Juan Carlos Tafur Portada

El oscuro horizonte de la izquierda

“Si no ocurre la fragmentación del centro y la derecha, tendremos, merecidamente, a la izquierda peruana recluida por el justo castigo cívico dada su prolífica inconducta política”

[PIE DERECHO] Las encuestas reflejan que la izquierda peruana no levanta cabeza. Su obtusa oposición al gobierno de Dina Boluarte y su radicalismo infantil, de considerarlo un régimen asesino y fascista (¿?) no calan en la ciudadanía, que lo sabe apreciar como un intento desesperado de reciclarse luego de su suicidio político por su apoyo incondicional a las pillerías del régimen de Castillo.

Son tres los hechos que han hecho trizas la credibilidad moral de la izquierda, activo del cual antes inmerecidamente gozaba. Uno, es su apoyo a gobiernos autoritarios y fracasados de la región, como Cuba, Venezuela o Nicaragua, y ahora último, a Argentina, Colombia, México y Chile. Sin ningún atisbo crítico, avalan afuera lo que dicen condenar adentro del país.

Dos, su entrega dócil e interesada al gobierno nefasto de Pedro Castillo, no solo por pasmosamente destructivo de la buena administración pública sino, además, por haber sido redomadamente corrupto. Ni una entrelínea de cuestionamiento se ha leído de parte del establishment intelectual o político de la izquierda respecto de tamaño despropósito.

Tercero, hay que precisar que la izquierda ya venía embarrada por su participación en el corrupto paso de Susana Villarán por la alcaldía y por su participación fallida en el gobierno de Ollanta Humala, sobre quien también pesan serias suspicacias de haberse sumado al coche de la corrupción brasileña.

A estos pasivos tremendos hay que sumarle la división venidera de la izquierda. Normalmente presentaba dos o tres candidatos a lo sumo. Ahora ya cuenta en su haber con Verónika Mendoza, Indira Huillca, Guido Bellido, Guillermo Bermejo, Jonhy Lescano, Antauro Humala y Alfonso López Chau, más los folclóricos que aparecerán siempre por allí.

No tiene buen lejos la izquierda peruana. Sus perspectivas solo se alimentan del optimismo que pueda generar la subsistencia de un ánimo antiestablishmet de un sector importante de la sociedad peruana, en particular, en el sur altoandino, capaz por sí solo de otorgar los votos suficientes para que un candidato de ese perfil pase a la segunda vuelta.

Fuera de ello, parece condenada a la marginalidad electoral, salvo que la derecha o el centro cometan la inmensa torpeza de presentar sinfín de candidaturas (¡van 21 hasta el momento!), hecho que pudiera hacer que se repita el fenómeno Castillo. Si no ocurre ello, tendremos, merecidamente, a la izquierda peruana recluida por el justo castigo cívico dada su prolífica inconducta política.

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