Guitarras peruanas: Manuelcha, Echecopar y García Zárate

Guitarras peruanas: Manuelcha, Echecopar y García Zárate

“… cada vez que puedo, dedico unas cuantas líneas a aquellos sonidos nacionales que nadie propala en medios de comunicación. A veces, los canales de radio y televisión del Estado hacen la excepción, mientras que el resto de medios convencionales solo mencionan a los grandes músicos de este país cuando triunfan en el extranjero o cuando se mueren…”

«A los lectores: Pueden acceder al video de cada canción o artista mencionados en los artículos para verlos en YouTube»

[Música Maestro] Guitarras peruanas: Manuelcha, Echecopar y García Zárate

No es común hablar de música peruana, porque generalmente carecemos de información concreta sobre quiénes hacen qué y al final terminan diciéndose generalidades o hablando siempre de lo mismo. A pesar de la profusa bibliografía existente, con investigaciones serias y ampliamente documentadas sobre artistas, procesos creativos, estilos y tendencias, la opinión pública sigue pensando que la música criolla es solo Eva Ayllón, el folklore andino es Dina Páucar y la salsa peruana es Daniela Darcourt.

Esas limitaciones apreciativas no son, por supuesto, casualidad. Son resultado de décadas de reduccionismo mediático, oportunismo comercial y esa tara peruana que es el desconocimiento de lo nuestro a profundidad, uno de los tantos fracasos del sistema educativo, tanto el estatal como el privado.

Ese tema, del que me he ocupado otras veces en este espacio para gigantes minorías, tiene implicancias que van desde los ancestrales prejuicios que nos definen como sociedad -el debate eterno de si somos o no una nación- hasta más contemporáneos intereses y colores políticos, confluyendo todo en una generalizada ignorancia de lo que nos pertenece, una carencia que nos coloca muchos pasos por detrás de otros países de la región -México, Chile o Argentina- en esa misma materia.

Por ello, cada vez que puedo, dedico unas cuantas líneas a aquellos sonidos nacionales que nadie propala en medios de comunicación. A veces, los canales de radio y televisión del Estado hacen la excepción, sobre todo en programas como Sucedió en el Perú o Presencia cultural -en un trabajo loable que navega contracorriente enfrentando las inmensas olas de la indiferencia, la discriminación y la bosta reggaetonera- mientras que el resto de medios convencionales solo mencionan a los grandes músicos de este país cuando triunfan en el extranjero o cuando se mueren. ¿Por qué solo los huancaínos saben quién fue el Picaflor de los Andes? ¿Por qué todos chacotean escuchando La anaconda y no saben que fue escrita por una limeña?

En esta ocasión, más que responder esas preguntas, vamos a hablar de tres extraordinarios músicos peruanos, todos guitarristas. Uno de ellos ya no está entre nosotros, aunque sus grabaciones siguen allí, en el ciberespacio, para quien desee conocerlas. Con ustedes, Raúl García Zárate (1931-2017), Javier Echecopar y Manuelcha Prado (ambos de 71 años).

Manuelcha Prado y su Proyecto Kavilando – Saqra (Independiente, 2000)

Para su noveno disco oficial, el guitarrista ayacuchano Manuel Prado Alarcón, más conocido como Manuelcha Prado –el sufijo “cha”, en quechua, es equivalente al diminutivo castellano “ito”- lanzó una selección de catorce canciones (diez tradicionales, tres composiciones propias y una de Ranulfo Fuentes) en las que intercala la instrumentación clásica del huayno y el huaylarsh con algunos elementos de rock (teclados, bajos eléctricos, baterías), en una intención de desafiar al llamado “huayno moderno” y su éxito comercial, que comenzó con la aceptable propuesta de los Hermanos Gaitán Castro y terminó con ligerezas tipo Dina Paucar, Sonia Morales y la retahíla de imitadoras que hoy inundan el folklore andino del Perú.

Conocido por su labor como recopilador e intérprete del melancólico y profundo huayno de Ayacucho, Manuelcha siempre destacó por su respeto hacia lo tradicional con una técnica impecable para la guitarra acústica. Sin embargo, su apariencia misteriosa y su cantar bizarro fueron asimilados por el universo del pop-rock con facilidad, convirtiéndose en una suerte de gurú, con la capacidad y nivel de convocatoria suficientes para mantener su credibilidad aun en contextos instrumentales más modernos.

Temas que antes ya habían sido grabados por Manuelcha aparecen en este Saqra (2000) –vocablo quechua que significa “demonio” y que se ha usado mucho, a través de los años, para definir al artista- como por ejemplo Waylas ancestral, Toro velay, K’anchi o Saqra, en que el maestro nos regala su telúrico e incomparable talento. Destaca un tema cusqueño muy tradicional, Saqsaywamanpi, que se convirtió en una de las que más le reclaman sus públicos. A diferencia de don Raúl García Zárate, el otro gran referente de la guitarra andina peruana, Prado no edulcora su estilo, sino que sostiene la imagen y sonido del huayno tal y como se toca en las frías laderas de Puquio, tierra en la que nació en 1955.

Síndrome colonial, una canción vigente

La voz de Manuelcha Prado no es del todo buena, pero en su tono grave, cavernoso, hay algo de chamán, de declamador rural que se adentra en las urbes para clamar por justicia y el retorno del Inca, utopía floresgalindesca que podría plantearse desde el ámbito musical en sus canciones. Para esta ocasión la guitarra acústica deja de ser la única protagonista para permitir la compañía de un ecléctico conjunto de músicos, entre quienes destacan el recordado percusionista Mino Mele -fallecido en el 2015-, el charanguista Chano Díaz Límaco y el tecladista Octavio “Tavo” Castillo -integrante fundador de Frágil-, tres de las figuras del Proyecto Kavilando, la banda de apoyo de este disco.

Los temas escritos por Manuelcha tienen notorios elementos de fusión: Kavilando es un tema acompasado, que parece haberse inspirado en el festejo o el panalivio; en Plegaria a los dioses montaña dedica un homenaje a íconos del pensamiento peruanista como José Carlos Mariátegui.

Síndrome colonial es la canción mejor lograda de este grupo de nuevas composiciones (con uso predominante del cajón y el violín), que podría haber salido de la chistera de la gente de El Polen o Del Pueblo del Barrio, con directas frases dirigidas a la corrupción e hipocresía políticas, la telebasura, el consumismo, los vicios y la criollada, un mural en el que exhibe tanto su indignación por el estado de cosas actual como su admiración por los ritos y símbolos ancestrales (“ausculta tu maíz, hoja de coca telúrica, retorcidos cristos indios”).

La carátula parece –no tengo la información confirmada- una ilustración de Bruno Portuguez, una visión caleidoscópica, pesadillesca, del rostro de Manuelcha Prado, que queda de inmediato grabada en la memoria.

Javier Echecopar – 4 siglos de guitarra en el Perú (Independiente, 2006)

En el año 1993, el guitarrista e investigador peruano Javier Echecopar lanzó un cassette titulado 3 siglos de guitarra en el Perú, con 31 exquisitas piezas musicales para guitarra acústica barroca, música que había recuperado de amarillentos cuadernillos históricos que contenían obras musicales escritas en nuestro país durante los siglos XVII, XVIII y XIX. Es decir, música de la Colonia, que al escucharla hace que uno se imagine a los virreyes y sus cortes de adulones, las limeñas tapadas y los esclavos negros mientras discurren sus actividades palaciegas.

Echecopar se había sumergido en el Museo Nacional de Historia de Lima durante años para recuperar del olvido manuscritos reunidos en dos publicaciones ancestrales, el Libro de Zifra y el Código de Zuola, junto con las composiciones de dos importantes músicos de la época, el arequipeño Pedro Ximénez Abril Tirado y el sacerdote español Matías Maestro (sí, el mismo del cementerio).

Con todo eso en las manos, el guitarrista formado en el Conservatorio Nacional de Música y becado en París se lanzó a la tarea de transcribir y trasladar al sistema moderno de notación y tablatura, armando un maravilloso trabajo musicológico que es un placer para el oído.

La guitarra colonial llega a nuestro siglo

En el 2006, trece años después, Javier Echecopar lanzó su material en CD y lo retituló 4 siglos de guitarra en el Perú, como una referencia al siglo XXI en el que lanzaba estas grabaciones, en las que se luce interpretando un precioso instrumento de madera, antecedente de la guitarra criolla, construido en 1863. Este disco es el primero que publicó Echecopar -lleva más de diez actualmente- y abrió la puerta para conocer la profunda tradición musical peruana de la época virreinal, de cadencia y sonido fuertemente europeo, con formas musicales arcaicas como el minuet, la giga, la sonata y la tocata, tocadas por él de forma magistral.

El tono saltarín de varias de estas melodías deja la sensación de estar escuchando a un juglar que apareció en pleno siglo de las redes sociales tras viajar en el tiempo, para ofrecernos estos frescos que musicalizan una época imposible de quedar registrada. A diferencia de la versión en cassette, este CD contiene 26 temas, en los que por lo menos la mitad corresponden a composiciones antiguas y la otra mitad a arreglos de géneros musicales peruanos que sí han llegado a nuestros días como el huayno (Huérfano pajarillo, clásico ayacuchano), el festejo (No me cumben, Nicomedes Santa Cruz) o el tondero (Malabrigo), aunque todos con esa fina elegancia de las cortes dieciochescas en sus arreglos.

El músico incluye una versión personal del Himno Nacional del Perú, y diversas composiciones propias en clave de huaynos, tristes o variaciones de melodías preexistentes. Si el disco les parece bueno, esperen a que se encuentren en YouTube con las interpretaciones que hace Javier Echecopar con conjuntos de cámara, en espacios acústicos de iglesias limeñas, replicando lo que hiciera el también genial guitarrista australiano John Williams, cuando grabó en los noventa las obras del español Isaac Albeniz y el brasileño Heitor Villa-lobos. Un artista del cual los peruanos debemos sentirnos más que orgullosos.

Raúl García Zárate – Mi guitarra andina (CBS Records, 1983)

Escuchando vinilos como este, lanzado en 1983 por el genial guitarrista huamanguino Raúl García Zárate, se refuerza el concepto de que, en cuestiones de música nacional con proyecciones mundiales, hemos retrocedido en las últimas tres o cuatro décadas. Mientras que hoy en día, guitarristas jóvenes y extremadamente buenos deben vender, ellos mismos, sus CD en cada recital y tienen que mendigar espacios en la televisión comercial local (a pesar de ser muy solicitados fuera del país), hace treinta años García Zárate era éxito de ventas en las principales discotiendas y sus grabaciones para la televisión eran las más esperadas por el público masivo.

Activo desde 1966 y halagado por personajes como Rodrigo Montoya y José María Arguedas, don Raúl ofrece en esta, su octava producción discográfica, una selección de interpretaciones donde «la ternura, la fuerza y la dulzura de la música ayacuchana se expresan del modo más feliz» (palabras escritas por Montoya en la contracarátula del álbum).

Pero habría que corregir a don Rodrigo, uno de los gestores culturales andinos más fructíferos de aquella época, ya que aquí García Zárate no solo interpreta clásicos del folklore de su tierra como el himno Adiós pueblo de Ayacucho, atribuido a Estanislao «Tani» Medina, pero que sería de autor desconocido como lo revelara el maestro Manuel Acosta Ojeda, en uno de sus informados artículos, o los huaynos Despedida (Agusto Macías) y Putka mayu (tema tradicional, que significa “río turbio”, en quechua).

El Perú en una guitarra

García Zárate hace un recorrido, breve pero sustancioso, por otras regiones del Perú con canciones como Ciudad del lago (Jorge Huirse, Puno); Alverjas saruy (en la información del disco figura «Alverjas», cuyo significado es La trilla de las arverjas, Abancay); Desde tu separación (yaraví de Arequipa); Falsía (muliza de Pedro Pastor Díaz y Emilio Alanya, Huancayo) o el pasacalle Bajo el cielo de los Inkas (del compositor ancashino Juan Fernando Callán).

Todas estas canciones formaron parte del repertorio permanente del maestro, poseedor de un maravilloso y preciso toque que lo hizo muy famoso en el Perú y en el mundo entero. García Zárate es, además de guitarrista, un profundo investigador y conocedor del cancionero andino, por lo que introducía arreglos escritos por él mismo de melodías tradicionales y recopilaciones como Ramis, tema de gran complejidad técnica en la ejecución.

En la canción habanera Las madreselvas, don Raúl nos entrega una fina interpretación en tiempo de vals que se convirtió en una de sus canciones más solicitadas en concierto. En este disco también figura su conocido arreglo de El cóndor pasa de Daniel Alomía Robles, una de las composiciones peruanas que más versiones ha tenido en el mundo entero. Este álbum representa lo mejor de la obra musical de un gran maestro de nuestra guitarra, orgullo nacional.

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