Perdiendo el control

Perdiendo el control

¿Hasta qué punto actuamos según lo que queremos nosotros mismos? Siempre ha existido manipulación por educación, religión y otras cosas, pero ahora es constante

[Migrante al paso]  En una entrevista que le hicieron a Zohran Mamdani, actual alcalde de Nueva York, comentó que la democracia está fallando si la gente no puede permitirse cubrir sus necesidades básicas. Estoy totalmente de acuerdo. Lo pongo a él como ejemplo porque me parece un político respetable, de los pocos que quedan, más allá de si pienso igual que él o no. Es un fuerte opositor de Trump y, la verdad, solo con eso ya me cae bien.

Desde que era chico recuerdo cómo nos mostraban la democracia como el mejor modelo y cualquier otro como si fuera incorrecto e inmoral. Yo siempre me preguntaba qué tan real era la democracia. ¿De verdad existe? Siendo honesto, no creo que sea cierto que el poder nos pertenezca a nosotros, los ciudadanos, mucho menos que lo ejerzamos directamente y, aún menos, que quienes elegimos nos representen. Esos son los tres pilares de la democracia y ninguno me parece cierto más allá de la teoría.

Regresando a lo que dijo el alcalde de Nueva York, ¿cómo se puede ejercer política efectiva si la mayoría de la gente come según lo que gana el mismo día, todos los días hay una alta probabilidad de que le roben o algo peor, y su familia no tiene ni acceso a salud o educación de calidad? Creo que está claro que participar efectivamente en la política no les interesa en lo más mínimo porque no tienen tiempo. Deberían cambiarle de nombre al sistema en el que vivimos porque no es una dictadura, pero tampoco una democracia. Es evidente que la injusticia viene de la propia configuración de la sociedad y del mercado.

En mis primeros años de infancia —nací en 1993— ya existía internet de manera comercial, pero no era algo esencial para vivir. Las computadoras pesaban toneladas y no eran tan amigables para usar. Nosotros aún jugábamos en la calle, salíamos a montar bicicleta, tenía que llamar a mis amigos a sus teléfonos fijos y la mayoría de mis compañeros del colegio dejaban de existir los fines de semana. No teníamos ni idea de qué estaban haciendo los demás. Por las tardes, regresábamos y jugábamos Nintendo 64 o el primer PlayStation.

Crecimos en una mezcla del antiguo mundo y el inicio de lo que estábamos viendo. Poco a poco se fue volviendo todo digital, pero aún se sentía, en cierto modo, analógico. Cuando salí del colegio, en el 2010, no era común ver a personas con smartphones tal y como los conocemos hoy. Desde que nací hasta el momento, hay una generación que nació cuando el internet globalizado y las redes sociales ya eran fundamentales para vivir, y ahora hay otra que ha nacido con la inteligencia artificial, cuyo límite ya va más allá de nuestra imaginación.

La principal diferencia que puedo notar es cómo todo se ha estandarizado, como sacado de un molde: películas, juegos y hasta libros parecen seguir la misma fórmula. Antes podías notar atisbos de individualidad en cada creación; ahora es más difícil. No solo es difícil, es preocupante.

Este año salieron los resultados de las pruebas PISA, de educación. Aparentemente, mis amigos lentos de la época escolar ahora serían brillantes. Yo creo que va de la mano con esta progresión tecnológica que he comentado y que aumenta exponencialmente. Viendo el mundo y las tendencias radicales, me parece coherente que la población sea más tonta. Ahora, no sé si hay una correlación o si las pruebas PISA significan tanto, pero de que son un indicador, lo son.

Al final, el mundo sigue avanzando, la gente se levanta y sigue su vida, pero lo que a mí me preocupa va por el tema del control y la libertad, que en teoría deberían ser primordiales en una democracia. El otro día me visitaron unos amigos y estábamos hablando justo de este tema. Uno de ellos me comentó que se desesperaba cuando se quedaba sin batería: «Es como un órgano más», dijo literalmente. Es cierto, ya nadie sale de su casa sin un teléfono.

Este año, Meta tuvo que pagar compensaciones porque el contenido y el algoritmo de sus plataformas están hechos para ser adictivos. Imagínense cómo moldea tu realidad el simple hecho de tener redes sociales. La IA es aún peor: ya hay casos de suicidios, hackeos sin orden alguna y que pasan desapercibidos; recopilan información y están con nosotros todo el día solo por tener un celular. ¿Hasta qué punto actuamos según lo que queremos nosotros mismos? Siempre ha existido manipulación por educación, religión y otras cosas, pero ahora es constante, masiva y está repleta de información falsa.

Es un hecho que en cinco años el mundo va a ser totalmente diferente y no quiero ser fatalista, pero si no se toman medidas o se frena de algún modo este supuesto avance lo más probablemente es que las cosas empeoren en lugar de mejorar.

 

 

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