Canciones que no me canso de escuchar (Parte 3)

Canciones que no me canso de escuchar (Parte 3)

“Todo este aprendizaje se potenció con una larga temporada trabajando en discotiendas y, luego, las nuevas tecnologías me han permitido ampliar mis escuchas en un abierto rango de estilos y épocas, desde música criolla y pop hasta serialismo y música concreta, sin necesidad de sobrepoblar anaqueles con pesados álbumes ni estresarme con el mantenimiento de parlantes, agujas y tornamesas…”

[MÚSICA MAESTRO] “¿De dónde proviene mi melomanía?”, me pregunto de vez en cuando. En particular, porque mi historia personal no es la típica de quienes heredaron una enorme colección de discos del pasado ni crecieron rodeados de músicos profesionales en casa. Ambas cosas colocan a un elevado porcentaje de amantes de la música y coleccionistas de discos -en especial en esta era de exhibicionismos compulsivos por redes sociales- en una especie de elite (in)voluntariamente ostentosa.

En pleno renacimiento de la industria del vinilo, la afición por la audiofilia resulta extremadamente costosa para los estándares de cualquier sociedad, lo mismo que el hobby de almacenar álbumes y derivados -productoras y tiendas incentivan la adquisición de un mismo título en varios formatos- en lugares especialmente acondicionados que requieren de un alto presupuesto para mantenerlos de manera adecuada.

En tiempos como estos, en que la aspiración elemental del ser humano, en aras de contribuir a la sobrevivencia del planeta, debería orientarse a la reducción de consumos, compraventa de cosas y sobre explotación de recursos naturales, el hábito de coleccionar objetos, sean del tipo que sean, podría ser considerado por diversos sectores del mundo globalizado como algo innecesario o anacrónico, en el mejor de los casos. Sin embargo, el coleccionismo asociado a la melomanía está más fuerte que nunca.

Nunca pertenecí a ese exclusivo y respetable club, integrado por personas que, además, poseen -en su gran mayoría- un genuino amor por la música. No llego ni a cien discos entre originales y piratas, por lo que difícilmente podría referirme a eso como una “colección”. Y ni siquiera tengo un reproductor de audio en casa. Entonces, ¿cómo me hice melómano? Gracias a mi papá, jaranero criollo y admirador de la música norteamericana de los años cuarenta/cincuenta, además de ser aficionado al canto, fanático por partes iguales de Frank Sinatra, Mario Lanza y Luciano Pavarotti. Y a mi mamá, que se sabía todas las baladas, boleros, salsas y cumbias que escuchaba en la radio desde que tengo memoria.

Desde siempre me contaron mis hermanos que, en la cuna, balbuceaba todos los jingles de la televisión y repetía los nombres de los hermanos Gibb -los Bee Gees, mi primera banda favorita-. Paralelamente, la música clásica que salía en las películas para niños –como esta del largometraje Fantasía de Walt Disney (1940)- y los dibujos animados que musicalizaban sus episodios con exquisitas piezas instrumentales y de jazz -Looney Tunes, la Pantera Rosa, Charlie Brown- o vertiginoso pop-rock sintetizado -los robots japoneses de los ochenta-, fueron educando mi oído y haciéndolo permeable a todo tipo de géneros. Luego llegaron los Beatles en dibujos, la adolescencia, las películas, la universidad y, con ellas, el rock -particularmente el clásico, el punk/metal y el progresivo-, la trova, la salsa, más música clásica, jazz y los innumerables subgéneros que cada uno tiene.

Todo este aprendizaje se potenció con una larga temporada trabajando en discotiendas y, luego, las nuevas tecnologías me han permitido expandir mis escuchas hacia un amplio rango de estilos y épocas, desde música criolla y pop hasta serialismo y música concreta, sin necesidad de sobrepoblar anaqueles con pesados álbumes ni estresarme con el mantenimiento de parlantes, agujas y tornamesas. Respeto muchísimo a los coleccionistas en el mundo entero y, de alguna manera extraña, me considero uno de ellos pues también colecciono discos y sonidos. Pero en mi cerebro. Dicho esto, les dejo la tercera y última lista de canciones que no me canso de escuchar, esta vez de aquellos géneros musicales que jamás escucharán en radios convencionales de consumo masivo.

ASTURIAS – ISAAC ALBÉNIZ (1892): Aunque fue escrita originalmente para piano por el compositor Issac Albéniz (1860-1909), esta pieza se convirtió en parte fundamental del repertorio para guitarra clásica. Ha sido grabada por todos los virtuosos del instrumento, desde el español Andrés Segovia hasta el australiano John Williams y en todas las academias de guitarra suelen estudiarse sus complejos arpegios y acordes. Robbie Krieger hace una variación en el tema Spanish caravan de The Doors (Waiting for the sun, 1968).

BLACK MARKET – WEATHER REPORT (Weather Report, 1976): El tema-título de este sexto álbum es un misterioso viaje instrumental en el que brillan, en la sección de inicio, los teclados del austriaco Joe Zawinul para luego dar pase a los vuelos de Wayne Shorter en saxos sopranos y tenores. En estudio tiene doble batería -Chester Thompson y Narada Michael Walden- y el bajo funky de Alphonso Johnson. En vivo es tocada por la formación definitiva del grupo que incluye, además de los líderes Zawinul y Shorter, a Jaco Pastorius (bajo), nuestro compatriota Álex Acuña (batería) y Manolo Badrena (percusión).

BLUES ETUDE – OSCAR PETERSON (The trio, 1973): El pianista canadiense Oscar Peterson tiene una de las discografías más alucinantes del jazz clásico. En este tema en vivo de su periodo intermedio se junta con el guitarrista norteamericano Joe Pass y el contrabajista danés Niels-Henning Ørsted Pedersen para explorar el jazz más orgánico con serias dosis de virtuosismo. La versión en vivo del año siguiente, con Barney Kessel reemplazando a Pass, es simplemente increíble.

BOILER ROOM NYC LIVE SHOW – STARS OF THE LID (YouTube, 2015): Una hora de música para relajar el alma es lo que nos ofreció el recientemente fallecido Brian McBride (53), factótum de Stars of the Lid, proyecto que combinó post-rock, shoegaze, ambient y sinfonismo. Este recital se produjo en una iglesia de New York, auspiciado por Boiler Room, website especializado en transmitir raves, electrónica y DJs. Se sienten influencias que van desde la intro de Watcher of the skies de Genesis hasta Mogwai, pasando por Robert Fripp y Brian Eno, con oníricas proyecciones en azul profundo, en un concierto que recorre piezas de su corta pero sustanciosa discografía, lanzada entre 1995 y 2007.

CHAMELEON – HERBIE HANCOCK (Head Hunters, 1973): El pegajoso riff de bajo y batería asincopada que domina este tema es tocado por Hancock, desde un sintetizador ARP Odyssey, y Harvey Mason (año más tarde en Fourplay). La combinación de solos de jazz y ritmos funk fueron marca registrada del genial pianista. La canción abre su décimo segundo disco como solista, aunque después pasó fue considerado el primer disco de The Headhunters, su banda de entonces. Aquí una buena versión en vivo del año 2010.

CONTINUUM – JACO PASTORIUS (Jaco Pastorius, 1975): Si en su versión de Donna Lee Jaco muestra su sobrenatural velocidad, aquí da cátedra en el uso de silencios, notas largas y overdubs usando el bajo sin trastes de forma magistral. Ambos temas son parte de su álbum “debut” -en realidad, ya había debutado en el disco Jaco (1974) junto a Paul Bley y Pat Metheny. Lo acompañan, en Continuum, Herbie Hancock (teclados), Lenny White (batería) y Don Alias (congas).

GYMNOPÉDIES/GNOSIENNES – ERIK SATIE (1888-1893): La popularidad de estas piezas, escritas a finales del siglo XIX, es incomprensible en estos tiempos de cacofonías guturales y disfuerzos por quién hace más bulla. La música del francés Erik Satie (1866-1925) podría considerarse el eslabón que une la tradición pianística clásica de Frederic Chopin y Claude Debussy con el minimalismo del ambient de Brian Eno o la nueva era de George Winston. Aunque poseen una pausa y delicadeza únicas, son consideradas “danzas” en tiempo de vals. Sus matices y sutilezas, casi inaudibles, solo están aptas para el oído fino.

LA PETITE FILLE DE LA MER – VANGELIS (L’apocalypse des animaux, 1973): En la misma línea, aunque ocho décadas más adelante, el compositor y tecladista griego Vangelis compuso esta suave melodía con envolventes acompañamientos descargados de su arsenal de sintetizadores -que simulan campanas, violines, arpas y guitarras acústicas-, para uno de sus primeros álbumes en solitario tras la disolución de Aphrodite’s Child, su banda de prog-rock y psicodelia, que sirvió como banda sonora de una serie de documentales sobre la vida animal producida por la televisión francesa.

LE MARTEAU SANS MAÎTRE – PIERRE BOULEZ (1954): El uso inesperado de percusiones, yuxtaposición de instrumentos sobre la voz humana, cambios bruscos de tono, climas musicales y melodías sorpresivas son características comunes a todo lo que pasó en la música orquestal instrumental durante la primera mitad del siglo XX. El francés Pierre Boulez fue el más conocido entre los desconocidos y su ciclo de nueve movimientos para contralto y conjunto de cámara, una de las obras principales de su primera etapa, que le valió comentarios elogiosos de Igor Stravinsky. Aquí la podemos escuchar por el Ensemble Intercontemporaine, dirigido por él mismo.

PEACE PIECE – BILL EVANS (Everybody digs Bill Evans, 1956): Dos años antes de unirse al quinteto de Miles Davis, el pianista lanzó su primer LP como solista, en el que destaca esta pieza de tranquila aura, una suerte de ejercicio en que la mano derecha de Evans lanza líneas melódicas diferentes, aleatorias, espontáneas, sobre el ritmo cansino y crepuscular que va marcando con la mano izquierda. Melancolía e inspiración de un genio del jazz clásico poco conocido e injustamente olvidado por las nuevas generaciones.

PEQUEÑA SERENATA NOCTURNA – WOLFGANG AMADEUS MOZART (1787): Pocas melodías de lo que comúnmente llamamos “música clásica” siguen siendo reconocibles hasta ahora. La Serenata No. 13 en Sol mayor, la Pequeña serenata nocturna (Eine kleine Nachtmusik es su título en alemán) fue, para muchos de nosotros, la puerta de ingreso al universo mozartiano. Y sigue estando entre las favoritas en un repertorio tan amplio como diverso y sorprendente. Aunque hoy es interpretada por orquestas completas (como esta de André Rieu), es una pieza para conjunto de cámara que Amadeus escribió a los 31 años.

PRELUDIO Y FUGA EN DO MAYOR PARA CLAVECÍN BIEN TEMPERADO, LIBRO I – JOHANN SEBASTIAN BACH (1722): Es muy difícil quedarse con una sola obra de Bach. En este caso, escogí la pieza más conocida del catálogo para clavecín y clavicordio -instrumentos de teclado antecesores del piano- porque transmite una paz plácida y a la vez tensa. Lo de “temperado” -o “templado”- tiene que ver con una afinación característica del barroco. Grandes pianistas como Glenn Gould o Andreas Schiff interpretaron con maestría y pasión estas piezas. Comparto una más contemporánea, del joven pianista chino Lang Lang.

ROMEO IS BLEEDING – TOM WAITS (Blue Valentine, 1978): En su sexto disco -uno de los últimos plenamente asociado al jazz de nightclub- Tom Waits nos cuenta la historia de un temible pandillero mexicano y sus correrías en los callejones de Los Angeles, que terminan con él muerto “como un ángel baleado y Cagney en la pantalla”. Las congas, el bajo, el Hammond B-3 y un extraordinario saxo tenor le dan marco perfecto a la narración maleva de Waits, con esa irreproducible voz que solo Captain Beefheart pudo superar.

SEPTEMBER FIFTEENTH – PAT METHENY & LYLE MAYS (As falls Wichita, so falls Wichita Falls, 1981): 15 de septiembre de 1980 fue el día en que falleció el pianista Bill Evans, a los 51 años. Queda claro entonces que este tema es la sentida reacción de Lyle Mays (pianos, teclados) y Pat Metheny (guitarras, bajos) a tan lamentable y prematura pérdida para el mundo del jazz. La primera sección de esta delicada melodía –esta versión en vivo de 1988 es muy buena- ha sido usada en diversos comerciales, novelas y películas.

SO WHAT – MILES DAVIS (Kind of blue, 1959): Desde Rick Wakeman hasta Les Luthiers han jugado con los primeros acordes de este standard del enigmático, influyente y díscolo Miles Davis, en una de sus primeras etapas. El bajo de Paul Chambers y el piano de Bill Evans marcan la pauta para los sucesivos solos de Miles Davis, John Coltrane, Julian “Cannonball” Adderley en un ritmo acompasado, caminante, despreocupado. Una joya.

SOZINHO – CAETANO VELOSO (Prenda minha ao vivo, 1999): La amplísima discografía de Caetano Veloso es patrimonio cultural del Brasil. En este recital, el líder del Tropicalismo se sienta y, acompañado de su guitarra acústica, hace una limpia versión de esta composición de 1997 Peninha que fue éxito en radios locales en las voces de Sandra de Sá y el legendario Tim Maia. Alejandro Sanz hizo una buena versión en guitarra -aunque vocalmente es desastrosa- en el disco Samba pa’ ti: Un tributo al Brasil, aparecido el 2005.

SPAIN – RETURN TO FOREVER (Light as a feather, 1973): De todas las versiones que se han grabado de este tema me quedo con la original, incluida en el segundo LP de Return To Forever. España. EE.UU. y Brasil se unen en este sueño musical creativo y virtuoso. Otras versiones notables son la que hicieron Paco de Lucía (2003), el recordado vocalista Al Jarreau (1980) y el mismo Corea en 1989, con su trío Akoustik Band, al lado del bajista John Patitucci y el baterista Dave Weckl.

TÁ COMBINADO – MARIA BETHANIA (Maria, 1988): Conocida por ser una de las voces centrales del Tropicalismo y la MPB, este tema se me hizo inolvidable tras escucharlo como parte de la banda sonora de la telenovela Vale Tudo (TV Globo, 1988-1989) que fue transmitida por Panamericana Televisión. De romántico sonido, la acajonada voz de Maria Bethania se luce en esta composición de su hermano Caetano Veloso.

THEME FROM A SUMMER PLACE – PERCY FAITH ORCHESTRA (single, 1960): Este es un caso típico en el que una película pasa a la posteridad por su banda sonora. A summer place (1959), tuvo entre su música incidental esta melodía escrita por el austriaco Max Steiner -célebre por esta canción, del clásico film Gone with the wind (1939). Aunque la versión del film fue grabada por el director norteamericano Hugo Winterhalter, Percy Faith la convirtió en un superéxito del “easy listening” (música fácil de escuchar).

TITLES – VANGELIS (O.S.T. Chariots of fire, 1981): Con el tiempo, esta emocionante melodía ganadora del Oscar terminó llamándose como la película que musicaliza. Junto a la banda sonora de Blade runner, del año siguiente, Carros de fuego es la razón por la cual Vangelis es el artista griego más conocido de la era moderna. Grabada íntegramente con sintetizadores, es aun más impactante la versión que hizo con orquesta sinfónica en el concierto Mythodea del 2001.

BONUS TRACK:

LUISA FERNANDA – FEDERICO MORENO TORROBA (1932): Más de noventa años después de su estreno, esta zarzuela todavía conmueve y divierte con sus rimas precisas, sus entrañables personajes, sus temas universales aún vigentes a pesar del encanallamiento actual de las relaciones sociales y del mundo del espectáculo pero, especialmente, por esa música que tiene de ópera y de pasodoble, de academicismo y populacho, que la convirtió en uno de los géneros clásicos favoritos de toda clase de público. Esta versión es muy buena, con Plácido Domingo en el papel principal.

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