Indio Solari (1949-∞): Una despedida multitudinaria

Indio Solari (1949-∞): Una despedida multitudinaria

“Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota son, básicamente, una banda de rock. La complicidad musical existente entre el cantante Indio Solari y el guitarrista Skay Beilinson es responsable de esos himnos que han formado parte de la banda sonora de decenas de miles de argentinos hartos de la inconsistencia moral de sus autoridades, la discriminación social y la incertidumbre por un futuro sin oportunidades...”

[Música Maestro] Según cálculos conservadores, aproximadamente un millón de personas debe haber asistido al velorio público de Carlos Alberto “El Indio” Solari (77), realizado en un local del barrio de Avellaneda el pasado domingo 7 de junio, organizado a la carrera por su familia tras la negativa de Javier Milei, el estrafalario presidente de Argentina, de ceder los salones del Congreso y la Casa Rosada para ello aduciendo que no “era suficiente” a pesar de que otros eventos de esa naturaleza se han desarrollado allí sin inconvenientes.

Las imágenes que circularon al día siguiente de conocerse el fallecimiento del vocalista y líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, son igual de impresionantes. Decenas de miles de fanáticos se congregaron orgánica y pacíficamente en la Plaza de Mayo, en el corazón de Buenos Aires, como puede verse en impactantes tomas hechas con drones. Banderolas gigantes, revoleo de polos –“remeras” como dicen ellos-, cánticos enfervorizados y llantos desconsolados dieron forma a un evento que remeció las bases de la sociedad argentina.

El Indio Solari falleció el 5 de junio en su casa de Parque Leloir, un barrio bonaerense conocido como zona de retiro, tras varios años padeciendo del “Sr. Parkinson”, como él se refería a la enfermedad degenerativa que le diagnosticaron el 2017. En esa casa solariega había montado su residencia y los estudios de Del Cielito Records, desde donde sacó sus últimos temas con un proyecto llamado El Mister y Los Marsupiales Extintos, entre 2022 y 2025. Lo lloran, además de su esposa Virginia “Viru” Mones y su hijo Bruno, actualmente de 25 años, desde anónimas muchedumbres hasta reconocidas figuras públicas de distintos ámbitos en su país.

Futbolistas como Lionel Messi y Juan Román Riquelme -a quien lo unía una gran amistad como buen hincha de Boca Juniors-, políticos como Cristina Fernández, el gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio y, por supuesto, colegas musicales como David Lebón, Fito Páez, Víctor Heredia, Ricardo Mollo, Fabiana Cantilo y un larguísimo etcétera, han expresado tristeza por su partida y admiración por su legado. Su cómplice en Los Redondos, el guitarrista Skay Beilinson, escribió en sus redes sociales: «Te llevo en cada recuerdo, en cada canción de ayer. Con un inmenso dolor. Buen viaje mi querido amigo, hasta siempre».

Indio Solari: Un fenómeno argentino

Como mencionó el sociólogo Pablo Semán, en una de las tantas notas que se han publicado en estos días, en los principales diarios locales -Clarín, La Nación, Página 12- y en el portal Infobae, es un fenómeno que solo pueden entender los argentinos, como la devoción por Diego Armando Maradona o Evita Perón. De hecho, hay quienes ya comentan que las masivas reacciones de dolor generadas por la muerte del Indio Solari han sido tan grandes como las de la recordada política y la del astro del fútbol.

Carlos Alberto Solari, “El Indio” -mote inspirado en un jugador setentero de Estudiantes de La Plata, Jorge “El Indio” Solari-, nacido en la provincia de Entre Ríos, en la región del Paraná, no era la típica estrella de rock. Vestido siempre de manera muy sencilla, con su característica calvicie y lentes oscuros, conquistó a las multitudes con letras poéticas que cubrían desde sus situaciones personales hasta de represión, procesos sociales y política. En su voz cálida y clara había cercanía, sencillez, rebelde sentido del humor y aguda sensibilidad, suficientes elementos para generar un vínculo irrompible con la gente de abajo.

En el documental Tsunami: Un océano de gente, que registra los preparativos para un concierto ante más de 200,000 personas en Tandil, en el año 2016, el periodista y productor Mario Pergolini le hace una extensa entrevista donde expresa agradecimiento hacia sus fieles “ricoteros”, una familia gigante que, diez días después, sigue despidiéndose de él y colocando en obituarios impresos, en lugar del año 2026, el símbolo matemático del infinito (∞) como su fecha de muerte, señal inequívoca de que lo tendrán presente por siempre.

Redondos: Los Grateful Dead sudamericanos

Entre 1984 y 1994, las emisoras radiales y programas de videos musicales en Lima deben haber repetido hasta el cansancio cientos de canciones de rock en español, la mayoría de grupos argentinos. Ni una sola fue de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota quienes durante esa década consolidaron su estatus como banda de culto con una fanaticada en constante crecimiento gracias al boca-a-boca y ninguna promoción por parte de la industria musical argentina oficial ni presencia en el canal musical MTV, versión Latinoamérica.

A inicios de los noventa, sus recitales comenzaron a hacerse cada vez más grandes. Para ellos era normal llenar de tope a tope -cancha y tribunas- estadios de fútbol -de Gimnasia y Esgrima, Huracán, el Monumental de River-, sin que sus canciones compartieran rankings con aquellas de Soda Stereo, Enanitos Verdes, Charly García o Fito Páez y, a diferencia de estos grandes nombres del rock gaucho, jamás hicieron giras fuera de Argentina con la excepción de Uruguay.

Sus masivas presentaciones en vivo eran conocidas como “misas ricoteras” donde las mareas humanas coreaban todas y cada una de las canciones, sin descanso. Como ocurrió con la banda norteamericana Grateful Dead, caravanas iban de ciudad en ciudad siguiéndolos, en un peregrinaje musical que por momentos adquiría ribetes místicos. Las grabaciones de sus conciertos pasan de mano en mano desde hace décadas. Y, para mayor asociación de ideas, los seguidores de Los Redondos se hacían llamar “Ricoteros”, nombre equivalente a los “Deadheads” del fabuloso conjunto psicodélico hippie dirigido por Jerry García y Bob Weir.

Patricio Rey sus Redonditos de Ricota: La prehistoria

Todo comenzó en la ciudad de La Plata entre 1976 y 1978, cuando se formó un colectivo artístico que, en medio de la dictadura de Videla, decidió armar “quilombos” contraculturales que tenían de todo, desde actos circenses, monólogos y bailes exóticos hasta rock and roll. Los miembros de la banda eran entonces Carlos “El Indio” Solari (voz), Eduardo “Skay” Beilinson, Alberto “Beto” Verne, Basilio Rodrigo, Iche Gómez (guitarras), Daniel Fenton (bajo), Ricky Rodríguez (violín), Bernardo Rubaja (teclados), Juan Carlos Barbieri (batería) y el maestro de ceremonias, Sergio “Mufercho” Martínez.

La mitología del grupo se comenzó a gestar en esos primeros recitales en el Teatro Lozano (“Los Lozanazos”), donde además de música había payasos, acróbatas y el “Ballet Ricotero”, tres muchachas que según crónicas de la época “dejaban poco a la imaginación”. Esas actuaciones de las cuales no hay registros fílmicos, les trajeron varios problemas con la policía, por lo que Solari y Beilinson decidieron concentrarse más en el aspecto musical.

En esos años solían repartir a los espectadores unos buñuelos redondos rellenos de queso ricota, ingrediente de origen italiano muy común en la gastronomía platense, que preparaban siguiendo la receta de una conocida cocinera local, Patricia Rey, de donde terminó saliendo el nombre del grupo pero masculinizando al personaje central, aunque existe otra leyenda urbana según la cual “Patricio Rey” era el pseudónimo de una especie de gurú callejero, un vendedor humilde que la banda habría conocido en sus inicios.

1982-1989: Los primeros discos

Entre 1978 y 1982, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota siguieron realizando giras, bajo el liderazgo musical de Indio Solari y Skay Beilinson y la mano administrativa de Carmen “La Negra Poli” Castro, pareja del guitarrista. Ellos tres formaban el núcleo de la banda, al que se sumó el pintor Ricardo “Rocambole” Cohen -de una comuna hippie argentina llamada La Cofradía de la Flor Solar que albergaba músicos, artesanos y artistas plásticos- como diseñador de las carátulas de todos sus álbumes, quien combinaba su críptico estilo con referencias a hechos históricos mundiales y de Argentina, así como a artistas clásicos como Caravaggio o Goya.

Aquel 1982, el cantante ítalo-británico Luca Prodan (1953-1987), líder de Sumo, reemplazó al Indio Solari en un recital de Los Redondos en La Plata, un momento único en la historia del rock argentino. La afinidad entre ambas bandas terminó en una sólida amistad y admiración mutuas, al punto que una letra escrita por Solari se convirtió en Mejor no hablar de ciertas cosas, clasicazo del LP debut de Sumo, Divididos por la felicidad (1985).

En 1985 se publicó Gulp! (Wormo Discos), el debut en estudios de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, entonces integrado por Indio Solari (voz), Skay Beilinson, Tito Fargo (guitarras), Daniel “Semilla” Bucciarelli (bajo), Willy Crook (saxo) y Juan “Piojo” Ábalos (batería). Siguieron tres álbumes más, el excelentemente político Oktubre (1986), Un baión para el ojo idiota (1988) y ¡Bang! ¡Bang! Estás liquidado (1989), con Sergio Dawi (saxo) y Walter Sidotti (batería) reemplazando a Crook y Ábalos, respectivamente.

1991-2001: La década ricotera

A partir del quinto disco La mosca y la sopa (1991), que incluye Un poco de amor francés, uno de los favoritos en concierto, sus recitales comenzaron a tener enormes niveles de convocatoria, con públicos que superaban las 25,000 o 35,000 personas. Aunque ya en 1989 habían llenado el complejo deportivo Obras Sanitarias de Buenos Aires -algo que solo había logrado Soda Stereo, con quienes la prensa inventó una inexistente rivalidad-, es en la primera mitad de los noventa que las llamadas “misas ricoteras” adquieren proporciones épicas.

Lamentablemente, tales aglomeraciones de gente siempre traen consecuencias, algunas de ellas graves. La banda, cuyo estilo rocanrolero había influenciado a otros conjuntos como Los Piojos, Ratones Paranoicos, La Renga y Divididos, generaba momentos de euforia colectiva y enfrentamientos con las autoridades. En 1991, durante un espectáculo, precisamente, en Obras, la policía detuvo a decenas de personas, entre ellas un jovencito de 17 años, Walter Bulacio, quien falleció cinco días después en extrañas circunstancias, después de haber sido abandonado por los agentes federales en una ambulancia. No sería el único incidente de violencia relacionado a Los Redondos durante la década.

Los siguientes discos Lobo suelto, cordero atado Vol. 1 y 2 (1993), que incluye otro himno ricotero, Un ángel para tu soledad, y Luzbelito (1996), cimentaron su estatus de culto con más recitales multitudinarios y permanentes desencuentros con las autoridades con El Indio Solari convertido en un verdadero ídolo de masas. Los álbumes finales en estudio, Último bondi a Finisterre (1998) y Momo sampler (2001), les trajeron algunas críticas por su incorporación de sonidos electrónicos, aunque siguieron llenando estadios tanto en Argentina como en Uruguay.

Otra tragedia aceleró el proceso de separación de la banda, iniciado por una discusión entre Indio Solari y la pareja Skay Beilinson/La Negra Poli por la tenencia de videos de sus conciertos. En una de sus presentaciones, ante 45,000 personas en el Estadio Chateau Carreras (Córdoba), un espectador murió al caer desde una de las tribunas. Al conocerse los hechos, el grupo decidió separarse, una historia que se cuenta en el libro La última noche de Patricio Rey, escrito por los periodistas Martín Correa, Humphrey Inzillo y Pablo Marchetti. Aquel concierto, realizado el 4 de agosto de 2001, fue el último de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

El sonido de Los Redondos

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota son, básicamente, una banda de rock. La complicidad musical existente entre el cantante Indio Solari y el guitarrista Skay Beilinson es responsable de esos himnos que desataron más de una vez el pogo más grande del mundo ejecutado por decenas de miles de argentinos hartos de la inconsistencia moral de sus autoridades, la discriminación social y la incertidumbre por un futuro sin oportunidades.

Canciones como Superlógico, La bestia pop (Gulp!, 1985), Preso en mi ciudad, Música para pastillas (Oktubre, 12986), Todo preso es político, Vencedores vencidos, Vamos las bandas (Un baión para el ojo idiota, 1988), La parabellum del buen psicópata o Maldición, va a ser un día hermoso (¡Bang! ¡Bang! Estás liquidado, 1989) son buenos ejemplos de clásicos ricoteros. Pero, de todas ellas, la más representativa es Ji ji ji (Oktubre, 1986), con la que solían cerrar sus conciertos, cuya letra tiene más de una interpretación debido a su tono oscuro y misterioso. El único disco oficial en concierto, En directo (1992), contiene actuaciones en Buenos Aires y Montevideo con la formación definitiva: El Indio Solari (voz), Skay Beilinson, Gabriel Jolivet (guitarras), Daniel “Semilla” Bucciarelli (bajo), Walter Sidotti (batería) y Sergio Dawi (saxo).

En los estudios, por su parte, contaron con la colaboración de grandes personajes del rock argentino. El más notable es, definitivamente, Lito Vitale, quien fue ingeniero de sonido en sus primeros discos y posteriormente colocó su piano y teclados en varios momentos hasta 1998. Cantantes como Claudia Puyó y Fabiana Cantilo, famosas por su asociación artística con el rosarino Fito Páez, hicieron coros en varias grabaciones ochenteras de Los Redondos, lo mismo que Las Blacanblus, cuarteto femenino que fue parte de las giras desde 1995 en adelante.

El Indio Solari después de Los Redondos

Desde el 2003, Carlos “El Indio” Solari volvió a los escenarios al frente de una nueva banda, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, llevándose consigo la devoción masiva por sus letras y gestos, con enormes públicos coreando letras políticas como Pabellón Séptimo (Relato de Horacio) o personales como Y mientras tanto el sol se muere…. Solari siguió remeciendo los estadios de Argentina con sus presentaciones cargadas de emotividad y fibra rockera, combinando temas nuevos con clásicos ricoteros de todas sus épocas. El flaco Skay, por su lado, siguió tocando música de Los Redondos con su banda Los Fakires, ante públicos más reducidos.

En esta nueva banda estuvo acompañado por Gaspar Benegas, Baltasar Comotto (guitarras), Marcelo Torres (bajo), Pablo Sbaraglia (teclados, guitarras, coros), Hernán Aramberri (batería), Sergio Colombo (saxo) y Miguel Ángel Tallarita (trompeta), además de Luciana Palacios y Deborah Dixon, una de las Blacanblus, como coristas. En el 2007, Marcelo Torres, ex bajista de Spinetta y Los Socios del Desierto, fue reemplazado por Fernando Nalé y Hernán Aramberri dejó su puesto al ex baterista de los metaleros A.N.I.M.A.L., Martín Carrizo.

Precisamente, una de las acciones que mejor describe el carácter solidario del Indio Solari tiene que ver con Carrizo. Cuando fue diagnosticado con esclerosis lateral amiotrófica, Solari recaudó fondos para su colaborador y amigo a través de distintas campañas e incluso donó toda la recaudación de uno de sus multitudinarios conciertos para cubrir gastos de su tratamiento. Finalmente, la terrible ELA acabó con la vida de Carrizo, quien falleció el 2022 a los 50 años.

Junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, Solari publicó los siguientes discos: El tesoro de los inocentes (2004), Porco Rex (2007), El perfume de la tempestad (2010), Pajaritos, bravos muchachitos (2013), En vivo (2015) y El ruiseñor, el amor y la muerte (2018), este último lanzado cuando ya había decidido retirarse de los escenarios al anunciar que tenía Parkinson y la banda seguía tocando con Pablo Sbaraglia asumiendo el rol de vocalista.

Su último recital fue en marzo del 2017, en un lugar llamado La Colmena en la ciudad bonaerense de Olavarría. Este concierto batió todos los récords de asistencia en Argentina, entre 300 mil y 400 mil personas que hicieron realidad aquello del “pogo más grande del mundo”. Lastimosamente, el saldo fue de dos personas muertas, decenas de heridos y detenidos. La última aparición pública de Carlos Alberto “El Indio” Solari fue en el 2022 cuando recibió el grado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires. Tres años antes, Indio Solari publicó una jugosa autobiografía titulada Recuerdos que mienten un poco, que se convirtió en uno de los libros más vendidos en la historia de Argentina.

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