Pie Derecho

Un obispo tuerto

“Lo que llama poderosamente la atención es el silencio que el arzobispo Carlos Castillo y otros mantuvieron respecto del régimen anterior, del inefable, incompetente y corrupto Pedro Castillo, y que hoy carguen tintas contra la administración de su sucesora, Dina Boluarte”

Monseñor Carlos Castillo, arzobispo de Lima, fue muy duro en su homilía por Domingo de Ramos, en contra del gobierno de Dina Boluarte. No es malo que la iglesia católica se pronuncie sobre temas políticos, está en su derecho no ser solo una colectividad meramente confesional, pero lo que llama poderosamente la atención es el silencio que el arzobispo mencionado y otros mantuvieron respecto del régimen anterior, del inefable, incompetente y corrupto Pedro Castillo, y que hoy carguen tintas contra la administración de su sucesora, Dina Boluarte.

La falta de autoridad moral de aquellos que critican un gobierno en particular, pero guardaron silencio respecto de otro de peor entraña, es un fenómeno que no puede ser ignorado. Es un acto de hipocresía, de doble moral, de un oportunismo cínico que envenena la política y socava la confianza del público en las instituciones y en los líderes.

Es como si la memoria histórica tuviera un problema de selectividad, como si los hechos hubieran sido escritos y leídos a conveniencia. Es cierto que los gobiernos pueden ser evaluados y juzgados por sus acciones, políticas y logros, pero esta evaluación debe ser coherente y consistente, no selectiva y sesgada.

La falta de autoridad moral se debe a que aquellos que critican un gobierno en particular, pero guardaron silencio respecto de otro más deleznable, no pueden ser tomados en serio. Son como los mercaderes de la moralidad, que cambian de opinión y de discurso según conviene a sus intereses. Son como los árboles sin raíces, que se inclinan según sopla el viento.

Esta falta de autoridad moral es especialmente dañina en la política, ya que debilita la confianza del público en los líderes y en las instituciones democráticas. Si los ciudadanos no pueden confiar en que los políticos o los líderes sociales actúen de manera coherente y honesta, la democracia pierde su fundamento y se desmorona.

La falta de autoridad moral de aquellos que critican un gobierno en particular, pero guardaron diplomacia extrema respecto de otro, lamentable, es un acto de hipocresía que no puede ser tolerado en la política. Es necesario tener una evaluación coherente y consistente de los gobiernos, basada en los hechos y en los principios, para que la democracia pueda sobrevivir y prosperar.

Y de esa hipocresía hace gala en particular la izquierda en su conjunto, a la cual pertenece monseñor Castillo. Guardaron prudencia exagerada respecto de las trapacerías sin nombre de alguien que llevaba al país al abismo y hoy se pretenden erigir en baluartes de la moralidad pública y en jueces del buen gobierno.

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arzobispo, Dina Boluarte, Pedro Castillo

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