Karen Bernedo - Sudaca.Pe

Reivindicando a María Elena Moyano como una mujer de izquierda

(A propósito del terruqueo a las mujeres de izquierda)

Hace unos días el candidato presidencial por Acción Popular, Yonhy Lescano, se refirió a la candidata de Juntos por el Perú, Verónika Mendoza, como alguien cuya ideología comulgaba con la “guerra de guerrillas”. La candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori hizo lo propio llamándola ‘caperucita roja’ y señalando que “se hace la suavecita, pero es roja y peligrosa”. Días antes, partidarios del candidato de Podemos Perú emitieron un spot en el que aparecía una personaje apodada “Terrónika”, que claramente aludía a Mendoza.

 

Similares situaciones, vive a diario la congresista del Frente Amplio, Rocío Silva Santisteban, a quien la palabra “terruca” se le endilga como quien le dice hola.

 

La asociación simplista del terrorismo con la izquierda democrática y partidaria es una táctica de manipulación que apela, malintencionadamente, al miedo y al pasado traumático de violencia que experimentó nuestro país.

 

Dichos discursos tendenciosos, sin argumentos, siguen siendo la muletilla estigmatizadora de ciertos sectores políticos que no quieren entender (ni quieren que se entienda) que la apuesta de la izquierda partidaria por la vía democrática encarna una contradicción fundamental con la propuesta de Sendero Luminoso, cuyo fin era el de aniquilar el “viejo Estado”.

 

María Elena Moyano, emblema de la lucha contra la violencia, fue una mujer de izquierda. El pasado 15 de febrero se cumplieron 29 años de su asesinato a manos de un escuadrón de aniquilamiento de Sendero Luminoso. María Elena fue dirigente de organizaciones sociales de base, teniente alcaldesa de Villa el Salvador y militante de Izquierda Unida. Su muerte fue un episodio emblemático de nuestra historia y su figura ha sido reivindicada como un símbolo de paz.

 

Las interpretaciones en torno a los sentidos de su memoria, sin embargo, siguen siendo hasta el día de hoy motivo de disputa. En el artículo “Los usos y abusos de la memoria de Maria Elena Moyano”, la politóloga Jo Marie Burt expone la forma en la que Fujimori invocó la memoria de Moyano para recordar a los peruanos la brutalidad de Sendero Luminoso, pero también para legitimar las violaciones al Estado de derecho como parte de su política antisubversiva.

 

Durante la década de 1990, el Estado construyó un relato en torno a Maria Elena Moyano en aras de justificar la “mano dura”. Para ello invisibilizó convenientemente su militancia izquierdista y su paso por el Partido Unificado Mariateguista (PUM). También minimizó que fuera blanco de violencia como tantos otros militantes de izquierda. Y silenció sus críticas enfáticas a las políticas neoliberales de Alberto Fujimori.

 

Sendero Luminoso, por su lado, a través de su órgano de comunicación El Diario, acusó recurrentemente a Moyano y a otros alcaldes y tenientes alcaldes de izquierda de diversos distritos populares de Lima de corrupción y de ser enemigos de “la revolución maoísta”.

 

El 26 de setiembre de 1991, María Elena Moyano protagonizó una multitudinaria manifestación cuyo lema principal fue “Contra el hambre y el terror”. Meses más tarde en el CADE 91, manifestó que no era posible combatir el terror si no se combatía el hambre de la población. En este sentido, se pronunció tanto en contra de la violencia de Sendero Luminoso como contra la violencia del proyecto neoliberal fujimorista.

 

En el libro María Elena Moyano, Perú en busca de una esperanza, la escritora feminista Diana Miloslavich recoge la voz de María Elena a través de entrevistas y textos escritos por la dirigente misma antes de su asesinato. En estos documentos aparece la visión de Maria Elena sobre su historia de vida, Villa El Salvador, las organizaciones de mujeres, sobre su militancia en la izquierda, su experiencia en el gobierno local y sobre sus propuestas de pacificación.

 

Sus escritos dejan claro que su oposición a la violencia subversiva se enuncia desde su militancia política, pues para ella la mejor respuesta a Sendero Luminoso debía surgir desde un proyecto político íntegro que levantara banderas de justicia social.

 

En estos tiempos en los que la política peruana atraviesa una profunda crisis moral, la voz de María Elena nos recuerda, como flor en el pantano, que el miedo nunca fue ni será la respuesta. Los terruqueadores invocan el miedo para cerrarle paso al ejercicio crítico de la ciudadanía. El terruqueo no es solo un delito, pues mancha la honra y el buen nombre de personas que no tienen vínculo alguno con hechos delictivos; el terruqueo es también una muestra de la pobreza de ideas, tan predominante en esta campaña electoral.

 

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