviamente esa combinación usando redes sociales puede darle los votos y esa quizá sea la razón por la que ha crecido. Pero es difícil que pase a segunda vuelta. Lo que él probablemente quiera lograr es ingresar al parlamento donde tiene capacidad de negociación y poder.

También se ha visto el caso del Partido Morado que, aprovechando el rechazo a los partidos que están en el Congreso, intentan mostrarse como una opción y hasta impulsaron la campaña “Por estos no”. No obstante, en las encuestas no son protagonistas, ¿qué ha fallado en este partido?

En el caso del Partido Morado tienen a Mesías Guevara, que para algunos puede haber sido buen gobernador, pero necesitas conectarte con la gente y crear emoción, pasión incluso. El Partido Morado ha pasado en su corta vida por momentos importantes, pero también de crisis y de los fundadores queda muy poco. Entonces esto de “por estos no” tiene que estar acompañado de por este sí y hasta ahora el este sí no es común.

¿Qué tanto podrá cumplir con sus promesas de campaña el próximo presidente teniendo en cuenta el poder que tendrá el senado?

Depende de qué tan grande sea su bancada y su capacidad para articular coaliciones y no dejarse arrebatar esta mayoría por una oposición. Si se repite lo de Pedro Pablo Kuczynski, va muerto. Dieciocho congresistas y setenta y tres tu opositor va muerto. Si se repite lo de 2021, empieza con treinta y siete pero no es tu partido y no está cohesionado, difícilmente te puedes sostener.

[OPINIÓN] Salvo los científicos e inventores -un grupo poblacional de porcentaje ínfimo con relación a la cantidad total de gente que habita este planeta- que siguen, como siempre, trabajando en silencio y en el anonimato, nos la pasamos sin hacer nada más que lo mismo de siempre, consumir y usar, como autómatas.

Si el proceso de adaptación produjo los avances tecnológicos -para no morir de hambre, de frío o engullido por algún depredador- durante veinte siglos, el proceso de automatización que nos gobierna desde el inicio de la revolución tecnológica del siglo XXI produce conductas repetitivas, rutinarias, robotizadas, todo con erre.

Repetimos hábitos, desde rituales masivos como ir al estadio o a un concierto hasta pequeñas rutinas cotidianas: detener el timbre del despertador en el celular, tomar el micro para ir al trabajo, tocarle el claxon a todo lo que no se mueve como si eso fuera a arregla algo en el tráfico, encender la televisión, maratonear en Netflix, postear fotos en Facebook y chistes en WhatsApp.

Esa automatización se siente también en la campaña hacia la presidencia del Perú. Y supongo que debe ocurrir lo mismo en otros países, pero aquí pareciera ser aun más evidente esa repetición de conductas, como las miniaturas de reels en el Facebook que no avanzan más de tres segundos para volver a empezar. De forma irreflexiva, maquinal, la situación del país da vueltas cada cinco años, sin rumbo.

Y lo paradójico es que no es siempre igual. Cada vez hay más candidatos, cada vez hay más videos en redes sociales, más spots en la mañosa “franja”, cada vez hay más advenedizos jurándonos que tienen la solución, que harán casas de ochenta pisos y que las carreteras correrán solas mientras las corvinas sobre las olas nadarán fritas con su limón (Parlamanías, Los Troveros Criollos, 1954). Pero, lustro tras lustro, como el hámster de la rueda, terminamos siempre haciendo lo mismo.

Lo vemos en las calles que, un poco más tarde de lo habitual, ya están llenas de carteles con sonrisas fingidas y miradas perdidas al cielo. Sean los tradicionales paneles sostenidos por dos estacas astilladas de madera o el video LED en las pantallas de PuntoVisual, el cuadro es el mismo. Los mismos presentadores en los canales de señal abierta diciendo las mismas cosas, las mismas cuñas grandilocuentes con las tituladoras digitales que dan vueltas delante de nuestros ojos y los mismos segmentos de noticias electorales con sus pomposos nombres. Lo mismo. Nada cambia.

Nada cambia y, al mismo tiempo, todo avanza hacia el despeñadero. Avanza de manera cansina, torpe y lerda, en medio de este verano calcinante que, gracias a las grandes inamovilidades del mundo globalizado incapaz de llegar a consensos sobre cómo reducir las emisiones de contaminación industrial, nos hace pensar que estamos en Pucallpa y no en Lima. Aquellas cosas que sí se mueven, a pesar de nuestro cómodo automatismo usuario -los negociados, el lobbismo sin escrúpulos- ha transformado nuestro clima, tropicalizándolo.

Aunque los tres últimos procesos de elecciones generales -2011, 2016 y 2021- fueron bastante lentos y pobres en contenidos políticos, este excede todo límite. Como ocurrió en los comicios pasados, las encuestas son lideradas de manera inapelable por una masa de indecisos e intencionales viciadores a la que se unirán todas las personas que, confundidas por la cantidad de símbolos, recuadros y filas, terminarán invalidando su propio voto. Y la segunda vuelta será una carrera de dos pollos descabezados, el segundo y tercer lugar de un escrutinio que estará, como siempre, cargado de observaciones, dudas y acusaciones mutuas.

De alguna forma, las cosas se resolverán también como siempre, con la misma sensación de que las cosas ocurren en este país casi por inercia -el “casi” es solo para relativizar la frase- y, como siempre, nos acostumbraremos a esa idea de que así se hace política en el Perú, con franjas electorales invasivas, cartelones por todas partes y debates televisados en que cada candidato usará los cuarenta segundos que le correspondan para atacar a quien perciba como su principal obstáculo para hacerse del segundo o tercer puesto. Un déjà vu permanente, un loop de internet, el eterno retorno.

Lo otro que no cambia en este Perú frío y sin rumbo, inmóvil, autómata, de usuarios, es la injusticia. A diario vemos cómo nuestro país es arrollado por la espalda y los perpetradores, en lugar de socorrernos, se la pasan reuniéndose entre sí, armando estrategias y sobornando autoridades para salir bien librados, una situación que deja de ser metáfora cuando pensamos en el caso de la pobre Lizeth y su familia, víctimas de la indolencia y la crueldad, de la caradura de los privilegiados. Rubén Blades canta en Plástico (Siembra, 1978): “estudia, trabaja y sé gente primero, allí está la salvación”.

Nadie en esta campaña fría de parálisis repetitiva, desde los que aparecen en sondeos como primeras opciones hasta los del batallón de los otros, parece estar pensando en eso.

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