[INFORME] Luego de ser designado como candidato presidencial del Partido Morado, Mesías Guevara dialogó con Sudaca y reveló que, en caso de ganar las elecciones, el expresidente Francisco Sagasti “estaría muy cercano para dar consejos”. Además, el exgobernador regional de Cajamarca se refirió a la necesidad de un “reordenamiento jurídico para darle sostenibilidad a la lucha contra la corrupción”.

¿Por qué da este importante salto en su carrera política con el Partido Morado?

El partido me recibió luego de la difícil decisión de retirarme de Acción Popular. Recibí la invitación de Francisco Sagasti y Luis Durán, el presidente del partido, y también tuve un recibimiento generoso por parte de la militancia.

Desde su inicios, el Partido Morado ha sido considerado de centro, ¿cómo definiría exactamente lo que significa ser un movimiento político de centro?

Somos el único partido que defiende con palabras y acciones los principios y valores republicanos. Defendemos la transparencia, el equilibrio de poderes y la democracia. Con eso me siento identificado.

En un contexto crítico para el país y en el cual la población demanda soluciones drásticas, ¿definirse como un partido de centro puede ser una desventaja porque lo relacionan con tibieza?

Lo que pasa es que últimamente hay un grupo de extrema derecha e izquierda que quieren polarizar al Perú para que la disputa sea entre ellos. No entienden que el pueblo peruano no busca diferencias entre izquierda y derecha sino resultados concretos. Es ahí donde el Partido Morado tiene propuestas. Cómo vamos a ser tibios si defendemos el equilibrio de poderes o queremos una educación de calidad. Muchos confunden la bravuconada con ser fuerte y aquellos que tienen buenas formas y actúan dentro de la ley son tomado como tibios. Es un pensamiento incorrecto que ha tomado un sector de la población.

En una entrevista con Rosa María Palacios destacó que el Partido Morado no figura entre las agrupaciones políticas más desacreditados. Sin embargo, también se ve que no aparecen en los primeros puestos de las encuestas presidenciales, ¿qué les está impidiendo convertirse en un partido que, además de no ser repudiado, es visto como una opción para la presidencia?

Nosotros somos un partido democrático que recién hemos definido las candidaturas y, por lo tanto, no hemos tenido posicionamiento de candidato. Además, hemos estado trabajando la interna para ganar la nominación. Hemos tenido que recorrer el Perú y tenemos la seguridad que en las encuestas de enero apareceremos.

¿No le preocupa que pese a realizar este trabajo de recorrer el Perú no estén bien posicionados en las encuestas?

Siempre en el plan estratégico hay que cambiar. La vida no es una fotografía sino una película e igual pasa con la política. Tenemos que hacer varios ajustes. Por ejemplo, esta semana hemos empezado a aparecer en los medios de manera más consistente y eso va a dar frutos en el corto plazo.

Semanas atrás, Harvey Colchado, exjefe de la DIVIAC, anunció su interés en participar en política y el Partido Morado figuraba como una de las agrupaciones en las que podía ser incluido, ¿por qué no se integró?

Eso es una decisión de la alta dirección del partido y del presidente Luis Durán. Te soy sincero, no sé si lo invitó. Pero en todo caso la decisión que ha tomado el coronel Colchado es una decisión personal y la respeto.

Como candidato presidencial, ¿le hubiese gustado que sea parte del Partido Morado?

Sí, es una persona con credenciales profesionales y académicas. Donde esté, en el Partido Morado o Ahora Nación, considero que va a ser un brillante diputado y va a dar muchos aportes ahora que se requiere mucho. Habría que ver si actúa dentro de lo que él dice. Por ejemplo, si ayuda a reorganizar a la Policía Nacional del Perú.

Varios candidatos hablan de la necesidad de una reorganización en la Policía Nacional del Perú, ¿en qué consistiría concretamente esta propuesta?

La Policía en conjunto con el Ministerio del Interior son instituciones bastante grandes donde hay que sectorizar. Por ejemplo, entre las cosas que deben corregirse está en el tema de los ascensos que deben ser no por tráfico de influencias sino de manera transparente y alejado de la política. Ahora debieron haberse conocido los ascensos pero se ha postergado y están cambiando las reglas. Por otro lado, la admisión de la escuela de oficiales y suboficiales también ha que reestructurarla. A gritos se pide que se revise Inspectoría. Son detalles que tienen que hacerse de manera rápida y concreta.

Francisco Sagasti se ha consolidado como el integrante del Partido Morado con mejor imagen, ¿pero tendrá algún rol en estas elecciones?

Es el militante más emblemático que tiene el partido. Él es afiliado y con quien tengo una estrecha relación. Cada vez que hay un tema neurálgico, el partido y yo recurrimos a él. Es una persona muy cercana.

Teniendo en cuenta esta cercanía, ¿pensaría en ofrecerle un cargo en caso llegue a la presidencia?

No hemos hablado de cargos. Pero ten la seguridad que él estaría muy cercano para dar consejos. Recordemos que, además de haber sido presidente y congresista, es un consultor de talla internacional que ha trabajado para la ONU. Su visión de la geopolítica es valiosa. De hecho sería una persona muy cercana a nosotros.

Si bien Francisco Sagasti ha declinado la posibilidad de ser candidato presidencial, ¿cree que estaría dispuesto a aceptar un cargo como primer ministro?

No lo hemos conversado de manera específica en ese cargo.

Ha sido muy crítico con las leyes que aprobó el Congreso en los últimos años, ¿qué cambios serían prioridad si llega a la presidencia?

La prioridad es volver a la institucionalidad y el equilibrio de poderes. En ese sentido debemos hacer un reordenamiento jurídico para darle sostenibilidad a la lucha contra la corrupción. Hoy existe un andamiaje de leyes que responden a consolidar la impunidad que da un cheque en blanco para que se consolide la corrupción.

Uno de los cambios más cuestionados por los actuales integrantes del Legislativo ha sido el retorno de la bicameralidad, ¿cuál sería su postura como gobierno?

Con respecto a ese tema tenemos que ser respetuosos del referéndum del año 2018 en el cual la gran mayoría dijo no. En el fondo la bicameralidad es buena, pero por la manera en que se está dando, con este Congreso que no está a la altura de un pensamiento estadista, ha servido para satisfacer su ego personal. Nosotros sí apostaríamos por eliminar la bicameralidad.

Diversos expertos hablan de un super senado para 2026, ¿cómo se podrá gobernar bajo esas condiciones?

Va a ser un senado con superpoderes y tendremos que aprender a navegar. He sido congresista y conozco al monstruo por dentro. Tenemos que sacar a relucir el diálogo permanente. Esperemos que de los congresistas que van a ingresar el próximo año un 40% o 30% tengan un pensamiento patriótico y democrático para con ellos dar la batalla para revertir lo que están haciendo en este Congreso.

¿Qué ha cambiado en el Partido Morado para evitar que se repita la historia de las últimas elecciones donde en poco tiempo se había cortado el diálogo con los representantes del partido y terminaron repartidos en bancadas distintas?

Hemos sido rigurosos y para ello hemos sometido a la gran mayoría de candidatos a elecciones internas. Además, se ha seguido cursos de formación ideológica lo que ha servido para formar militancia.

En los últimos años se ha visto a congresistas que son duramente cuestionados hasta cuando van a un restaurante, ¿usted, que ha sido gobernador regional de Cajamarca, podría caminar por las calles cajamarquinas?

Siempre pude entrar a Cajamarca. Estoy permanentemente en mi región. Soy de los pocos políticos que habiendo sido congresista luego salió elegido gobernador y eso es algo muy difícil que ocurra porque el Congreso es una demoledora de carne. Incluso soy padrino de algunas promociones que me invitan y estoy permanentemente con mi pueblo.

El Partido Morado siempre ha sido vinculado con una tendencia progresista. Sin embargo, en los últimos años se ha visto que tanto en la izquierda como en la derecha se ha cuestionado este posicionamiento. ¿Seguirán siendo una opción progresista en 2026?

Tenemos una agenda bien clara y definida. Buscamos la libertad y el progreso para todos. Pero también buscado la defensa de los derechos de las minorías y cuando hablamos de minorías también hablamos de los pueblos originarios, la población discapacitadas y la población que sufre discriminación racial y social.

Las situación de los afiliados a una AFP ha sido otro temas controversiales en el ámbito político este 2025. ¿Cuál es la propuesta del Partido Morado con respecto a este tema?

La manera en que se ha llevado este tema ha sido muy criticado. A la luz de los hechos fue un sistema que no ha sido de manera correspondiente con la población. Nosotros vamos a garantizar un fondo de pensiones único a nivel nacional para evitar que solamente sirva para favorecer a las aseguradoras. Tienen que garantizar una buena pensión para todos los peruanos.

Cuando Francisco Sagasti asumió la presidencia en noviembre del 2020 existía un pedido de justicia por la muerte de Inti y Bryan que durante el tiempo que duró su gobierno pudo ser atendido. Si llega a la presidencia va a encontrar un Perú con decenas de víctimas de la represión y sectores del país muy enojados, ¿asumirá algún compromiso con estas personas?

Después del día que asumió Dina Boluarte, el Partido Morado y mi persona hemos estado en una posición vigilante y bastante crítica. Nosotros sí vamos a hacer que estos casos no pasen por agua tibia sino que sean vistos en el ámbito jurídico y si es posible internacional. Además, hemos estado acompañando a las familias que han venido de Ayacucho y Puno. Hemos estado con ellos y tenemos que ser coherentes. Vamos a buscar justicia para ellos.

[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS] No solo la derecha terruquea, y el tema no es exclusivamente peruano. El terruqueo deviene del escrache, de la cancelación, de silenciar a alguien en tiempos de redes sociales, atacándolo brutalmente y negándole la posibilidad de defenderse. Estas prácticas, que son políticas, tienen un objetivo claro: condenar moral o socialmente a alguien y, de esta manera, anularlo, aniquilarlo.

Se trata, pues, de un tema contemporáneo, global, que atañe la batalla cultural, las derechas conservadoras enfrentando a izquierdas progresistas cuyas agendas se imponen con métodos igual de nefastos. El tema es que ninguno dialoga, y menos en las redes sociales.

El problema con el artículo de Alfonso López Chau acerca de Víctor Polay es que proviene del pasado, de la década de los ochenta, de un tiempo en el cual sí se dialogaba y se debatía ideológicamente. Cuando un artículo escrito desde aquellas coordenadas temporales se filtra al presente la derecha gritará: ¡terruco! pero la propia derecha no lo haría en el tiempo en el que dicho artículo fue escrito, de hecho, no lo hizo.

Por eso surgieron de inmediato las contradicciones que derribaron esta narrativa. Una de ellas resultó demoledora: nada menos que en la foto del artículo que López Chau publicó en 1989 figura Fernando Rospigliosi en una reunión junto a Víctor Polay y entonces la campaña de desprestigio estalló: si el candidato de Ahora Nación fuese terruco por deslindar de Víctor Polay sin señalarlo como terrorista            -que es lo que finalmente le reclaman sus detractores-  entonces ¿cómo habría que considerar al hoy conservador Fernando Rospigliosi?

En fin, seré breve esta vez. Que este tropiezo de la derecha  nos sirva a todos para recuperar la política, la buena política. Hasta los años ochenta en el Congreso Nacional había marxistaleninistas, pues estaba normalizada su participación electoral en el Perú de entonces, situado en el mundo de la Guerra Fría. Y vaya como polemizaban los marxistas, los apristas y la derecha de entonces; era para quedarse escuchándolos.

Algunos dicen que Alfonso López Chau es “aburrido”, a mi me gusta precisamente porque es doctrinario, porque es ideólogo, porque le gusta confrontar planteamientos como los confrontó contra Polay en su articulo de 1989. Ojalá aparezcan en nuestra variopinta escena electoral otros más como él. Así, durante la campaña, podremos discutir proyectos de país, en medio del griterío ensordecedor de un tiempo en el que los argumentos y las ideas han sido desplazados por la descalificación ramplona y el insulto más soez.

Imagen: Alfonso López Chau, recuerda a los políticos doctrinarios de antes.

[INFORME] Aunque está registrada en otra ciudad y no cuenta con antecedentes destacados, la Municipalidad de Lima contrató para un show navideño a la empresa de una de las personas de confianza de una de las alcaldesas de Renovación Popular por más de cuarenta mil soles.

Así como existe una popular frase que dice  «el enemigo de mi enemigo es mi amigo», en Renovación Popular una frase que los podría identificar es “el amigo de mis aliados es mi proveedor”. Sudaca pudo conocer los detalles detrás de la extraña contratación de un espectáculo navideño que involucra a la Municipalidad de Lima y otro distrito a cargo del partido de Rafael López Aliaga y el contrato con una proveedora con cuestionables métodos para ganar licitaciones.

¡QUÉ CASUALIDAD!

Con la llegada del mes de diciembre, la Municipalidad de Lima no quiso dejar pasar la oportunidad para fomentar el espíritu navideño. Por ello, el 26 de noviembre lanzó la convocatoria para que los interesados en ser contratados para encargarse de ciertas actividades relacionadas con esta fecha puedan presentar sus ofertas.

En el documento al que tuvo acceso Sudaca se puede leer que el propósito de dicha contratación a cargo de la Subgerencia de Promoción Cultural, Artes Escénicas, Museos y Bibliotecas fue organizar y desarrollar actividades artísticas de alta calidad, como la interpretación de villancicos andinos y muestras de danzas tradicionales para fortalecer la programación cultural navideña.

Esta convocatoria terminaría apenas un día después y quien se adjudicó esta orden de servicio fue la única oferta que figuraba en los documentos de la convocatoria. La empresa GEPROINSA S.A. fue la elegida para realizar las presentaciones artísticas solicitadas por la Municipalidad de Lima y recibiría S/. 42,500 por ello.

No obstante, existen detalles detrás de esta contratación que despiertan sospechas. Pese a que se presentaron a la adjudicación de una actividad artística de alta calidad, GEPROINSA es una empresa cuyos presentaciones artísticas no figuran en redes sociales ni en buscadores como Google o YouTube. Además, acorde al buscador de proveedores del Estado, esta empresa tampoco ha tenido contratos con el Estado previamente.

A esto se le suma otro detalle desconcertante. Pese a que las fiestas navideñas suelen ser muy populares en Lima y existen numerosas empresas que se dedican al rubro artístico para atender las necesidades de estas fechas, el domicilio de la empresa elegida por la Municipalidad de Lima está registrado en la provincia de Tarma.

Sudaca pudo revisar la información disponible sobre GEPROINSA y encontró que la socia mayoritaria, presidenta, gerenta general y representante es María Lizeth Girón León, quien actualmente está a cargo de la Gerencia de Cultura, Turismo y Educación de la Municipalidad de Pueblo Libre.

Un detalle a tener en cuenta sobre Pueblo Libre es que se trata de uno de los distritos que está bajo la administración de Renovación Popular y su alcaldesa, Mónica Rossana Tello López, ha tenido a la presidenta de GEPROINSA ocupando diversos cargos de confianza desde el primer año en que llegó al despacho municipal.

Casualmente, este 2025 la Municipalidad de Lima publicó una convocatoria que sólo duró un día, sólo tuvo una oferta evaluada, se le adjudicó a una empresa de otra ciudad y sin antecedentes destacados y terminó siendo la empresa de una de las personas de confianza de una alcaldesa que pertenece al mismo partido político que maneja la Municipalidad de Lima.

UN PROVEEDOR CON MÉTODOS MUY PARTICULARES

En septiembre de este año, el dominical “Cuarto Poder” presentó un informe periodístico sobre el inusual y sospechoso accionar de dos empresas constructoras que habían logrado adjudicarse diversas obras en el distrito de Ate durante la gestión del alcalde Franco Vidal por un monto total que supera los quince millones de soles.

Según lo expuesto en el programa, estos procesos de licitación relacionados con la reparación de pistas y veredas llegaban a las instancias finales con dos protagonistas aprobados por el respectivo comité de la municipalidad. Estas empresas eran Constructora y Contratistas JD&HN y Constructora y Contratistas Generales Susan. Para que estos procesos puedan seguir su curso era necesario que existan al menos dos ofertas con el visto bueno y, casualmente, Constructora y Contratistas JD&HN y Constructora y Contratistas Generales Susan eran quienes llegaban a esta etapa.

Lo extraño en esta historia se encontraba en que las ofertas que estas empresas presentaban eran idénticas y, según la investigación periodística, esto tendría que ver con que las dos constructoras pertenecían a una misma familia. Mientras que Constructora y Contratistas Generales Susan fue fundada por Susana Navarro Ccoillo, Constructora y Contratistas JD&HN registraba como fundador a su hijo Jonathan Domingo Huamán Navarro.

Meses después del destape periodístico que expuso esta polémica estrategia, uno de estos nombres vuelve a aparecer en las listas de candidatos que buscan adjudicarse importantes contratos con municipalidades. En esta oportunidad sin usar el nombre de su empresa ni la que tiene a su hijo como fundador, Susana Navarro Ccoillo está logrando importantes contratos con la Municipalidad Metropolitana de Lima.

En una convocatoria publicada el 26 de noviembre, la Municipalidad de Lima puso en conocimiento su intención de adquirir césped americano para diversas áreas verdes del Cercado de Lima y se pusieron a disposición los mecanismos correspondientes para la recepción de ofertas.

Apenas dos días después, la Municipalidad de Lima eligió a quien se le adjudicaría esta contratación. Tal como se puede apreciar en la siguiente imagen, Susana Navarro Ccoillo fue nuevamente la afortunada con este contrato que supera los treinta mil soles por más de cuatro mil metros cuadrados de césped americano.

No obstante, al indagar sobre los contratos que ha tenido Navarro Ccoillo este 2025, se puede encontrar que la suerte no sólo estuvo de su lado en el distrito de Ate. Acorde a la información del portal Transparencia Económica, la empresaria protagonista de esas sospechosas ofertas presentadas a la Municipalidad de Ate también facturó más de seiscientos cincuenta mil soles con la Municipalidad de Lima.

Contratar a personajes que, coincidentemente, eran cercanos a Renovación Popular o cuentan con antecedentes cuestionables son situaciones que se han repetido a lo largo de la actual gestión celeste y, aunque la estrategia ante estos casos se limita a atacar a quienes investigan, la evidencia contundente está a la vista de todos.

[ENTRE BRUJAS] El Perú atraviesa un momento particularmente grave en materia de protección de la niñez. Mientras el país intenta sostener avances normativos conquistados durante décadas de trabajo institucional, feminista y de derechos humanos, el Congreso de la República impulsa iniciativas orientadas al retroceso. El Proyecto de Ley N.º 13300/2025-CR, que propone derogar la Ley 30403 —la norma que prohíbe el castigo físico y humillante contra niñas, niños y adolescentes—, es la expresión más reciente y una de las más peligrosas de este rumbo regresivo.

El contexto político en el que este proyecto emerge tampoco es casual. El Congreso ha venido aprobando normas que favorecen a actores con antecedentes delictivos, reducen controles anticorrupción y debilitan mecanismos de protección social y desarrollo. Ahora busca reinstalar como legítima una práctica violenta bajo el eufemismo de “disciplina”. Esta deriva legislativa se sostiene, además, en autoridades con alta tolerancia a la violencia y una agenda contraria a la igualdad, que erosiona los sistemas de protección para las poblaciones más vulnerables.

Los datos disponibles desmontan cualquier intento de minimizar el problema. Entre enero y octubre de 2025, el portal estadístico Warmi Ñan registró 8 320 casos de violencia física contra niñas, niños y adolescentes de 0 a 17 años. Esta cifra, que representa solo la fracción visible del problema —pues gran parte de la violencia en la infancia permanece oculta por miedo, dependencia y silencio institucional—, revela una realidad alarmante: la crianza violenta sigue siendo ampliamente tolerada y reproducida en los hogares del país. Aunque se ha avanzado en la promoción de una crianza respetuosa, estos esfuerzos resultan insuficientes frente a la magnitud del problema.

Frente a esta realidad, derogar la Ley 30403 sería un acto de irresponsabilidad política y moral. El Perú es Estado Parte de la Convención sobre los Derechos del Niño, que establece de manera categórica que ningún niño o niña debe ser sometido a violencia bajo ninguna forma, incluida aquella ejercida como “disciplina”. Desconocer este estándar internacional equivale no solo a incumplir obligaciones jurídicas vinculantes, sino a renunciar al principio del interés superior del niño, pilar de toda política pública y todo sistema de protección.

El peligro de retroceder en esta normativa no radica únicamente en el impacto jurídico, sino en el mensaje social que envía: la violencia vuelve a ser considerada un recurso válido para educar. Esta idea —que contradice décadas de evidencia científica, psicológica y pedagógica— perpetúa ciclos de maltrato, reproduce patrones de sometimiento y deteriora el desarrollo emocional, cognitivo y social de la infancia. La normalización de la violencia no educa: destruye.

El Congreso debe asumir el costo político y ético de sus decisiones. Proteger a la niñez no es un gesto simbólico ni una opción discrecional: es un deber constitucional y una obligación internacional. Pretender reinstalar el castigo físico en la vida familiar revela no solo una desconexión con la realidad, sino una profunda renuncia al deber de construir una sociedad más justa, democrática y libre de violencia.

Por ello, resulta urgente rechazar con firmeza el Proyecto de Ley N.º 13300/2025-CR. Lo que está en juego trasciende una sola norma: es la orientación ética del país, el compromiso con la democracia y la capacidad del Estado de garantizar que las niñas y los niños crezcan en entornos seguros y dignos.

[OPINIÓN] Antes de entrar en la historia criolla, vale recordar Being There, la sátira de Jerzy Kosiński que Hal Ashby llevó al cine. Chance, un jardinero de mente simple criado entre plantas y un televisor, es expulsado del único hogar que conoce y lanzado a un mundo que interpreta literalmente. Su vocabulario se limita a estaciones y podas, pero una sociedad ansiosa de escuchar algo que suene sensato decide convertirlo en oráculo. La ingenuidad se toma por genialidad y el vacío por profundidad. Ese truco, contado con humor en la película, tiene su versión local.

Carlos Espá llega a la política como Chauncey Gardner llegó a Washington: tranquilo, sonriente y armado de frases simples que algunos elevan a revelación. Solo que Chauncey venía del jardín y Carlos parece recién salido de un retiro espiritual donde se redactan deseos que harían sonrojar a una Miss Universo. Le falta rematar con: “…y la paz mundial”.

Su plan de gobierno es una lista de deseos: crecimiento explosivo, seguridad total, empleo para todos, ciudades ordenadas y un país funcionando como reloj. Suena hermoso, casi navideño. El problema no es la intención, sino la realidad, que suele arruinar las fantasías mejor intencionadas.

Como Chauncey, habla en metáforas que algunos interpretan como iluminaciones. Pero detrás de esa frescura no hay un estratega oculto, sino un hombre simpático y claramente desbordado por un escenario político en el que la inocencia dura menos que un presidente peruano en Palacio de Gobierno..

Y aquí entra el paralelo inevitable. Mientras Carlos imagina un país perfecto, Porky ya nos vendió el tráiler de la película Misión Imposible: Lima potencia mundial. Prometió trenes, autopistas futuristas, seguridad y orden absoluto… y entregó una ciudad convertida en laboratorio mundial del caos. Hoy lo único que no ofrece es lo urgente: decir la verdad. Frente a ese historial de ficción convertida en desastre, el idealismo ingenuo de Carlos —aunque irreal— resulta casi un descanso.

Espá inspira ternura y hasta curiosidad sociológica. Pero el Perú no es un jardín zen; es un terreno pedregoso poblado de Gorritis, Vizcarras, Porkys, Velas, Carhuanchos, Pérez, Generación Z, minería ilegal y el tóxico cura Castillo. No basta “poner de nuestra parte”. Aquí se gobierna entre plagas, no entre margaritas.

Carlos sueña. Y sueña bonito. Pero su programa es más cuento que ruta. Una versión nacional de Being There, sin Peter Sellers… y sin jardín.

Y aun así —en esta feria de impostores— es “lo menos peor.”

[Música Maestro] La semana pasada, al reflexionar en esta columna sobre la calidad de los cantantes de antes y los de ahora, sin querer me salió una pieza que Fabiola Bazo, la conocida socióloga experta en rock subterráneo -entre otras cosas- destruiría, en el supuesto de que la haya leído, desde luego. Y lo haría con justicia, porque casi no hago mención de cantantes mujeres, solo de manera transversal y complementaria. Lo curioso es que me di cuenta de ello después de publicarla.

Aunque siempre me resulta odioso y algo huachafo hacer comentarios sobre mis propios textos -también algo triste porque al parecer nadie más los comenta-, y lo evito lo máximo posible, en esta ocasión me parece pertinente aclarar la situación.

La mínima presencia de mujeres cantantes en el artículo anterior no es por sesgos machistas sino porque la voz femenina en la música popular ha tenido una evolución diferente y, en algunos aspectos, más significativas y determinantes, que la masculina. A pesar de ello, la hipersexualización y, en muchos casos, la elevación de lo vulgar/grotesco a la categoría de elegante/fashion que hoy promueven las redes sociales, las modas y las masas, han hecho retroceder esa influencia hasta casi hacerla desaparecer.

El poder en la sombra

Dicho lo anterior, tampoco se trata de que, en un supuesto afán “inclusivo”, se acabe por tergiversar la historia, al describir las cosas que pasaron desde una óptica con intenciones actualizadoras. Por eso es interesante una película como Tár, única en su género pues, desde la ficción, retrata la vida y conflictos de una directora de orquesta, figura casi inexistente en el mundo real. Otras películas cuyas tramas giran en torno al apasionante universo de la música académica, como Lisztomania (Ken Russell, 1975), Amadeus (Milos Forman, 1984) o Maestro (Bradley Cooper, 2023), tienen como personajes centrales a Franz Liszt, Wolfgang Amadeus Mozart y Leonard Bernstein, respectivamente.

Como en las guerras, que atraviesan el desarrollo de la humanidad desde las primeras civilizaciones, hasta las sucias componendas políticas del Perú de los últimos años, la historia siempre la escriben “los vencedores”. Y, en el caso de la música popular, fueron los hombres quienes dominaron la escena, aunque siempre en todas las épocas -como en la literatura, como en el cine, como en la política- hubo también siempre mujeres talentosas, distinguidas, creativas y, sobre todo en ese tiempo, aguerridas que, gracias a su autenticidad y en una época en que todo se les hacía cuesta arriba, brillaron con luz propia y sin ninguna necesidad de convertirse de forma voluntaria y en casi todos los casos, muy grotesca, como lo hacen ahora, en objetos sexuales (aunque muchas, en la música y el cine, definitivamente, lo fueron).

Como ha demostrado la neurociencia hace ya más de veinte años, el cerebro femenino posee conexiones más complejas y entrecruzadas que el masculino, especialmente en lo relacionado a la emoción, a la sensibilidad, a la intensidad con la que son capaces de expresarse en distintos ámbitos. Y eso refiriéndonos a las mujeres en general, desde sencillas y empobrecidas madres de zonas andinas o tribus africanas hasta sofisticadas filósofas, académicas y científicas de Oriente y Occidente. Es un equipamiento natural distinto del nuestro, una realidad que únicamente puede negarse desde puntos de vista cavernarios e ignorantes.

No menciono aquí su habilidad para hacer y pensar una multiplicidad de cosas distintas a la vez -derivada de esa condición natural- puesto que, a nivel de entrenamiento musical, muchos músicos hombres poseen también esa asombrosa funcionalidad. Solo dos ejemplos de ello, los bajistas Geddy Lee (Rush) y Mike Rutherford (Genesis) quienes, en situaciones de absoluta concentración y estrés escénico, son capaces de tocar el bajo con manos y pies en simultáneo, inclusive mientras cantan. Pero, definitivamente, cuando hablamos de voces femeninas, tenemos mucho que decir también.

Buenas cantantes, las de antes

Joan Baez (84) y Joni Mitchell (82) fueron las voces de su generación. Ambas representaron el ideal de búsqueda por reconocimiento artístico e ideológico que acompañó a los movimientos feministas y de recuperación de derechos civiles que se consolidaron en los años sesenta. Pero, además de eso, eran excelentes cantantes. La actuación de la norteamericana en el festival de Woodstock, interpretando clásicos del folk y del gospel –Joe Hill y We shall overcome– exhibe una encantadora voz de soprano que, cuando dice las palabras correctas, suena mucho más fuerte y libertaria que las irritantes raperas que se creen contestatarias soltando onomatopeyas repetitivas y gemidos fingidos.

En el caso de la canadiense, su dulce voz era capaz de entonar letras profundas y hasta duras, de intenso contenido emocional, personal y sociopolítico, acordes con la onda poética y contracultural de la era hippie en las soleadas colinas californianas de Laurel Canyon. Los cuatro álbumes que lanzó entre 1968 y 1972 son registros de su suave y a la vez rotunda tesitura vocal, que no requería de autotune ni tampoco de exhibicionismos baratos para sobresalir. Posteriormente, Joni bajó su tonalidad coincidiendo con su viraje del folk al jazz y la experimentación, pero siempre con excelencia y calidad.

Así como ellas, en ese tiempo también brillaron las potentes voces de Grace Slick (Jefferson Airplane) y Janis Joplin, la atribulada integrante del famoso “Club de los 27” -por la edad que tenía al fallecer, en 1970- que nos dejó algunas de las grabaciones de blues-rock y psicodelia más estremecedoras por su rasposa intensidad, en canciones como Maybe, Ball and chain, Summertime, entre otras. Por su parte, Slick -actualmente de 86 años- destacó con su poderosa voz en clásicos sesenteros como White rabbit o Somebody to love; y ochenteros como We bulit this city (1985) o Nothing’s gonna stop us now (1987).

Cantantes de pop-rock de impresionante capacidad vocal fueron moneda corriente en los años ochenta, educando nuestros oídos y dejando, por supuesto, la valla muy alta en nuestros niveles de apreciación. Encender una radio de música popular “anglo” de la época nos permitía escuchar, por ejemplo, a Pat Benatar y su potente actitud en temas como Promises in the dark (1981) o Shadows of the night (1982). A Sheena Easton y su candoroso tono de soprano. O a Cyndi Lauper y su estruendosa y aguda voz pletórica de personalidad.

Otro ejemplo es, por supuesto, la banda Heart, liderada por dos extraordinarias cantantes, las hermanas Ann y Nancy Wilson, que compartían micrófonos y combinaban sus tonos -una agresiva, la otra dulce- en inolvidables composiciones como These dreams (1986), What about love (1985) o incluso temas más antiguos como Dreamboat Annie y Straight on, de la década anterior.

En español: La música latina verdadera

A diferencia de lo que ocurrió en las artes plásticas o la literatura, la mujer tuvo una presencia muy fuerte en la música -académica, folklórica y popular- casi desde siempre. Inicialmente solo como intérpretes y, con el avance de las décadas, también como creadoras, incluso en épocas de amplia postergación y ninguneo machista. Los casos de cantantes femeninas del mundo angloparlante que hemos mencionado hasta el momento ilustran esa realidad. Pero en nuestro idioma también tenemos gran diversidad de ejemplos de ello.

Qué lamentable resulta constatar que voces deficientes, homogéneas e inexpresivas como las de Shakira, Rosalía o Karol G sean sinónimo actual de “cantante latina”. Ellas tres y la legión de clones que, como ellas, lideran las preferencias y triunfan actualmente por las desreguladas dosis de exhibicionismo que forman parte de sus perfiles artísticos, han logrado borrar de la memoria de las masas a las cubanas Celia Cruz (1925-2003), Olga Guillot (1922-2010) o la mexicana Toña La Negra (1912-1982), dignas y sobre todo, espectaculares vocalistas de calidad, gracia y diversidad de recursos. Y no podemos olvidar a esa otra cubana, La Lupe (1936-1992), que alborotó el cotarro de los años sesenta con su estilo provocador y fuertemente anclado en la tradición musical de su país.

Ochenta años de exquisita música latina cantada en castellano, con instrumentaciones preciosistas y letras que combinaban ritmo, sensualidad, romanticismo y deseos de libertad femenina, han sido sepultados por un estilo “moderno” que, en lugar de mejorar lo que encontró en sus bases más antiguas, ha decidido -en nombre de las ventas millonarias y los likes- sacrificar la musicalidad para dar privilegio a un disforzado desenfado que altera y pervierte el desarrollo tanto de la propia historia de nuestra música latinoamericana como de la capacidad apreciativa de los públicos.

Baladas, trova y pop-rock en voces femeninas

Si hablamos de baladas, voces muy escuchadas en los ochenta y noventa como las de Myriam Hernández (Chile), Isabel Pantoja (España), Laura Pausini (Italia), Ana Gabriel (México) o Amanda Miguel (Argentina) recogieron el legado de otras que, en décadas anteriores, desplegaron también una elegancia y fuerza interpretativa, particularmente desde España. Los nombres de Rocío Dúrcal, las hermanas Izaskun y Amaya Uranga (del grupo coral Mocedades) y Rocío Jurado aparecen como las primeras opciones que permite una revisión superficial de aquellas generaciones. Otros nombres, como Ángela Carrasco (República Dominicana), María Martha Serra Lima (Argentina), Marlene Arias (Venezuela), también destacaron con grabaciones inolvidables.

La argentina Mercedes Sosa (1935-2009) poseía un profundo tono vocal, además de una telúrica presencia escénica. En las antípodas de lo que representan hoy las mujeres “libres” de la música pop, la libertad de la legendaria “Negra” fluía de su humanidad y su mensaje, pero también de su capacidad para interpretar, en términos musicales, la amplia gama de géneros folklóricos de su tierra y de esa Latinoamérica rural que encarnaba. Si quisiéramos encontrar una intérprete actual que se ubicara a ese nivel, nos quedaríamos horas mirando al techo sin conseguirlo. Voces globales aun vigentes como las de Susana Baca (Perú), Björk (Islandia), Omara Portuondo (Cuba) o Cesaria Evora (Cabo Verde) pertenecen también a otras generaciones.

Por el lado del rock en castellano, buenas cantantes fueron y siguen siendo la española María Gara, Alaska para los amigos, y su paisana Luz Casal. Asimismo, Argentina produjo voces fenomenales como Patricia Sosa, María Rosa Yorio -quien fuera pareja de Charly García entre 1978 y 1982 aproximadamente-, Fabiana Cantilo, la rosarina Silvina Garré, Celeste Carballo y Claudia Puyó, la que acompaña a Fito Páez en el grand finale de su éxito El amor después del amor (1992).

En México, Alejandra Guzmán dedicó al rock el talento que heredó de sus padres Silvia Pinal y Enrique Guzmán, pionero del rocanrol en nuestro idioma. “La Guzmán” ingresa al rubro de cantantes con voz no tan prodigiosa pero cargada de actitud y expresividad, como también son los casos de Christina Rosenvinge, Ana Torroja (España) o Andrea Echeverri (Colombia).

Voces extraordinarias amenazadas por el olvido

Uno de los peores daños que artistas contemporáneas muy famosas y multimillonarias como Shakira (Colombia), Ariana Grande (Estados Unidos) o Dua Lipa (Inglaterra) y sus cientos de clones -a quienes podemos rastrear desde las épocas de Britney Spears y Thalía- le hacen a la apreciación sonora de las nuevas generaciones es la idea de que así se canta bien. Al escuchar a diario esas voces limitadas y procesadas, niños y niñas interiorizan esa noción equivocada y crecen sin experimentar la emoción que generan voces extraordinarias del pasado como Barbra Streisand (Estados Unidos), Paloma San Basilio (España) o Gal Costa (Brasil).

En la era de la música disco, por ejemplo, surgió toda una generación de vocalistas mujeres, mayormente afroamericanas, con registros y técnicas depuradas, herederas tanto de las reinas del gospel, el blues y el soul -Aretha Franklin, Diana Ross, Bessie Smith- como de las divas del jazz -Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Nina Simone-, capaces de verdaderas proezas vocales, emotivas y vibrantes, pero aplicadas al género más de moda. Me refiero, por ejemplo, a Donna Summer, Gloria Gaynor, Chaka Khan o Patti LaBelle. También en esos años destacaron las voces de Olivia Newton-John, Yvonne Elliman o Linda Ronstadt, provenientes de las escenas country, pop y del teatro musical.

En los ochenta, ese legado fue recogido por una nueva hornada de cantantes, encabezada por Whitney Houston y, algunos años después, Mariah Carey. En las mismas radios en que escuchábamos, por ejemplo, voces cumplidoras y expresivas, aunque no necesariamente buenas, como las de Madonna o Gloria Estefan, nos cruzábamos con la fuerza rockera de Joan Jett, el misterioso y oscuro encanto de Siouxsie Sioux o la aterciopelada voz de Christine McVie, la más alta en las finas armonías que armaba Fleetwood Mac.

En nuestra música criolla encontramos más ejemplos de excelentes ataques vocales femeninos. Escuchar a Cecilia Barraza, Bartola, Lucía de la Cruz, Eva Ayllón, Lucila Campos, Tania Libertad o María de Jesús Vásquez da gusto, por esa heterogeneidad que contrasta con las fotocopiadas voces de cumbiamberas y salseras actuales que solo saben repetirse entre ellas, con un “estilo” que limita las posibilidades del público de conocer y familiarizarse con las buenas voces, todavía están por ahí, cantando mejor y vendiendo menos.

Las cantantes buenas nunca desaparecerán

En los tiempos dorados de la música popular se formó un bagaje musical de amplios parámetros, desde el pop anglosajón perfecto de Karen Carpenter hasta los cantos exóticos de Yma Súmac. Mujeres de belleza natural, como Tina Charles o Angélica María, aparecían en la televisión sin disfuerzos, sin despojarse de su intimidad, sin alardear de ser tan “atrevidas” como los hombres y conquistaban a sus públicos, cantando bien.

Quizás la última representante de este tipo de mujer cantante pop, elegante y sugerente a la vez, coqueta pero sin entregarse a la (rentable) experiencia de cosificarse voluntariamente, haya sido la canadiense Celine Dion (57), quien vinculó el universo de Barbra Streisand con el de Kylie Minogue con asombros naturalidad. Es cierto que, en todas las décadas anteriores a esta, siempre ha sido el género masculino el dominante, tanto en las empresas discográficas como en las programaciones radiales e incluso entre el público masivo que, por ese motivo, da más atención al atractivo físico cuando se trata de mujeres en cualquier campo artístico.

Pero, en la medida que eso fue cambiando, las cosas para las mujeres en la música, en lugar de mejorar, empeoraron hasta degradarse y llegar a los extremos hipersexualizados de la actualidad. Esta degradación hegeliana, signo de los tiempos que vivimos, no ha impedido que aparezcan buenas voces, aquí y allá. Beyoncé y Adele son dos ejemplos, aunque ahí el problema es el tipo de canciones que interpretan.

Desde los años noventa surgió un segmento de público que acogió a voces pop pero formadas en el mundo clásico. Por ejemplo, Sarah Brightman (Inglaterra), Charlotte Church (Gales) o Emma Shapplin (Francia), a mitad de camino entre la rígida ópera de la rusa Anna Netrebko o la italiana Cecilia Bartoli -herederas de una larguísima tradición que tiene en la griega Maria Callas a su punto más alto en el siglo XX- y la volátil nueva era de Loreena McKennitt o Enya, tuvieron cierta popularidad pero, poco a poco, fueron también desplazadas por cuestiones más prosaicas y hasta grotescas, como las que hoy dominan las modas y preferencias.

[EL DEDO EN LA LLAGA] El 20 de noviembre de 2020 el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich, suprimió canónicamente la Katholische Integrierte Gemeinde (KIG, Comunidad Católica Integrada) en su arquidiócesis, como medida final tras una exhaustiva investigación iniciada en 2019. Seguirían las supresiones en las diócesis de Paderborn, Augsburgo, Münster y Rottenburg-Stuttgart, la última en febrero de 2023.

El detonante fueron “graves acusaciones” de antiguos miembros sobre “prácticas abusivas” en la comunidad, incluyendo manipulación psicológica, dependencia emocional y violaciones a la libertad personal, no de manera eventual y esporádica, sino como parte de un “sistema de abuso espiritual” estructural. Estas quejas, que se acumulaban desde los años setenta y fueron ignoradas entonces, se intensificaron en 2018-2019, en paralelo al escándalo de abusos sexuales en Alemania.

En el documental “Geknechtet unterm Kreuz – Leben in einer katholischen Sekte” (“Esclavizados bajo la cruz: Vida en una secta católica”), emitido el 30 de noviembre de 2021 por Bayerischer Rundfunk, una cadena de televisión bávara, se detallan los principales tipos de abusos basados en testimonios de exmiembros e informes eclesiásticos.

Abuso espiritual y psicológico

Manipulación y control totalitario: La comunidad imponía un “sistema de dependencia psíquica” donde la disidencia se equiparaba a un “pecado contra el Espíritu Santo”. Los líderes, agrupados en torno a la fundadora Traudl Wallbrecher, fomentaban un “culto a la personalidad” e indoctrinación, presentando a la Comunidad Católica Integrada como una “élite salvadora de la Iglesia”. Exmiembros describen procedimientos que pueden catalogarse como “lavado de cerebro” y aislamiento de familiares y amigos externos, con sanciones como el ostracismo para quienes cuestionaban las decisiones de las autoridades de la comunidad.

Abuso del sacramento de la penitencia: Se usaba la confesión para control disciplinario y psicológico, obligando a revelaciones íntimas que se compartían en asambleas comunitarias, violando la privacidad y generando vergüenza en los miembros que eran sometidos a esta humillación pública.

Interferencia en relaciones personales: La asamblea comunitaria decidía sobre matrimonios, separaciones y hasta la procreación —hasta el extremo de prohibir tener hijos u obligar a tenerlos, según fuera “útil para la comunidad”—. Esto incluía romper parejas o matrimonios contra la voluntad de los involucrados.

Abuso financiero y económico

Explotación económica: Los miembros debían entregar sus ingresos, herencias y propiedades a la comunidad, que los usaba para proyectos como “casas de integración” o la adquisición en 1995 y posterior acondicionamiento de la Villa Cavalletti, una histórica villa del siglo XVI ubicada en Grottaferrata cerca de Roma, utilizada brevemente como un centro teológico y de formación. No había transparencia en el manejo de fondos, y se presionaba para abandonar profesiones estables en favor de “compromisos totales” en beneficio de la institución.

Dependencia financiera: Se promovía la renuncia a la autonomía económica, en aras de una “obediencia evangélica”, lo que dejaba a muchos de los que se iban de la comunidad sin recursos y en estado de relativa pobreza.

Abuso en perjuicio niños

Separación de niños de padres: En las “casas de integración”, que funcionaban como una especie de comunas, los hijos eran separados frecuentemente de sus padres para ser educados colectivamente, generando traumas y negligencia emocional. Exmiembros relatan que se se sintieron crecer “como huérfanos” en un entorno de control ideológico.

Peligro para el bienestar infantil, con presiones psicológicas sobre familias que violaban normas básicas de la comunidad.

Abuso sexual

Aunque menos central, hay indicios de “casos individuales de abuso sexual” de hace más de 40 años, durante las décadas de los setenta y ochenta, posiblemente por parte de miembros o sacerdotes vinculados.

La Integrierte Gemeinde (IG, Comunidad Integrada) fue fundada en 1965. Sus orígenes se remontan a 1945, cuando la iniciadora, Traudl Wallbrecher, desarrolló la idea de un nuevo comienzo en la Iglesia conectado con las raíces judeocristianas como respuesta al Holocausto. Tras su matrimonio con el abogado Herbert Wallbrecher, surgió el núcleo de lo que luego sería la Comunidad Integrada. El grupo se estableció a finales de los años sesenta en Múnich. Durante un tiempo se la consideró un esperanzador impulso renovador en la Iglesia católica y, según su propia descripción, quería ser “un lugar para un cristianismo ilustrado e íntegro”. Su orientación espiritual y teológica se basaba en la exégesis moderna, el movimiento litúrgico y ecuménico, las raíces judías del cristianismo, y la filosofía y literatura de posguerra —entre otros, los existencialistas franceses—.

Los miembros de la Comunidad Integrada se entendían como una gran familia formada por matrimonios y solteros, sacerdotes y laicos, ancianos y jóvenes. Vivían repartidos por todo Múnich en comunidades conocidas como “casas de integración”. Un fuerte sentimiento elitista y el comportamiento percibido por exmiembros como adoctrinamiento y culto a la personalidad de la fundadora Traudl Wallbrecher marcaron la convivencia.

La jerarquía eclesiástica se mostró inicialmente reservada y cautelosa respecto a esta iniciativa. Ya en 1973 constaban en actas acusaciones de restricción de la libertad de los miembros y prácticas de abusivas por parte de la dirección de la comunidad.

A partir de 1976 se estableció un contacto más estrecho con Joseph Ratzinger, quien poco después sería nombrado arzobispo de Múnich y cardenal de la Iglesia. Ratzinger aprobó eclesiásticamente la Comunidad Integrada en su arquidiócesis en 1978; ese mismo año también fue reconocida en Paderborn por el arzobispo Johannes Degenhardt. A la comunidad se incorporaron varios teólogos de renombre que, gracias a la cercanía con Ratzinger, le otorgaron considerable prestigio. Rudolf Pesch reclutó a numerosos miembros de su comunidad estudiantil de Fráncfort para la Comunidad Integrada y en 1984 abandonó su cátedra. En 1977 se trasladó con su familia a una “casa de integración” y en 1996 su hija se casó con un hijo del matrimonio fundador; la boda fue oficiada en Roma por el cardenal Ratzinger. También se incorporaron el renombrado biblista Norbert Lohfink y su hermano Gerhard, teólogo, quien en 1986 igualmente dejó su cátedra y se mudó a la comunidad. La Comunidad Integrada se hizo presente y fue aprobada en otras diócesis de Alemania, Austria, Tanzania e Italia, o se destinaron sacerdotes de la comunidad a parroquias de esas diócesis.

En 1994 se fundó la comunidad sacerdotal vinculada a la Comunidad Integrada. Posteriormente ésta cambió su nombre por Katholische Integrierte Gemeinde (KIG, Comunidad Católica Integrada) y se convirtió en un grupo de católicos comprometidos, principalmente del sur de Alemania, que gracias a su posición especial como entorno familiar y de amistad de Joseph Ratzinger ganó influencia tanto en el ámbito eclesial interno como en la curia romana.

El vínculo con Ratzinger quedó ampliamente documentado en el libro “30 Jahre Wegbegleitung: Joseph Ratzinger/Papst Benedikt XVI. und die Katholische Integrierte Gemeinde” (“30 años de acompañamiento en el camino: Joseph Ratzinger/Papa Benedicto XVI y la Comunidad Católica Integrada”), publicado por la misma comunidad y que consiste en un recuento de encuentros, cartas y fotos inéditas. Ratzinger habría visto en el grupo un «impulso esperanzador» para la Iglesia post-Vaticano II, en un contexto de crisis eclesial. La comunidad, con su énfasis en la liturgia renovada, el ecumenismo y las raíces judías del cristianismo, encajaba en las ideas de Ratzinger sobre una “Iglesia como comunión” y sobre la recuperación de lo esencial de la fe.

La Comunidad Católica Integrada se convirtió en un “entorno familiar y de amistad” para Ratzinger, quien la describió como una “comunidad de contraste” con el mundo, que actuaba como “sal de la tierra” en una sociedad secularizada. A partir de 1981, ya como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Ratzinger continuó respaldándola, al punto de que en 1985 fue erigida como “asociación de derecho público” de acuerdo al canon 301 del Código de Derecho Canónico. La influencia de Ratzinger fue clave en la expansión Comunidad Católica Integrada, la cual fundó la Academia para la Teología del Pueblo de Dios en la Villa Cavalletti (Roma) en 2003, con un mensaje extenso de felicitación de Ratzinger, quien definió su misión como una reflexión interdisciplinar sobre el “Pueblo de Dios” de judíos y cristianos.

Tras su elección como Papa en 2005, concedió audiencias privadas al equipo directivo de la Comunidad Católica Integrada en el Vaticano (febrero de 2006) e invitó a una delegación a Castel Gandolfo ese mismo año, reforzando su rol como “promotor y amigo de larga data”.

Como ya se ha señalado, desde 1973 constaban actas con denuncias de restricciones a la libertad de los miembros y liderazgo abusivo. En 2000, un alto representante de una diócesis alemana informó a Ratzinger de quejas de exmiembros, incluyendo interferencias en matrimonios, confesiones públicas y presiones psicológicas. Ratzinger, según informes, no se sorprendió mucho, pero prefirió defender y acompañar a la comunidad en lugar de investigarla, argumentando que los testimonios de desertores tenían “credibilidad limitada”. Exmiembros lo contactaron directamente, pero él priorizó la lealtad al grupo.

En octubre de 2020, tras el informe final de la investigación encargada por el cardenal Marx, Benedicto XVI se distanció públicamente en una declaración a la revista Herder Korrespondenz: lamentó “profundamente” haber sido “informado insuficientemente” o “engañado” sobre aspectos internos de la Comunidad Católica Integrada, y negó haber avalado todas sus actividades como arzobispo. Afirmó que su aprobación se limitaba a iniciativas específicas, no a las “graves distorsiones de la fe” que habían sido denunciadas.

Eso no lo excusa ni le quita responsabilidad. Según el periodista Hanspeter Oschwald (1943-2015) en su libro “Im Namen des Heiligen Vaters: Wie fundamentalistische Mächte den Vatikan steuern”

(“En nombre del Santo Padre: Cómo las fuerzas fundamentalistas controlan el Vaticano”), publicado en 2010, quienes más influencias tenían sobre Benedicto XVI eran su secretario Georg Gänswein y el secretario de estado vaticano Tarcisio Bertone, seguidos de la Comunidad Católica Integrada. A continuación venían el Opus Dei y los tradicionalistas.

No debe extrañarnos que durante el pontificado de Ratzinger ninguna sociedad religiosa haya sido suprimida por motivos de abusos y falta de carisma, pues él mismo tuvo una vinculación muy cercana con una institución católica, aprobada canónicamente, que presentaba evidentes características sectarias y donde había un sistema de abusos. Por eso mismo, se entiende que entonces no haya tomado medidas más drásticas contra los Legionarios de Cristo, la Comunidad de las Bienaventuranzas y el Sodalicio de Vida Cristiana, por mencionar algunos ejemplos.

Tiene razón Alejandro Bermúdez cuando cree que durante el pontificado de Benedicto XVI no se hubiera suprimido al Sodalicio de Vida Cristiana, como no se suprimió a los Legionarios de Cristo. Pero eso no se debería a las virtudes de Ratzinger, sino más bien a su irresponsable ingenuidad que le llevó a prestarle todo su apoyo a una secta católica, la cual nunca hubiera tenido la expansión e influencia que logró si no es por su amistad con el Papa alemán.

[MIGRANTE AL PASO] Ya pasó una semana. Después de aproximadamente 15 años fumando todos los días. A veces entre 5 y 10 cigarros al día, otras veces 1 o 2 cajetillas. Creo que ya pasó lo peor, pero soy mucho más adicto de lo que pensé. Mi cuerpo instintivamente comienza a buscar una cajetilla. Me pasó hace un rato, escribiendo, mientras pensaba cómo seguir; mi mano se movió sola buscando la cajetilla que normalmente estaba a mi costado. Hace unos días fue peor. No podía dormir, me despertaba en mitad de la noche, tomaba gaseosas cero para calmar la ansiedad. También combinar dieta con dejar de fumar no es una buena idea. Esta semana he estado comiendo todo el tiempo. No puedo imaginarme ser adicto a algo más fuerte, debe ser espantoso. Es un gran logro para quienes pudieron vencer una adicción grave. Yo todavía no puedo decir nada porque recién voy una semana y ya van unas 2 o 3 veces que he logrado dejarlo esa cantidad de tiempo.

En la época del colegio, tercero o cuarto de secundaria. Nos juntamos todos en la casa de un amigo para ir a las primeras fiestas donde había alcohol y recién comenzábamos a salir. Ya había probado una vez: fumé una pitada y sentí que se me calentaba la cabeza y tosí demasiado. Pensé que nunca más lo iba a hacer, no podía estar más equivocado. Ese día estábamos todos sentados en la sala de mi amigo, hablando de cualquier cosa, y un amigo tenía uno o dos cigarros. Los prendió y entre todos intentábamos hacer aritos de humo. Se nos acabaron en dos rondas. Fuimos a comprar, cada uno se compró una cajetilla de veinte, a solo cinco soles. Hoy una cajetilla de Marlboro te cuesta 20 soles o más. Regresamos; la casa parecía un incendio por la cantidad de humo, todos intentando hacer aritos. Nunca me salieron, pero me volví adicto al cigarro sin querer. Supongo que siempre es sin querer.

Pasé de ponerme a llorar de niño cuando vi a mi hermano fumándose un cigarro porque pensé que se iba a morir, a fumarme 20 cigarros porque quería jugar. Luego terminé fumando para hacer todo. Antes del colegio me fumaba un cigarro en la esquina para entrar mareado. Estaba loco. Había algo extraño: sabías que estabas haciendo algo malo, pero te sentías “cool”. Cuando cumplí 18 años y tuve mi primer carro, escuchando música a todo volumen, llegando a la universidad con la ventana abajo y la mano afuera con un cigarro, me sentía un rockstar. Claramente no me veía como uno, pero así se sentía. Llegaba igual al colegio, pero ahí no manejaba. Sentía que el mundo estaba a mis pies y nadie podía ganarme. En un recreo, un amigo y yo nos fumamos un cigarro en el baño. Tiramos el cigarro al tacho y se prendió en fuego. Se armó un escándalo; felizmente nunca nos descubrieron, pero sí estaban buscando a los culpables. Me daba más miedo el castigo de mis padres que lo que digan los profesores; sinceramente nunca me importó qué pensaban ellos.

15 años después, un partido de fútbol. Ni siquiera estábamos jugando 11 vs 11. Me dieron un pase, corrí rápido, máximo 40 metros, tal vez menos. Sentí que se me iba a salir un pulmón por la boca. Hasta me descompensé, creo. Pude hacer un par de jugadas más y luego me fui a tapar. Ya no podía más. Eso ha sido este año y llevo postergando dejarlo hasta diciembre. Intenté un par de veces y no podía. Todo lo que hago está asociado de alguna manera a fumar. Después de comer, un cigarro; mientras leo, varios; y mientras escribo, infinitos. Hasta jugar PlayStation hace que me den ganas de fumar. Esta ha sido la peor semana de mi vida, le decía a un amigo, exagerando obviamente: con poco ejercicio, comiendo de más… pero en ningún momento tomé en cuenta que había dejado de fumar. Es normal que, después de tanto tiempo fumando y dejarlo de golpe, tenga algún efecto secundario. Igual, como decía, aún no puedo cantar victoria. Sólo sé que los primeros días no podía ni pensar. Hasta me quedaba dormido más tiempo a propósito porque no sabía qué hacer.

¿Por qué escribo esto? La verdad es que no es para recomendarle a nadie que deje de fumar o para decirle a los más jóvenes que no lo hagan. Escribo sobre esto porque ahorita solo puedo pensar en cigarros. Aparte, quién soy yo para arruinarle a los jóvenes lo mejor de vivir, que es justamente descubrir las cosas por ti mismo. La mayoría de viejos aburridos pensará que está mal lo que digo. Obvio no quiero incentivar que la gente fume, pero tampoco me quiero meter en la vida de nadie. Tampoco quiero creer que tengo autoridad moral o en cualquier aspecto para ir dando consejos de vida. De autoridad moral solo hablan los viejos aburridos que no se dan cuenta de que, al creer que ellos saben qué está bien o mal, se quitan autoridad para hablar de lo que sea. En todo caso, mi recomendación a los jóvenes, más allá del cigarro, es que hagan lo que quieran y vivan como les dé la gana, no escuchen a los viejos. Más preocupante sería que los jóvenes piensen como los adultos.

[NOTA]  Festival Perú Lee Más va hasta el 8 de diciembre 

Para ello, contó con la colaboración estrecha de la Municipalidad Distrital de Miraflores, que a través de su alcalde, Sr. Carlos Canales saludó esta actividad con mucho entusiasmo, durante el evento inaugural, realizado el jueves 4 de diciembre en el recinto ferial instalado en el Pasaje Porta, una de las principales arterias de la zona comercial de este distrito.

“Nosotros estamos maravillados -comentó Canales- por todo el aporte que Derrama Magisterial hace a la cultura del país con las librerías Crisol, un icono de la lectura en el Perú. Nos es muy grato compartir con esta institución de maestras y maestros esta oportunidad para acercar a la comunidad a más de 22,000 títulos. Asimismo, saludo cordialmente a la presidenta Olga Morán por todo el esfuerzo que viene haciendo Derrama Magisterial por transmitir información, por transmitir conocimiento y por desarrollar la cultura del país. Felices sesenta años, Derrama Magisterial”.

Por su parte, la Prof. Olga Morán, presidenta del Directorio de Derrama Magisterial, expresó un “profundo agradecimiento por el apoyo que nos ha brindado el alcalde de la Municipalidad de Miraflores para abrir este espacio donde vamos a ofrecer los libros a muy buenos precios y que nos permite seguir traajando en pro de la educación y la cultura”.

El 1er. Festival Perú Lee Más cuenta con stands de la Librería Crisol así como de los grupos editoriales Penguin Random House y Planeta. Además, los niños y niñas pueden disfrutar de lecturas, juegos y otras actividades en el stand de Leo A Bordo, la biblioteca itinerante de Derrama Magisterial y Crisol que lleva cultura y sano entretenimiento a los colegios.

El profesor Fidel Quispe Aedo, presidente del Directorio de Crisol, manifestó que maestras y maestros de todo el Perú están muy emocionados por tener acceso a todas estas estrategias que sirven para apoyar su trabajo docente. Fue durante el conversatorio El compromiso con la promoción de la lectura de Derrama Magisterial y Crisol, realizado tras la inauguración de Perú Lee Más. El secretario general del SUTE Lima, profesor Gilmer Meza, comentó que “estas actividades refuerzan la presencia del magisterio en el fomento de una actividad tan importante para la educación como es la lectura”.

El 1er. Festival Perú Lee Más de Derrama Magisterial y Crisol se desarrollará hasta el lunes 8 de diciembre en el Pasaje Porta, frente al Parque Kennedy de Miraflores.

 

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