[MIGRANTE AL PASO] Luces comenzaron a titinear. Apagón. Uno particular, solo algunos lugares de la casa habían quedado oscuros, otros con luz tenue. La potencia iba y venía. Recordaba cuando sucedía de niño. Se despertaba la consciencia mística instantánea. En cada esquina podía acechar un monstruo o, tal vez, podías encontrar un tesoro. Para los noctámbulos como yo, al agarrarle maña al silencio y soledad de la noche, las quimeras siniestras de recuerdos se transforman, encuentras cofres. Lo que está adentro es distinto para todos, en mi caso me gusta pensar que está la libertad. Ahí mientras todos duermen, después de un día luminoso, caluroso y abrumador, por fin puedo soltar lo que sea que haya estado reprimiendo. Voy rotando acompañantes; a veces es una Coca-Cola, un cigarro, puede ser un troncho y, de vez en cuando, una cerveza. Hablo de un sentimiento en el que los delirios épicos se sienten reales. Me gusta hablar de la libertad a la ligera, ¿de qué otra manera podría hacerlo? Ahora hasta estos términos ambiguos son malinterpretados, amarran estas palabras a posturas políticas o ideologías baratas. Como escritor, lo veo como un desperdicio, somos capaces de quitarle la magia hasta a nuestro vocabulario. Ya todos deberíamos saber que si existe lo mágico se encuentra en el lenguaje. Como cuando algunos me dicen: esos progres malogran todo. Mi expresión les da a entender que están hablando idioteces. Solo necesitas 20 segundos para buscar el significado de progreso para darte cuenta de que estar en contra de eso es, por lógica, estar a favor del retroceso. Claramente ya dudo de la comprensión lingüística de la gente.

Las horas avanzaban y la negrura se intensificaba. Ahí en la umbría de la ciudad pensando en conceptos me encuentro libre. Al final las palabras son solo palabras, escritor puede ser cualquiera y me costó reconocer que mis relatos no tienen facultades cruciales ni trascendentales. Jamás me despreciaría, por lo tanto, pienso igual de toda narración por más obra maestra que sea. Soy aficionado de lo absurdo, al ver el cielo de noche puedes notar la inmensidad con mayor facilidad que de día; apoyado desde mi ventana, me doy cuenta de lo disparatadas que son mis preocupaciones. ¿Por qué haría que mis malestares sean tan incongruentes con lo diminuto de mi existencia? De ahí mi aprecio al mejor consejo que he recibido: no te tomes la vida tan en serio.

Somos un animal racional, nos mintieron desde la época dorada ateniense, cuando Aristóteles daba sus clases y decidió escribir esa definición. Según algunas encuestas, aproximadamente el 10% de adultos estadounidenses cree que es posible que la Tierra sea plana. Ellos no ven el cielo nocturno como nosotros, asumo. También entiendo ahora cómo ese bicho naranja está sentado como rey intocable en ese país. Por eso, prefiero definir a los humanos solo como animales. Las cosas que llegas a pensar en la penumbra son para reírse solos.

Ya de madrugada, volvía a las palabras. La mayor herida generada en nuestro país se encarnó en dos palabras, provenientes de enseñanzas ascéticas y budistas, en nuestra nación se convirtió en sinónimo de terror. Un académico sin inteligencia se creyó al pie de la letra que una revolución conlleva ríos de sangre. Sendero Luminoso, definitivamente un nombre atractivo, así una palabra hermosa se convirtió en el mayor desastre. Lamentablemente, como animales que somos, ni racionales, ni lógicos, ni políticos, y mucho menos justos; seguimos sin entender que ese periodo devastador no nace solamente de la pataleta de un desadaptado o un nombre. Sin embargo, se siguen cometiendo las mismas crueldades y atrocidades de las que nació realmente el terrorismo. Un animal racional aprendería y cambiaría las cosas. Un Estado pensante no volvería a dejar abandonado a la mayoría de nuestro país. Sin embargo, ya vemos cómo estamos.

La noche lamentablemente no es igual para todos. Una gran cantidad de personas ni siquiera tiene luz que pueda irse. Nuevamente el abandono. Carreteras, desagüe, comida, salud, educación, todo eso ausente. En esas circunstancias no se puede pensar en la libertad. Estamos atrapados en una telaraña de corrupción que se extiende por todas las venas de nuestro sistema llamado país. Recientemente he entrado al mundo de los negocios, es divertido y tentador. Encontré tabúes destruidos solo por el deseo de generar dinero. El dinero por el dinero no sirve de nada. Hacer negocios con la salud y la educación no te vuelve un empresario exitoso, de hecho, creo que te reduces al nivel rastrero de una araña, una de esas que camina tranquila por los mismos hilos de la telaraña mencionada. Los derechos fundamentales no pueden ser un negocio, la vida o muerte de una persona no debería ser determinada por dinero. En un país con esta realidad, tener sueños de libertad es un lujo. Al igual que los presos vivimos los peruanos, privados de libertad.

Así entre promesas y puro blah, blah, blah, tenemos que seguir adelante. Palabras que quedan en palabras. “Maten a todos esos progres que salen a marchar”, gritan los provida. Es fácil encontrar la incoherencia ¿no? Sin embargo, cuando se trata de obligar a niñas embarazadas a tener hijos producto de violación, no le ven nada malo. Todo es un disparate, a veces provoca salir por la ventana y gritar ¿Qué diablos está pasando? Cuando vivía en Buenos Aires, lo hice muchas veces, de hecho. Cada vez más envuelto por las tinieblas, creo que entendimos mal la batalla milenaria e infinita entre la luz y la oscuridad ¿En cuál de los dos coloco al bien y al mal? No soy cristiano ni católico, todo lo contrario, pero me gustan las palabras y nombres. Lucifer significa el que trajo la luz, el demonio al que todos le temen y gobierna el inframundo. Por mi naturaleza no creo en eso, pero si es verdad y el cielo es para los provida y antiprogres, prefiero irme contento al infierno.

[Migrante al paso] Abrí una hoja de Excel. No entendía nada. Desde el colegio con sus clases de informática que no veía algo así. Soy pésimo para esas cosas. Con las justas manejo Word básico. Ahora que manejo un negocio, tengo que estar por lo menos familiarizado con el programa y entender a la perfección lo que es un flujo de caja. Ya se imaginarán a un escritor haciendo un flujo de caja. Me sentía totalmente descolocado. Intenté varias veces y no me salía. Me comencé a poner ansioso y derrotado por esa página cuadriculada. Me sentía tonto. Los números no cuadraban y ya estaba mareado. Hasta pensaba que me había olvidado de cómo multiplicar y dividir. Llevo menos de un año usando chat GPT para tareas simples, justamente como para sacar cálculos u ordenar finanzas. Cuando tuve que hacerlo solo perdí el control. Yo no crecí con estas herramientas de inteligencia artificial, me preguntaba qué pasará si de pronto deja de existir. ¿En qué momento se volvió algo imprescindible? Creo que el mundo ya cambió por completo, pero aún no lo asimilamos. Supongo que algo parecido sucedió con el internet. Me temo que esto sí es un poco más invasivo. Solo me bastó un pequeño ejercicio para darme cuenta de lo fácil que es hacer a una persona inútil y lo fácil que va a ser que negocios y sistemas complejos de políticas públicas lleguen a manejarse solos. Bueno, después de todo lo que vemos tal vez sea mejor así.

Recordaba un examen de Office en el colegio, no recuerdo bien el nombre, pero era un examen internacional que demostraba tu dominio sobre los principales programas de Microsoft. Me saqué sobresaliente, pero no lo hice yo. Justo cuando tocaba la parte de Excel, me rendí. Eran como 40 preguntas o algo así. Faltaban 10 minutos y no había respondido nada. Yo ya había aceptado jalar el curso. Ya no quedaba nadie en el cuarto helado lleno de pantallas antiguas y pesadas, un salón que siempre estaba oscuro. No sé con qué cara me habrán visto, pero me ayudaron. Alguien tomó mi sitio y en poquísimo tiempo terminó todas las preguntas. De esa manera, fui el mejor del salón. Ahora solo agarraría mi teléfono o abriría otra pantalla y chat GPT me daría todas las respuestas.

Me imagino que ya no existirán ese tipo de exámenes. Estas nuevas herramientas están obligando a los sistemas educativos a que cambien por completo. Me parece perfecto, porque era de lo más anticuado. Estuve en un buen colegio y, aun así, siendo niño me daba cuenta de lo desfasado e inútil que era. Desde el sílabo hasta el sistema de evaluación. Bueno, esas tonterías ya no pueden pasar desapercibidas. Me río de recordar que me decían: ¿acaso vas a tener una calculadora en el bolsillo? Si hubieran sabido que lo que todos tenemos en el bolsillo tiene más herramientas que todo ese salón de cómputo. Hubiera sido una locura pensarlo también, pero ahora que ya sabemos cómo avanzan las cosas debería ser tomado en cuenta para futuros modelos educativos.

El trabajo dignifica a la gente. Estoy de acuerdo, no de manera exagerada ni luterana, en el sentido de que mediante el trabajo logras el camino correcto. Pero sí me he dado cuenta de que, ocupando tu tiempo, por lo menos un poco, trabajando te sientes mejor. Es algo que recién estoy descubriendo. He trabajado antes, pero muy poco comparado con otras personas de mi edad. Pero tengo bastantes cosas que he hecho y los demás no. Mi tolerancia es mucho más baja, porque recién estoy aprendiendo cosas, cosas que varios tuvieron que aprender hace 10 años o más. Nunca es tarde. Pronto podré superar, calmado, momentos mucho más difíciles que una simple hoja de Excel.

Termino de escribir la crónica un poco tarde. A la vez muy temprano. Lunes, 5 de la mañana, ahora tengo que despertarme temprano para hacer ejercicio antes de trabajar. Lo que antes era una tortura ahora es algo usual. No suele ser tan temprano, pero he tenido épocas en las que no conocía las mañanas, mi día comenzaba con el almuerzo. En ese momento me encantaba, ahora me siento inútil cuando me sucede. No solo he tenido que aprender a tener que trabajar, también a ser productivo de día. La noche era mi momento, me sentía más cómodo mientras todos dormían. Entonces, no sé si el trabajo te dignifica, pero por lo menos te da una estructura. Y como me dijo un amigo el otro día: tu vida no es el horario, pero el horario ayuda a que tu vida funcione.

[MIGRANTE AL PASO] Una extraña sensación de querer volver a ser yo. Me rapé la cabeza. Ya no puedo dejarme el pelo largo. Me estoy quedando calvo y mis entradas se vuelven más prominentes dependiendo de qué tan largo está mi pelo. El espejo me decía que era el mismo. Mis rasgos y gestos se han mantenido; por lo menos eso creo. Me parece que son otras personas las que pueden notar cambios bruscos. Ese niño de pelo rapado, parecido a Gasparín, me miraba. Con medallas colgando del cuello, rodeado de amigos y astuto. Un campeón me mira de vuelta, del otro lado del reflejo. El niño que nunca fue. La promesa perdida. Quien desperdició su talento. Eso me dicen mis propios ojos al mirarme a través del espejo.

Mis propios ojos. Esa mirada la ha compartido el campeón de karate, el adolescente rebelde que no le hacía caso a los profesores, el que se dio un año sabático, el que migró a otro país, quien viajó por el mundo y aún le falta conocer la mayoría, el escritor, el drogadicto que no sabía qué hacer, el tipo deprimido, el que siempre sonríe, el que escribió un libro sin saber por qué y que tampoco sabe por qué escribe ahorita. Todo eso soy. En distintos momentos, pero siempre el mismo. Entonces, ¿por qué esa sensación particular de querer volver a ser yo? No llego a entenderlo. Es una melancolía constante. Estoy aburrido de ser adulto. Tal vez es una pataleta, pero no deja de ser cierta.

Los tiempos están cambiando y, con él, también yo. En diez años el mundo será otro, pero yo quiero dejar de cambiar. Se puede volver agotador. Estoy cómodo. No quiero ver a mis padres ancianos, no quiero vivir en un mundo sin mi abuela y tampoco quiero que esa mirada en el reflejo tenga la cabeza calva; lamentablemente, es un hecho. Ahora, después de una fiesta en la que diez horas pasaron en minutos, escribo estas palabras; de lo contrario, no me atrevería. El alcohol aún está afectándome ligeramente. Igual no veo mucha diferencia entre yo borracho y yo sobrio. Es un poco gracioso; muchos deben creer que estoy totalmente loco, probablemente gente muy normal. Ellos están totalmente locos para mí.

Tu caso es diferente, porque no sabes lo que quieres —me dijeron hace unos días terminando de almorzar—. Nunca había dicho en voz alta y sonriendo que, efectivamente, ni yo sé qué quiero. Ya lo había dicho como protesta, reclamo y excusa. Esta vez simplemente lo acepté. Ese es un cambio que sí me gusta. De hecho, me pregunto si realmente existe gente que sabe lo que quiere. Se me ocurren algunas cosas superficiales como ser millonario y tener una casa en Kyoto; para un “loco” como yo, todo eso solo podría ser una etapa. No concibo el hecho de asentarme y ser de una manera. Soy alguien que normalmente no termina las cosas y las cosas normalmente no terminan como quiero. Solo estoy seguro de un par de cosas, primero que quiero viajar y segundo, escribir. La razón, no la se. Lamentablemente, para eso necesito algo de plata, tampoco infinito. Por eso estoy poniendo un negocio. Si las cosas salen bien, en unos años podrè continuar con mi sueño egoísta. Si salen mal, que no creo, lo hare igual. Caminare un poco más si es necesario. Igual, como mencione antes, no suelo apegarme a un solo plan y quedarme ahí, así que mis sueños también pueden cambiar. Nunca se sabe.

Soy adulto, pero no tan viejo. Por más que sienta lo contrario. Treinta y dos años no está mal. ¿Ustedes saben qué quieren? ¿Qué hacer? ¿También sienten esa melancolía? Espero que alguien mayor me diga que no es una sensación eterna. Probablemente también la sienten, pero sería una melancolía de cuando tenían mi edad. Son pensamientos que aparecen de vez en cuando. Lo bueno es que la melancolía no nace de un sentimiento negativo. En todo caso, es extrañar alegrías pasadas y definitivamente vendrán nuevas; siempre es así. Y eso de extrañar ser yo solo es una ilusión, porque lo soy todos los días. De hecho, felizmente aun me reconozco en mi reflejo eso quiere decir que no me ha pasado nada grave, ni he engordado tanto como para no reconocerme.

[Migrante al paso] ¿Dónde están nuestros héroes de niños? No sé si existan en la vida real, pero me refiero a los ficticios. No hablo de los sabios, sino de aquellos que, siendo jóvenes e inexpertos, se superaban a sí mismos. Lo más importante para ellos siempre es tener las ganas de vivir y tener las mismas ganas de que todos vivan con ese ímpetu. Hace unas semanas agregué un nuevo personaje ficticio a mi lista de ejemplos a seguir. ¿Queda algún caballero honorable? Le gritaba al público como reclamando. Rodeado de caballeros, que poseen un rango que tiene como juramento fundamental proteger al inocente sin importar las circunstancias. No se entiende mucho por falta de contexto, pero lo que importa es el cuestionamiento. La serie se llama El caballero de los siete reinos y su protagonista, el caballero errante Sir Duncan el Alto. Basado en la novela de George R. R. Martin, al comienzo del libro, que tengo pendiente de leer, él le dedica la obra al Duncan que todos llevamos dentro. Suena ridículo hablar de esto, pero me parece demasiado relevante para lo que está sucediendo en el mundo real. Alguien podría responder ese llamado desesperado que pedía a gritos el personaje; todo indica que nuestros héroes han sido abandonados o, peor aún, asesinados por sus seguidores.

Esa pregunta: ¿Queda algo de honor entre ustedes? Sentí que me la estaban haciendo a mí. Me gusta pensar que hubiera respondido sin titubear; nunca he estado en una situación así, por lo tanto, no tengo la certeza. Creo que estuve en lo correcto desde niño. Mejor seguir a estos héroes de cuentos. En la vida real nunca se sabe y decepcionarse es muy fácil. El ejemplo perfecto es el caso Epstein, donde con cada tanda de files liberados al público, una tanda de personajes pasa a ser casi unos monstruos. Bestias monstruosas que justamente suelen ser los enemigos en fantasías, relatos y hasta mitos. Por más revuelo que genere el caso, no llego a ver la indignación que merece el caso.

Aun hay algo de bien
Los líderes del mundo siendo acusados de pedófilos, traficantes sexuales y niveles de corrupción espeluznante, con evidencia contundente. Y hay cosas más raras, desde rituales con sacrificios hasta canibalismo. No puedo confirmar nada, lamentablemente, pero es muy fácil darse cuenta de lo que está pasando. El mundo y el futuro están en manos de estos tipos. No quiero pensar que la humanidad ha caído tan bajo como para seguir y dejar pasar esto desapercibido. Tampoco quiero pensar que estoy siendo demasiado inocente y que el mundo siempre fue ciego. De repente, me aislé demasiado tiempo y ya no sé cómo funciona el mundo. Lo que sí sé es que vivir bajo los niveles de discriminación y crueldad que se ven diariamente no es vivir. Para los que no se sienten atacados directamente, recuerden que, si se meten con ustedes en algún momento, también les gustaría tener a otros de su lado.

Es horrible toda situación, pero es importante saber que no todos son así. Me gusta pensar que solo es una minoría; la relación que tienen con el poder es algo para estudiar. No sé si sea cierto que el poder corrompe a los mejores y atrae a los peores, pero todo parece indicar que es cierto. De adolescente, en una etapa por la que pasamos todos, en la que pensamos que todo el mundo es una mierda, comencé a discutir eso en un almuerzo familiar. Mi tío me preguntó: ¿Tú eres una mierda? Le respondí que no. Entonces no todo es una mierda, me dijo. Solo con un poco de lógica me convenció de que yo estaba equivocado. Solo esa premisa es suficiente para hacer algo, lo que sea, para ayudar, por lo menos para intentar entender las diferencias en lugar de condenarlas.

La primera vez que vi El señor de los anillos, antes de leerlo, entendí de manera abstracta lo que es ser bueno. Claramente, todos tenemos un poco de ambas partes, pero son tus decisiones las que determinan por qué sendero caminas. Desde pequeños detalles. Nosotros, como personas de a pie, simplemente siendo amables ya generamos una diferencia. Como sociedad, se nos está enseñando, a través de redes sociales y noticias, que no tenemos la capacidad de generar un cambio. Eso es mentira y tiene un nombre: indefensión aprendida. La capacidad de agencia es uno de los pilares que nos hace humanos; convencerte de que no puedes hacer nada es justamente darle el gusto a estas personas que quieren mantenerse impunes. Miren lo que hizo Bad Bunny en el Super Bowl, eso es un ejemplo de resistencia y de persona. No me gusta su música, siendo honesto, pero de que es una persona ejemplar, lo es. Salió en nombre de todos los latinos para defendernos de injusticias y brutalidades, y lo hizo donde más les duele. Mejor aún, a través del arte. En la película, Sam, el compañero leal de Frodo, le recuerda: “Hay algo de bien en este mundo, Sr. Frodo, y vale la pena luchar por ello”.

[Migrante al paso] Cinco y media de la mañana. De nuevo, después de meses. El sonido de los dos ventiladores es arrullador, pero no lo suficiente como para ceder al sueño. Uno de ellos apunta directo a mí desde la mesa de noche; el otro, a mis pies, que se escapan de mi frazada. El calor es intenso; aun así, necesito de una sábana o manta. Supongo que el peso ligero del polar es reconfortante. Ayer, hace unas horas, tenía planeado levantarme a las 6 de la madrugada; mi mente no quiso, pues falta menos de media hora. Por épocas me ocurre seguido; en los últimos años, mis noches sin sueño están más dispersas. Mis ojos pesan y arden sin llegar a fastidiar. Tal vez sea la luz de la pantalla. Es raro estar cansado y no poder dormir; nunca lo entendí y aprendí que mejor es no hacerlo. Ahorita ya suenan algunos pájaros; sigue estando oscuro. Por más que el día será un poco pesado, ya disfruté de una noche en silencio. Entre vueltas, música y comidas ansiosas, la noche va avanzando. A uno de cada diez les pasa en el mundo, por lo menos eso dicen. Insomnio crónico.

Esta vez demoré en aceptarlo. Tenía un plan, uno que ya hace unas horas debí notar que iba a ser fallido. No voy a tener la energía para hacerlo perfecto; me refiero a mi día. Igual, lo necesario lo haré. Mi reunión de las 11, que me estaba torturando hace un rato; algo de trabajo ligero y, definitivamente, comprarme mi melatonina en gomitas. Hoy me di cuenta muy tarde de que se me habían acabado. Entonces, no es un plan fallido del todo. Lo que demoré en aceptar fue que mi noche iba a ser larga y que no pude disfrutar esos momentos esporádicos en los que se puede pasar un buen rato. Cuando te pasa seguido, lo que alguna vez odiabas se vuelve entretenido. El cielo ya se está aclarando. Un antojo de chicharrón dominguero ha entrado como un flechazo. , el chinito no abre los lunes; recién me entero. Desayunar desvelado es una sensación extraña. El día comienza a avanzar y tú te sientes desfasado. Es lunes; sin embargo, mi mente está en el domingo.

Estoy atrapado, pensaba, en estas horas de poca luz. Tengo miedo de a lo que me estoy metiendo. Tengo miedo de volverme aburrido por el trabajo. Suena tonto e inmaduro, pero qué puedo decir. Es disonante con la motivación que tengo en esta nueva etapa, por decirlo así. Solo tengo que encontrar la manera de que no sean excluyentes. Mis aventuras tienen que continuar: los viajes. Mis últimas crónicas han sido sobre Trump y ahora, por suerte, tuve insomnio. Se me acaban los temas. Un fin de semana a Cusco se me cruza por la cabeza. No tengo plata, me respondo. Igual, no es mala idea pensar en viajes cortos y cercanos.

Así es el insomnio. Es un espacio donde no se toman decisiones y los pensamientos importantes tienen la misma jerarquía que las trivialidades. En la madrugada todo es menos serio e importante. Así van girando mis ideas como las hélices de mis ventiladores. El calor sería insoportable sin ellos. Tal vez la única amenaza, en este momento de paz, es el día inminente. Se siente eterno. Las contradicciones afloran por todos lados. Mi cuerpo está cansado, pero mi mente quiere escribir. Quiero dormir, pero también quiero esperar a que abran algún lugar donde comprar desayuno. Lo mejor es pensar que, si aprovechaste la noche, el día puede ser menos atolondrado. Las enredaderas y flores que se ven desde mi ventana ya reflejan color. Las sombras van desapareciendo junto con mis ganas de mantenerme despierto.

En este espacio donde no duermes, en cierto sentido también hay descanso. Te liberas de expectativas; a estas horas tardías, a nadie le importas. No hay nada que resolver; intentar hacerlo solo empeora las cosas. Tu identidad diurna desaparece, es casi como dejar de ser alguien. Sin respuestas, sin mensajes y sin juicios. Es casi como tomarse un respiro de la lógica en sí. No es un descanso reparador, pero sí uno que interrumpe lo común. Un descanso donde algo se detiene y se siente bien. Como a estas horas ya no pienso muy bien, puede ser que haya confundido todo y que, en realidad, solo sea una pausa mal hecha.

Algunos perros ya están ladrando. Las combis de Pedro de Osma comienzan a escucharse. No estoy cerca, pero el sonido llega cada vez más claro. Es fácil olvidar que el sonido del día es un bullicio, sobre todo si nunca estás despierto tan tarde. Pasos de gatos hacen retumbar mi techo de madera. Los ventiladores ya no se escuchan tanto. Ya hay gente despertándose para trabajar; en este preciso instante, me gustaría ser uno de ellos. Por mucho que romantice la situación, estar cansado se cobra pequeñas cosas. Nunca te das cuenta cuáles.

[Migrante al paso] Mis veintes. Tiempos difíciles. Mucho caos, mucha confusión y también muchísima diversión. Al comienzo, luego de muchas irresponsabilidades que me hacían sentir invencible, fueron perdiendo su efecto empoderador y se transformaron en fuente de inseguridades y crisis de identidad. El grupo de amigos que tengo, que en ese momento era más extenso, funcionaba debido a mi funcionamiento como amigo pegamento. Yo me sentía responsable de los excesos de los que muchos fueron víctimas. Yo ya no quería esa vida y tenía que tomar una decisión. Mi mente estaba en disonancia; por un lado me quería y por otro no sabía qué repercusión iba a tener en este grupo de amigos. A mí las fiestas y el descontrol nocturno ya no me tentaban; todo lo contrario. Me alejé. Me juntaba con mis amigos de toda la vida solo en planes tranquilos. Estaba aburrido y ese estado me duró bastante. Ahora sé que era el camino correcto: ese sendero aburrido me llevó a conocer distintas culturas y maravillas por viajes; comencé a escribir; tuve ataques de pánico diarios cuando viví por dos años en Argentina; me desmayé; me peleé en la calle; fui bueno e intenté ser malo, pero no me funcionó. Toda esa temporada de mi vida me hizo darme cuenta de que había sido un huevón. Después de todo, quien no se da cuenta de eso eventualmente es porque sigue siendo un huevón.

Me retracté de la universidad. Mis padres y mi psicólogo me decían que sucedía lo mismo de siempre. Pensaban que cada vez que se me presentaba un obstáculo me echaba para atrás. Me hacían sentir un cobarde y tal vez lo estaba siendo. Pero no era un obstáculo normal; no se trataba de un obstáculo difícil, ni de que no pudiera entender materias. Iba más bien por el temor de cambiar mi vida y ceder la libertad a la que tanto me aferraba y a la que todavía me aferro. Los proyectos de vida, como el que estoy haciendo ahora de desarrollar un negocio, son procesos en los que mi realidad va a cambiar. Lo mismo me pasaba en relaciones con chicas; me decían que soñaba mucho, pero en ese caso sí tomé la decisión correcta. Pedirle a un soñador que se rinda a ellos es como pedirle que venda su alma. Una vida sin alma no es vida. Yo quería cambiar el mundo; a muchos no les gustaba eso. Sin embargo, yo me di cuenta de que si algo no me gusta de la realidad la tengo que cambiar cueste lo que cueste. En esa voluntad necia y valiente estaba arraigada mi identidad. Después de todo, soy libre de escoger y decir lo que quiera hacer y decir. Eso no me lo quita nadie y moriré así. Me gusta. Callarme es solo tarea mía. Mi única falta fue no darme cuenta de que me aterraba saber que era necesario cambiar mi estilo de vida radicalmente para conseguir lo que quería. En cierto modo estaba cómodo sintiéndome mal y, por rebeldía sin sustento, me costó darme cuenta de que ese cambio era necesario. A veces es fundamental permitirte cometer errores para darte cuenta tú mismo, y fue justamente lo que hice.

Cumplí 32 años y siento que por fin dejé la mayoría de mis inseguridades atrás; no todas, y tener una que otra también es saludable. No sé si tiene que ver la edad o si simplemente me di cuenta; no importa, hay infinitas cosas de las que aún no me doy cuenta. Sigo siendo susceptible a muchas cosas y a vivir alimentado constantemente de microconflictos que muchas veces determinan el estado de ánimo de mi día. Por eso, llegó el momento de no dejarme entrenar a vivir en este estado de loop constante de malestar; nadie tiene por qué avanzar día a día así. Vaivenes de rabia y scrolling donde se mezclan la dopamina con el cortisol o estrés. Lo peor es que darse cuenta de eso es difícil.

Regresé a Lima después de 20 días sin redes sociales; al llegar a mi ciudad descargué de nuevo las redes y me dio insomnio. Se vienen cosas nuevas en mi vida, de las que estoy acostumbrado a retractarme. Sin embargo, es distinto. Mi motivación es otra y no siento manía, como lo hacía antes. Hay miedo, pero no pánico. En pocos días acá, entre el calor y una pequeña lesión en la rodilla, se generó más flojera que preocupación para hacer ejercicio. Estuve mucho tiempo en el loop obsesivo y dañino de redes sociales, pero me duró días. Mis insomnios no venían con estrés ni tristeza. Los pensamientos derrotistas ya no aparecen al despertar. Ha ocurrido un cambio, después de meses de un poco de esfuerzo y orden; poco, pero esfuerzo y orden igual. Al igual que en mis veintes tomé esa decisión en cuanto al caos juvenil, ahora siento que he tomado otra; no sé exactamente cuál. Y no he tenido muchas decisiones sustanciales en mi corta vida. Por más aprendizajes, entonces.

[Migrante al paso] Estuve en Estados Unidos por Navidad y Año Nuevo. Todas las noticias giraban alrededor de Trump, desde sus polémicas declaraciones en Truth Social, la red social creada por él mismo; la invasión de Venezuela; y más atrocidades cometidas por ICE. Felizmente, se podía notar cómo la mayoría de estadounidenses ya no está de acuerdo con él, pero sigue teniendo demasiados seguidores. No sé si fue cosa mía, pero en las 3 semanas que estuve sentí una diferencia en cuanto a la tensión que se siente en los aeropuertos e, incluso, en la calle. He ido a varios lugares del mundo y en ninguno he sacado mi pasaporte a la calle por miedo a que me detengan. Es algo improbable, pero el hecho de que lo haya tenido en cuenta ya implica que efectivamente ha habido cambios. El año pasado, tomabas un taxi en Miami y los propios latinos idolatraban a Trump y trataban de convencerte de que votar por él era lo mejor. Ahora es todo lo contrario. Lamentablemente, se dieron cuenta muy tarde. Regresé a Lima esta vez y me llevé la sorpresa de que mucha gente ama a este señor naranja, bajo el ridículo argumento de que es el único que está haciendo algo en contra del comunismo. La gente está perdiendo la cabeza.

Yo pensaba que este año iba a tener menos discusiones e iba a estar tranquilo; me temo que estaba equivocado. Hay cosas que uno no puede dejar pasar por alto, así el ataque no sea directo. Si no se hace nada ante los discursos de odio, es muy posible que nos enfrentemos a un escenario similar al de Europa durante y antes de la Segunda Guerra Mundial. Es un hecho que la gente está molesta y desesperanzada; se entiende porque estamos en una época de crisis donde trabajar o estudiar parece que ya no son suficientes para poder vivir tranquilo, simplemente porque no te alcanza. Hasta ahí es normal y comprensible que se repita una sensación generalizada; lo que sí es un problema es que se repita una búsqueda de culpables en grupos minoritarios. Con eso viene una fila de líderes políticos autoritarios y con reformas odiosas; Trump, siendo el más preocupante. Si a eso le sumas la desinformación y propaganda masiva en redes sociales y tensiones geopolíticas, ya tenemos casi completo el panorama.

Hace 15 años aproximadamente, en un viaje familiar, saliendo de un museo de la memoria en la Ciudad de México, le pregunté a mis padres cómo alguien podía llegar a ese nivel de maldad. Se lo pregunté luego de leer algunos testimonios de los campos de concentración en la Segunda Guerra Mundial; testimonios sobre los campos de tortura y genocidios durante el gobierno de Pol Pot en Camboya; y otras atrocidades. Lo que tenían en común la mayoría era el odio a un grupo de personas y la manipulación de la gente a través del miedo. De más chico, en otro viaje familiar, estábamos en Ámsterdam y luego de visitar la casa de Ana Frank me compraron en la tienda que siempre está al salir de los museos el famoso diario. Lo comencé a leer durante el viaje. Tenía máximo 12 años, de repente menos. Ese tipo de recuerdos me hacía poner en duda que puedan repetirse estos sucesos. Los últimos 3 años me dediqué a viajar y a conocer distintos países, culturas e idiomas. La ignorancia es demasiado grande. La gente no sabe nada. Solo me sorprendí en Japón por el nivel de conocimiento de la gente de a pie. Yo pensé que viajando me iba a esperanzar un poco en cuanto al desarrollo de la sociedad, pero fue al revés. Me di cuenta de que lo que más existe en el mundo es miedo e ignorancia, y de esas dos cosas solo se puede esperar lo peor.

A veces me preguntan: ¿por qué te molesta tanto lo que pasa en otros países? O cosas por el estilo. Ahorita no se han cometido injusticias o ataques hacia mí o hacia gente que conozca, pero sí ya están atacando a gente por cualquier razón sin sentido, lo que te hace pensar que no comiencen a odiar o discriminar a los peruanos o sudamericanos. En realidad, ya lo hacen, pero la gente prefiere no ver. Idolatrar a Trump, siendo peruano y él abiertamente racista, sobre todo hacia los latinos, es descabellado y ridículo; la razón detrás de eso es que, al igual que odian sin leer antes al respecto, también lo hacen al momento de idolatrar. En fin, yo también lo llevo al otro extremo. Para mí tener a otra persona de ídolo ya me parece patético, así sea la persona más buena del mundo. Es por eso que cuando me salen noticias de presidentes y otras personalidades importantes chupándole las medias al líder estadounidense me da rabia y siento impotencia. Ver a Milei bailar como Trump casi me hace vomitar. Lo gracioso es que, en cuanto a ideologías, pensaría que me inclino más hacia la derecha, pero ya llegaron a un punto de ridiculez tan alto que estar de acuerdo con ellos sería insultarme a mí mismo.

[Migrante al paso] Ya estamos un poco tarde, pero me pasé la semana pensando en resoluciones de año nuevo. Nunca lo he hecho. No sé si sirva. La mayoría de gente lo hace y no los cumplen. Hace unos días me preguntaron mi edad. Me había olvidado. Casi digo 31, luego pensé que tal vez tengo 33. Si ya llegó el momento en que no me acuerdo mi edad es porque estoy viejo. No puede ser. Viejo y sin plata encima. Endeudado y con dolor de rodilla. “Este viejo de mierda” hubiera pensado de niño. Cuando pensaba que a esta edad sería millonario y con una mansión en Kioto. Estaba un poco loco también, mejor dicho; estoy. El año pasado a simple vista no fue uno bueno. Pero alguien que nació con privilegios como yo tiene derecho a quejarse. La verdad es que sí, todos lo tienen.

Fue mi primer año después de mucho sin un psicoanalista y psiquiatra. Una de las mejores personas que he conocido que lamentablemente murió. Si fuera una película de humor negro mis traumas o depresión serían el culpable. De hecho bromeamos con eso en nuestras últimas sesiones y se mataba de risa. También, fue un año sin pastillas, ya nada de antidepresivos ni estabilizadores anímicos. Ya no los necesitaba. Apenas los dejé comencé a tomar riendas en mi vida. Ejercicio, lectura y escritura. He bajado casi 20 kilos, me faltan 10 aproximadamente. Viéndolo así no está tan mal. Igual, vale la pena recalcar que no se habla del peso de nadie, ni de cuánto come. Se pueden generar cosas terribles solo con un pequeño comentario. Pero bueno, en este caso estoy hablando del mío. Me tomaba entre 4 a 6 Red Bull al día, sumado a Coca-Colas, clonazepam y ya no sé qué tantas cosas más. No me gustaba cómo me sentía, ni cómo me veía. Ahora es todo lo contrario. He recuperado mi mentalidad de campeón y héroe infantil. A ese paso no iba a vivir mucho y es justamente eso lo que más quiero.

Quise ahorrar para pagar mis deudas. Este año tengo más. Pero bueno, estoy empezando un negocio y me irá bien. Confío demasiado en mi inteligencia y mi intuición no suele fallar. Como verán mi ego no se ha visto dañado por mis errores. Se malogró el baño de un departamento que tengo y tuve que vender mi carro para pagarlo. Mi inquilino o, mejor dicho, un okupa no me paga hace meses y recién esta semana se va por fin. Eso demuestra que ahora soy más calmado, ganas de ir y pegarle no me faltaron. En mis años viviendo en Buenos Aires me daba pánico todo, era más joven, pero más débil. Ahora los problemas son más grandes, sin embargo ya no me lo tomo tan mal. Así es la vida supongo y la mía no está tan mal. El punto no es compararse, pero como siempre me han dicho podría ser peor y en mi caso muchísimo peor tomando en cuenta lo que se vive en mi país.

Igual no crean que me siento iluminado, ni que soy un buda. Tal vez soy parecido por la panza, o era. Sigo levantándome de mal humor, a veces tengo ganas de insultar a todos y hay cierta gente con las que no puedo ocultar mi repudio; los miro como seres infectos. A los homofóbicos, a los de izquierda o derecha radical, a los que creen saber qué está bien y qué está mal solo por haber leído unos cuantos libros, a los racistas y discriminadores, a los machistas. A esos sí los veo como moscas. Pero como dice Nietzsche en Así habló Zaratustra, no es mi deber ser matamoscas.

Así soy, tengo mi lado bueno y mi lado maldito. La mayoría de gente que conozco me tiene en buena estima, a uno que otro le debo caer mal. Después de todo a veces puedo ser un poco pedante y si algo no me cuadra, probablemente no lo voy a dejar pasar. Y estoy feliz con eso, después de todo no confío en la gente que le cae bien a todo el mundo.

Ahora que lo pongo en palabras, mi año fue bastante bueno. El dinero no lo es todo. No viajé mucho, pero pude ir a ver a Oasis en Manchester y vivir una de las mejores experiencias de mi vida. La mayoría no puede viajar nunca y mucho menos hablar de que se fue a un concierto en una ciudad pequeña de Inglaterra. Soy privilegiado y bastante, por lo tanto, estoy agradecido y planeo usar lo que tengo para ayudar en la medida posible. El pequeño Niño héroe sigue ahí bien alimentado. Mi familia está bien, mi abuela de 92 años es más viva que la mayoría de gente de mi edad que conozco. Así que en verdad no tengo nada de qué quejarme. Si fuera religioso diría que estoy bendecido. Así que este año lo llenaré de aventuras, buenos momentos, más calma y, como siempre, no me callaré la boca cuando tenga algo que decir.

[MIGRANTE AL PASO]  Hace unos meses, cruzando la pista, pasó un carro muy cerca a mí. Era una vía poco transitada y no se supone que debían pasar autos. Le dije: ¿qué te pasa?, levantando un poco la voz. Pero como dice mi madre: yo no hablas, ladras. Me pasa muy seguido que la gente cree que estoy molesto o gritando, pero en verdad no, es solo mi voz que lamentablemente no es muy amigable. Yo seguí avanzando, pensando que no pasaría nada, pero la persona se bajó del carro, me comenzó a gritar para pelearse y hasta me tiró una piedra pequeña. Hace algunos años probablemente hubiera respondido, esta vez me sorprendió más el nivel de furia de este señor. Era venezolano. Ahora soy un poco más meditativo, así que preferí entenderlo. Imagínense estar en un país ajeno, no porque quieres, sino que has escapado de una dictadura. Probablemente, tu familia tuvo que quedarse y no los ves hace varios años. De lo poco que ganas, tienes que mandarles la mitad o más. Encima de eso, te culpan de la inseguridad y la gente te trata mal porque no hay nada más fácil que culpar a un migrante hasta de problemas ajenos. Lo vemos en todo el mundo. Ellos han pasado por esto por más de 15 años y no solo en Perú. En todos los países de Latinoamérica, en Estados Unidos y más. Me imagino a mí en una situación similar y estoy casi seguro de que ser violento, iracundo y deprimido sería poco. Las cosas nunca son tan simples. De hecho, me parece peor reflejar tus propios problemas en gente que no tiene nada que ver. Sin embargo, lo que no entiendo es cómo pueden simpatizar con políticos de ideas radicales asquerosas y con gente común de a pie no muestran ni un poco de empatía solo por ser de otro país.

Este sábado en la madrugada las fuerzas armadas estadounidenses entraron a Venezuela en una operación impecable que demuestra su poderío militar y capturaron a Nicolás Maduro, el infame dictador. Lo celebro, obviamente. Es un ser despreciable y el mundo es mejor sin él. Si yo fuera venezolano también estaría bailando y festejando en las calles. Pero como externo hay muchas cosas que pensar. Por ahí vi en redes sociales a gente escribiendo que no hay que aprovechar tragedias ajenas para ir hablando de ideas antiimperialistas y más tonterías. Felizmente ya no uso redes. En ningún momento pensé en esto como derecha o izquierda, simplemente como un espectador que piensa sin influencias ridículas de nuestros llamados intelectuales. Felizmente, para mí no valen nada. Lo único que vi en ese día que regresé al remolino de idioteces llamado Instagram o TikTok fue a gente que no sé qué se cree para condenar opiniones solo por ser opuestas a lo que piensan. Pero bueno, la misma historia de siempre. Mi impresión fue un poco preocupante: la izquierda indignada llegando incluso a defender a Maduro, y la derecha alabando a Donald Trump, que a mi parecer no se aleja mucho de la maldad, o como quieran llamarlo, de Nicolás Maduro. Jamás verán en mis escritos algo como “viva Trump”. Igual tengo que dejar claro que estoy hablando de la peor calaña de ambas ideologías. Repasemos un poco de lo que dijo el presidente de Estados Unidos luego de la captura de Maduro.

  • “Vamos a gobernar Venezuela hasta poder lograr una transición segura y racional. No queremos que nadie se involucre”.
  • “Habrá presencia militar para asegurarnos de que la transición ocurra”.
  • “Si es necesario, estamos preparados para ir más lejos”.
  • “Vamos a reinvertir. Vendieron nuestro petróleo y tuvimos a un presidente que decidió no hacer nada. Nosotros decidimos hacer algo”.
  • “Necesitamos Groenlandia. Es muy importante estratégicamente”. “Esencialmente, es un gran negocio inmobiliario”.

En conclusión, Venezuela está bajo el poderío estadounidense hasta que termine la transición. Qué es para ellos que termine la transición, nadie sabe. Queda muy claro también que esta intervención no fue por su preocupación hacia el pueblo venezolano, más bien un interés desesperado por tener el control total del petróleo. La soberanía de un país no es algo con lo que se pueda jugar, seas quien seas. Esa intervención es escandalosa en ese sentido. Lo que diré a continuación es solo especulación y no una verdad, es simplemente una creencia. Yo creo que detrás de todo esto existe una coordinación con Rusia y, tal vez, otras potencias para hacer lo que les dé la gana con el mundo. Esta interferencia reduce a Estados Unidos casi al mismo nivel que Rusia en Ucrania. Hasta Marine Le Pen, una ultraderechista detestable, se opuso a lo sucedido. Ya para que Le Pen tenga más cordura es porque es preocupante. Ni siquiera hubo una aprobación del Congreso para este acontecimiento, por lo tanto es una acción totalmente autoritaria, para quienes hablan de democracia. Ahorita no es momento de celebrar, porque aún no se sabe qué va a pasar. Que Estados Unidos gobierne Venezuela me suena bastante a colonialismo, ¿no creen? En cuanto al petróleo y la mega inversión, dudo mucho que lo hagan gratis y eso se traduce en una deuda externa gigantesca que nadie sabe cómo va a ser pagada. Hay que aprender a observar más que mirar. Otra pregunta es qué pasará con los demás delincuentes que siguen incrustados en ese país. Vale la pena revisar la situación actual de los países en los que Estados Unidos intervino. La mayoría son un desastre, no creo que sea coincidencia.

En fin, estoy feliz por los venezolanos porque definitivamente van a tener un poco de libertad. Pero hay que mantenernos espectadores de lo que sucederá. Esto no es solo una pequeña intervención, sino una jugada geopolítica que afecta al mundo entero. Por más poder que tenga alguien, no tiene el derecho a hacer lo que quiera ni a soltar amenazas. Muy feliz por mis amigos venezolanos, pero preocupado por lo que pasará.

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