Pandemia

Luego de estar cerradas por 16 meses, el 12 de julio las salas de cine volvieron a funcionar. Primero lo hicieron los Multicines Cinestar y Movietime y luego de varias negociaciones las demás cadenas como Cinemark y Cineplanet el 5 de agosto. 

Las pérdidas que el sector cinematográfico ha tenido como producto de la pandemia, superan los US $300 millones. Hoy con la reactivación económica, la producción cinematográfica también ha regresado y así como las salas de cine, esperan alimentar mejores cifras para su continuidad. 

La pandemia también afectó el estreno del film nacional Canción sin nombre. Cinta que venía cosechando múltiples premios en festivales alrededor del mundo y que no pudo llegar a las salas. Situación que la empujó a ser la primera película peruana en ser estrenada en Netflix. Su presentación el 15 de enero en la plataforma de streaming recogió aún más críticas favorables por su realización. Una historia desgarradora que en medio de una época de conflictos sociales como fueron los años 80,revela la vulnerabilidad de una mujer del campo al denunciar el robo de su hija. 

Algo similar sucedió con la película Contactado de Marité Ugaz y producida por Mariana Rondón, que decidió por una exhibición alternativa y se mostró de manera itinerante, así que tampoco llegó a las salas comerciales. Todos los estrenos previstos para el 2020, pasaron para este 2021 y otros en el camino decidieron por las plataformas de streaming. Pero aquellos que llegaron a las salas comerciales, se enfrentaron al problema de la escasa asistencia, quizás por temor al contagio. Sin embargo, los blockbuster como Eternals, permitieron que el público pierda el miedo de regresar al cine. 

Una película de Tondero fue la encargada de abrir el calendario nacional de estrenos: Raúl con Soledad. Dirigida por Bruno Ascenso y grabada con equipo mínimo dentro de la pandemia. Otra de Tondero vendría después: Doble embarazada. Apostando ambas por la comedia ligera. En octubre llegó a las salas también La Cantera del director arequipeño Miguel Barreda. Actualmente también ha sido incorporada a la plataforma de Netflix. 

El 28 de octubre se estrenó Ainbo. El proyecto de animación más grande de la historia del cine nacional. Los hermanos Zelada, a través de su empresa El Tunche, lograron importantes contratos de distribución en todo el mundo que también se vieron perjudicados por la escasa asistencia del público a las salas, debido a la pandemia. 

Las mejores familias de Javier Fuentes-León, luego de su paso por el Festival de Cine de Lima, llegó a las salas de cine comerciales el 04 de noviembre. Un retrato social de nuestra Lima clasista y prejuiciosa de impecable manufactura, pero con grandes contradicciones en su desenlace. Sobrevivió 3 semanas en cartelera. 

El 11 de noviembre se estrenó Un mundo para Julius de la directora Rossana Díaz Costa. La obra de Alfredo Brice Echenique llevada a la pantalla con total libertad en su adaptación supera ya el mes en cartelera, con más de 40,000 espectadores. Importante cifra para un film nacional, en medio de cintas americanas de gran taquilla internacional. El retrato también de desigualdad social, tiene un componente especial en esta adaptación que es importante destacar. No lo hace desde el sentido irónico sino más bien dramático. Lo que no solo es válido, sino también permite una mirada más femenina a esta historia. Un film peruano de exportación.   

Medias hermanas, comedia de Tondero otra vez, alcanzó los 19,000 espectadores en su primer fin de semana. Su apuesta por figuras conocidas como Gianella Neyra y Magdyel Ugaz le ha dado buenos resultados a la empresa de cine más importante del país. Se estrenó el 19 de noviembre. 

El camino que Palito Ortega y Oscar Catacora abrieron para el cine regional ha empezado a dar sus frutos con películas como La Cantera, pero también con El viaje macho del huancaíno Luis Basurto. Un road movie desarrollado en el ande peruano, en el llamado “tren macho” y que llegó a las salas el 25 de noviembre. 

Manco Cápac fue el último estreno nacional del año a cargo del director puneño Henry Vallejo. Cinta seleccionada para los premios Oscar, que no terminó de pasar los filtros que la llevarían a una nominación. La historia de la llegada del joven Elisban a la ciudad de Puno, enfrentando la hostilidad que la pobreza provoca en una sociedad mercantil, también ha recibido las mejores críticas nacionales e internacionales. Esta es sin duda una de las propuestas más particulares y honestas que se han presentado. Se exhibe en las salas comerciales desde el 09 de diciembre.

Mientras la taquilla mundial, le sonríe a producciones hollywoodense como Spider-Man:No way home, en el Perú por primera vez, la producción independiente ha tenido más exposición y presencia en la cartelera local. Aún tenemos que descentralizar la exhibición, para que al hablar de cine regional, no solo nos referiremos al que llega a las salas limeñas, sino al cine que se realice en cualquier lugar del país y se vea en todos los rincones. 

El 2021 que se va, fue el año en que se reabrieron las salas, a pesar de continuar en la pandemia. Con nuevas medidas sanitarias y nuevas normalidades, volvimos a hacer colas para ver una película en pantalla gigante. La apuesta por este tipo de proyección, es todavía, la elección principal del expectador. 

salas de cine 2021

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El Perú registra un Índice Global del Hambre (IGH)  de 17 puntos, lo que significa que ha regresado al estado crítico del 2014, informaron las organizaciones miembros de la red Alliance2015, en el último informe de IGH. Esta situación implica un retroceso de siete años en la lucha contra el hambre, que además puso en evidencia que los departamentos costeros son los que tuvieron un mayor impacto negativo que aquellos ubicados en la sierra y la selva.

Las restricciones de transporte, impuestas debido a la pandemia, generaron la tendencia a la baja en la costa y la sierra, ya que buena parte de la economía familiar se sustenta en la pluriactividad, que implica desplazamientos de gran magnitud. En tanto, la resiliencia de la región amazónica se debe a la continuidad de la comercialización de cultivos agroindustriales como la palma aceitera, el café, y cacao.

Los departamentos de Apurímac, Huancavelica, Ucayali, Loreto, Huánuco, Ayacucho y Cusco fueron fuertemente golpeados por la pandemia perdiendo los avances conseguidos por varios años en materia alimentaria.

“El informe resalta que los programas sociales, tanto alimentarios como no alimentarios han contribuido a mejorar las condiciones de vida de muchas poblaciones desfavorecidas.  Sin embargo, es necesario implementar medidas complementarias y sistemas de protección social con dominios más universales y que tengan un mayor alcance”, afirmó Binolia Porcel, vocera de la red Alliance2015 y representante de HELVETAS Perú.

William Campbell, Director de la Fundación Ayuda en Acción, presentó algunas propuestas y retos pendientes que ayudarían a reducir el hambre en el Perú:

Políticas públicas

La crisis sanitaria acentuó problemas que comprenden tanto a los territorios más alejados y los de mayor desarrollo. A los efectos más severos de la pandemia, se suman la crisis política nacional y el contexto internacional para remecer nuevamente la estructura económica, poniendo en riesgo la recuperación y la seguridad alimentaria de la población.

Estos problemas complejos necesitan de respuestas complejas que trascienden la esfera local. Entre éstas, el replanteamiento de los sistemas alimentarios. “Es indispensable abordar la salud, la seguridad alimentaria y nutricional considerando la salud humana, animal y ambiental, así como las relaciones comerciales equitativas con enfoque holístico”, indicó Campbell.

Programas sociales

Los programas sociales alimentarios y no alimentarios han conseguido importantes mejoras en la capacidad de agencia de muchas poblaciones desfavorecidas. No obstante, sus diseños no han logrado cubrir los múltiples problemas sociales. “La creación de sistemas de protección social con dominios más universales, con participación de gobiernos, se plantea como una medida complementaria e integradora de los esfuerzos individuales y con alcances más prolongados”, propuso.

Trabajo sinérgico multiactor

Los avances dependen de esfuerzos locales, de la participación de la sociedad civil, los gobiernos y, la participación activa de la comunidad y los pueblos originarios como los principales agentes de cambio de sus entornos territoriales y culturales que conlleven a sociedades más justas, desarrolladas y responsables del medio ambiente. “El sector privado es de vital importancia en este proceso para complementar, potenciar o mejorar la acción pública en favor del bienestar social”, añadió.

Foto: Andina.

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Hambre en el Perú, Pandemia

El año pasado, durante los momentos más críticos de la pandemia, en el Colegio Médico de Lima Metropolitana se desató una serie de irregularidades financieras y administrativas. Así lo revela una auditoría de mediados de este año a la que Sudaca accedió y que pone en la picota al exdecano de esta sede, el epidemiólogo Juan Astuvilca Cupe, y a la tesorera Julisa Caballero Amado. Y es que no todos los esfuerzos del gremio se centraron, precisamente, en combatir al coronavirus. 

El 15 de octubre del año pasado, el Colegio Médico del Perú (CMP) encargó a la empresa de auditores Jerí Ramón & Asociados una evaluación sobre el manejo administrativo del Consejo Regional III Lima, más conocido como el Colegio Médico de Lima Metropolitana. Los especialistas pusieron el foco entre enero y setiembre de aquel 2020, advertidos de presuntos malos manejos que apuntaban a la cabeza.

En noviembre de aquel año, Astuvilca y Caballero fueron separados de sus cargos hasta que concluyan las indagaciones. Luego de algunos meses de trabajo, los auditores señalaron que el decano Astuvilca y su tesorera Caballero habían autorizado bonos sin justificación e incluso se beneficiaron de préstamos sin autorización de la Junta Directiva, la máxima instancia que aprueba este tipo de desembolsos.

Uno de los hallazgos más importantes es que existieron operaciones financieras “fantasma”. En total fueron más de 125 transacciones sin respaldo documentario. “No fueron ubicados los documentos que respaldan operaciones hasta por S/315.668,58”, asegura el informe. La mayoría de estos desembolsos fueron pagos de AFP’s y servicios básicos, pero también pagos de dietas a directivos, como la propia Caballero.

A inicios de este año, además, las autoridades que reemplazaron a Astuvilca en el cargo le dijeron a los auditores que la tesorera no había entregado los documentos contables que sustentan los desembolsos. “Existe una variedad de documentos que faltan, porque lastimosamente la Dra. Julisa Caballero no ha realizado la entrega de cargo correspondiente sobre el acervo documentario administrativo y contable, a pesar de las cartas notariales que la Junta Directiva le solicitó, lo cual perjudica notablemente a la institución en su funcionamiento, incumpliendo totalmente las funciones a la que fue asignada como Tesorera”, contó en enero pasado Gerardo Campos Siccha, el tesorero que sucedió en el cargo a Caballero.

Los auditores dieron cuenta de que también faltaban 773 comprobantes de pago, entre notas de crédito, boletas de venta y facturas. Y encontraron que, entre febrero y mayo de ese año, se autorizaron préstamos a directivos por S/78.400 saltándose los procesos.

El 7 de febrero del 2020, por ejemplo, el entonces decano Astuvilca recibió S/54.000, mientras que la tesorera obtuvo S/9.400 en mayo por ese concepto, dice el informe. Estas transferencias no se dieron en «un proceso regular debido a que la Junta Directiva desconocía dicha solicitud”, dijo Campos Siccha.

Los préstamos que Astuvilca y Caballero autorizaron para ellos mismos, según el informe de auditoría.

Campos agregó que Astuvilca devolvió parte del dinero recién en junio de este año, es decir, cuando el proceso administrativo en su contra estaba en curso. También señaló que Caballero, como tesorera, aprobó su propio préstamo directamente a su cuenta bancaria “el cual no contaba con la documentación, aprobación y conocimiento de la Junta Directiva”.

Pero hay más. Tanto Astuvilca como Caballero habrían acordado realizar otros desembolsos durante el pico más alto de la pandemia. Por ejemplo, el decano recibió S/14.080 entre bonos de movilidad sin aparente justificación, según la auditoría.

Los pagos, que se dieron entre marzo y junio del 2020, se aprobaron “por un aparente acuerdo entre Caballero como jefa de tesorería y Astuvilca como decano” y sin haber hecho la solicitud correspondiente, de acuerdo a lo señalado en el informe por el ya mencionado Campos Siccha. Estos “bonos” no tendrían justificación porque “ya habían sido pagados en el mismo periodo”, se lee en el documento. Astuvilca, como con los préstamos anteriores, devolvió los importes más de 90 días después.

Otros desembolsos coordinados entre Astuvilca y Caballero fueron la entrega de “bonos extraordinarios” a ciertos trabajadores de la institución, en mayo del año pasado. La auditoría identificó que, sin ningún sustento, salieron S/31.300 de tres cuentas bancarias de la institución y fueron a parar a manos de algunos suertudos. “No se evidencia acuerdo del Consejo Regional III – Lima ni del Consejo Nacional que apruebe las Entregas a Rendir ni de Bono Extraordinario a favor de los mencionados trabajadores”, dice el informe.

Fue tal el desconcierto respecto a estos “bonos extraordinarios” que los trabajadores beneficiados devolvieron el dinero. Una de ellas, la contadora Rocío Villegas Huapaya, dirigió una carta al decano señalando que devolvía los S/2.000 que le depositaron porque “no se justifica que un grupo de trabajadores reciban un bono extraordinario y no la totalidad del personal”. Un gesto de honestidad en medio de este presunto faenón.

Un premio económico muy similar se dio bajo el concepto “pago de escolaridad”. En febrero del año pasado, solo un mes después de que la gestión Astuvilca tomara las riendas del colegiado de Lima, se repartieron S/16.138 entre 14 trabajadores por este concepto. Pero había un detalle: algunos no tenían hijos en edad escolar. “Se observó que de los trabajadores beneficiarios del pago de escolaridad están considerados algunos que no evidenciaron tener hijos en edad escolar”, dicen los auditores. Campos Siccha señaló que no tenía conocimiento de ningún acta de consejo donde se haya acordado este desembolso, señala el informe.

Debido a este festín de bonos y repartija de dinero, Astuvilca y Caballero se encuentran separados temporalmente de sus funciones desde noviembre del año pasado. Los auditores recomendaron al final de su trabajo que el decano nacional, Palacios Celi, elevara su informe al Comité Ejecutivo Nacional para determinar acciones y se establezcan sanciones en su contra.

El área de prensa del CMP le dijo a Sudaca que el proceso disciplinario es reservado y que “no pueden pronunciarse por ahora”, conforme a su reglamento interno. Todo queda en casa.

Astuvilca, con quien este medio intentó comunicarse en reiteradas oportunidades, se limitó a señalar en su Facebook que las acusaciones en su contra son “falsas especulaciones que atentan contra su reputación”. La publicación es del día en que anunciaron su separación y cuando no se conocían los detalles que consignamos en este informe. También buscamos la versión de Caballero, pero no tuvimos éxito. 

 

Objetivo decanato

Tanto Astuvilca como Caballero llegaron a sus puestos para el periodo 2020-2022 gracias a la agrupación ‘Integridad Médica’. Este movimiento tiene como coordinadores nacionales a las actuales cabezas del gremio: Miguel Palacios Celi, decano nacional, y Ciro Maguiña Vargas, vicedecano. El primero de ellos es el llamado a elevar el informe de auditoría al Comité Ejecutivo Nacional, como ya hemos mencionado.

Maguiña, por su parte, es recordado por haber formado parte del escándalo del “Vacunagate”, en el que 487 personas se vacunaron de manera irregular contra la Covid-19.

El decano y el vicedecano son cercanos a Astuvilca y Caballero, como se puede ver en publicaciones y fotos en redes sociales.

Para el periodo 2022-2024, Integridad Médica intentará mantener el timón del Colegio Médico del Perú y de la sede de Lima. Como cabeza de lista, la agrupación propone al doctor Raúl Urquizo Aréstegui para el decanato nacional. Urquizo, actual director del Servicio Médico Familiar del colegio (SEMEFA), es un viejo conocido de Astuvilca y también es mencionado en el informe de auditoría.

El candidato de Integridad Médica fue decano de Lima entre los años 2018 y 2020. En ese mismo periodo Astuvilca fue su secretario general. Como parte de su informe de gestión, Urquizo señaló que “con mucho esfuerzo” lograron concluir una obra que estaba estancada desde el 2012. Se trataba de 18 bungalows para el Club Tumi I de Chaclacayo, un centro de recreación administrado por el Colegio Médico de Lima que ofrece sus servicios a los colegiados de todo el país.

Sin embargo, el informe de auditoría señala que actualmente solo un bungalow ha sido terminado y la construcción del resto se encuentra suspendida debido a clamorosas deficiencias técnicas. “La paralización se refiere a 17 bungalows que quedaron semiconstruidos en casco, habiéndose construido un bungalow en su totalidad y un primer nivel correspondiente al estacionamiento vehicular que ha sido totalmente rehabilitado y reforzado con columnas y vigas para soportar la estructura”, dice el documento. 

Las fisuras (en blanco) que observaron los auditores en el estacionamiento del centro recreacional Tumi I.

Según verificó Jerí Ramón & Asociados al visitar el club, el estacionamiento –que soporta el peso de los 18 bungalows– tiene fisuras en su interior. La obra, que comenzó en el 2019 con Urquizo y debía concluir en la gestión de Astuvilca, ya le ha costado al Colegio Médico más de S/2 millones. 

Consultado por Sudaca respecto a estos hechos, el doctor Urquizo descartó tener responsabilidad directa. “Se está utilizando ese elemento para atacar mi candidatura. Esa obra fue entregada en noviembre del 2019. Obviamente el mantenimiento es responsabilidad de la actual gestión [Astuvilca y sus sucesores luego de ser separado], pero nosotros dejamos operativo todo”, aseguró.

En las elecciones de este domingo 28 de noviembre, donde compiten con otras tres listas, Integridad Médica buscará extender su reinado en el colegio al menos por dos años más. Están advertidos.

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Desde el 16 de marzo de 2020, las universidades públicas y privadas permanecen cerradas. La suspensión de clases presenciales fue una medida decretada por el gobierno para contrarrestar la expansión del Covid19. A punto de terminar el segundo semestre académico, en la mayoría de universidades de las 94 universidades licenciadas del país, es importante conocer el impacto de la pandemia en el quehacer universitario. Dos documentos, de publicación reciente, permiten tener una idea más o menos aproximada del nuevo escenario y de los desafíos que supone en el corto y mediano plazo para la comunidad universitaria.   

El primero, “La Educación Superior Universitaria en el Perú post-pandemia”, elaborado por Rodolfo Benítez en abril del año en curso, analiza la educación superior universitaria en el país, discute sus características principales, propone cursos de acción y recomendaciones de política pública para su desarrollo en el lustro siguiente. El autor identifica cuatro aspectos centrales de la educación universitaria: 1. Tendencia a la masificación y privatización de la educación; 2. Participación desigual a la educación universitaria; 3. Bajos niveles de empleabilidad e investigación en la educación universitaria; y 4. La reforma universitaria y sus principales apuestas: regulación y gobernanza. Asimismo, analiza el tránsito de la educación presencial a virtual;  los impactos en el financiamiento de la educación; y los impactos en la matrícula y la deserción. 

El impacto de la pandemia se registra en diferentes niveles del quehacer universitario y plantea a las universidades un desafío sin igual para enfrentarlo. Por eso, se prestará atención, siguiendo al autor, solo en dos de esos desafíos. Así, de un lado, el paso de la educación presencial a la virtual tuvo que lidiar con algunos desafíos como la pobreza digital en la que se encuentran estudiantes en situación de vulnerabilidad y muchos docentes. Es decir, la carencia de medios tecnológicos y también la ausencia de habilidades para interactuar “en un entorno virtual con fines académicos”. O el que se relaciona con “las condiciones del entorno”. Si se cuenta o no con espacios adecuados para llevar a cabo las actividades de enseñanza y aprendizaje durante largos períodos de tiempo, los distractores presentes en el hogar de los estudiantes y las responsabilidades que ellos asumen en los mismos. Finalmente, otro desafío guarda correspondencia con la casi imposibilidad de interactuar con sus pares y docentes la que fomenta “la motivación, la confianza interpersonal” o de realización de actividades que “ayudan a establecer redes académicas y profesionales que perduran en el tiempo”. 

Por otro lado, los impactos en la matrícula y en la deserción. Para aproximarse a la deserción estudiantil, el autor la comparó entre los semestres 2019-II y 2020-I y encontró una diferencia de 293 mil 769 estudiantes. Sería interesante comparar los semestres 2020-II y el 2021-I para tener una idea si se mantuvo o disminuyó. Otra cifra más, según Minedu, en el 2020 el número de estudiantes universitarios matriculados fue de 1´007,766. En comparación con el 2019 disminuyó en 310,522 estudiantes. “Esta caída representa un 24.01% con respecto al 2019 y se observan importantes diferencias entre las universidades públicas (9.96%) y privadas (26.72%)”. 

El segundo documento, “Salud mental en universitarios del consorcio de universidades durante la pandemia”, publicado en noviembre, da cuenta del impacto de la pandemia en la salud mental de los estudiantes de pregrado de la PUCP, la Universidad de Lima y la Universidad Pacífico. Mediante una encuesta anónima en línea, aplicada el año pasado, se investigó como se expresaba la crisis sanitaria “en sus hábitos de estudio y de alimentación, en su organización del tiempo para el estudio y el descanso, y en los diversos estados emocionales a los que la educación virtual [los] había empujado”. 

Los resultados permiten un acercamiento inicial a los problemas que afectaron y siguen afectando a los estudiantes universitarios en su potencial de aprendizaje y desempeño académico. Así, los niveles de motivación por el estudio son muy bajos. El 56% de los  encuestados presentó “sensación de fatiga o poca energía, dolor de espalda, dificultad para dormir y dolor de cabeza”. Asimismo, se encontró una disminución de sus hábitos de salud relacionados con la alimentación, el sueño y la actividad física. De igual modo, presentaron estrés (32%), ansiedad (39%) y depresión (39%). “Entre los participantes, el 19.1% ha pensado en el suicidio; el 6.3% ha planeado quitarse la vida”. 

Evidencias categóricas que la salud mental de los estudiantes encuestados se ha visto afectada. Con los resultados a la vista, es perentorio que cada universidad realice sus propias investigaciones para aproximarse al impacto socioemocional de la pandemia no solo en sus estudiantes sino también en los otros miembros de sus comunidades académicas como sus docentes y personal administrativo. Solo así se podrán diseñar e implementar políticas que lo mitiguen.

Ambas investigaciones bosquejan el escenario en el cual las universidades desarrollan sus actividades. Como se ha visto, los desafíos son enormes y se espera que sean vistos como oportunidades para seguir mejorando la calidad de la prestación del servicio educativo y teniendo muy presente el cuidado y bienestar de sus comunidades respectivas.  

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El sector joyería podría llegar durante este año a los US$ 116 millones 823 mil, cifra totalizada en el 2019, informó Rocío Mantilla, presidenta del Comité de Joyería y Orfebrería de la Asociación de Exportadores (ADEX). “Los integrantes de la cadena estamos optimistas gracias a la recuperación observada hasta septiembre”, dijo.

La Gerencia de Manufacturas de ADEX informó que la exportación de joyería y orfebrería superó los US$ 85 millones 736 mil entre enero y septiembre, registrando un importante crecimiento de 197.9% respecto al mismo periodo del 2020, es decir US$ 28 millones 779 mil. Cabe recordar que las cifras de la pre pandemia del 2019 fueron de US$ 103 millones 918 mil a septiembre.

Si bien el incremento es significativo, Mantilla aclaró que se debe a la baja base de comparación del 2020 cuando se inició la crisis sanitaria y golpeó fuertemente este rubro, sobre todo por su baja demanda al ser bienes suntuosos.

Impacto social

El presidente del gremio empresarial, Erik Fischer Llanos, resaltó además que la joyería es uno de los sectores con mayor impacto social y espíritu artístico gracias al pasado y la cultura milenaria que tiene el Perú. “Eso se manifiesta en el día a día en nuestros artesanos y joyeros. Esto es trabajo desarrollado y socialmente inclusivo”, apuntó.

Dichas declaraciones se realizaron durante la inauguración del taller de lapidación de piedras preciosas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde se donó 193 máquinas de alta calidad para el corte y pulido de piedras por parte de la Agencia Turca de Cooperación y Coordinación. El impacto de esta donación en el sector se observará en un horizonte de seis meses.

“Como joyeros y orfebres incluimos pocas veces piedras preciosas en la fabricación de nuestros productos ya que el proceso es muy artesanal y eso nos resta competitividad en el exterior. Con este taller se incentivó el uso de piedras preciosas peruanas en la joyería y otros sectores. La historia cambiará porque le daremos un nuevo valor a nuestra oferta”, comentó.

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Más de 1,7 millones de micro, pequeñas y medianas empresas formales operan en el mercado peruano, según un estudio realizado por el Ministerio de la Producción, y son cada vez más los peruanos los que se animan a emprender formalmente. Solo en el primer trimestre de este año, en pleno contexto pandémico, se constituyeron 26 mil 877 empresas según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática.

Los negocios peruanos han sabido adaptarse a la pandemia, mejorando sus cadenas de producción y distribución, pero existe un área que muchos aún no le prestan tanta atención y es la seguridad digital o ciberseguridad. Por ejemplo, en un emprendimiento, es común que tanto las cuentas de diversas plataformas, así como los dispositivos personales sean utilizados como herramientas comerciales, lo que podría estar poniéndolos en riesgo.

“Las estafas financieras y el robo de credenciales de acceso son las amenazas más comunes y resolverlas puede resultar en un gran dolor de cabeza. Sin embargo, cuando estas amenazas afectan a las personas que trabajan de manera independiente, los efectos adversos se potencian ya que pueden impactar tanto su vida personal como laboral”, advierte Fabiano Tricarico, director de consumo para América Latina en Kaspersky, compañía dedicada a la ciberseguridad.

Tricarico plantea por ejemplo, que la imposibilidad de acceder a WhatsApp puede ser catastrófica para un negocio que vende productos hechos en casa. “Lo mismo ocurre cuando un influencer pierde acceso a su perfil en YouTube o Instagram. Podemos comparar esto con los ataques de ransomware que están paralizando a las grandes corporaciones”, indica.

¿Cómo proteger mi negocio?

El representante de Kaspersky indica que para evitar estafas o robos de información es importante habilitar funciones de seguridad como la autenticación de dos factores en las cuentas y perfiles en línea y, preferiblemente, usar una aplicación de autenticación en el dispositivo móvil como Google Authenticator. Asimismo, para aplicaciones de mensajería, que son también un canal muy común para el phising, es necesario contar con una contraseña numérica para que el doble factor de verificación sea única y no una fecha fácil de adivinar, como aniversarios, cumpleaños de los hijos.

En cuanto a las estafas a través del fraude financiero, es recomendable adoptar buenos hábitos digitales para evitarlas. El primero es no creer en promociones milagrosas y no hacer clic en enlaces que estas incluyen, ya que estas estafas buscan robar datos financieros  de tarjetas de crédito, credenciales de banca móvil o tiendas en línea. También es recomendable mantener las aplicaciones y los sistemas operativos actualizados, pues los programas maliciosos intentan infectar los dispositivos aprovechando las fallas no parchadas. De igual forma, descargar aplicaciones solo de fuentes legítimas y leer detenidamente los permisos que estos solicitan evitará la instalación de malware y protegerá su privacidad.

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La turbulencia política parece ser una de las características de los últimos tiempos en el Perú. Al margen de las razones, los problemas políticos son una marca registrada en la evolución del país. Nos estamos acostumbrando a los pedidos de vacancia, renuncias, conflictos entre el Ejecutivo y el Legislativo, etc. Y así solo se genera inestabilidad.

El ruido político tiene un impacto negativo sobre la recuperación de la economía. Existen varias razones. En primer lugar, cualquier decisión de inversión supone incertidumbre (nadie puede saber qué pasará en el futuro), pero también es cierto que vivimos en una incertidumbre aumentada debido a las contradicciones del gobierno, que parece no tener un rumbo definido. Como consecuencia, los inversionistas postergan decisiones y los consumidores hacen lo mismo, pues el temor a no saber qué puede pasar genera que prefieran esperar antes de endeudarse o realizar ciertas compras. La incertidumbre obliga a tener cautela y eso hace que la recuperación sea más lenta.

En segundo lugar, los estudios empíricos muestran que, desde el momento en que alguien invierte, pasan, en promedio, dos años para recuperar lo invertido y tres o cuatro años, dependiendo del sector, para obtener ganancias. El problema es que la inversión, que es la fuente principal del crecimiento, no está creciendo como debería. Las proyecciones de crecimiento de la inversión privada para 2022 son 0%. El fanatismo a veces hace pensar que eso no importa; pero es un error: si nadie invierte, ¿quién entonces, se encargará de contratar personas, es decir, crear empleo?

En tercer lugar, ¿por qué no mantenemos lo que funciona y mejoramos lo que no funciona? Entiendo que puedan existir muchos soñadores, pero los problemas de muchos ciudadanos son reales: no tienen empleo, seguridad, agua, etc. Eso hay que solucionarlo. Y para eso se requiere decisión política y conocimiento técnico. ¿Por qué se cree que con una asamblea constituyente esas personas que tanto necesitan, van a estar mejor? ¿Cuál es la conexión? La economía no es un acto de fe, ni tampoco es magia.

En cuarto lugar, la historia muestra que, si un gobierno tiene una mayoría de oposición en el Congreso o no tiene bancada, entonces tiene que ganarse a la población para poder gobernar con hechos concretos que eleven su bienestar. O tiene a la población y/o al Congreso. Lo que no se puede hacer es tener gobernabilidad sin alguno de ellos. La popularidad del presidente del país está cayendo y puede terminar sin ninguna de las dos. Ahora deberá recuperar a la población, en un contexto más complejo que cuando asumió el poder, hace solo dos meses.

La economía requiere estabilidad política en democracia para poder progresar. Aunque suene trillado, se requiere confianza y actuar en varios frentes. Solo quienes han invertido y arriesgado entienden a qué me refiero con confianza y credibilidad.

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Las medidas implementadas por el Estado como el confinamiento, el distanciamiento social, las restricciones a la movilidad, las limitaciones para reuniones, la paralización de actividades y el cierre instituciones educativas para contrarrestar la pandemia provocaron cambios radicales en la rutina de millones de personas. El impacto en su salud mental aún no se conoce con exactitud. Menos en la de niñas, niños y adolescentes. 

El cierre de las instituciones educativas primarias y secundarias implicó que ellos no tuvieron acceso a educación, no interactuaron con sus pares y sus docentes, no jugaran, ni practicaran algún deporte, entre otras actividades. ¿Cómo los afecta? ¿se adaptan mejor que los adultos? ¿cómo lo enfrentan hoy en día? ¿cuán resilientes son? 

En ese sentido, es de crucial importancia investigar el impacto emocional de la pandemia en las niñas, niños y adolescentes. Hasta el momento, se han realizado pocas investigaciones desde la academia. Por eso mismo, es loable el esfuerzo llevado a cabo por el Ministerio de Salud y Unicef por conocer la situación de aquellos en el país. Sus hallazgos son muy preocupantes. “Los resultados del estudio visibilizan la afectación de la salud mental en el contexto de la pandemia por la COVID-19 en las niñas, niños y adolescentes, así como de sus cuidadores. Otros estudios refieren que la pandemia es un factor de riesgo para el incremento de la incidencia de problemas de salud mental y exacerbación de quienes tenían dificultades pre existentes”. 

Hace pocos días, Unicef presentó su Estado Mundial de la Infancia, “En mi mente, promover, proteger y cuidar la salud mental de la infancia”. Según el documento, 5 de cada 10 adolescentes de 10 a 19 años padecen ansiedad y depresión en América Latina. Asimismo, 16 de cada 100 jóvenes entre 15 y 24 años “se sienten deprimidos o tienen poco interés en realizar alguna actividad” en el Perú. Niñas, niños y adolescentes que demandan atención del Estado mediante una política pública ad hoc que mitigue la situación descrita. En su formulación el uso de evidencia es imprescindible. Como se conoce, en no pocos casos, el diseño de alguna política pública no toma en cuenta la evidencia producida. Razón por la cual, la generación y el empleo de la misma sigue siendo un desafío en la gestión pública. 

Desafío que puede ser compartido con las universidades públicas y privadas. Se entiende que, luego de su licenciamiento, están en condiciones de realizar investigaciones sistemáticas y  rigurosas. Ellas cuentan con investigadores, recursos y experiencia. Por eso mismo, no les sería difícil investigar el impacto de la pandemia en la salud mental de las niñas, niños y adolescentes. O documentar las buenas prácticas de los 203 centros de salud mental comunitaria ubicados en el territorio nacional.  Modelo de atención comunitaria a la salud mental destacado en el Estado Mundial de la Infancia. Quizás por ello la primera ministra Mirtha Vásquez, durante su presentación del Congreso, afirmó lo siguiente: “implementaremos 300 nuevos centros de salud mental comunitaria y el fortalecimiento de los 203 ya existentes con profesionales para el cuidado prioritario de la salud mental de niñas, niños y adolescentes y de mujeres sobrevivientes de violencia”.

El Estado debe convocar a las universidades para desarrollar una agenda de investigación en salud mental. Es de esperar que de tal encuentro el diseño e implementación de una política pública que mitigue el impacto de la pandemia en la salud mental de los niños, niñas y adolescentes gane en efectividad y eficacia. Los tiempos apremian y la mejora de su salud mental es una condición imprescindible para su bienestar y desarrollo integral.  

 

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Cuando la historia se interna en el presente sin tomarse tan a pecho la saludable costumbre de la distancia crítica, es decir, cuando hay una proximidad entre la realidad y su representación escrita, la frontera con el periodismo se hace muy porosa. En ambos casos, la historia del presente y el registro informativo de lo inmediato, hay un sentido de la urgencia, una ansiedad por hacer constar y ver las cosas. Esta es la impresión que deja seguramente en los lectores el volumen Días contados. Lucha, derrota y resistencia del Perú en pandemia, crónica de muchas facetas escrita a dos manos por Rafaella León y Luis Jochamowitz. 

El título es bastante explícito y se suma ya a una serie de libros aparecidos durante los oscuros e impredecibles meses que empezamos a vivir en marzo del año pasado. Sin embargo, la intención que declaran los autores de hacer de esta escritura una crónica “sanitaria” y “política” ofrece, sin duda, un matiz que nos aleja de la perspectiva intimista y coloca el relato en un horizonte más amplio (Lima, por defecto), a modo de estrategia para entender, aun inicialmente, los múltiples sentidos que adquiere el Covid 19 en relación con la vida peruana. 

La pandemia ha sido (lo es todavía) un termómetro social, un medidor de presión, un muestrario de conductas y reacciones, una caja de sorpresas. Ha sido campo fértil para la posverdad, para la desinformación y pésimas prácticas mediáticas y, también, para desarrollar la conciencia de la carencia, para transparentar una serie de desigualdades ocultas bajo el canto de sirena de las cifras macroeconómicas, dudoso escudo protector contra la menor insinuación de cambio o reforma.

El libro se centra sobre todo en el año 2020 y es una sugerente exploración de entresijos y detalles observados con rigor y precisión y abarca una vasta serie de sucesos. El libro se inicia con las primeras noticias de la epidemia, en un lugar muy remoto, en teoría ajeno a nosotros hasta que llegó ese día de marzo en que se declaró la cuarentena general. Anotan los autores (y los sigo en eso): “Durante décadas se discutirá sobre la cuarentena general del 2020, su efectividad y sus costos. En ese momento, sin embargo, nada se sabía y todo era posible. Los responsables políticos tenían en sus manos decisiones de una magnitud difícil de comprender” (p.45). Queda para la postal que fuimos el primer país de la región en ordenar una cuarentena. 

Como en los buenos relatos periodísticos, los hechos no están solos. Vienen también acompañados de las impresiones de sus narradores. El inicio del capítulo 3 (“El presidente confinado”) es muy ilustrativo al respecto: “La nueva edad del mundo comenzó con una rara belleza. Grandes avenidas vacías, autopistas silenciosas, cielos despejados, fauna silvestre que reaparecía tímidamente, como si nos hubieran estado observando desde lejos y se atrevieran a volver ahora que habíamos desparecido, nosotros, la plaga” (p.55). 

Los episodios van sucediéndose. Aparece un perfil de Vizcarra, pieza infaltable del museo del vilipendio (del merecido en todo caso), se relata el desconcierto y el miedo producidos por el aislamiento social y se enfoca un punto que mucha prensa tocó en su momento pero luego prefirió silenciar: los retornantes (a la larga una cadena de contagio), aquellos caminantes que en su desesperación abandonaban Lima para volver a sus poblados, donde al menos podrían probar bocado.

El diseño narrativo parece corresponder a la lógica (no declarada) de un diario. En su linealidad, se dibuja el drama de la pandemia de una manera sobria y contenida, aun cuando muchos de los sucesos narrados podrían despertar enorme repudio en uno. Dos ejemplos: el tristemente recordado “vacunagate” (pp. 345-356) y el comercio del oxígeno medicinal, cuya subida de precio se encargó de mostrarnos el rostro más inhumano e indolente del mercado, para no olvidar el sistema de robo y pillaje de balones procedentes de los hospitales, así como los esfuerzos por solucionar esta enorme y aguda crisis respiratoria (pp.167-170 y 297-328).

Hay mucho más, por supuesto. Personajes de perfil heroico, otros aborrecibles; historias que indignan y conmueven, abundantísimos palos de ciego para darle cara a una situación desconocida y que sorprendió al país, literalmente, en ropa interior. Una crónica del desconcierto y la desesperación. Y al fondo, algo de luz. 

Días contados. Lucha, derrota y resistencia del Perú en pandemia. Lima: Planeta, 2021. 

Libro-Días contados

 

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Alonso Rabí Do Carmo es profesor ordinario de la Universidad de Lima, donde imparte cursos de Lengua, Literatura y Periodismo. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y obtuvo el Doctorado en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Colorado. Ejerce el periodismo desde 1989.

 

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