[El dedo en la llaga]  El 14 de febrero de 2025, en el marco de la Conferencia de Seguridad realizada en Múnich (Alemania), el actual vicepresidente de los Estados Unidos, JD Vance, lanzó un discurso criticando a las democracias europeas sobre todo por haber permitido una migración masiva y limitar la libertad de expresión de sus ciudadanos. En sus propias palabras, «la amenaza que más me preocupa en Europa no es Rusia, no es China, no es ningún otro actor externo. Y lo que me preocupa es la amenaza desde dentro: el retroceso de Europa en algunos de sus valores más fundamentales. Valores compartidos con los Estados Unidos».

Lo paradójico del asunto es que las críticas provienen de una autoridad política de un país (Estados Unidos) que ocupa el puesto 29 en el Índice de Democracia 2024 de la revista The Economist —siendo catalogado como una democracia deficiente—, mientras que Alemania, país anfitrión de la Conferencia de Seguridad, ocupa actualmente el puesto 13 y es considerado una democracia plena. Es algo así como que el discípulo le quiera enseñar algo al maestro, escueleándolo con arrogancia. Porque este último ingrediente, compartido por quienes tiene la sartén por el mango en la administración Trump, no suele faltar en las intervenciones de esa cúpula ultraderechista y conservadora, como se evidenció recientemente —el viernes 28 de febrero— en las conversaciones públicas de Donald Trump y JD Vance con el presidente de Ucrania Volodímir Zelenski en la Oficina Oval de la Casa Blanca.

Regresando a Múnich, esto es lo que dijo JD Vance sobre el tema de la libertad de expresión:

«Me temo que la libertad de expresión está retrocediendo. Y, queridos amigos, en aras del humor, pero también de la verdad, estaré dispuesto a admitir que, a veces, las voces más fuertes a favor de la censura no provienen de Europa, sino de mi propio país, donde la administración anterior amenazó e intimidó a las redes sociales para que censuraran lo que ella llamaba desinformación. Desinformación, como por ejemplo la idea de que el coronavirus probablemente se había escapado de un laboratorio en China. Nuestro propio gobierno animó a las empresas privadas a silenciar a las personas que se atrevían a decir lo que resultó ser una verdad evidente».

Parece que JD Vance considera la libertad de expresión como un derecho absoluto, cuando en realidad en todas las legislaciones de países democráticos —incluso en los Estados Unidos— está sujeta a ciertas limitaciones. En muchos países se imponen restricciones cuando ciertas personas se amparan en la libertad de expresión para difamar, incitar al odio, a la violencia o para afectar derechos de terceros, entre ellos el derecho a la privacidad, sobre todo cuando ésta carece de todo interés público.

La desinformación atenta contra el derecho de los ciudadanos a conocer la verdad, pues niega o tergiversa hechos que han sido debidamente probados o corroborados. O determina hechos basándose en supuestos o creencias sin contar con ninguna evidencia anclada en la realidad. Como la misma afirmación que hace JD Vance de que el coronavirus se originó en un laboratorio en China, lo cual no sólo nunca ha sido demostrado ni corroborado, sino que resulta altamente improbable.

En el ámbito periodístico, cuando se presentan noticias existe la obligación de enfocarse en la objetividad y en la presentación de hechos verificables. Pero cuando se trata de opiniones, se trata de interpretaciones subjetivas, análisis, suposiciones sobre aquello que aún no se sabe o no ha sido debidamente aclarado, y en esto se goza de libertad plena. Siempre habrán opiniones distintas y alternativas. Peo lo que no puede haber son hechos alternativos, donde se presenta una narrativa distinta a hechos debidamente corroborados, simplemente porque no se ajustan a la propia ideología. Parece que se quisiera aplicar lo que decía el filósofo inglés John Locke (1632-1704), uno de los padres del liberalismo clásico: «si la realidad no coincide con mis palabras, peor para la realidad». La desinformación no puede tener carta libre en una sociedad democrática, pues atenta contra el derecho a saber la verdad.

Ignorando no sólo este principio sino también las legislaciones de países democráticos al respecto, JD Vance prosigue:

«Y creo que, en el fondo, permitir que nuestros ciudadanos expresen su opinión los hará aún más fuertes. 

Lo que, por supuesto, nos lleva de vuelta a Múnich, donde los organizadores de esta conferencia prohibieron a los legisladores que representan a los partidos populistas de izquierda y derecha participar en estas conversaciones.

Ahora bien, tampoco estamos obligados a estar de acuerdo con todo o parte de lo que dicen las personas, pero cuando las personas, cuando los líderes políticos representan a un distrito importante, al menos tenemos la responsabilidad de dialogar con ellos. Sin embargo, para muchos de nosotros, al otro lado del Atlántico, todo esto se parece cada vez más a viejos intereses bien establecidos que se esconden detrás de palabras horribles de la era soviética como desinformación y mala información, y que simplemente no les gusta la idea de que alguien con un punto de vista diferente pueda expresar una opinión distinta o, Dios no lo quiera, votar de manera diferente o, peor aún, ganar una elección».

JD Vance parece estar aquí defendiendo la libertad de expresión que ejerció Adolf Hitler, cuando le echaba la culpa a los judíos de los males que sufría Alemania, sin ningún sustento en la realidad. Hitler era un maestro de la desinformación, y basándose sobre ella fomentó el odio contra grupos determinados de la sociedad alemana de la época, no sólo contra los judíos, sino también contra los gitanos, los comunistas, los homosexuales y los discapacitados.

En la Alemania contemporánea, la negativa a colaborar con partidos populistas —como, por ejemplo, la Alternativa para Alemania— se justifica en el rechazo a discursos que fomentan el odio y el desprecio hacia determinadas minorías, los cuales constituyen delito. Atribuirle a la migración la crisis económica o el aumento de la delincuencia no condice con los datos que manejan los expertos. Más bien, la migración ha contribuido a que Alemania mantenga cierto nivel económico, siendo las causas de la crisis otras distintas, causas que no ha sabido enfrentar adecuadamente el gobierno del saliente canciller Olaf Scholz. La libertad de expresión no debe tolerar que se busque un chivo expiatorio y se fomente el odio contra migrantes —muchos de ellos musulmanes— sólo por no encajar con el perfil de “lo alemán”, entelequia ideológica de los partidarios de la ultraderecha, similar en muchos puntos al concepto de “lo ario” que manejaba el nazismo.

Eso nos recuerda la paradoja de la tolerancia que planteaba el filósofo austriaco-británico Karl Popper (1902-1994) en el año 1945:

«La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia. Con este planteamiento no queremos significar, por ejemplo, que siempre debamos impedir la expresión de concepciones filosóficas intolerantes; mientras podamos contrarrestarlas mediante argumentos racionales y mantenerlas en jaque ante la opinión pública, su prohibición sería, por cierto, poco prudente. Pero debemos reclamar el derecho de prohibirlas, si es necesario por la fuerza, pues bien puede suceder que no estén destinadas a imponérsenos en el plano de los argumentos racionales, sino que, por el contrario, comiencen por acusar a todo razonamiento; así, pueden prohibir a sus adeptos, por ejemplo, que prestan oídos a los razonamientos racionales, acusándolos de engañosos, y que les enseñan a responder a los argumentos mediante el uso de los puños o las armas. Deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes».

JD Vance termina su discurso de la siguiente manera:

«Creer en la democracia es comprender que cada uno de nuestros ciudadanos tiene sabiduría y voz. Y si nos negamos a escuchar esa voz, incluso nuestras luchas más fructíferas no llegarán a ninguna parte. Como dijo una vez el papa Juan Pablo II, que en mi opinión es uno de los mayores defensores de la democracia en este continente y en cualquier otro, no tengan miedo. No debemos tener miedo de nuestro pueblo, incluso cuando expresa opiniones que no están de acuerdo con sus líderes».

Coherente con su incoherencia, el vicepresidente estadounidense culmina su discurso con información falsa, pues el tema de la democracia apenas aparece en los discursos de Juan Pablo II y durante su pontificado se aprobó el Catecismo de la Iglesia Católica, donde la palabra “democracia” brilla por su ausencia.

Y si bien es preocupante el avance de la extrema derecha en Alemania, en una cosa le doy la razón a JD Vance. El domingo 23 de febrero el pueblo alemán expresó su voluntad en las urnas. Y cerca del 80% de los votantes le dieron la espalda a la ultraderechista Alternativa para Alemania.

[Migrante al paso] Estábamos en Lisboa, descansando con mi viejo después de un tramo de subidas y bajadas, mientras mi madre compraba en una tienda. Entre sorbos de Coca-Cola, empezamos a hablar sobre mi escritura.

—¿Cómo van tus cuentos y tu novela? —me preguntó, con su tono clásico de voz, entre agresivo y cariñoso.

Notamos algo peculiar, una de esas cosas que solo ciertas ciudades pueden ofrecer: un olivo al costado del mar. Pero lo sorprendente no era el árbol en sí, sino el hecho de que crecía sobre las cenizas de José Saramago, Premio Nobel de Literatura y autor de Ensayo sobre la ceguera. Me sentí pequeño y mediocre. Saramago escribió durante toda su vida, pero su obra maestra la creó a los 72 años. Pasó más de tres décadas sin publicar porque sentía que no tenía nada que decir. Mientras tanto, trabajó como mecánico, en la Seguridad Social, como periodista y traductor. No solo fue escritor. Era conocido por ser mil oficios.

Ese momento me hizo entender algo: antes de vivir de la escritura, hay que vivir. Para cumplir mi sueño de ser escritor, aún siendo joven, tengo que trabajar, conocer el mundo, experimentar. No basta con imaginar historias, hay que vivirlas. Ya tuve una buena dosis de viajes, pero hay varios tipos de viaje. Lo seguiré haciendo cada vez más a menudo.

Cuando estaba en el colegio, como castigo, trabajé en un negocio de mis tíos. Había jalado unos cursos y era una manera de pagar mi vacacional. No me disgustó del todo. Me hice amigo de mis compañeros de trabajo. Era el sobrino del dueño, pero creo que el cariño era genuino. Cuando iba a comer con mi familia, todos me saludaban y me llamaban Pancho, como todos mis amigos.

Básicamente, limpiaba sábanas y lo que se usaba en cuartos, además de llevar un registro del stock de productos. Siempre había uno que otro chocolate que podía agarrar. La mente glotona no tiene límite. Fue todo un enfrentamiento para mí, porque era extremadamente asquiento y veía de todo. A veces veía cosas que en aquel momento no entendía, hasta me asustaba. Aprendí bastante de mi primera experiencia laboral. No fue nada formal, pero entendí un poco más cómo funcionan las cosas. La realidad social está plagada de intervenciones humanas en lo más profundo. Eso nos sumerge en este sistema de leyes no naturales. Yo siempre luchando para no entrar en ella, pero es inevitable al final.

FOTO 1

Antes de la pandemia, después de muchas carreras y estudios no culminados, incluso antes de vivir en Buenos Aires, donde comencé a trabajar como cronista, fui periodista, específicamente redactor. Había escuchado que ese mundo era arduo, hecho para quienes son resilientes. Un ambiente muy duro y de presión.

—Si no te gusta el calor, no trabajes en la cocina —me decía mi padre.

Mi experiencia fue muy distinta, pero así era en la vieja escuela. En ese lugar amigable, descubrí tipos de personas que no había tenido el lujo de conocer. Redescubrí mi pasión por la escritura viendo a los demás redactores haciendo ruido mientras tecleaban. No es que me encantara escribir sobre la nueva canción de la Tigresa del Oriente, como a veces ocurría, pero aprendí que de cualquier tema se puede crear algo interesante. Toda noticia tiene una manera de ser agradable de escribir. Tal vez escribir es lo contrario, un proceso que necesita que uno se desvíe, que pase por trabajos, viajes y encuentros inesperados.

Mi otro sueño es recorrer el mundo, no solo por conocer lugares, sino porque sé que hay algo en cada espacio que cambia la forma en la que uno mira. Ahora he empezado un nuevo empleo y, lejos de alejarme de la escritura, siento que la nutre, que me hace verla desde otro ángulo. Está en mi naturaleza explorar y si mis circunstancias no me lo permiten puedo seguir siendo un pirata que navega en su oficina.

Esta vez tengo horario de oficina. Para mí, levantarme a las 8 a.m. es una locura. Antes me refería a esa hora como madrugada. Me acostumbré y hasta me gustó. Y eso que no es presencial. No sé si es el hábito o simplemente que he encontrado cierta estabilidad, pero ya no me pesa tanto como al principio. Son demasiadas cosas nuevas, la planilla, el bono, la gratificación. No tenía idea qué eran.

Desde que hacía karate o jugaba fútbol no sentía la motivación que siento ahora. Es diferente, claro, pero hay algo en esta rutina que me mantiene despierto. He pasado malos humores y momentos de flojera, pero de alguna manera me siento animado y curioso, como un aprendiz de un nuevo mundo. Y en realidad, lo es. A veces me detengo a pensar en cómo he cambiado, en cómo hace un tiempo no me habría imaginado disfrutando algo así.

Aprendí que llevarme bien y ser amigable es mejor, no solo en lo personal, sino también en lo laboral. En un trabajo cooperativo como éste, todo fluye mejor cuando hay buen ambiente. Ser una pieza dentro de algo más grande tiene su propio sentido de orden. Antes me habría parecido impensable decir algo así, pero aquí estoy. Es una lástima ya no poder levantarme de mal humor, pero qué se puede hacer. Lo peor, es dormir temprano, casi una tragedia para mí.

Ahora que veo temas políticos, legales y empresariales, me doy cuenta de que existe una especie de cortina virtual que separa el día a día de muchas personas de otro mundo que siempre ha estado ahí, pero que no todos perciben. Es como si fuera un sistema que opera en segundo plano, una estructura construida y mantenida por personas, aunque la mayoría sólo ve la superficie. No me siento atrapado, al contrario. Sigo adelante, aprendiendo y adaptándome, sin perder al escritor errante que siempre llevo dentro.

Son dos los riesgos políticos que la democracia debe sortear este 2026 si quiere ser parte de un proceso de reconstrucción de la democracia y romper la espiral de deterioro a la que el Ejecutivo aliado al Congreso han conducido al país.

Uno primero, es el triunfo de un radical populista, sea de derecha o de izquierda, que decida hacer tabla rasa, en base a su probable popularidad, de lo poco que queda de institucionalidad democrática en el país. Otro segundo, es la aparición de un outsider aventurero, sin programa ni cuadros, que irrumpa a la hora nona en medio de la multitud de agrupaciones que tentarán suerte el 2026 (Castillo es la más cercana medida del desastre que podría avecinarse).

A los radicales populistas se les combate con política, con planes de gobierno eficaces y vendibles, con cuadros técnicos, con frentes sociales (ya que las coaliciones electorales no prosperarán, por lo visto). A los outsiders, haciendo política anticipada, desde ya, sin esperar a diciembre de este año para aparecer, imitando justamente a los referidos outsiders, como parecen pretender sinfín de candidatos que guardan perfil bajo en estos momentos.

Corresponde dar un golpe certero a la narrativa populista que ofrece soluciones fáciles a problemas complejos. Los ciudadanos, cansados de promesas vacías, claman por alternativas realistas, pero con una visión a largo plazo.

Un aspecto clave es el fortalecimiento de la institucionalidad. Los outsiders, con su discurso anti-establishment, ganan terreno precisamente porque la percepción de que las instituciones no funcionan es cada vez más fuerte. Si el Ejecutivo y el Congreso no maduran políticamente y no ponen de su parte, se abrirá espacio para que los populistas se presenten como salvadores.

Es urgente, además, trabajar sobre los problemas reales de la gente: la inseguridad, la pobreza, el desempleo. Combatir a los radicales populistas no es solo una cuestión de teoría política, sino de ofrecer soluciones concretas y cercanas a la gente. De nada sirve atacar a los outsiders si no se presenta una alternativa viable que, además, resuelva de manera efectiva las demandas populares.

Con un lenguaje claro y sencillo, libre de tecnicismos, conectando con un electorado que se siente desconectado, la política puede y debe recuperar su capacidad de entusiasmar, de motivar a la acción, pero sobre todo, de generar esperanza.Si no se hace así, estaremos condenados y el 2026 será el parteaguas democrático del país.

La del estribo: amante de las novelas históricas, leo con pasión y con culpa -por no haberlo hecho antes-, Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, bajo la inspiración estimulante del club del libro de Alonso Cueto. Muy recomendable para buenos momentos de solaz y de aprendizaje histórico.

Tags:

elecciones 2026, pie derecho, Sudaca, Sudaca Perú

[Música Maestro] En cuatro meses habrá una fiesta metalera en Inglaterra. El estadio del Aston Villa, uno de los equipos más conocidos e importantes de la Premier League -que alguna vez tuvo como arquero al gigante Peter Schmeichel, con capacidad para más de cuarenta mil personas, se convertirá en un oscuro templo dedicado a la despedida de la banda que es, por consenso general, creadora absoluta del heavy metal como concepto, sonido y actitud, Black Sabbath.

El cuarteto original -Ozzy Osbourne (76, voz), Tony Iommi (77, guitarra), Geezer Butler (75, bajo) y Bill Ward (76, batería)- subirá nuevamente al escenario, después de veinte años de su última aparición pública oficial en el Ozzfest del 2005, en un concierto titulado Back to the beginning, a realizarse en el coloso futbolero deBirmingham, ciudad donde nació el grupo allá por 1968, el próximo 5 de julio.

La última vez que Black Sabbath se presentó en vivo de manera oficial no lo hizo con sus cuatro miembros fundadores. En aquella gira, titulada The end, el lugar de Bill Ward fue ocupado por Tommy Clufetos, experimentado músico de sesión que aportó su juventud y energía a aquella versión de Black Sabbath, con Ozzy aun en pie. Clufetos también tomó las baquetas para la gira promocional de 13, su décima novena placa, en reemplazo de Brad Wilk, de Rage Against The Machine, quien a su vez había sustituido a Ward para aquel trabajo en estudio.

En ese tour mundial, que tuvo en total 80 presentaciones en más de 30países, Black Sabbath hizo un recorrido por lo mejor de esos diez primeros años comprendidos entre 1968 y 1978, haciendo conciertos de una hora y media de duración, en un despliegue notable de esfuerzo y precisión que fue, para muchos, más que suficiente como acto dedespedida. Después de todo, sus cuatro integrantes son sobrevivientes de una de las trayectorias más extremas de la historia del rock, viviendo al filo de la cornisa y con toda clase de excesos. El último concierto de la gira sirvió de base para un alucinante CD/DVD titulado The end of the end: Live in Birmingham.

Revisando las imágenes de aquella espectacular velada -en la que además participó, en los teclados, Adam Wakeman, hijo de Rick (sí, el de Yes)– queda claro cómo sonarán los amos del metal cuando llegue el momento. A muy pocas bandas del periodo dorado del rock clásico le va bien eso de tocar sus canciones un semitono o un tono por debajo de las grabaciones originales. Black Sabbath es una de ellas. Con tonalidad más grave, los pesados riffs y solos electrizantes de Tony Iommi quedan más amenazantes y el bajo de Geezer Butler suenaprofundamente denso y nítido.

Entre 1970 y 1978 Black Sabbath lanzó ocho discos. Los cinco primeros –Black Sabbath, Paranoid (1970), Master of reality (1971),Vol. 4 (1972) y Sabbath bloody Sabbath (1973)– incluyen temas que forman parte del canon fundacional del heavy metal. En cambio, los tres discos siguientes –Sabotage (1975), Technical ecstasy (1976) y Never say die! (1978)– muestran algunas variaciones en el sonido, combinando su ataque metalero con incursiones en el pop (Am I going insane? (Radio), 1975) y hasta un instrumental de jazz-rock (Breakout, 1978).

Entre los años 1980 y 1996, antes de la primera reunión del cuarteto que se despedirá del público este 5 de julio, hubo un primer momento brillante con la llegada del imponente Ronnie James Dio (1942-2010), ex vocalista de Rainbow, en reemplazo de Ozzy y, posteriormente, el empuje de Iommi mantuvo a flote al grupo con diversos cambios de personal que, con sus propios altibajos, no tuvo el mismo impacto que aquella década inicial, un periodo que merece un artículo aparte.

La historia de Black Sabbath se remonta a los últimos años de la década de los sesenta, marcada por el auge de la generación Woodstock en los Estados Unidos (psicodelia y folk-rock) mientras que, en Inglaterra, tras la tormenta de la Beatlemanía y la primera Invasión Británica, comenzaron a aparecer bandas que expresaban sus inquietudes artísticas a través de relecturas del blues y el R&B norteamericanos. En esa escena, altamente creativa y de efervescente competencia, iban surgiendo músicos por todas partes tratando de incorporar elementos innovadores a sus composiciones.

En Birmingham, un cuarteto de veinteañeros desadaptados comenzó a tocar blues en los tugurios de la zona industrial de esta ciudad meridional, futura cuna de otros astros de la música popular contemporánea como Steve Winwood, Electric Light Orchestra o Duran Duran. Antes de llamarse Black Sabbath, se presentaron como The Polka Tulk Blues Band (1967) y Earth (1968). Sin embargo, la adopción del nuevo nombre vino acompañada por un giro absoluto en la música que hacían, que sería a la vez novedoso y supuestamente anticomercial.

En sus comienzos, todos compartían un genuino interés por dos cosas: el blues y las películas de terror. Y les llamaba la atención -en especial a Geezer Butler– ver las tremendas colas de personas que esperaban para ingresar a cada estreno de largometrajes sobre monstruos y hechos paranormales. Entonces, un día Butler les comentó a sus compañeros: “Si la gente paga para asustarse en el cine, seguro también pagará para escuchar canciones terroríficas”. Con esta frase se cerró uno de los mejores estudios de mercado de la historia del rock.

De carátula oscura y canciones sobre posesión diabólica, aparicionesfantasmales y demonios enamorados, el epónimo disco debut de Black Sabbath fue un sorpresivo éxito de ventas. Sobre el nombre del grupo, la historia más conocida es que salió de una película de terror italianode 1963, protagonizada por el legendario actor británico Boris Karloff (1887-1969). Sin embargo, la banda norteamericana de rock psicodélico Coven había lanzado, medio año antes, un álbum titulado Witchcraft destroys minds & reaps souls, cuya primera canción se llamaba… Black Sabbath. Y, para colmo, el bajista de aquel olvidado grupo era Oz Osbourne, lo que habría inspirado el mote Ozzy del excéntrico vocalista británico (su nombre real es John Michael). De hecho, en una crónica para la revista Rolling Stone, el crítico Lester Bangs describió a Black Sabbath como “un cruce entre Cream y Coven”.

Las letras las escribieron a cuatro manos Geezer Butler y Ozzy Osbourne y, para la música, apareció el genio creativo del guitarrista Tony Iommi, quien basó sus composiciones en el uso de tritonos. En teoría musical, un “tritono” es un intervalo que abarca tres tonos completos adyacentes o seis semitonos, “que no es lo mismo, pero es igual”, parafraseando a Silvio Rodríguez. A esta combinación de notas se le conoce desde el siglo XVIII como “diabolus in musica” o “el diablo en la música” por sus disonancias siniestras y sobrecogedoras.Si a eso le agregamos la imaginería ocultista -cruces invertidas, textos que recrean historias terroríficas sacadas de cuentos de Dennis Wheatley (1897-1977), H. P. Lovecraft (1890-1937) y hasta la presencia del mismísimo creador de la “Iglesia de Satán”, el norteamericano Anton LaVey (1930-1997), en la fiesta de presentación de su álbum debut -algo que fue planificado por los productores sin avisarles- el mensaje estaba claro: Black Sabbath era una banda de temer.

Ozzy Osbourne fue despedido de mala manera por sus compañeros en 1978, poco después de la gira promocional del octavo álbum Never say die! (1978) –aquí podemos ver un concierto de esa época- y, posterior a ello, desarrolló una exitosísima carrera como solista, armando bandas en las que han tocado verdaderos genios del heavy metal como los guitarristas Randy Rhoads (1956-1982), Zakk Wylde, Jake E. Lee; los bajistas Robert Trujillo, Rudy Sarzo (Quiet Riot, Whitesnake); o los bateristas Tommy Aldridge (Whitesnake, Ted Nugent), Lee Kerslake (Uriah Heep, 1947-2020) o Mike Bordin (Faith No More). Muchos de ellos también estarán presentes en Back to the beginning. En el 2024, el cantante y estrella de realities fue inducido al Salón de la Fama del Rock and Roll, por su trabajo en solitario.

Pero Tony Iommi es el alma y sonido de Black Sabbath. Aun cuando se trató siempre de una banda de creación colectiva, su oscura guitarraconforma el 80% del impacto que tiene la música de Black Sabbath en el oyente común y corriente. Después vienen las atronadoras líneas del bajo de Geezer, los frenéticos bombazos de Ward, la voz de ultratumba de Ozzy y los sonidos extraños que contribuyen al resultado final de manera contundente y ominosa. Pero esa poderosa guitarra orgánica, sin recarga de efectos ni whammy bars, es la que queda grabada en la mente para siempre, después de oírla por primera vez. Un sonido con historia propia, además.

Los padres de Anthony Iommi Valenti llegaron a Birmingham desde la encantadora ciudad de Palermo, capital de Sicilia, al sur de Italia. Comenzó a tocar guitarra desde muy pequeño, haciéndose notar por ser zurdo, como Paul McCartney. A los 17 años sufrió un accidente terrible que estuvo a punto de terminar con sus sueños de convertirse en músico de rock. Mientras trabajaba en una fábrica de acero, una máquina cortadora industrial le cercenó las puntas de los dedos anular y medio de la mano derecha, la que usaba para digitar notas en el diapasón. Desconsolado, escuchó a los doctores decirle que no podría volver a tocar. Mientras se recuperaba, un amigo le hizo escuchar al belga Django Reinhardt (1910-1953), famoso por tocar la guitarra eléctrica con solo dos dedos tras unas graves quemaduras sufridas en un tren, casi a la misma edad que él tenía.

Esto lo motivó tanto que decidió solucionar su problema, fabricando sus propias prótesis a manera de dedales, con pedazos de botellas de detergente que derritió para darles forma y adaptarlos a sus dedos mutilados. Las extensiones funcionaron desde el principio, permitiéndole retomar la guitarra. Para compensar el hecho de no tener sensibilidad en las puntas de los dedos dañados, Tony aprendió a dominar la armadura de acordes desde las zonas más bajas del diapasón y comenzó a afinar su instrumento uno o dos tonos por debajo de lo normal, para reducir la tensión de las cuerdas.

Todo eso le permitió alcanzar tonalidades más cavernosas y sombrías. En medio de los años formativos de Black Sabbath (1967-1968), Tony Iommi pasó brevemente por la banda de blues y prog-rock Jethro Tull. Un registro de ello puede verse en el especial para televisión de The Rolling Stones Rock and Roll Circus, en el que los dirigidos por el flautista Ian Anderson tocan Song for Jeffrey, uno de los temas de su álbum debut, This was (1968). Luego de eso, el guitarrista volvió a su grupo y nunca más se fue. En los sesenta años de trayectoria de Black Sabbath, Iommi ha sido el único miembro estable y presente en todos y cada uno de los lanzamientos discográficos del grupo, tanto en estudio como en vivo.

Geezer Butler y Bill Ward conforman la base rítmica, encargada de dar fondo a las tormentas eléctricas que suele desatar Mr. Iommi en cada tema. Geezer -un término coloquial del inglés británico que podemos traducir como “compadre”, “causa”- es uno de los bajistas más carismáticos y representativos del rock clásico en general y del heavy metal en particular. Sus movimientos sobre el escenario eran enérgicos y agresivos, sacudiéndose y levantando su pesado instrumento mientras tocaba, con digitación natural o púa plástica, líneas melódicas contundentes, veloces y de permanentes cambios.

Bajistas como Jason Newsted (Metallica), Steve Harris (Iron Maiden), Billy Sheehan (Mr. Big) o Justin Chancellor (Tool) lo mencionan siempre como una de sus principales influencias. Como letrista principal de Black Sabbath, Butler usó sus estudios en literatura británica antigua y su afición por los escritos de Aleister Crowley(1875-1947), introduciendo temas de magia negra y ocultismo. A diferencia de sus compañeros, Geezer Butler -cuyo primer instrumento fue la guitarra- no ha grabado discos en solitario. Estuvo en Black Sabbath desde su fundación hasta 1983 y, posteriormente, alternó sus entradas y salidas del grupo colaborando en ciertos tramos de la carrera solista de Ozzy Osbourne y, después de 1998, ha participado en todas las reuniones de Black Sabbath hasta ahora, incluyendo la del año 2006 que juntó a la formación de 1980-1982- con Dio y el baterista Vinny Appice-, Heaven & Hell.

Con respecto a Bill Ward, es difícil imaginarlo como un amante del jazz, aunque sus principales influencias fueron Gene Krupa (1909-1973), Buddy Rich (1917-1987) o el rey del shuffle, Bernard Purdie (Steely Dan, Stevie Wonder). En los años más salvajes de Black Sabbath, Ward era blanco de distintas bromas, algunas de ellas muy pesadas y peligrosas. Por ejemplo, durante una gira en 1973, Iommi prendió en fuego la frondosa barba del baterista, ¡con su permiso! El músico acabó con serias quemaduras en la barbilla tras aquella trastada, en medio de literales montañas de cocaína y otros postres. Sus excesos con el alcohol lo pusieron al borde del colapso en más de una oportunidad, una adicción que también afectó su vida personal y su continuidad en la banda.

El título del concierto que se viene, Back to the beginning, juega con el concepto obvio del “regreso a los inicios” -los integrantes del grupo vivieron desde niños, con sus padres, a pocas cuadras del estadio donde se realizará, el Villa Park- y con el título de una de sus últimas canciones, End of the beginning, que abre el álbum 13, lanzado hace ya una docena de años. Si a eso le añadimos que, durante sus tiempos de gloria, la banda nunca tocó en este escenario, la idea de decir adiós en su barrio adquiere mucha mayor relevancia y emotividad, tanto para los músicos como para los habitantes de Birmingham, ciudad que se disputa con Manchester el título de la segunda más grande del Reino Unido.

Pero esto es mucho más que el concierto de reunión de un grupo retirado, en búsqueda de capitalizar económicamente su brillante pasado. Back to the beginning será una verdadera celebración y homenaje, en la que célebres aprendices se acercarán a mostrar respeto y agradecimiento a sus maestros, los padres fundadores de un género que, a pesar de los cambios, degradaciones y retrocesos que han sufrido los públicos consumidores de música popular y asistentes a conciertos, se mantiene vigente a nivel mundial en festivales multitudinarios como Wacken (Alemania), Hellfest (Francia) o Download (Inglaterra).

El cartel incluirá a pesos pesados surgidos en la década de los ochenta como Metallica, Anthrax, Slayer y Guns N’ Roses, de los noventa como Alice in Chains, Lamb of God, Pantera o Tool y una constelación de personalidades del rock duro de distintas épocas y estilos, desde el compositor, cantante y guitarrista Sammy Hagar (Montrose, Van Halen, exitoso solista) hasta Wolfgang Van Halen, hijo del desaparecido guitarrista Eddie Van Halen y líder de Mammoth;desde Johnatan Davis, vocalista de Korn, hasta Papa V Perpetua (líder de Ghost); desde Chad Smith, baterista de Red Hot Chili Peppers,hasta Billy Corgan, guitarra/voz de los Smashing Pumpkins; todos bajo la dirección de Tom Morello, guitarrista de los también noventeros Rage Against The Machine. Será, sin duda alguna, el evento musical del año.

Tags:

Black Sabbath, Hard-rock, heavy metal, metal., Ozzy Osbourne, rock clásico

A falta de respuesta de los partidos de la derecha para armar coaliciones partidarias que eviten la fragmentación suicida de este sector del espectro ideológico, un camino alternativo a recorrer es el de la constitución de coaliciones con gremios sociales y movimientos universitarios que a lo largo del país constituyen un tejido social vivo capaz de movilizar activos políticos muy superiores a los que los partidos pueden mover.

Solo en el mundo de la pequeña y microempresa hay cientos de gremios desperdigados por todo el territorio nacional, inclusive en el mundo agrario, y que son emprendedores identificados con un discurso proinversión, alejados de prédicas violentistas o antisistema. Lo mismo sucede con movimientos estudiantiles que ya existen y se movilizan activamente en favor de la inversión y la economía de mercado.

Ya desde la izquierda se están activando movimientos parecidos. Lucio Castro, secretario general del Sutep y precandidato presidencial del Partido de los Trabajadores y Emprendores, ha lanzado la idea de un frente social que agrupe a gremios sociales y organizaciones sindicales como una manera de aglutinar esfuerzos y constituir una opción más atractiva que la de los outsiders radicales que pululan en su segmento.

Es una propuesta interesante, disruptiva sin ser extremista, capaz de ser efectiva frente a los populismos autoritarios que germinan tanto en la izquierda como en la derecha, y que sería capaz de recuperar un espacio para fórmulas democráticas, pluralistas y moderadas.

Sería formidable para el Perú que en la elección del 2026, los antisistema, que abrevan del miedo o la irritación, le cedan el paso a alternativas pensadas seria y laboriosamente. Hay tiempo para que cuajen y el Perú cívico haría bien en atenderlas como corresponde, porque su fortaleza no estriba en la sorpresa, la novedad imprevista o la radicalidad demagógica.

Página 10 de 10 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10
x