[Música Maestro] La semana pasada, el viernes 27 de marzo para ser exactos, fue el lanzamiento oficial de Honora, primer álbum como solista de Flea, reconocido integrante de los Red Hot Chili Peppers. El extraordinario músico sorprende al mundo con un disco de jazz, en el que además de su característico bajo toca la trompeta, su primer instrumento. Con Honora, Flea cierra un círculo que estaba abierto desde su más temprana infancia. El pretexto perfecto para hablar de su carrera, de su disco y de ese instrumento que domina como pocos.

Un instrumento de perfil… bajo

En setenta años de historia, el rock -como todo fenómeno sociocultural- ha generado sus propios códigos, lenguajes, símbolos y galería de personajes. De ellos, el más emblemático quizás sea el “héroe de la guitarra” o, como se dice en inglés, “guitar hero”, el guitarrista líder de aspecto poderoso y sobrenatural capaz de hacer que el mundo dé vueltas alrededor suyo con solo un movimiento de su brazo derecho (o izquierdo).

A través de las décadas han surgido incontables héroes de la guitarra -Hendrix, Page, Clapton, May, Van Halen, Satriani, Vai, Morello, White-, desde los fantasmagóricos y contemplativos hasta los extravagantes e innovadores. Hasta un videojuego se creó -Guitar Hero-, instalando el concepto en el siglo XXI como legado de la cultura popular del siglo anterior que se va transformando y adaptando a los tiempos modernos.

Y siempre, detrás de los dinámicos guitarristas que, con sus electrizantes solos y contundentes riffs acaparan los reflectores, están los bajistas. Aunque generalmente se les identifica con una actitud más conservadora, siempre detrás sosteniendo las armazones rítmicas de ensambles rockeros de todo tipo, la función que cumple el bajo es tan o más importante que la de las guitarras. Además, pueden llegar a ser tan extravagantes y hasta apropiarse del escenario, como los guitarristas.

Héroes del bajo

Las décadas doradas del rock clásico también produjeron una larga lista de nombres de ejecutantes de este instrumento que, a diferencia de la guitarra, no nació como evolución de instrumentos populares de civilizaciones europeas y orientales de la antigüedad -cítaras, vihuelas, laúdes- para posteriormente electrificarse, sino como adaptación directa del mundo clásico estrictamente europeo -el contrabajo del siglo XVI- para tener una versión portátil y amplificada.

Desde que la fábrica de Fender puso en circulación su modelo de bajo eléctrico Fender Precision Bass, a inicios de los años cincuenta, mucha agua ha corrido por los puentes de este popular instrumento, base rítmica para grupos de jazz, pop-rock, metal, punk, salsa, latin-jazz y todos los otros géneros que se puedan imaginar. Hoy existen muchas otras formas, efectos y marcas, con cuatro cuerdas -configuración original inspirada en el contrabajo- cinco y hasta seis.

Entre los héroes del bajo rockero, que son muchísimos, podemos mencionar por ejemplo a John Paul Jones (Led Zeppelin), moderado y virtuoso; Chris Squire (Yes), rotundo e inconfundible; Geddy Lee (Rush), dinámico y pesado. Si hablamos de jazz, la lista es tan grande que merecería un artículo aparte. Y en la salsa o el jazz latino, la próxima vez que escuchen temas de la Fania, o las grabaciones de Héctor Lavoe, Willie Colón y Rubén Blades, préstenles atención a las líneas de bajo de los portorriqueños Bobby Valentín y Salvador Cuevas, por un lado; y a las del cubano Carlos del Puerto (Irakere) o su hijo, Carlitos del Puerto Jr., uno de los mejores actualmente.

Los tumultuosos inicios de Flea

La primera vez que escuché a los Red Hot Chili Peppers fue en Disco Club, a través del videoclip de un cover de Higher ground, contenido en Mother’s milk (1989), su cuarto LP. Las imágenes mostraban a un cuarteto de jóvenes blancos que más parecían integrantes de una pandilla punk, tocando a velocidad y con distorsión típica del rock alternativo/grunge, el acompasado clásico de Stevie Wonder (LP Innervisions, 1973). Al inicio del video, un bajista de aspecto amenazante -torso desnudo, ceño fruncido, pelo amarillo, tatuajes, movimientos agresivos- replica con alucinante exactitud la línea introductoria que Wonder lanza desde su característico clavinet Hohner.

El artista conocido mundialmente como Flea –“Pulga” en inglés- construyó su carrera musical en la escena del punk y el metal de Los Angeles, ciudad a la que llegó a los 10 años con su madre Patricia, su hermana Karyn y su padrastro, un contrabajista de jazz. Su verdadero nombre es Michael Balzary y había nacido en Australia en 1962. Su padre, de nacionalidad húngara, se separó de la familia cuando él tenía solo 9 años. Walter Urban, su padrastro, solía organizar en casa tóxicas sesiones de jazz en las que caían los más grandes. El pequeño Michael vio en acción, a poquísima distancia, a Dizzy Gillespie, Coleman Hawkins, Miles Davis y muchos otros.

Sin embargo, su vida familiar no fue para nada sencilla ni perfecta. Urban padecía de un intenso alcoholismo que lo ponía violento, por lo que Flea, desde la adolescencia, se refugió en las calles y todos los peligros que ello traía. Así aparecieron las peleas, el consumo de marihuana y una conexión personal con la música fuerte que lo alejó de su primer amor, el jazz. Así conoció también a otro adolescente desadaptado, Anthony Kiedis, cantante en diversas bandas del barrio. Y al guitarrista Hillel Slovak, israelí de nacimiento pero afincado en Los Angeles con sus padres de origen eslavo. Los tres formaron en 1982, junto con el baterista Jack Irons, la primera alineación de The Red Hot Chili Peppers, a la postre una de las bandas más exitosas de los años noventa.

Red Hot Chili Peppers y la fama mundial

Entre 1982 y 1989, los Red Hot Chili Peppers atravesaron una serie de dificultades para encontrar su camino hacia el éxito. Sus cuatro primeros álbumes –The Red Hot Chili Peppers (1984), Freaky styley (1985), The uplift mofo party plan (1987) y Mother’s milk (1989)- pasaron bastante desapercibidos para la crítica especializada, a pesar de presentar una impresionante capacidad instrumental y una combinación auténtica de hip-hop, rock alternativo y funk.

Incluso el segundo álbum, Freaky styley, fue producido por el legendario George Clinton, líder de Parliament-Funkadelic. Salvo el mencionado cover de Higher ground y algunos otros temas –Get up and jump, Fight like a brave o Behind the sun– la onda de los RHCP no tuvo mayor impacto. La muerte por sobredosis de Slovak, en 1988, y los constantes cambios de baterista -Jack Irons, Cliff Martinez y hasta D.H. Peligro de los Dead Kennedys- hizo tambalear al proyecto de Kiedis y Flea. Sin embargo, la llegada de John Frusciante (guitarra, coros) y Chad Smith (batería) cambió todo.

Con esa formación -Kiedis, Flea, Frusciante y Smith- y un estratégico cambio de casa discográfica, de EMI Records a Warner Brothers, los Red Hot Chili Peppers levantaron vuelo. De ser una banda marginal en Los Angeles se convirtieron en un gigante que comenzó a llenar estadios y festivales en el mundo entero. Sus siguientes álbumes Blood sugar sex magik (1991), One hot minute (1995), en que Dave Navarro de Jane’s Addiction ocupó el lugar de John Frusciante quien se aisló de todo por problemas de salud mental y drogas -y donde Flea estrenó la primera canción que compuso a solas, la bizarra Pea– convirtieron al cuarteto en superestrellas, especialmente el primero, con canciones como Suck my kiss, Breaking the girl, Give it away o Under the bridge.

Para ese momento, estaba claro el estatus de Flea como el absoluto héroe del bajo de su generación. Junto con Les Claypool (Primus) y, en menor medida, Reginald “Fieldy” Arvizu (Korn) y Jeff Ament (Pearl Jam), el hiperactivo y dinámico fundador de Red Hot Chili Peppers se unió a esa lista de históricos y notables bajistas que lo precedieron. Influenciado por los máximos exponentes del funk y el jazz-fusión, pero con la energía desbordada de bajistas de punk, hard-rock y heavy metal, el estilo intenso y preciso de Flea se convirtió en marca registrada de su banda.

Californication y posterior desgaste del grupo

La idea de grabar un álbum como solista rondó la cabeza de Flea casi desde siempre. En la era del Blood sugar sex magik, Flea estuvo cerca de concretar ese anhelo, pero dio preferencia a invitaciones para colaborar con otros artistas. Por ejemplo, su bajo puede escucharse en Jagged little pill (1995), el tercer álbum de la canadiense Alanis Morrisette, así como en grabaciones de Tori Amos y Jane’s Addiction, con quienes incluso salió de gira.

Para fines de los noventa, el mundo de la música celebró el regreso de la formación más aclamada de los Red Hot Chili Peppers. Con John Frusciante de vuelta, el cuarteto tuvo un tremendo impacto global con Californication (1999), séptima producción en estudio que generó nuevos ingresos a su catálogo de éxitos como Around the world, el tema-título o Scar tissue, además de una paleta sonora más diversa con canciones como Parallel universe, densa y frenética; o Road trippin’, un tema acústico cercano al country.

El grupo siguió adelante con By the way (2002) y Stadium Arcadium (2006), extensos y algo repetitivos, aunque con ideas musicales interesantes siempre determinadas por el desempeño de Flea. Canciones como By the way o Hump de bump, son buenos ejemplos. Aunque en conciertos seguían siendo una gran atracción, sus producciones comenzaron a carecer del riesgo que sostuvieron hasta Californication. En sus últimos discos –I’m with you (2011), The getaway (2016), Unlimited love (2022) y Return of the dream canteen (2022)-, los Red Hot Chili Peppers mantienen su evolución musical con el peso y solvencia de los años, pero sin el filo de sus tiempos juveniles.

Flea y su pasión por la trompeta

“Recuerdo haber visto en casa a Dizzy Gillespie”, le contó hace la semana pasada al humorista Jimmy Fallon, conductor del sintonizado programa de la TV norteamericana The Tonight Show, como parte de la campaña promocional de Honora. “Me abrazó y hasta ahora recuerdo el aroma de su colonia, su amabilidad” dijo, además de contar que la trompeta fue su primer instrumento.

La trompeta es la principal protagonista de Honora, el sorprendente álbum de jazz con el que Flea cumple su propósito de grabar un disco en solitario. Previamente, en el 2012, había lanzado un EP con seis temas propios en clave de música experimental, electrónica y jazz, titulado Helen burns, donde despliega la pasión que le produce este instrumento de viento que aprendió a tocar escuchando a los mejores: Miles Davis, Chet Baker, Lee Morgan.

En varios conciertos de los Red Hot Chili Peppers se le puede ver tocándola, como en este segmento del DVD Live at Slane Castle (2003), en que sale enfundado en un traje negro con estampado de esqueleto, como lo hiciera antes uno de sus ídolos, John Entwistle, bajista de The Who. Incluso hay un video en YouTube de un concierto de Nirvana en Brasil, en 1993, en que Flea aparece como invitado durante Smells like teen spirit, haciendo líneas de delirante jazz con la trompeta en la parte final de este himno del grunge. Una rareza digna de ver y escuchar.

El momento actual de Flea

En una entrevista con el productor, músico y youtuber Rick Beato, también promocionando Honora, Flea reflexiona sobre vida, sus altibajos y su momento actual que incluye las celebraciones por el aniversario 25 del Conservatorio de Música de Silverlake, institución educativa sin fines de lucro que fundó en el 2001 en California para apoyar a niños de bajos recursos a encontrar su camino en la industria musical. Aquí podemos verlo tocando con sus alumnos.

Flea -apelativo que le pusieron desde pequeño porque no podía quedarse quieto ni un minuto-, es un bajista frenético, de una gestualidad agresiva e impredecible. Salta, se retuerce, sacude cabeza, brazos y piernas, todo mientras toca con sorprendente precisión intensos ritmos de funk-rock con recursos técnicamente refinados y complejos. Pero, cuando sopla la trompeta, su ser ingresa en una calma suave y acompasada, como en esta actuación junto a Patti Smith (ver aquí).

Tiene una condición física envidiable -llegó caminando de manos al programa de Jimmy Fallon la semana pasada, una verdadera proeza para un hombre de 63 años- y una impresionante rapidez mental. En sus respuestas, aflora esa espiritualidad que desde hace algunos años adoptó como tabla de salvación de una vida llena de exceso y peligro. Honora, su disco, le hace justicia a esta evolución artística y personal.

Las canciones de Honora

A diferencia de Helen burns, Honora es un disco de jazz orgánico, sin excesivas intromisiones de bases electrónicas. Solo tres de sus diez canciones se difundieron de manera oficial, antes del 27 de marzo. La primera de ellas, titulada A plea, es un ejercicio de acid jazz que, en un videoclip de siete minutos, muestra al siempre desenfadado y epiléptico Flea rodeado de niñas y niños mientras grita al mundo -a los políticos, a los empresarios, a los artistas- la necesidad de recuperar el amor en el mundo y evitar las guerras, un mensaje muy a tono con las dificultades que atraviesa actualmente Estados Unidos por los caprichos de su presidente.

La segunda, Traffic lights, presenta una colaboración vocal del líder de los ingleses Radiohead, Thom Yorke, con quien Flea coincidió algunos años atrás en un proyecto denominado Atoms For Peace. La canción posee un aura hipnótica que se nutre del smooth jazz y, nuevamente, el bajo y la trompeta de Flea serpentean sobre una melodía coescrita por él, Yorke y el tecladista Josh Johnson. La tercera, presentada en vivo en el programa de Fallon, es un cover del rapero Frank Ocean, un tema llamado Thinkin’ about you que Flea transforma en una sofisticada balada jazz, tocando bajo y trompeta a la vez, con inteligentes arreglos ejecutados por su solvente banda.

Honora contiene seis composiciones originales de Flea y cuatro de otros artistas. Además de la mencionada Thinkin’ about you, destacan Maggot brain, tema-título del tercer disco de Funkadelic, que la guitarra de Eddie Hazel convirtió en himno del rock psicodélico en 1971; el clásico del country Wichita lineman con participación vocal del australiano Nick Cave; y la balada jazz de 1932 Willow weep for me, escrita por Ann Ronell y grabada a través de los años por luminarias como Billie Holiday, Frank Sinatra, entre otros.

Este álbum es una de las mejores noticias en lo que va del año en términos de lanzamientos discográficos, un homenaje al jazz que llega gracias a uno de los músicos más irreverentes, auténticos y talentosos de los últimos 35 años que, de esta manera, agradece tanto su propia sobrevivencia a diversas dificultades -abuso y abandono juvenil, adicciones, diversas experiencias traumáticas- como la de aquel bagaje sonoro que nutrió su trayectoria. La carátula de Honora es una foto artística de una mujer con una paloma blanca sobre el hombro. La modelo es Shahin Badiyan, madre iraní de su actual esposa, Melody Ehsani.

[OPINIÓN] El impacto más crítico se observa en la soberanía nacional. La privatización de Petroperú y la cesión de yacimientos de gas y petroleo a corporaciones americanas, no son simples medidas de eficiencia, sino la renuncia a la seguridad energética del país. Al sumar a esto el alineamiento militar mediante la compra impuesta de armamento (cazas F16) y el establecimiento de bases extranjeras, el Perú pierde su autonomía de decisión en defensa, subordinando su territorio a intereses estratégicos foráneos.

​En el plano interno, el despido masivo de 800,000 trabajadores del estado y la reducción drástica de ministerios , apuntan a un «Estado mínimo» que abandona sus funciones sociales. Esto es Milei en versión Andina. Esta desarticulación administrativa garantizara que el Estado no tenga capacidad de regular ni de oponerse a las concesiones de recursos en los Andes, la Amazonía o el Mar de Grau.

​Finalmente, la ruptura de lazos comerciales con China, es el objetivo de este proyecto pro Trumpista, particularmente a través de cambios de contratos en el puerto de Chancay y la minería de litio, colocando al Perú en una posición de vulnerabilidad. Al bloquear la inversión china, se elimina la competencia y se fuerza al país a un régimen que algunos analistas describen como semi colonial, donde los activos críticos son entregados bajo condiciones de desventaja. Votar por este proyecto implica, por tanto, la claudicación de la soberanía popular frente a un pacto de élites y potencias externas. El Perú solo se salva con el voto estrategico en Primera y Segunda Vuelta. Y habrá que aliarse con todos los dispuestos a impedir la repeticion de una dictadura. Que puede derivar en una crisis y rebelión popular, similar a la de Chile 2019 o Colombia 2020.

[MIGRANTE AL PASO] Una de las primeras cosas que hice al llegar a Buenos Aires fue visitar la ESMA, uno de los centros de detención y tortura instaurados en la dictadura de Videla. Lo hice varias veces, por motivos de escritura, culturales y académicos; caminar entre esos rincones oscuros, donde se podían respirar los lamentos de jóvenes y madres que ya sabían que sus cuerpos brutalmente maltratados muy pronto serían cadáveres en el mar.

En una esquina del segundo piso, donde dormían los secuestrados con la cabeza tapada, había paneles informativos, entre ellos portadas sobre la copa del mundo que se jugó en ese país durante el régimen autoritario en 1978. Me llamaba la atención la diferencia de perspectivas en los periódicos del mundo. Medios europeos titulaban: “Fútbol bajo la dictadura”; “Un torneo entre sombras”; “El campeonato de Videla”; “Un Mundial bajo sospecha”. Medios de Latinoamérica: “La fiesta del fútbol”; “Argentina ante su destino”; “Un Mundial histórico”. Soy un fanático del fútbol y siempre lo he sido; estamos en año de Mundial, pero no lo siento como uno. Estos suelen estar rodeados de euforia, emoción y unión; esta vez se siente caos, miedo y desánimo colectivo. Y es totalmente comprensible, estoy pasando por lo mismo; ha generado confusión en mi cabeza. De verdad, es como pensaba y es lo más lindo que hay, como dijo Maradona; es una muestra de la estupidez humana, o simplemente es un reflejo de nuestra sociedad. No lo sé, pero últimamente me recuerda a las jornadas de coliseo romano en las que manipulaban a toda Roma con pan y circo; recordemos todo lo que está ocurriendo en el mundo y en nuestro país también. De niño, la copa del mundo simbolizaba la copa de la paz.

“No voy a ver el Mundial este año”, “¿Qué hacen Cristiano Ronaldo y Lionel Messi visitando a Trump en la Casa Blanca?” (No menciono a los otros jugadores porque no significan nada). Hasta regalé mi camiseta del Inter de Miami, porque estaba furioso. Pisé el palito, como buen aficionado de fútbol. Dejé que estos ídolos, que aparentemente solo piensan con los pies, irrumpan con mi calma. Un día antes, Estados Unidos bombardeó Irán y cientos de niños murieron; Messi, como miembro e ícono de UNICEF, decidió que era un buen momento para visitar al presidente a cargo de estas masacres. Hubo respuestas negativas, pasaron unas semanas y Lego sacó un comercial con estas personas; la gente se olvidó por completo. Como si un demonio amnésico los poseyera. Las redes sociales, que están pegadas a nosotros como sombras, son dañinas: sale una noticia importante y escandalosa sobre los files de Epstein; en menos de 20 segundos scrolleas y te encuentras con personas atractivas o entretenimiento barato. Claramente estamos en la era del olvido.

Me quedaba una última esperanza, aquel jugador antiguo y respetado, que apagaba su cigarro en la línea de entrada a la cancha, se había negado a ir al Mundial de Argentina 78 por la dictadura. Antes de escribir esta crónica investigué un poco, para desilusionarme y descubrir que todo eso era solo un mito: Johan Cruyff no fue por motivos personales. Todos los símbolos se están derrumbando. Ahora solo me queda el gordo Ronaldo, cuyo mayor escándalo eran sus fiestas y el alcohol; comparado con lo que menciono antes, son travesuras de niño. Al final solo me quedaré con su camiseta.

Como todos, con amigos y hermano, armábamos arcos con piedras, palos o lo que encontráramos para improvisar arcos y jugar fútbol en la calle y parques. Lo mismo sucedía en todos los rincones del mundo, sin importar clase social, religión o ideología. Eso es el fútbol para mí: un deporte que une al mundo debido a su fácil acceso para todos. Esas sonrisas y gritos de celebración ya no se escuchan así nomás, cuando antes abundaban. Me pregunto si en los escombros y ruinas de Líbano, Irán, Palestina y muchos más lugares se seguirán escuchando balones rebotar. Me da la sensación de que este Mundial quedará en la historia como un hecho nefasto y cómplice de la guerra.

El director interno del ICE declaró que su institución será parte clave de la seguridad del Mundial, pero que supuestamente no harán redadas. No les creo ni lo que comen. Y así dará inicio este Mundial, con aplausos ciegos, donde las selecciones jugarán al mismo tiempo que violan mujeres, maltratan menores de edad y abusan de ancianos, a tan solo kilómetros de distancia en estos llamados “centros de reclusión de inmigrantes”. Mientras ellos sufren, sus propios compatriotas celebrarán bajo un lavado de cerebro masivo. No tienes que ser político para que tu radar moral se vea alterado; ser futbolista no te quita la capacidad de resistencia. La cuestión no está en si eres político o no, sino en qué clase de persona eres. Espero que esta crónica no sea una carta de despedida al deporte rey, pero por el momento he decidido no ver este Mundial y dejaré de verlos hasta que el fútbol vuelva a representar lo que tanto respetaba en mi infancia. No lo hago con intención de generar un cambio, no soy tan poderoso; lo hago por simple y puro asco.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] No sé de qué escribir esta mañana. Obviamente la campaña electoral me da vueltas a la cabeza desde que abro los ojos, bien temprano, como me gusta. Lo primero que veo en mi computadora son las redes, las tendencias, las encuestas, truchas, o más o menos sinceras. Las opiniones de los candidatos, de la gente, los insultos de los troles. Y otras novedades más, como la inteligencia artificial en campaña, con diversos personajes convertidos en animalitos, héroes de la ciencia ficción, diversas mascotas, y un largo etc.

También está, cómo no el insulto descarnado, la guerra de los troles, o la rebelión en la granja de los troles. La diatriba de improperios carece de la mínima censura. Son del más grueso calibre y aunque algunos intentan ser imaginativos, pocas veces coronan sus esfuerzos con el éxito.

También están el tema del sistema electoral, creado para que los mismos de siempre se queden, como siempre, en el poder. La fórmula es fácil: desagregar el voto entre la inverosímil suma de 36 partidos postulantes y colocar una valla electoral bien alta. De esta manera, ante tanta dispersión, alrededor de 30 de los 36 postulantes quedarán fuera, pero el tema no queda allí.

Los que quedan, que suelen ser los más fuertes, los que tienen más poder, los que ya están en el Congreso, se reparten todo lo que pierden quienes quedaron debajo de la valla. De esta manera, su representación parlamentaria engorda y engorda, se empodera y se empodera, y podría expresarse muy mayoritariamente en el próximo todopoderoso Senado, que ni el Presidente tendrá facultad de cerrar. Será la institución omnipotente, el verdadero lugar desde el cual se gobernará el Perú desde el 28 de julio venidero hasta que se modifique la Constitución y volvamos a un esquema más equilibrado entre los poderes  Ejecutivo y Legislativo.

El show de las encuestadoras es tema aparte: IPSOS y DATUM parecen conformar una dupla que apunta en cierto sentido, y siempre se trata de  la misma dirección, CPI e IEP apuntan hacia otro lugar. Los resultados entre estos dos bloques de encuestadoras no son “taan” diferentes pero sí al punto de que IPSOS nos presenta un congreso cuasi monoideológico y con apenas cuatro fuerzas representadas, mientras que con la muestra de CPI podría esperarse un parlamento con posibilidades de abarcar todo el espectro ideológico, en otras palabras, más representativo.

Esto último molestará a algunos. Hace rato que no estamos en tiempos de democracia, sino de imposición. El cambio de reglas electorales así nos lo muestra y se hace más palpable cuando estamos a punto de aplicar sus múltiples modificaciones a la medida de ciertos grupos de interés muy precisos.

No, no estoy apoyando a la izquierda al escribir estas líneas. Lo que pasa es que en estos tiempos de polarización no se le entiende a alguien que habla con criterios y valores del siglo XX. Hace poco escuché una conferencia de Luis Bedoya de hace 40 años, referente ineludible de la derecha peruana durante más de medio siglo. Si le haces escuchar las palabras del “Tucán” a un desprevenido de la derecha contemporánea lo trataría de caviar, rojete, rábano, entre otros mil epítetos. No era nada de eso: era demócrata y bien liberal, y expresó en su discurso que todos los sectores de la sociedad, y que todas las ideologías, debían tener representación parlamentaria y aprender a alcanzar acuerdos en beneficio del país.

En esa línea apuntamos, esta es la utopía en la que creemos en pleno siglo XXI de Donald Trump e Irene Montero, para mí igual de radicales. Soy, pues, un demócrata vintage, pero además un utopista de la Nación, de la República, de la Democracia, del servicio público bien entendido y del rol del Estado como la conquista del bien común, a través de sus servicios, a favor de la sociedad. No sé si suene boomer, pero a mí me sigue sonando bien.

[ENTREVISTA] “Los mercaderes de la educación se han convertido en los grandes millonarios del país”

Winston Reyes, candidato del partido Primero la Gente con el número 3, conversó con Sudaca y cuestionó que la educación privada esté exonerada de impuestos. Quien también es dirigente del Sutep señaló que la educación “se ha burocratizado en extremo” y apoyó la evaluación a docentes acompañada de capacitación permanente.

En una entrevista señaló que más de un millón de estudiantes están fuera del sistema, ¿qué plan propone para incorporarlos?

Esta es una estadística del INEI que maneja el gobierno. Ellos tienen conocimiento que hay cerca de un millón ciento cincuenta mil personas en edad escolar fuera del sistema, pero no hacen absolutamente nada por atender a esta población. Exigimos que se diseñe un plan de atención para quienes van a ser los analfabetos de mañana. La manera de atenderlos es diseñando programas que atiendan, en principio, la alimentación escolar y la tutoría permanente a fin de incorporarlos al sistema educativo.

Se han escuchado diversas propuestas para el sector educativo, ¿coincide con quienes piden la construcción de nuevos colegios o se debe apostar por mejorar los que existen actualmente?

Existe una estadística que cerca del 40% de las instituciones educativas deben ser demolidas. Partiendo de esa realidad, lo que corresponde es una inversión agresiva para la construcción de nuevas instituciones educativas y otras tantas requieren mejoramiento. Pero lo que no se puede hacer es que cada año se desatienda y la brecha en infraestructura siga creciendo. Si hoy no le ponemos un alto, en unos años la brecha será imposible de cubrir.

Los problemas que afronta la educación suelen distintos dependiendo de cada región, ¿qué situaciones han podido advertir en las zonas rurales?

Si hablamos en términos de infraestructura, las escuelas rurales son las que más desventaja tiene. Carecen prácticamente de todo. Desde servicios básicos, materiales educativos hasta conectividad a internet. En la zona rural el reto es mayor en tanto que en zonas urbanas subsisten con algunas carencias pero de alguna manera pueden contribuir a brindar el servicio educativo. Pero también tenemos el aspecto pedagógico. En la educación rural está por los suelos. Al no tener acceso a tecnología ni acceder a los materiales educativos adecuados la brecha es mayor.

Durante los debates presidenciales, la candidata presidencial de su partido, Marisol Pérez Tello, señaló al Ejecutivo y Legislativo como los grandes responsables de los males del Perú, ¿qué problemas le está dejando este periodo a la educación peruana?

El tema educativo siempre ha sido un discurso electoral, pero cuando han llegado al gobierno han hecho poco y nada. Una prueba real es esta brecha en infraestructura y también la estadística que no dice que de cada diez alumnos en la educación básica siete tienen problemas de anemia y desnutrición. Los gobiernos anteriores y el actual han convertido el programa Qali Warma en un antro de corrupción donde en última instancia estaba el deseo de atender adecuadamente la alimentación escolar.

¿El bloque magisterial que llegó al Congreso hizo un mal trabajo?

Los que han llegado al congreso con Pedro Castillo integrando este famoso bloque magisterial han sido aventureros de la lucha sindical que, aprovechando el movimiento magisterial de 2017, ingresaron para su beneficio personal. Lo demuestran porque muchos de ellos han terminado convertidos en mochasueldos y lobistas. Estos representantes jamás se identificaron con los problemas de la educación en el país. Una muestra de ello es que pregonaban el sueldo de maestros para congresistas, pero una vez que llegaron al cargo se olvidaron de estas promesas.

¿Es posible reducir considerablemente la brecha entre la educación pública y privada?

Definitivamente. La educación debe ser un derecho al que todos los ciudadanos tengan la misma oportunidad. Hoy se ha convertido en un negocio y los hijos del pueblo están condenados a una educación pública privada.

Si Marisol Pérez Tello llega a la presidencia y, por lo tanto, se lleva a cabo el plan de gobierno de Primero la Gente, ¿en qué acciones se apoyarían para lograr la reducción de esta brecha?

Marisol se ha comprometido con el Sutep que en los primeros cien días de gobierno se va a materializar el 6% del PBI para educación, como manda la Constitución. Obviamente, asignar el recurso que corresponde significará una mejora sustancial en la escuela pública. Todo esto se va a lograr con el tema presupuestal.

¿Estas propuestas para la educación son viables económicamente?

Claro, porque la educación privada está exonerada de todo impuesto y esto no puede seguir así. Uno ve que la educación se ha convertido en el negocio más rentable. Los mercaderes de la educación se han convertido en los grandes millonarios del país y legislan en favor de sus intereses. Es tiempo que la educación privada esté gravada con impuestos que vayan para mejorar la educación pública. La otra forma es que, como todos los docentes pagan renta de quinta categoría, eso se invierta en educación. Nosotros cuestionamos que el presidente del Consejo Fiscal diga que se va a generar un forado fiscal al atender las demandas del sector educación. ¿Cómo no dice lo mismo cuando se exonera a las grande agroexportadoras de los impuestos? Ese tipo de exoneraciones no está cuestionado. Dinero hay, pero nunca para educación.

¿Qué propondría para mejorar el nivel de docentes?

Lamentablemente la educación se ha burocratizado en extremo. El profesor pasa más tiempo elaborando documentación que le exigen los directores que preparando sus clases. Hemos convertido al docente en un agente burocrático y descuida su trabajo que debe ser la clase.

¿Qué propondría para la capacitación de estos docentes?

Definitivamente la formación continua de docentes tiene que darse con programas de capacitación permanente a docentes que garanticen la meritocracia e idoneidad para el cargo. Nosotros siempre hemos exigido que la meritocracia debe ir de la mano con el recurso que se destine para la formación continua. El plan del gobierno de Marisol Pérez Tello recoge estas demandas del magisterio.

La evaluación docente ha sido un tema polémico que incluso causó huelgas, ¿se opone a que se realice o qué cambiaría?

Estamos de acuerdo con la evaluación. Eso debe mantenerse porque le da calidad a la educación en el país. Pero debe ir acompañado del proceso de formación continua y asistencia técnica a los docentes de tal manera que no sea solamente una evaluación punitiva sino un proceso de mejora.

La diversidad de lenguas originarias en el Perú se ha convertido, injustamente, en un obstáculo para integrar a más peruanos al sistema educativo, ¿qué propondría para atender esta demanda?

Es un problema cuando se plantea una educación genérica basado en un modelo educativo extranjero implantado a ciegas en el país. Pero cuando se focaliza la atención educativa a cada sector no es un problema sino una enorme potencialidad. Por ejemplo, atender a las comunidades indígenas con textos en su idioma nativo y profesores que lo hablen ayuda a mantener la cultura viva. Pero hoy no ocurre. El carácter de EIB (educación intercultural bilingüe) que se ha dado a instituciones educativas ha sido de manera arbitraria desde el escritorio del funcionario del Ministerio de Educación. Por eso encontramos que muchas instituciones caracterizadas como EIB no deberían serlo.

En los años recientes se ha visto un aumento de embarazos adolescentes y enfermedades de transmisión sexual, ¿propondrían la implementación de educación sexual en las instituciones educativas?

Nosotros debemos ser rigurosos en la protección a los menores de edad. Por eso rechazamos en todos sus extremos los abusos contra menores de edad. Vamos a implementar normas que los protejan de tal manera que la escuela no sea un lugar donde se ponga en riesgo la sexualidad sino un lugar donde el estudiante pueda encontrar seguridad, atención y acompañamiento.

Actualmente muchos padres con hijos con trastorno del espectro autista o síndrome de down afrontan serias dificultades para incluirlos en el sistema educativo, ¿cómo se puede lograr una educación inclusiva para estas personas?

Hoy, la inclusión en el país es solamente declarativa. No se ha avanzado nada en aplicarla en la educación. Enviar a un niño autista a un aula de treinta alumnos es irresponsable, porque el profesor no está preparado para atenderlo. No se han generado los medios para su atención en la escuela pública. En Primero la Gente planteamos que la educación pública debe tener los espacios para atender esta inclusión y que se asignen los medios para que la inclusión sea real.

[OPINIÓN] En el tramo final de este aciago proceso electorero, en el que se han combinado vicios antiguos de la politiquería local -ataques arteros, alianzas oportunistas, cartelones ridículos- con vicios modernos -la incorporación de la IA para generar spots que van de lo abiertamente difamador a lo divertido- llegamos a la conclusión de que, como dijo en uno de sus últimos podcasts César Hildebrandt, debieron ser solo ocho candidatos como máximo porque los demás están demás.

Ya estamos, luego de varios meses de idas y vueltas, de negociaciones y tachas, de terruqueos y especulaciones, a siete días. El panorama es más impredecible que nunca, a pesar de que las tendencias permitan a analistas de datos y expertos en la lectura de encuestas ofrecer pronósticos, los cuales a menudo se sazonan con sus respectivos sesgos y preferencias.

El próximo domingo 12 de abril, aun en estas condiciones tan precarias, será un día en el que se consagrará uno de los ejercicios democráticos fundamentales. Salir a votar sigue siendo una responsabilidad, un deber penoso que, a un tiempo, es un derecho, quizás el más importante de todos, el de expresar una voluntad frente al cambio de gobierno.

Lastimosamente, como se viene demostrando desde hace varios lustros, esa voluntad colectiva no representa ni se acerca al sentir del país en su conjunto. Muchos factores confluyen para ello, desde el tradicional ausentismo que ni siquiera las amenazas de multa logran amainar -es un comentario común en las sobremesas, desde que tengo uso de razón, aquello de que “si no fueran obligatorias nadie iría”- hasta la posibilidad de que, en este caso específico, una cantidad indeterminada pero no menor de electores anularán involuntariamente sus votos por las dificultades que encontrarán al recibir las cédulas, confusas, largas, de letras y símbolos microscópicos.

La cereza del pastel es, por supuesto, la atomización de votos que precisamente impone esta treintena de opciones. Se trata de una dinámica que ya no es desconocida en el Perú pero que, en esta oportunidad, supera toda medida. Ávidos de poder, hinchados de ego, hombres y mujeres que debieron conformar un frente común en contra de lo que hoy (casi) todos consideramos un pacto mafioso se dispararon en candidaturas individuales con símbolos nuevos, muchos de los cuales nadie será capaz de ubicar ni antes ni después del 12 de abril. Esas candidaturas estaban condenadas a pasar desapercibidas.

Es cierto que dos o hasta tres de ellas actualmente se ubican en posición expectante en el tramo final. Pero eso no hace más que confirmar la crítica pues habría sido mucho mejor que esos dos fuesen una sola fuerza, aglutinando en torno de la idea de la decencia versus la corrupción a la suma de aquellos votantes que, este domingo, viven el sueño de ser muy diferentes entre sí, en una infértil discusión que, lejos de expresar una diferenciación político-ideológica, lo que hace es demostrar la presencia de intereses sectarios. Si estaba tan claro que “el enemigo está al frente” ¿por qué no se unieron todos para combatirlo?

Por supuesto que no, a siete días de la votación, ya no hay nada que hacer. Este desmadre es lo que hay y, en ese sentido, el ejercicio de reflexión se convierte en una catarsis igual de inservible que el objeto que la provoca. Hacer cálculos, votos útiles o estratégicos, definir micro posturas por lealtad, terquedad o simple deseo de dar la contra. Y cruzar los dedos.

Porque ya no solo basta pensar en solicitar endoses y apoyos masivos para quien pase a segunda vuelta con Fujimori o con López Aliaga. Porque ese también podría ser un gran problema (¿Álvarez? ¿Sánchez?). O porque la segunda vuelta podría ser entre lo naranja y lo celeste, lo cual equivaldría a decidir si el país va a suicidarse lanzándose desde el balcón o desde la ventana de atrás del edificio. En su última semana, con debates agotados y encuestas prohibidas, el proceso de elecciones generales 2026, el octavo en el que participo como votantes, deja a los verdaderos peruanos de bien sin saber por quién votar.

[CIUDADANO DE A PIE] Lo advertimos en este medio meses atrás: las encuestas electorales pueden deformar la realidad tanto o más de lo que pretenden reflejarla. https://sudaca.pe/noticia/opinion/jorge-velasquez-terrorismo-de-encuestas/

Las encuestas de IEP para La República y CIT para Expreso ya habían hecho un favor involuntario al debate público peruano: confirmar, con la fuerza de los hechos, lo que hace semanas sostuvimos en esta misma tribuna bajo el nombre de “Terrorismo de encuestas”. No hace falta que una de ellas esté “cocinada” y la otra no. No hace falta descubrir una mano negra, una manipulación conspirativa de cifras y datos o un fraude descarado. Basta algo más simple y, por eso mismo, más inquietante: que dos mediciones presumiblemente honestas, levantadas casi en los mismos días, nos devolvieran “fotografías del momento” tan distintas de las preferencias del electorado que uno ya no termina preguntándose cuál de las dos dice la verdad, sino si alguna de ellas está realmente en condiciones de hacerlo.

El IEP, en su medición telefónica nacional realizada entre el 28 y el 31 de marzo con 1203 entrevistas, puso a Keiko Fujimori en 10%, a Rafael López Aliaga en 8,7%, a Roberto Sánchez en 6,7%, a Alfonso López Chau en 6,3% y a Jorge Nieto en 5,4%, con un dato todavía más elocuente que todos esos nombres: un 30% que no elegía a nadie. La encuesta de CIT, presentada como simulacro presidencial sobre una base de 1500 encuestados, dibuja otra escena: López Aliaga 13%, Keiko 11%, López Chau 8%, Acuña 6,5%, Álvarez 6,1%, Nieto 5,1%, Pérez Tello 4,5%, y un bloque mucho menor de indecisos y blancos. No estamos hablando de diferencias microscópicas ni de simples márgenes de error. Estamos hablando de mapas electorales que, en varios casos, apenas se reconocen entre sí. Candidatos que el IEP hunde, CIT los resucita. Un océano de indecisos que el primero preserva, el segundo lo reduce drásticamente.

Como si esto no fuera suficiente para embrollar la mente de los votantes, la nueva encuesta de Ipsos para Perú21, lejos de corregir el problema, lo agrava. Esta medición coloca a Keiko Fujimori en 13,7%, a Carlos Álvarez en 9,0%, a Rafael López Aliaga en 8,1%, a Roberto Sánchez en 6,7%, a Jorge Nieto en 4,1% y a Alfonso López Chau en apenas 3,3%, con 22% de votos en blanco y 4% de viciados. Una tercera encuesta importante vuelve a movernos el tablero con brusquedad: tres imágenes del mismo tramo de campaña que no solo no se asemejan, sino que directamente se contradicen. La encuesta de Ipsos no hace sino reforzar nuestro argumento porque pone claramente en evidencia que el problema no se reduce a la diferencia entre una encuesta telefónica y otra presencial. Incluso cuando el método se asemeja, los resultados siguen dibujando países electoralmente distintos. En suma, las encuestadoras que pretenden retratar al electorado, delatan al mismo tiempo sus propias serias limitaciones.

Y aquí conviene volver al punto de fondo que desarrollamos en nuestro artículo de diciembre. Las encuestas no son solo instrumentos que registran una realidad; son también procedimientos que la construyen parcialmente, la recortan, la fuerzan y luego la devuelven a la sociedad con “autoridad científica”. Una encuesta telefónica que lee una larga lista de candidatos no mide lo mismo que un simulacro con cédula, donde el elector ve nombres y símbolos y se acerca un poco más al gesto real del voto. La primera deja respirar más la indecisión, la segunda empuja a definirse. La primera registra mejor la vacilación. La segunda fabrica una imagen más compacta del mercado electoral. Y luego vienen los medios, que convierten esos números en una “carrera de caballos” y nos venden como certeza lo que apenas era una aproximación metodológica y provisional.

Eso confirma, además, otro de los argumentos centrales que ya habíamos planteado: el famoso “margen de error” puede convertirse en una magnífica coartada cuando el verdadero problema está en otro lado. El problema no es solo cuánto puede moverse un candidato arriba o abajo dentro de una misma muestra. El problema es qué sectores del país quedan mal capturados, qué tipo de elector responde o no responde, qué modalidad de encuesta presiona más o menos a tomar posición, y qué ocurre en un país fragmentado, desconfiado y emocionalmente herido, donde un gran número de electores decide su voto casi al final. Allí el error ya no es una coma estadística. Allí mandan más el error de cobertura, la volatilidad y el formato de medición que el número llamativo del titular periodístico. En estas condiciones, como lo advertimos antes, las encuestas se asemejan menos a un procedimiento científico sólido y más a una tinka electoral presentada con pretensiones de exactitud.

El propio IEP lo reconoce de manera indirecta cuando admite que “nada está dicho aún” y recuerda que la mitad de los electores decide en la última semana. Ese solo dato debería bastar para bajarles varias revoluciones a los titulares histéricos, a las mesas de análisis que reparten pasajes a segunda vuelta y a los operadores mediáticos que ya andan fabricando “subidas”, “caídas”, “empates técnicos” y “momentos decisivos” como si estuviéramos narrando una etapa del Tour de Francia. Pero no. Lejos de llamar a la prudencia, buena parte del ecosistema mediático hace exactamente lo contrario: convierte una información frágil y movediza en un dispositivo de presión sobre el voto. El ciudadano deja entonces de preguntarse quién propone algo mejor y empieza a preguntarse quién “tiene opción”, quién “se cayó” y a quién “hay que apoyar para que no se desperdicie el voto”. La deliberación cede ante el arrastre. Ese es, precisamente, el mecanismo que convierte las encuestas en instrumentos de condicionamiento subliminal del electorado.

Eso es, precisamente, lo más tóxico del terrorismo de encuestas. No que una encuesta falle ni que otra acierte por casualidad. Ni siquiera que algunas puedan ser manipuladas, cosa que en el Perú no sería ninguna novedad histórica: los Vladivideos de Montesinos son prueba irrefutable de ello. Lo más tóxico es que la repetición incesante de estos números termina sustituyendo una evaluación sopesada de las propuestas (por paupérrimas que sean) por el consumo ansioso de posiciones en el tablero. Los candidatos dejan de ser valorados tanto como portadores de programas como por sus limitaciones, y pasan a ser acciones que suben o bajan. El elector no actúa más como ciudadano políticamente responsable de nuestro futuro colectivo, sino como un apostador nervioso que vota por cálculo, miedo, moda o resignación.

Lo ocurrido ahora entre IEP, CIT e Ipsos debería servirnos como la última advertencia. No para ignorar todas las encuestas, pero sí para devolverlas a su sitio: el de instrumentos precarios, limitados, útiles a veces para detectar tendencias generales, pero incapaces de merecer la obediencia mental que hoy se les rinde. Que una encuesta ponga a Roberto Sánchez tercero y otra lo hunda; que una muestre a Acuña casi irrelevante y otra lo reviva; que una mantenga un océano de indecisos y otra lo reduzca drásticamente, no demuestra solo que el electorado es volátil. Demuestra también que las encuestas describen tanto o más sus propios métodos que la voluntad popular que pretenden retratar. Y cuando eso ocurre, la prudencia no está de más.

Aparecerán aún en los próximos días —incluso más allá del límite legal establecido— nuevas mediciones, nuevos porcentajes, nuevas “sorpresas” y, con ellos, una dosis suplementaria de confusión. Cada comando partidario buscará usar el número que más le conviene para inflar entusiasmo o sembrar desaliento. Y mientras tanto, lo verdaderamente importante —qué propone cada candidato para enfrentar la delincuencia, el crimen organizado, la corrupción, la economía ilegal y la degradación democrática del país— seguirá siendo ignorado.

La conclusión de todo esto puede sonar simple: las encuestas pueden informar algo, sí, pero también pueden deformar mucho. Pueden orientar, pero también pueden intimidar. Pueden sugerir tendencias, pero también pueden secuestrar el juicio ciudadano si les entregamos más autoridad de la que merecen. Mejor haríamos en tomarnos un tiempo para leer propuestas, comparar planes, examinar trayectorias, distinguir entre demagogia y seriedad. Votemos con la única consigna patriótica de rescatar nuestro país de la corrupción y el crimen en los que está sumido. Votemos todos el próximo 12 de abril con responsabilidad y amor por el Perú.

[PAUSA ACTIVA]  A dos semanas de las elecciones presidenciales, revisé los planes de gobierno de los candidatos que lideran las encuestas con una pregunta en concreto: ¿qué dicen realmente sobre el trabajo? La respuesta, más que una diversidad de propuestas deja un hallazgo bastante claro: diversos matices que giran en torno a la generación del empleo y lo abordan de manera superficial dejando de lado la necesidad de incorporar políticas que lo conciban como algo más que una simple consecuencia del crecimiento económico.

Keiko Fujimori, por Fuerza Popular, plantea que el incremento del empleo será resultado del crecimiento económico impulsado por la inversión privada. Por su parte, Renovación Popular, liderada por Rafael López Aliaga apuesta por el fortalecimiento del mercado laboral a partir de la dinamización económica, aunque incorporando un componente más social, donde el trabajo se concibe no solo como una herramienta para reducir la pobreza, sino como una herramienta clave para fortalecer la comunidad. Asimismo, y, en una posición muy similar, Alianza para el Progreso de César Acuña promueve el empleo formal principalmente a través de la inversión privada, el emprendimiento y la reactivación económica con el Estado como facilitador.

Un poco más distante, Juntos por el Perú de Roberto Sánchez introduce una mirada más estructural del mercado laboral, poniendo énfasis en problemas como la informalidad, los bajos ingresos y la baja productividad como fallas del propio modelo económico, además de reforzar el rol del Estado en la protección de derechos laborales. País para Todos de Carlos Álvarez, en cambio, adopta un enfoque más pragmático, donde lo central no es solo generar empleo, sino que el crecimiento económico se traduzca en mejoras concretas en el ingreso de las personas.

A su vez, el Partido del Buen Gobierno de Jorge Nieto plantea una visión de centro reformista, donde el trabajo se inserta dentro de un proceso más amplio de modernización del Estado, fortalecimiento institucional y desarrollo productivo. En una línea más técnica, Ahora Nación de Alfonso López Chau incorpora el trabajo dentro de una lógica de desarrollo del capital humano, con énfasis en habilidades, empleabilidad y productividad, incluyendo algunos indicadores vinculados a empleo adecuado, certificación de competencias y mejora de capacidades, especialmente en jóvenes y MYPE.

Es decir, hay matices, hay ideologías varias y hay distintas formas de entender el rol del trabajo en el país. Sin embargo, más allá de esas diferencias, encontramos un patrón que se repite: el trabajo es abordado de manera parcial y, en la mayoría de los casos, indirecta. La mayoría de las propuestas omite observar cómo se trabaja dentro de las empresas, la calidad del empleo desde una perspectiva integral, y reformas laborales concretas. El empleo aparece principalmente como una consecuencia de la economía —si el país crece, habrá más trabajo— en lugar de un sistema que también necesita ser diseñado, gestionado y mejorado.

Esto no significa que no haya elementos rescatables. La formalización laboral, por ejemplo, aparece en distintos enfoques: Fuerza Popular propone simplificar regulaciones para facilitar la formalidad, mientras que Juntos por el Perú la entiende como un problema estructural vinculado al modelo productivo y plantea mayor intervención estatal. También hay un fuerte impulso al emprendimiento, especialmente en Fuerza Popular, Renovación Popular y Alianza para el Progreso, algo coherente con la realidad peruana, donde el autoempleo es predominante. País para Todos pone el foco en que el crecimiento económico se refleje en ingresos reales para las personas, el Partido del Buen Gobierno aporta una mirada desde la reforma del Estado y la meritocracia, y, en menor medida, Ahora Nación introduce elementos vinculados a empleabilidad, productividad, certificación de competencias y adecuación entre educación y trabajo.

Sin embargo, incluso en los planes más desarrollados, el foco sigue estando en el acceso al empleo —capacitación, formalización o ingresos— más que en la experiencia del trabajo. Cuando se revisa con mayor detalle, quedan fuera temas clave como la productividad laboral a nivel organizacional, la calidad del empleo en términos de desarrollo de carrera, la gestión del talento dentro de las empresas o las brechas específicas de habilidades en el día a día del trabajo. En otras palabras, se habla bastante de cómo generar empleo, pero muy poco de cómo mejorar el trabajo.

Y ahí es donde aparece una oportunidad importante. Si el objetivo es realmente elevar las condiciones laborales en el Perú, la conversación debería incluir aspectos más concretos: cómo medir y mejorar la productividad del trabajador, cómo asegurar procesos de formación continua que eviten la obsolescencia laboral, cómo incentivar a las empresas a ofrecer no solo empleo formal, sino empleo de calidad, cómo intervenir en la gestión del trabajo en las micro y pequeñas empresas —donde se concentra la mayor parte de la fuerza laboral— y cómo generar mayor transparencia en el mercado laboral para que las personas puedan tomar mejores decisiones sobre su desarrollo profesional. Esto no reemplaza la necesidad de crecimiento económico, pero sí la complementa desde un ángulo que hoy está ausente: el día a día del trabajo.

Al final, los planes de gobierno no discrepan tanto en el objetivo —más empleo— sino en el camino para lograrlo. Sin embargo, comparten una omisión relevante: la falta de una mirada directa e integral sobre la calidad del trabajo. En un país donde la mayoría de las personas trabaja en condiciones precarias, informales o de subempleo, el desafío no es solo generar empleo, sino mejorar el trabajo que ya existe. Y esa sigue siendo, en gran medida, una conversación pendiente.

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