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Querida Manuela,

Se acabó el año, hoy es el último día de 2021. Se pasó bastante rápido. Sigue la pandemia y tuvimos elecciones presidenciales bastante violentas y radicales. Entramos al Bicentenario de la República sin mayores festejos y con mucha convulsión política. Cerramos el año con una baja representación de mujeres en el Ejecutivo: una Presidente del Consejo de Ministros y cinco ministras mujeres para 19 carteras. 

Ha sido un año de contradicciones, donde las restricciones de la pandemia limita el tocarnos, el poder estar cerca, el poder asistir a escuelas y universidades y, sin embargo, hacemos fiestas, reuniones, abren cines y restaurantes, se llenan los centros comerciales y hasta se celebran conciertos. Somos un país de extremos: se limitan los aforos de locales, pero hay colas inmensas para ingresar, es como si solo tuviéramos la capacidad de recibir órdenes, pero no de analizar o internalizar las problemática en todo lo que realizamos. El criterio ha desaperecido. Los niños, niñas y adolescentes aun no van a ir al colegio y no hay un plan concreto para el retorno en 2022 (los últimos datos según las autoridades indican que se regresaría entre marzo y abril y por cuatro horas al día).

¿Crees que estemos acostumbrados a recibir órdenes y solo acatarlas por un tema de educación y formación? Lo pienso así. ¿Cuál es el futuro de un país donde el 25% son jóvenes entre 15 a 29 años y hace dos años que no reciben educación presencial? Entramos a los 200 años de la República sin un rumbo fijo en relación a nuestros niños, niñas y adolescentes.

Nuestra juventud debe de conocer nuestra historia para no repetir los errores y mirar hacia un futuro con expectativas reales. Estuve el 29 de diciembre en una ceremonia en el Parque de la Reserva por los 100 años de la urbanización de Santa Beatriz. Conociste esta zona como la hacienda de José Bernardo de Tagle y Portocarrero, el mismo con el conversaste muchas veces y quien fue el segundo presidente del Perú. Fue 100 después, con el que el entonces presidente Augusto B Leguía, que se desarrolla esta zona de Lima con una visión urbanística estadounidense, casas con retiros y jardines externos con garajes. Fue la primera creada fuera del Cercado, con espacio para la práctica de deportes modernos de la época como el tenis, un hipódromo, el estadio de fútbol y la piscina japonesa. Además, Santa Beatriz fue el barrio de la generación de 1950, ya que en distintos momentos vivieron ahí los poetas Javier Sologuren, Leopoldo Chariarse y Carlos Germán Belli; el narrador Julio Ramón Ribeyro; el pintor José Bresciani; el educador Carlos Cueto; el filósofo Augusto Salazar Bondy; los músicos Enrique Pinilla y Enrique Iturriaga; y mujeres talentosas como Chabuca Granda y la poeta Blanca Varela. El tiempo avanza, cambia, pero debemos mantener el recuerdo y aprender de las experiencias. Hoy Santa Beatriz luce bastante diferente. ¿Cuantos niños, niñas y adolescentes limeños saben de esto?

Recordar que existen mujeres como tú en nuestra historia y mirar hacia el futuro con las mujeres organizadas (somos el 50% del electorado y en Lima el 90% de las dirigentes vecinales). Hace 200 años fuiste condecorada con el título de Caballeresa de la Orden El Sol del Perú por Don José de San Martín por tus actividades proindependentistas, luego de que tomase Lima con su Ejército de Los Andes y proclamase la Independiencia del Perú un 28 de Julio de 1821. Pocas niñas saben tu historia. 

Entramos a 2022, a los 201 años de vida republicana. Es año de elecciones regionales y provinciales y distritales. Actualmente solo 11 mujeres ocupan un sillón municipal en distritos y en provincias de un total de 1676 municipios distritales y 196 provinciales. Esperemos más representación en estas elecciones y avancemos sin olvidar la historia. Por un futuro con más participación de las mujeres, así como con niñas, niños y adolescentes educados con memoria histórica. Feliz año y todo lo mejor para 2022. Manuela, nos mantenemos en contacto.

 

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2022, elecciones regionales y distritales, mujeres

Son muchas las veces que se llama la atención sobre la violencia contra las mujeres, es claro que este es uno de los principales problemas que tiene el país. Un drama que a pesar de los esfuerzos no logra erosionarse y que semana tras semana nos hace horrorizarnos con nuevos casos. 

Entre enero y octubre del 2021, el Ministerio de la Mujer ha registrado 114 casos de feminicidios, más de un centenar de mujeres que fueron asesinadas, muchos niños y niñas que quedaron sin madre; y una sociedad que se daña y se deshumaniza como consecuencia de la violencia de género. 

El feminicidio como crimen no es un hecho aislado es producto de la permanencia de otras formas de violencia, de la minimización que se hace de otros hechos de agresión, de la falta de atención a las denuncias, de medidas de protección inoperantes y de la impunidad. Muchas mujeres antes de ser asesinadas sufrieron otras formas de agresión como el acoso, la violencia psicológica, física y/o sexual. Muchas expresaron sus miedos, alertaron a sus entornos, a las autoridades, muchas buscaron ayuda y encontraron la indiferencia, muchas intentaron huir.

El feminicidio es un crimen que puede evitarse, porque la violencia contra las mujeres puede y debe prevenirse. De hecho, la obligación de prevención es parte de la debida diligencia que debe cumplir el Estado en materia de violencia contra las mujeres.  

En este escenario tan doloroso y trágico, el Congreso de la República blindó a un agresor, al congresista Luis Cordero Join Tay denunciado por acoso, violencia física y sexual por parte de su expareja. 

El martes 6 de diciembre del 2021, debemos recordarlo como el día en que la Comisión de ética del Congreso de la República protegió – con argumentos absurdos- a un agresor; convirtiéndose en un canal de impunidad y enviando – a su vez – un mensaje de permisividad y tolerancia frente a la violencia hacia las mujeres. Nada más vergonzoso. 

Luego de este proceder y de las declaraciones públicas de la presidenta de la Comisión Karol Paredes (Acción Popular) quién justificó la decisión y mandó a investigar a los medios de comunicación; es claro que el espacio se conduce sin ética, en un marco de extraños y pobres valores que ningún favor le hacen al país. 

La lucha contra la violencia hacia las mujeres es un asunto de derechos humanos y por lo tanto debe ser una prioridad ética. Al parecer, en el actual Congreso, no lo entienden así. Quedó claro que este grave problema social solo se utiliza con fines políticos, pero no existe un auténtico interés por abonar a su erradicación. Lamentable. 

Gracias a la insistencia de la Congresista Ruth Luque, una de las pocas que voto a favor de la investigación en la Comisión, se han logrado los votos para que la nefasta decisión pueda ser reconsiderada en una nueva sesión a desarrollarse este jueves 9 de diciembre, esperemos que sea oportunidad para enmendar el terrible error, aunque el daño ya está hecho. 

 

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Congreso de la República, Lucha contra la violencia hacia las mujeres, mujeres, violencia

Solo las propias víctimas y sus familiares saben el difícil camino que se emprende cuando se busca justicia en un caso de violencia de género. Una ruta plagada de barreras y de situaciones complejas que puede extenderse por años.

Y creo que es importante visibilizar esta problemática, pues cuando se difunden los casos, cuando se abordan los mismos, cuando se piensan en acciones para hacer frente a la violencia parece que el horizonte común es promover que las mujeres denuncien y punto.  Y aunque la denuncia es importante, perderá poco a poco su legitimidad si es que la respuesta final sigue siendo la indiferencia y por lo tanto la impunidad. 

Una ruta difícil para acceder a la justicia, la demora en el procesamiento de los casos, en las investigaciones y finalmente la impunidad refuerzan el estatus en el que el patriarcado a situado a las mujeres.  El mensaje que se envía es que nuestras vidas no importan, los agresores perciben la tolerancia social y se sienten ganadores, con ello se fortalece y reproduce el orden de género.  

Recordemos el caso de Solsiret Rodriguez, víctima de desaparición y feminicidio; su caso se ha topado con decenas de barreras, desde los estereotipos de género que impidieron una búsqueda rápida hasta diligencias que tardan absurdamente hasta la fecha; en tanto, sus agresores siguen con prisión preventiva sin una pena que garantice justicia. La familia de Sol ha atravesado años de sufrimiento. 

Recientemente la madre de una víctima de feminicidio se contactó con el CMP Flora Tristán buscando ayuda para exigir una respuesta adecuada de Medicina Legal, en donde le habían señalado que no se podía hacer un examen necesario para la investigación por falta de insumos y recursos. Nada más indolente.

O también el caso de DB, una joven víctima de violación sexual – hace 14 años – por un ex integrante de las Fuerza Área del Perú (FAP) quien sigue prófugo y su caso en permanente litigio. Como no recordar el caso de JH, una mujer que fue victima de tentativa de feminicidio hace más de 8 años, producto de la agresión su rostro quedó desfigurado; su vida y la de su pequeña hija cambiaron para siempre. El agresor no ha sido capturado, porque no se han desplegado los esfuerzos necesarios para lograrlo.

Para prevenir la violencia hay que erradicar la impunidad; es decir promover el acceso efectivo de las mujeres a la justicia, esta es una demanda que debe ser priorizada por el Estado.

La violencia contra las mujeres es un atentado contra la dignidad, tal como lo ha señalado el Comité de la CEDAW en su Recomendación General 35, no es un asunto individual, ni un problema de las víctimas, es un asunto colectivo y estructural por lo que el Estado tiene la obligación de desplegar los máximos esfuerzos para sancionar, prevenir y erradicar este grave atentado contra la humanidad. 

En el mes por la eliminación de la violencia contra las mujeres, seguramente se visibilizarán casos, cuando tengamos conocimiento de estos, no solo nos indignemos preguntándonos por qué las víctimas no denunciaron antes, exijamos al Estado que genere un contexto de confianza para ellas, demandemos que las víctimas accedan a la justicia por ser este un derecho humano fundamental y una condición para lograr que la violencia de género sea erradicada. 

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Fuerza Área del Perú (FAP), mujeres, Recomendación General 35

Luego de complicaciones iniciales, el gabinete del presidente Castillo sigue firme por el camino de la inclusión. La designación de Rocilda Nunta Guimaraes, líder shipiba-koniba, como viceministra de Interculturalidad del Ministerio de Cultura, así como las anteriores designaciones de Betssy Chávez y Mirtha Vásquez, demuestran la intención de crear un gabinete con más mujeres y representantes de pueblos originarios en altos cargos. 

Sin embargo, las políticas de identidad como cuotas de paridad y acciones afirmativas que no están acompañadas por un programa de izquierda de cambio social y económico corren el peligro de ser instrumentalizadas por el status quo, y de reforzar una narrativa superficial y limitada promovida mayormente por sectores feministas y progresistas ligados a ONGS y la academia.

Lo paradójico es que cuanto más inclusivo trata de ser el gabinete, más se va derechizando. Desde el 28 de julio, los cambios del gabinete han sido concesiones a la derecha y no para reforzar un programa de izquierda. La economía está a cargo de un ministro más preocupado por calmar al empresariado que explorar cambios macroeconómicos, un canciller que sueña con revivir el Grupo de Lima, una premier que se niega a elevar el tema del proceso constituyente, y una ministra de Trabajo que demanda la militarización del país. En este contexto político, un gabinete inclusivo no garantiza eliminar las desigualdades que afectan a las comunidades que esas identidades representan, más bien estas reivindicaciones no pasan de lo simbólico y terminan siendo manipuladas para lavar el rostro del sistema opresor. 

En los 70s, feministas lesbianas negras estadounidenses como Audre Lorde y Barbara Smith del “Combahee River Collective” fueron una de las primeras en utilizar el término políticas de identidad. Su posición buscaba resaltar las múltiples formas de opresión que las mujeres negras enfrentaban en los sistemas de poder. Esos eran los años de los movimientos clasistas para la liberación negra, puertorriqueña, chicana, nativa, gay, y blancos pobres que lograron remecer el poder imperialista estadounidense. 

Pero poco a poco la política de identidades empezó a ser apropiada por la derecha para dividir estas luchas, desviando la atención de su origen liberador del capitalismo racial y el heteropatriarcado. Se creó entonces una tendencia política mundial para formar gobiernos diversificados. 

Por ejemplo, los últimos gobiernos republicanos y demócratas en EEUU han tenido gabinetes con mujeres y minorías étnicas en posiciones de poder, mientras que sus políticas socioeconómicas se han ido derechizando. El actual gabinete del presidente socialdemócrata Joe Biden es el más diverso de la historia estadounidense con ministros y ministras de la comunidad gay, negra, Latinx e indígena, sin embargo, poco o casi nada se ha hecho para buscar cambios estructurales como reforma migratoria, avances laborales, paralización de la actividad minera en territorios indígenas, etc. 

Unas décadas atrás, Bill Clinton designó por primera vez a una mujer en la poderosa secretaría de Estado, Madeleine Albright. El sector progresista aplaudía con orgullo su designación hasta que Albright dijo que la muerte de 500,000 niñxs iraquíes debido al bloqueo contra Irak “valió la pena” para debilitar el régimen de Sadam Hussein. El republicano George Bush Jr. continuó esa línea escogiendo a Colin Powell y luego a Condoleezza Rice para dirigir la secretaría de Estado. El poder imperial más grande del mundo adoptó la diversidad racial para dirigir una guerra criminal e ilegal en el medio oriente donde murieron cientos de miles de personas. 

Sin embargo, fueron Barack Obama y Hillary Clinton la pareja ideal en el imperio, un hombre negro y una mujer blanca. Ambos no solamente continuaron la guerra empezada por Bush sino que la expandieron a Libia y Siria, Yemen, Honduras y aumentaron el apoyo a la oligarquía venezolana contra el chavismo, y a Israel para ocupar territorios palestinos y asesinar a su población. Obama es conocido como el “rey drone” por el uso ilegal y letal de los drones en países intervenidos por EEUU y “jefe” en deportación ya que durante su gobierno fueron deportados casi 3 millones de inmigrantes indocumentados. Tampoco ser el primer presidente negro significó eliminar el racismo. El movimiento Black Lives Matter apareció debido a su inacción frente al racismo institucionalizado en la policía y la justicia penal.

Las mujeres, grupos racializados y las minorías étnicas también pueden servir como instrumentos del poder opresor. Esa es la limitación de las cuotas de paridad y políticas de identidad. Un ejemplo es Martha Moyano, congresista negra, que se precia de su identidad, pero no le disgusta que su organización política desarrolle un programa clasista y racista.

Si la izquierda se queda solo en lo simbólico al llegar al poder, estará rumbo a su extinción. Será reemplazada por una posición centrista: progresista en los derechos individuales pero conservadora en lo colectivo y económico. ¿Para qué se necesita a esa izquierda si están los moraditos? 

La revolución o el cambio social será feminista o no será, siempre que devele las contradicciones de clase de la sociedad, antes que el acomodo que representan las políticas de cuotas. Por eso la izquierda debe evitar caer en el tokenismo, que es la instrumentalización del sufrimiento de los sectores más oprimidos para mantener la agenda de las clases dominantes. 

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Betssy Chávez, minorías étnicas, Mirtha Vasquez, mujeres, Poder, poder opresor, Rocilda Nunta Guimaraes, viceministra de Cultura

En las últimas elecciones y durante la gestión del nuevo gobierno, hemos podido leer y escuchar comentarios sexistas, y hemos sido testigos de cómo candidatas al congreso o funcionarias públicas mujeres han sido víctimas de acoso político. Según el JNE, un 47% de candidatas afrontó acoso político en las Elecciones Generales del 2021.

Las últimas frases misóginas del premier Bellido contra la congresista Patricia Chirinos, nos demuestran que esta práctica es demasiado común y, aunque existe una ley, pareciera que prima la impunidad. Inclusive, en una sesión de la Comisión Agraria del Congreso, el congresista Héctor Valer usó la frase “que se ponga falda” luego de que un colega exigiera respeto para la presidenta de dicha comisión. Y entonces me pregunto, ¿es la política peruana un ambiente hostil para las mujeres?

Recuerdo que terminando la secundaria me quería dedicar a la política, y mis familiares, algunos de ellos expolíticos, me recomendaron estudiar otra carrera ya que consideraban que era un ámbito donde primaba el machismo. Definitivamente no se equivocaron con su afirmación, y justamente la política peruana es uno de los rubros en donde se pone en mayor evidencia este problema social que, lamentablemente, espanta a muchas mujeres capaces de involucrarse.

Por eso mismo, a veces me sorprende escuchar que la ley de paridad y alternancia es innecesaria, que las personas deberían ser contratadas por sus capacidades, no por el género. ¿Acaso hombres y mujeres están en igualdad de condiciones? Mirtha Vásquez reveló en el documental Peruanas del Bicentenario, que le ofrecieron un puesto en la Fiscalía de la Nación a cambio de tener relaciones sexuales con ella, y Maria Antonieta Alva declaró que durante su gestión como ministra de Economía fue blanco de críticas por su edad e incluso por su ropa. Me pregunto, ¿los hombres también tienen que pasar por eso?

Durante la última contienda electoral, también pudimos ver el acoso y comentarios sexistas que recibieron muchas postulantes al congreso en las redes sociales, la mayoría de ellos haciendo alusión al físico de la candidata. Comentarios como “por qué no te dedicas al mundo del porno”, “qué ricos melones”, “por tu belleza tienes un lugar en el congreso” abundaron, faltándoles al respeto y desacreditando sus capacidades para ocupar un curul en el Pleno.

Tenemos que dejar de normalizar estas situaciones. Es una realidad que el acoso político trae como consecuencia que las mujeres participemos menos en la política para no exponernos, cuando todos llegamos para trabajar bajo las mismas condiciones. Las ganas de trabajar por nuestro país no deberían verse vulneradas por el machismo ni por el miedo a ser víctimas de acoso. Tanto hombres como mujeres debemos alzar la voz ante situaciones de este tipo, y así, ojalá algún día dejen de ser necesarias las leyes de cuotas y paridad para motivar a que las mujeres se involucren más en la gestión pública del país.

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cargos públicos, Machismo, mujeres, política peruana

A raíz un caso de acoso político que involucra al primer ministro, Guido Bellido, más de 200 mujeres de diferentes ámbitos de la sociedad firmaron un comunicado rechazando la violencia de género y pidiéndole al Presidente Castillo una mayor participación de mujeres en el Gabinete Ministerial, que cuenta solo con 2 mujeres de 18 carteras ministeriales.

Al respecto, conversamos con Natalia Manso, profesora de Pacífico Business School y especialista en temas de género, quien consideró que el Gabinete Ministerial no refleja a la sociedad al tener solo dos ministras. Consideró que esta situación es todavía más grave cuando las cifras indican que la pandemia afectó mucho más a las mujeres y se van a necesitar políticas públicas con enfoque de género.

Destacó que en las empresas también se tiene que abordar esta problemática y recordó que antes de la pandemia, solo el 12% de los directores de las empresas listadas en la Bolsa de Valores de Lima eran mujeres. “Eso también hace que desde la academia cuestionemos cómo impulsar a las alumnas a postular a abrirse líneas de carrera, haciendo maestrías, para un mercado que no va a absorber ese talento”, indicó.

¿Por qué es tan necesario esta participación de la mujer en un puesto de liderazgo como un gabinete de ministros?

Tenemos que partir de la base que son una representación del pueblo y el pueblo está conformado por más de un 50.5% de mujeres y un 49.5% de varones, por tanto, lo lógico es que a nivel de gobierno tiene que haber una representación de lo que conforma la ciudadanía. No tiene sentido que la mitad de la población sean mujeres y sean solo un 10% a 15% en el Gobierno. La idea central es que un grupo heterogéneo de personas es más fértil para innovar, crear y generar proyectos con más competitividad.

¿Se crea un pensamiento uniforme?

Exacto. Ahí no se refleja la sociedad y la calle no se siente identificada. Como mujer, no nos podemos sentir identificadas con un Gobierno que solo tiene dos mujeres de 18 puestos de liderazgo. Es tanto como decir que las mujeres no somos capaces de desarrollar un puesto de esa naturaleza, nos están negando la capacidad.

¿Por qué no se busca el perfil más idóneo?, ¿se requiere de cuotas?

Bueno, hay que tener voluntad política, hay que tener capacidad de conformar equipos multidisciplinarios, diversos y no buscar un equipo que simplemente te dé la razón y se condiga con tus lineamientos. El liderazgo es justamente poder aunar distintas opiniones, escuchar, y llevar a un consenso, escuchando diversos puntos de vista.

¿Qué tanto impacto puede tener el tema de la representación política en el fenómeno denominado “techo de cristal” que ocurre en empresas y otras organizaciones?

Bueno es que finalmente, de la política emanan las leyes, los lineamientos con los que se rige el mercado, la ciudadanía y las empresas. Ojalá que sí, pero me cuesta creer que los 16 señores de los 18 ministerios puedan ponerse en el lugar de las miles y miles de mujeres que son víctimas de la violencia familiar. Eso de lo que todos huyen, que es el enfoque de género, que lo malinterpretan, consiste en eso; poner unos ojos de mujer al análisis de los problemas. Las mujeres también estamos sufriendo diferente las consecuencias de la pandemia en términos de desempleo, en términos de reincorporación del mercado laboral y las cifras están ahí.

¿Habrá un retroceso?, ¿La pandemia acentuó las barreras que las mujeres ya tenían para acceder a cargos directivos?

Sí. En general para todas las mujeres en términos de recuperación del empleo. En un informe de Cepal se dice que la tasa de participación de las mujeres (en el mercado laboral) en 2020 es del 46% versus el 69% de los hombres. Es decir, nosotras hemos perdido más empleo y nos estamos reincorporando más lentamente al mercado en el 2021. Antes de la pandemia, las empresas con los mejores estándares de equidad, que cotizan en la BVL, solo tenían un 12% de mujeres directoras y gerentes generales. El informe Global Gender Gap de LinkedIn, también dice que el retroceso de mujeres en puestos de liderazgo ha retrocedido dos años.

¿Qué ventajas tendrán las organizaciones que durante la recuperación económica impulsen la participación de mujeres en sus puestos directivos?

No podemos desperdiciar ningún talento. Si tenemos que en la universidad ya egresan más mujeres que hombres, ¿cómo no vamos a darles la oportunidad? Estaríamos perdiendo más de la mitad de la masa laboral calificada. Además, el mercado está conformado por consumidores hombres y mujeres, tenemos que tener un reflejo del consumidor. Entonces, no es inteligente. Luego del techo de cristal está el efecto espejo. Si en mi empresa veo un directorio donde no hay mujeres, ya ni lo intento porque no me veo reflejada. Necesitamos crear modelos a seguir, motivar e inspirar porque si no, las mujeres se nos quedan en el camino por desmotivación.

 

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Liderazgo femenino, luestos claves, mujeres

Hoy se cumplen 66 años desde que se reconoció el derecho a voto de la mujer peruana alfabetizada, gracias a la lucha de María Jesús Alvarado Rivera, Zoila Aurora Cáceres, Ángela Ramos Relayze, Magda Portal, y muchas otras mujeres cuyos aportes a nuestra sociedad usualmente pasan desapercibidos.

Sin duda, este hito marca uno de los logros más relevantes en el largo camino hacia la igualdad de derechos de las mujeres, pero al mismo tiempo nos invita a reflexionar sobre cuánto hemos avanzado en dicho camino en estas casi 7 décadas.

42 años después del reconocimiento del voto a las mujeres con capacidad de leer y escribir, las mujeres podíamos elegir y ser elegidas, pero esto último no ocurría realmente. Así, se introdujo una nueva institución en la política peruana: el sistema de cuotas. Un concepto, con vocación temporal, que buscaba lograr la equidad en la representación. En las primeras elecciones en las que se aplicó la cuota de 25% de mujeres en las listas parlamentarias, la representación femenina pasó de 10.8% a 20%.

Sin embargo, la cuota por sí sola no rindió los resultados esperados. Si bien la cantidad de candidatas aumentó, ello no se tradujo en la cantidad de autoridades femeninas electas. Por ello, en las últimas elecciones se implementó la paridad y alternancia, una institución que además de asegurar la participación, también establecía reglas para la asignación de las posiciones de las mujeres en las listas electorales. Mediante esta institución, las listas parlamentarias son presentadas de manera intercalada por hombres y mujeres. Como resultado de la aplicación de este nuevo concepto, las últimas elecciones resultaron en un 38% de representación femenina.

El camino para lograr una representación que nos permita estar en todos los lugares donde se toman las decisiones, parafraseando a Ruth Bader Ginsburg, es largo y no tiene los incentivos suficientes. Ejemplos sobran del maltrato y acoso que sufren las mujeres políticamente expuestas por el único y exclusivo hecho de ser mujeres.

Recientemente los medios mostraron la agresión verbal sufrida por una Congresista de la República por parte nada menos que del Presidente del Consejo de Ministros. Esta situación ha suscitado diversas reacciones. Por un lado, algunos condenamos este hecho. No obstante otras personas han pretendido  justificar  al agresor con argumentos falaces relacionados con su lejanía a la capital, o incluso han negado la afectación de la víctima haciendo referencia a su tendencia política. 

El hecho de que  no haya una condena unánime, y que sigan existiendo  excusas o justificaciones para este tipo de situaciones, particularmente a una autoridad política nos hace notar lo lejos que nos encontramos de la igualdad que buscamos. La lucha por la igualdad de los derechos no es una de carácter ideológico, la equidad solo se alcanza cuando incluye a todas las mujeres.

Han pasado 66 años desde que el primer grupo de mujeres obtuvo el reconocimiento de su derecho al voto. ¿Cuánto tiempo más tendrá que pasar para que podamos celebrar una igualdad real en nuestra sociedad?

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derechos, mujeres, pcm, Voto

El aprovechamiento político de un caso de acoso, violencia o discriminación hacia la mujer o cualquier ser humano es siempre deleznable. Un drama humano como ese no puede ser utilizado como arma política para ataques subalternos. Si existe alguna responsabilidad pues lo que debe exigirse es el castigo, ejemplar si se trata de un funcionario público, y la resarción del daño causado.

En el caso suscitado por las declaraciones de la congresista Chirinos sobre un repulsivo comentario de parte del Premier Guido Bellido hemos visto nuevamente aflorar la ya tradicional hipocresía limeña. Por el lado de la derecha más conservadora hemos escuchado destemplados gritos exigiendo pronunciamientos y condenas por el estropeo a unos derechos en los que nunca han creído. Por el lado de la izquierda, los silencios, tibiezas y demoras han sido también muy elocuentes como si los derechos y su defensa dependieran de quien perpetra el abuso y quien es la víctima. Entre todas las expresiones las peores han sido las que han tratado de denigrar aún más a la víctima ya sea por sus afiliaciones políticas o incluso por su proveniencia familiar.

Lo cierto es que, una vez más, este caso puede ayudaros para desentrañar problemas estructurales de la sociedad patriarcal en la que vivimos en la que las mujeres llevan la peor parte. Una sociedad en la que ser mujer implica vivir en la mayor desprotección y permanente amenaza. No se trata sólo de u problema de desigualdad jurídica ni es un tema que se pueda solucionar sólo con más leyes y sanciones. Implica un problema estructural que parte de una profunda reflexión sobre el tipo de sociedad en la que vivimos, sus contradicciones y falencias así como de la necesidad de emprender un trabajo de muy largo aliento que inicie por la educación y el reacomodo de nuestras relaciones personales y sociales.

Pero, lo más importante es la profunda brecha material que existe entre varones y mujeres. Este es el aspecto central en el que cualquier intento de construir una sociedad igualitaria. En la medida en que las mujeres puedan adquirir mayor autonomía financiera no sólo estarán menos dispuestas a soportar situaciones de violencia o discriminación sino que además estarán en mejores condiciones de luchar y defender sus derechos. Esta es la ruta que ningún gobierno ha querido tomar en su miopía de no querer entender que la apuesta por la autonomía económica de la mujer es también no es una gasto sino un tema de derechos.

Otro tema importante es el referido a la normalización de la violencia y la discriminación contra las mujeres. Esto tiene su base en las relaciones sociales que hemos establecido históricamente. Si bien, gracias especialmente a la lucha de las mismas mujeres, esto ha cambiado estamos aún muy lejos de lograr hacer de sentido común que ningún acto de violencia o discriminación puede ser tolerado ni es “normal” llevarlo a cabo. Es tarea del Estado hacer todos los esfuerzos posibles para revertir esta situación.

En medio de estos varios problemas de fondo, situaciones como las relatadas por Chirinos denotan lo mucho que falta por trabajar en este tema. La igualdad, desde esta perspectiva, no aparece como un ideal vacío sino como una necesidad hacia la que todos debemos apuntar.

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Igualdad, mujeres, Perú, política peruana

En base al estudio Women Entrepreneur Index de Mastercard, en el Perú, las mujeres son dueñas del 28% de los negocios y de acuerdo al New Payments Index, son las que más se inclinan a probar métodos de pago digitales. Entre las razones por las cuales son las mujeres quienes prefieren adoptar estos sistemas está el ahorro de tiempo (72%), seguida de evitar el uso de efectivo (66.9%), y porque los perciben como más seguros (56.6%).

“Hemos podido evidenciar la clara brecha en favor de las peruanas que demuestra su marcada tendencia a probar nuevas tecnologías de pago y continuar apostando por la innovación”, indica Gianfranco Polastri, Gerente General de Mastercard Perú & Bolivia.

Además de priorizar la innovación, las mujeres se caracterizan por unas ganas de emprender en función a la oportunidad de negocio que se presenta.

De acuerdo al último Global Entrepreneurship Monitor 2018-2019, en el Perú, se alcanzó una paridad de género en cuanto a las iniciativas en etapa temprana motivadas por oportunidad. Lo que quiere decir que, por cada emprendedor hombre motivado por necesidad, existen 3.2 emprendedores hombres por oportunidad y este valor es el mismo para las mujeres.

Los retos de las mujeres

El documento precisa que, las mujeres realizan emprendimientos más vinculados al comercio mayorista y minorista respecto a los hombres (80.7% del total de negocios emprendidos por mujeres pertenecen a ese sector en comparación con el 73.2% en los hombres). En cambio, en el sector de servicios TIC, financieros y profesionales, la presencia de hombres es mayoritaria.

Por ello, iniciativas como la de Laboratoria, fundada por Mariana Costa Checa, para enseñarle tecnología a mujeres de bajos recursos, son claves para reducir la brecha de conocimientos desde la educación. “Si no encontramos mujeres en tecnología es porque históricamente hubo pocos referentes. Necesitamos dar más visibilidad y programas de mentoria para acompañar el crecimiento de las mujeres”, explicó en entrevista con Sudaca.

En el mundo de la gastronomía también hemos podido hablar con Pía León, recientemente elegida como la mejor chef femenina del mundo, según la lista The World’s 50 Best. En su opinión el reconocimiento es importante, principalmente, porque le permite ser un referente para las que recién empiezan de que sí es posible llegar a este punto.

“El “éxito”, por llamarlo así, no viene rápido. Son muchos años de estar detrás de una cocina, de aprender, de saber escuchar, de conocer”, dijo en entrevista con Sudaca.

Para Anyela Gómez, joven que dirige Ayru, un emprendimiento de sorbetes orgánicos por el que recibió el premio ConectaRSE para Crecer 2020 en la categoría de Mujer Emprendedora, las desigualdades la han hecho más fuerte. “Conozco mucho de la desigualdad de género, que se ve también en el mundo de los negocios. Me ha traído complicaciones porque a veces no me han tomado en serio, pero lo veo de la manera más resiliente”, le dijo a Sudaca.

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Emprendimiento, líderes, mujeres
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