[MIGRANTE AL PASO] No veré este mundial, afirmé varias crónicas atrás. Hoy quedaron fuera de la Copa del Mundo Alemania y Holanda, lamentablemente, Japón, mi favorito, también. Hasta esta fecha solo había visto un partido y, relativamente, obligado. Había perdido la fe en este deporte y el fanatismo que tenía, aún no lo recupero, pero hoy la pasé bien. Día libre, feriado, un buen día de descanso. Al no tener nada que hacer en el día, hablo con dos amigos, de los más antiguos y de los que más frecuento: Hay que ver los partidos del mundial, quedamos. No hubo cervezas, solo historias de algunos viajes, un poco de PlayStation y mucho fútbol. Algo que probablemente hemos repetido varias veces en mundiales pasados y mucho más jóvenes. Se sentía un aire escolar, como cuando te daban la clase libre para ver un partido importante. Los álbumes, favoritos y una eterna ausencia de Perú, que te hacía hincha de otras naciones. Esa magia sentía que se había perdido un poco, por la sede, escándalos y una patología masiva a la que no le daba la importancia debida.
Neymar se acercó a los japoneses para consolarlos. Eran los favoritos de muchos y lo dieron todo. Aparte de mis quejas por lo innecesarios y más cosas sobre las pausas de hidratación, los infinitos comerciales de plataformas de apuestas y, también de que ya no dejen ver las peleas en vivo. Este deporte sí despierta un poco el instinto violento, en realidad creo que todos, pero la magnitud cultural de ver a la gente patear la pelota es inconmensurable. Hay demasiado alrededor de esto. Recordaba cuando fui al Mundial de Brasil 2014, yo acababa de renunciar a la Universidad de Lima, sin saber que iba a pasar, haciendo una jugada de riesgo que salió bien. Toda esa ansiedad no importaba, ver las celebraciones, la gente de decenas de países en las calles, no tenía ninguna responsabilidad que me frene de simplemente disfrutar. El primer viaje solo con mi padre, aficionado, tanto que sigue viendo los partidos de la U en fútbol nacional. Y los vive.

Cada uno a sorbos de Red Bull y cigarros, estamos jóvenes pero ya nos alcanza el cansancio más rápido. Les contaba sobre una foto en la que salía con Figo, me molestaban por mi pelo excesivamente largo. Yo rochoso no quería pedirle una foto en el aeropuerto de Río de Janeiro (Iba en el mismo vuelo camino a Salvador de Bahía), mi padre le habló en un portugués rarísimo y se logró un recuerdo grabado en una imagen. Vimos el gol de Van Persie, la palomita que está en el top 5 de la historia, Cristiano Ronaldo a pocos metros, algunas cervezas y mucha carne. Tenía 19 años y nunca había visto a chicas tan bonitas, era un niño aún, me costaba concentrarme. Todo ese mundo que hoy se siente menos potente, tiene un efecto que pasa desapercibido.
El fútbol es político preguntan muchos, yo creo que inevitablemente sí. Cuando Messi le dio la mano a Trump, más allá de si supiera o no tuvo repercusiones. Desde que comenzó el mundial nunca más escuchamos de ICE o los archivos de Epstein. En 2014 conversábamos con un barman que quería que Brasil pierda, su propio país, nos lo contaba molesto. Un. Robo en Pelourinho, lugar donde castigaban esclavos en la colonia. Violencia en hinchadas, abusos que pasaban desapercibidos. Ni me enteré que ganó Keiko al 100% hasta que me llamó mi abuela hace un rato. Recuerdo ya un poco mayor, cuando vivía en Argentina, en la 12, la famosa barra brava de Boca y su trinchera en La Bombonera. Yo callado y saltando por contagio y miedo. Las elecciones eran al día siguiente, pero no importaba. Nunca había sentido algo así, todo temblaba y veías que sucedía todo malo y bueno en una misma tribuna. La euforia era contagiosa e intimidante a la vez. La locura era palpable y se mezclaba con la propia.
En todos esos momentos se puede sentir en la euforia como se está sintiendo el mundo y la simbología es infinita. Parece un campeonato entre colonizadores y colonizados. Pero igual hoy la pasé bien, grité el gol de Japón como simbología fuera Perú; un desahogo es necesario, pero hay que intentar darse cuenta y el fútbol debería ser consciente de eso, no cómplice como parece serlo.
En fin el análisis podría ser infinito y aburrido. Lo único que sé es que hoy 2 amigos y tres partidos me alegraron el día, pude despegarme del trabajo y de preocupaciones por 9 horas. Partido tras partido, goles tras goles. Ver penales después de mucho tiempo. Hoy regreso un poco de lo que había perdido y es esperanzador. La cantidad de recuerdos revividos valen más que suficiente. Pero nunca olvidar que al final, debería ser solo fútbol.







