Pie Derecho

Anarquía moderada

“A Dina Boluarte le corresponderá aguantar a pie firme los coletazos violentistas de los castillistas radicales, los remanentes senderistas, las mafias ilegales y algunos miembros de la población descontrolados por la lógica de la turba”

Ese parece ser el escenario bajo el cual gobernará Dina Boluarte. La protesta, como la vemos ahora, va a amainar, no hay conflicto social que aguante tanto tiempo, menos aún si sus financistas principales (la minería ilegal) están siendo ajustados por el gobierno, pero van a existir regiones soliviantadas por buen tiempo, quizás, inclusive, hasta el final del mandato de la actual presidenta.

El gran error de los protestantes fue la llamada “toma de Lima”, que consumió energías inútilmente, desgastó la protesta regional y desalentó la escalada que venía en curso. Fue un exceso de autoestima política el que condujo a sus inasibles portavoces a pretender un salto fuera de control, como finalmente sucedió.

Veremos básicamente al sur altoandino con movilizaciones permanentes, lo cual, en términos de la gran política nacional, no será causal de ingobernabilidad ni de insostenibilidad del régimen. Que Puno, Cusco, Madre de Dios y eventualmente Arequipa se declaren en rebeldía sistemática, no produce el desplome de un gobierno.

Ahora bien, si ese es el costo a pagar por habernos librado del Atila chotano, hoy bien preso por golpista, un análisis cuantitativo fácilmente pondrá en claro que el presente es infinitamente mejor que el pasado. Castillo estaba destruyendo el Estado por dentro, de una manera brutal pocas veces vista en la historia republicana del país (ni los chilenos ocupando territorio peruano manejaron con tanta desprolijidad antipatriótica, el erario público).

A Dina Boluarte le corresponderá aguantar a pie firme los coletazos violentistas de los castillistas radicales, dolidos por la merecida expectoración de su líder, los remanentes senderistas, las mafias ilegales y algunos miembros de la población descontrolados por la lógica de la turba, que han sido los protagonistas del desborde visto las últimas semanas.

Se espera, por supuesto, que el gobierno no se envalentone y, más bien, guarde la compostura, archivando la estrategia del gatillo fácil, reactivando sin cansancio la búsqueda del diálogo, y evitando, sobre todo, mensajes políticos confusos, como los vistos esta semana a partir de un fallido mensaje a la nación de la presidenta.

Lamentablemente, el Congreso se zurró en la que era, sin duda, la mejor opción, el adelanto de elecciones, que hubiera acabado con la agonía de baja intensidad en la que vamos a vivir los años que restan hasta el 2026. Un baldón más de los tantos que acumula un poder del Estado que ya perdió toda legitimidad frente a la ciudadanía.

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Congreso de la República, Dina Boluarte

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