Juan Carlos Tafur Portada

Fracasa el nuevo golpe castillista

“No se movilizaron las masas enfebrecidas en el territorio nacional sumándose al pliego politizado de algunas organizaciones sociales, dizque representativas, pidiendo la liberación de Pedro Castillo, el cierre del Congreso, el adelanto de elecciones y la convocatoria a una Constituyente”

No se movilizaron las masas enfebrecidas en el territorio nacional sumándose al pliego politizado de algunas organizaciones sociales, dizque representativas, pidiendo la liberación de Pedro Castillo, el cierre del Congreso, el adelanto de elecciones y la convocatoria a una Constituyente.

Visto el fustán castillista de la protesta, la ciudadanía debe haber sopesado que estaba siendo utilizada como carne de cañón para objetivos políticos subalternos, y que la protesta no obedecía a los legítimos reclamos de buena parte de las regiones del país que resienten la ausencia de inversión pública en sus fueros, aun cuando la mayor responsabilidad en ello corresponde a sus propias autoridades regionales y municipales.

Se mantienen aún algunas vías bloqueadas, pero se espera que la acción inteligente de la contención y represión policial, las vaya liberando, terminando de desinflar una protesta que muchos temían fuera multitudinaria y pudiese poner en jaque la transición constitucional nacida por el golpe de Estado fallido de Pedro Castillo.

Al amparo de sectores radicales del magisterio, grupos extremos de la izquierda, núcleos mafiosos y rentados, vinculados al narcotráfico y la minería ilegal, el castillismo quiso golpear nuevamente el orden constitucional y felizmente ha fracasado en el intento.

Sale fortalecida Dina Boluarte, sin duda. Se aclara el panorama político y se debe transitar con mayor alivio los procesos institucionales vigentes, los cuales seguirán su curso bajo los cauces de la normalidad y no al amparo de la turbamulta y el vandalismo.

La democracia ha estado en riesgo y ha salido bien librada. La protesta politizada se desinfló y el gobierno puede respirar más tranquilo. Ahora le toca gobernar con más asertividad. Después de este trance le debe quedar claro quiénes son sus aliados y quiénes solo esperan cualquier gazapo para írsele encima. Claramente, la izquierda, en todas sus variantes, es enemiga del régimen y haría bien Dina Boluarte en asumirlo sin ambages tomando las decisiones que corresponde tomar (por ejemplo, la purga del castillismo enquistado en el sector público debe continuar).

Boluarte tiene tiempo para hacer cosas relevantes hasta julio del 2024. Superado el estado de zozobra inicial y acallado el riesgo de una salida intempestiva del poder por la activación de millones de peruanos en las calles (no deben pasado de diez mil los que a nivel nacional se movilizaron ayer), es hora de tomar las riendas del Ejecutivo con más energía y claridad.

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Pedro Castillo

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