Juan Carlos Tafur

El desplome ideológico y moral de la izquierda

“La izquierda presuntamente moderada y moderna, liderada por Verónika Mendoza, también corre con gran parte de la cuota de responsabilidad en el desastre que sufrimos”

Si la lógica condujese la vida política de los pueblos, se podría afirmar, a ciencia cierta, que el próximo gobierno del Perú será uno de derecha, dado el descalabro político y moral de prácticamente toda la izquierda peruana, aupada en el gobierno de Pedro Castillo.

La izquierda radical cerronista es la principal responsable del estropicio, ya que son los ministros recomendados, como parte de su cuota, por Vladimir Cerrón, los que más escaldaduras han generado por su pavorosa incompetencia, pero la izquierda presuntamente moderada y moderna, liderada por Verónika Mendoza, también corre con gran parte de la cuota de responsabilidad en el desastre que sufrimos.

 

 

A pesar de haber sido largada de mala manera del gobierno, en el último cambio de gabinete, esta izquierda sigue allí, solícita y presta a brindar apoyo (como se vio en la coyuntura del intento de censura al inefable exministro de Transportes, Juan Silva), quizás a la espera de retornar pronto al goce de las cuotas de poder que en algún momento tuvo.

Solo dos opciones de izquierda quedan indemnes del fracaso monumental: la que pueda galvanizar el excongresista Richard Arce, quien ha sabido mantener distancia crítica del régimen, y eventualmente la figura disruptiva de un Antauro Humala, ya libre para el 2026, y que podría cosechar del hartazgo ciudadano creciente no solo del gobierno o de la izquierda sino de toda la clase política.

Si la ciudadanía percibe, con razón, que el problema no es solo Castillo sino la improvisación y anacronismo de la izquierda peruana, debería proceder a darle la confianza gubernativa futura a una opción de derecha o de centroderecha, capaz de armar equipos tecnocráticos solventes y de darle, además, el rumbo correcto al manejo de la economía.

Le haría mucho bien al Perú que sobrevenga un periodo largo de gobiernos de centroderecha o derecha, inclusive conservadora (porque ésta, al abonar en favor de las libertades económicas, a la postre genera las condiciones sociales para que, por la propia emulsión ciudadana, crezcan las demandas por las libertades civiles y los derechos democráticos).

Corresponde el turno a una derecha que rompa con el statu quo vigente desde los 90 en adelante. Que a la par de emprender la segunda ola de reformas económicas, le eche el guante a las reformas institucionales urgentes que el país requiere (salud y educación públicas, descentralización, seguridad interna, etc.).

Ojalá la tragicomedia que estamos apreciando con el gobierno de Castillo, sirva al menos, de despertador para la conciencia cívica adormilada y la centroderecha o la derecha monda y lironda, estrenen un activismo potente que desemboque en un protagonismo central en los siguientes procesos electorales.

 

 

 

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Derecha, Gobierno, Izquierda

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