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Astrud Gilberto (1940-2023): Amada en el mundo, ignorada en Brasil

"La voz de Astrud Gilberto fue responsable de hacer conocida a nivel mundial una canción que es considerada el segundo himno nacional del “gigante de Sudamérica”. Me refiero por supuesto a la composición de Antonio Carlos Jobim (música) y Vinicius de Moraes (letra), Garota de Ipanema"

[MÚSICA MAESTRO] La muerte de la cantante Astrud Gilberto, el pasado 5 de junio, no generó en Luiz Inácio Lula da Silva la necesidad de publicar ningún homenaje en su nombre, cosa que sí hizo inmediatamente tras los decesos de Gal Costa (9 de noviembre de 2022) y Rita Lee (8 de mayo de 2023). Ni un post en Instagram. Ni siquiera un Tweet con foto que sirviera para levantar la noticia en medios locales e internacionales. Nada.

Aunque es esencialmente absurda, esta demostración de indiferencia del presidente de Brasil frente a una pérdida para el panorama musical de su país tan significativa como las otras dos podría llegar a entenderse, desde una mirada forzadamente ideológica. Lula es, después de todo, un cuestionado político de izquierda y, más allá de sus actuales acercamientos a los Estados Unidos de Joe Biden, quizás perciba a Astrud Gilberto como menos brasileña que las otras, actualizando un injusto estigma que persiguió a la cantante durante toda su carrera artística. Un poco tirada de los pelos la digresión, pero imagino a muchos tratando de justificar una descortesía injustificable.

Lo que sí resulta difícil de entender es que otros iconos culturales de Brasil, aun vivos y vigentes como Caetano Veloso, su hermana Maria Bethania, Roberto Carlos, Gilberto Gil o Chico Buarque, se hayan sumado a este silencio invisibilizador, más aún si tomamos en cuenta que la voz de Astrud Gilberto fue responsable de hacer conocida a nivel mundial una canción que es considerada el segundo himno nacional del “gigante de Sudamérica” como quedó demostrado en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Rio 2016, la segunda más grabada de la historia, después de Yesterday de The Beatles. Me refiero por supuesto a la composición de Antonio Carlos Jobim (música) y Vinicius de Moraes (letra), Garota de Ipanema.

Nacida en Salvador de Bahía en 1940, Astrud Weinert aprendió desde muy pequeña a hablar varios idiomas -su padre era un profesor alemán de lenguas y literatura- y, aunque le gustaba mucho la música -su madre brasileña cantaba, tocaba piano y mandolina- no soltaba la voz pues era demasiado tímida. De adolescente se hizo muy amiga de la cantante Nara Leão y a través de ella conoció a João Gilberto, con quien se casó en 1959, a pesar de la diferencia de edad -ella tenía 19 años y él, 28. El cantante, compositor y guitarrista, considerado “El Padre de la Bossa Nova”, fue uno de los principales difusores del nuevo ritmo en EE.UU.

A finales de 1962, el productor norteamericano Creed Taylor conectó al saxofonista de jazz Stan Getz con João Gilberto y Antonio Carlos Jobim, tras una exitosa actuación que ambos, junto con otros músicos brasileños, habían ofrecido en el Carnegie Hall de New York. Getz, por su parte, venía también explorando los nuevos sonidos de Brasil a través de álbumes a dúo con el guitarrista Charlie Byrd, como el influyente Jazz samba, grabado ese mismo año. Luego de algunos meses de coordinaciones y ensayos, los tres se juntaron en los estudios A&R de Manhattan, los días 18 y 19 de marzo de 1963, para registrar el material que, un año después, saldría editado bajo el título Getz/Gilberto featuring Antonio Carlos Jobim por el prestigioso sello de jazz Verve Records.

Cuando comenzaron a grabar Garota de Ipanema -tema que Jobim y de Moraes habían escrito para alabar la belleza de una jovencita carioca llamada Heloísa Pinheiro- a Taylor se le ocurrió insertar unas estrofas en inglés, para introducir la canción con más fuerza al mercado norteamericano. Para ello, convocó al letrista y compositor Norman Gimbel, quien adaptó la letra.

Como João Gilberto no era capaz de cantar en otro idioma que no fuese el portugués, sugirió que lo hiciera su joven esposa Astrud, de 24 años, quien estaba en el estudio, acompañándolo. A diferencia de João, ella no tenía ninguna experiencia formal como cantante, aunque sí había actuado frente al público en varias ocasiones junto a su esposo, estando en Brasil. Ella aceptó y grabó dos canciones, The girl from Ipanema y Corcovado, otra famosa composición de Jobim, que en inglés se llamó Quiet nights of quiet stars. El resultado maravilló a Stan Getz y a Taylor quien incluso, al lanzar el single, lo hizo suprimiendo las partes cantadas por João. Lo que siguió después fue una ola de infamias que cambiaron para siempre la vida de Astrud Gilberto.

The girl from Ipanema hizo que el LP Getz/Gilberto recibiera los Premios Grammy a Mejor Disco y Mejor Canción en 1965. La suave y susurrada voz de Astrud generó admiración a ambos lados del Atlántico. Sin embargo, se encontró con dos inesperados frentes dispuestos a arrebatarle crédito, tanto en lo personal como en lo artístico. Por un lado, Stan Getz declaró que él y Taylor “habían descubierto a una simple ama de casa sin experiencia en el canto”. No conforme con ello, Getz personalmente se encargó de que Astrud Gilberto no recibiera regalías por su participación en el disco. Así, mientras que el saxofonista logró comprarse una mansión en New York con las ventas millonarias del álbum y João cobró 23,000 dólares por trabajar en el disco, a la joven cantante le pagaron, por única vez, 120 dólares por el mismo concepto.

Adicionalmente a ello, la prensa musical del Brasil ignoró su éxito, describiéndola como “una chica con suerte que estuvo en el lugar y el momento indicado”, cuyo único talento era ser pareja de un músico consagrado como João Gilberto. Este hecho afectó de forma irreversible la relación de Astrud con su país. Poco tiempo después, inició un complicado proceso de separación de João, con quien acababa de tener a su primer hijo, y se embarcó en una tóxica relación sentimental con Stan Getz, conocido en el mundo del jazz por ser un “bully” (una persona abusiva).

Luego de trabajar junto a su banda de jazz -y grabar este álbum en vivo, titulado Getz au Go Go (1964)-, forjó su propio camino sola, como cantante de jazz, bossa nova y samba. Así, Astrud Gilberto se unió a una larga lista de músicos brasileños que desarrollaron su carrera en los Estados Unidos, como la actriz y cantante Carmen Miranda (1909-1955), el guitarrista Laurindo Almeida (1917-1995), el percusionista Airto Moreira y su esposa Flora Purim (conocidos por su trabajo junto a Chick Corea en la primera formación de Return To Forever), el famosísimo pianista y director de orquesta Sérgio Mendes, entre otros.

Entre 1965 y 1970, Astrud Gilberto grabó ocho álbumes para Verve Records, estableciéndose como una de las voces más reconocibles de jazz en ese periodo. En aquellos discos, Astrud Gilberto hace gala del repertorio clásico del bossa nova, con canciones como Manha de carnaval, Bim bom, Felicidade, How insensitive o Meditation, escritas por Antonio Carlos Jobim, Luis Bonfá, João Gilberto, entre otros. También en ese periodo, la cantante tuvo mucho éxito con baladas jazz como The shadow of your smile, Fly me to the moon o Stay, algunas de ellas con arreglos del respetado director de orquesta Gil Evans.

Mientras tanto, las movidas artísticamente radicales del Tropicalismo y su ruptura con todo lo tradicional, sumadas a la propia decisión de la cantante de no regresar hicieron que su trabajo fuera ninguneado en Brasil, una situación que no la amilanó, pues continuó trabajando ya afincada en los Estados Unidos de manera permanente. Luego de su cuarto disco, el muy recomendable Beach samba (1967), su discografía se debilitó un poco, con lanzamientos como A certain smile, a certain sadness, junto a otro músico brasileño exiliado voluntariamente, el tecladista Walter Wanderley (1932-1986), en el que se percibe cierto desgaste en aquel estilo orquestado que venía desarrollando. Sus últimas producciones para Verve -Windy (1968), I haven’t got anything better to do y September 17, 1969 (ambos de 1969)- contienen covers de bandas de pop-rock como Chicago (Beginnings), The Beatles (In my life) o The Doors (Light my fire) que no alcanzan a redondear una propuesta sólida aunque tampoco mellaron su bien ganada fama como “la voz y rostro del bossa nova”.

Durante la década de los setenta, Astrud Gilberto reinventó su imagen y sonido, con un disco junto al saxofonista de soul jazz Stanley Turrentine, grabado en 1971, en el que destacan un clásico de The Carpenters, For all we know; Love story, conocido tema instrumental de la película del mismo nombre que fuera popularizado, en su versión cantada, por el recordado crooner Andy Williams; y un arreglo en bossa nova de Mulher rendeira -base de la conocida cumbia Mujer hilandera, muy popular en nuestro país- que recibió el nombre de Brazilian tapestry. Al año siguiente publicó Now, con temas orientados al pop-rock como Touching you o Where have you been?, combinados con los sonidos más tradicionalistas de General da banda, Baião o Zigy zigy za, compuestas por ella misma. En 1987 lanzó Plus, una colaboración con la orquesta del alemán James Last. Sería su último gran disco antes de iniciar un lento proceso de retiro de la escena musical, que se vio interrumpido en un par de ocasiones.

La primera de ellas fue cuando el conocido y exitoso cantante George Michael (1963-2016) la invitó a participar del proyecto Red Hot + Rio, el noveno disco colectivo organizado por una asociación llamada RHO (Red Hot Organization) que recaudaba fondos para la lucha contra el SIDA. Lanzado en 1996, este volumen de la serie Red Hot -que llamó muchísimo la atención en su momento por el nivel de los artistas que convocaba- estuvo dedicado a la música de Brasil. Astrud Gilberto cantó, a dúo con el excantante de Wham!, otra famosa composición de Jobim, Desafinado. Luego de ello, la cantante editaría dos álbumes más, Temperance (1997) y Jungle (2002), para luego dedicarse más a la pintura y la defensa de los derechos de los animales.

El sofisticado timbre vocal de Astrud Gilberto tuvo dos consecuencias opuestas que hasta hoy están presentes en la escena de la MPB y el electropop. Por un lado, influenció positivamente a diversas vocalistas surgidas en décadas posteriores, como por ejemplo la cantautora Marisa Monte, María Rita -hija de otra legendaria cantante brasileña, Elis Regina (1945-1982)- o Bebel Gilberto, la hija que tuvo João Gilberto con Miúcha, también cantante y hermana de Chico Buarque.

En la orilla contraria, el susurro natural de Astrud Gilberto, que conquistó el mercado norteamericano con presentaciones como esta, dio pie a la aparición de un estilo de voz femenina, extremadamente lánguida, que encontró de inmediato su lugar en una de las vertientes más odiosas y rentables de la música electrónica moderna, el lounge y el chillout, utilizadas generalmente como música de fondo para eventos sociales, restaurantes y hoteles de lujo. Ejemplo de esto último es la colección de discos compactos The Rio Series (2005-2008) -también conocida como “Bossa ‘n”– que, aprovechando la moda de ondas como las del Café del Mar (Ibiza) o Buddha Bar (Francia), reunieron canciones de los Rolling Stones, Guns ‘N Roses, Ramones y Bob Marley para grabarlas con aburridos arreglos de bossa nova electrónica.

Casi como si se tratara de una traidora a la patria o una peligrosa terrorista, la figura de Astrud Gilberto, quien falleció en su casa de Filadelfia, a los 83 años, ha sido borrada por completo del imaginario colectivo brasileño, mientras que el resto del planeta sí aprecia y reconoce su aporte a la expansión de uno de los géneros que más apropiaciones culturales ha sufrido a lo largo del desarrollo de la música popular. Esta indiferencia de los líderes de opinión políticos y artísticos brasileños no deja de ser incomprensible y decepcionante, en especial porque la historia de la cantante tiene todos los elementos para generar más empatía que rechazo, en particular en estos tiempos de reivindicación femenina y protección de la mujer ante abusos de toda clase.

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Astrud Gilberto, Bossa Nova, Garota de Ipanema, Lula, MPB, Música del Brasil

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