[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS] La política peruana nos ha acostumbrado a una paradoja recurrente: cuando un partido obtiene demasiado poder, tememos los excesos del predominio; cuando ningún grupo alcanza una mayoría clara, tememos la ingobernabilidad. Sin embargo, la configuración del nuevo Congreso podría obligarnos a revisar algunos de estos prejuicios. La ausencia de mayorías absolutas no tiene por qué traducirse necesariamente en parálisis. Por el contrario, podría convertirse en una oportunidad para construir una cultura política más dialogante y menos confrontacional que la que ha predominado durante las últimas décadas.

La experiencia de la política peruana reciente debería invitarnos a la reflexión. Los sucesivos enfrentamientos entre Ejecutivo y Legislativo desde 2016 produjeron un clima de confrontación permanente que desembocó en disoluciones congresales, vacancias presidenciales, protestas y una profunda desconfianza ciudadana hacia las instituciones. En ese contexto, la fragmentación del nuevo Parlamento podría tener un efecto inesperadamente positivo: obligar a las distintas fuerzas políticas a sentarse en la misma mesa y reconocer que ningún sector posee por sí solo la capacidad de imponer su agenda.

Resultaría particularmente interesante observar si fuerzas ideológicamente distantes son capaces de alcanzar acuerdos puntuales en asuntos de interés nacional. Renovación Popular, por ejemplo, mantiene profundas discrepancias con Ahora Nación y Juntos con el Perú en materias culturales. Sin embargo, ello no debería impedir coincidencias en temas como la lucha contra la criminalidad organizada, la mejora de la infraestructura educativa, la descentralización eficiente o el fortalecimiento de los gobiernos locales. Las democracias maduras no funcionan porque desaparecen las diferencias, sino porque los adversarios políticos aprenden a cooperar cuando el interés general lo exige.

Algo similar podría ocurrir con el fujimorismo que constituye una de las fuerzas políticas más influyentes del país durante las últimas tres décadas. Pero también es cierto que una parte considerable de la sociedad peruana continúa observándolo con desconfianza. Por ello, su disposición a debatir reformas junto con otras bancadas, escuchar posiciones distintas y rectificar decisiones controvertidas enviaría una señal política significativa a sectores que hoy permanecen alejados de su propuesta.

En este sentido, la revisión de determinadas normas cuestionadas por amplios sectores de la opinión pública podría convertirse en una oportunidad para reconstruir puentes. Durante los últimos años, numerosas voces provenientes de la academia, la prensa, la sociedad civil e incluso de instituciones vinculadas al sistema de justicia han expresado preocupación por leyes percibidas como favorables a la impunidad o insuficientemente eficaces frente al avance del crimen organizado. La disposición a discutir modificaciones o derogaciones demostraría que la política todavía conserva la capacidad de corregir sus propios errores y responder a las demandas de la ciudadanía.

La historia peruana ofrece ejemplos elocuentes de lo que ocurre cuando el consenso desaparece por completo. La crisis terminal del sistema de partidos a finales de los años ochenta, las tensiones permanentes entre poderes del Estado durante las últimas décadas y la creciente fragmentación social han dejado como saldo instituciones debilitadas y una ciudadanía cada vez más escéptica. Frente a este panorama, la construcción de acuerdos básicos no debería interpretarse como una renuncia a las convicciones, sino como un mínimo ejercicio de responsabilidad democrática.

Naturalmente, nadie espera que las diferencias ideológicas desaparezcan. Tampoco sería deseable. La democracia se alimenta del debate y de la pluralidad. Lo importante es que la competencia política deje de concebirse como una guerra en la que el objetivo consiste en destruir al adversario. Cuando los actores políticos comprenden que el país es más importante que las coyunturas electorales, la negociación deja de percibirse como una muestra de debilidad y se convierte en una expresión de madurez institucional.

Quizá la mayor oportunidad del nuevo Congreso consista precisamente en eso: demostrar que el Perú todavía es capaz de construir acuerdos en medio de la diversidad. Si las principales fuerzas políticas comprenden que la gobernabilidad no es patrimonio de una sola bancada, sino una tarea compartida, el país podría iniciar una etapa de mayor estabilidad, fortalecer sus instituciones y crear condiciones más favorables para el desarrollo. En tiempos de polarización, el consenso se constituye en la meta por excelencia. En la historia de las democracias, pocas herramientas han demostrado ser tan eficaces.

[INFORME] Las aspiraciones presidenciales de Rafael López Aliaga terminaron el 12 de abril y con ello también pareciera haber llegado a su final el interés por el polémico tren Lima – Chosica. Sin embargo, mientras los vagones acumulan polvo, su improvisado almacén está generando más de setecientos mil soles de perjuicio económico.

Durante las últimas semanas, el país ha sido testigo de una contienda electoral pocas veces vista. Entre un clima de desconfianza hacia los políticos y las más de treinta candidaturas presidenciales, la lucha por llegar a Palacio de Gobierno terminaría por empujar a los aspirantes a recurrir a métodos desesperados que, en algunos casos, han dejado serios y costosos daños.

Rafael López Aliaga, líder y candidato de Renovación Popular, fue uno de los que logró posicionarse en los primeros lugares de las encuestas. Sin embargo, el candidato conservador contaba con una oportunidad muy importante al tener bajo su control a la Municipalidad de Lima hasta el mes de octubre.

Estar al frente de la comuna limeña le permitía tener mayor exposición mediática para demostrar su capacidad de gestión. Pero esto no sería una ventaja si no existían obras para presumir o si las que se presentaban ante la población estaban bajo serios cuestionamientos, como pasó con la Vía Expresa Sur.

Con la fecha para renunciar a la alcaldía cada vez más cerca y un porcentaje en las encuestas que lo mantenía primero pero sin sacar una distancia inalcanzable para sus rivales, López Aliaga apostó por su promesa del tren Lima-Chosica como su gran golpe a la campaña presidencial. No obstante, casi un año después después, esto le ha resultado bastante caro a la ciudad.

EL DÍA DESPUÉS DE LA FIESTA

Para la quincena del mes de julio del año pasado, la gestión de Rafael López Aliaga planeó uno de sus eventos más ostentosos y el lugar elegido fue el conocido Parque de La Muralla. En la presentación de los vagones traídos desde Estados Unidos no se escatimaron gastos e incluso contaron con un show musical con reconocidos artistas e invitaron a numerosos grupos de seguidores de Renovación Popular.

El entonces alcalde de Lima no sólo se limitó a presentar con orgullo su polémico tren, también aprovechó la oportunidad para lanzar duras críticas a autoridades y políticos que habían manifestado sus discrepancias con el proyecto, mientras el público celebraba un discurso con el que se metía de lleno en la campaña presidencial.

FOTO: Antonio Melgarejo

Pero, como toda fiesta, esta también llegó a su final. Los músicos recogieron sus instrumentos, el escenario fue desarmado, el público volvió a sus casas y el burgomaestre junto a su gente de Renovación Popular se enfocaron en otras actividades de campaña. Fue desde ese momento que en el calendario se empezaron a tachar los días en los cuales estos gigantescos vagones permanecían en el Parque de La Muralla ocasionando un perjuicio económico a la capital.

Sudaca pudo acceder a un documento de la Contraloría General de la República en la que se detalla la situación actual de este parque público que terminó convertido en un improvisado almacén de vagones por casi un año y está generando una afectación económica que supera los setecientos mil soles.

En estos documentos se explica que este año se llevó a cabo una visita de control para verificar que el Parque de La Muralla esté operando en las condiciones que corresponden a este tipo de espacios públicos. Sin embargo, no sólo encontraron que la explanada de dicho parque se encontraba ocupada por los vagones desde el mes de julio del año pasado, también pudieron percatarse que el coordinador del Parque de La Muralla desconocía si SERPAR (Servicio de Parques de Lima) había dado autorización para que se utilice este espacio.

Ante esta situación de desconocimiento, la Comisión de Control solicitó que la gerencia de SERPAR les envíe los documentos administrativos relacionados con contratos y autorizaciones para este inusual uso de un parque público como almacén temporal. Sin embargo, lo que pudo encontrar es que esta autorización jamás existió.

Pero esto no evitó que se utilice la explanada del Parque de La Muralla para almacenar trenes y se empiece a acumular un perjuicio económico que alcanzó el monto de S/ 446,400 como consecuencia de todos los eventos, entre conciertos y ferias, que estaban planeados para realizarse sólo en el segundo semestre del año pasado y debieron ser cancelados.

Según la información que la propia gerencia de SERPAR le comunicó a la Municipalidad de Lima y fue incluida en el informe que Contraloría emitió, el monto que dejarían de recibir, entre los eventos que debieron ser cancelados y los alquileres de estacionamientos, es mucho mayor y supera los setecientos mil soles.

PÉRDIDA DEL ESPACIO PÚBLICO

El informe revisado por Sudaca no sólo señala que la Municipalidad de Lima y SERPAR no siguieron los procedimientos que corresponderían para este tipo de casos incumpliendo  sus propios estatutos, también es categórico al indicar que “se ha desnaturalizado el uso público de la explanada de eventos”.

La comisión que visitó el Parque de La Muralla también explicó que el almacenamiento de los cuarenta y cuatro vagones se ha convertido en un impedimento para los ciclistas que hacían uso de la ciclovía que atraviesa un sector del parque. Del mismo modo relatan que estos vagones representan una limitación para otras de las zonas del parque que anteriormente eran aprovechadas por visitantes que practicaban danzas, patinaje y otras actividades al aire libre.

Es preciso señalar que SERPAR no sólo tiene a su cargo el Parque de La Muralla, este organismo también tiene bajo su responsabilidad la totalidad de los parques zonales y metropolitanos de la ciudad. Por lo que este perjuicio económico puede terminar perjudicando a varios espacios públicos.

El futuro de estos vagones hoy es una incógnita y, con la campaña presidencial terminada y Rafael López Aliaga fuera del despacho municipal, la presión política para darle una conclusión a este proyecto parece haber dejado de existir y lo único que permanece, a modo de resaca de esta campaña, es otro espacio público que no está disponible para una ciudad donde tampoco abundan.

[INFORME] Santiago Guardamino le manifestó a su familia y a la comunidad de Quipán que venía recibiendo amenazas y hasta señaló a Industrias Argüelles como los que podían estar detrás de un atentado en su contra.

En los últimos días se ha dado a conocer que, pocas horas antes de ser asesinado, Santiago Guardamino le había comunicado a la comunidad de Quipán, de la cual era presidente, que estaba próximo a firmar un importante acuerdo que les permitiría estar cerca de recuperar el terrenos que años atrás vendió su predecesor haciendo uso de estrategias fraudulentas.

Pero los detalles sobre la situación que atravesaba este líder comunal antes de recibir numerosos disparos en la vía pública siguen saliendo a la luz. En esta oportunidad han sido las palabras del propio Santiago Guardamino las que exponen el dramático panorama que lo tenía en peligro por su decisión de buscar justicia para la gente de Quipán.

FUE AMENAZADO

Acorde al contenido del acta de la última reunión en la que el presidente de la comunidad de Quipán participó, Guardamino venía recibiendo presiones para que abandone su lucha y contó lo siguente: “El día que hemos estado en el terreno de Yungay con las directivas y la comisión, han llegado al portón en una moto lineal con dos tipos buscándome y diciéndome que no me meta con el relleno sanitario (de propiedad del Aniceto Argüelles Loayza) y han hecho disparos al aire”.

Unas horas después de compartir esta preocupación con la comunidad que presidía, Guardamino fue asesinado por un sicario que lo interceptó a pocos metros de su vivienda y disparó en varias oportunidades hasta acabar con su vida. Cabe señala que Santiago también le había comunidad a su familia que temía por su vida.

LA VERSIÓN DE LA FAMILIA

”Mi cabeza está pedida, a mí en cualquier momento me van a matar”, relató un familiar de Guardamino sobre lo que este les había comentado. “El único que estorba a la empresa Argüelles soy yo. Y bueno, si me van a matar, pues moriré de pie, pero no de rodillas”, fueron otras de las declaraciones que el expresidente de la comunidad de Quipán compartió con sus seres queridos.

También se debe tener en cuenta que, en la misma reunión en la que Guardamino contó sobre las amenazas que estaba recibiendo, se dio la aprobación para seguir adelante con un acuerdo con la empresa Petramás para que los apoyen con los procesos judiciales y recuperar el terreno de diez mil hectáreas para luego recibir por su venta un monto que sí sea acorde a su extensión.

Como se recuerda, este conflicto empezó una década atrás cuando el entonces presidente de la comunidad de Quipán, Abel Mosquera, vendió a Industrias Argüelles diez mil hectáreas de forma fraudulenta. Por este caso, además, la exgerenta de la empresa fue condenada por fraguar documentos y el fundador, Aniceto Argüelles, también recibió una condena tras intentar sobornar a una magistrada que estaba a cargo del caso.

[MIGRANTE AL PASO]  Regresé de viaje. Un poco de deudas acumuladas. Las noticias, salidas de control. Ataque tras ataque, defensa tras defensa. Pensaba al aterrizar cuál es mi papel en este infierno, si es que de verdad tengo alguno. Ideologías en choque constante en un panorama que justifica cualquier prejuicio e insulto. Solo pensaba en llegar a casa y echarme a descansar con mi perro de 55 kilos. Soy libre de ser quien me da la gana y eso no me lo va a quitar nadie.

Van varios días que me sentaba frente a la computadora intentando escribir y las palabras no me salían; todo el alfabeto y la creatividad se habían quedado ahí, en esos lugares maravillosos donde estuve. Ahí, donde me pude dar el lujo de olvidar todo lo negativo que se vive. También me llevé la sorpresa de que el conservadurismo se encuentra en todos lados y no es algo propio de países como el nuestro. Es una tendencia que va en subida y no está amarrada a ninguna dirección política.

Va más de una semana que regresé y solo he salido de mi casa dos veces; me refugié en ficciones y trabajo remoto. Escuchaba en reels de Instagram opiniones descabelladas, viendo cómo tanto la izquierda como la derecha han sido influenciadas para decir sandeces solo para que su mensaje suene más potente. Suenan todos como Trump, para mí el personaje más nefasto de la actualidad.

Escuchaba a un personaje autoproclamado de izquierda y autoproclamado no progresista, que incluso menospreciaba a las mujeres; tiene muchos seguidores, y yo no entendía cómo alguien que le quita todo lo bueno a esa orientación puede ser escuchado con tanta seriedad.

De madrugada, regresando del aeropuerto, la brisa marina me hacía sentir en casa y la neblina me hacía sentir nostálgico. Mi cuerpo es joven y fuerte, pero siento mi mente vieja y desgastada.

Hacía una cola de 45 minutos en un parque de diversiones junto a un gran amigo que tiene un modo de vivir bastante particular. Le contaba, al igual que hace mucho, ciertas turbulencias que pasaban por mi mente. Él se reía y me decía:

—Hermanito, mira dónde estás, la vida es buena.

Recordaba tiempos más graves en los que me decía:

—¿No quieres ver a tus hijos o sobrinos crecer? Todavía no termina One Piece, hermanito; aún hay mucho que tenemos que vivir.

Yo, muerto de miedo, seguía avanzando en la cola para enfrentar uno de mis miedos más grandes: las montañas rusas. Cada cierto tiempo había puertas de salida para quienes se arrepienten y quieren dar vuelta atrás. En todas ellas titubeaba.

Llegamos al momento decisivo y tenía poco tiempo para decidir. Mi amigo, después de toda una larga fila explicándome que era imposible que me pasara algo e intentando que racionalizara el miedo, solo me agarró los hombros con la fuerza amical que ameritaba. Lo veía sonreír; la estaba pasando bien conmigo ahí, y eso me dio el coraje de entrar por la puerta sin retorno.

Nos sentamos y yo mantenía los ojos cerrados. Salimos disparados y, en ese momento, abrí los ojos. Todo mi miedo se convirtió en risas; en cada vuelta de cabeza y en cada roce con el piso me reía más fuerte.

Cuando bajamos, efectivamente me di cuenta de que aún tengo mucho por vivir. Tengo varios libros que escribir, varios negocios que crear y, probablemente, más viajes en montañas rusas. En ese momento saldé una deuda que tenía conmigo mismo.

También tengo una pequeña deuda económica con él, pero nada exagerado que no pueda saldar. Mi mayor deuda está en que ese pequeño empujón que me dio fue la causa de que quiera vivir plenamente y disfrutar el día a día lo más que pueda. Por más tonto que sea un miedo, superarlo no tiene precio, y él me ayudó con eso.

Después de todas esas experiencias continuamos con nuestro viaje. Budapest, en nuestro último día, nos recibió con un auto Tesla. Apenas subimos, hizo un derrape a toda velocidad. Nos miramos entre asustados y emocionados. Nos sorprendió porque varios taxistas húngaros hablaban castellano.

—Grandpa helped build this bridge.

De un segundo a otro, sacó la cabeza y el brazo por la ventana y gritó:

—Grandpa, give me strength to continue living!

Todos nos comenzamos a reír junto con él. Entre las risas pensaba qué historia oculta había ahí, entre el taxista maniaco y su abuelo que ayudó a construir el famoso Puente de las Cadenas.

El día anterior caminamos hacia el parlamento de la ciudad, una de las construcciones más monumentales que he visto. Nos encontramos, al borde del río, pequeñas esculturas de zapatos de todas las tallas. Era una de las atracciones que teníamos planeado ver, pero la encontramos de casualidad. No conocía la historia.

La Cruz Flechada fue un partido fascista húngaro, marcado por un fuerte antisemitismo y ultranacionalismo. Llegó al poder en 1944, al final de la guerra. Obligaban a familias judías y de oposición a pararse amarradas frente al Danubio. Les quitaban los zapatos por el gran valor que tenían en la época. A veces los fusilaban a todos para que sus cuerpos desaparecieran con las corrientes fluviales. En algunos testimonios cuentan que, para ahorrar balas, solo le disparaban a uno para que cayera y, como todos estaban amarrados entre sí, caían también.

Esto es lo que sucede cuando se agrupan personas radicales, cegadas por una ilusión de supremacía. Este es uno de los mayores riesgos a los que nos enfrentaremos en los años por venir. Si bien el ejemplo que di es un caso de extrema derecha, a quien crea que la extrema izquierda nunca ha sido cómplice de ríos de sangre le recomiendo que lea; y, si ya leyó, entonces le corresponde un psicólogo.

Ese odio y menosprecio a la tibieza y a quienes no quieren inclinarse por ninguno de los dos lados —hay miles de caminos, pero se nos ha hecho creer que solo hay dos— solo destaca cobardía y demuestra que, efectivamente, la historia tiende a repetirse.

[EL DEDO EN LA LLAGA] La canonización, en teoría, es el momento en que la Iglesia Católica declara solemnemente que una persona está en el Cielo. En la práctica, es el punto donde una biografía humana, inevitablemente ambigua, se convierte en un relato oficial cuidadosamente editado. A partir de ahí, todo lo que incomoda se reinterpreta, lo que molesta se contextualiza y lo que no encaja… simplemente deja de ser relevante.

La santidad, así entendida, no es tanto una cualidad espiritual como un sofisticado proceso de depuración narrativa.

Estadística celestial con sesgo terrenal

Durante siglos, los altares han funcionado como un espacio de selección social bastante menos místico de lo que sugiere la iconografía. El ya clásico estudio, publicado en 1955, de Katherine y Charles H. George, “Roman Catholic Sainthood and Social Status” (The Journal of Religion, Universidad de Chicago), examinó 2.494 santos y beatos con datos suficientes para clasificar su origen social. El resultado es tan poco milagroso como revelador:

  • 78 % procedía de clases altas o acomodadas
  • 17 % de clase media
  • 5 % de origen popular

Los propios autores matizan las limitaciones del análisis —no es sencillo comparar estructuras sociales a lo largo de dos milenios—, pero aun así concluyen lo evidente: la santidad institucionalizada ha tendido a reproducir las jerarquías sociales de su tiempo. Dicho de forma menos académica: incluso el cielo parece haber tenido preferencia por quienes ya tenían acceso a redes, educación y patrocinadores.

El tribunal de las virtudes (y sus excepciones creativas)

La Iglesia, por supuesto, sostiene que los procesos de canonización son rigurosos. Se revisan virtudes, escritos, milagros y posibles escándalos. Durante siglos existió incluso una figura diseñada para arruinar candidaturas: el “abogado del diablo”. Su función era sencilla y bastante saludable: buscar todo lo que contradijera la santidad del candidato. No porque la Iglesia desconfiara de sus santos, sino porque, en teoría, quería estar segura. Esa prudencia se ha ido suavizando con el tiempo.

El problema no es que los santos no hayan tenido sombras. El problema es qué se hace con ellas según el momento del calendario. Si un hecho incómodo aparece antes de la canonización, puede convertirse en obstáculo decisivo. Si aparece después, se convierte en “complejidad histórica”. La biografía no cambia; cambia la gestión del relato.

Algunos ejemplos contemporáneos lo ilustran con precisión quirúrgica.

Santos modernos, dilemas antiguos

Teresa de Calcuta fue canonizada en tiempo récord dentro de los estándares vaticanos modernos. Su figura ha sido venerada como símbolo de entrega absoluta a los pobres, pero también ha sido objeto de críticas académicas y periodísticas sobre las condiciones insalubres de sus centros de acogida, su visión teológica del sufrimiento y su relación con ciertas élites políticas y financieras. Antes de la canonización, estas cuestiones formaban parte del debate. Después, pasan a ocupar el espacio reservado a las “lecturas incompletas” de una vida demasiado grande para ser juzgada con criterios mundanos.

Juan Pablo II representa otra versión del mismo fenómeno, con escala global. Figura clave en el colapso del bloque soviético y en la expansión mediática del papado, su legado es indiscutiblemente histórico. Pero también ha sido objeto de debate por la gestión institucional de casos de abusos sexuales dentro de la Iglesia durante su pontificado y por decisiones de nombramientos posteriormente cuestionadas. En términos estrictos, nada de esto impidió su canonización. En términos narrativos, todo ello quedó reordenado dentro de una vida “extraordinaria con inevitables límites humanos”. Una fórmula impecable, imposible de refutar y muy difícil de discutir sin parecer que uno ha perdido el sentido de la proporción.

Josemaría Escrivá de Balaguer introduce otra variante: la del fundador institucionalizado. Presentado como el gran teólogo de la santificación en lo cotidiano, su figura también ha generado controversias en torno al funcionamiento interno del Opus Dei, su estructura disciplinaria y la rapidez excepcional de su canonización. Sus defensores ven innovación espiritual; sus críticos ven una construcción institucional acelerada. La canonización, como suele ocurrir, eligió una de las dos narrativas y convirtió la otra en ruido de fondo.

El patrón se repite con una regularidad que ya no parece casualidad, sino método.

El caso Calasanz: cuando la institución también tiembla

El caso de José de Calasanz añade una capa especialmente incómoda, porque muestra cómo una biografía puede quedar atrapada en el choque entre la hagiografía y la crisis institucional.

Fundador de las Escuelas Pías y pionero de la educación popular en el siglo XVII, Calasanz vio cómo su proyecto se convertía en el escenario de una profunda crisis interna de la orden. Diversas acusaciones de conductas graves dentro de la congregación, junto con conflictos disciplinarios y luchas de poder, desembocaron en una situación de extrema tensión eclesiástica.

En ese contexto, el caso del sacerdote Stefano Cherubini ha sido señalado por fuentes documentadas y reconstrucciones históricas como uno de los elementos más delicados del conflicto interno, con acusaciones de abusos sexuales a menores y su permanencia en posiciones de influencia dentro de la orden. La gestión de la crisis —entre medidas disciplinarias internas, protección institucional y presiones externas— ha sido interpretada de forma divergente: para algunos historiadores, como un intento de sostener una obra educativa en formación; para otros, como un episodio donde la lógica de supervivencia institucional pesó más que la transparencia.

El desenlace fue inequívoco en términos institucionales: la orden fue suprimida temporalmente en 1646 por decisión de la autoridad papal de Inocencio X, antes de ser restaurada años después tras la muerte del fundador. La controversia, sin embargo, no desapareció: fue reabsorbida en la posterior construcción hagiográfica, donde los conflictos dejan de ser procesos abiertos para convertirse en sombras cuidadosamente administradas.

La santidad como edición de lujo

La canonización no elimina la ambigüedad humana: la reorganiza. Toma vidas históricas complejas y las convierte en relatos de coherencia moral sostenida, donde las zonas grises se vuelven decorado de fondo. No es exactamente una falsificación; es algo más sofisticado: una edición teológica del material biográfico.

La teología resuelve la tensión con una fórmula elegante: la Iglesia es infalible al declarar que alguien está en el Cielo, pero no necesariamente en la reconstrucción histórica de su vida. Es una solución impecable desde el punto de vista doctrinal y extraordinariamente flexible desde el punto de vista historiográfico.

Traducción menos piadosa: el veredicto no se discute; el relato se reescribe.

Ingeniería de la memoria institucional

La dimensión política del sistema tampoco es accidental. En la Edad Media, la canonización consolidaba poder y devociones. En la modernidad, construye referencias globales. Juan Pablo II aceleró el ritmo hasta convertirlo en un fenómeno casi industrial; Francisco ha reorientado el catálogo hacia sensibilidades contemporáneas. Cada época canoniza lo que necesita para contarse a sí misma.

La historia, cuando incomoda, no desaparece: se reordena.

Y lo más significativo es que no existe mecanismo de salida. No hay descanonización. No hay revisión formal del expediente una vez sellado por la infalibilidad. Solo reinterpretaciones posteriores, debates académicos y silencios cuidadosamente administrados.

Manual de uso para creyentes con dudas razonables

Afortunadamente —y esto siempre resulta reconfortante cuando uno mira el catálogo de santos con espíritu ligeramente inquisitivo— la obligación de creer en la santidad concreta de una persona no pertenece al núcleo duro del depósito de la fe. Es decir, nadie está firmando un contrato metafísico que obligue a asumir que cada canonizado encarna sin fisuras el ideal de virtud que su biografía oficial sugiere con tanta eficacia narrativa.

La famosa “infalibilidad” de las canonizaciones, por cierto, tampoco es un dogma de fe en sentido técnico. Es más bien una convicción teológica tradicionalmente sostenida, una especie de certeza elegante transmitida con la naturalidad con la que las instituciones transmiten certezas sobre sí mismas: no se define de forma solemne como artículo de fe, pero se presupone con la firmeza suficiente como para que cuestionarla suene, como mínimo, innecesariamente incómodo.

Esto produce un efecto curioso: se puede venerar sin problema, se puede discrepar en voz baja sin escándalo, y se puede incluso albergar dudas perfectamente razonables sin que eso active alarmas doctrinales. Todo muy ordenado, muy civilizado, muy propio de una institución que ha aprendido a convivir con la complejidad sin necesidad de eliminarla… solo de administrarla con cuidado.

En otras palabras: la santidad es oficial, la canonización es solemne, y la obligación de creer en todo ello es, como suele ocurrir con las cosas más importantes, sorprendentemente flexible. Lo único verdaderamente estable es el margen de maniobra para interpretarlo… siempre que uno sepa hacerlo con la discreción adecuada.

[ENTREVISTA] Mesías Guevara se refirió a quienes impulsaron el voto en blanco para la segunda vuelta. El excandidato presidencial también señaló que Jorge Nieto “está sumamente equivocado” si cree que su bancada acatará sus órdenes. Además, el exintegrante del Partido Morado indicó que “Balcázar ha jugado para el fujimorismo”.

¿Por qué la candidatura de Roberto Sánchez no convenció a más peruanos?

Empezó muy tarde la segunda vuelta., mientras que la señora Fujimori conocía el resultado y ganó semanas. También considero que le faltó definir su estrategia en Lima, porque Lima era la gran batalla, y se descuidó lo que es el extranjero. En Lima no pudo convencer al público joven y a la clase media.

¿Fue una buena decisión involucrarse en esta segunda vuelta?

Siempre he estado en una lucha frontal contra el fujimorismo y siempre estaré ahí. La señora Fujimori ha dicho que haría un gobierno igual al de su padre y ese ya conocemos que estuvo lleno de corrupción, persecución política, narcotráfico y el control absoluto de todas las instituciones. Ningún demócrata puede estar avalando esas formas de hacer política.

¿Considera que la persecución a opositores políticos es una posibilidad real en un gobierno de Keiko Fujimori?

Además de una persecución a los adversarios políticos habrá un auspicio a las economías mercantilistas. El Perú no les interesa en nada, sólo satisfacer a sus auspiciadores. Ellos hablan de seguridad ciudadana, pero no dicen nada en como reorganizar a la Policía. Por otro lado, no hablan nada del equilibrio de poderes y menos de los derechos fundamentales de todos los peruanos. Ellos van a seguir seguramente con la narrativa de sacarnos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Teniendo en cuenta las advertencias que hace, ¿fue irresponsable que se invite a votar en blanco?

La historia los va a juzgar. Respeto la posición de quienes llamaron al voto blanco o viciado, porque es una alternativa, pero sí creo que ha influido en el resultado.

¿Le decepcionó la postura de Jorge Nieto en las semanas previas a la segunda vuelta?

Lo que más llamó la atención fue el terruqueo. No reconoció la matanza de los noventas ni las de 2022 y 2023. Eso es algo que le puedo criticar. Además de su ingenuidad al decir que la señora Fujimori no tendría control del Congreso. Si ahorita casi todas las direcciones claves las tiene el fujimorismo y prueba de ello es que algunos personajes muy ligados al fujimorismo, que han sido directores del congreso actual, han postulado y salido como diputados.

¿Ve a la bancada del Partido del Buen Gobierno siendo aliada del fujimorismo?

Es una posibilidad. Siempre he dicho que una bancada sólida e inexpugnable solamente pasa con el fujimorismo que es más fuerte. El resto no tiene. El que crea que sus congresistas van a ser como unos soldados que van a cumplir sin dudas ni murmuraciones lo que diga el presidente del partido está equivocado y Jorge nieto está sumamente equivocado al creer que sus diputados y senadores lo van a seguir a pie juntillas.

¿Comparte las dudas que tienen algunos sectores de izquierda sobre este proceso electoral?

Irregularidades creo que sí ha habido, pero no alcanza para hablar de fraude. Por ejemplo, por qué las actas del extranjero no se digitalizaron como en la primera vuelta y por qué cambiaron a los embajadores, que lo hicieron ver como que perjudicaba al fujimorismo cuando a la luz de los hechos parece que era al revés. El señor Balcázar ha jugado para el fujimorismo. Es sospechoso que incluso las actas hayan sido traídas fuera de valija diplomática. Eso es muy grave y va a perseguir por todo el periodo que inicia el 28 de julio.

¿No se están repitiendo los mismos discursos fraudistas de Keiko Fujimori en 2021 o Rafael López Aliaga en primera vuelta?

Es totalmente diferente. El tema está que en primera vuelta las actas del extranjero se digitalizaron. La pregunta es por qué en la segunda vuelta no se hizo lo mismo y por qué cambiaron a los embajadores. Esas son preguntas básicas y hechos contundentes. Son temas diferentes a lo que decía la señora Fujimori en 2021 y López Aliaga en primera vuelta.

Si se concreta el triunfo de Keiko Fujimori, ¿seguirán trabajando como una alianza de resistencia al fujimorismo?

Más allá del resultado, que no me aventuro a decir que haya ganado la señora Fujimori, debemos hacer política fuera del Congreso. En este quinquenio que está terminando hemos cometido el gravísimo error que la política se defina sólo en el Congreso y por eso han tenido cheque en blanco y han hecho lo que han querido. Por eso en este periodo tenemos que hacer política fuera del congreso.

¿Cree que el resultado de estas elecciones se podría revertir?

El partido de futbol termina cuando el árbitro lo dice. Haciendo una analogía con estas elecciones, el partido va a terminar el último segundo cuando el JNE concrete el resultado. Por lo tanto, ahorita no debemos de hablar quién ganó o perdió.

 

[INFORME] Se siguen conociendo detalles sobre el asesinato del presidente de la comunidad de Quipán, Santiago Guardamino. Esta nueva información revela que, horas antes de recibir nueve disparos, Guardamino había anunciado que firmaría un acuerdo muy beneficioso para su comunidad.

El asesinato de Santiago Guardamino sigue dando que hablar. No solamente siguen sin encontrarse a los responsables de su muerte, también se ha conocido información relevante sobre lo que el propio líder comunal dio a conocer a pocas horas de recibir los disparos que terminaron con su vida en abril del 2024.

Como se recuerda, Guardamino Gonzáles perdió la vida el primer lunes de abril del año 2024 tras recibir nueve disparos mientras se encontraba en la vía pública. Por aquella época, Guardamino había asumido el cargo de presidente de la comunidad de Quipán y estaba librando una dura batalla por recuperar un terreno perteneciente a su comunidad que había sido vendido de manera fraudulenta a una conocida empresa llamada Industrias Argüelles.

A HORAS DE UN ACUERDO CLAVE

Según información que dio a conocer el diario La República, horas antes de ser asesinado, Santiago Guardamino le había anunciado a los miembros de la comunidad de Quipán que al día siguiente, el 2 de abril del 2024, se suscribiría un acuerdo para recuperar el terreno de diez mil hectáreas.

La información a la que tuvo acceso este diario revela que un acta de la junta de la comunidad de Quipán registró que, en la reunión que tuvo lugar el 1 de abril del 2024, Guardamino expuso que en las próximas horas firmaría un compromiso con la empresa Petramás para transferirle el proceso civil y estar más cerca de concretar la recuperación del terreno en cuestión.

El acuerdo que Guardamino estaba próximo a firmar iba a permitir que, si se concretaba en la justicia la recuperación de las diez mil hectáreas, la empresa Petramás adquiera ese terreno por el precio de 8,5 millones de soles, un monto muy superior y acorde a las dimensiones el predio en cuestión a diferencia de los seiscientos mil que habían recibido por la venta fraudulenta. A ello se le agregaba que Petramás iba a emitir un cheque por 2,5 millones de soles para esta comunidad a modo de adelanto mientras la justicia resolvía este caso.

LA VENTA FRAUDULENTA

Cabe señalar que esta situación data desde el año 2016, cuando el entonces presidente de la comunidad de Quipán, Abel Mosquera Ortiz, manipuló las firmas de la gente de su comunidad para venderle a Industrias Argüelles un predio de diez mil hectáreas a seiscientos mil soles pese a que el monto apropiado para un terreno de esta extensión era de aproximadamente diez millones de soles.

Este caso incluso llevó a que Aniceto Argüelles, fundador de Industrias Argüelles, sea condenado y esté cerca de ir a la cárcel por intentar sobornar a la magistrada que estaba a cargo del caso para que beneficie a los intereses de su empresa así como a su aliado Mosquera Ortiz.

[Música Maestro] Según cálculos conservadores, aproximadamente un millón de personas debe haber asistido al velorio público de Carlos Alberto “El Indio” Solari (77), realizado en un local del barrio de Avellaneda el pasado domingo 7 de junio, organizado a la carrera por su familia tras la negativa de Javier Milei, el estrafalario presidente de Argentina, de ceder los salones del Congreso y la Casa Rosada para ello aduciendo que no “era suficiente” a pesar de que otros eventos de esa naturaleza se han desarrollado allí sin inconvenientes.

Las imágenes que circularon al día siguiente de conocerse el fallecimiento del vocalista y líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, son igual de impresionantes. Decenas de miles de fanáticos se congregaron orgánica y pacíficamente en la Plaza de Mayo, en el corazón de Buenos Aires, como puede verse en impactantes tomas hechas con drones. Banderolas gigantes, revoleo de polos –“remeras” como dicen ellos-, cánticos enfervorizados y llantos desconsolados dieron forma a un evento que remeció las bases de la sociedad argentina.

El Indio Solari falleció el 5 de junio en su casa de Parque Leloir, un barrio bonaerense conocido como zona de retiro, tras varios años padeciendo del “Sr. Parkinson”, como él se refería a la enfermedad degenerativa que le diagnosticaron el 2017. En esa casa solariega había montado su residencia y los estudios de Del Cielito Records, desde donde sacó sus últimos temas con un proyecto llamado El Mister y Los Marsupiales Extintos, entre 2022 y 2025. Lo lloran, además de su esposa Virginia “Viru” Mones y su hijo Bruno, actualmente de 25 años, desde anónimas muchedumbres hasta reconocidas figuras públicas de distintos ámbitos en su país.

Futbolistas como Lionel Messi y Juan Román Riquelme -a quien lo unía una gran amistad como buen hincha de Boca Juniors-, políticos como Cristina Fernández, el gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio y, por supuesto, colegas musicales como David Lebón, Fito Páez, Víctor Heredia, Ricardo Mollo, Fabiana Cantilo y un larguísimo etcétera, han expresado tristeza por su partida y admiración por su legado. Su cómplice en Los Redondos, el guitarrista Skay Beilinson, escribió en sus redes sociales: «Te llevo en cada recuerdo, en cada canción de ayer. Con un inmenso dolor. Buen viaje mi querido amigo, hasta siempre».

Indio Solari: Un fenómeno argentino

Como mencionó el sociólogo Pablo Semán, en una de las tantas notas que se han publicado en estos días, en los principales diarios locales -Clarín, La Nación, Página 12- y en el portal Infobae, es un fenómeno que solo pueden entender los argentinos, como la devoción por Diego Armando Maradona o Evita Perón. De hecho, hay quienes ya comentan que las masivas reacciones de dolor generadas por la muerte del Indio Solari han sido tan grandes como las de la recordada política y la del astro del fútbol.

Carlos Alberto Solari, “El Indio” -mote inspirado en un jugador setentero de Estudiantes de La Plata, Jorge “El Indio” Solari-, nacido en la provincia de Entre Ríos, en la región del Paraná, no era la típica estrella de rock. Vestido siempre de manera muy sencilla, con su característica calvicie y lentes oscuros, conquistó a las multitudes con letras poéticas que cubrían desde sus situaciones personales hasta de represión, procesos sociales y política. En su voz cálida y clara había cercanía, sencillez, rebelde sentido del humor y aguda sensibilidad, suficientes elementos para generar un vínculo irrompible con la gente de abajo.

En el documental Tsunami: Un océano de gente, que registra los preparativos para un concierto ante más de 200,000 personas en Tandil, en el año 2016, el periodista y productor Mario Pergolini le hace una extensa entrevista donde expresa agradecimiento hacia sus fieles “ricoteros”, una familia gigante que, diez días después, sigue despidiéndose de él y colocando en obituarios impresos, en lugar del año 2026, el símbolo matemático del infinito (∞) como su fecha de muerte, señal inequívoca de que lo tendrán presente por siempre.

Redondos: Los Grateful Dead sudamericanos

Entre 1984 y 1994, las emisoras radiales y programas de videos musicales en Lima deben haber repetido hasta el cansancio cientos de canciones de rock en español, la mayoría de grupos argentinos. Ni una sola fue de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota quienes durante esa década consolidaron su estatus como banda de culto con una fanaticada en constante crecimiento gracias al boca-a-boca y ninguna promoción por parte de la industria musical argentina oficial ni presencia en el canal musical MTV, versión Latinoamérica.

A inicios de los noventa, sus recitales comenzaron a hacerse cada vez más grandes. Para ellos era normal llenar de tope a tope -cancha y tribunas- estadios de fútbol -de Gimnasia y Esgrima, Huracán, el Monumental de River-, sin que sus canciones compartieran rankings con aquellas de Soda Stereo, Enanitos Verdes, Charly García o Fito Páez y, a diferencia de estos grandes nombres del rock gaucho, jamás hicieron giras fuera de Argentina con la excepción de Uruguay.

Sus masivas presentaciones en vivo eran conocidas como “misas ricoteras” donde las mareas humanas coreaban todas y cada una de las canciones, sin descanso. Como ocurrió con la banda norteamericana Grateful Dead, caravanas iban de ciudad en ciudad siguiéndolos, en un peregrinaje musical que por momentos adquiría ribetes místicos. Las grabaciones de sus conciertos pasan de mano en mano desde hace décadas. Y, para mayor asociación de ideas, los seguidores de Los Redondos se hacían llamar “Ricoteros”, nombre equivalente a los “Deadheads” del fabuloso conjunto psicodélico hippie dirigido por Jerry García y Bob Weir.

Patricio Rey sus Redonditos de Ricota: La prehistoria

Todo comenzó en la ciudad de La Plata entre 1976 y 1978, cuando se formó un colectivo artístico que, en medio de la dictadura de Videla, decidió armar “quilombos” contraculturales que tenían de todo, desde actos circenses, monólogos y bailes exóticos hasta rock and roll. Los miembros de la banda eran entonces Carlos “El Indio” Solari (voz), Eduardo “Skay” Beilinson, Alberto “Beto” Verne, Basilio Rodrigo, Iche Gómez (guitarras), Daniel Fenton (bajo), Ricky Rodríguez (violín), Bernardo Rubaja (teclados), Juan Carlos Barbieri (batería) y el maestro de ceremonias, Sergio “Mufercho” Martínez.

La mitología del grupo se comenzó a gestar en esos primeros recitales en el Teatro Lozano (“Los Lozanazos”), donde además de música había payasos, acróbatas y el “Ballet Ricotero”, tres muchachas que según crónicas de la época “dejaban poco a la imaginación”. Esas actuaciones de las cuales no hay registros fílmicos, les trajeron varios problemas con la policía, por lo que Solari y Beilinson decidieron concentrarse más en el aspecto musical.

En esos años solían repartir a los espectadores unos buñuelos redondos rellenos de queso ricota, ingrediente de origen italiano muy común en la gastronomía platense, que preparaban siguiendo la receta de una conocida cocinera local, Patricia Rey, de donde terminó saliendo el nombre del grupo pero masculinizando al personaje central, aunque existe otra leyenda urbana según la cual “Patricio Rey” era el pseudónimo de una especie de gurú callejero, un vendedor humilde que la banda habría conocido en sus inicios.

1982-1989: Los primeros discos

Entre 1978 y 1982, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota siguieron realizando giras, bajo el liderazgo musical de Indio Solari y Skay Beilinson y la mano administrativa de Carmen “La Negra Poli” Castro, pareja del guitarrista. Ellos tres formaban el núcleo de la banda, al que se sumó el pintor Ricardo “Rocambole” Cohen -de una comuna hippie argentina llamada La Cofradía de la Flor Solar que albergaba músicos, artesanos y artistas plásticos- como diseñador de las carátulas de todos sus álbumes, quien combinaba su críptico estilo con referencias a hechos históricos mundiales y de Argentina, así como a artistas clásicos como Caravaggio o Goya.

Aquel 1982, el cantante ítalo-británico Luca Prodan (1953-1987), líder de Sumo, reemplazó al Indio Solari en un recital de Los Redondos en La Plata, un momento único en la historia del rock argentino. La afinidad entre ambas bandas terminó en una sólida amistad y admiración mutuas, al punto que una letra escrita por Solari se convirtió en Mejor no hablar de ciertas cosas, clasicazo del LP debut de Sumo, Divididos por la felicidad (1985).

En 1985 se publicó Gulp! (Wormo Discos), el debut en estudios de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, entonces integrado por Indio Solari (voz), Skay Beilinson, Tito Fargo (guitarras), Daniel “Semilla” Bucciarelli (bajo), Willy Crook (saxo) y Juan “Piojo” Ábalos (batería). Siguieron tres álbumes más, el excelentemente político Oktubre (1986), Un baión para el ojo idiota (1988) y ¡Bang! ¡Bang! Estás liquidado (1989), con Sergio Dawi (saxo) y Walter Sidotti (batería) reemplazando a Crook y Ábalos, respectivamente.

1991-2001: La década ricotera

A partir del quinto disco La mosca y la sopa (1991), que incluye Un poco de amor francés, uno de los favoritos en concierto, sus recitales comenzaron a tener enormes niveles de convocatoria, con públicos que superaban las 25,000 o 35,000 personas. Aunque ya en 1989 habían llenado el complejo deportivo Obras Sanitarias de Buenos Aires -algo que solo había logrado Soda Stereo, con quienes la prensa inventó una inexistente rivalidad-, es en la primera mitad de los noventa que las llamadas “misas ricoteras” adquieren proporciones épicas.

Lamentablemente, tales aglomeraciones de gente siempre traen consecuencias, algunas de ellas graves. La banda, cuyo estilo rocanrolero había influenciado a otros conjuntos como Los Piojos, Ratones Paranoicos, La Renga y Divididos, generaba momentos de euforia colectiva y enfrentamientos con las autoridades. En 1991, durante un espectáculo, precisamente, en Obras, la policía detuvo a decenas de personas, entre ellas un jovencito de 17 años, Walter Bulacio, quien falleció cinco días después en extrañas circunstancias, después de haber sido abandonado por los agentes federales en una ambulancia. No sería el único incidente de violencia relacionado a Los Redondos durante la década.

Los siguientes discos Lobo suelto, cordero atado Vol. 1 y 2 (1993), que incluye otro himno ricotero, Un ángel para tu soledad, y Luzbelito (1996), cimentaron su estatus de culto con más recitales multitudinarios y permanentes desencuentros con las autoridades con El Indio Solari convertido en un verdadero ídolo de masas. Los álbumes finales en estudio, Último bondi a Finisterre (1998) y Momo sampler (2001), les trajeron algunas críticas por su incorporación de sonidos electrónicos, aunque siguieron llenando estadios tanto en Argentina como en Uruguay.

Otra tragedia aceleró el proceso de separación de la banda, iniciado por una discusión entre Indio Solari y la pareja Skay Beilinson/La Negra Poli por la tenencia de videos de sus conciertos. En una de sus presentaciones, ante 45,000 personas en el Estadio Chateau Carreras (Córdoba), un espectador murió al caer desde una de las tribunas. Al conocerse los hechos, el grupo decidió separarse, una historia que se cuenta en el libro La última noche de Patricio Rey, escrito por los periodistas Martín Correa, Humphrey Inzillo y Pablo Marchetti. Aquel concierto, realizado el 4 de agosto de 2001, fue el último de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

El sonido de Los Redondos

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota son, básicamente, una banda de rock. La complicidad musical existente entre el cantante Indio Solari y el guitarrista Skay Beilinson es responsable de esos himnos que desataron más de una vez el pogo más grande del mundo ejecutado por decenas de miles de argentinos hartos de la inconsistencia moral de sus autoridades, la discriminación social y la incertidumbre por un futuro sin oportunidades.

Canciones como Superlógico, La bestia pop (Gulp!, 1985), Preso en mi ciudad, Música para pastillas (Oktubre, 12986), Todo preso es político, Vencedores vencidos, Vamos las bandas (Un baión para el ojo idiota, 1988), La parabellum del buen psicópata o Maldición, va a ser un día hermoso (¡Bang! ¡Bang! Estás liquidado, 1989) son buenos ejemplos de clásicos ricoteros. Pero, de todas ellas, la más representativa es Ji ji ji (Oktubre, 1986), con la que solían cerrar sus conciertos, cuya letra tiene más de una interpretación debido a su tono oscuro y misterioso. El único disco oficial en concierto, En directo (1992), contiene actuaciones en Buenos Aires y Montevideo con la formación definitiva: El Indio Solari (voz), Skay Beilinson, Gabriel Jolivet (guitarras), Daniel “Semilla” Bucciarelli (bajo), Walter Sidotti (batería) y Sergio Dawi (saxo).

En los estudios, por su parte, contaron con la colaboración de grandes personajes del rock argentino. El más notable es, definitivamente, Lito Vitale, quien fue ingeniero de sonido en sus primeros discos y posteriormente colocó su piano y teclados en varios momentos hasta 1998. Cantantes como Claudia Puyó y Fabiana Cantilo, famosas por su asociación artística con el rosarino Fito Páez, hicieron coros en varias grabaciones ochenteras de Los Redondos, lo mismo que Las Blacanblus, cuarteto femenino que fue parte de las giras desde 1995 en adelante.

El Indio Solari después de Los Redondos

Desde el 2003, Carlos “El Indio” Solari volvió a los escenarios al frente de una nueva banda, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, llevándose consigo la devoción masiva por sus letras y gestos, con enormes públicos coreando letras políticas como Pabellón Séptimo (Relato de Horacio) o personales como Y mientras tanto el sol se muere…. Solari siguió remeciendo los estadios de Argentina con sus presentaciones cargadas de emotividad y fibra rockera, combinando temas nuevos con clásicos ricoteros de todas sus épocas. El flaco Skay, por su lado, siguió tocando música de Los Redondos con su banda Los Fakires, ante públicos más reducidos.

En esta nueva banda estuvo acompañado por Gaspar Benegas, Baltasar Comotto (guitarras), Marcelo Torres (bajo), Pablo Sbaraglia (teclados, guitarras, coros), Hernán Aramberri (batería), Sergio Colombo (saxo) y Miguel Ángel Tallarita (trompeta), además de Luciana Palacios y Deborah Dixon, una de las Blacanblus, como coristas. En el 2007, Marcelo Torres, ex bajista de Spinetta y Los Socios del Desierto, fue reemplazado por Fernando Nalé y Hernán Aramberri dejó su puesto al ex baterista de los metaleros A.N.I.M.A.L., Martín Carrizo.

Precisamente, una de las acciones que mejor describe el carácter solidario del Indio Solari tiene que ver con Carrizo. Cuando fue diagnosticado con esclerosis lateral amiotrófica, Solari recaudó fondos para su colaborador y amigo a través de distintas campañas e incluso donó toda la recaudación de uno de sus multitudinarios conciertos para cubrir gastos de su tratamiento. Finalmente, la terrible ELA acabó con la vida de Carrizo, quien falleció el 2022 a los 50 años.

Junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, Solari publicó los siguientes discos: El tesoro de los inocentes (2004), Porco Rex (2007), El perfume de la tempestad (2010), Pajaritos, bravos muchachitos (2013), En vivo (2015) y El ruiseñor, el amor y la muerte (2018), este último lanzado cuando ya había decidido retirarse de los escenarios al anunciar que tenía Parkinson y la banda seguía tocando con Pablo Sbaraglia asumiendo el rol de vocalista.

Su último recital fue en marzo del 2017, en un lugar llamado La Colmena en la ciudad bonaerense de Olavarría. Este concierto batió todos los récords de asistencia en Argentina, entre 300 mil y 400 mil personas que hicieron realidad aquello del “pogo más grande del mundo”. Lastimosamente, el saldo fue de dos personas muertas, decenas de heridos y detenidos. La última aparición pública de Carlos Alberto “El Indio” Solari fue en el 2022 cuando recibió el grado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires. Tres años antes, Indio Solari publicó una jugosa autobiografía titulada Recuerdos que mienten un poco, que se convirtió en uno de los libros más vendidos en la historia de Argentina.

[INFORME] El Ministerio de Defensa le abre las puertas a personajes de confianza de Dina Boluarte y César Acuña que, además, arrastran un historial de notoria ineficiencia y decisiones cuestionables.

Mientras la atención de la mayoría de peruanos está puesta en el desenlace del turbulento proceso electoral, el gobierno de José María Balcázar sigue tomando decisiones que exponen un marcado desinterés de parte del Ejecutivo por dejar, por lo menos, un país con cierta eficiencia cuando entregue la presidencia a quien lo suceda en el cargo el próximo 28 de julio.

Desde que asumió el gobierno actual, en febrero de este año tras la salida de José Jerí de la presidencia, las designaciones de ministros estuvieron lejos de ofrecerle al país soluciones a los problemas que enfrentan los diversos sectores y esta mediocridad también se ha visto reflejada en las designaciones hechas dentro de los propios ministerios.

Sudaca ha podido revisar algunas de las llegadas al Ministerio de Defensa, quien tiene a su cargo la defensa integral del país, y pudo encontrar a más de un personaje que no sólo fue reciclado de gestiones anteriores, sino que también se vieron involucrados en episodios que despiertan serias dudas sobre sus capacidades para ser parte de este ministerio.

ANTECEDENTE ALARMANTE

Hace algunas semanas se dio a conocer una llamativa designación dentro del Ministerio de Defensa. Para el cargo de director general de la Dirección General de Administración, el recientemente nombrado ministro, Amadeo Javier Flores Carcagno, eligió a Enrique Michael Guevara Varela para ocupar dicho puesto.

Guevara Varela no es un personaje nuevo para la política nacional. En el último año ha tenido breves pero diversos encargos en más de un ministerio. Hasta abril del presente año, Guevara se mantuvo al frente del Programa Nacional de Telecomunicaciones (PRONATEL) por encargo del Ministerio de Transportes y Comunicaciones y, hasta noviembre del año pasado, fue designado por el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo para ocupar la jefatura de la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (Sunafil).

Pero fue durante este paso por Sunafil donde su trayectoria se encontró ante un grave cuestionamiento. En noviembre del año pasado, el mismo mes en que dejó de ser jefe de Sunafil por pérdida de confianza, el programa Contracorriente dio a conocer un escandaloso informe sobre el cibertataque del que fue víctima esta entidad y en la cual fue robada una enorme cantidad de información relacionada con denuncias e inspecciones.

La investigación periodística daba a conocer que, meses antes, Sunafil había firmado un contrato por casi medio millón de soles con la empresa Lotengo Perú S.A.C. con el objetivo de contar con copias de respaldo de los documentos de la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral. Sin embargo, cuando se hicieron las averiguaciones correspondientes, se descubrió que la empresa que recibió este cuantioso monto, sospechosamente, apenas contaba con un trabajador en planilla.

A ello se le suma que, pese a estos cientos de miles de soles invertidos, el ciberataque demostraría que estas copias de respaldo no existieron. Es en este punto donde interviene Enrique Michael Guevara Varela debido a que el cuestionado contrato se firma bajo su gestión y, coincidentemente, no pasó mucho tiempo después para que deba abandonar su cargo.

Ante este tipo de antecedentes que no hacen gala de una notable capacidad por parte de Guevara Valera, resulta inevitable preguntarse cómo alguien con este historial vuelve a ser el elegido para ocupar un cargo importante. Pero para encontrar la respuesta es necesario trasladarse a La Libertad y al año 2023.

Porque, antes de convertirse en un personaje que es tenido en cuenta por el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo y el Ministerio de Defensa, Enrique Guevara fue una de las personas que trabajó con César Acuña, personaje muy influyente en los gobiernos recientes, como subgerente de inspección de trabajo en el gobierno regional encabezado por el líder de Alianza Para el Progreso (APP).

EL ASESOR DE UN MAL MINISTRO

Pero existe otra designación en el Ministerio de Defensa que ha sorprendido a más de uno por sus vínculos con cuestionadas gestiones el pasado. En las últimas semanas también se produjo la llegada de Walter Enrique Zegarra Figueroa a este ministerio para ocupar el puesto de secretario institucional del Centro de Altos Estudios Nacionales.

Zegarra Figueroa tampoco es un desconocido en las altas esferas políticas. En junio del 2024, cuando el cuestionado ministro Juan José Santivañez apenas llevaba unos cuantos días como el nuevo titular del Ministerio del Interior no tardó en designar a Zegarra como jefe de su gabinete técnico.

Aunque el trabajo del Ministerio del Interior con Santivañez a la cabeza fue deficiente desde cualquier ángulo que se le quiera ver, Zegarra Figueroa logró una gran estimación por parte del gobierno de turno y Dina Boluarte, quien entonces estaba en la presidencia, lo tuvo muy cerca en la Oficina de Integridad Institucional de su despacho.

Hace algunos meses, el presidente Balcázar decía con gran orgullo “en mi gabinete no hay ningún blanco, ningún acaudalado”. Pero las designaciones que se están viendo en algunos ministerios demuestran que usar el color de piel y situación económica como filtros para trabajar en el Ejecutivo no van a garantizar resultados eficientes y menos si se pasan por alto antecedentes laborales que resultarían preocupantes hasta para el político menos experimentado.

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