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Comunidad Campesina vs. Asociaciones Campesinas

“Puede parecer una contradicción en marcha, el espíritu comunal de manejo conjunto y equitativo de la tierra y de los intereses comunales, ceden el paso a los intereses focalizados y asociativos desde el corazón de la comunidad”

Al iniciar el nuevo año, estimados lectores, quiero expresar mis saludos y mejores deseos para todos ustedes y en el tenor de los artículos siguientes, seguir con la clara intención de otorgar mediante las reflexiones un motivo de discusión y de consideraciones para el mejor desarrollo de posibles investigaciones y análisis socio culturales, económicos y por qué no políticos.

Por esta razón, es que creo conveniente poner la mirada a un tema que ha sido dejado de lado los últimos años y que significó para las ciencias sociales y para la antropología en particular un recurrente objeto de estudio: Las comunidades campesinas, que como instituciones sociales que se han ido constituyendo en organizaciones de interés público, que tienen existencia legal y además personería jurídica, siguen guardando esa integración familiar que habitan y controlan territorios íntegros, amparados en la historia ancestral, cultural, social propiamente y que se resumen en la posesión grupal de la tierra y el trabajo conjunto. (parafraseo Artículo 2, Ley General de Comunidades Campesinas. Ley n. 24656)

En resumen, la historia de las comunidades campesinas versa el trabajo conjunto, coordinado, guardando las estrategias para la formulación de planes de desarrollo integral, poniendo la mirada en lo agropecuario, en el tema de artesanías, incluso en el industrial, y además promoviendo la participación activa de los comuneros y las comuneras. Sumado a eso es muy reconocido también la regulación que hacen para el acceso a las tierras.

Un trabajo muy coordinado y grupal, donde los campesinos ancestralmente toman muy en serio lo comunal con igualdad y equidad de derechos y obligaciones por cumplir. Existen derechos reconocidos que permiten a las comunidades ejercer liderazgos y autonomías. Eso es importante.

Sin embargo, dentro de la propia dinámica social de las comunidades se observa que con el tiempo se van acercando a las ciudades y los campesinos van dinamizando sus relaciones y las migraciones contribuyen a la ampliación del espectro de desarrollo. Los espacios de diferenciación natural se van acentuando con el exterior urbano y van pendulando nuevas características que el mismo mercado promueve. 

Son los jóvenes los que migran, las comunidades poco a poco se van desintegrando y son los mismos padres quienes promueven esta movilidad esperanzados en mayores beneficios externos que traería la educación. En síntesis, esta dinámica, repito, promovida por los jóvenes no siempre es observable, pero si sintomático en desmedro de la fortaleza que las comunidades presumen.

Otro significante fenómeno se da cuando de manera paralela y fuera de la comunidad se van potenciando diversas instancias asociativas por afinidad de comercio o de mercado y con particularidades de subsistencia que exceden muchas veces las pautas de la comunidad campesina como tal, pues llega el mercado, existe el retorno migrante y cambia la mirada y la necesidad inmediata. Se comienzan a constituir las llamadas asociaciones por ejemplo de lecheros, de piscicultores, porcicultores, etc. Con nuevas normas, intenciones, y necesidades como por ejemplo, en la formulación de pedidos de mayor acceso a las capacitaciones, a la distribución y combinación de recursos, canalizar mejor el trabajo conjunto por especialidades, la generación de nuevas identidades de crecimiento dentro de una población, es decir, comienza a generarse una inevitable densificación de las relaciones entre la comunidad campesina y la economía y la sociedad en su conjunto.

Puede parecer una contradicción en marcha, el espíritu comunal de manejo conjunto y equitativo de la tierra y de los intereses comunales, ceden el paso a los intereses focalizados y asociativos desde el corazón de la comunidad, revisando el sentido primigenio. Sin embargo, es necesario considerar, que este fenómeno que se da desde algunos años, permite crear condiciones para ampliar las oportunidades a un mayor número de campesinos extendiendo no solo los territorios sino la masa comunal.

Este detalle que vale como una reflexión debería tener mayor tiempo y espacio para el análisis, pues el modelo comunal no se extingue, pero si se revisa para beneficio de todos aquellos que son parte de este modo de articulación y de vida cultural, ancestral e histórica. La comunidad abre su definición y pone en discusión en estos nuevos años su reformulación para bien.

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Campesinos, sociedad

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