Juan Carlos Tafur

¿Se aleja el “momento destituyente”?

“Puede ser pertinente empezar a plantearse el escenario de que Castillo gobierne hasta el 2026. Y que el centro y la derecha aprovechen el largo tiempo por delante para procesar errores, afinar estrategias y prepararse para el recambio”

Ha causado sorpresa el continuado repunte en las encuestas de Pedro Castillo. Según la última medición del IEP, sube en el último mes cinco puntos adicionales a los que había trepado el mes anterior, es decir ha subido diez puntos en apenas dos meses, pasando de 19 a 29% (el mismo nivel que tenía a inicios de año).

Sigue siendo una aprobación baja, pero es relevante, políticamente hablando, entender por qué puede estar sucediendo ello, fenómeno que de hecho protege en mayor medida al presidente de un “momento destituyente”.

Lo primero que habría que señalar es que Castillo no ha movido un ápice -salvo algunas normas laborales, que el Congreso ya demora demasiado en derogar-, el llamado “modelo económico” y éste, con su robustez, sigue dando frutos a pesar de la sequía de políticas promercado o proinversión del gobierno. Aunque se haya producido una considerable alza de los precios de la canasta básica, la economía sigue andando a pesar del régimen.

Un segundo factor, no menos importante, es la estrategia de confrontación populista en la que el gobernante se halla embarcado desde hace justamente un par de meses, enfilando baterías contra el Congreso, los medios y los grupos empresariales, poniendo especial énfasis en que toda la crisis política es producto de la resistencia del establishment a un gobierno popular y un presidente rural, pobre y marginal. El discurso es potente y la narrativa elegida -como hemos señalado en anteriores columnas-, cala hondo en los ánimos populares.

Si a esos ingredientes le agregamos la victimización permanente, a propósito de las investigaciones fiscales que cercan a su familia (ayer, a su hija-cuñada le han impuesto 30 meses de prisión preventiva), se puede entender lo que está sucediendo. No parece haber sido un hipo por Fiestas Patrias, como se pudo haber especulado, sino una situación política que, más bien, podría seguir fortaleciéndose.

Finalmente, a todo lo mencionado hay que agregarle el penoso papel de la oposición, reflejado en el paupérrimo nivel de aprobación del Congreso (8%) y una desaprobación del 87%. Casi toda la oposición yerra -la política y la mediática-, pero encuentra su peor expresión en la conducta abominable como se comporta en el Legislativo (plagado de “niños” y “topos”, además de convenidos).

A este paso, reiteramos, puede ser pertinente empezar a plantearse el escenario de que Castillo gobierne hasta el 2026. Y que el centro y la derecha aprovechen el largo tiempo por delante para procesar errores, afinar estrategias y prepararse para el recambio, que no va a ser fácil, sino que va a requerir de un fino y laborioso esfuerzo político e ideológico.

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Gobierno, Pedro Castillo

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