Juan Carlos Tafur

A que se queda Castillo hasta el 2026

“Cuando el 2026 arribemos al final del mandato mediocre, pueril y corrupto de un sujeto inefable como el presidente Castillo, habrá que voltear la mirada inquisidora al Congreso actual”

La primera pregunta que surge en cuanta reunión de empresarios, líderes de opinión o gremios acontece, es cuándo cae Castillo y abandona Palacio. Por lo visto estos días, respecto de la propuesta de adelanto de elecciones presentada por la congresista Susel Paredes, no hay el menor interés en muchos de la oposición de que ello ocurra.

El presidente del Congreso ha sido elegido con 67 votos, apenas un voto más de los requeridos para aprobar la reforma constitucional que permitiría el adelanto de elecciones, a ser luego ratificado en un referéndum. Con las bajas apreciadas en las últimas horas, ni siquiera se va a llegar a los 66 votos necesarios para ese fin.

En muchos casos, es simple interés económico el que impide que los congresistas acepten reducir su mandato e irse el 28 de julio del próximo año. Ganaban como clase media baja antes de ser parlamentarios. Hoy ganan cuatro o cinco veces más sin contar con las múltiples gollerías de las que gozan, y en algunos casos con los “ingresos” extras que reciben por su ilícita labor de lobistas legislativos (debe ser una de las profesiones más antiguas en todos los Congresos del planeta).

En otros, es simple vanidad política. Han llegado por primera vez al Congreso y pretenden sacarle algún lustre a sus hojas de vida sin darse cuenta de que solo suman desprestigio y desprecio ciudadano. Pero allí están, aferrados a la curul como si en ello se les fuera la vida política futura.

Cuando el 2026 arribemos al final del mandato mediocre, pueril y corrupto de un sujeto inefable como el presidente Castillo, habrá que voltear la mirada inquisidora al Congreso actual, que no tiene la dignidad ni le perspicacia política suficiente para darse cuenta de que el adelanto de elecciones es la mejor salida de la crisis política que afrontamos y que de acá a cuatro años será infinitamente peor, dada la tozuda insistencia del presidente en el dislate.

Bien merecido tiene este Congreso los niveles de rechazo que las encuestas le atribuyen. Ni el oficialismo ni la oposición se salvan. Particularmente la oposición brilla por su obsecuencia y falta de criterio político para hacer uso de la mayoría de la que goza. El pueblo no los castiga por obstruccionistas. Ello sería un elogio. Los repudia por menudos y acomedidos.

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Gobierno, Pedro Castillo

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