Juan Carlos Tafur

El Congreso se hizo una

“Le deja en claro que, así sea por juegos políticos subalternos, su sostenibilidad en el poder depende de que haga las cosas con relativa transparencia y no con la opacidad con la que ha venido manejando”

El presidente Castillo interpreta como una zancadilla que el Congreso haya aprobado debatir la moción de vacancia con 76 votos a favor, 41 en contra y una abstención. Debería, más bien, estar agradecido porque la ocasión le debería servir para aclarar todas las dudas razonables que existen respecto de su moralidad en el manejo de la cosa pública.

Según todas las encuestas, la mayoría de la ciudadanía sospecha de la ética personal del presidente y lo considera cómplice y hasta promotor de los hechos de inmoralidad descubiertos alrededor de Palacio. Existe fundada sospecha de que el propio presidente alienta o dirige las redes de corrupción que se han instalado alrededor suyo, con los lobistas de Sarratea, los secretarios de prensa con dineros en el baño, los sobrinísimos reuniéndose en oficinas públicas de donde luego salen millonarios contratos asignados, los ascensos policiales irregulares, etc., etc.

Un país puede tolerar a regañadientes un gobernante mediocre, pero lo que resulta inadmisible es un mandatario corrupto. Políticamente, esa constatación conduce a la vacancia por incapacidad moral. Así se ha interpretado en nuestro país y así se interpretaría en caso surjan indicios fundados de que Castillo es partícipe de los hechos señalados.

No somos ingenuos y, por ende, no creemos de antemano que el Congreso repentinamente se haya iluminado y la guardería acciopopulista haya cambiado de criterio de la noche a la mañana (de paso, sorprende el voto en contra de Susel Paredes y Flor Pablo). Estamos ante una sumatoria de hechos sumatorios: la pechada del Ejecutivo al Congreso, los rumores de que hoy en la tarde Castillo podría haber pensado plantear que se produzcan elecciones generales (entre ayer y hoy ya deben haberle reescrito el mensaje, considerando la aprobación a debate de la moción de vacancia que hasta hace 24 horas no había sido aprobada) y la ambigua declaración del exsecretario de Palacio, Bruno Pacheco.

Lo más probable, por ello, es que estemos siendo testigos de un juego de espejos y que el día que se discuta la vacancia real, el 28 de marzo, los “niños” vuelvan al redil y el asunto pase al desván. Pero igual creemos importante que se haya aprobado esta moción, que obliga al presidente a asistir al Congreso a dar explicaciones. Y, sobre todo, porque le deja en claro que, así sea por juegos políticos subalternos, su sostenibilidad en el poder depende de que haga las cosas con relativa transparencia y no con la opacidad con la que ha venido manejando la administración pública estos primeros meses de gobierno.

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Congreso, Pedro Castillo, Vacancia

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