Pie Derecho

Perú, paraíso de las mafias

“Autoridades locales, parlamentarios, fiscales, jueces, policías, militares y cuanto burócrata con injerencia en la ruta del delito exista, yan han sido tocados por los dineros sucios de las mafias”

“Si los capos de las mafias mundiales, de la Yakuza, la Cosa Nostra, las mafias rusas, etc., tuvieran una reunión secreta anual para ver dónde invertir, seguro que analizarían los indicadores del Perú como muy atractivos: creciente desprestigio institucional, aumento de la corrupción, 35 partidos políticos, gran confusión, país difícil de gobernar”, responde Felipe Ortiz de Zevallos en reciente entrevista a Perú21.

Efectivamente, somos un paraíso para los “fondos de inversión” mafiosos. Ya algunos grupos delincuenciales regionales se han percatado de ello y por esa razón han movido sus portafolios a nuestras tierras. Pronto lo harán otros, más aún si se considera que se entrecruzan en el Perú todos los delitos pasibles de constelación criminal: narcotráfico, minería ilegal, trata de personas, contrabando, extorsión y secuestros, tala ilegal de maderas preciosas, etc.

Si se le suma que la institucionalidad dispuesta a combatir el delito está contaminada de corrupción y, por ende, brinda impunidad a las mafias, el panorama se cierra. Autoridades locales, parlamentarios, fiscales, jueces, policías, militares y cuanto burócrata con injerencia en la ruta del delito exista, yan han sido tocados por los dineros sucios de las mafias y prestan su concurso al libre desempeño de las mismas.

Acierta la ciudadanía cuando identifica a la corrupción, como uno de sus principales problemas. Probablemente, responda así más por el impacto político de casos emblemáticos como Lava Jato, los Cuellos Blancos, el club de la construcción o algunos recientes (como los de Vizcarra y Cerrón), pero solo acentuaría su parecer si tomara plena consciencia de cómo este problema ya ha atravesado todas las fronteras estatales, desde lo más alto del escalafón hasta su peldaño más bajo.

Si a ello se le añadiese la terrible perspectiva política que se asoma para el 2026, con el único sector capaz de sacarnos de la crisis (la derecha propulsora del capitalismo democrático) dividido en por lo menos veinte candidaturas, entregándole en bandeja el país a la aparición de disruptivos neocastillistas o bukelianos de diverso pelaje, la situación alcanzaría ribetes de perfección para la mirada atenta y el olfato aguzado de los grupos mafiosos.

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