Pedro Castillo

El último mensaje de Keiko Fujimori es políticamente equívoco. Si bien reconoce el triunfo de Castillo luego de la proclamación del Jurado Nacional de Elecciones, lo considera a la vez ilegítimo ya que nacería de un presunto fraude en el que la excandidata no deja de insistir con terquedad digna de mejor causa.

A nadie le quedan dudas de que si Castillo se ensoberbece y cree que haber ganado con las justas le otorga el derecho de refundar la República en base a una cuestionable Asamblea Constituyente y además desoye los mandatos de moderación económica, ameritará una dura y férrea oposición democrática desde el Congreso y desde las calles movilizadas, ya que la inmensa mayoría del pueblo peruano no está de acuerdo con la deriva chavista ni nada que se le parezca.

Pero si Castillo se modera efectivamente y además recula en el tema de la Constituyente y la acota a lo que decida el Congreso o a algunas reformas constitucionales puntuales, lo que merece es libertad política para poder trabajar y desplegar un programa económico de centroizquierda dentro de los márgenes de lo viable. Y para ello va a necesitar de cierto respaldo congresal que en principio debería incluir también a la derecha parlamentaria donde recala el keikismo.

Pero Keiko no anuncia eso. Ella anuncia guerra anticipada a un gobernante que considera espúreo. Una vez más no reconoce su derrota, creyendo quizás, equivocadamente, que con ello no va a irritar a las huestes ultras que la han acompañado, sin percatarse de que ese esfuerzo es inútil (ya de inmediato, luego de su reconocimiento bamba a Castillo, han salido voceros extremistas a considerarla una rendida y tibia).

Comete un grosero error político Keiko Fujimori prestándole oídos a la ultraderecha peruana, que por más bulliciosa que sea, es minoritaria y lo seguirá siendo. Es más, fue por haber conservadurizado en extremo al fujimorismo, luego del 2016, que Keiko casi destruyó el partido. Solo una buena campaña de marketing en primera vuelta, sumada al acierto político de reconducirse al centro, le volvieron a dar vida en esta última elección. Debería aprender de su reciente historia si quiere seguir teniendo vigencia política en el Perú.

Lo que corresponde es una oposición keikista firme y hasta recia, pero leal. Y eso pasa, en principio, por considerar su derrota legal y legítima, sin cortapisas ni argucias verbales. A diferencia de algunos politólogos, no creo que Keiko sea ya un cadáver político, pero los pasos que está dando la conducen a pie firme al cementerio.

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Asamblea Constituyente, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

Tras quinientos años de resistencia parece que un nuevo tiempo se abre en nuestro continente. Si atendemos a los procesos transformadores que se van suscitando en la región, podemos advertir la puesta en marcha de un movimiento de reivindicación donde el pueblo se empieza a saber dueño de su propio destino. Así lo indica el franco proceso constituyente que se está dando en Chile y que empieza abrirse camino en el Perú.

Que en el Perú, que siempre fue considerado el nudo del imperio, un profesor rural representante de un partido de izquierda llegue por primera vez en la historia a ocupar la presidencia de la república en elecciones limpias y democráticas, que otra profesora, esta vez Mapuche (una de las culturas que más embates ha recibido y que mejor ha sabido resistir al colonialismo) presida la asamblea constituyente en Chile, que en Bolivia haya vuelto a ganar democráticamente el gobierno el partido de izquierda de Evo Morales; que en Argentina nuevamente la izquierda haya llegado al gobierno, que el pueblo colombiano haya despertado de un largo letargo y haya tomado las calles para dar inicio a un nuevo movimiento de generación de poder popular. Todos esos son signos que un nuevo tiempo se abre ante nosotros.

Un nuevo proceso de giro a la izquierda se ha inaugurado en nuestro continente. Uno que reclama un nuevo pacto social que termine de derrumbar las viejas estructuras de dominación (mercantilismo, corrupción, desigualdad, injusticia, etc.). Se abre paso un tiempo constituyente donde el pueblo, consciente por primera vez de su real poder y decidido a ser el dueño de su destino, pugna por nueva renovar las constituciones, muchas de ellas hijas de la dictadura, que se impusieron a fuego y sangre.

Las fuerzas conservadoras y reaccionarias de una oligarquía que sólo sabe cuidar sus propios intereses prefieren cerrar los ojos ante esta marea incontenible de cambio. No soportan haber perdido el control de un pueblo insumiso que se sabe el protagonista de la nueva hora que vivimos. Hoy como ayer es presa del temor de perder sus privilegios porque son incapaces de aceptar la igualdad entre los individuos y ciudadanos. Cuando hace doscientos años construyeron una república a su medida, montada sobre la base de la sociedad colonial, no imaginaron que sus herederos dos siglos más tarde siguieran manteniéndose tan ciegos como ellos. Creyeron que las cifras macroeconómicas, esas que ocultaban el dolor, el espanto y la indignidad de la pobreza, eran suficientes para seguir ejerciendo su poder. La pandemia saco a luz la fragilidad de una sociedad construida a base de intereses privados y en soslayo del pueblo. Nunca fuimos capaces de construir ciudadanía.

Hoy toda esa fuerza embalsamada por siglos se ha desbordado. La única manera de encausarla es a través de un proceso constituyente. Existe entre nosotros la necesidad histórica de darnos la chance de decidir sobre nuestro propio destino, de que todas las voces, especialmente las postergadas, puedan ser escuchadas y sus decisiones acatadas. Nunca en la historia del Perú los pueblos indígenas y nativos pudieron participar de una asamblea constituyente. Por eso, seguimos siendo el país excluyente, racista y conservador de siempre.

En el Perú, darle paso al proceso constituyente no sólo significa estar a tono con los nuevos procesos sociales y populares que se van dando en la región, sino que significa también acatar la voluntad popular que votó masiva y mayoritariamente por la opción que trajo como propuesta una nueva constitución. Ahora quienes perdieron las elecciones quieren seguir gobernando y cerrando las puertas a la decisión popular de una nueva constitución, para continuar manteniendo sus privilegios. Se trata de respetar una decisión democrática y abrir el paso a una discusión donde todos podamos participar en condición de igualdad.

Con el nuevo gobierno del profesor Pedro Castillo, se abre la posibilidad real de que el proceso constituyente que ya vivimos encuentre su expresión una asamblea que sea fruto de la voluntad popular y vayamos en el camino de decidir nuestro propio destino. Querrán frenar este proceso aduciendo formalidades legales, pero la discusión en este plano no es sólo legal y jurídica, sino política y social. Más que abogados, que siempre defienden intereses, es momento de escuchar lo que los ciudadanos ya han expresado con la voz y la fuerza de sus votos. Por ello, se torna ineludible arribar a un nuevo pacto donde todos podamos participar y tomar las riendas de nuestro destino.

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Asamblea Constituyente, Pedro Castillo

Es un evidente despropósito que una fiscal denuncie por el delito de sedición a periodistas de Willax. Este canal es una fábrica de sensacionalismo, campañas insidiosas y propalación premeditada de fake news, lanzados con el solo afán de generar atención pública, pero el único juicio que se puede hacer sobre ello pasa por los televidentes y su decisión de ver o no ese medio de comunicación, no por la desprolija y apresurada iniciativa de una magistrada del Ministerio Público.

Pero más grave que este entuerto judicial en el que el canal de marras se halla incurso, es el hecho de que nada menos el presidente electo Pedro Castillo haya firmado una solicitud junto al inefable personaje de Julián Palacín, pidiéndole al Ministerio de Transportes y Comunicaciones a que tome acción contra el canal por haber, supuestamente, cometido faltas éticas.

Por supuesto, los canales de televisión, al utilizar el espectro radioeléctrico del Estado, están sujetos a ciertas normativas públicas, pero ninguna de ellas atañe a la libertad periodística del medio. Si un canal incumple las normas técnicas pues recibirá una sanción y si un periodista difama o comete perjurio están abiertos los tribunales penales para querellarlos y eventualmente sancionarlos, pudiendo ser el canal tercero civil responsable.

Pero lo que está detrás de esta iniciativa parece corresponder a la idea extendida de que los canales privados, solo por el hecho de utilizar una banda estatal, se deben comportar en base a criterios uniformes, neutrales y acomedidos respecto del poder de turno. Los canales privados no son ni deben ser el canal del Estado. Son empresas privadas dueñas de la concesión y como tales tienen absoluto derecho a utilizar su parrilla periodística como les venga en gana, solo sujetos a las regulaciones administrativas y penales ya conocidas y referidas.

En algún momento corresponderá evaluar la entrega de las concesiones televisivas a dedo que en el Perú se han hecho y volver a licitar las frecuencias, como corresponde, y hacerlo así cada cierto tiempo, no entregar las concesiones a perpetuidad, como acá sucede. Pero ese es otro tema.

Hoy corresponde estar alertas frente a la amenaza que se cierne sobre la libertad de prensa si el futuro Presidente cree que su ministro de Transportes tiene algo que decir sobre los contenidos periodísticos de los canales de televisión y las radios locales.

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Fake news, Pedro Castillo, Willax

Estamos viviendo un momento histórico, el 28 de julio juramentará como presidente Pedro Castillo Terrones; un líder del Perú profundo, un profesor de escuela, hombre andino y rural. Que esta sea la figura del Bicentenario, tras un proceso plagado de racismo, clasismo y actitudes antidemocráticas, es simbólico y significativo, representa una gran oportunidad a la vez que implica una gran responsabilidad.

Al presidente electo no le vienen tiempos fáciles, eso lo sabemos todos/as; sus opositores/as no dudarán en ponerle cientos de obstáculos en el día a día, lo cual no sólo es mezquino, sino que abonará a la crisis que ya vive el país a nivel económico, político, sanitario y social. Por ello, Pedro Castillo, debe tener claridad que su tarea es promover cambios y sacar adelante al país en democracia, haciéndole frente al enojo de sectores autoritarios que han visto amenazados sus intereses y cuya rabia, plagada de violencia racial, ya no se oculta.

En este contexto, debe concentrarse en tejer alianzas con sectores democráticos, dialogar con los movimientos sociales y no dejar ni un atisbo de duda sobre su honestidad y buenas intenciones separándose de figuras vinculadas a hechos de corrupción, de esta forma podrá dar mayor sostenibilidad a su mandato.

Parte de la agenda urgente que debe atender y que es constantemente recordada por el movimiento feminista y de mujeres es la lucha contra la discriminación y la violencia de género.  Una democracia real se construye promoviendo los derechos humanos y los derechos de las mujeres y de la población LGBTIQ+ son derechos humanos.

Es fundamental que, en el corto periodo de transición, que ya se ha iniciado, tome especial interés en conocer no sólo la problemática sino además los avances que tiene el Estado para promover la igualdad de género y una vida libre de violencia.

Son muchas las acciones pendientes, pero, para empezar y durante sus primeros días puede: garantizar la continuidad del Ministerio de la Mujer, fortaleciendo su rectoría en materia de igualdad de género; comprometerse con la mejora de los servicios de atención a la violencia de género para que las víctimas y sus familiares del área urbana, rural y amazónica encuentren una adecuada respuesta del Estado; pero, además,  debe promover la implementación de los lineamientos estratégicos para la prevención de la violencia de género, como medida para avanzar hacia un cambio sociocultural a largo plazo.

De otro lado, debe promover la paridad en el Estado, empezando por designar un gabinete paritario, con profesionales comprometidos con la democracia, los derechos humanos y la igualdad.

Muchas feministas y defensoras de los derechos de las mujeres le dieron un voto crítico y vigilante, por lo que estaremos atentas para no permitir retrocesos, convencidas que una democracia real debe tener como uno de sus pilares la igualdad.

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igualdad de género, Pedro Castillo

Todos los días, de lunes a viernes, Alexandra Ames, David Rivera y Paolo Benza discuten los temas más importantes del día por Debate. En nuestro episodio número 178: Castillo y el contorsionismo político que tendrá que hacer si busca contentar a todos con su Gabinete. ¿Le sirve para eso su experiencia como sindicalista, más bien opositor? ¡Y las falsas ofertas!

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Bicentenario, Pedro Castillo

Que voceros del gobierno entrante declaren que se van a dedicar primero a hacer una auditoría del proceso de compra de vacunas, es una pésima señal del ánimo con el que entran a Palacio y que ojalá no sea extensivo a otros predios del quehacer gubernativo.

Quizás lo que mejor ha hecho el gobierno de Sagasti haya sido el proceso de compras de vacunas y la ejecución del plan de vacunación. Y que sin siquiera esperar a que los comités de transferencia sectoriales les informen a los encargados de Perú Libre cómo se ha hecho y se ha planificado el proceso, ya salgan a declarar en plan vindicativo, es un mal augurio del tipo de gestión que se avecina.

Ha tenido tiempo el presidente electo, Pedro Castillo, mientras demoraba su proclamación por las argucias de Fuerza Popular y allegados, para zanjar varios temas. Primero, qué va a hacer con Vladimir Cerrón y el partido que lo cobijó para llegar a Palacio (y que ya se ha visto cómo espera con angurria los cargos públicos). Segundo, qué línea económica va a seguir, si la moderada que prefiguran nombres como los de Pedro Francke o Alonso Segura, o si se ceñirá al mandato original radical del ideario de Perú Libre. Tercero, qué piensa hacer con la Constitución: ¿cambiarla radicalmente con una Constituyente? Si es así, ¿bajo qué modalidad lo piensa hacer (referéndum, reforma del 206, cuestión de confianza, etc.)? Cuarto, quiénes conformarán su gabinete ministerial y el consecuente despeje de dudas de cuán amplia y plural será su convocatoria.

No deben pasar muchos días u horas para que Castillo efectúe anuncios claros respecto de los temas señalados. Arranca con el marcador en contra. Lamentablemente, se han asentado en un sector importante de la población las dudas sobre la legitimidad de su mandato, tiene una derecha en pie de guerra movilizada en su contra y no tiene mayoría congresal propicia.

Lo peor que podría pasar es que Castillo pierda valioso tiempo en supuestamente ajustar cuentas con el gobierno saliente y no dedicarse prontamente a gobernar efectivamente, con toma de decisiones rápidas, anuncios puntuales y despliegue de acciones inmediatas.

Algo extraordinario tendría que ocurrir para que un gobierno como el de Castillo sea bueno. Los astros están alineados en su contra y lo más probable es que la suya sea, en el mejor de los casos, una gestión muy mediocre. Veremos en sus primeros pasos si se cumplen nuestros pronósticos u -ojalá- nos desmiente y sorprende.

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Pedro Castillo, Perú Libre

Al igual que para la mayoría, ninguno de los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta era de mi agrado. Ninguno era liberal ni en lo social, ni en lo político, ni en lo económico. Ambos, un peligro para la democracia. Sin embargo, a medida que fue desarrollándose la campaña, la propuesta de Perú Libre logró lo increíble: convencerme de ser más peligrosa que el Keikismo, que tanto daño nos ha hecho en los últimos 5 años. Su propuesta económica, que parecía una mezcla de todas las recetas que han empobrecido tanto al Perú en el pasado como a otros países en el presente, me hizo llegar a la conclusión de que Fuerza Popular era el mal menor.

Debe ser humano que cuando uno pierde una contienda, quiere ver al otro hundirse. Sostuve varias discusiones durante la campaña electoral con personas que consideraban a Keiko el mal mayor. En ese momento, expuse mis argumentos contrarios e incluso intenté convencerlos. Por supuesto que ahora, proclamado Pedro Castillo, pasa por mi cabeza un “¡Cuando nos hundamos, vas a ver!”. Supongo que a todos nos provoca tener razón y decir “Te lo dije”. Pero ya pasó más de un mes desde las elecciones, y tuvimos suficiente tiempo para enfriar nuestras cabezas y darnos cuenta de que, en esta oportunidad, si se hunde el barco nos hundimos todos.

Nunca sabremos quién tuvo razón, pero eso ya es irrelevante, porque uno de los dos ganó las elecciones, así sea por un pelo. ¿Me gustan los resultados? No. ¿Acepto los resultados? Sí.

Hoy, ya no quiero tener razón. Quiero, por el contrario, estar lo más equivocada posible. Entre más equivocada haya estado sobre Pedro Castillo, mejor le irá al Perú. Espero de corazón que todas las personas con las cuales debatí durante la segunda vuelta puedan venir, reírse de mí y decirme: “¿Ves? ¡Te dije!”. Y me tocará comerme el orgullo, con una sonrisa secreta.

Claro que no basta simplemente con desear estar equivocado. Todos debemos ser conscientes que lo que nos toca desde el próximo miércoles es estar vigilantes. Pero es diferente vigilar deseando que al próximo gobierno le vaya mal, que dándole el beneficio de la duda que merece cualquier gobernante nuevo. Finalmente, a todos, sin excepción, independientemente de por quién hayamos votado o en qué parte del espectro ideológico nos ubiquemos, nos convendría que Pedro Castillo haga un buen gobierno.

*Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden no coincidir con las de las organizaciones a las cuales pertenece.

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Keiko Fujimori, Pedro Castillo, Perú Libre

¿Llegó para quedarse el discurso radical de derecha, ultraconservadora, clasista y racista, cuasi fascista que en algunos casos se ha disfrazado de liberal muchos años y hoy se ha sacado la careta desembozadamente (logrando criar algunos retoños contemporáneos con el mismo discurso)?

Hay quienes sostienen que estos son buenos tiempos para su desarrollo. No solo por la crisis económica -que suele ser caldo de cultivo para su desarrollo- sino también por el desorden social y la urgencia concomitante de valores (Dios, patria, familia, etc.), la oposición al comunismo (encarnado en Pedro Castillo) y el rechazo a lo extranjero (dada la migración venezolana).

Por supuesto, no hay que perderla de vista, porque su crecimiento sería una abierta amenaza a la democracia liberal y supondría un retroceso en los reales avances republicanos que hemos logrado las últimas décadas.

Pero hay que acotar mucho la amenaza de su expansión. Primero, lejos de avenir una crisis económica, si Castillo no comete exabruptos radicales -entre ellos la Asamblea Constituyente-, todo prefigura un venidero periodo de bonanza, producto en gran medida de circunstancias externas; el desorden social genera conservadurismo, pero hay que recordar que las principales víctimas de ello no son las élites de la DBA sino los sectores populares que le suman a ello otras urgencias mayores; la oposición al comunismo ha funcionado hasta ahora (hemos visto a personajes como Mario Vargas Llosa, Alfredo Barnechea, Lourdes Flores o Víctor Andrés García Belaunde, de reconocida solera democrática, coqueteando abiertamente con el golpismo), pero si, como todo lo hace indicar, Castillo se modera, este miedo se tornará cada vez más histérico, minoritario y desfasado; finalmente, difícilmente la aversión al migrante venezolano cuaje en una opción política, dado el carácter nacional de ser un país de migrantes de todas las etnias y procederes, y hay que considerar además el carácter étnico minoritario de las élites.

En el nudo de la tormenta de todas las crisis, como la que pasamos en plena primera vuelta, un grupo ultraconservador como el de López Aliaga apenas obtuvo 9.55% de los votos y la mejor manera de darse cuenta de que no era un voto ideológico de ultraderecha sino una reacción expectante a un candidato disruptivo, fue que en la segunda vuelta, casi un 20% de los votantes de López Aliaga lo hicieron por Castilllo, supuestamente ubicado en las antípodas ideológicas y políticas.

La ultraderecha es bullanguera, tiene respaldo de grupos económicos, tiene medios de comunicación alineados, pero carece de base sociológica para prosperar. Es muy difícil que la DBA, a rostro descubierto, logre dejar de ser una expresión antidemocrática minoritaria.

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DBA, Pedro Castillo

[CAJA NEGRA] Es hora de poner énfasis en la medición y seguimiento de aquellos indicadores económicos que más le importan a los hogares peruanos y en donde vamos de caída. Estamos incluso peor que en el 2020. Ojo al piojo.

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MEF, Pedro Castillo
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