Juan Carlos Tafur

Castillo y su incompetencia política y moral

“No se puede permitir que el país se desangre política, social y económicamente, cuatro años más. Sería una tragedia que nos costará décadas superar”

Que el presidente Castillo nombre, en las actuales circunstancias, en el despacho de Agricultura a alguien como Javier Arce Alvarado, parlamentario andino de Perú Libre como mayor mérito, en medio de la inminencia de una crisis alimentaria global que nos va a golpear con enorme fuerza, es como que se hubiera nombrado a Guido Bellido como ministro de Economía en el 2009, año de recesión global, o en 1997, en medio de la crisis asiática que golpeó a todo el mundo.

Claramente, es un intento del presidente de contentar a su titiritero Vladimir Cerrón, a quien le ha quitado el control nefasto que ejercía sobre el Ministerio de Energía Minas (periodo en el que mayor cantidad de conflictos sociales ha habido), otorgándole en cambio el de Agricultura.

El presidente es el incompetente responsable del desastre, no hay que olvidarlo, y este último enroque ministerial no hace sino demostrarlo fehacientemente. Castillo carece de las virtudes del buen gobernante. No tiene perspectiva siquiera de mediano plazo, actúa en base a cálculos políticos menudos, y le importan poco las consecuencias de sus actos.

A este paso, va a dejar un país destruido, con un Estado colapsado, con la calidad de vida por los suelos, con el territorio nacional tomado por la delincuencia. Ya ha cumplido hasta la saciedad con los requisitos necesarios para ser vacado por incapacidad moral permanente. Pero como, ello, lamentablemente, parece imposible de alcanzar, por los 87 votos precisos en el Congreso, es hora de que la oposición ya empiece a pensar en serio en otras opciones.

Y la mejor alternativa posible es la del adelanto de elecciones, con recorte del mandato general (tanto Ejecutivo como Legislativo). Solo se requieren 66 votos y un referéndum ratificatorio, que demorará unos meses, pero que nos ahorrará tres o cuatro años de la pesadilla política que estamos soportando y que va a dejar el país en escombros, presto para que cualquier incendiario aparezca y coseche de esa situación.

Por eso, la invocación a la unidad de la oposición. Hay razones, sin duda, para extremar diferencias y alimentar fricciones entre sus miembros, pero en momentos como éste, la unidad de objetivos debe estar por encima de cualquier otra circunstancia. No se puede permitir que el país se desangre política, social y económicamente, cuatro años más. Sería una tragedia que nos costará décadas superar.

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Gobierno, Pedro Castillo

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