[INFORME] Las aspiraciones presidenciales de Rafael López Aliaga terminaron el 12 de abril y con ello también pareciera haber llegado a su final el interés por el polémico tren Lima – Chosica. Sin embargo, mientras los vagones acumulan polvo, su improvisado almacén está generando más de setecientos mil soles de perjuicio económico.
Durante las últimas semanas, el país ha sido testigo de una contienda electoral pocas veces vista. Entre un clima de desconfianza hacia los políticos y las más de treinta candidaturas presidenciales, la lucha por llegar a Palacio de Gobierno terminaría por empujar a los aspirantes a recurrir a métodos desesperados que, en algunos casos, han dejado serios y costosos daños.
Rafael López Aliaga, líder y candidato de Renovación Popular, fue uno de los que logró posicionarse en los primeros lugares de las encuestas. Sin embargo, el candidato conservador contaba con una oportunidad muy importante al tener bajo su control a la Municipalidad de Lima hasta el mes de octubre.
Estar al frente de la comuna limeña le permitía tener mayor exposición mediática para demostrar su capacidad de gestión. Pero esto no sería una ventaja si no existían obras para presumir o si las que se presentaban ante la población estaban bajo serios cuestionamientos, como pasó con la Vía Expresa Sur.
Con la fecha para renunciar a la alcaldía cada vez más cerca y un porcentaje en las encuestas que lo mantenía primero pero sin sacar una distancia inalcanzable para sus rivales, López Aliaga apostó por su promesa del tren Lima-Chosica como su gran golpe a la campaña presidencial. No obstante, casi un año después después, esto le ha resultado bastante caro a la ciudad.
EL DÍA DESPUÉS DE LA FIESTA
Para la quincena del mes de julio del año pasado, la gestión de Rafael López Aliaga planeó uno de sus eventos más ostentosos y el lugar elegido fue el conocido Parque de La Muralla. En la presentación de los vagones traídos desde Estados Unidos no se escatimaron gastos e incluso contaron con un show musical con reconocidos artistas e invitaron a numerosos grupos de seguidores de Renovación Popular.
El entonces alcalde de Lima no sólo se limitó a presentar con orgullo su polémico tren, también aprovechó la oportunidad para lanzar duras críticas a autoridades y políticos que habían manifestado sus discrepancias con el proyecto, mientras el público celebraba un discurso con el que se metía de lleno en la campaña presidencial.

Pero, como toda fiesta, esta también llegó a su final. Los músicos recogieron sus instrumentos, el escenario fue desarmado, el público volvió a sus casas y el burgomaestre junto a su gente de Renovación Popular se enfocaron en otras actividades de campaña. Fue desde ese momento que en el calendario se empezaron a tachar los días en los cuales estos gigantescos vagones permanecían en el Parque de La Muralla ocasionando un perjuicio económico a la capital.
Sudaca pudo acceder a un documento de la Contraloría General de la República en la que se detalla la situación actual de este parque público que terminó convertido en un improvisado almacén de vagones por casi un año y está generando una afectación económica que supera los setecientos mil soles.

En estos documentos se explica que este año se llevó a cabo una visita de control para verificar que el Parque de La Muralla esté operando en las condiciones que corresponden a este tipo de espacios públicos. Sin embargo, no sólo encontraron que la explanada de dicho parque se encontraba ocupada por los vagones desde el mes de julio del año pasado, también pudieron percatarse que el coordinador del Parque de La Muralla desconocía si SERPAR (Servicio de Parques de Lima) había dado autorización para que se utilice este espacio.

Ante esta situación de desconocimiento, la Comisión de Control solicitó que la gerencia de SERPAR les envíe los documentos administrativos relacionados con contratos y autorizaciones para este inusual uso de un parque público como almacén temporal. Sin embargo, lo que pudo encontrar es que esta autorización jamás existió.

Pero esto no evitó que se utilice la explanada del Parque de La Muralla para almacenar trenes y se empiece a acumular un perjuicio económico que alcanzó el monto de S/ 446,400 como consecuencia de todos los eventos, entre conciertos y ferias, que estaban planeados para realizarse sólo en el segundo semestre del año pasado y debieron ser cancelados.

Según la información que la propia gerencia de SERPAR le comunicó a la Municipalidad de Lima y fue incluida en el informe que Contraloría emitió, el monto que dejarían de recibir, entre los eventos que debieron ser cancelados y los alquileres de estacionamientos, es mucho mayor y supera los setecientos mil soles.

PÉRDIDA DEL ESPACIO PÚBLICO
El informe revisado por Sudaca no sólo señala que la Municipalidad de Lima y SERPAR no siguieron los procedimientos que corresponderían para este tipo de casos incumpliendo sus propios estatutos, también es categórico al indicar que “se ha desnaturalizado el uso público de la explanada de eventos”.

La comisión que visitó el Parque de La Muralla también explicó que el almacenamiento de los cuarenta y cuatro vagones se ha convertido en un impedimento para los ciclistas que hacían uso de la ciclovía que atraviesa un sector del parque. Del mismo modo relatan que estos vagones representan una limitación para otras de las zonas del parque que anteriormente eran aprovechadas por visitantes que practicaban danzas, patinaje y otras actividades al aire libre.

Es preciso señalar que SERPAR no sólo tiene a su cargo el Parque de La Muralla, este organismo también tiene bajo su responsabilidad la totalidad de los parques zonales y metropolitanos de la ciudad. Por lo que este perjuicio económico puede terminar perjudicando a varios espacios públicos.

El futuro de estos vagones hoy es una incógnita y, con la campaña presidencial terminada y Rafael López Aliaga fuera del despacho municipal, la presión política para darle una conclusión a este proyecto parece haber dejado de existir y lo único que permanece, a modo de resaca de esta campaña, es otro espacio público que no está disponible para una ciudad donde tampoco abundan.







