Juan José Marthans

El crecimiento del PBI para este año y el próximo (esperemos que así sea) tendrá particularidades que es importante que el empresariado sepa identificar con propiedad.

Para empezar, el 2021 mostrará un crecimiento del PBI de alrededor de 12.5%. Más de lo que muchos esperaron. Son tres los factores que explicarán ese comportamiento. Primero, el natural “rebote” luego de experimentar una cruenta recesión el 2020 por efecto COVID, nos llevó a un crecimiento durante la primera mitad del año de algo más del 20%. Solamente con ello ya teníamos asegurado un crecimiento anual de alrededor del 10%.

Segundo, poco se sabe que, paralelamente al “rebote” Perú ha sido una de las economías de la región que más recursos crediticios y fiscales orientó, contracíclicamente, a combatir el impacto recesivo del flagelo sanitario mundial. Para que se tenga una idea de ello, mientras las economías desarrolladas orientaron alrededor del equivalente del 20% de su PBI, las emergentes 7.5% y las economías pobres, apenas el equivalente al 1.5%; Perú se dio el lujo de comprometer algo más del 20%. Claro está, ello también explica el impulso que observaremos en materia de recuperación económica este año, minimizado, claro está, por las ineficiencias y carencia permanente de infraestructura.

Tercero, el impulso expansivo del rally alcista de los precios de nuestros minerales le agregará alrededor de 2 puntos porcentuales adicionales al crecimiento de este año. La verdad, el crecimiento del PBI de este año poco o nada se explicará por la presencia y accionar del actual gobierno. Sólo en los últimos 18 meses, el precio del cobre subió por encima del 50%, el del zinc por encima del 40%, la plata 30% y el oro 14%. “Maná del cielo” para cualquier administración gubernamental. Basta ello para generar exportaciones que a nivel record bordeen los US $60,000 millones y donde la recaudación fiscal se amplíe en más de US $ 3000 millones, por encima de lo regularmente observado.

Para el 2022, es altamente probable que solo dispongamos del factor “precio de los minerales” como el único que continúe impulsando nuestra economía. Ya no habrá “efecto rebote” y la política contracíclica dejará de tener la fuerza de antes. En ese contexto, dada la elasticidad existente entre el precio de los minerales y el crecimiento de nuestro PBI, si es que el próximo año crecemos alrededor de sólo 2% la conclusión será clara: el impacto neto de la política económica hasta hoy anunciada será cero.

La verdad, el escaso crecimiento del próximo año (ojalá no sea decrecimiento) va a estar directamente vinculado al rompimiento de la confianza del sector empresarial y su impacto en la licuación de la inversión privada. La mantención del capricho de una Asamblea Constituyente, la puesta en duda del mantenimiento de los fundamentos económicos que nos llevó a liderar el crecimiento de la región por dos décadas y el desorden político asociado a un escaso liderazgo gubernamental, están entre los principales factores que explicarán la perdida de varios puntos de crecimiento a nuestro PBI el 2022. Al final, la inversión esperada en el sector privada ha sido mellada, si esta no se recupera pronto, la fuerte desaceleración es un hecho.

Hasta hace pocos meses atrás el consenso internacional era que el próximo año el Perú crecería ente 6 y 7%. Hoy las proyecciones están entre 2 y 3%. ¿Qué significa esto? De validarse estas nuevas proyecciones dadas y originadas por un contexto de creciente incertidumbre y pérdida de confianza en el gobierno, lo que estaríamos dejando de crecer sería entre 4 y 5 puntos porcentuales en nuestro PBI. Ese sería el costo de haber puesto en tela de juicio un modelo económico que funcionó muy bien en lo macroeconómico y cuyos resultados en lo social no se encaminaron apropiadamente como resultado de la permanente postergación de las reformas estructurales.

No puede haber una economía social de mercado en un entorno donde no se aplique reformas estructurales necesarias para hacer eficiente la labor del sector público, para institucionalizar al país, para proveer una adecuada asignación de recursos en materia de salud, educación, seguridad, para que la justicia se aplique por igual para cada uno de sus habitantes independientemente su nivel socio-económico. Lo que en Perú hemos tenido es un modelo con sesgo mercantilista que llevó al extremo las justas demandas de gran parte importante de nuestra población.

No debemos preguntarnos cuanto creceremos el 2022. La pregunta relevante es cuanto dejaremos de crecer. La respuesta es muy preocupante. Si eso es así perderemos, con la sola excepción del 2020, la oportunidad de continuar creciendo – al igual que durante las dos últimas décadas – por encima de toda la región latinoamericana. Triste resultado.

Esto debe enseñarle a cualquiera que asuma la elevada responsabilidad de conducir los destinos del país, que no se puede generar riqueza poniendo en tela de juicio los fundamentos de nuestra economía. Lo más inteligente ahora es dejarse de dogmatismos, ideologías y resentimientos sociales. Lo más inteligente es emprender las reformas estructurales pendientes. Con ellas se dispondrá de mercados más competitivos, de mejores reguladores, de una descentralización real y transparente, de mejor salud, educación y seguridad. Para lograr ello, no es necesaria una Asamblea Constituyente políticamente manipulada. Para lograr ello se requiere disponer de equipos técnicos bien dotados y acompañados de una gran cuota de honestidad, independencia de los grupos económicos y afinidad al país. No se requiere ideologías y, menos aún, si son trasnochadas e inservibles como mecanismo de generación y adecuada distribución de riqueza.

No pidamos cambios irracionales e integrales de nuestra Constitución. Reformémosla manteniendo nuestros fundamentos económicos y este país alcanzará nuevos éxitos con mejor distribución del ingreso y justicia. Con las reformas adecuadas, potenciaremos la inversión; con cambios integrales politizados, destruiremos 30 años de progreso. Simple.

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2021, 2022, Asamblea Constituyente, crecimiento económico, Juan José Marthans

Nuestro mercado cambiario fue considerado por años como uno de los más estables y predecibles de la región. Por años, mientras que en otras economías se experimentaban significativas volatilidades en Perú la estabilidad relativa respondía al respeto a los fundamentos económicos y a la estrategia de administración de sus posibles volatilidades extremas por parte del BCR.

En la medida que no se puso en tela de juicio la libertad en la determinación de precios, la apertura de nuestro mercado y el rol subsidiario del sector público, las cosas anduvieron bastante bien.

En la medida que el proceso electoral nos aproximaba a un plan de gobierno que amenazaba abrir las puertas al control de precios, cierre de mercados y potenciales nacionalizaciones, se fueron afectando desde la dinámica de inversión, hasta la posibilidad de recuperación de nuestra actividad productiva. El tipo de cambio no pudo mantenerse ajeno a ese nuevo entorno político. A partir de la desconfianza y duda insertas en los agentes económicos, poco se pudo hacer a través de la mediatización de las medidas anunciadas en el marco de la segunda vuelta electoral.

La desconfianza e incertidumbre crecientes llevaron a una salida de capitales de tal magnitud que no pudo ser compensada por el impacto positivo de la creciente balanza comercial superavitaria en el marco del alza del precio de los commodities. Es más, experimentamos lo anecdótico de una creciente desvalorización del sol cuando más alto estaba en la historia el precio internacional del cobre, nuestro principal producto de exportación. Si a todo esto se le agrega las expectativas de una creciente depreciación cambiaria, dispondremos de una razonable explicación del por qué nuestro signo monetario se depreció, hasta hace pocos días, en 15% en lo que va del año.

Esta última semana de octubre las cosas han empezado a cambiar. Cambió el primer ministro, cambió parte importante del gabinete, cambió la relación de dependencia del Presidente con el partido Perú Libre. Al modificarse las señales de agresividad contra el sector privado y dar paso a la esperanza de un reacomodo del frente político, los factores que explicaban el alza del tipo de cambio se alejaron parcialmente. Sólo bastó ello para que nuestro signo monetario, contra lo que venía ocurriendo, se aprecie alrededor de 5% estos últimos días. Algo lógico.

Se han vertido hipótesis erradas sobre el reciente comportamiento cambiario.

La primera asume que el alza experimentada hasta algo más de una semana atrás, no fue adecuadamente contrarrestada por el BCR debido a que debió ser más agresivo con la venta de dólares para amortiguarla. La verdad es que esta crítica no tiene ningún sustento técnico ya que la intervención del BCR ha sido similar a la que se tuvo que ejecutar en otros momentos de inestabilidad, como en el 2009 en el marco del tremendo impacto que sufrió nuestra economía durante la crisis financiera internacional.

La segunda, que la reciente baja del tipo de cambio sería una suerte de demostración que su alza previa fue intencionalmente manipulada por ciertas fuerzas del mercado con el propósito de, supuestamente, dañar la imagen del actual gobierno. Eso también es falso.  Si se observa el reciente desempeño de la tasa de interés de los bonos del tesoro en el mercado internacional y, además, se observa la evolución del costo de aseguramiento del servicio de la deuda externa mediante CDS, se podrá concluir, fácilmente, que los últimos días ambas han mostrado tendencias claras a la baja. En la misma dirección que el tipo de cambio.

Justamente cuando cambió parte de nuestro entorno político adverso, las cosas mejoran incluso en la cotización y valoración de nuestra deuda en el frente internacional. Si hubiera habido un complot interno contra el gobierno, la modulación del tipo de cambio no se hubiera mostrado en la misma dirección de nuestros indicadores de costo y riesgo de deuda.

De otro lado, ¿sería lícito esperar que el tipo de cambio baje hasta niveles cercanos al 3.6 por dólar. La verdad, poco probable. El tipo de cambio también depende de factores externos. Todas las monedas se han depreciado algo con respecto al dólar en un entorno de posible alza de las tasas de interés norteamericana y de reducción de las compras de bonos del tesoro por parte de la FED. El sol siempre se hubiera depreciado algo con respecto al dólar, pero nunca a tasas del 15%. Ello nos lleva a concluir que el tipo de cambio podría estar en alrededor del 3.80 como máxima expresión de normalización de nuestro mercado cambiario.

Finalmente, lo que pase en el futuro con nuestro mercado cambiario dependerá de las señales de respeto a los fundamentos alcanzados por nuestra economía. Dependerá de que el frente político no genere más ruido e incertidumbre. Dependerá que no se ponga en tela de juicio el rol de la inversión privada. Tan simple como eso.

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Economista Juan José Marthans se suma al staff de columnistas de Sudaca y analiza los impactos de nacionalizar Camisea y renegociar contratos. Sobre premier Bellido asegura que su mensaje desautoriza al presidente Pedro Castillo, al ministro de economía, Pedro Francke y asegura que esta incertidumbre que vive el país liquida la inversión privada para el 2022. Además, señala que las acciones del jefe del gabinete demuestran ignorancia y ‘figuretismo político’.

¿Cómo analiza el mensaje del premier Guido Bellido, donde anuncia se renegociará el Gas de Camisea o -de no aceptar la empresa- se nacionalizará el yacimiento de Camisea?

Me parece, sin duda, contraproducente. Pienso que tiene una intencionalidad política marcada y refleja su desconocimiento de la cosa pública, de los criterios elementales de negociación frente a empresas de carácter internacional. Hay mucha ignorancia en ese señor. Primero, el mensaje constituye una desautorización al Presidente, incrementa la incertidumbre y constituye un elemento determinante en la pérdida de confianza del frente empresarial nacional y extranjero. Después de esto la inversión para el próximo año está liquidada. Segundo, la renegociación no tiene por qué liderarla el Primer Ministro, esto refleja una suerte de “figuretismo político”, con una dosis de demagogia. Tercero, no sabe que una posible expropiación le costaría miles de millones de dólares al país. Esto es muy serio. Esto es muy serio, no es como robarse una chacra porque soy gobernador y punto. Así no son las cosas.

¿Sería positiva una renegociación del contrato con la empresa concesionaria para obtener mayores utilidades a favor del Estado?

Recién se enteran que ya se distribuía un 65% a favor del Estado. Ahora quieren hasta un 80%. La verdad, la intencionalidad que muestran es puramente política, parece que solamente quieren manipular la opinión de ciertos sectores sociales para quedar como supuestos “héroes”. Tiene como ideal a Evo Morales, eso me libera de mayores comentarios. De otro lado, cuando las cosas se hacen de la manera apurada o no razonada, como se ha planteado, podría interpretarse hasta como un chantaje.

¿Qué es lo que hay detrás de esto?

La verdad, parece que hay una mano negra. Debemos ser cuidadosos con posibles brotes de negociación poco transparentes. El Ministro de economía ha dado una opinión correcta, él está evaluando modificaciones en las cargas impositivas de manera tal que no se desincentive nueva inversión. Eso es un camino aceptable, pero lo que viene haciendo el Primer Ministro es kafkiano y negativo por donde se le mire. No es la forma y no conocemos que hay de fondo detrás de ello. El señor Cerrón manifestó públicamente que no deberíamos perder un segundo más en negociar con las mineras o entidades similares. Desesperado este señorcito ¿no?.

¿Cuál sería el impacto económico que tendría en el país la posibilidad de futuras nacionalizaciones? ¿Qué pasará con las inversiones privadas?

Volveríamos al Perú de Velasco y al primer gobierno de Alan Garcia. Así de simple. Sería llevarnos directamente a un quinquenio perdido. El Perú retrocedió en todos sus frentes con el gobierno militar, el proceso de sustitución de importaciones fue un fracaso. El Perú decreció un 25% durante el primer gobierno del señor García, el desempleo y la inversión se licuaron. La hiperinflación fue su signo distintivo al depender de la “maquinita” del BCR. El señor Bellido parece que quiere lo mismo para los peruanos hoy. La inversión privada caerá mientras esté el señor Bellido, no se recomponga el gabinete, no dispongamos de una visión clara del Presidente sobre la importancia de la actividad productiva privada. Decrecerá. Eso es sinónimo de crisis y pobreza para todos. ¿Quién será el responsable de tanto daño? No es posible que se haga tanto daño a un país y su economía, y la Ley no prevea castigo frente a ello. Increíble.

La vicepresidenta y titular del Midis, Dina Boluarte, anunció que “es vital” cambiar el capítulo económico de la Constitución con el fin de “obtener más riqueza para traducirlos en mejor educación, salud y obras”. ¿Cuál es su opinión sobre este tema y la posibilidad de una Asamblea Constituyente?

No aciertan una. O esto es capricho ideológico o ignorancia pura. Quizás sean ambas. Para generar mercados más competitivos, descentralización, salud, educación entre otros, se requiere institucionalidad y un Estado eficiente. ¿Han dicho algo los miembros de ejecutivo sobre estos temas? No. La Constitución amerita apuntalamiento para, por ejemplo, darle autonomía y rango constitucional a Indecopi, pero de allí a una modificación integral, no tiene sentido. Parece que la intencionalidad es otra, quizás transitar por el camino venezolano. Si se sabe que Venezuela es un desastre porqué se insiste es seguir ese camino? ¿Qué intereses ocultos esconde ello? La Asamblea Constituyente, independientemente de su inviabilidad legal, lo único que generaría es la aceleración de la estampida de la inversión privada, eso es sinónimo de menor empleo y mayor pobreza. Si se sabe esto, ¿por qué se insiste? Acá hay intereses que no están en línea con los segmentos poblacionales más vulnerables. ¿Nos queremos hipotecar a Cuba o Venezuela?

¿Cómo analiza los mensajes contradictorios en materia económica del gobierno de Pedro Castillo? Por ejemplo, el ministro Francke da confianza a los empresarios invitándolos a invertir en el Perú; y por otro lado el premier Bellido amenaza con nacionalizar ¿Qué consecuencias económicas genera esa sensación de desgobierno e inestabilidad?

Los comunistas buscan generar contradicciones para avanzar. Acá no solo veo contradicciones sino irresponsabilidad. Después de destrozar la economía, culparan del desastre a quien sea, menos a ellos y eso es lo que un grupo al interior del gobierno utilizaría para consolidar posiciones totalitarias y antidemocráticas. Pienso que el señor Francke debe evaluar su renuncia. No creo que él sea parte de este “juego” donde lo desautoriza el señor Bellido cuando quiere y no pasa nada. Con ello están poniendo en tela de juicio su credibilidad. Un ministro de economía sin credibilidad, es cualquier cosa, menos un Ministro de Economía. Ojalá que el que salga sea e señor Bellido, le haría un gran bien al país. Claro, lo que dirá este señor es que lo echaron por querer cumplir con sus promesas electorales, ayudar a su pueblo y demás. Ya sabemos cómo actúa esta gente. Ojalá el Presidente reaccione pronto. Ojalá no esté comprometido con Bellido.

¿Esa incertidumbre también se genera con la segunda reforma agraria, donde -en un principio no se convocó a los privados- pero luego y ante las críticas se les llamó?

La reforma agraria anunciada parecería que es poner en valor la pequeña y medina agricultura en nuestra sierra. Se buscaría dotarla de caminos de acceso, mejorar el proceso de comercialización de sus productos, generar una mejor distribución del agua y apoyarla con mejor tecnología. Si eso es real, a buena hora. El tema es que al no haberse convocado debidamente al sector privado se está dando una señal pésima. Se sigue generando incertidumbre. Este gobierno hasta hoy es el rey del desorden e improvisación. Fíjese, quienes pueden aportar más a favor de la agricultura de nuestra sierra con su experiencia de éxito, es el sector agroexportador peruano. Ellos ya son los segundos exportadores más importantes del Perú, luego de nuestra minería. No tiene sentido generar “mesas ejecutivas” sin la participación apropiada de ellos. Cuánto podrían aportar a favor del agricultor de nuestra sierra que tiene potencial para producir arándanos, por ejemplo. Parece que la ideología y el complejo les impide hacer las cosas bien, por lo menos a un segmento amplio de los actuales gobernantes.

En medio de esta incertidumbre ¿La presencia de Julio Velarde en el BCRP es signo de confianza para la estabilidad monetaria del país?

Sin duda. Lo conozco de mucho tiempo, hemos sido directores del BCR ambos en el mismo momento, y me parece que, en la actual coyuntura, su presencia es importante. No creo en personas indispensables en ningún lado, pero el desconcierto es tan grande hoy en el mercado peruano, que serías muy costoso dejar de contar con su presencia en la presidencia del BCR. Ojalá lo apoyen con un directorio serio y técnico, aunque él ya sabe tomar decisiones cuando no siempre sus directores muestran capacidad técnica comprobada. Si el BCR pierde independencia del mandato político, la situación sería grave y vendrían más degradaciones de nuestro riesgo soberano como lo hizo recientemente Moody´s. Sería una catástrofe para el país y para los más pobres. No se ha creado mejor mecanismo para alentar la pobreza que la inflación. Que Bellido le pregunte a Maduro para que aprenda.

¿El dólar volvió el lunes a un alza histórico: ¿Será posible que baje a niveles preelectorales o la incertidumbre política y económica hacen suponer nuevas alzas?

 En el caso del dólar, la responsabilidad recae en el primer ministro y su desatino de intentar desautorizar al presidente y al ministro de economía. El mercado espera conocer quién es el que tiene realmente el poder en el ejecutivo y eso genera incertidumbre. Al no existir una hoja de ruta creíble y al tener al Presidente perdiendo autoridad y credibilidad día a día el mercado reacciona y ello se refleja en el mercado cambiario. La pregunta es hasta dónde llegará el tipo de cambio en este entorno político. Los agentes económicos hacen lo correcto frente a incertidumbre, retiran sus capitales del escenario nacional. Si a esto le agregas la pérdida de fondos de las AFP lo lógico es concluir que las posibilidades de apoyar el financiamiento de la inversión privada se recienten. Con salida de capitales es un problema serio. Todo conduce a llevarnos a pensar que la inversión no va a crecer sustancialmente los próximos cinco años e inclusive su desempeño podría mostrar retroceso. En este escenario, imposible. Todo nos lleva a pensar que el estancamiento y el desempleo serán el factor común, a menos que el Presidente reaccione. O es el país o es su entorno de ciertos amigos oscuros. Que él elija.

 

Perfil:

-Marthans ha sido miembro del directorio del Banco Central de Reserva del Perú así como Director del INDECOPI. –

-Actualmente es Presidente Ejecutivo de GKN Perú S.A.; Presidente de Directorio de ACK S.A. y Presidente de Guía Consulting S.A.

-Fue Jefe de la Superintendencia de Banca, Seguros y Administradoras Privadas de Fondos de Pensiones, entre el 2002 y 2007.

-Actualmente es Director del Área de Economía del PAD –Escuela de Negocios y Dirección de la Universidad de Piura.

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