Grave responsabilidad del centro y la derecha

“Antauro no es Castillo. No es el monigote que nos ha gobernado estos últimos meses y su verbo radical está presto para ser llevado a la práctica contra viento y marea”

Aun con las elecciones adelantadas, se corre el inmenso riesgo de la fragmentación del centro y la derecha y la construcción, por ende, de un escenario propicio para la irrupción de un radical antiestablishment como Antauro Humala.

Según encuesta de Ipsos, Antauro lidera la intención de voto con 18%, y de acuerdo a CPI aparece segundo con 9%. Queda claro que él va a ser el candidato que aglutine la mayor cantidad de votos de la izquierda, dada la inconmensurable torpeza de Verónika Mendoza y las huestes de Juntos por el Perú, por su complicidad punible con las trapacerías del gobierno de Castillo.

Hay en estos momentos, doce agrupaciones ya inscritas y 15 en proceso de inscripción. El 70% son de centro y derecha. Si terminan presentándose así, habrá por lo menos doce candidatos de este sector ideológico, que nuevamente dividirán el voto del sector y le facilitarán a un candidato como Antauro pasar a la segunda vuelta y allí aprovechar que en las segundas vueltas juegan más factores emotivos y antisistema, para acercarse a un triunfo inesperado en un país inclinado hacia el centro y la derecha.

La última encuesta del IEP es clara al respecto y confirma nuestro aserto hipotético. Preguntada la ciudadanía por su autoidentificación ideológica, el 39% dice ser de derecha, el 37% de centro y, muy lejos, el 24% de izquierda. Lo normal sería que la jornada definitoria la disputen dos candidatos de derecha o uno de centro versus uno de derecha, quedando la izquierda rezagada.

Seremos cargosos con el tema. Es imprescindible que los partidos del centro y la derecha se aglomeren. Y resulta imperativo que Rafael López Aliaga, Keiko Fujimori y César Acuña, cumplan su palabra de no postular a la venidera elección presidencial y que instruyan a sus partidarios a buscar pactos y alianzas electorales, como ya ha anticipado Luis Iberico que están buscando.

Cometería un suicidio electoral la derecha y el centro si van desunidos. Le entregarían el país, como lo hicieron el 2021, a un candidato disruptivo que, en principio, debiera quedar cuarto o quinto lugar en la primera vuelta, pero que, aprovechando la disgregación, podría meterse en la colada electoral.

Y esta vez, el riesgo es mayor. Porque Antauro no es Castillo. No es el monigote que nos ha gobernado estos últimos meses y su verbo radical está presto para ser llevado a la práctica contra viento y marea. Con él sí corremos el serio riesgo de perder todo lo avanzado en las últimas décadas y conducir el país a la deriva socialista y autoritaria.

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