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Te negaré tres veces, o las veces que sea

En el gobierno morado, ministros, exministros y hasta el presidente están en el callejón

sin salida de la mentira. El Vacunagate los persigue porque prefirieron

callar desde el principio antes que hablar con la verdad.

 

Han pasado 39 días desde que nos enteramos de la existencia del lote de vacunas de «cortesía» de Sinopharm y de la primera lista de vacunados vips pero hasta hoy nada acerca de la segunda relación que se prometió revelar. Parece que proteger a ciertos funcionarios vinculados a este régimen —y al de Vizcarra— vacunados irregularmente es lo único que sí toma en serio Francisco Sagasti. Y también, por supuesto, negar —como Pedro negó a Jesús— todo lo que salga de la boca de su exministra Elizabeth Astete.

 

Francisco Sagasti no quiere aclarar ante el Congreso las versiones de su excanciller Astete que lo involucran contundentemente en el Vacunagate: «Me vacuné en un acto público y con anuencia del presidente Sagasti», ha confesado ella. Y, además, que tras presentar su carta de renuncia [el 14 de febrero] el presidente Sagasti le propuso continuar como ministra pero que ella le dijo que no. Serias revelaciones que Sagasti, en lugar de aclararlas ante el Parlamento, prefiere negarlas de lejos con comunicados a través de la prensa sin someterse a las preguntas de sus colegas legisladores que todavía ejercen rol fiscalizador. Dice que no tiene información adicional que aportar a la investigación más allá de lo que ya ha declarado públicamente.

 

Bueno, recordemos que Martín Vizcarra declaró públicamente que sería el último en vacunarse y que Pilar Mazzetti dijo públicamente que iba a ser la última en abandonar el barco, haciendo alusión a que sería la última en ser vacunada entre el personal de salud. Mientras eso decían Vizcarra y Mazzetti públicamente, ambos ya se habían vacunado secretamente.

 

Tal parece que el señor de las corbatas rojas con puntitos que a distancia se ven moradas pero que no son moradas —así trató de confundirnos cuando hacía propaganda a su partido— no se ha dado cuenta de que la credibilidad no es una virtud de su gobierno. También es probable que le fastidie el control político que ejerce su institución: el Congreso, de donde no debió salir.

 

24 DE MARZO DEL 2021

 

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