Juan Carlos Tafur

La oposición es gran responsable de la crisis

“Hizo un papelón monumental embarcándose en la narrativa falaz del fraude electoral e invocando abiertamente la necesidad de un golpe militar que impidiese la asunción del cargo del legítimamente electo presidente Castillo”

Gran parte de la crisis política por la que transita el país, la cual se agrava porque no se ve salida fácil a ella, es responsabilidad de la oposición. Brilló por su obsecuencia durante el primer año del mandato de Castillo, otorgándole la confianza a todos los gabinetes impresentables que el presidente perpetró. No ejerció la tarea de control y fiscalización cuando correspondía y hoy se halla deslegitimado por esa razón.

Antes que ello, buena parte de sus actuales integrantes hizo un papelón monumental embarcándose en la narrativa falaz del fraude electoral e invocando abiertamente –en algunos casos, con descaro inesperado- la necesidad de un golpe militar que impidiese la asunción del cargo del legítimamente electo presidente Castillo.

Hoy, que parece reconvertida y consciente de la necesidad de ajustar al gobierno, lo hace sin orden ni concierto, con mucha desesperación y también con una pizca no tan pequeña de conveniencia cortoplacista y miope.

Para zanjar toda controversia constitucional, como la desatada a propósito de la denuncia presentada por el Ministerio Público, el Congreso tiene varios caminos a seguir, limpios de cualquier atingencia. Primero, la vacancia, para la cual hay sobradas razones. Pero la oposición es incapaz de hacer el trabajo político suficiente para conseguir los 87 votos necesarios para que ello suceda. Nadie negocia, nadie conversa (¿alguien se ha sentado con Vladimir Cerrón, por ejemplo?).

Segundo, más limpio aún, el camino de la reforma constitucional con 66 votos y referéndum posterior, que permita el recorte del mandato presidencial y congresal y el consecuente adelanto de elecciones. Pero muchos en la oposición simple y llanamente no quieren irse, arrellanados en su curul y sus privilegios, prefieren que el país siga siendo destruido por Castillo, antes que tomar una decisión sacrificada, pero imperativa, moral y políticamente hablando.

Tercero, si los alcances del artículo 117 generan controversia constitucional, pues que se siga el camino de su reforma, y se agregue, entre las causales de acusación al presidente, poder hacerlo no solo “por traición a la patria; por impedir las elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales o municipales; por disolver el Congreso, salvo en los casos previstos en el artículo 134 de la Constitución, y por impedir su reunión o funcionamiento, o los del Jurado Nacional de Elecciones y otros organismos del sistema electoral”, sino también por corrupción. Y, aunque no se podrá aplicar de forma retroactiva, no queda duda alguna de que el primer mandatario y su entorno no cesarán en el despliegue impune de la organización criminal que han instalado en Palacio.

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