Cello: Intensidad y belleza

Una curiosidad que desnuda las falencias del Chat GPT. Cuando le solicitas un significado de “cello”, el robot de moda escribe, en un burdo intento por ser conmovedor, que es “un instrumento cercano a Dios porque“ cello” significa “cielo” en italiano”. Una grosera inexactitud de la inteligencia artificial...

[MÚSICA MAESTRO] Es un instrumento clásico por naturaleza, que asociamos de inmediato a ensambles sinfónicos pero, en los últimos sesenta años, ha labrado su camino hacia múltiples vertientes del mundo de la música popular con suma naturalidad. Esto, que también puede decirse del piano, el arpa o el violín, constituye en el cello un hecho particular debido a sus funciones aparentemente secundarias, de acompañamiento o como generador de tonos intermedios en toda sección de cuerdas.

Este prejuicio es muy común entre quienes desconocen que existe una infinidad de obras escritas para cello como instrumento líder, tanto en los periodos barroco y romántico como en el serialismo y la música instrumental contemporánea (la música “clásica” compuesta del siglo XX en adelante). Las largas, profundas y graves notas del cello activan emociones relacionadas a lo melancólico y triste pero también son capaces de crear atmósferas cargadas de sensualidad, suspenso e incertidumbre. El cello, instrumento de cuerda perteneciente a la familia del violín, posee un sonido de gran dramatismo y, tocado por manos expertas, resulta fuertemente conmovedor.

Solo basta pensar en la extraordinaria cellista británica Jacqueline du Pré (1945-1987) quien, en cada actuación, dejaba cuerpo y alma con una intensidad que estremecía y contrastaba con su frágil aspecto y juventud. Alumna de Mstislav Rostropovich (1907-2007), a quien muchos consideran el más importante cellista del siglo XX, du Pré interpretó todas las grandes partituras para cello del periodo clásico y barroco, en muchas ocasiones bajo la dirección de su esposo, el pianista argentino-israelí Daniel Barenboim (1942). Luego de dejar una huella imborrable en la música clásica, Jacqueline du Pré falleció a los 42 años, prematuramente, víctima de una feroz esclerosis múltiple que le impedía sostener aquel instrumento que fue, desde que comenzó a tocarlo, una extensión de su cuerpo.

Si hablamos de música clásica, es imposible dejar de mencionar las seis suites para cello de Johann Sebastian Bach (1685-1750) -compuestas entre 1717 y 1723-, de las cuales el preludio de la primera –aquí interpretado por el famoso cellista Yo-Yo Ma, de ascendencia china y nacionalidad norteamericana- y la sexta –particularmente su quinto movimiento, Gavotte, que podemos ver tocado por Mischa Maisky, nacido en Letonia- mantuvieron popularidad por sus múltiples usos, en películas y comerciales de televisión.

Precisamente, Yo-Yo Ma (1955) es uno de los cellistas contemporáneos que más ha contribuido a diversificar el rango de géneros musicales para este fascinante instrumento, cuya historia se remonta, como la del violín, al siglo XVI. Ambos cordófonos tienen un origen común, pues comenzaron a construirse en Italia, a partir de la “viola da gamba” -en español, “viola para la pierna”, mientras que el antecedente del violín era la “viola da braccio” o “viola para el brazo”-. En ese tiempo, los luthiers especializados en instrumentos de cuerda trabajaban principalmente en la ciudad norteña de Cremona, donde se instaló Antonio Stradivari (1644-1737), célebre por la reconocida marca Stradivarius. Yo-Yo Ma ha grabado, además del repertorio clásico, una serie de discos compactos dedicados a géneros como tango (Soul of the tango, 1997, música de Astor Piazzolla), bossa nova (Obrigado Brazil, 2003), bluegrass (Appalachia waltz, 1996), música de películas (obras de Ennio Morricone y John Williams), entre otros.

Como el contrabajo, la viola y el violín, el cello no tiene trastes. El o la cellista toca sentado, con el instrumento entre las piernas y el arco cruza las cuerdas en forma casi horizontal. El músico coloca sus dedos a distintas alturas o posiciones del mástil para cambiar de notas. En el cello existen siete posiciones normales y otras denominadas “de pulgar”, por debajo de la base del mástil, donde se ubican las notas más agudas. Bajistas de rock como Jack Bruce (Cream), John Paul Jones (Led Zeppelin), Kerry Minnear, Ray Shulman (Gentle Giant) o Mike Rutherford (Genesis) tocaban cello con bastante eficiencia, igual que el conocido guitarrista, productor y YouTuber musical Rick Beato.

Aunque solemos referirnos al instrumento usando la grafía “cello” -abreviación del nombre en italiano “violoncello”- el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española consigna las voces castellanizadas “violonchelo” y su derivado corto “chelo”. Una curiosidad que desnuda las falencias de la inteligencia artificial. Cuando le solicitas un significado de “cello” al Chat GPT, el robot de moda escribe, en un burdo intento por ser conmovedor, que es “un instrumento cercano a Dios porque “cello” significa “cielo” en italiano”. Una grosera inexactitud que debe haber tomado de internet, desde luego, botón de muestra de que la famosa IA puede llevarte a más de una vergonzosa patinada.

Andrew Lloyd Webber, el célebre compositor británico de famosas obras musicales como El fantasma de la ópera (1986), Jesucristo Superstar (1970) o Evita (1976), es un gran apasionado del cello -de hecho, su hermano menor Julian es un reconocido concertista de cello- y cuenta que su experiencia musical más emocionante ocurrió en el Royal Albert Hall, durante la ceremonia de los Proms de la BBC del año 1968, realizada el mismo día en que Rusia invadió Checoslovaquia. En aquella tradicional gala musical, Rostropovich, de nacionalidad rusa, interpretó el Concierto para Cello en Si bemol Op. 104, B. 191 del compositor checoslovaco Antonín Dvořák (1841-1904). “Mientras afuera del teatro había manifestantes, las lágrimas corrían por los ojos de Rostropovich, al frente de la Orquesta Sinfónica del Estado Soviético, mientras tocaba esta pieza de enorme carga nacionalista para la población checa”. Aquí el audio de esa histórica presentación.

The Beatles fue una de las primeras bandas de pop-rock que incorporaron ensambles de cuerdas en sus producciones dirigidas a un público masivo. Fue su productor George Martin quien les trajo la idea y se encargó de escribir los arreglos para violines, violas y cellos que escuchamos en dos de sus canciones más populares: Yesterday (Help!, 1965) y Eleanor Rigby (Revolver, 1966). En aquellas grabaciones, los cellistas invitados fueron Peter Halling y Francisco Gabarró en la primera, considerada la balada más grabada de la historia; mientras que, en la entrañable historia de soledad narrada por Macca, tocan los cellistas Derek Simpson y Norman Jones. Y, aunque el pop-rock sinfónico comenzó a extenderse de manera imparable desde esos años -Procol Harum, Deep Purple, Bee Gees, The Mothers Of Invention, The Moody Blues- ya sea con orquestas completas o conjuntos de dos a cuatro instrumentos clásicos-, hubo una banda que llevó esto a otro nivel.

Electric Light Orchestra fue, probablemente, el primer grupo que incluyó en su formación estable a un violinista y dos cellistas, no solo para acompañar pasajes cortos de determinadas canciones sino como parte fundamental de su sonido. Los cellistas Hugh McDowell y Melvyn Gale fueron parte de la alineación de ELO durante toda su etapa clásica (1972-1979) en la que estuvieron además Mik Kaminski (violín), Richard Tandy (piano, teclados), Bev Bevan (batería), Kelly Groucutt (bajo) y, por supuesto, su líder, productor y compositor principal, Jeff Lynne (voz, guitarras). Canciones como Livin’ thing (1976), Roll over Beethoven (1973) o Sweet talkin’ woman (1978) son muestras de su repertorio que se inspiraba tanto en los Beatles como en Beethoven y Chuck Berry. Muchos años después, en los noventa, la banda escocesa de indie pop Belle & Sebastian enriqueció su lánguido sonido con la cellista y cantante Isobel Campbell, en temas como por ejemplo Expectations de su primer álbum, Tigermilk (1996) o su clásico The fox in the snow (If you’re feeling sinister, 1998).

El cello es instrumento fijo en toda composición de lo que conocemos normalmente como música clásica. Las partituras de óperas, ballets, zarzuelas, musicales de Broadway, bandas sonoras de cine y televisión, así como el amplio catálogo de música instrumental para ensambles sinfónicos, contienen líneas melódicas y solos para cello. Entre los intérpretes históricos del instrumento podemos destacar, además de los mencionados Jackeline du Pré y Mstislav Rostropovich, al español Pablo Casals (1876-1973), el letón Mischa Maisky (1948) y el británico Julian Lloyd Webber (1951), además de la constelación anónima de músicos que, a lo largo de las décadas, ha interpretado tanto a los clásicos -Bach, Vivaldi, Beethoven- como a los más modernos – Béla Bartók, György Ligeti, Gabriel Fauré-. De la nueva generación, el trabajo de Sheku Kanneh-Mason, un joven inglés de 24 años, destaca por su pasión hacia la música en general, sin discriminar géneros ni épocas. En sus recitales, Kanneh-Mason puede tocar melodías de Edward Elgar, Johannes Brahms o Maurice Ravel y luego intercalarlas con himnos pop de Leonard Cohen o Bob Marley. También destaca la joven cellista china Wendy Law, muy activa en redes sociales, que lanzó en el 2019 su primer disco oficial, Pasión, doce melodías entre clásicas y populares que pueden verse y oírse en su canal de YouTube.

Pero el cello también es protagonista de otros contextos musicales, algunos que pueden parecer totalmente incompatibles con la música para la cual se creó. En ese sentido, el cuarteto Apocalyptica irrumpió en la segunda mitad de los noventa, desde Finlandia, con una propuesta que sorprendió a más de uno. Vestidos de negro y con caras de pocos amigos, los cuatro cellistas lanzaron un par de álbumes –Plays Metallica by four cellos (1996) e Inquisition symphony (1998) con covers de conocidas bandas de heavy metal. Entre el 2000 y el 2020, el grupo ha lanzado un total de siete álbumes con música propia, agresiva y oscura, con la participación de músicos destacados del género como el baterista norteamericano Dave Lombardo (Slayer) o la vocalista italiana Cristina Scabbia (Lacuna Coil). Por su parte, el dúo croata 2Cellos surgió durante la segunda década del siglo XXI adaptando al cello un rango más amplio de composiciones del pop-rock. En sus álbumes podemos encontrar temas de Sting, Iron Maiden, John Williams, Ac/Dc, Elton John, etc. Los integrantes de ambas agrupaciones tienen en común una sólida formación académica, lo cual les permite ser muy versátiles como intérpretes y arreglistas.

Compositores de música instrumental de vanguardia como los franceses Pierre Boulez (1925-2016) u Olivier Messiaen (1908-1992) también han escrito piezas para cello como, por ejemplo, el quinto movimiento de Quatuor pour la fin du temps (Cuarteto para el fin de los tiempos), titulado Louange à l’éternité de Jésus (Alabanza a la eternidad de Jesús), obra de Messiaen que tiene una melodía extremadamente lenta y reflexiva (escuchar aquí). En el otro extremo, la compositora finesa Kaija Saariaho, fallecida hace unos días a los 70 años, llevó la expresividad del cello al límite con su obra del año 2000 Sept papillons (Siete mariposas), con progresiones impredecibles, ataques percusivos, armónicos y sonidos extraños generados con el arco. En las arenas del jazz, cabe recordar el extravagante trabajo del cellista afroamericano Abdul Wadud (1947-2022) que, luego de recorrer varias orquestas, inició su discografía como solista con un álbum titulado By myself (1977), considerado una obra de culto por cellistas modernos.

Uno puede disfrutar de las conmovedoras texturas del cello tanto en contextos clásicos como en melodías populares. Como ejemplo de lo primero, no podemos dejar de mencionar la Sonata para arpeggione y piano en La Menor del austriaco Franz Schubert (1797-1828) que alcanzó estatus de legendaria por esta versión que hicieran, en 1968, el pianista británico Benjamin Britten y, nuevamente, el ruso Mstislav Rostropovich. Su interacción era tan extraordinaria que, después de la muerte de Britten, Rostropovich decidió no tocar nunca más dicha pieza.

Y, hablando de otros géneros, el trabajo del brasileño Jacques Morelenbaum, con Caetano Veloso y Ryuchi Sakamoto, incluye transcripciones al cello de clásicos de jazz y bossa nova, además de ser experto en el repertorio compuesto por Heitor Villa-lobos (1887-1958) como esta Sonata para cello No. 2, aquí interpretada por Antonio Meneses. El instrumento se convirtió, en el año 2020, en personaje de un ballet dedicado a la vida de Jacqueline du Pré. The Cellist se estrenó en el año 2020 en la Royal Opera House de Londres, y fue un éxito para la crítica especializada por su puesta en escena cargada de intensidad y belleza.

POST-DATA: El lunes 5 de junio, a los 83 años, falleció Astrud Gilberto, la voz que popularizó el clásico de Antonio Carlos Jobim The girl from Ipanema (Garota de Ipanema es su título original). Su historia completa la próxima semana. Por ahora, esta versión en cello a cargo de Madeleine Kabat y Christian Grosselfinger. Que la disfruten.

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Apocalyptica, Beatles, cello, Elo, JACQUELINE DU PRÉ, Mstislav Rostropovich, Música Clásica

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