Golpe de estado

Según la encuesta del IEP el 69% rechaza la conducta obstruccionista de Keiko Fujimori, que usando diversas estrategias busca apoderarse de la presidencia y rechazar cualquier resultado que no la favorezca. Es claro para muchos/as que la consigna de la ex candidata y el sector que la apoya es ganar, a la buena o a la mala.

Keiko Fujimori no aprendió de sus errores. Ha sido evidenciado, lo que muchos sabíamos, no solo heredó las prácticas autoritarias y delictivas de su padre, también ha desarrollado un profundo desprecio por el país que dice defender.

Sólo así se explica que, sin importarle la pandemia que ha dejado más de 187 mil defunciones, pobreza y exclusión, la hoy ex candidata se haya dedicado las últimas semanas a promover un escenario de mayor polarización y violencia mediante las acusaciones de fraude, debilitando así a las instituciones electorales, deslegitimando un proceso transparente y advirtiendo, una vez más, un clima de ingobernabilidad para los próximos años.

Keiko Fujimori, sus tradicionales y nuevos aliados, han dejado claro que su actitud y “principios” democráticos son relativos, se mantienen siempre y cuando no se afecte el modelo social y económico que ideológicamente protegen. Mientras el poder siga concentrado en la elite “blanca”, “bien hablada”, “ilustrada” todo estará “en calma”. Entonces, la “democracia” que defienden es aquella que les permita seguir concentrando – sin cuestionamientos-  el poder real y simbólico, lo contrario es visto como una amenaza y para combatir dicho riesgo se han desplegado estrategias bastante perversas.

Una de estas es la profundización de la violencia racial. Todo el proceso electoral y el contexto que vivimos actualmente se encuentra atravesado por el racismo y el colonialismo. Citando las palabras de Nelson Manrique, arrastramos una fractura colonial no resuelta, por lo que construir solidaridad social es una tarea difícil (2002: 60)

Aprovecharse de esta fractura, potenciarla y hacer un llamado a todos los sectores que se sienten amenazados por la posible llegada al poder de un representante de “los nadies”; no sólo es irresponsable sino además es un directo llamado al odio y la violencia en un país discriminador y violento.

Expresiones como el “better dead that red”, las claras amenazas de golpe de Estado, la insistencia en posicionar el discurso de fraude (negando la legitimidad del voto de zonas rurales y alejadas), el acoso a las autoridades del sistema electoral   y el nombrar como “comunista” a todo aquel que se les oponga; es parte de una estrategia de miedo, atravesada por la violencia racial, en la que, lamentablemente, buena parte de la población ha caído.

Keiko Fujimori, en mi opinión, guarda un profundo desprecio por el país y ello ha quedado al descubierto. No se defiende al país escindiéndolo más. No se construye democracia liderando una crisis social y política racializada, no se construye un país garante de derechos negando legitimidad a las demandas de la población; no se construye una república realmente libre, destruyendo los principios democráticos. Lamentablemente, el daño está hecho.

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Golpe de estado, Keiko Fujimori, violencia racial

Está jugando con fuego la derecha, hoy aupada bajo el mando de Keiko Fujimori, al no deslindar con claros pronunciamientos golpistas expresados, por ejemplo, en una proclama firmada por centenares de oficiales militares en situación de retiro conminando a sus mandos en actividad a que tomen cartas en el asunto e impidan la proclamación de Pedro Castillo como Presidente, bajo la sola sospecha, aún no probada, de que ha habido un fraude electoral en el Perú para favorecer un triunfo ilegítimo del mencionado candidato y que éste asuma el poder espuriamente.

Se entiende la desazón y eventualmente la convicción de algunos voceros de Fuerza Popular respecto de que su eventual derrota se ha debido a maniobras irregulares en ciertas localidades del país donde Perú Libre logró alzarse con el triunfo. De allí que nos parece legítima su lucha legal por lograr que el JNE atienda sus pedidos de impugnación y que no lo limite en función de temas horarios o asuntos menores.

Pero lo que no puede trasponerse es el marco legal para librar esa batalla. Lo que corresponde es pelear hasta las últimas aristas jurídicas posibles, con todos los recursos impugnatorios y legales pasibles de aplicarse a una circunstancia como la que nos toca enfrentar. Pero el telón de fondo sobre el que no debería caber discrepancia alguna es que sea cual sea el fallo final del JNE éste debe ser acatado sin dudas ni murmuraciones.

Si acepta las impugnaciones, las avala y le otorga el triunfo a Keiko Fujimori, aunque las huestes de Castillo incendien el país, el resultado se deberá respetar e imponer. Y si el fallo final favorece a Castillo, las fuerzas crecientemente beligerantes de la derecha deberán aceptar el resultado, resignarse a ver los siguientes cinco años un gobierno probablemente mediocre y negativo para el país, y esperar a que el 2026 el país haya aprendido de la nefasta experiencia y nunca más cometa el error de votar por la izquierda.

La llamada a los cuarteles, directa o indirecta, forma parte de un delirio colectivo al que un sector numeroso de la derecha se está sumando peligrosamente. Paños fríos y racionalidad democrática es lo que cabe anteponer como imperativo en estos momentos de conmoción en un Perú dividido en dos.

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Derecha, Fraude electoral, Golpe de estado

Todos los días, de lunes a viernes, Alexandra Ames, David Rivera y Paolo Benza discuten los temas más importantes del día por Debate. En nuestro episodio número 155: Personajes supuestamente serios le hacen el juego al discurso que esgrimen quienes piden un golpe militar. Y el modus operandi de Perú Libre en sus gestiones regionales.

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Fraude electoral, Golpe de estado

Lejos de aceptar lo proclamado en las urnas nuestra derecha más obtusa, fascista y corrupta –con el total beneplácito de la señora Fujimori– se empeña, mediante triquiñuelas legales, desconocer la legitimidad de la elección como presidente de la república de Pedro Castillo. Al grito de fraude no han escatimado en pedir que las elecciones se anulen o que se produzca un golpe de estado.

Un delirante almirante, que ha pasado de firmar el acta de sujeción al delincuente de Vladimiro Montesinos a entregarse al fascismo liderado por un oscuro personaje que se identifica así mismo con un cerdo, ha hecho un ilegal llamado a la sedición. En su perturbada mente autoritaria parece haber convencido a un sector de la derecha a que se prolongue lo más posible, con todo tipo de leguleyadas, la decisión del Jurado Nacional de Elecciones para que se llegue al 28 de julio sin proclamar un ganador y él, ya electo como presidente del congreso, pueda asumir el gobierno y convocar a nuevas elecciones. Una estrategia a la que ya no le importa le ley y la institucionalidad, que solo busca el poder por el poder para impedir que un gobierno del pueblo llegue a palacio.

La paranoia de la derecha ultraconservadora es tal que han recurrido a sus viejas prácticas de llamar al golpe de estado con tal de preservar sus privilegios. La nuestra nació como una república excluyente. Cuando en los albores de la independencia se decidió excluir a los analfabetos del derecho al sufragio, en verdad, a quienes se excluyó fueron a los indígenas. Su temor siempre fue el que los indios tomaran el poder de una república que los criollos construyeron para sus exclusivos intereses. De esta manera en un país donde el 80% de su población era rural, indígena y analfabeta, las elecciones fueron un fenómeno forzadamente urbano y minoritario. Esto se mantuvo hasta la Constitución de 1979 y hoy poco más de cuarenta años después, lo impensable sucedió y esas fuerzas históricamente excluidas han ganado legítimamente el gobierno.

Aquí no sólo se juega la preservación de un modelo económico, se juegan los miedos más atávicos de una derecha que nunca supo ser democrática, que siempre utilizó a las instituciones para sus intereses y mantener sus grandes negociados. De ahí su desesperación por mantener el poder a toda costa. Cuando ya habíamos pensado que el fantasma del golpe, aquel que siempre acompañó nuestra historia, se estaba disipando reaparece nuevamente en boca del cachaco de turno y de sus esbirros que fungen de periodistas.

La historia política del Perú siempre ha sido muy tormentosa, como nos enseña Alberto Flores Galindo, “entre 1900 y 1968 se produjeron 56 intentos para interrumpir la sucesión considerada legal en la vida republicana. En diez casos se trató de proyectos gestados y protagonizados por civiles. Los restantes 46, se originaron en el interior de las fuerzas armadas. De ellos, sólo nueve se produjeron en los treinta primeros años de este siglo; el resto emergió entre 1931 y 1968, equivaliendo casi a un intento por año” (La tradición autoritaria, 1999). En lo que va del presente siglo, sin embargo, logramos, con mucho esfuerzo, mantener el período democrático más largo de nuestra historia. Claro que no estuvo exento de ataques y peligros constantes que como ciudadanía supimos conjurar. Hoy que el peligro del golpe asecha nuevamente debemos estar otra vez vigilantes y defender lo que ha sido la expresión legítima del pueblo.

No podemos esperar ni pedir a quien encarna y lidera una organización criminal nacida de una dictadura que tenga la grandeza de aceptar el veredicto popular. Quien nació para ladrón no puede pretender ser estadista. Pero si podemos defender y legitimar al nuevo presidente de las arremetidas de una derecha más embrutecida y achorada que nunca. Hicieron todo lo que estuvo a su alcance para impedir ese triunfo, tuvieron todo el apoyo económico y mediático y no pudieron doblegar la voluntad de un pueblo que le ha dicho no a la mafia y que quiere un cambio en el país. Ahora quieren doblegar al presidente legítimamente electo. Seguramente seguirán usando a sus cachacos, su prensa, sus millones, a sus hermanitos del poder judicial y el ministerio público, pero, esta vez no podrán contener a un pueblo que defenderá su derecho a decidir su propio destino.

No será una tarea fácil. Nos toca a nosotros desde la sociedad civil rechazar cualquier intento golpista de desconocer los resultados. No podrán arrebatar por la fuerza lo que no pudieron ganar en las urnas. Este ya no es el Perú de antes, es un Perú que se sabe dueño de su destino y cuyo pueblo ha despertado de un largo letargo al que fue sometido por esa oligarquía que nunca amó a este país. De nosotros dependerá que no “volvamos a la normalidad” como dijo el poeta Martín Adán cuando Odría dio el golpe de estado.

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Derecha, Fraude electoral, Golpe de estado

UNO

Era natural de la lejana Wisconsin. Era un cuarentón, caucásico, con cejas pobladas, orejón y pelo engominado. Joseph McCarthy fue electo senador republicano en 1947. En 1950 emergió de la oscuridad: Dedujo, inteligentemente, que la Unión Soviética y China eran los enemigos a vencer. Entonces, cual demagogo oportunista, acusó a Truman de tibio, ante el avance del Comunismo. Como pocos le hicieron caso, le envió una misiva al Presidente denunciando una conspiración roja, dentro del Departamento de Estado. Más tarde, hizo pública la carta. Eso, jodió a Truman.

Volteó su mirada a la Costa Oeste: Hollywood. Y sonrió. Ahí esgrimió una lista negra, con apoyo popular y sin ninguna interferencia política. En dicha lista, incluyó a actores, guionistas, intelectuales, artistas, científicos y directores de cine.

DOS

Dícese, erróneamente, que la edad brinda un mayor sosiego y sabiduría. Generalmente, la gente que de joven es cojuda, pues de viejo lo seguirá siendo. O que en la vejez, mucha gente cambia para mal.

Vitocho Belaunde es una muestra clara de este axioma. En un programa político, recordó el golpe de 1962 (que benefició a Belaunde y perjudicó a los apristas) como un ejemplo –erróneo- del porqué se debe anular las elecciones. Aunque, hasta ahora, no se comprobó el tan mencionado fraude, según los organismos internacionales.

En 1992, tuve la gran oportunidad de entrevistar al vate Antonio Cisneros, quien generoso me brindó una hora y media de su tiempo. Me dejó muchas frases para el recuerdo.

“Tomás, todo es cíclico. Incluso el liberalismo a ultranza que estamos viviendo”.

Leí en las redes sociales, a gente que sin inmutarse, exigía que se proscriba al Partido Comunista. Otros, reclamaban que los tanques militares salgan a las calles. Me parecía volver a los años cuarenta y cincuenta, cuando el APRA y el Partido Comunista estaban proscritos; y sus líderes deportados. O los ignomiosos golpes de Estado.

TRES

Apuntó su mira a los Rosenberg, y los acusó de traición a la patria. Terminaron en la silla eléctrica.

McCarthy creó comités y grupos de vigilancia privados, para antiamericanos en las ciudades. La consecuencia directa fue que miles de personas perdieron sus trabajos. Así también, se procesaron a residentes extranjeros y homosexuales. Lo contraproducente de esto, es que él era gay; reprimido, pero gay.

Incluso persiguió a Chaplin. Lo obligó a exiliarse.

Años después, su imagen se desgastó. Se había creado demasiados enemigos. Su alcoholismo y el cambio de la opinión pública sellaron su suerte. Fue expulsado del Comité del Senado. Y luego se perdió en el anonimato.

CUATRO

El Perú era y es un país racista. Acá no hubo un proceso de mestizaje uniforme, como en otros países. Los españoles (conquistadores) usaron los indígenas como servidumbre. En otros países, los españoles tenían queridas e hijos, por doquier, con las indígenas. Acá eso no sucedió, ni de casualidad.

Que Pedro Castillo haya salido de un pueblo perdido del interior, y que no haya ido nunca a Lima, para hacerse de un nombre; es algo que los limeños no entienden, o no quieren entender.

Cuando hacia campaña por esos pueblos, les hablaba como un campesino más y comía con ellos. Fácil deducir, por que dichos poblados votaron por el hombre de Chota.

Que Keiko y su troupe, menosprecien y deseen anular el voto indígena, es una muestra más de racismo. Y su forma inequívoca de entender el país.

La irascibilidad se apoderó de un grupo heterogéneo de personas, ante los resultados electorales, en Lima. Por cuenta propia o no, decidieron colgar un cartel en las redes sociales: “Chapa tu Caviar”. Un mensaje netamente discriminatorio.

Lo insólito del caso, es que muchos cristianos que suscribieron en el muro del facebook: “El Comunismo es Satanás”;  ahora, con lo de “Chapa a tu Caviar”, dichos creyentes han virado en un silencio sepulcral.

A lo lejos, en el Seol, McCarthy dibujó una sonrisa sardónica en su rostro.

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Fraude electoral, Golpe de estado, Pedro Castillo, Racismo