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A.A. Williams: Bienvenida la tristeza

A.A Williams EP (Holy Roar Records) es la poderosa carta de presentación de una artista que desafía a las zonas de confort de la música pop-rock hecha por mujeres, con una actitud lánguida pero a la vez dura, de melodías intensas...

El mundo moderno busca evitar, a toda costa, dos cosas: el aburrimiento y la tristeza. Es cierto que todos aspiramos, más o menos y en la medida de nuestras posibilidades, a tener una vida buena, tranquila y placentera, sin hacerle daño a los demás y viceversa. Considero que todos, salvo que padezcamos de alguna patología masoquista, queremos vivir ajenos a situaciones, coyunturas y personas que nos hagan sentir mal o que nos pongan frente a la terrible realidad que subyace detrás de esa falacia políticamente correcta de que la humanidad ansía ser positiva, vibrante, solidaria y feliz, como repiten hasta la cantaleta los comerciales del BCP y el Grupo Gloria. Pero también es verdad que los parámetros de felicidad o de eso que trato de definir como “vida buena, tranquila y placentera” no tienen por qué ser iguales para todos. 

A mí no me sube el ánimo ver, por ejemplo, una mañana de día de semana, en casa, un programa vulgar y vocinglero como “Arriba Mi Gente” (Frecuencia Latina) ni a sus antipáticos conductores haciendo disforzados trencitos al compás de cualquier cosa que griten en tropel los “coaches” y concursantes de La Voz Perú en cualquiera de sus versiones (Voz Perú, Kids, Generaciones). El cuerpo no se me mueve escuchando los balbuceos de Bad Bunny, los esperpénticos bailes de Deyvis Orozco ni los homogéneos movimientos porno-soft latino de Shakiras, J. Los y sus enésimas imitadoras repartidas entre el reggaetón, el latin-pop y la cumbia con sabor a farándula local. 

Ante esos escenarios que privilegian la distracción hueca y el sobre estímulo de pulsiones animales, básicas y estereotipadas como únicas fuentes posibles de elevamiento anímico, me aferro a veces a la catarsis potente del heavy metal más rudo, a la brillante energía del pop-rock de cualquier estilo y década, la salsa dura más antigua y callejera, el punk, la trova o la sinfonía más barroca del siglo dieciocho. Y otras, a aquellas expresiones que usan, como insumo central y desde cualquier género, la melancolía y el expío de la oscuridad de nuestras psiquis a través del arte.

La música de A.A. Williams -que ella define como “dark gospel”- es un gran ejemplo de esto último. Minimalistas, crepusculares e introspectivas, sus composiciones convocan a la congoja, pero no desde un punto de vista paralizante o negativo, sino desde la conciencia de que, como ella misma declara, “no es fácil seguir siendo humano en un mundo como el actual”. Al juzgar por las miradas vacías y sonrisas permanentes de ciertos personajes de la política y la farándula, parece ser cierto que es más fácil vivir con la cabeza hueca, con un espacio entre pecho y espalda despoblado de alma, sensibilidad y escrúpulos. 

Conocí a A.A. Williams a través de una entrevista publicada en una reciente edición de Prog Magazine y la críptica lucidez de sus respuestas -leídas, por cierto, en un momento particularmente susceptible para mí-, además de la noticia de que había grabado un par de canciones con el sensacional cuarteto japonés Mono -para quienes no saben qué hace esta escuadra, es algo así como el hermano lejano oriental de los escoceses Mogwai y los islandeses Sigur Rós– me lanzaron a buscarla en internet. La magia de esta joven con formación musical académica -toca piano y cello desde los seis años- y fanática del metal desde los catorce, se manifestó en toda su oscura majestuosidad desde los primeros acordes de Control, una de las cuatro canciones de un EP aparecido a finales del 2018.

A.A Williams EP (Holy Roar Records) es la poderosa carta de presentación de una artista que desafía a las zonas de confort de la música pop-rock hecha por mujeres, con una actitud lánguida pero a la vez dura, de melodías intensas que recuerdan a figuras de los noventa como Tori Amos o PJ Harvey y armonías vocales que parecen inspiradas en Annie Lennox, elegantes y expresivas. Su instrumentación es espaciosa y, por momentos, volcánica. Estamos ante una nueva Björk pero, en lugar de elementos electrónicos que buscan representar los parajes inhóspitos de Islandia, es una obra planteada desde los márgenes del mismo cosmopolitismo británico que, en su momento, produjo otros artistas icónicos de la experimentación como David Bowie, Slowdive o Portishead.

Un año después llegó el contundente y oscuramente encantador Forever blue (2020), esta vez bajo un prestigioso sello independiente, fundado a finales de los noventa por Simon Raymonde y Robin Guthrie, de la legendaria banda escocesa de dream-pop Cocteau Twins, Bella Union Records, tomando como ejemplo la impronta de 4AD y Sub Pop Records para hacerse responsable de lanzar y distribuir álbumes, en los predios de la Rubia Albión, de artistas fundamentales de la movida indie como The Flaming Lips, Fleet Foxes, Mercury Rev o Father John Misty. Este disco extiende la onda expansiva del EP debut pero añadiendo nuevos ingredientes y detalles que hacen de su escucha una experiencia interesante y cargada de sorpresas para el oyente desprejuiciado. 

Si algo define al álbum es la melancolía que no solo se esboza en letras reflexivas sobre la decepción sino y, principalmente, en las melodías dominadas por cellos y pianos, tocados por A.A. Williams, con una base instrumental que se recuesta en géneros aparentemente disímiles como el shoegaze y el metal. Así, entre las distorsiones y melodías sinuosas que recuerdan un poco a My Bloody Valentine y al Radiohead de 1997 -aquel de canciones como Karma police o Paranoid android-, escuchamos riffs inspirados en Black Sabbath o incluso grupos de metal más contemporáneos como Cult Of Luna. De hecho, el vocalista de esta banda sueca, Johannes Persson, lanza estruendosos rugidos guturales en extraño dueto, para Fearless, uno de los temas de Forever blue. Canciones como Glimmer o Dirt revelan, por su parte, influencias de otros artistas relacionados con la vulnerabilidad emocional como Nick Cave o Dead Can Dance.

Con un disco en el mercado y excelentes reseñas en los principales medios especializados de su país, A.A. Williams se convirtió en la artista más conocida entre las desconocidas en una escena independiente tan activa como la británica. Esto le permitió ofrecer varios recitales como telonera, por ejemplo, de The Sisters Of Mercy -uno de los nombres más importantes del rock gótico que surgió en los ochenta como la cara menos radial de la new wave- y apariciones en diversos festivales donde su sonido taciturno fue ganando seguidores, muchos de los cuales ya tenían una buena idea de quién era ella pues no solo habían tenido contacto con aquel EP del 2018, sino que también escucharon su colaboración con Mono, la talentosa banda japonesa de rock instrumental, grabada en el 2019. Esos temas, Winter light y, especialmente, Exit in darkness, son oleadas que van de la tranquilidad etérea a la explosión de potentes baterías y guitarras intensas.

Luego llegó la pandemia y, con ella, una serie de obligatorios cambios y restricciones que afectaron por completo a la industria musical. Como muchos otros artistas alrededor del mundo, A.A. Williams vio la cuarentena como una ocasión para expresarse musicalmente y mantenerse en contacto con su público. Desde su departamento en Londres comenzó a grabar videos de sí misma, tocando al piano algunas de sus canciones favoritas. La primera de ellas fue Creep -aquella canción debut de Radiohead que le dio ingreso a las radios, quizás por primera vez, a todos los freaks y rechazados del mundo -y, de inmediato, sus fans comenzaron a hacerle pedidos. 

A.A. Williams tomó nota y realizó varios videos en esta línea, todos en blanco y negro, como una manera de “tener algo que hacer en lugar de entristecerse con las noticias”. El proyecto se convirtió en un disco, titulado apropiadamente Songs from the isolation (2021) que incluyó otros covers como Lovesong (The Cure, 1989), Nights in white satin (The Moody Blues, 1967), Where is my mind? (Pixies, 1988) o If you could read my mind (Gordon Lightfoot, 1970). Como puede verse, sus referencias muestran una diversidad y ausencia de fronteras que enriquecen la construcción de su propia voz y estilo musical. Ese mismo año grabó arco, una recreación de los temas de su EP debut pero esta vez con el acompañamiento de un conjunto de cámara, The Mayfield Ensemble -cuatro violines, dos cellos, dos violas y dos contrabajos-, con arreglos escritos por ella en su integridad. El resultado es conmovedor y de una forma casi contradictoria, feliz.

La carrera de A.A. Williams está en pleno desarrollo y, sin temor a exagerar, se trata de una artista que habría dado mucho más que hablar en otras épocas. Su última producción discográfica, As the moon rests (2022), la vuelve a reunir con The Mayfield Ensemble pero esta vez con una banda completa, integrada por ella (voces, guitarras, teclados), Geoff Holroyde (batería) y su esposo y productor Thomas Williams (bajo). Las tonalidades de este álbum, siempre bajo el membrete de Bella Union, mantienen la línea trazada por Forever blue, pero con más énfasis en los riffs pesados –Evaporate, Golden-, sin dejar de lado baladas doloridas como Hollow heart, armonías electroacústicas en Pristine y el tema-título As the moon rests, una larga confesión de sentimientos encontrados que aplican tanto para una situación de desencanto amoroso como de dudas existenciales más individuales, de búsqueda y reencuentro con uno mismo.

En un ambiente musical que impone a las mujeres los roles de reinas plásticas de las pasarelas como Jennifer López, Katy Perry o Beyoncé, por un lado; o reivindicadoras del desamor sin perder el glamour como Adele o Lady Gaga; además por supuesto de todas las promotoras del cliché “latina hot-and-sexy y devoradora de hombres” que alimenta a tiempo completo la imaginería reggaetonera y del latin-pop más desechable; la tristeza sónica, de ánimo lúgubre y poco pretensioso de A.A. Williams -cuyo verdadero nombre de pila es Alex y tiene un perro llamado Geezer, en homenaje al bajista de Black Sabbath, Geezer Butler-, es más que bienvenida.

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A.A Williams EP (Holy Roar Records)

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