Martín Scheuch

La identidad de género no es una enfermedad

“No está en discusión que las personas con identidades de género diversas tengan derecho a acceder al Plan Esencial de Aseguramiento en Salud (PEAS). Lo que resulta cuestionable es que se considere la condición sexual de estas personas como una enfermedad”.

Como limeño de nacimiento perteneciente a una clase media acomodada, crecí en los años 60 y 70 del siglo pasado en un ambiente donde se consideraba la homosexualidad, la transexualidad y otras formas de identidad sexual diversas a la binaria tradicional (hombre-mujer) como perversiones propias de personas con problemas de salud mental. Curiosamente, coincidía con la época en que la Asociación Estadounidense de Psiquiatría retiraba la homosexualidad de su manual de trastornos mentales en 1973, paso que seguiría la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el año 1990. Con la transexualidad se haría lo mismo recién en el año 2019, cuando la OMS publica una actualización de su Clasificación Internacional de Enfermedades, la CIE-11.

Sin embargo, en el Perú parece que estos datos, basados en los actuales avances de las ciencias médicas y psiquiátricas, parecen no haber llegado a conocimiento de los responsables del Poder Ejecutivo, y en concreto del Ministerio de Salud, lo cual se refleja en el “Decreto Supremo N° 009-2024-SA que modifica el Decreto Supremo N° 023-2021-SA, que aprueba la actualización del Plan Esencial de Aseguramiento en Salud – PEAS”, de fecha 9 de mayo de 2024 y firmado por Dina Boluarte (Presidenta de la República),  José Arista (Ministro de Economía y Finanzas) y César Vásquez (Ministro de Salud).

Tomando como referencia el ahora obsoleto CIE-10, señalan como enfermedades mentales identidades de género que ningún especialista que se respete consideraría ahora como trastornos relativos a la salud mental. Dice el documento:

B) CONDICIONES ASEGURABLES DE LA PERSONA CON ENFERMEDAD: 

(…)

153. Persona con problema de salud mental

(…)

b) Diagnósticos CIE-10

(…)

F64.0 Transexualismo

F64.1 Transvestismo de rol dual

F64.2 Trastorno de la identidad de género en la niñez

F64.8 Otros trastornos de la identidad de género

F64.9 Trastorno de la identidad de género, no especificado

(…)

F65.1 Transvestismo fetichista

(…)

F66.1 Orientación sexual egodistónica

(…)

No está en discusión que las personas con identidades de género diversas tengan derecho a acceder al Plan Esencial de Aseguramiento en Salud (PEAS). Lo que resulta cuestionable es que se considere la condición sexual de estas personas como una enfermedad, lo cual abriría la puerta a tratamientos arbitrarios e innecesarios, unido a discriminación social y laboral. La cual ya existe de hecho en la sociedad peruana, pero que no tiene por qué ser afianzado conceptual y legalmente por parte de las más altas autoridades del país.

En el trasfondo parece estar la enseñanza de muchas iglesias cristianas —entre ellas la Iglesia católica— que siguen considerando cualquier orientación sexual que se aparte de la heterosexualidad pura como una anormalidad, aun cuando bajo el pontificado del Papa Francisco se haya dado cabida a una mayor tolerancia hacia las personas de sexualidad diversa, como dice un documento vaticano del 8 de abril de 2024:

«La Iglesia desea, ante todo, “reiterar que toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto, procurando evitar ‘todo signo de discriminación injusta’, y particularmente cualquier forma de agresión y violencia”. Por ello, hay que denunciar como contrario a la dignidad humana que en algunos lugares se encarcele, torture e incluso prive del bien de la vida, a no pocas personas, únicamente por su orientación sexual» (Declaración del Dicasterio para la Doctrina de la Fe “Dignitas infinita sobre la dignidad humana”, 08.04.2024).

Sin embargo, el mismo documento rechaza lo que denomina la teoría de género, argumentando que ésta «pretende negar la mayor diferencia posible entre los seres vivos: la diferencia sexual. Esta diferencia constitutiva no sólo es la mayor imaginable, sino también la más bella y la más poderosa: logra, en la pareja varón-mujer, la reciprocidad más admirable y es, por tanto, la fuente de ese milagro que nunca deja de asombrarnos que es la llegada de nuevos seres humanos al mundo».

Aunque no se mencione explícitamente, esta doctrina se sustentaría en un texto bíblico (Génesis 1, 27) que dice:

«Y creó Dios al hombre a su imagen,

a imagen de Dios lo creó;

varón y hembra los creó».

Sin embargo, no sólo no se toma en cuenta que los textos bíblicos deben ser entendidos e interpretados según el contexto en que fueron escritos, sino también que, como continuamente se ha repetido para salvaguardar la verdad de la Biblia, ésta no se puede tomar como sustento y prueba de cuestiones científicas, incluidas las biológicas. Los estudios de género, basados en investigaciones médicas y biológicas, han llegado la conclusión de que las sexualidad humana es mucho más compleja que la reducción al binomio hombre-mujer, y comprende no sólo elementos biológicos, sino también psicológicos y sociales. Y contrariamente a lo que dice el texto vaticano, no existe en los estudios de género la pretensión de negar la diferencia sexual, sino más bien de reconocer la compleja multiplicidad de las identidades y orientaciones sexuales, que no se reduce a solamente dos colores, sino que abarca metafóricamente todos los colores del arco iris.

Sobre la pretensión de negar teorías y hechos científicos referentes a las identidades sexuales humanas sobre la base de textos bíblicos, se puede citar lo que declaró la teóloga católica austriaca Ilse Müllner (1966- ), catedrática de teología bíblica en el Instituto de Teología Católica de la Universidad de Kassel (Alemania), en una entrevista publicada el 16 de octubre de 2018 en el portal katholisch.de:

«…de la Biblia no se puede deducir en absoluto cómo debe posicionarse hoy en día una persona cristiana en relación con el tema de la homosexualidad. Primero, porque la Biblia no dice nada sobre la homosexualidad tal como la entendemos hoy. Y segundo, porque los actos sexuales que se describen en ella siempre deben ser considerados dentro de su respectivo contexto cultural y socio-histórico. Las concepciones de una pareja homosexual no existían en ese entonces. De esto se habla recién desde principios del siglo XIX. […]

No se pueden utilizar estos pasajes en contra de la homosexualidad tal como se entiende hoy en día, ya que no tratan sobre una relación amorosa duradera entre personas del mismo sexo. Esto se debe saber antes de utilizar tales citas para argumentar. En Levítico se rechaza cuando un hombre se acuesta con otro hombre como con una mujer. Con esto se describe el coito anal entre hombres. Pero no se trata de una relación homosexual. Se trata de un acto sexual que se condena porque no se considera beneficioso para la comunidad. Esto se hace evidente en el contexto, donde también se rechaza, entre otras cosas, el coito con una mujer menstruante, es decir, no fértil en ese momento. En la literatura narrativa, a menudo se hace referencia a Génesis 19. Aquí se pretende humillar a los invitados que llegan a la ciudad de Sodoma, de ahí el término sodomía, mediante el acto sexual. Nuevamente, no se trata de relaciones homosexuales. En cambio, se pretende que los hombres sean violados por un grupo de otros hombres. Se trata de violencia xenófoba. En este pasaje bíblico, se pone de manifiesto la relación entre sexualidad y poder. Este vínculo es algo con lo que debemos lidiar, especialmente en relación con el escándalo de abusos. […]

…en la antigüedad, un acto sexual entre hombres estaba definido por una relación de poder. No se trataba de una relación de igualdad, sino de demostrar quién era poderoso y rico y quién dominaba sexualmente al otro como si fuera un esclavo. Aquí se habla del hombre adulto y del muchacho, del superior y del inferior. La sexualidad también puede convertirse en un arma de guerra, algo que conocemos hasta el día de hoy. Pablo se opuso a esta práctica antigua de una sexualidad basada en el poder entre hombres en su Carta a los Romanos. Por eso condena el coito entre hombres como “contra la naturaleza”. Lo que se puede aprender del estudio de los textos bíblicos es que no se trata de juzgar actos sexuales individuales, sino que la sexualidad siempre se vive en relación y en el contexto de las comunidades, es decir, tiene funciones sociales».

Y que la sexualidad cumple funciones sociales y no depende de una función reproductiva exclusivamente en el marco de una familia tradicional es algo que no logra ver con claridad hasta ahora la cúpula clerical de la Iglesia católica. Pareciera que en su moral la sexualidad estuviera marcada con el sello de la impureza y la suciedad moral, la perversión y el desenfreno, el pecado y la culpa, de los cuales se redime sólo si el fin de reproducción de la especie está de una u otra manera presente en un contexto familiar legitimado por el matrimonio. Por eso mismo, no faltan las voces, particularmente en Alemania, que exigen una reforma de la moral sexual católica, más acorde con los descubrimientos de la ciencia, la experiencia cotidiana de las personas y la condición humana.

Al clasificar determinadas identidades sexuales como enfermedades o desviaciones, muchas iglesias cristianas y el Estado peruano demuestran que los enfermos no son las personas con identidad sexual diversa, sino ellos mismos. Y en este caso parecería que se trata de una enfermedad cancerígena incurable, que ha hecho metástasis en varios sectores de la sociedad peruana.

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