[Música Maestro] Provengo de una generación para la cual pensar en grandes conciertos en Lima era un sueño imposible. Y no es que nunca nos visitaran artistas de renombre. De hecho, desde los años ochenta los mejores salseros, merengueros, boleristas y baladistas llegaron al Perú para ofrecer recitales en teatros, hoteles, coliseos o El Gran Estelar de la Feria del Hogar. Incluso en la época del boom del rock en castellano, sus máximos exponentes pisaron nuestro que fue, en muchos casos, el inicio de exitosas carreras posteriores. Pero en cuanto a artistas no latinoamericanos, con la excepción de Richard Clayderman y el extraño fenómeno del grupo francés Indochine, nadie pisaba estas tierras ni de casualidad.
El quiebre llegó en la primera mitad de los noventa, con conciertos de estrellas del rock clásico como Jon Anderson (vocalista de Yes), Foreigner o Jethro Tull, los primeros tras las cancelaciones de Bon Jovi y Michael Jackson, por motivos de seguridad relacionados a la situación de violencia armada. Para fines de esa década, sin embargo, el panorama comenzó a cambiar y hoy, recibir conciertos de gran formato es moneda corriente en Lima, tanto de músicos consagrados como de aquellos en plena y ascendente moda mundial, en todos los estilos imaginables.
En simultáneo con la incertidumbre de estas semanas post-electorales, ha habido varios conciertos -y se vienen anunciando otros- que funcionan como consuelo y escapismo, pero también como muestra de que el Perú sigue vivo gracias al poder de la inercia. Como sabemos, la industria de conciertos genera enormes movimientos que van de lo logístico a lo económico y hasta turístico, dependiendo del artista. Así, tanto las masas seguidoras de modas desechables como las minorías fieles a intérpretes con trayectoria -algunas verdaderamente de culto-, tienen motivos para estar contentos y no escatiman esfuerzos -ni gastos- cuando se trata de responder entusiastamente a la diversa agenda de espectáculos musicales en venta.
Mientras las muchedumbres convencionales aguardan con ansiedad a Ricardo Arjona o a BTS, se apelotonan en el Estadio Nacional para un festival de salsa/cumbia/reggaetón o deliran con la enésima visita de Sebastián Yatra, otros celebramos la llegada de icónicos artistas de distintas épocas y registros. En medio, bocanadas de aire fresco como la de los chilenos Candelabro -con un público joven que no dejó de saltar y gritar “¡Fujimori nunca más!”- nos hacen pensar que, por lo menos desde las tribunas musicales, todavía hay quienes nos permiten descargar toda esa frustración que deja la mal habida política y su eterna vocación por lo abiertamente ridículo, pernicioso y corrupto.
Dream Theater: Bajo cielo peruanos
Dieciséis años después de su primera visita, los maestros del metal progresivo ofrecieron una épica noche con lo mejor de su amplio catálogo, el martes 21 de abril. James LaBrie (voz, 62), John Petrucci (guitarras, 58), John Myung (bajo, 59), Jordan Rudess (teclados, 69) y Mike Portnoy (batería, coros, 58) dejaron boquiabiertos una vez más a su público cautivo -aspirantes a músicos, conocedores, fanáticos de la velocidad y la técnica instrumental- con esas reconocidas habilidades que, por momentos, parecen sacadas de una dimensión sobrenatural.
La gira que vienen realizando sirve para presentar en vivo las canciones de su décimo séptimo álbum, Parasomnia (2025), que trajo de vuelta a Portnoy, fundador del grupo que se había alejado el 2010. En sus canciones confluyen con naturalidad las atmósferas etéreas de Pink Floyd con el vértigo de Rush, la vocación melódica de Styx con el peso rotundo de Black Sabbath, la destreza instrumental de Yes con el frenesí de Iron Maiden.
La primera mitad fue un sustancioso recorrido por algunos de sus clásicos -canciones de álbumes como Images and words (1992), Octavarium (2005), Awake (1994) o Metropolis Pt. 2: Scenes from a memory (1999). Durante ese set, destacó Peruvian skies (Falling into infinity, 1997) que, por razones obvias, es una de las favoritas del público local. En el tema introdujeron fragmentos de Pink Floyd (Wish you were here, 1975) y Metallica (Wherever I may roam, 1992). Y para la tercera parte, hicieron volar a sus fanáticos con la suite A change of seasons, tema-título del disco homónimo de 1995.
Isabel Pantoja: 50 años de trayectoria
Una de las intérpretes de baladas en nuestro idioma más exitosas y queridas en el Perú es la española Isabel Pantoja (69), poseedora de un repertorio exquisito y una emotiva voz que conquistó los corazones del público con su décimo LP Marinero de luces (1985), en el que aparecen las canciones que hasta ahora suenan en las emisoras dedicadas a este género musical, compuestas por su compatriota José Luis Perales e inspiradas en un evento extremadamente personal, la trágica muerte de su primer esposo, el torero Francisco Rivera, más conocido como “Paquirri”.
Ayer, lunes 27, Pantoja se reencontró con sus admiradores peruanos en un recital que es parte de las celebraciones por sus cincuenta años de trayectoria. La intérprete de éxitos como Hoy quiero confesarme, Era mi vida él o Marinero de luces entregó todo de sí sobre el escenario, derrochando elegancia y talento. Aun cuando su imagen personal se vio perjudicada por serios problemas judiciales, a raíz de su involucramiento en comprobados casos de corrupción de Julián Muñoz, exalcalde de Marbella quien fuera su pareja, que incluso la llevaron dos años a la cárcel, regresó a los escenarios hace una década, cosechando nuevos logros artísticos en cada país que visitó desde entonces.
Durante la velada, Isabel Pantoja ofreció una amplia selección de canciones, cubriendo tanto las exitosas baladas con la que se hizo famosa en toda Latinoamérica como aquellas con las que inició su camino en el canto andaluz, tonadillas de Sevilla, su ciudad natal, grabadas entre 1971 y 1983, así como boleros y melodías clásicas del cancionero latino incluidas en dos de sus discos más contemporáneos, 10 boleros y una canción de amor (2007) o Canciones que me gustan (2020).
Megadeth: La última despedida
El thrash metal sigue de pie gracias a bandas como Megadeth, liderada por el guitarrista, compositor y vocalista Dave Mustaine, una de las figuras más trascendentales para el desarrollo y la vigencia del rock duro desde que fundó este grupo en 1984, tras su abrupta salida de Metallica. El jueves 23 de abril, mientras los medios confirmaban que no habría “elecciones complementarias”, miles de headbangers bajaron a la Costa Verde para sacudirse una vez más con los intrincados solos y las agresivas canciones de Mustaine quien, a sus 64 años y habiendo superado al cáncer, continúa remeciendo cada escenario que pisa.
Megadeth es, actualmente, una banda multinacional. Dirk Verbeuren, el baterista, es belga, mientras que Teemu Mäntysaari, quien cubre con absoluta justicia el lugar que alguna vez ocuparon los hiper talentosos Marty Friedman, Chris Broderick o el brasileño Kiko Loureiro, llegó desde Finlandia para aportar su impresionante dominio de las guitarras de siete cuerdas. Cierra el cuarteto el bajista norteamericano James LoMenzo, exintegrante de los ochenteros White Lion, recordados por su exitosa power ballad When the children cry (Pride, 1987).
Esta fue la quinta visita de Megadeth al Perú y, como en las anteriores, el público se conectó intensamente con un setlist que tuvo desde temas de su más reciente producción, Megadeth (2026) hasta clásicos como Holy wars… The punishment due, Tornado of souls (Rust in peace, 1990), Peace sells (Peace sells… but who’s buying?, 1986), Mechanix (Killing is my business… and business is good!, 1985), entre muchas otras. Anunciada como la gira despedida de esta poderosa banda metalera, su actuación dejó a todos contentos y exhaustos, pidiendo más.
Caifanes y Bunbury: Rock en español noventero
Para septiembre y noviembre se anuncian dos conciertos que nos traerán la nostalgia de una de las décadas más interesantes para el pop-rock en nuestro idioma. Primero vendrá una de las bandas más importantes de México, liderada por el cantautor y guitarrista Saúl Hernández (62).
Entre 1988 y 1995, Caifanes fue la respuesta del rock alternativo al imperio popular de Maná, con álbumes que sonaban a new wave y post-punk con fuertes dosis de ritmos latinos, algunos de ellos producidos por el guitarrista norteamericano Adrian Belew (Talking Heads, King Crimson). Su versión del clásico guarachero de los años treinta, La negra Tomasa (1988), los posicionó como una rara avis en el panorama del pop-rock en español.
Caifanes llega con tres de sus integrantes originales, Saúl Hernández, Diego Herrera (teclados) y Alfonso André (batería). Los músicos que reemplazan a los históricos Sabo Romo (bajo) y Alejandro Marcovich (guitarra) vienen alternando con ellos desde la reformación de Caifanes en el 2011 y su proyecto hermano, Jaguares. Canciones como Viento, No dejes que…, Aviéntame, Perdí mi ojo de venado, Afuera, entre otras, serán sin duda parte de esta tocada.
Luego llegará Enrique Bunbury (58), o simplemente Bunbury, como se le conoce desde que inició su carrera solista hace casi treinta años. Su combinación de pop-rock, vaudeville, música circense y latinoamericana lo ha convertido en uno de los artistas más interesantes y auténticos de la escena hispanoamericana. Aunque sigue siendo recordado como vocalista de Héroes del Silencio -uno de los grupos más importantes de la historia del rock en España- ya ha triplicado la cantidad de álbumes que hizo con el cuarteto que lideró entre 1987 y 1995.
Helloween y Iron Maiden remecerán Lima
Los metaleros de corazón estamos esperando con ansias las nuevas visitas de dos de las bandas fundamentales de este género que emociona y libera tensiones gracias a su potencia, energía y velocidad, al margen de los sonidos convencionales de las radios y lo suficientemente accesible para no generar rechazo en públicos intermedios.
Desde Inglaterra, por tercera vez y después de década y media, llega “La Doncella de Acero” con toda la fuerza y experiencia para celebrar con el público peruano sus 50 años en la ruta del metal. Run for your lives, paráfrasis de una de sus canciones clásicas, incluida en su xxx álbum, xxx (198x) es la gira mundial que trae al sexteto conformado por Bruce Dickinson (voz), Dave Murray, Adrian Smith, Janick Gers (guitarras), Steve Harris (bajo) y Simon Dawson (batería), quien reemplaza desde hace un año a Nicko McBrain, quien decidió renunciar tras superar diversos problemas cardiacos. El show será el 17 de octubre, en el Estadio Nacional. La próxima semana tendremos un anticipo con el estreno en salas limeñas del documental Iron Maiden: Burning ambition, sobre sus cinco décadas.
Y, desde Alemania, los reyes del speed metal Helloween nos visitarán también por tercera vez. Considerados por la prensa especializada como la banda europea/no inglesa más influyente del heavy metal, inició su carrera con una tríada de excelentes LP editados por el sello Noise Records: Walls of Jericho (1985) y las dos partes de Keeper of the seven keys (1987 y 1988), con sonidos de influencias sinfónicas e historias épicas que sirvieron para iniciar un nuevo subgénero, el power metal. desde entonces, han lanzado una docena de discos de alto calibre para su legión de seguidores.
La alineación actual de Helloween incluye a los históricos Michael Weikath (guitarras), Markus Grosskopf (bajo) y Andy Deris, Michael Kiske (voz) y al legendario Kai Hansen (guitarras), quien fundara la banda en 1984 y se retirara poco después para dedicarse a Gamma Ray, otra pionera del power metal. Desde hace cinco años, Hansen volvió a Helloween para celebrar los cuarenta años de vida del grupo. El grupo de la calabaza de malévola sonrisa tocará en el Parque de la Exposición el 9 de septiembre.
Korn: El poder del nu metal
Mayo será el mes de la tercera visita de Korn, una de las bandas más representativas del “nu metal”, una corriente que desplazó en popularidad al grunge de Nirvana, Soundgarden y Pearl Jam, durante la segunda mitad de los noventa. Junto con Limp Bizkit y Deftones, los liderados por el vocalista Johnatan Davis y los guitarristas James «Munky» Shaffer y Brian «Head» Welch -los tres de 55 años- prometen llenar de angustia y catarsis el aire frío de la Costa Verde con sus estruendosos gritos y profundas bases rítmicas.
Entre 1994 y 1999 Korn lanzó los icónicos álbumes Korn (1994), Life is peachy (1996), Follow the leader (1998) e Issues (1999), simbolizando el espíritu de una nueva generación que, poco después, comenzó a generar su propia subcultura, cruzando caminos con otros derivados del grunge como el emo -asociado al punk en sus versiones más melódicas- y el death metal gótico, fenómenos juveniles de raigambre norteamericana que tuvieron enorme resonancia en nuestra región.
El poder vocal de Davis -que pasa de la tensa calma susurrada a intensos y guturales alaridos- y su particular sentido de la estética, siempre con dreads y casacas de cuello alto, se convirtieron en imagen representativa de su propuesta, mientras que el profundo bajo funky de Reginald “Fieldy” Arvizu hacía contraste con las densas guitarras de Head y Munky. Arvizu, uno de los fundadores del quinteto, se retiró lamentablemente de la banda hace algunos años, en el 2021, y su lugar ha sido ocupado por un elenco cambiante de músicos desde entonces.
Public Image Ltd.: La decadencia
La semana pasada cantó, en Barranco, ante un reducido público, una de las personalidades más trascendentales de la subcultura punk, otrora generador de algunos de los momentos más rebeldes y políticamente incorrectos que se hayan visto en setenta años de rock. Irlandés de nacimiento y criado en un barrio londinense de clase trabajadora, John Lydon fue sacado de los tugurios en los que se movía por el empresario Malcolm McLaren (1946-2010), en 1977.
Debido al descuido y la pobreza, sufrió el deterioro de varias de sus piezas dentales, por lo que adoptó un alias de lo más chocante en su época, “Johnny Rotten” (Juancito Podrido) y se convirtió en vocalista de Sex Pistols, cuarteto al que le bastó un solo LP para ingresar a la historia, el corrosivo Never mind the bollocks, here’s the Sex Pistols (1977). Después, Lydon lanzó su propio grupo, Public Image Ltd -o simplemente PiL- con quienes se estableció como pioneros del post-punk.
Entre 1978 y 1992, PiL lanzó ocho discos de consistente rock experimental -los melómanos peruanos recordarán que Cucho Peñaloza usó, en una de las temporadas de su programa TV Rock, la canción Public image (First issue, 1978), al margen del desarrollo comercial de la new wave y electropop, con un sonido más arrugado que se permitía jugar incluso con la electrónica y el dub.
Su llegada a Lima activó a los más nostálgicos, aunque su perfil personal -nacionalizado norteamericano desde el 2013, devenido en participante de realities y actual seguidor de Donald Trump, con todo lo que eso implica- lo ha convertido en una caricatura de sí mismo. A sus 70 años, Johnny Rotten, la voz que causaba temor con himnos anárquicos como Pretty vacant o Anarchy in the UK, ya no asusta a nadie.







