Un shock capitalista

"Hay que romper paradigmas y transformar el país. La agenda del cambio radical también debe estar en la derecha".

“Hay que romper paradigmas y transformar el país. La agenda del cambio radical también debe estar en la derecha”.

Un punto importante a la hora de decidir nuestro voto debe ser atender cuál de los candidatos promete desplegar un shock capitalista que no solo nos permita salir rápidamente de la recesión producida por las cuarentenas y la pandemia, sino que lleve al país a reconectarse con una espiral de crecimiento interrumpida por la medianía centroizquierdista de Ollanta Humala y luego paralizada por la crisis política desplegada por la mediocridad de Kuczynski y la beligerancia del fujimorismo.

 

Necesitamos a gritos un shock de inversiones. Y es un tema que está entre las prioridades. Es una lástima que muchos de los que lo proponen, como López Aliaga, arrastre consigo una mochila de ultraconservadurismo y autoritarismo que lo hace indigerible, pero hay más opciones. Está Hernando de Soto y está la propia Keiko Fujimori (desprendida ya de los halcones), además de Alberto Beingolea, que debería haber merecido mejor suerte en esta campaña.

 

Eventualmente, esa derecha, gane o no las elecciones, deberá unirse con ese objetivo común, de desplegar el capitalismo competitivo con toda su potencia energética y capacidad de cambiar el país para bien, disminuyendo la pobreza y reduciendo la desigualdad. Si con esquemas mercantilistas hemos visto inmensos resultados macroeconómicos, imaginémonos lo que sería construir de verdad una agenda liberal competitiva.

 

Y si sale derrotada, le corresponderá ponerle freno desde el Congreso a los despropósitos macroeconómicos que proponen candidatos como Yonhy Lescano y Verónika Mendoza. Y desde el Parlamento se puede hacer mucho para construir esa agenda.

 

Hay mucho por hacer: destrabar proyectos mineros, alentar megaproyectos de inversión privada, privatizar Petroperú y Sedapal, flexibilizar el mercado laboral, construir organismos reguladores eficaces y potentes, reformar el Estado, etc.

La transición post Fujimori optó por una medianía macroeconómica llevada a su extremo durante el humalismo. Las tres grandes tareas de fortalecer la democracia, reformar el Estado (salud y educación) y profundizar la economía de mercado, fueron dejadas de lado. Y hoy sufrimos las consecuencias de esa indolencia política, de ese centrismo mediocre que hoy la población castiga electoralmente (véase los resultados del símbolo de ese centrismo, Julio Guzmán).

Hay que romper paradigmas y transformar el país. La agenda del cambio radical también debe estar en la derecha.

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