Juan Carlos Tafur

Balines de plata

“No se jugaba nada el gobierno con el anuncio de que solicitaría cuestión de confianza. Sabe que es ilegal e improcedente y bien respondida, con ese tenor, por el titular del Legislativo. No ha lugar ni siquiera a su discusión”

No se jugaba nada el gobierno con el anuncio de que solicitaría cuestión de confianza. Sabe que es ilegal e improcedente y bien respondida, con ese tenor, por el titular del Legislativo. No ha lugar ni siquiera a su discusión.

El Premier es un personaje cantinflesco y que le hace, por ello, mucho daño al gobierno con sus excesos y peroratas, pero sabe muy bien que jurídicamente su solicitud no tenía ni pies ni cabeza.

El gobierno no alberga la estrategia de seguir el camino de Vizcarra, en el sentido de apuntar a una disolución del Congreso. Sabe que, en esta ocasión, no tiene las armas legales para hacerlo, gracias a la feliz iniciativa parlamentaria de acotar la cuestión de confianza.

El régimen solo está jugando a la distracción psicosocial más burda que ha encontrado a mano. Atrapado en la crisis económica que no halla remedio, por culpa de las torpezas del MEF que no es capaz de aprovechar el boom fiscal que tiene entre manos, la crisis política que el propio gobierno ha escalado y se le ha escapado de las manos al llevarla a instancias de la OEA, y la crisis social creciente, debido al colapso de los servicios públicos más básicos, la corrupción ostentosa y el crecimiento imparable de la delincuencia, sin  que los ministros responsables de cada uno de esos desastres haga algo para remediarlos.

¿Qué hace el Premier frente a ello, más aún después de verse envuelto en un escándalo por soltar frases misóginas, terriblemente machistas e insolentes contra una periodista? Pues saca de la manga un tema que, además, debe creer que lo ayuda en sus niveles de aprobación porque generaría un conflicto con un Congreso más desprestigiado que el propio gobierno.

Ha hecho muy bien por ello, el Legislativo, en desinflar, rápidamente, el brulote, sin entrar a una vorágine innecesaria de declaraciones beligerantes, que era lo que el gobierno, afiebrado y aterrorizado por su propia incompetencia, buscaba.

La conclusión política más evidente es que el régimen está desesperado, que no sabe qué hacer para salir del atolladero en el que se encuentra por sus propios méritos, y que recurre al populismo más rupestre para disimular la crisis, cuyo mal paso por el poder ha ocasionado.


Castillo, de la mano de su inefable Premier, juegan a sobrevivir como sea, se devanan los sesos exclusivamente por esa razón y motivo, los consume el temor de salir expectorados del poder en cualquier momento e ir pasar el resto de sus días en la cárcel, donde seguramente irán a parar una vez que acabe esta pesadilla gubernativa.

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Castillo, Gobierno, Premier

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